miércoles, 28 de junio de 2017

La fuerza es independiente de la materia




Hoy presentamos:

- Espiritismo
-Por los demás
-El Perdón
-La fuerza es independiente de la materia.




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Espiritismo


La vasta literatura que actualmente nos es ofrecida, muestra que en nuestra época está muy desarrollada en el campo de la intelectualidad y del conocimiento en general.
Dentro de este contexto, la palabra Espiritismo, parece haberse diluido en el mar de verdades que hace mucho tiempo que esta Doctrina viene enseñando.
Aunque todavía no sea de comprensión general, ya no se produce el espanto de antaño, cuando los esclarecimientos espíritas eran citados.
Es interesante verificar que está aconteciendo, exactamente, lo que fue previsto por Kardec hace casi ciento cincuenta años.
Bajo diferentes enfoques, encontramos la realidad de los postulados espíritas, presentados y discutidos por estudiosos de diversas áreas, haciendo renacer cuestiones que la Doctrina Espírita siempre promovió.
A pesar de todos los cuestionamientos al respecto de este asunto, pocos se preocupan o ni siquiera piensan como, realmente, será la continuidad de nuestra existencia después de la desencarnación. En general, la mayoría se contenta con una explicación ilusoria sin lógica o confirmación.
Solamente, la Doctrina Espírita, con su función esclarecedora, consigue mostrarnos los horizontes de la vida espiritual.
Como guión seguro de este asunto, nos gustaría recordar el excelente libro "Volví", psicografiado por Francisco Cándido Xavier y dictado por el Espíritu Hermano Jacob, en donde encontramos un relato muy claro sobre el pasaje para el Mundo Espiritual y los primeros momentos del Espíritu en su retorno a la verdadera patria.
La palingenesia, que significa nuevo nacimiento o nacer de nuevo, es una creencia muy antígua que acompaña al hombre desde que este pasó a adoptar rituales religiosos. Se cree que fue en la India en donde primero se estableció la idea de la Reencarnación, volviéndose un dogma en todas las religiones del antíguo oriente.
En el transcurso de la Historia, vamos a encontrar a Pitágoras, en el siglo VI a.C., trayendo para Grecia los conceptos que aprendió en Egipto y en Persia. El sentido de la reencarnación se mantuvo en la filosofía griega a través de la doctrina de Sócrates y Platón. En el mundo antíguo, la reencarnación era tenida como realidad incuestionable y de la cual no se dudaba. Kardec también dice (El Evangelio Según el Espiritismo-Cap.IV), que la reencarnación era parte de los dogmas judíos.
Jesús en varias ocasiones se refirió a la reencarnación en su diálogo con Nicodemos, no deja duda en cuanto a la necesidad del renacer del hombre para dar cumplimiento a la ley de Causa y Efecto, maravilloso dictamen de la Justicia Divina.
Después de la estancia del Maestro Jesús entre nosotros, durante cierto tiempo permaneció bien encendida la verdad de la reencarnación, pero, intereses religiosos y políticos, acabaron interfiriendo en esa creencia y confundiendo muchas de las cuestiones bíblicas que trataban del asunto.
Mas hoy, vemos a la humanidad a través del estudio y de la investigación científica, aproximarse a la verdad espiritual, reanudando el hilo de los primeros tiempos, para hacer renacer la verdad de la reencarnación, tan olvidada en el seno de la humanidad.
- María Lourdes -
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                                                POR LOS DEMÁS

    Ante el dolor o el sufrimiento de otra persona, máximo cuando se trata de algún ser querido o simplemente alguien a quien apreciamos, el impulso natural , aun en el corazón mas innoble, es el de socorrer o aliviar esa situación o motivo causante de la perturbación de esa persona, a la que sentimos como un hermano.  Por tanto no creamos que porque alguna vez en nuestras vidas hayamos experimentado ese sentimiento compasivo que impulsa nuestro deseo de aliviar o ayudar a los demás, por eso ya somos muy buenos o que tenemos el camino del alma muy avanzado o menos aún, que somos mejores que otros a los que creemos mas despreocupados o insensibles ante el problema ajeno.
    No debemos desanimarnos nunca al pedir al Plano Espiritual ayuda a  los demás cuando los resultados de mejora o alivio a su sufrimiento no son los que deseamos y pedimos, pues Dios que es infinitamente bueno y sabio, conoce mejor que nosotros el qué es lo mejor para esa persona, no como persona sino como espíritu inmortal sumido en pleno proceso evolutivo.
    Es también muy humano rechazar el dolor, pues a veces este, aunque amargo e indeseado, viene a ser la medicina necesaria en esos momentos para restablecer la salud del alma.  Por eso es bueno y necesario pedir por el bienestar o por la salud  , pero con la fe y la confianza plena de que Dios, nuestro Padre Eterno, solo va a permitir o a conceder aquello que sea lo mejor para la persona, en cuanto al espíritu eterno que es.
   No olvidemos que no hay dolor o sufrimiento que no lo hayamos ganado o merecido antes mediante actuaciones equivocadas, alejadas de la Ley de Amor y Caridad. Pero esto no justifica una reacción fría por nuestra parte, sin involucrarnos en el problema de otro ser humano que de alguna forma está solicitando atención o ayuda. En todo caso pensemos como nos gustaría que los demás reaccionasen con respecto a nosotros si nos encontrásemos en la misma tesitura que nuestro doliente hermano.
   A imitación de Cristo deberemos pedir:  “ Padre mío, si es posible o si es para su bien, aparta de él ese cáliz de amargura y sufrimiento, pero no se haga nuestra voluntad sino la Tuya.
    No hay que dejar de orar y pedir por nuestro hermano sufriente, lo que ya supone de por sí una ayuda por el fluido espiritual positivo que encauzamos hacia él, fortaleciéndolo en su fe ante su prueba y haciéndole sentir conformidad y aceptación ante el designio Divino de las pruebas terrenales que ha de afrontar y superar.
    Si además de orar podemos hacer algo más por él  para ayudarle, no dejaremos de hacerlo, de modo que nuestra cercanía, nuestra ayuda , nuestra comprensión y solidaridad fortalezca su espíritu al no sentirse solo ante su prueba.
    Cuando vemos que algún ser humano, hermano nuestro, recibe un bien espiritual o material, debemos pulsar nuestro sentimiento por ello. Si es de sincera alegría, o si existe algo de envidia ante el bien ajeno.  Si el sentimiento es de envidia, debemos rogar al Padre para que nos ayude a desterrar este perturbador  sentimiento de nosotros. Pero si nuestra alegría es sincera y sin atisbos de envidias, debemos dar muchas gracias al Padre sintiéndonos felices por un doble motivo: Sentimos como nuestro positivo sentimiento nos sugiere que estamos en el buen camino para seguir avanzando por la senda del bien, el amor y la caridad, que es el único camino cierto. El otro motivo es que al hacer nuestra su dicha, también disfrutamos de su felicidad, lo que implica el sentirnos parte de ellos y por extensión de toda la humanidad.

   Es espiritualmente muy saludable, el pararnos ante nosotros mismos y pulsar nuestro interior, tratando de comprender como actuaría Jesús en nuestro lugar, y a continuación  ¡¡ manos a la obra !!.

- Jose Luis Martín-

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                                                    EL PERDÓN 

El perdón real es siempre acompañado por el olvido del mal recibido. 

Si perdonas, y sin embargo te refieres al acontecimiento, estás vitalizando el error. 

Trabaja la inferioridad personal que se fija en el recuerdo del sufrimiento experimentado y agradece la oportunidad de perdonar. 

¿Cómo evolucionar, sin las evaluaciones de perfeccionamiento moral? 

El Perdón, que ahora concedes, será tu padrino mañana cuando necesites de la benevolencia y de la disculpa de otra persona. 

Perdonar es siempre mejor para quien lo hace. 

Actúa siempre así y vivirás en Paz. 

Por Joanna de Ângelis 

Médium Divaldo Pereira Franco 
Extraído del libro "Vida feliz"



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           LA FUERZA ES INDEPENDIENTE DE 
                        LA MATERIA 


     Examinemos ahora la segunda proposición de Moleschott, que pretende que la fuerza es un atributo de la materia, es decir, que sea imposible concebir una sin otra. 
En su opinión, estudiar por separado la fuerza y la materia es un contrasentido, de donde podemos concluir que, estando la energía contenida en la materia, las fuerzas como el alma, el pensamiento, Dios, no son más que propiedades de esa materia. Si demostramos que tal afirmación es falsa, estableceremos implícita-mente, la realidad del alma. Para responder a un sabio no hay mejor método que oponerle otros sabios. 
D’Alembert dice, secundando a Newton: “un cuerpo abandonado a sí mismo debe persistir eternamente en su estado de movimiento o de reposo uniforme”. En otras palabras: estando un cuerpo en reposo no podría moverse por sí mismo. 
Laplace expresa el mismo pensamiento. Un punto en reposo no puede propor-cionarse movimiento a sí mismo, ya que no dispone de raciocinio que le haga moverse en un sentido en lugar de en otro. En contacto con una fuerza cualquiera y abandonado a sí mismo, se mueve constantemente, de manera uniforme, en la dirección de esa fuerza, no ofrece ninguna resistencia y su fuerza y dirección de movimiento son las mismas durante todo el tiempo. Esa tendencia de la materia para perseverar en su estado de movimiento y de reposo es lo que llamamos inercia. Esta es la primera ley del movimiento de los cuerpos. 
Así, Newton, D’Alembert y Laplace reconocen que la materia es indiferente al movimiento y al reposo, que sólo se mueve cuando una fuerza actúa sobre ella, porque, de forma natural, es inerte. Es, por tanto, una afirmación gratuita y sin fundamento científico, atribuir fuerza a la materia. Creemos que, difícilmente pueden rechazarse los testimonios y la competencia de los tres grandes hombre de ciencia arriba citados, pero para dar más peso a nuestra afirmación, diremos que el cardenal Gerdil y Euler establecen, por cálculos matemáticos, la certeza de la inercia de los cuerpos, no podemos reproducirlos aquí, pero haremos constar un argumento decisivo en apoyo de nuestras convicciones. Tenemos una excelente prueba del principio de inercia en las aplicaciones que se hicieron de las teorías de la mecánica a los fenómenos astronómicos. 
En efecto, si esta ciencia que tiene por base la inercia no se apoyase en un hecho real, sus deducciones serían falsas e inverificables por la experiencia. Si la ley de inercia no pasase de ser un concepto del espíritu, sin ningún valor positivo, le habría sido imposible a Leverrier encontrar y calcular la órbita de un planeta desconocido hasta su época, y sus previsiones jamás se habrían realizado. Por el contrario, se han comprobado punto por punto. 
Ese descubrimiento demuestra que las leyes encontradas por la razón son exactas, ya que se verifican por la observación de un fenómeno cuya posibilidad ni siquiera se sospechaba, cuando se establecieron los principios de la mecánica celeste. ¿No es evidente que se conocían las propiedades de los cuerpos y más tarde se conocieron las curvas que describían, mucho antes de haberse observado el movimiento de los astros en el cielo? Ahora bien, no siendo la mecánica sino el estudio de las fuerzas en acción, sus leyes son rigurosas porque se comprueban en la naturaleza. 
No sólo trataron este tema los matemáticos: M. H. Martín en su libro “Las ciencias y la filosofía” demuestra, según el Sr. Dupré, que, en virtud de las leyes de la termodinámica es necesario admitir una acción inicial exterior e independiente de la materia. 
Además, es fácil la convicción, razonando de acuerdo al método positivo, que el testimonio de los sentidos no puede hacernos ver la fuerza como un atributo de la materia. Al contrario, comprobamos a través de la experiencia cotidiana que un cuerpo queda inerte y permanecerá eternamente en la misma posición si nada le viene a dar movimiento. Una piedra que lancemos permanece después de caer en el mismo estado cuando la fuerza que le animaba dejó de actuar. Una bola no rodará sin un primer impulso que lo provoque. Siendo el universo el conjunto de los cuerpos se puede decir del conjunto de la creación lo que se dice de cada cuerpo en particular, y si el universo está en movimiento, es imposible encontrar que la causa de ese movimiento esté en sí mismo. 
Hasta este punto hemos comprobado que Moleschott no tuvo mucho éxito al elegir sus afirmaciones. Sitúa como verdad los puntos más impugnables. No nos sorprende pues que, partiendo de datos tan falsos, llegue a conclusiones totalmente erróneas. El estudio imparcial de los datos nos lleva a contemplar el mundo como formado por dos principios independientes el uno del otro: la fuerza y la materia. 
Es necesario, además de eso, observar que la fuerza es la causa efectiva a que obedecen los seres, orgánicos o no. Todas las fuerzas, por tanto, designadas bajo los nombres de Dios, alma, voluntad, etc., tienen una existencia real fuera de la materia y ésta es el instrumento pasivo, sobre el que se ejercen. 
Continuamos con el análisis del libro de Moleschott y comprobaremos en sus apreciaciones sobre el hombre que no muestra más perspicacia que en su estudio sobre la naturaleza. 
El gran argumento que ofrece como prueba de convicción es el mismo que el de los materialistas en general. Consiste en decir “el cerebro es el órgano por el que se manifiesta el pensamiento, luego es el cerebro el que produce el pensamiento”. Ese razonamiento es casi tan lógico como si dijéramos: “el piano es el instrumento que sirve para que se haga oír una melodía, luego el piano produce la melodía”. 
Si alguien se expresase de tal forma delante de un incrédulo, es muy probable que se encogiese de hombros desdeñosamente, pero, por extraño que parezca, cuando se trata del alma, se acepta inmediatamente semejante forma de discusión. Los materialistas no quieren, bajo ningún concepto, creer en un principio pensante, niegan la existencia del músico, por eso son tan singulares las teorías que nos exponen. 
Los materialistas se encuentran delante de ese problema: el hombre piensa, el pensamiento no tiene ninguna de las cualidades de la materia, es invisible, no tiene forma, ni peso, ni color, pero existe. Es necesario pues, para mostrar coherencia que lo hagan proceder de la materia. 
Existe una gran dificultad para explicar como una cosa material, el cerebro, puede engendrar una acción inmaterial, el pensamiento. Vamos a ver, entonces, desfilar los sofismas, para que, con su ayuda, nuestros adversarios puedan dar la apariencia de un razonamiento. 
El cerebro es necesario para que el pensamiento se manifieste. Los filósofos griegos ya lo sabían y no caían, por eso, en el error de los escépticos de hoy. Establecían la distinción entre la causa y el instrumento que sirve para producir el efecto. 
Algunos fisiólogos, como Cabanis, no encaraban el tema tan de cerca. Este dice: 
“Vemos las impresiones llegar al cerebro a través de los nervios, encontrándose entonces aisladas, sin coherencia. El órgano entra en acción, actúa sobre las impresiones y las reenvía metamorfoseadas en ideas, que se manifiestan, exteriormente, por el lenguaje de la fisionomía o del gesto, o por las señales de la palabra o de la escritura. Concluimos, con la misma seguridad, que el cerebro digiere, de alguna forma, estas impresiones y que realiza, orgánicamente, la secreción del pensamiento. 
Esa doctrina se implantó tan bien en el espíritu de los materialistas que, según Carl Vogt, los pensamientos tienen con el cerebro casi “la misma relación que la bilis con el hígado o la orina con los riñones”. 
Broussais ya había dicho en su testamento: 
“Desde que supe, por la cirugía, que el pus acumulado en la superficie del cerebro destruía nuestras facultades, y que la salida de ese pus permitía su reaparición, no las pude considerar de otra forma que actos del cerebro vivo, aunque no supiese ni qué era el cerebro ni qué era la vida”. 
Moleschott, siguiendo esta pista, dice a su vez, variando un poco la argumentación: 
“El pensamiento no es más que un fluido, como el calor o el sonido. Es un movimiento, una transformación de la materia cerebral. La actividad del cerebro es una propiedad del cerebro, tan necesaria como la fuerza, totalmente inherente a la materia, de la que es un carácter esencial e inalienable. Es tan imposible que el cerebro intacto no piense, como es imposible que el pensamiento esté ligado a otra materia que no sea el cerebro”. 
Según el sabio químico, cualquier alteración del pensamiento modifica el cerebro, y cualquier daño en ese órgano suprime el pensamiento total o parcialmente. 
Afirma: 
“Sabemos, por experiencia, que la excesiva abundancia de líquido cefalorraquídeo produce el estupor, que la apoplejía va seguida del aniquilamiento de la consciencia, que la inflamación del cerebro provoca el delirio, que el síncope, que disminuye el movimiento de la sangre hacia el cerebro, provoca la pérdida del conocimiento, que la afluencia de sangre venosa al cerebro produce alucinaciones y vértigos, y que una idiotez completa es el efecto inevitable de la degeneración de los dos hemisferios ce-rebrales. En fin, que toda excitación nerviosa en la periferia del cuerpo sólo despierta una sensación consciente en el momento en que repercute en el cerebro”. 
Concluye, pues, que en los fenómenos psicológicos lo que se observa es la eter-na dualidad de la creación: una fuerza, el pensamiento que modifica; una materia, el cerebro. 
Toda la argumentación de Moleschott consiste en decir que, con los órganos sanos, los actos intelectuales se ejercen con facilidad, pero al contrario, si el cere-bro enferma, el alma no se puede servir más de él, y las facultades reaparecen cuando las causas que lo alteraban cesan de actuar. 
Es siempre la historia del piano. Si una de las cuerdas llega a romperse, será im-posible hacer vibrar la nota que le corresponde. Sustitúyase la cuerda e inmediata-mente el sonido volverá a producirse. Pero cuando se demostrase que el pensa-miento siempre es el resultado del estado del cerebro, no bastaría eso para afirmar que el encéfalo produce el pensamiento. Como mucho, de ahí se podrían inducir las relaciones íntimas existentes entre ambos. No está todavía probado que la integri-dad del cerebro sea indispensable para la producción de los fenómenos espirituales. 
He aquí lo que dice Longet, cuya competencia en Fisiología está unánimemente reconocida: 
“Nunca se ha negado la solidaridad de los órganos sanos con una inteligencia sana (mens sana in corpore sano), pero esa dependencia tan natural no es absoluta, encon-trándose numerosos ejemplos de lo contrario. Se ven a débiles niños asombrar por la precocidad de su inteligencia y capacidad de su espíritu así como a viejos decrépitos, cercanos a la tumba, conservar intacto el juicio y la memoria, el fuego del genio y el ardor del coraje. 
Hace pocos años, el profesor Lordat escribió un notable tratado sobre la inse-nescencia 2 
2 Insenescencia –expresión utilizada como cualidad de lo que no envejece (lo opuesto de senescente, que significa aquello o aquel que está envejeciendo). Nota del autor. del sentido íntimo en los ancianos. 
La locura va acompañada, muchas veces, por una lesión apreciable de los centros nerviosos, pero ¿qué diremos en los casos en que Esquirol y otros autores muy conscientes afirman no haber encontrado ningún vestigio de alteración en el cerebro? Los anales de la ciencia proporcionan un gran número de hechos, perfectamente observados, de alteración profunda de la sustancia cerebral, sin que durante la vida, se haya notado la más leve alteración de la inteligencia. 
Se han visto en porciones de cerebro estudiadas, que las balas han atravesado el órgano de un lado a otro sin el menor desarreglo del espíritu, sin embargo, bastan algunos hilillos de sangre en un pequeño punto para encender la fiebre, excitar un delirio furioso y traer rápidamente la muerte. Debemos reconocer que la integridad de los órganos, su buena disposición y un volumen suficiente, son condiciones favorables al libre ejercicio, al vigor de las facultades intelectuales, pero no confundamos el órgano con la función y, sobre todo, hablando del cerebro y del pensamiento, donde esa distinción se vuelve muy importante, porque muchos órganos concurren para ese gran fenómeno de la vida intelectual: la privación del aire la hace cesar inmediatamente y una bala que atraviesa el corazón la destruye con rapidez. ¿Quién osaría sin embargo dar como causa primaria del pensamiento el aire que respiramos o la sangre que circula por las arterias?” 
Es lo que dice la ciencia y parece que sus conclusiones no están del todo a favor de Moleschott. No es posible afirmar que el pensamiento esté siempre en armonía con la integridad del cerebro, luego no está producido por el cerebro. 
Hemos visto anteriormente, al sabio holandés atribuir el pensamiento a una vibración de la materia cerebral. ¿Será esa teoría más justa que las precedentes? Vamos a verlo inmediatamente. 
Desde luego topamos con una dificultad. Es difícil comprender cómo una sensación genera una idea. La sensación es una impresión producida en los nervios sensitivos por una agitación externa. Determina un movimiento ondulatorio que se propaga hasta el cerebro por las fibras nerviosas. Una vez llegado allí, ese movimiento hace vibrar las células del sensorium. ¿Cómo puede el movimiento mecánico de las células determinar una idea y como comprender que esa agitación sea percibida por el ser pensante? 
Las células nerviosas, formadas de colesterina, agua, fósforo, ácido húmico, etc., asociados en ciertas proporciones, no son inteligentes por sí mismas. El movimiento vibratorio es una simple acción material. ¿Cómo puede el pensamiento nacer de esa agitación de la célula nerviosa? Fue lo que se les olvidó enseñarnos. 
Los espiritualistas interpretan los hechos diciendo que existe en nosotros una individualidad intelectual, que es advertida por esa vibración de que se ejerció una acción sobre el cuerpo, y es cuando el alma tiene consciencia de ese movimiento vibratorio, cuando experimentamos la percepción. Lo que prueba hasta la evidencia que todo lo que así ocurre es el fenómeno tan ordinario de la distracción. 
Cuando trabajamos en una habitación, ¿no nos ocurre con frecuencia quedarnos insensibles al tic-tac de un reloj? ¿Y no sucede lo mismo al dar las horas? ¿Por qué no las oímos? Las vibraciones, producidas por el sonido han impresionado nuestro oído, se han propagado a través del organismo hasta el cerebro, pero, estando el alma preocupada por otros pensamientos, no puede transformar la sensación en percepción, de manera que no somos conscientes de los ruidos provocados por el reloj. Este simple hecho demuestra, de manera concluyente, la existencia del alma.

EL ESPIRITISMO ANTE LA CIENCIA 

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lunes, 26 de junio de 2017

Espiritismo y Magia



HOY ABORDAMOS:

- Médiums interesados
-Si que existe el Más Allá
-Utilidad de las evocaciones particulares
-Espiritismo y Magia


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                                   Médiums interesados. 

- Como todo puede llegar ser un objeto de explotación, nada tendría de extraño que se quisieran explotar a los Espíritus; falta saber cómo tomarían ellos la cosa si alguna vez se intentara introducir semejante especulación. Diremos en primer lugar que nada se prestaría más al charlatanismo y a la truhanería que semejante negocio. Si se ven falsos sonámbulos, aun se verían más falsos médiums y esta sola razón sería un motivo fundado de desconfianza. El desinterés, por el contrario, es la respuesta más perentoria que pueda oponerse a aquellos que sólo ven en lo hechos una hábil maniobra. No hay charlatanismo desinteresado. ¿Cuál sería, pues, el objeto de las personas que usasen la superchería sin 
provecho, con más motivo, cuando su honradez notoria no permite sospechar de ellos? 
      Si las ganancias que un médium sacara de su facultad podían ser un motivo de sospecha, no sería una prueba que esta sospecha fuese fundada; podría, pues, tener una aptitud real y obrar de muy buena fe aun haciéndose retribuir: veamos si en este caso podemos razonablemente esperar un resultado satisfactorio. 

305. Si se ha comprendido bien lo que hemos dicho sobre las condiciones necesarias para servir de intérprete a los buenos Espíritus, las causas numerosas que pueden alejarles, las 
circunstancias independientes de su voluntad que muchas veces son un obstáculo para que vengan, en fin, todas las condiciones morales que pueden ejercer una influencia sobre la naturaleza de las comunicaciones, ¿cómo podría suponerse que un Espíritu por poco elevado que fuese viniese a todas horas del día a ponerse bajo las órdenes de un empresario de reuniones y someterse a sus exigencias para satisfacer la curiosidad del primero que se presente? ¡Se sabe la aversión de los Espíritus por todo lo que es 
concupiscencia y egoísmo, el poco caso que hacen de las cosas materiales, y se quisiera que ayudasen a traficar su presencia! Esto lo repugna el pensamiento, y sería necesario conocer muy poco la naturaleza del mundo de los Espíritus para creer que pueda ser de 
este modo. Pero como los Espíritus ligeros son menos escrupulosos y sólo desean ocasiones de divertirse a nuestras expensas, resulta que si uno no es mixtificado por un falso médium, corre todo el peligro de serlo por alguno de entre ellos. Estas solas reflexiones dan la medida del grado de confianza que debería concederse a las comunicaciones de este género. 
Allan Kardec.


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              SI QUE EXISTE EL MÁS ALLÁ


DOCTORA KÜBLER-ROSS: "Investigamos casos de pacientes que estuvieron clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos.
Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.
”Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento”.
Dra. E. Kübler-Ross: 'sí existe el Más Allá'.
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  Utilidad de las evocaciones particulares

       Las comunicaciones que se obtienen de los Espíritus muy superiores o de
aquellos que han animado los grandes personajes de la antigüedad, son preciosas por la
alta enseñanza que encierran. Estos Espíritus han adquirido un grado de perfección que
les permite abrazar una esfera de ideas más extensa, penetrar los misterios que están
fuera del alcance vulgar de la humanidad y por consiguiente iniciarnos mejor que los
otros en ciertas cosas. No se sigue de esto que las comunicaciones de los Espíritus de
un orden menos elevado sean inútiles; el observador saca de ellas más de una
instrucción. Para conocer las costumbres de un pueblo es menester estudiar todos los
grados de la escala. El que no lo viera sino bajo una faz, lo conocería mal. La historia de
un pueblo no es la de los reyes y personajes sociales; para juzgarle es preciso verle en la
vida íntima, en sus costumbres privadas. Así es que los Espíritus superiores son los
personajes del mundo de los Espíritus; su elevación misma les coloca de tal modo sobre
nosotros, que la distancia que nos separa nos asusta. Los Espíritus más burgueses
(permítasenos esta expresión) nos hacen más palpables las circunstancias de su nueva
existencia. Entre ellos el lazo de la vida corporal con la vida del Espíritu es más intimo, la
comprendemos mejor porque nos toca de más cerca. Sabiendo por ellos mismos lo que
son, lo que piensan, lo que experimentan los hombres de todas las condiciones y de
todos los caracteres, los hombres de bien como los viciosos, los grandes como los
pequeños, los felices y los infelices del siglo, en una palabra, los hombres que han vivido
entre nosotros, que hemos visto y conocido, cuya vida real sabemos, sus virtudes y
extravagancias, comprendemos sus goces y sus sufrimientos, nos asociamos a ellos y
sacamos una enseñanza moral tanto más provechosa cuanto más íntima son las
relaciones entre ellos y nosotros. Nos ponemos más fácilmente en el lugar de aquel que
ha sido nuestro igual, que no en el de aquel que sólo vemos a través de la ilusión de una
gloria celeste. Los Espíritus vulgares nos enseñan la aplicación práctica de las grandes y
sublimes verdades cuya teoría nos enseñan los Espíritus 
superiores. Por lo demás, en el estudio de una ciencia nada hay inútil: Newton encontró
la ley de las fuerzas del universo en el fenómeno más sencillo.
La evocación de los Espíritus vulgares tiene, por otra parte, la ventaja de
ponernos en relación con los Espíritus que sufren, que uno puede aliviar y cuyo
adelantamiento podemos facilitar por medio de consejos útiles. Podemos, pues,
hacernos útiles instruyéndonos nosotros mismos; cuando sólo se busca nuestra propia
satisfacción, hay egoísmo en la conversación con los Espíritus, y el que se desdeña de
tender una mano caritativa a los que son desgraciados, da pruebas de orgullo. ¿Para qué
le sirve tener buenas recomendaciones de los Espíritus de importancia, si esto no le
hace mejor, más caritativo y más benévolo para sus hermanos de este mundo y del otro?
¿Qué seria de los pobres enfermos si los médicos rehusaban tocar sus llagas?
EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS
ALLAN KARDEC
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                                       ESPIRITISMO Y MAGIA
       Los principios del Espiritismo no  tienen ninguna relación con los de la magia. Por consiguiente, ningún espíritu está a las órdenes de los hombres, no existe ningún medio de obligarles, ningún signo o fórmula cabalística, ningún descubrimiento de tesoros o procederes para enriquecerse, ningún milagro o prodigio, ninguna adivinación ni apariciones fantásticas. Nada, en fin, de lo que constituye el objeto y los elementos esenciales de la magia. No solamente el Espiritismo desaprueba todas esas cosas, sino que demuestra su imposibilidad e ineficacia. No hay, pues, ninguna analogía entre el fin y los medios de la magia y los del Espiritismo. Querer asimilarlos es demostrar ignorancia o mala fe. Pero como los principios del Espiritismo no tienen nada secreto y se formulan en términos claros y explícitos, el error no podrá prevalecer. 
       En cuanto a los hechos de curaciones, admitidos en la citada pastoral, debemos decir que el ejemplo está mal elegido para evadir las relaciones con los espíritus. Es uno de los beneficios que tocan más de cerca y que cada uno puede apreciar. Pocas gentes estarán dispuestas a renunciar a ellos, sobre todo después de haber apurado todos los otros medios, por el temor de ser curados por el diablo. Al contrario, más de uno dirá que si el diablo cura, hace una buena acción. (2) 

2. Queriendo persuadir, a personas curadas por los espíritus, de que lo habían sido por el diablo, un gran número se ha separado de la iglesia, sin que antes pensaran salirse de ella. 
Allan Kardec.

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domingo, 25 de junio de 2017

A los médiums




Para hoy tenemos:

- ¿ Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados ?
- Siempre en paz
- Gesto anónimo
- A los médiums


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¿QUÉ HABÉIS HECHO DEL HIJO QUE CONFIÉ A VUESTROS CUIDADOS?


“¿Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados?”
San Agustín, 
(El Evangelio según el Espiritismo, cap. XIV, ít. 9)

En una sociedad en la que se valora el tener en detrimento del ser, lo natural es que se dé más importancia a tener hijos que a ser padres y madres.

El tener hijos está relacionado con la posesión y el dominio. Según esa visión, el hijo debe satisfacer las expectativas de sus progenitores, quienes lo consideran como un prolongamiento de ellos, un proyecto para realizar sus intereses o superar sus frustraciones.

Con el fin de lograr afecto, el hijo intenta atender a la voluntad de sus progenitores y, en ese proceso, tiene dificultad en desarrollar su identidad y puede perder la capacidad de decir no, de poner límite a las demás personas así como la espontaneidad en ser coherente con lo que piensa y siente. 
Cuando no logra cumplir con las expectativas de sus progenitores o busca tomar decisiones según su propia voluntad, el hijo, aunque ya sea adulto, puede sentirse culpable, como si ello constituyera un fracaso, una falta de respeto o hasta una traición. Los progenitores, a su vez, pueden dejar de considerarlo como un buen hijo, pasar a tratarlo como un ingrato y cobrar por todo lo que le hicieron.
En esa relación de posesión y dominio, a la vez que el hijo pierde su individualidad, los progenitores no sólo conservan la suya, sino que no abren mano de su individualismo. Desean que los hijos estén a su disposición, pero ellos no están a disposición de los hijos. El tiempo de los progenitores es escaso para los hijos, pues ya está ocupado por otros compromisos y responsabilidades. De ese modo, los hijos se transforman en huérfanos de progenitores vivos.

Hay progenitores que se justifican diciendo que no tienen tiempo porque trabajan mucho para poder garantizar el bienestar de sus hijos. Aunque se trate de familias que pasan por necesidades, no de progenitores más interesados en sus carreras profesionales y en sus ambiciones personales, se debe tener en cuenta que el bienestar no se limita a lo material: los objetos no pueden sustituir el afecto. La mayor necesidad del ser humano es el amor. 

La propuesta de la Doctrina Espírita con relación a este tema no es simplemente tener hijos, sino ser madres y padres. Para ello, es necesario comprender que el ser confiado a nuestros cuidados es hijo de Dios, no nuestro, lo que, lejos de eximirnos de nuestra responsabilidad, la resalta. Como madres y padres, tenemos el deber de orientar a los hijos en el camino del bien, y responderemos ante Dios por el modo como hayamos cumplido ese deber, que es una verdadera misión.

La herramienta fundamental para conducir a los hijos al bien es el amor. Solamente amando verdaderamente a los hijos es que podremos educarlos para que aprendan a amar, lo que favorecerá su perfeccionamiento y, por lo tanto, su bienestar, no sólo en la existencia presente, sino también en la vida futura.

Cuando hay verdadero amor, no hay espacio para la posesión y el dominio. Los hijos no están sometidos al autoritarismo de los progenitores, sino que deben cumplir con la voluntad de Dios, que los creó para ser Espíritus puros y, por ende, para desarrollar todas sus potencialidades. Les corresponde a las madres y a los padres colaborar, en todo lo que esté a su alcance, para que los hijos puedan alcanzar el nivel de progreso espiritual planeado para la existencia física actual.

Libres de la posesión y del dominio, los hijos maduran psicológicamente, desarrollan la capacidad de tomar decisiones y de asumir responsabilidades y, al tener respetada su identidad, cuentan con mejores condiciones de profundizar su proceso de autoconocimiento, indispensable a la transformación moral.   

A pesar de que padres e hijos preservan su individualidad, en la educación para el amor no hay lugar para el individualismo, sino se demuestra, por el ejemplo, el bienestar que generan la abnegación, la renuncia, la paciencia, la ternura y especialmente la caridad en su triple aspecto de benevolencia, indulgencia y perdón.

La educación para el amor se dirige, pues, a la conquista de las realizaciones interiores, a diferencia de otros patrones educacionales que tienen como objetivo la adquisición de las realizaciones exteriores: una posición relevante en la sociedad, posesión de bienes materiales, triunfo político, artístico o cultural, entre otras. Las realizaciones exteriores pueden generar placer, que es siempre efímero, pero, sin la base de las realizaciones interiores, suelen desarmonizar al individuo, llevarlo al vacío existencial en la vida presente y comprometer desfavorablemente su futuro espiritual.   

A fin de educar para la conquista de las realizaciones interiores,  es necesario comprender que los hijos, como todos nosotros, son Espíritus inmortales, que tuvieron existencias corporales anteriores y que, por lo tanto, traen, al renacer, experiencias y tendencias propias. Desde pequeños, los niños manifiestan inclinaciones malas y buenas, provenientes de vidas pasadas. Debemos estar atentos y hacer todo lo posible para que los hijos superen las malas inclinaciones, sin esperar que ellas echen raíces profundas, a la vez que los ayudamos a fortalecer y a desarrollar las buenas tendencias.
Si, por nuestra responsabilidad, los hijos no progresan espiritualmente, los veremos entre los Espíritus que sufren, cuando podríamos haberlos ayudado a ser felices. En esa situación, torturados por remordimientos, solicitaremos reparar esa falta en una nueva existencia física, durante la cual envolveremos a esos hijos en mayores cuidados y sobre todo en amor. 

Por otro lado, si hacemos todo lo posible por el adelanto moral de los hijos y no obtenemos el éxito deseado, nuestra conciencia puede estar tranquila. A pesar de la natural amargura que podamos experimentar por el fracaso de nuestros esfuerzos, Dios nos reserva el consuelo que proviene de la certeza de que ese fracaso es solamente una postergación, pues podremos concluir, en otra existencia, la obra que empezamos en esta, hasta que los hijos sigan por el camino del bien.

¿Qué he hecho del hijo que Dios confió a mis cuidados? Es una pregunta que siempre debemos hacernos, sin esperar el término de la existencia corporal, a fin de que podamos, desde ahora, cambiar, si es el caso, la educación que le estamos dando. Si es necesario cambiarla, debemos, ante todo, cambiarnos a nosotros mismos –educarnos a nosotros mismos para el amor–, pues, para educar a los otros, es fundamental nuestro propio ejemplo. En el proceso educacional de los hijos, por lo tanto, no sólo ellos pueden progresar espiritualmente, sino también nosotros, madres y padres.
Que, en lugar de tener hijos, seamos madres y padres a servicio de Dios, cocreadores de la obra divina, instrumentos de auxilio para que los hijos confiados a nuestros cuidados cumplan fielmente con el planeamiento establecido para su existencia física actual y sean hombres y mujeres de bien. Si así lo hacemos, también avanzaremos en el camino del bien y, juntos con los hijos, formaremos una familia unida por los lazos indestructibles del amor.

Simoni Privato Goidanich

Referencias bibliográficas:
- El libro de los Espíritus, Allan Kardec.
- El evangelio según el espiritismo, Allan Kardec. 
- Serie Psicológica de Joanna de Ângelis

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                Siempre en paz
Una conciencia tranquila, que no trae remordimientos de actos pasados, ni teme acciones futuras, genera armonía.
Nada externo perturba un corazón tranquilo, que pulsa al compás del deber correctamente cumplido.
La paz merece todo tu esfuerzo para conseguirla.

Juana de Ángelis
Médium : Divaldo P. Franco

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              GESTO ANÓNIMO

Casi siempre cuando realizamos algún acto de bondad esperamos las gracias. Deseamos que alguien reconozca nuestro acto, que al menos haya observado y percibido nuestro noble gesto.
O, entonces, en el ansia de ayudar a alguien, dejamos percibir  como nuestra dadiva puede ser embarazosa para una persona sensible. O, aun, como pudo haber pensado quien lo recibe, el deber de la gratitud.
Dar es un acto de sabiduría. Un escritor inglés habla de una familia más o menos prospera, que cierta vez conoció.
Una tía suya, ya anciana, vivía con pocos recursos y, por eso mismo con dificultades. Más ella alimentaba verdadero horror a cualquier cosa que pudiese parecer caridad.
Cuando supo, a través de un abogado, que la tía pobre y orgullosa había heredado una pequeña herencia de un primo lejano, en verdad solamente algunas libras que serian gastadas en poco tiempo, arreglo secretamente con el abogado para que fuese adicionada la herencia a un capital considerable que el mismo providenció.
Así se hizo y la tía vivió confortablemente, sin jamás sospechar de lo que hizo aquel bondadoso sobrino.
En realidad, dentro del círculo familiar encontramos, alguna veces, innumerables oportunidades de auxilio oculto.
Se cuenta el caso de un tal Sr. Hubert que encontró una excelente solución para un constreñido problema de familia
El padre, que moraba con el, había sido famoso por sus esculturas de madera. Con la edad, mucha de su habilidad se perdiera.
Así, el anciano iba frecuentemente a dormir con el corazón partido por constatar que no conseguía esculpir antes.
Pues el Sr. Hubert tuvo la idea de levantarse a la noche, en cuanto el padre dormía, para retocar el trabajo que aquel hacia durante el día.
Con hábiles golpes, corregía los defectos. Por la mañana, cuando el viejo padre se levantaba y miraba el trabajo, decía satisfecho:
¡Nada mal! ¡Nada mal! Aun voy a hacer alguna cosa muy  bonita de esto de aquí.
En determinado país europeo existe una maternidad con un ala especial para las madres solteras. Todas las veces que allí nace un bebe de una de esas mozas, llega un gran ramillete de flores.
Con él, viene solamente un mensaje: “de alguien que comprende.”
Durante años cientos de mozas, sintiéndose abandaonadas y desesperadamente solas, han encontrado esperanza,  aliento para una nueva vida, simplemente, por este acto de solicitud de una criatura anónima, jamás identificada.
La dádiva secreta no precisa ser muy cara o requerir mucho tiempo. Exige apenas percepción aguda y un corazón  que comprenda.
Cierto medico, sabiendo  que uno de sus pacientes precisaba mucho medicamento caro, por encima de sus posibilidades, dispuso para que una firma mayorista de productos farmacéuticos enviase el remedio necesario con una etiqueta de “muestra gratis” colocada en el rotulo, mientras el mismo, naturalmente, costeaba todo.
Tales criaturas que así proceden  entendieron muy bien lo que nuestro maestro y modelo, Jesús, nos enseño: “no sepa tu mano izquierda lo que de vuestra mano derecha…”

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Mucha gente lamenta no poder hacer todo el bien que quisieran por falta de recursos suficientes.
Más con Jesús aprendemos que, quien desea verdaderamente ser útil a sus hermanos, encontrará siempre el medio de realizar deseo.
¿Quien existe que no pueda donar de su trabajo, de su tiempo, de su reposo para el prójimo?
Esta es la dadiva mayor, la que podemos considerar preciosa como óbolo de la viuda de que nos habla el evangelio de Jesús

- Merchita-


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                                                        A los médiums 

      De un modo singular los médiums tienen sobre sus hombros la responsabilidad de la divulgación de la doctrina espírita, distribuyendo los consuelos y esperanzas de la que es portadora. Este trabajo presenta grandes escollos y peligros al tiempo que ofrece hermosos objetivos a conquistar. Para participar de forma activa y consciente en el Espiritismo es necesario un conocimiento profundo de los dos actores principales de las manifestaciones espíritas: el espíritu y el médium. Allan Kardec introdujo en El Libro de los Espíritus la escala espiritista, de la pregunta 100 a la 113, como clasificación orientativa para catalogar las diferentes clases de espíritus según su grado de progreso. Para complementar esta ordenación el Codificador también realizó una completa y exhaustiva clasificación de los médiums atendiendo a sus distintas características y capacidades, presentada en El Libro de los Médiums. En el papel que muchos de los espiritistas ahora acometemos como médiums, es frecuente caer en la frivolidad de desear aquellas capacidades que no tenemos. Centramos nuestra atención en los trabajos de los otros médiums. Estos trabajos han sido obtenidos tras largos años de preparación y disciplina, algo que no se suele tener en cuenta, mientras que las aptitudes que poseemos son descuidadas e infrautilizadas. Es un síntoma de inmadurez que tenemos la necesidad de superar. Para la conclusión de la obra son necesarios diferentes tipos de trabajadores, cada uno con sus conocimientos y características propias; en el movimiento espírita lo habitual es la especialización, así en los centros tenemos médiums intuitivos, psicógrafos, pasistas, videntes, de incorporación, etc. y cualquiera de estas actividades es de gran valor para el correcto funcionamiento de las reuniones. Sócrates nos dice en El Libro de los Médiums: “Cuando el principio, el germen de una facultad existe, se manifiesta siempre por señales nada equívocas. Encerrándose en su especialidad, puede el médium descollar y obtener cosas grandes y hermosas, ocupándose de todo no obtendrá nada bueno.” Siempre habrá dudas, siempre surgirán problemas, para solucionarlos debemos acudir a las voces sensatas de la experiencia. No escuchemos únicamente nuestra opinión, que puede estar enturbiada por nuestras debilidades, solicitemos la ayuda de otros amigos con significativa experiencia y reflexionemos si nuestra posición persigue los objetivos del Espiritismo antes que resaltar nuestra personalidad. Es importante la herramienta con la que trabajamos, pero más importante aún es aprender a utilizarla para extraer el máximo partido. Lo más sensato no es querer hacer más cosas, sino hacer mejor aquello que ya hacemos.

Editorial Revista Actualidad Espiritista nº 14

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