domingo, 28 de marzo de 2021

Magnetismo animal

    INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Los Fluidos (2)

2.- ¿Pecado o error?, ¿Una cuestión de conciencia?

3.- Lo que es el Espiritismo

4.- El Espiritismo y el Espírita

5.- Magnetismo animal







                                                                     




                                                     LOS FLUIDOS (2)

( Viene de la anterior publicación)


Al igual que nos libramos de los hombres ignorantes huyendo de ellos, nos podemos liberar de los malos fluidos de los espíritus malos oponiendo buenos fluidos, y como cada uno lleva consigo en su periespiritu una fuente fluídica permanente, el remedio está en sí mismo. Basta purificar esa fuente y darle cualidades tales que sean para las malas influencias un repulsivo en vez de atractivo. El periespiritu es una coraza que conviene dar el mejor temple posible, y como las cualidades del periespiritu están en relación con las cualidades del alma, conviene trabajar en su propio mejoramiento, porque son las imperfecciones del alma las que atraen a los malos espíritus.

Los espíritus malos van donde el mal los atrae; si el mal desaparece, ellos se alejan. Los buenos espíritus, encarnados o no, no tienen que temer de la influencia de los malos espíritus.

El alma está revestida por un envoltorio o cuerpo fluidico, que se le denomina periespiritu. Es como una condensación del fluido cósmico universal alrededor del alma, deduciéndose de ahí que el cuerpo periespiritual y el cuerpo humano tienen su fuente en el mismo fluido, bajo dos aspectos diferentes. El periespiritu, o cuerpo astral, puede ser definido como un vehículo intermediario entre el Espíritu y la materia. Es el agente de las sensaciones externas. Al principio de la vida, el fluido periespiritual, está mezclado con los fluidos más groseros del mundo imponderable; se le puede comparar a un vapor fuliginoso que contiene las radiaciones del alma. Esta, aunque posee en germen todas las facultades que la evolución le va desenvolviendo, no puede manifestarlas, por su unión cohibida con el periespiritu, con esa especie de vaina sobradamente densa. Precisa, que esta primera edad del alma, los fuertes estímulos del hombre acudan a sacarla de su atonía.

Los fluidos son estados diversos de la materia etérea, la rapidez de su movimiento molecular es proporcional al grado de rarefacción de las moléculas; cuanto más groseros, opacos y en cierto modo viciosos sean los fluidos, tanta mayor resistencia opondrán a toda modificación, y tanto más tendrá que trabajar el alma, si es que quiere manifestarse, al exterior, a efectos de cambiar los movimientos de su envoltura y regularizar su acción.

El periespiritu es el lazo que sirve de eslabón entre ambos, pues, cuando de un lado sufre la influencia del pensamiento, del otro ejerce contacto con la materia. Es el periespiritu quien transmite las órdenes conscientes e inconscientes del Espíritu para la actuación del cuerpo físico. En el sentido contrario, el cuerpo astral lleva las sensaciones captadas por el cuerpo físico a la apreciación del alma. La constitución del cuerpo astral o periespiritu es de naturaleza cementerial, constituido de una modificación del fluido universal del orbe donde el Espíritu está encarnado. La estructura del periespiritu varía de mundo a mundo. Cuanto más evolucionados es el planeta, más sutil es el cuerpo fluidico de los que en el viven.

El periespiritu se modifica de acuerdo con la evolución del espíritu. Eso se da por la influencia del pensamiento de la entidad, en la estructura molecular del cuerpo espiritual. El periespiritu no es una masa homogénea. Posee órganos como el cuerpo físico y centros vitales por donde son absorbidas las energías espirituales. Según las pruebas que los Espíritus deben pasar en las encarnaciones, el cuerpo astral podrá ejercer influencia en la formación del cuerpo carnal, dando origen a enfermedades o anomalías orgánicas. El periespiritu es altamente pasable. Cuando el espíritu está en libertad, puede cambiar la forma por la acción de su voluntad.

Esta propiedad explica las frecuentes referencias a las apariciones de seres angélicos y demoníacos, narrados en la historia de la humanidad.

Las apariciones de Espíritus son llamadas “materializaciones”. En esos fenómenos, lo que se ve es el periespiritu de la criatura manifestada y no el Espíritu, como piensan algunos. Las funciones del periespiritu, cuando emigra de un mundo para otro, el Espíritu cambia de periespiritu como si cambiase de ropa, pues su cuerpo periespiritual es formado de una variación del fluido Universal, existente alrededor del planeta donde encarna. El cuerpo fluidico refleja las experiencias vividas por la criatura y las envía al “sentido común” del espíritu (que es el propio espíritu) archivo definitivo de todos los pasajes de la entidad por el proceso evolutivo. Se sabe que los fluidos son el vehículo del pensamiento del Espíritu y que este puede imprimir en aquel las características que él aprueba, con la fuerza de su voluntad, ejerciendo sobre la materia la acción resultante de esta actuación. Es a través del periespiritu que se da esa acción en la materia. Funciona por tanto, como una esponja que absorbe del medio las emanaciones fluídicos buenas o más existentes en él.

Se deduce de ahí el origen de ciertos procesos de enfermedades, como también se comprende los mecanismos de cura a través de la fluidoterapia. El periespiritu tiene importante papel en los fenómenos psicológicos fisiológicos y patológicos. Cuando la medicina humana de abertura a los conocimientos de la Ciencia Espirita, ella abrirá nuevos horizontes para un abordaje y un tratamiento más completo de las molestias orgánicas y psíquicas. El Espiritismo contribuirá con las técnicas de manipulación de las energías para revitalizar el cuerpo astral y abastecerá elementos morales educativos, necesarios para el equilibrio definitivo del ser.

El periespiritu de los encarnados es de naturaleza idéntica a los fluidos espirituales, y por eso los asimila con facilidad, como la esponja se embebe el líquido.

Esos fluidos tienen sobre el periespiritu una acción tanto más directa, cuanto por su expansión y por su radiación, se confunden con ellos.

El periespiritu es el lazo que une la vida corporal con la espiritual, a él debe el espíritu encarnado el estar en relación continua con los desencarnados y por él se dan ciertos fenómenos especiales que no tienen su causa primordial en la materia tangible y que por esta razón son tenidos por sobrenaturales:

En las propiedades y en la irradiación del fluido periespiritual, es donde hay que buscar la causa de la doble vista o vista espiritual, que también puede llamarse vista psíquica, de la cual muchas personas están dotadas a veces sin saberlo, así como la vista sonambulica.

El periespiritu es el órgano sensitivo del espíritu, el ve y oye y siente por todo su ser aquello que está en la esfera de su irradiación de su fluido periespiritual. Por los órganos de la vista, el oído etc. Sus sensaciones están localizadas y limitadas a la percepción de las cosas materiales; por el sentido espiritual, se generalizan, es decir, no están localizadas en esta o la otra parte.

Estos fenómenos en el hombre son la manifestación de la vida espiritual; es el alma que actúa fuera del organismo. En la doble vista, o percepción por el sentido espiritual, no ve por los ojos del cuerpo, aunque a veces por costumbre los dirija hacia el punto donde es llamada su atención: ve por los ojos del alma y la prueba está en que lo ve con los ojos cerrados y a una distancia a la que no podría alcanzar su vista corpórea.

Aunque el Espíritu está durante la vida ligado al cuerpo por el periespiritu, esto no le impide transportarse a lo lejos, sea lejos en la tierra, o a cualquier punto del espacio. El espíritu añora su libertad, y en la vida corporal es esclava, adscrita al terreno.


- Mercedes Cruz -


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¿Pecado o Error? ¿Una Cuestión de

Conciencia?  

                                     


     Con este trabajo se pretende una mejor comprensión (“encender” un poco de luz, para transcender algunos conceptos ancestrales) de ciertos temas que forman parte de los arquetipos de la humanidad: ➢ PECADO ➢ ERROR ➢ PUNICION ➢ CASTIGO 

Considerando que en la sociedad occidental predomina el paradigma católico, cuyos conceptos y valores penetran la ética y el comportamiento humano de esta sociedad, entendemos que es fundamental el análisis de nuestras creencias, desencadenantes de nuestro comportamiento. 

Aunque inconscientemente, trabajamos con esta visión judeocristiana, cuyo concepto de pecar desencadena el juicio, la culpa y la punición a través del dolor. Y dentro de esta visión de pecado y punición, muchos transforman el error y la insatisfacción existencial en caídas lamentables, con pocas oportunidades de alcanzar la plenitud y la felicidad espiritual… 

La transformación del error en pecado produce sentimiento de culpa y de autopunición; así como de culto al dolor y de pago con autoflagelación. Yo peco, me culpo, me condeno y me castigo, sufriendo terriblemente. Usted yerra, yo lo interpreto como pecado, juzgo, condeno y castigo; condenación que, muchas veces, lleva al individuo a la marginación y a la autodestrucción. Sin embargo, se hace necesario analizar esta estructura compleja de creencias y sentimientos para que podamos realizar el cambio. 

Es nuestro objetivo traer estas secuencias al nivel consciente; a fin de que, al reflejarlo, podamos transformar; de “yo peco, me culpo, me condeno, me castigo, sufriendo terriblemente” a “yo yerro, comprendo el error, y aprendo” Al tomar conciencia del error, busco la reparación positiva – acción productiva y benevolente. No repito más el mismo error, por tanto, crezco como ser humano. De esta forma, en vez de culparme y castigarme, yo asumo la responsabilidad del error y realizo acciones constructivas de reparación. Y si usted yerra, yo lo comprendo, yo lo respeto, no juzgo ni puno; y si es posible auxilio en la reconstrucción de si mismo y en la corrección de su error. De esta forma, pasamos a actuar de forma más consciente, creciendo espiritualmente.

 Se hace urgente educar sentimientos y renovar conceptos sobre los objetivos de la vida, adquiriendo así comprensión e intereses nuevos, en consonancia con nuestro actual estado de conciencia. Es preciso transformar el acto de juzgar en solidaridad, la culpa en responsabilidad y la condena en comprensión de nosotros mismos; adquiriendo nuevos valores dentro de una propuesta de concienciación y construcción espiritual. 

Para una mejor comprensión de este proceso, es necesario, de entrada, conceptuar error y pecado, observando las diferencias. PECADO es un término comúnmente utilizado en el contexto religioso, describiendo cualquier desobediencia a la voluntad de Dios; en especial, cualquier desconsideración deliberada a las Leyes Divinas. Bajo la perspectiva católica (San Agustín), pecado es “una palabra, un acto o un deseo contrarios a la Ley eterna”, causando por eso ofensa a Dios y a su amor. Para el judaísmo es la violación de un mandato divino, enseñando que el pecado es un acto y no un estado del ser. En estos casos, el concepto del término está vinculado a la comprensión de lo que sea la Ley Divina, los mandamientos divinos y la voluntad de Dios, variables de acuerdo con la religión abordada. La noción de pecado prioriza la represión como sistema de cambio generando conflictos y no aceptación, con el consecuente sentimiento de culpa. La culpa no renueva, restringe. No educa, limita. No yergue, destruye. No proporciona paz, sino infelicidad. 

ERROR, según el Diccionario Houaiss, es el desvío del camino considerado correcto, bueno, apropiado, pudiendo también ser definido como “la condición en que una acción planeada no alcanza el objetivo deseado”. Aquí nos parece que el concepto está vinculado a valores éticos y no religiosos, por lo tanto, más universales. 

CAMBIO DE PARADIGMA : “VE Y NO PEQUES MÁS” (Juan 8:11) Esta frase, atribuida a Jesús, siempre me pareció interesante y, de cierta forma, contradictoria en relación al infierno, a la punición, a la culpa y al pecado, condenas tan presentes en el contexto católico. Contrariamente a lo que se esperaba en este episodio, Jesús no juzga, no condena y menos aún, castiga a la mujer adúltera. Al contrario, la levanta del suelo y la orienta para continuar hacia adelante, sin repetir su actitud, su “pecado”. Ella está libre para recomenzar, vivir nuevas experiencias… Rehacer… 

Hoy entendemos la vida como una grandiosa oportunidad de aprendizaje en la búsqueda del conocimiento espiritual y del equilibrio interior. Bajo esta óptica, creemos que, para Dios lo importante es que, ante el error, comprendamos que aquella conducta o actitud agrede, viola las Leyes Naturales, con la consecuente pérdida de la paz interior y de la felicidad, y que, en consecuencia, se hace necesario un cambio de dirección y de visión de la vida. Que puede ser hecho en la misma existencia o a través de la reencarnación – ejemplo sublime de reinicio y sucesión de oportunidades. 

La propuesta Espírita es de aprendizaje y educación promoviendo la mejora, el progreso espiritual. Este proceso no debe operarse a través de la represión en relación con lo que fuimos o de quién somos; pero si, a través del autoconocimiento sumergiéndonos en nosotros mismos, para que podamos comprender las razones de nuestro proceder. Es tiempo de reconciliación con nuestro antiguo YO. De respetar y aprender de nuestra historia espiritual escrita a través de los tiempos, de las experiencias reencarnatorias. Solamente comprendiendo que hoy somos la suma DE AQUELLO que fuimos ayer con lo que somos o ESTAMOS SIENDO ahora, podremos avanzar en la jornada en busca de la paz, del equilibrio y de la felicidad. Es preciso aceptar la trayectoria y valorar el hoy, promoviendo la reconciliación con el pasado a través del reconocimiento de los errores y aciertos que nos trajeron hasta aquí. Esto es el aprendizaje… Debemos trabajar el ajuste, la reconstrucción interior. Como espíritus en aprendizaje y evolución, buscando el conocimiento de nosotros mismos y de la vida con sus leyes, con toda seguridad, y aún por mucho tiempo, cometeremos equivocaciones. Sin embargo, será preciso comprender cada equivocación, pues la comprensión ampliará nuestra conciencia de vida, tornándonos aptos para alcanzar vuelos más altos. La mejora íntima debe alcanzarse por el proceso de concienciación y no por los dolores derivados de culpa y conflictos interiores que desarrollan circuitos cerrados y perturban la vida mental.

 La autopunición es el exceso resultante de la incomprensión o del desconocimiento de las Leyes de la Vida, generando desequilibrio del mundo emocional. Esa forma inadecuada de reaccionar ante nuestros errores, frecuentemente desencadena consecuencias graves, a veces mayores que el mismo error en sí: frustración, angustia, sublevación, aflicción y depresión, consumiendo nuestra energía y nuestro tiempo de forma improductiva.

 Solamente una nueva comprensión del existir podrá romper este encadenamiento de ideas y sentimientos causantes de tanto sufrimiento al hombre, tanto en el pasado como aún hoy… 

La cuestión no es la de luchar contra nosotros, pero sí la de percibir lo que es necesario corregir, recuperar y cambiar. De reconocer que, si nos equivocamos mucho, también ya conquistamos mucho y corregimos. Estamos en un proceso de reconocimiento y recuperación, identificando y trabajando nuestras tendencias e inclinaciones. 

La interpretación errónea del sufrimiento humano dio lugar al culto al dolor. Se condicionó la idea de que sufrir es sinónimo de crecer, de rescatar y de cumplir. Se exaltó el dolor punitivo como instrumento de liberación y conquista espiritual. “Es el dolor que educa y que libera”! Decimos muchos de nosotros… Pero ¡el camino natural del progreso no es el dolor, es el conocimiento! El dolor es, simplemente, consecuencia de nuestra ignorancia y de nuestra imperfección; y siendo así, por más que perdure, es un proceso temporal.

 Proponemos educar en vez de reprimir. Es preciso conocer hábitos y tendencias arraigados para educarnos, para transformarlos. Y el autoconocimiento es un proceso arduo y largo que consiste en sumergirnos en nosotros mismos, sin enjuiciarnos, con respeto y con amor. Es preciso rescatar en su totalidad quienes somos, para, y solamente entonces, iniciarnos en el trabajo educativo y transformador que cimentará nuestro progreso espiritual de forma definitiva.

 LA ÉTICA DE LA COMPRENSIÓN Y LA ANTROPOÉTICA 

La unión ética del individuo a la especie humana fue afirmada desde las civilizaciones de la antigüedad. Fue el autor latino Terencio que, en el siglo II AC, decía, por intermedio de uno de los personajes de “el hombre que se castiga a sí mismo: Homo sum, humani nihii a me alienum uto” (SOY HOMBRE, NADA DE LO QUE ES HUMANO ME ES EXTRAÑO) Terencio. Como propuesta para cambios elegimos a Edgar Morín, en su libro “Los Siete Saberes necesarios a la Educación del Futuro” en el que defiende la Ética de la comprensión y la Antropoética, argumentando que: 

➢ La educación del futuro deberá ser la enseñanza primera y universal, centrada en la condición humana. 

➢ Interrogar nuestra condición humana, implica cuestionar de entrada nuestra posición en el mundo. Conocer el humano, es, ante todo, situarlo en el universo y no separarlo de él. 

➢ Enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad, pasa por la identificación entre las mismas. 

➢ La ética de la comprensión es la ética de la era planetaria. 

➢ Es el arte de vivir que pide, en primer lugar, comprender de modo desinteresado. Exige un gran esfuerzo, pues no puede esperar ninguna reciprocidad. 

➢ La ética de la comprensión pide que se comprenda la incomprensión. 

➢ La interiorización de la tolerancia requiere convicción, fe, elección ética y, al mismo tiempo, aceptación de la expresión de las ideas, de convicciones, de elecciones contrarias a las nuestras. La tolerancia supone sufrimiento al soportar la expresión de ideas negativas o nefastas, según nuestra opinión, y exige la voluntad de asumir este sufrimiento. La Antropoética presupone la decisión consciente y esclarecida de: 

➢ Asumir la condición humana individuo/sociedad/especie en la complejidad de nuestro ser. 

➢ Alcanzar la humanidad en nosotros mismos y en nuestra conciencia personal. 

➢ Asumir el destino humano en sus antinomias y plenitud 

➢ La Antropoética nos instruye para asumir la misión antropológica del milenio. 

➢ Trabajar para la humanización de la humanidad. ➢ Efectuar el doble pilotaje del planeta: obedecer a la vida, guiar la vida y alcanzar la unidad planetaria en la diversidad. ➢ Respetar en el otro, a la vez, la diferencia y la identidad con relación a si mismo. 

➢ Desarrollar la ética de la comprensión. ➢ Enseñar la ética del género humano. Convoco a todos para que luchemos por nuestra humanidad siendo humanos para con nosotros y para con el prójimo, ejerciendo la Antropoética y cambiando así la forma por la cual conquistaremos la paz espiritual tan anhelada. 

- María Cristina Zaina – Brasil

Tomado de Zona Espírita

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LO QUE ES EL ESPIRITISMO

El Espiritismo vino a llenar un gran vacío en el siglo XIX, cuando la indiferencia amenazaba invadir a las masas y el ateísmo se acurrucaba en los pliegues de la física y la química, recogiéndolo el sabio como a salvaguardia de su clara razón que la amenazaban continuamente para supeditarla a las religiones positivas, con su infierno eterno y sus recompensas eternas; ha venido una preciosa flor que con su penetrante aroma da esperanza al triste, regeneración al desgraciado, fuerzas al débil y voluntad al fuerte para seguir con glorioso paso las escabrosidades del camino de la vida.

Esta preciosa flor, lleva un mundo de amor, que es fuente de vida continuamente a los seres que pueblan este planeta por medio de sus intérpretes, los miles y miles de espíritus que nos rodean: En la eternidad de los tiempos nada se pierde, nada pasa desapercibido, todo queda fotografiado en la eterna vida de tu alma, en tus manos está el porvenir, vienes de algo y vas al progreso indefinido.

A esto es a lo que ha venido el Espiritismo: A quitarnos el tupido velo que nos impedía comprender el por qué de nuestra vida y el por qué de nuestra muerte; el por qué de nuestros goces y de nuestras alegrías, y el por qué de esos seres tan desgraciados como sufridos que tan solo han venido a la Tierra para penar; y el por qué de esos otros que, si bien no tienen toda la felicidad con que sueña la fantasía, sin embargo poseen una felicidad relativa, grande en comparación con la desgracia de aquellos. Su levantada moral y sana lógica, descansando en hechos prácticos y convincentes, ha envuelto a todo el mundo con ese fluido bienhechor que incita al hombre a sacrificarse por un ideal si fuese necesario; de ese fluido que cuando cae un ser al abismo le da fuerzas para levantarse y seguir hasta la consecución de su fin; de ese fluido llamado esperanza basada en la fe de nuestro porvenir.

Si abarcásemos todo el bien que esta doctrina, o mejor, ciencia, hace y ha hecho a la Humanidad, ni por un momento descansaríamos para propagar sus indiscutibles verdades, que son sin duda, las que satisfacen totalmente a la razón, verdadero guía de nuestros pasos en la Tierra. Sus enseñanzas son tan acordes con la idea que tenemos de esta gran causa que rige los mundos, llamada Dios; sus doctrinas están tan íntimamente enlazadas con lo que sienten nuestros corazones... son admitidas por el sabio que en sus horas de trabajo piden al cielo recompensa; del artista y del poeta que le pide inspiración; del desesperado que con sus contrariedades continuas le han hecho alzar la vista al firmamento y decir con toda la fe de su alma basada en la razón: Allí está la verdadera vida; la recompensa de mi resignación y mi bondad práctica.

El sabio y el ignorante, y el rico como el pobre, todos ha encontrado en esta fuente de agua poder saciar su sed; todos han leído en este gran libro llamado Espiritismo, que ha aumentado su volumen, a medida que la Humanidad avanza en la florida senda del progreso. El Espiritismo ha llenado todos los deseos, sus profundas verdades han convencido a muchos escépticos, porque han visto que el Espiritismo es el ancla salvadora llamada a salvar del naufragio a la Humanidad, que irremisiblemente iba a caer por su ateísmo y su indiferencia.

Hay seres que por su rebeldía y por su misma pena, no creen en nada y nada esperan; que la vida les agobia como carga demasiado pesada; que su escepticismo lo llevan al extremo de no creer ni en la bondad ni en el amor, y el sabio ateo que llega al final de su carrera y ve todo su trabajo, su gran laboriosidad perdida, sin esperar recompensas de sus continuos sacrificios, sin que se quede nada de lo que ha aprendido, perdiéndose todo en la materia; y dos amantes que es tanto lo que se aman, que su amor ha llegado a sobrepasar los límites de lo material y cuando la parca fiera viene a cortar el hilo de una de las dos existencias, el que aquí queda romperse ese amor, que era su felicidad. Si los habéis visto, si vuestras lágrimas se han juntado para consolarlos en su dolor, no les dejéis, iniciadles en el Espiritismo que al mismo tiempo que les da resignación ante sus penas y esperanza en el porvenir, les hacer ver que los sufrimientos y penas de hoy, responden a faltas cometidas en anteriores existencias, que todo tiene su fin, como todo tiene el sello de la Bondad Divina.

El Espiritismo nos enseña y nuestra razón nos dicta que tiene que haber otra vida después de esta; que estos adelantos prematuros; que estos tardíos progresos y que estos salvajes instintos que se observan en los hombres que pueblan este mundo, tienen que venir de otros puntos, porque en una sola existencia es imposible tanto desarrollo moral e intelectual en unos y tanta perversidad en otros. Algo tiene que haber en nosotros que sobreviva al cuerpo, porque de no ser así, a nada responderíamos y como consecuencia lógica se negaría la existencia de un Dios superior a todo lo creado. La nada no puede haber creado algo; su misma palabra lo dice: nada, cosa que no tiene cuerpo y no posee voluntad, porque si la tuviera entonces dejaría de ser la nada. Por eso encontramos en esa naturaleza, llámesela ´Dios, Alá, u otro nombre, no por eso dejará de ser Causa, derivando de ella todos esos efectos que en la Naturaleza vemos continuamente reproducidos.

Estas inteligencias tan precoces que a veces tenemos ocasión de observar, nos lo demuestran claramente. Estos defectos físicos que continuamente observamos en seres que parece que solo han venido a sufrir y ningún mal han hecho a la Humanidad, nos lo prueba, porque sino no tendría razón de ser; que hemos tenido otras existencias en las que hemos hecho más o menos bien o más o menos daño, y que, siguiendo la Ley de Progreso, que tiene que ser inmutable para serlo, vamos purificándonos por medio de las existencias que tenemos, para alcanzar la perfección máxima a que debemos aspirar.

Estas verdades hay que hacer esfuerzos para que fructifiquen, es necesario que todos a una trabajemos para lograr que en este mundo reine la fraternidad, madre de todas las virtudes.

Pongamos de relieve este gran libro llamado Espiritismo, a fin de quitar de este mundo la superstición, el fanatismo y la indiferencia, plagas que amenazan con invadirlo todo.

Allan Kardec, nuestro maestro, nos mira; algo quiere de nosotros; sabe que las convicciones, cuando únicamente se sostienen dentro del hogar doméstico, y aun allí con cierto temor no se arraigan, porque el hombre , para hacer prosélitos a su causa, ha de tener el entusiasmo que le produce el conocimiento de la verdad.

Es necesario e imprescindible que se trabaje para progresar. Si las humanidades siempre hubiesen permanecido pasivas todo estaría en germen, nada se habría desarrollado.

Si se quiere que el desgraciado sea consolado en su aflicción, y el pobre debidamente auxiliado, enseñemos la ciencia espírita, chispa de Luz desprendida del cielo para iluminar a la triste humanidad.

¡ Todo por la Verdad!.

- Amalia Domingo Soler-

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EL ESPIRITISMO Y EL ESPÍRITA

“El Espiritismo no viene en busca de los perfectos, más si   de los que se esfuerzan  en poner en práctica las enseñanzas de los Espíritus.  El verdadero espirita no es el que alcanzó la meta, más si  el que sinceramente quiere lograrla. Sean cuales sean  sus antecedentes será un buen espirita desde el momento que reconozca sus imperfecciones y sea sincero y perseverante en el propósito de enmendarse.”

- Allan Kardec-

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                        Magnetismo animal

                                      


 

          Se llama así a la energía   vital  que  se puede transmitir  de unas personas a otras, sin que la distancia física entre ellas sea un factor influyente en el que este proceso de transmisión energética se cumpla, y que está dentro de los márgenes de la Naturaleza.

 

        Este flujo de energía humana o “fluido magnético”  fue descubierto y experimentado por Mesmer, que en un principio creyó que los fluidos invisibles que se transmitían de unos seres a otros, se trataban del mismo fluido que ejerce la fuerza de atracción o repulsión de los imanes; de ahí su nombre.

 

        Esta  energía   actúa    y    se    transmite    como   un    fluido   que   posee    propiedades   eminentemente  curativas.

 

     Es el mismo fluido vital que ciertos magnetizadores, capaces de almacenarla naturalmente en su organismo, la transmiten bajo el nombre de bio-energía, o Prana, y en esta transmisión se cumple, naturalmente, la ley física de los vasos comunicantes: El fluido siempre circula desde el que tiene más nivel hacia el que tiene menos, hasta llegar a equilibrar los niveles de ambos.

 

        Así acontece cuando se trata de la bio-energía propia del magnetizador  que mediante su voluntad trata de transmitir estos efluvios imponderables hacia otra persona que presenta un bajo nivel de  su energía vital o algún desequilibrio en la misma. Como en este caso “transmite” un fluido suyo, al final puede quedar mermado de estas energías vitales él mismo, porque cada persona tiene unos niveles o cantidades diferentes, según sea su alimentación, su grado de salud o de enfermedad, si su vida se desarrolla en un ambiente sano, etc., y cuando estos están desequilibrados en su distribución orgánica, o son insuficientes en general, sobreviene la enfermedad física y psíquica; por eso  vemos que muchos de estos magnetizadores necesitan tener a mano agua fluidificada para reponer muy a menudo las energías que de ellos salen hacia sus pacientes u otras personas, y explica también la necesidad de mantener la salud con una vida saludable y sana, en la que no debe incluir ciertos alimentos y bebidas algo tóxicos para su organismo, pues esas energías que transmite para la curación y el restablecimiento de otras personas, no deben llevar contaminación alguna, porque el efecto de lo que se transmite podría no ser el deseado.

 

        Sin embargo cuando el fluido  transmitido a través de un médium sanador, este fluido curativo procede de los planos espirituales. Al no ser esta una energía acumulada en su organismo, la transmisión de la misma no le afecta física o psíquicamente, pues  él solo actúa en este caso como un canal transmisor de energías sanadoras que desde un plano espiritual, los Espíritus encargados de esa función, con  permiso de Dios, transmiten a través de él. En general la energía vital que transmiten, cuando hablamos de una mediumnidad de cura, en parte procede de ellos mismos y en muchos casos le es añadida desde el plano espiritual, dependiendo de las necesidades físicas y psíquicas del receptor.

 

       Como responsable de lo que transmite,  no deberá contaminar esas energías que a él le trasmiten para a su vez entregarlas a otra persona, para su mejora y sanación, por lo que deberá llevar una vida tranquila y sana, con una alimentación sana, sencilla y equilibrada.

 

        Este fluido  es  transmitido  al  enfermo    por   el   médium  curandero  o   sanador   durante   el   acto  de  sanación o magnetización,  dirigido   con la fuerza de su fe, de   su    mente y de su voluntad,   de modo que este fluido lo transmiten  normalmente a   través   de   los  chacras  de  sus  manos,  a  veces   masajeando sobre  la  zona enferma, y otras veces sin  llegar  a  rozar la piel del enfermo e incluso a notable distancia física de él. Curiosamente quien recibe este fluido suele experimentar una sensación física de “cosquilleo” o de calor sobre la piel de la zona tratada.

 

       Según  definición   de  los  espíritus  de los  Doctores Demeure, Corvisant, etc,  magnetizar es el acto de  dirigir  sobre  un   enfermo  o  sobre  el sitio  del mal, este agente fluídico, a  fin de  ocasionar  calor  o  movimiento.    Siguen  diciendo  estos  Espíritus:   

 

       “El  agente magnético puede penetrar en todo el  cuerpo  del  enfermo  y  producir  en  él numerosos fenómenos; sus efectos son una aceleración en el movimiento  tónico y  también   en  la  circulación  de  todos  los fluidos;  por  estos hechos manejar el magnetismo  animal es  un  arte  y una  facultad”.   Y añaden: “Todos los hombres pueden  aprenderlo y    ejercerlo,  según la energía de su fuerza, de su voluntad y de su salud”.

          

     Según  manifestó un médium  en estado sonambúlico :  “El  hombre  lleva  en  sí mismo tanto   fluido como necesita para  existir; pero no siempre  tiene bastante para  transmitirlo a  los demás.  Este  fluido es elemental, ligero, sutil, de color blanquecino cuando  emana de nuestro cuerpo  y  cuando es  movido  con viveza  resulta  brillante.   Los  enfermos cuando   se  les magnetiza, lo atraen  según  sus    diferentes necesidades”


- Jose Luis Martín-

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