sábado, 29 de abril de 2017

NATURALEZA DEL AMOR: ABUSO GENÉSICO


Contenido de este blog en la publicación de hoy:

- El Milagro del perdón
- Naturaleza del Amor. Abuso Genésico
- Entrevista a Divaldo
- Mensaje de este día: Autorealización
- ¡ Antes morir que matar !



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El milagro del perdón

      
Todo iba muy bien hasta aquel día. Ella era una mujer casada. Y muy bien casada. Era feliz. Su marido, un alto ejecutivo, a pesar de los constantes viajes que lo retenía fuera del hogar a periodos regulares, ere un hombre atento.      
Nada había que ella desease que él no desease satisfacer. Una casa confortable, seguridad, cariño.      
 Hasta aquel día, cuando la noticia llegó de repente: él sufrió un infarto. Ni una última palabra, un último abrazo. Nada.       
 El entierro fue triste y silencioso. Después sólo quedó una inmensa nostalgia.Todo era motivo de recuerdo.       
  Los libros de él, el jardín donde paseaban juntos. En todo la presencia-ausencia de él. Los días eran amargos.       
 Entonces, ella recibio una carta. Venía de otro Estado y era firmada por una mujer. En pocas líneas, la desconocida le hacía saber que el hombre por el cual lloraba había sido también su amor.       
Y, como fruto de su relación de algunos años, ella tenía dos niñas pequeñas. Describía su drama. Las dificultades profesionales, las facturas que se amontonaban, las necesidades que crecían.       
  Rogaba disculpas por atormentarla, pero pedía auxilio para sus dos niñas.
     
      La primera reacción fue de rebeldía, de rabia. Se sintió traicionada, amargada. Con el paso de los días, aquello fue arreciando y dando lugar a otro sentimiento.       
Pensó en el amor que su marido debería tener por sus hijas. Ahora estaban huérfanas.     
 Por amarlo mucho, tomó una decisión. Respondió a la carta diciendo que se quedaría con las dos hijas. Asumiría su educación. Con una condición: la madre debería entregarlas a su cuidado indefinidamente.       
 Ajustaron detalles y decidieron un encuentro. Ella quería a las niñas. Pedazos de su amor que se fue. Habría de tratarlas como sus hijas. Eran amores de su marido.
       
  En el aeropuerto se encontraron. De lejos, ella vio a la otra: joven, bonita. Era una silfide. Sintió celos. Las niñas eran bonitas.     
 La joven, con lágrimas en los ojos, se despidió de ellas, les hizo recomendaciones y se dispuso a partir.    
 Las niñas se fueron a ella, sollozando. La escena era conmovedora. Entonces, la mujer sintió una onda de cariño invadirla y llamó a la joven madre.     
 Vamos a ser una única y gran familiaQuédese con nosotros también. Seremos amigas y madres de las dos niñas sin padre.       
  Era el ‘milagro’ del perdón.
      
 No del perdón de los labios, sino el perdón del corazón. El verdadero. El que coloca un velo sobre el pasado.        
  El único que es tenido en cuenta, pues Dios no se satisface con las apariencias. Él sonda la intimidad y conoce los más secretos pensamientos de los hombres.
      
      El olvido completo y absoluto de las ofensas es propio de las grandes almas.    
Perdonar es pedir perdón para sí mismo. Al final, ¿quién de nosotros no necesita de el? ¿Quién de nosotros puede decir, en sana conciencia, que no comete equívocos?      
  Si alguien nos perjudicó, es un motivo más para el ejercicio del perdón, pues el mérito es proporcionado a la gravedad del mal.       
Olvidar el mal. Pensamos en el bien que se puede hacer. Cuidamos de retirar del corazón todo sentimiento de rencor. Dios sabe lo que se tarda en el fondo del alma de cada uno de Sus hijos.

Redacción de Momento Espírita,

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NATURALEZA DEL AMOR. ABUSO GENÉSICO


“En ningún caso nos será lícito subestimar la importancia de la energía sexual que, en esencia, vierte de la Creación divina.. Nadie se utilizará de ella en las relaciones con otros, sin consecuencias felices o infelices, constructivas o destructivas, según la orientación que se le de.”
Emmanuel (“Sexo y vida”).


Excesos y desgaste.
El sexo es la fuerza más poderosa que existe en nosotros, después de la mente. Por esto, practicado bajo el descontrol, como todo mal uso que infrigimos a una máquina, termina por bloquear o estropear al sistema.. En esta fuerza primaria de nuestro ser, los Ingenieros espirituales de la creación concentraron cantidades de energía que, liberadas indiscriminadamente, conducen a la confusión emocional, la desilusión y el desgaste psicosomático.
Las fantasías eróticas continuas, el deseo compulsivo, etc., son descargas electromagnéticas de altísimo voltaje. Cuando la fijación sexual es demasiado prolongada, deviene en agotamiento nervioso y desorganización somática, así como incluso a la locura, cuando determinadas personas entran en obsesión o se pierden en la espiral del vicio (inducidas por malas compañías del entorno que frecuentan, o víctimas de espíritus inferiores).
El abuso del que hablamos, aparte de propio, puede ser también el que infligimos a los demás; porque si bien el amor de Dios, para engrandecernos, nos concedió el libre albedrío (permitiéndonos la debilidad y el aprendizaje), toda manipulación erótico-afectiva o desprecio que hagamos a alguien, no será pasada por alto ante la infalibilidad de la leyes espirituales (karma) que rigen el Cosmos.. Nacemos en esta vida para, entre otras cosas, adquirir un mayor equilibrio emocional y/o liberarnos de las pautas erróneas del pasado.
No existe ninguna inmundicia en el sexo, patrimonio sagrado de la vida, lo que si es necesario evitar son los excesos, la promiscuidad y la búsqueda de sensaciones viles que arrastran al ser a las zonas inferiores de la existencia. Esto, a menudo, es subliminalmente aconsejado y puesto como atractivo, por diferentes medios de comunicación y/o desafortunados shows televisivos (ignorando que, comportamientos sexualmente promiscuos, con pérdida de la capacidad de establecer vínculos afectivos duraderos, es una de las señales de la esquizofrenia).
No existen “pecados” y sí errores o abusos.
En “El Génesis” estudiamos que, son las imperfecciones, los malos instintos que aún no corregimos y la inclinación a tal o cual vicio, el verdadero pecado original...


Vampirismo energético.
“El Espíritu encarnado está bajo la influencia de la materia, y el hombre que se sobrepone a esta por la elevación y depuración de su alma, se acerca a los buenos Espíritus, a los que se unirá algún día. Pero el que se deja dominar por las malas pasiones y cifra todos sus goces en satisfacer los apetitos groseros, se acerca a los Espíritus impuros dejando que prepondere la naturaleza animal.


Este artículo proviene de Federación Espírita Española - Espiritismo.
(Conferencia ofrecida en diciembre del 2004 en el XII Congreso Espírita


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                 ENTREVISTA A DIVALDO


PREGUNTA: Asistimos hoy en día a situaciones en que la corrupción campea en diferentes grados en muchos países del llamado primer mundo, y también en diversos países en vías de desarrollo, afectando a los diversos niveles económicos, políticos y sociales. Como espiritistas, ¿qué podemos aportar con nuestro conocimiento y práctica para poder no sólo ofrecer respuesta a esa actitud, sino también para aunar esfuerzos a fin de ofrecer solución a esta plaga?
DIVALDO: En primer lugar, en lo que respecta al ámbito político, podemos influenciar en ese aspecto en cuanto elijamos personas dignas, puesto que la mayoría de nosotros sabemos dónde se aposenta la criminalidad. En determinadas ocasiones podemos escoger a los candidatos por simpatía o por determinados intereses particulares, incluso recibiendo algo a cambio como ocurre en algunos ámbitos.
Cuando somos electores en ese círculo por interés, obteniendo algo a cambio o un favoritismo, nos convertimos en cómplices de esa corrupción. El voto en este caso, debería ser nuestra “arma”, pudiendo votar a aquel que es más decente, o bien votar de la forma establecida en nuestros sistemas democráticos de cada país para demostrar nuestra protesta, como un voto nulo.
En Brasil decimos que quien no es leal en lo poco, no es leal en el mucho; y otro dicho que dice que una barca jamás conducirá un navío.
Es preciso, por tanto, que nosotros creemos una mentalidad de honestidad, y ésta se irá reflejando en el mundo. Así, nosotros debemos de pensar dos veces antes de actuar. La corrupción surge por doquier; fijémonos que incluso surge cuando se rompe la fidelidad en la pareja, y hoy día parece que este tipo de conductas estén en boga.
Aquí no importa que nadie sepa de la existencia de una infidelidad, sino que lo que importa es que cada uno sepa si es infiel, es un tema de conciencia.
Respecto al cambio, debemos decir que todo aquello que parece imposible, en realidad no lo es. Una vez yo fui a un notario para reconocer una firma y vi una frase que me quedó grabada: “Hacer fácil lo difícil, es hacer difícil; hacer difícil lo difícil, es tornar imposible.”
En una ocasión, me sentí en una reunión mediúmnica, procuré tomar el lápiz para ponerme a escribir pero me dije “hoy no puedo escribir, estoy muy cansado”. En aquel momento se me apareció Juana de Ángelis y me dijo: “¿Por qué no escribes?” y le contesté que no podía. Y volvió a preguntarme: “¿Y por qué no puedes?” y le dije que no tenía fuerzas. Ella me indicó “¿Por qué no lo intentas? Toma el lápiz”. Acto seguido, tomé el lápiz y me puse a escribir. Fue la noche que ella más escribió. Cuando terminó me dijo: “Nunca tomes una medida de resistencia en el Bien, inténtalo hasta alcanzarlo.”
También Juana de Ángelis me indicó que un antiguo pensador chino dijo: “La vida física ¿es una ilusión? Y la inmortalidad ¿una realidad?, o bien ¿será la inmortalidad un sueño y la vida física la realidad?”. Por tanto, Juana me dijo “tú debes cultivar sueños, diciéndote yo puedo, sí quiero, y por más difícil que sea tu sueño, nunca dejes de soñar y nunca desistas de tu sueño.”
Estamos construyendo un mundo nuevo, y en cierta ocasión alguien le dijo a Chico Xavier “me gustaría mucho quedarme aquí cerca en Pedro Leopoldo”. Entonces, el Espíritu de Emmanuel le indicó a Chico que si todas las luces estuvieran juntas, habría un incendio y el resto de la humanidad permanecería en la penumbra. Entonces las luces deben estar dispares, como estrellas, como puntos luminosos para haya claridad para todos y, unidas por unos hilos que son el Amor, a modo de cables eléctricos y la electricidad sería la Misericordia.
Xavier Llobet
Centre Espírita Irene Solans, Lleida
- ACTUALIDAD ESPIRITISTA-
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MENSAJE DE ESTE DIA :  AUTOREALIZACIÒN

...Si perdonas sinceramente a quienes te generan dificul­tades y se convierten en problemas para ti, estarás colaborando con el Bien, y de ese modo pasarás al nivel de servicio de solidaridad y de acción edificante, en favor de todos y del mundo terrenal donde te encuentras en proceso evolutivo.
No te eximas de amar, de perdonar y de servir, si real­mente anhelas la autorealización.
Joanna de Ângelis/Divaldo Franco
Libro Despierte y sea feliz - Editora LEAL
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               ¡ ANTES MORIR QUE MATAR !

Desde niña atraían poderosamente mi atención las grandes librerías, y entraba en ellas 
con religioso respeto. Recuerdo que hace muchos años, estando en Deva visité el palacio de don Leopoldo Augusto de Cueto, y al entrar en su magnifica biblioteca, verdadera maravilla en todos los sentidos, al ver aquellos artísticos estantes que contenían lo mejor que se ha escrito en los pueblos civilizados, confieso ingenuamente que no me postré de hinojos temiendo que se rieran de mí; pero si el alma pudiera tomar alguna postura, indudablemente que la mía se hubiera arrodillado orando fervorosamente en aquel magnifico santuario de la sabiduría humana. 

Nunca he olvidado aquel salón en el que todo hablaba; allí se respiraba una atmósfera distinta, y en ninguna de las catedrales que he visto, he sentido aquella religiosidad y 
admiración que experimenté en la biblioteca de Augusto de Cueto. 

Y refiero estos recuerdos de mi pasado, para demostrar que soy amantísima de la lectura; pero como para leer con aprovechamiento se necesita tiempo, y a mí me ha faltado siempre por diversos motivos, he aquí una de las causas por que aprovecho en muchas ocasiones las historias que vienen a contarme unos y otros, y hasta la opinión y 
el parecer de los seres más humildes y más ignorantes, siguiendo en esto el consejo amistoso que me dio en Madrid el inolvidable escritor Roque Barcia, que, con su gracejo particular, me dijo así:

-Amiga mía, le causaría a usted risa si conociera algunos censores de mis obras; no 
acostumbro consultar con mis más íntimos amigos, por dos razones muy poderosas: la 
primera, porque a los unos les ciega el cariño, y la segunda, porque a los otros el gusano 
de la envidia les roe las entrañas, y el voto de ninguno de ellos es válido para mí. 
Durante algún tiempo, observó mi mujer que cuando venía el carbonero, se paraba, al salir, delante de mi despacho y escuchaba con deleite lo que yo leía en voz alta, haciendo él signos de aprobación en los puntos más culminantes de mis escritos. Yo tengo la costumbre de escribir y leer cada párrafo que trazo en el papel. 
Una mañana, hice entrar en mi despacho al carbonero, diciéndole: 
-Vamos, hombre, dice mi mujer que eres inteligente, y te voy a leer un capítulo de una obra que estoy escribiendo, a ver qué te parece. 
El muchacho se sentó muy serio, y se volvió todo oídos para escuchar mi lectura. Cuando concluí le miré, y noté que en su semblante se retrataba el disgusto y la contrariedad. 
-¿Qué te parece? ¿No te gusta lo que te he leído? 
-No, señor -¿Por qué? 
-Porque usted se ha quedado muy satisfecho insultando, pero no lo estarán así los insultados. Usted hiere con ese escrito; pero no enseña como en otros muchos que he leído de usted. 

Se fue el carbonero, volví a leer el capítulo censurado y rasgué inmediatamente las cuartillas, porque, en realidad, en mi vida había escrito nada peor; las advertencias de aquel ser tan humilde, ya ve usted, mozo de una carbonería, las tuve muchas veces en cuenta: hubiera sido un crítico admirable.

Mas veo que, entregada a mis recuerdos, me aparto algún tanto del objeto principal de este artículo, que es tributar un homenaje de profunda admiración a dos hombres que nunca he visto, que no sé cómo se llamaron, y que, sin embargo, a serme posible, haría un viaje para dejar en su tumba unos ramos de flores.

Hablando hace algunos días con un guardia civil, espíritu muy adelantado, muy estudioso y muy observador, me dijo lo siguiente:

-Amalia, ya que tanto te fijas en las cosas, te contaré un hecho rarísimo, que lo presenció un compañero mío, el cual merece toda mi confianza, y que, además de a él, lo he oído referir a otros varios; pero mi amigo, sobre todo, es para mí la mejor garantía 
de su autenticidad, porque a formal y a verídico no hay quien le gane.

Hace bastantes años que la provincia de Extremadura se vio invadida por tantos forajidos, que la guardia civil no tenía descanso ni sosiego, siempre en persecución de 
los salteadores, que robaban, mataban, incendiaban, y eran el terror y el espanto de los pobres labradores, que perdían sus ahorros, sus casas, y hasta la vida. A tanto llegó el 
descaro y la osadía de los malhechores, que el general que mandaba entonces los tercios de la guardia civil, ordenó que sin formación de causa se fusilara a los bandidos donde 
se les encontrara, pues sólo arrancando la mala hierba de raíz podrían vivir tranquilas centenares de familias consagradas al trabajo más rudo.

Se obedeció la orden, y en los bosques de aquella pequeña India de España, pagaron con su vida sus muchas fechorías una gran parte de aquellos facinerosos sin corazón. 
Una tarde, un pelotón de guardias civiles al mando de un sargento, cogieron a nueve salteadores, los ataron fuertemente y emprendieron la marcha hasta llegar a un sitio a 
propósito para despacharlos al otro mundo.

Entre los guardias, había dos individuos que hacía poco se habían incorporado a la fuerza que perseguía sin cuartel a los bandoleros; se enteraron, como los demás, de lo 
que tenían que hacer con los amigos de lo ajeno, y se callaron, porque el que manda, manda, y no hay más.

El sargento hizo alto en un ventorro, esperando que el sol se pusiera; los presos, bien custodiados, estaban sentados al pie de unos matojos; y los guardias, unos paseaban 
esperando la orden para marchar, y otros permanecían sentados. Entre éstos estaban los dos individuos que habían llegado últimamente. Nadie estaba contento; porque eso de matar a sangre fría no es ningún plato de gusto; pero como en la milicia el que no obedece paga con su vida, nadie decía una palabra, ni mala ni buena.

Al fin, el sargento dijo: ¡marchen! y los bandidos fueron los primeros en ponerse en pie, rodeados de los guardias, emprendiendo todos el camino; mas a los pocos pasos, dijo el sargento con extrañeza: 
-Aquí falta gente. Volvió la cara y vio a dos guardias sentados, a lo lejos, al pie del ribazo. Tanto le extrañó aquella desobediencia, que él mismo retrocedió, y llegando hasta ellos, tocándole bruscamente al uno en el hombro, exclamó: ¿Hasta cuándo durará ese sueño? Al tocarle, el guardia se inclinó sobre su compañero, y los dos cayeron rodando por el suelo como masas inertes. El sargento, a pesar suyo, retrocedió asombrado; aquellos dos hombres ¡estaban muertos...! Cumplió el jefe de las fuerzas su cometido, y en dos carros fueron conducidos los cadáveres al cementerio del vecino pueblo. A los dos guardias muertos les hicieron la autopsia, y los médicos que los reconocieron, dijeron que no tenían lesión alguna; que eran, por el contrario, dos cuerpos sanos y robustos; que habían muerto de ¡angustia! Entonces, los otros guardias recordaron, incluso el sargento, el disgusto, la repugnancia, el enojo que habían mostrado al saber que tenían que matar a los malhechores; y conforme vieron que se aproximaba la hora, ¡qué sensación tan dolorosa deberían sentir, qué angustia tan extraordinaria experimentarían aquellos dos espíritus, para separarse de su organismo, fuerte, sano, vigoroso, en el pleno de su juventud! Para romper tales ligaduras, debieron de sentir todos los horrores de la más cruenta agonía, 
diciendo con la entereza de los mártires: ¡Antes morir que matar!

¡Qué dos espíritus tan elevados! ¡Qué almas tan desprendidas de las miserias terrenales! ¡He ahí dos héroes, dos redentores, que prefirieron morir antes que destruir a sangre fría la vida de los otros! ¡Cuán grato me sería recibir una comunicación de esos espíritus! ¿Quién diría, al verlos con su uniforme, que eran dos espíritus que odiaban los procedimientos de la fuerza? ¿Tomaron por expiación tan enojosa carrera, y no pudieron doblegarse a sus horribles exigencias? ¡Quién sabe...! ¡Hay tanto que estudiar en la eterna vida del espíritu..! A veces, en el fango, se encuentran perlas; y entre flores perfumadas, reptiles repugnantes que se ocultan entre sus matizadas hojas. ¡Cuántos que pasan por filántropos y por hombres de gran corazón, se encogen de hombros cuando están en la intimidad de la familia, si oyen contar el relato de una desgracia horrible; y en cambio, otros que quieren la nivelación social, cuando ven una de esas escenas dolorosas, se estremecen, y si no tienen qué dar, piden una limosna para socorrer a los que lloran!

¡Qué pocos espíritus viven en su centro! Esto ¿qué nos enseña? Que la vida de aquí es un capítulo de nuestra eterna historia; no puede ser de otra manera, tiene que admitirse la supervivencia del alma.

Mucho me ha hecho pensar la muerte de los dos guardias civiles, que vivieron tan fuera de su centro. ¿Por qué eligieron la carrera de las armas? ¿Por qué estuvieron tan en contacto con los vengadores de oficio de los atropellos?

¡Almas generosas! Yo os admiro y os consagro mi recuerdo, y creo, que al llegar al espacio, mi primera pregunta será: "¿Dónde están aquellos dos espíritus que dijeron en la Tierra: Antes morir que matar?" Y quizá una voz amiga me responda: "¿Ves aquellos 
dos soles, cuyos rayos no puedes mirar por su refulgencia deslumbrante? Pues es la nube fluídica que envuelve a esos espíritus, cuya luz aún no puedes contemplar sin cegarte con sus vívidos resplandores"

AMALIA DOMINGO SOLER.
SUS MAS HERMOSOS ESCRITOS.

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miércoles, 19 de abril de 2017

Los Sentimientos



 Contenido del Blog en este día:

- Buenos y Malos Espíritus
-Imposibilidad de las penas eternas
- ¡¡ Hay que creer !!
- Los Sentimientos

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                   BUENOS Y MALOS ESPÍRITUS

Habiendo malos Espíritus que obsesan y buenos que protegen, se pregunta si los malos Espíritus son más poderosos que los buenos. 
No es el buen Espíritu el que es más débil, es el médium que no es bastante fuerte para sacudir la capa que le ha sido echada encima, para desasirse de los brazos que le oprimen y entre los cuales, preciso es decirlo, algunas veces se halla complacido. En este caso, se comprender que el buen Espíritu no puede ocupar este lugar, puesto que se prefiere a otro. Admitamos ahora el deseo de desembarazarse de esa envoltura fluídica, de la cual esta penetrada la suya, como un vestido esta penetrado por la humedad; el deseo no bastaría. La voluntad no siempre será suficiente. 
Se trata de luchar con un adversario; pues cuando dos hombres luchan cuerpo a cuerpo, el que tiene más fuerza muscular es el que da en tierra con el otro. Con un Espíritu es preciso luchar, no cuerpo a cuerpo, sino Espíritu a Espíritu, y en este caso también vence el más fuerte; aquí la fuerza esta en la autoridad que se puede tomar sobre el Espíritu, y esta autoridad esta subordinada a la superioridad moral. Esta superioridad es como el sol que disipa la niebla con el poder de sus rayos. 
Esforzarse en ser bueno, ser mejor, si se es ya bueno, purificarse de las imperfecciones, en una palabra, elevarse moralmente lo mis posible: tal es el medio de adquirir el poder de mandar a los Espíritus inferiores para separarlos; de otro modo se ríen de vuestros mandatos. 
Ahora bien; se dirá, ¿por que los Espíritus protectores no les mandan retirarse? Sin duda pueden hacerlo y algunas veces lo verifican; pero permitiendo la lucha, dejan también el mérito de la Victoria; si permiten el desembarazarse de ellos a personas merecedoras, hasta cierto punto, de su apoyo, es para probar su perseverancia y hacerles adquirir más fuerza en el bien, que para ellas esto es una especie de gimnasia moral. 
Ciertas personas, sin duda, preferirían otra receta más fácil para arrojar los malos Espíritus, como por ejemplo, el decir ciertas palabras o hacer ciertos signos, lo cual seria más cómodo que corregirse de los defectos. Lo sentimos, pero no conocemos ningún procedimiento para vencer a un enemigo cuyo ser es mas fuerte que él. Cuando se está enfermo, es menester resignarse a tomar una medicina, por amarga que sea; pero también cuando se ha tenido el valor de beberla, ¡que bien se encuentra uno y que fuerte se es! Es necesario, pues, persuadirse de que no hay, para llegar a ese fin, ni palabras sacramentales, ni formulas, ni talismanes, ni signo material alguno. Los malos Espíritus se ríen de ellos y se complacen a menudo en indicarlos, y tienen siempre cuidado de llamarlos infalibles para mejor captarse la confianza de aquellos de quienes pretenden abusar;porque entonces, estos, confiando en la virtud del proceder, se entregan a él sin temor. Antes de esperar dominar a los malos Espíritus, es menester dominarse a sí mismo. De todos los medios para adquirir fuerza para conseguirlo, el más eficaz es la voluntad secundada por la oración; la oración de corazón, se entiende, y no palabras en las cuales toma más parte la boca que el pensamiento. Es menester rogar a nuestro ángel guardián y a los buenos Espíritus que nos asistan en la lucha; pero no basta pedirles que aparten a los malos 
Espíritus, es necesario acordarse de esta máxima, ‘Ayúdate, y el cielo te ayudará’, y pedirles, sobre todo, la fuerza que nos falta para vencer nuestras malas inclinaciones, que son para nosotros peores que los malos Espíritus, pues estas inclinaciones son las que los atraen, como la corrupción atrae a las aves de rapiña. 
Rogar por el Espíritu obsesor, es devolverle bien por mal, y esto es ya una superioridad. Con perseverancia se acaba, en las más de las veces, por guiarlo de nuevo a mejores sentimientos y se consigue hacer de un perseguidor un agradecido. 
En resumen, la oración ferviente y los esfuerzos serios para mejorarse, son los únicos medios de alejar los malos Espíritus, los cuales reconocen a sus maestros, en aquellos que practican el bien, mientras que las formulas les causan risa, la cólera y la impaciencia los excitan. Es menester cansarlos mostrándose más paciente que ellos. 
Pero algunas veces sucede que la subyugación aumenta hasta el punto de paralizar la voluntad del obsesado y no puede esperarse de su parte ningún concurso serio. Entonces es cuando es necesaria la intervención de un tercero, sea por la oración, sea por la acción magnética; pero la potencia de esta intervención depende también del ascendiente moral que los interventores pueden adquirir sobre los Espíritus, pues si no valen mas que ellos, la acción es estéril. La acción magnética, en este caso, tiene por objeto impregnar en el fluido del obsesado otro mejor y arrojar el del mal Espíritu; cuando el magnetizador opera, debe tener el doble objeto de oponer una fuerza moral a otra moral y producir sobre el individuo, 
una especie de reacción química, y sirviéndonos de una comparación material, diremos, sacar un fluido. Con esto, no solamente opera un cambio saludable, sino también, da  fuerza a los órganos debilitados por un largo, y a menudo riguroso, apoderamiento. Se comprende, por otra parte, que la potencia de la acción fluídica esta en razón directa, no solamente de la energía de la voluntad, sino sobre todo de la calidad del fluido introducido, y después de lo que hemos dicho, esta cualidad depende de la instrucción y de las cualidades morales del magnetizador; de lo que se deduce que un magnetizador ordinario que obrara maquinalmente para magnetizar, pura y simplemente, produciría poco o ningún efecto: es absolutamente necesario un magnetizador espiritista, que obra con conocimiento, con la intención de producir, no el sonambulismo o una curación orgánica, sino los efectos que acabamos de describir. Por otra parte, es evidente que una acción 
magnética dirigida en este sentido, no puede ser sino muy útil, en el caso de obsesión ordinaria, porque entonces, si el magnetizador esta secundado por la voluntad del obsesado, el Espíritu es combatido por dos adversarios en vez de uno. 
Es preciso decir también que se achaca a Espíritus extraños malos hechos, de lo cuales son inocentes: ciertos estados de enfermedad y ciertas aberraciones que se atribuyen a una causa oculta, son algunas veces simplemente causa del Espíritu del individuo. Las contrariedades que más ordinariamente se han concentrado en sí mismo, los pesares amorosos, sobre todo, han hecho cometer muchos actos excéntricos que se haría mal, en darles el carácter de obsesiones. 
Muchas veces se es obsesor de sí mismo. Añadiremos, en fin, que ciertas obsesiones tenaces, sobre todo en personas que las merecen, forman algunas veces parte de las pruebas a que están sometidas. "Y aun algunas veces sucede también que la obsesión, cuando es simple, es una tarea impuesta al obsesado, el cual debe trabajar para el mejoramiento del obsesor, como un padre para el de un hijo vicioso". 

La oración es generalmente un poderoso medio para ayudar a libertarse los obsesados; pero no es la oración de palabra, dicha con indiferencia y como una formula trivial, que puede ser eficaz en caso semejante: es necesario una fervorosa oración, que al mismo tiempo sea una especie de magnetización mental; por el pensamiento se puede dirigir sobre el paciente una corriente fluídica saludable, cuya potencia esta en razón de la intención. La oración no tiene, pues, solamente por efecto el invocar un socorro extraño, sino también el ejercer una acción fluídica. 
Lo que una persona no puede hacer sola, muchas personas unidas de intención en una oración colectiva y reiterada, lo pueden casi siempre, porque la potencia de acción aumenta con el número. 

OBRAS PÓSTUMAS. ALLAN KARDEC.

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IMPOSIBILIDAD DE LAS PENAS ETERNAS

Imaginemos un joven de veinte años, como tantos que existen actualmente, ignorante, de instintos viciosos, que niega la existencia de su alma y la de Dios, entregado al descontrol y a cometer toda clase de perversidades. Posteriormente, en un medio favorable, ese joven trabaja, se instruye, se corrige gradualmente hasta convertirse en un creyente piadoso. ¿No es ese un ejemplo palpable del progreso del alma durante la vida, ejemplo que se reitera todos los días? Ese hombre muere a edad avanzada como un santo, y por cierto su salvación está asegurada. Con todo, ¿cuál habría sido su destino si un accidente lo hubiera llevado a la muerte cuarenta o cincuenta años antes? En esa época reunía todas las condiciones necesarias para que fuera condenado; de modo que, una vez condenado, toda forma de progreso le estaría vedada. Nos encontramos, pues, ante un hombre que sólo se salvó porque vivió más tiempo, y que, según la doctrina de las penas eternas, se habría perdido para siempre si hubiera vivido menos, tal vez como consecuencia de un accidente fortuito. Dado que su alma pudo progresar en un momento determinado, ¿por qué razón no habría podido progresar también después de la muerte, en caso de que una causa ajena a su voluntad le hubiera impedido hacerlo en vida? ¿Por qué Dios le habría negado los medios? El arrepentimiento, aunque tardío, no habría dejado de llegar. En cambio, si desde el instante mismo de su muerte se le hubiese impuesto una condena irremisible, su arrepentimiento habría sido infructuoso por toda la eternidad, y su aptitud para progresar habría quedado anulada para siempre.
El dogma de la eternidad absoluta de las penas es, por lo tanto, incompatible con el progreso de las almas, al cual opone una barrera infranqueable. Ambos principios se anulan recíprocamente, pues la existencia de uno implica forzosamente el aniquilamiento del otro. ¿Cuál de los dos es real? La ley del progreso existe realmente: no se trata de una teoría, sino de un hecho confirmado por la experiencia; es una ley de la naturaleza, ley divina, imprescriptible. Así pues, si esta existe y no puede conciliarse con la otra, entonces la otra no existe. Si el dogma de la eternidad de las penas fuese verdadero, san Agustín, san Pablo y tantos otros jamás habrían visto el Cielo en caso de que hubieran muerto antes de realizar el progreso que los condujo a la conversión.
A este último argumento responderán que la conversión de esos santos personajes no fue el resultado del progreso del alma, sino de la gracia que se les concedió y por la que fueron tocados.
Con todo, eso es un juego de palabras. Si esos santos practicaron el mal, y más tarde el bien, significa que mejoraron. Por consiguiente, progresaron. ¿Por qué Dios les habría concedido como favor especial la gracia de que se corrigieran? ¿Por qué a ellos sí y a otros no? Siempre se nos responde con la doctrina de los privilegios, incompatible con la justicia de Dios y con el amor que dispensa por igual a todas las criaturas.
Según la doctrina espírita, de acuerdo con las palabras mismas del Evangelio, con la lógica y con la justicia más rigurosa, el hombre es hijo de sus obras, tanto en esta vida como después de la muerte. No le debe nada a la gracia. Dios lo recompensa por los esfuerzos que realiza, y lo castiga por su negligencia durante todo el tiempo que se obstina en ella.
-Allan Kardec - Del Libro "El Cielo y el Infierno "-
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                   ¡¡HAY QUE CREER!! 

AMALIA DOMINGO SOLER. 

—Créeme, Amalia, que te envidio — me decía mi amiga Catalina hace pocos días. 
—¿Y por qué?, porque lo que es mi vida tiene poco que envidiar: vieja, enferma y pobre, te aseguro que no sé por qué me envidias. 
—Envidio tu fe, tu fe que es inmensa, tu fe que es indestructible en la creencia de que los muertos resucitan y siguen tratándonos como si no se hubieran muerto. Mira que se necesitan tragaderas para creer semejantes paparruchas. Y que no hay quien te apee de tu burro. Aún recuerdo cuando le dijiste a todo un señor magistrado del Tribunal Supremo, que, aunque todos los espiritistas de este mundo dijeran que el Espiritismo era una farsa más o menos ingeniosa, tú dirías siempre que los muertos hablan con los vivos, que la comunicación de los Espíritus es innegable, que lo que tú habías visto y oído, te había convencido hasta la saciedad de la verdad del Espiritismo. 
—Veo que tienes buena memoria, que recuerdas palabra por palabra mi conversación con el incrédulo magistrado, y lo que dije entonces lo diré siempre, porque cada uno habla de la feria según le va en ella, como dice un vulgar adagio. 
—Pero no podrás negarme que la comunicación de los Espíritus se presta a innumerables supercherías. 
—Se presta si se buscan las supercherías, pero como yo no las he buscado no las he 
hallado. 
—Dime, ¿tú no has evocado al Espíritu de tu madre, a la que tanto querías? 
—No, jamás; esperé dieciocho años a que ella viniera espontáneamente; tenía en tanto su comunicación que no me quise exponer a un engaño. 
—Luego, tú confiesas que hay engaños en las comunicaciones. 
—¿Es que no hay engaños en la Tierra? ¿Para qué nos sirve nuestro entendimiento? Para evitarlos; mas, en el mismo engaño se encuentra la verdad de la comunicación. ¿Qué es la 
comunicación? La prueba inequívoca de que hay una inteligencia que se apodera de un médium y éste habla muchas veces de lo que no entiende y en distinto lenguaje del que usa 
habitualmente. Una cosa es la comunicación (la que es innegable), y otra la identidad del Espíritu que se comunica; la identidad es muy discutible, la comunicación es una verdad; 
poco importa que el Espíritu dé un nombre supuesto: un Espíritu habla y se relaciona con nosotros, y ante un hecho hay que decir: esto es verdad. 
—Para ti, sí; para mí, no. 
—Claro está que no hay peor sordo que aquel que no quiere oír, y tú perteneces a esos desgraciados. 
—¿Desgraciados? 
—Sí, desgraciados; ¿quieres mayor desgracia que vivir entre tinieblas a las que uno mismo 
se las forja? Voy a referirte un hecho que ha ocurrido últimamente. Un espiritista enfermo de neurastenia fue a un pequeño centro de curación, donde se practican algunas curas verdad por medio del magnetismo y la trasmisión del pensamiento. Una médium vidente y auditiva le dijo al espiritista enfermo: 
—¿Se le ha muerto a usted algún hijo? 
—No, señora, ninguno. 
—Es extraño; en fin, quizá sea hijo de otra existencia, porque me dice: Dile a mi padre que velo por él, y que le doy cuanto le puedo dar con mi benéfica influencia. Es un niño muy pequeñito. 
El espiritista quedó muy pensativo y de pronto exclamó: ¡Cómo he perdido la memoria, Dios mío! No recordaba que el primer hijo que tuvo mi esposa murió algunas horas después de haber nacido. 
—Dime tú, ahora, si este hombre podrá dudar de la verdad de la comunicación. En aquel grupo nadie lo conocía, trasmisión de pensamiento no pudo haber porque el enfermo no recordaba a su primer hijo, y, sin embargo, la médium lo vio. 
—Ya es curioso lo que me cuentas. 
—Es más que curioso, Catalina, es una prueba innegable de la comunicación de los Espíritus. 
—¿Y hay muchos casos así? 
—Innumerables. Conocí a una señora valenciana, mujer muy distinguida, verdaderamente aristócrata, que perdió a su esposo y a su único hijo que contaba dos años al morir. Ella estudió, devoró las obras de Allan Kardec y de otros escritores espiritistas, probó ser médium escribiente y no logró trazar ni una letra, estaba desesperada, ella quería a todo trance comunicarse con su hijo o su marido, y todas sus pruebas resultaban inútiles. Una amiga suya viendo su desesperación y su incredulidad, la llevó a una reunión de humildes pescadores, donde nadie la conocía. Se concentró una médium y dirigiéndose a la madre desolada le dijo así: No llores, tu hijo está junto a ti y te acaricia, te da muchos besos. 
—¿Y cómo es ese niño? ¿Va vestido de blanco como se presentan los ángeles? —dijo la señora con marcada ironía. 
—No, no; no va vestido de blanco, lleva una blusita de muselina que tiene un dibujo blanco y negro formando cuadritos, lleva un cinturón negro y unas botitas blancas, viejas y sucias. 
Al oír estas palabras la señora lanzó un grito agudísimo y perdió el conocimiento; la descripción que hacía de su hijo no podía ser más exacta, el niño en su capricho de enfermo, en sus últimos días no quiso quitarse ni el vestido ni las botas y su madre, respetando su voluntad, lo enterró con la blusita de cuadros blancos y negros y las botitas blancas, viejas y sucias. 
—Esto me llama más la atención y casi, diré, como tú, que hay que creer. 
—Sí, Catalina; hay que creer en la comunicación de los Espíritus, en lo que no hay que creer es en la infalibilidad de los mismos; la comunicación es innegable, es la verdad eterna y debe estudiarse, porque es la ciencia del infinito.
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                         LOS SENTIMIENTOS
Inicialmente recurrimos al diccionario Aurélio para definir o que es el Sentimiento. Encontramos lo que sigue: Acción o efecto de sentir. Sensibilidad. Conjunto de cualidades morales del indivíduo. 
Los sentimientos fueron estudiados por varias áreas de estudio del conocimiento humano. Los investigadores materialistas creen que los sentimientos son una mera manifestación de áreas localizadas en el cerebro.  Inactivándola, la persona   no demuestra sentimiento  alguno. No tenemos duda de que el cerebro es el vehículo de expresión de la mente, pero no de la propia mente. 
      Los sentimientos fueron estudiados por varias áreas del estudio del conocimiento humano. Los investigadores materialistas creen que los sentimientos son una mera manifestación de áreas localizadas en el cerebro. Inactivándola, la persona no demuestra sentimiento ninguno. No tenemos duda de que el cerebro es el vehículo de expresión de la mente, pero, no es la propia mente. Los estudiosos afirman que entre expresar y ser, existe una distancia considerable. Actualmente, los neurocientíficos consiguieron localizar, en el cerebro, las regiones correspondientes al habla, a la audición, a la parte de la inteligencia, a las diversas emociones, a los sentimientos y los demás atributos del hombre.
     Recientemente ellos ya consiguieron descubrir el recorrido desarrollado en el cerebro por una saludable o negativa emoción, así como en el trabajo de las neuronas en el mando de los agentes psíquicos que resultan de esa energética en movimiento en las capas cerebrales. Y lo más interesante, dependiendo de la emoción o del sentimiento, el cerebro tutela en la producción de ciertas hormonas y demás substancias químicas correspondientes al tipo de la función psíquica ejercitada en aquel momento, pudiendo de ahí, generar la salud o la enfermedad.
 El Dr. Deepack Chopra, endocrinólogo hindú, erradicado en Estados Unidos y autor de varios libros, dice que: el estudio del cerebro es muy significativo por aquello que él representa en la estructura del cuerpo físico, así como por la gran central desencadenadora de reacciones químicas que él es. Sin embargo, por detrás de él está la fuente mental de todos los fenómenos intelectivos, emocionales y morales: El Espíritu. En el siglo XIX, también, fue presentado, científicamente, al mundo por el eminente pedagogo francés, Allan Kardec.
    Como estamos en el inicio de la Era del Espíritu, surgen, actualmente, algunos estudios en la propia área médica y psicológica acerca de la plegaria, de la meditación, de la transmisión de energías psicofísicas (pases espíritas), de la reencarnación y de la influencia de la mente extrafísica sobre el cuerpo humano.
    Son ensayos promocionados desarrollados por algunas Universidades Americanas y Brasileñas que ya se interesan por este tipo de investigaciones, aún, que existen resultados significativos en el campo de la salud física y mental cuando las personas meditan, cuando efectúan plegarias y cuando son sometidas a los llamados toques terapéuticos (el conocido pase espírita aplicado, gratuitamente, en los Centros Espíritas de Brasil). Además de estas investigaciones, vimos el trabajo desarrollado por el Dr. Ian Stevenson, de la Universidad de  Virginia, en California, sobre la Reencarnación. El Dr. Stanislaw Grof de la Universidad Americana Jonhs Hopkins que lanzó los libros: “Además del Cerebro” y “Emergencia Espiritual”, presentando, así, una propuesta revolucionaria en la dirección de la conciencia humana.
   El escritor espírita Jason de Camargo en su libro la ‘Educación de los Sentimientos’ afirma que el Sentimiento es el cenit de la Espiritualidad. El puede ser considerado una función racional, pero sutil, porque obedece a la lógica del corazón y no de la cabeza. La lógica del Amor, por ejemplo, transciende la racionalidad intelectiva, pero no transciende la racionalidad de las leyes que también están vigente en el alma humana y que son tan o más importantes que aquellas que se refieren a la intelectualidad del hombre.
   Podemos alegar que Chico Xavier, Bezerra de Menezes, Divaldo Franco y tantos otros, de este y del siglo pasado, por sus vivencias trabajaron en el Amor y en la Caridad los sentimientos superiores realizando una obra de transformació n de la humanidad conforme la afirmación del Espíritu de Verdad: “Espíritas Amaos, este el primer mandamiento; instruiros, este el segundo”. La prioridad fue dirigida al “Amor”, justamente por ser  la ley suprema de la conciencia y la madre de todas las virtudes.
Finalmente actuando por la educación de los Sentimientos, por descontado, encontraremos la paz y la salud, liberándonos de los varios tipos de sufrimientos de esta o de otras vivencias.
João Batista Cabral – Presidente da ADE-SE - Associación de  Divulgadores de Espiritismo de Sergipe. Conferenciante. Periodista. Psicoterapeuta Transpersonal.
Trabajo publicado en el Diario Cinform de Aracaju para una edición de 22.000 ejemplares.

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