domingo, 25 de diciembre de 2011

La Tierra y el tercer milenio




Nosotros, los espíritas, aceptamos la idea de que la Tierra dejará de ser un mundo de expiaciones y pruebas para volverse un mundo regenerador. 

En esos mundos, sus habitantes procuran vivir bajo la influencia mayor de las necesidades y valores espirituales. Viven aun sujetos a las leyes naturales, tienen las mismas sensaciones y deseos que nosotros, pero están liberados de los vicios y de las pasiones desequilibradas que aun esclavizan a los hombres en la Tierra. 

Tiene aun que pasar por pruebas, las cuales comprenden y buscan vencerlas con confianza en Dios, en sí, con serenidad. Se esfuerzan por vivir de acuerdo con las leyes naturales, participando entonces de una sociedad más justa, más solidaria y más felices.


Reconocen su realidad espiritual, asumen la responsabilidad, consciente y feliz, de su evolución.

Sus objetivos mayores son satisfacer sus necesidades espirituales, ya que las socio-económicas están siendo resueltas, satisfactoriamente, sin privilegios particulares, personales o de grupos, pues el bien de todos es la aspiración de cada uno, o por lo menos, de la gran mayoría.

Los deberes y los derechos de los hombres son respetados y todos tienen las mismas oportunidades de crecimiento, de acuerdo con su voluntad, sus intereses.

¡Son mundos felices para nosotros que vivimos en la Tierra!

Estamos en el año uno del tercer milenio.*

La Tierra nos parece muy distante de volverse un mundo regenerador, aunque ya haya evolucionado mucho, porque el progreso material y espiritual está siempre presentes, sea a través del esfuerzo, de la buena voluntad en el bien o a través del dolor, del sufrimiento, consecuencias de las malas acciones de los hombres.

Esperando que, en este milenio, la Tierra se transformará en un mundo mejor, donde los hombres vivirán el equilibrio en la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales, preguntamos: - ¿Las condiciones y situaciones de la Tierra actual favorecen esas transformaciones? ¿Nos hacen vislumbrar esa posibilidad?

Si aceptamos el progreso como una de las fuerzas de la naturaleza, presente en todo lo que existe, material y espiritual, tenemos que aceptar que la Tierra y sus habitantes no continuarán como hoy.

Hubo mucho cambio desde su formación y la aparición de los primeros seres vivos. En el cuerpo físico de hoy, difícil es pensar en el ser unicelular que le dio origen. En el alma de hoy, es difícil pensar en el principio espiritual del cual se desarrolló.

El hombre de hoy y la Tierra de hoy son muy diferentes de la Tierra y del hombre primitivo.

¿Por qué entonces, la humanidad terrena, constituida de encarnados y desencarnados, no puede transformarse más y volver la Tierra en un mundo mejor?

Aceptamos que ese cambio será realizado. Esperamos que sea en este milenio, sin fecha prevista, ni repentinamente. Además, pensamos que ya vivimos en la fase de transición, que se completará cuando gran parte de la humanidad estuviera empeñada, realmente, en resolver los problemas socio-económicos y morales a favor de todos sus habitantes, derrumbando las barreras del fanatismo, del nacionalismo exacerbado, del racismo, del poder que quiere dominar al otro, aprovechándose de las dificultades del más frágil.

Creemos que, en este milenio, la lucha mayor de la humanidad será el desarrollo del respeto a los derechos individuales y de las naciones, en dirección al amor al prójimo, que lleva, solamente, a hacer a los otros lo que se quisiera para sí.

Aquellos que no consiguen acompañar ese progreso moral, permaneciendo en el mal por el placer del mal, serán enviados para mundos inferiores, donde vivirán entre hombres primitivos, reiniciando su desarrollo moral.

Esta fase de transición para un mundo mejor, puede durar siglos porque depende del desarrollo espiritual de la humanidad.

Muchas cosas buenas y malas ocurren, pero el destaque mayor, a través de los medios, es para las cosas ruines.

Existe la parte buena de esa divulgación del mal, porque es necesario que este sea conocido, difundido para que los hombres se horroricen y busquen combatirlo, desenvolviendo el bien.

Como, por causa de nuestra imperfección, aprendemos y nos desenvolvemos más en situaciones adversas y difíciles, tenemos hoy, las condiciones propicias al desenvolvimiento moral y al encuentro de las mejores soluciones para los grandes problemas que afligen a los hombres y las naciones.

Si hoy la Tierra aun no está lista para el gran cambio, ofrece a todos una buena época de transición, por el llamado a la responsabilidad de cada uno en la tarea de regeneración de la humanidad.

Recordemos que un milenio tiene diez siglos. Aprovechamos ese tiempo para mejorarnos, porque la auto-educació n es lenta y también para colaborar en esa gigantesca tarea, donde esteamos, aquí o en el más allá.

Pensamos que en esa lucha, en la cual todos estamos envueltos, continuará habiendo dolores y sufrimientos, porque el hombre, en general, aun no sabe usar la instrucción, la información, la salud, el bienestar, la ciencia, la tecnología, el arte en el bien, en beneficio de todos.

Confiamos sin embargo, en Dios, en Sus leyes justas y misericordiosas, en la capacidad del hombre en transformarse y de cambiar el mundo, en las actividades de auxilio de los Espíritus Superiores, que trabajan bajo la dirección de Jesús, que nos enseñó a hacer siempre y en cualquier situación la voluntad de Dios y que continúa en la dirección del planeta Tierra. Acordémosno de su afirmación:“Ninguna oveja que el Padre me confió se perderá.”

Hagamos pues, nuestra parte, en el cumplimiento de los deberes, sin exigencias en relación a los otros en el hogar, en el trabajo, en el placer, con determinación y participación en la resolución de los problemas que afectan a la humanidad, porque somos todos responsables en la elevación de la Tierra a una categoría mayor, donde viviremos en la sociedad justa y feliz que todos deseamos y queremos.
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Bibliografía:

KARDEC, Allan – El Evangelio Según el Espiritismo cap. III: Hay muchas moradas en la casa de mí Padre. 
Artículo de Leda de Almeida Rezende EbnerDe Ribeirão Preto, SP
Publicado en Jornal Verdade e Luz Nº 192 Enero de 2002



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