lunes, 25 de mayo de 2015

Espiritismo sin fronteras


CRISIS MORAL

Los días actuales son de turbación y transición, la fe religiosa se entibia y las grandes líneas de la filosofía del porvenir  son vislumbradas por muy pocos.

Es cierto que se han conseguido grandes progresos, la civilización moderna, prevista de grandes medios, ha transformado la faz de la Tierra, las distancias se han suprimido, y esto ha  aproximado a los habitantes, todo se ha mejorado,  los derechos han remplazado al privilegio y la libertad triunfa sobre el espíritu de rutina y el principio de la autoridad.  Una gran batalla se mantiene  entre el pasado, que no quiere morir y el porvenir, que se esfuerza por surgir en la vida. Todo esto hace que el mundo se agite y avance; grandes impulsos lo guían,  en el recorrido camino, esto lleva al hombre a vislumbrar más maravillosas conquistas.

Los progresos materiales e intelectuales son de gran valía, en cambio el avance moral es nulo. Tanto es así, que parece que el mundo retrocede, la absorción del pensamiento humano, en la política, por las empresas industriales y financieras, etc., lo absorben, perjudicando sus intereses morales.

Es verdad que la civilización  tiene aspectos magníficos, pero también presenta sombras. Ha mejorado en cierto modo las condiciones de la existencia, pero ha multiplicado las necesidades en su deseo por satisfacerlas; aguzando los apetitos  y los deseos, ha fomentado el sensualismo y a aumentado la depravación. El amor, al placer, al lujo y a las riquezas se ha hecho cada vez más ardiente. Se quiere adquirir o se quiere poseer a toda costa.

La especulación vergonzosa es mantenida a plena luz. Proviniendo de ello el decaimiento  de los caracteres y las conciencias, por ese culto fervoroso a la fortuna, ídolo cuyos altares  han reemplazado a las divinidades derruidas.

La ciencia y la industria han centuplicado las riquezas de la humanidad; pero esas riquezas no se han aprovechado directamente  más que a una reducida parte de sus miembros. La pobreza de los insignificantes sigue activa, y la fraternidad más que en los hechos se basa en discursos, en palabras que se las lleva el viento. El hambre existe aun, en las grandes ciudades, el trabajo de los obreros  es aun un infierno.

Los vicios como la embriaguez, la prostitución, las drogas, el libertinaje, esparcen por todas partes sus venenos, empobrecen a las generaciones y agotan la fuente de la vida, en tanto que las hojas públicas  siembran a porfía la injuria y la mentira y una literatura malsana excita los cerebros y debilita las almas.

Los suicidios  en la actualidad se multiplican al  estar el hombre falto de energías  y de sentido moral se refugian en lo que creen es el fin, todo porque el hombre se ignora aun a si mismo. Sabe poco de las leyes del Universo  y no sabe nada de las fuerzas  que están en el. El conócete a ti mismo es ignorado, no se preocupa en saber de donde vino, hacia donde va, y para que  está en este mundo.

Dos son las potencias  que hacen caminar indeciso al hombre, por un lado las religiones, con su cortejo de errores y supersticiones, su espíritu  de dominación y de intolerancia, pero también de consuelos, los cuales tiene origen en los débiles resplandores  que han conservado de las verdades primordiales. Por otro lado la ciencia, que  materialista en sus principios y en sus fines, con sus frías  negaciones y su inclinación desmedida  al individualismo, pero también  con el prestigio de sus descubrimientos y de sus beneficios.


Estos dos campos, la religión sin pruebas y la ciencia sin ideal alguno, se desafían, se acercan y combaten sin poder  vencerse, pues cada una de ellas  responde a una necesidad imperiosa del hombre: la una habla a su corazón  y la otra dirigiéndose a su espíritu y a su razón. Ambas están rodeadas  de numerosas ruinas  de numerosas esperanzas y de aspiraciones destruidas, y es así como los sentimientos generosos se debilitan y la división y el odio reemplazan a la benevolencia y a la concordia.

En esta confusión de ideas, la conciencia ha perdido su camino, velando lo justo y el bien. Es intolerable  la situación moral de todos los desgraciados que se doblegan entre dos doctrinas  que no ofrecen  remedio a sus males, la nada y la otra un paraíso inaccesible o una eternidad de suplicios.

La familia, la enseñanza y la sociedad sienten  esta confusión. La educación viril ha desaparecido, ni la ciencia ni la religión saben en la actualidad formar a las almas fuertes y bien armadas para las luchas de la vida.

Para solucionar esta crisis, es preciso que en todos se haga la luz, grandes y pequeños, ricos y pobres, hombres y mujeres  y niños; es preciso que una nueva enseñanza popular  venga a iluminar las almas acerca de su origen, de sus deberes  y de su destino.

Solo las soluciones formuladas por enseñanza  pueden servir de base  a una educación viril y tornar a la humanidad verdaderamente fuerte y libre. Su importancia es capital, tanto para el individuo, como para la sociedad, cuyas instituciones y relaciones regularizaran.

Las nuevas concepciones  del mundo y de la vida cuando penetran en el espíritu humano y se filtra poco a poco  en todos los ambientes, el orden social, las instituciones y las costumbres lo sienten de inmediato.

Una sociedad sin esperanza, sin fe en el porvenir es como un hombre perdido en el desierto. Lo bueno es combatir la ignorancia  y la superstición, es preciso reemplazarlas por creencia racionales.  Para caminar con paso firme en la vida, para preservarse de los desfallecimientos y de las caídas, se necesita una fuerte convicción, una fe que eleve  por encima del mundo material; se necesita ver la finalidad y tender directamente hacia ella. El arma más efectiva para esta lucha terrenal es tener una conciencia  recta e iluminada.

Con la creencia en la nada, y de que con la muerte todo termina, es lógico que el ser solo procure el bienestar en la vida presente, solo mire el interés personal e ignore  todo otro sentimiento. Si solo existe para el una existencia efímera,  este se aprovecha de la vida presente, se dedica a los placeres  y abandona los deberes y los sufrimientos… Esta es la postura materialista, y que está circulando en muchos hermanos a nuestro alrededor, produciendo estragos que se dejan sentir en una sociedad rica  y muy desarrollada  en el sentido del lujo y de los goces físicos.

Esto no debe desanimarnos, todo no está perdido. El alma humana tiene a veces sentimiento de su miseria, de la insuficiencia de la vida presente  y de la necesidad del más allá. Vagamente, confusamente, cree, aspira a la justicia. Y el culto del recuerdo de los seres amados que están en la tumba, denotan un instinto incierto  de la inmortalidad.

El hombre no es ateo, cree en la justicia inmanente, como cree en la libertad, ambas  existen en las leyes terrenas y divinas. Este sentimiento, el más grande, el más hermoso, que se puede encontrar en el fondo del alma,  ese sentimiento nos salvará. Bastará, para ello, que hagamos comprender a todos  que esa noción grabada  en nosotros es la ley misma del Universo, la que rige  a todos los seres y a todos los mundos, y que por ella, el bien a de triunfar finalmente al mal y la vida  ha de salir de la muerte.

El pueblo busca su realización al igual que aspira a la justicia, tanto en el terreno político como en el económico y en el principio de asociación. El poder popular  ha comenzado a extender  sobre el mundo una vasta red de asociaciones obreras, un agrupamiento socialista que abarca a todas las naciones, y que, bajo una única bandera, deja oír en todas partes las mismas llamadas, las mismas reivindicaciones. Es un espectáculo lleno de enseñanzas para el pensador, una obra plena  de consecuencias para el porvenir.

Inspirada por las teorías materialistas y ateas, el alma se convertiría en un instrumento de destrucción, pues sus acciones se resolverían a través de la violencia, en revoluciones dolorosas. Contenida en los límites de la prudencia  y de la moderación, puede hacer mucho  por la felicidad de la humanidad.

La hora que atravesamos es de crisis y de renovación, el mundo está en fermentación; la corrupción aumenta, las sombras se extienden, el peligro es grande; pero no olvidemos que tras las sombras entrevemos la luz; tras el peligro vemos la salvación. Una sociedad no puede perecer. Es verdad que lleva en si elementos de descomposición, pero también lleva  gérmenes de transformación y de reedificación. La descomposición anuncia la muerte, pero procede también al renacimiento. Puede ser también preludio de otra vida.

Para elevarse  moralmente el hombre y detener esas dos corrientes de la superstición  y el escepticismo que conducen a la esterilidad, es necesario  que cree  en si  una concepción nueva del mundo y de la vida y apoyándose  en el estudio de la naturaleza y de la conciencia; en la observación de los hechos, en los principios de la razón, fije la finalidad de la existencia y regularice su marcha hacia delante.  Necesita una enseñanza  de la que se deduzca un móvil de perfeccionamiento, una sanción moral y una certidumbre para el porvenir.

Esta concepción y esta enseñanza ya existen ya se vulgarizan todos los días. En medio de disputas y divagaciones de las escuelas, una voz se ha dejado oír: la de los Muertos. Desde el otro lado de la tumba, se han revelado más vivos que nunca; con sus instrucciones, ha caído el velo que ocultaba la vida futura. La enseñanza que nos han dado  reconcilia todos los sistemas encontrados, y de las cenizas del pasado lacen brotar  una llama nueva. En  la filosofía de los Espíritus encontramos la doctrina oculta que abarca todas las edades. Esta doctrina las hace revivir; reúne los restos esparcidos y los adhiere unos a los otros con un poderoso cemento  para reconstituir  un monumento  capaz de amparar a todos los pueblos y a todas las civilizaciones.

Esta doctrina puede transformar a pueblos y sociedades, llevando la claridad a todas partes  donde existe la noche, haciendo que se funda  con su calor todo el hielo y egoísmo de las almas, revelando a todos los hombres  las leyes que  les unen  con los vínculos de una estrecha solidaridad.  Gracias a ella, aprenderemos  a obrar con una misma inteligencia y con un mismo corazón. Más conscientes de nuestra fuerza, avanzaremos con un paso más firme hacia nuestros destinos.

Que la paz y la luz, nos permita meditar en esta propuesta sublime que un día  León Denis nos ofreció en su libro “Después de la Muerte” de cual he extraído el contenido de este trabajo para ayuda y esclarecimiento de los tiempos actuales.

- Merchita-

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                                                   REGRESIONES HIPNÓTICAS


¿ Cómo es realizada una regresión hipnótica ?

Hay muchas técnicas para llevar a cabo la hipnosis. Pueden funcionar bien solas o combinadas entre sí, dependiendo esto del sujeto y de la experiencia del hipnotizador. En cualquier caso es básico que exista una confianza del sujeto a hipnotizar , con su hipnotizador.
Es importante que haya un motivo útil o necesario, para que la regresión hipnótica no cause mas perjuicios que beneficios.
Una vez que el sujeto ha sido conducido hasta el trance hipnótico, el hipnólogo o el psicoanalista, lo van conduciendo poco a poco mediante su voz, hacia etapas del pasado relativos a la existencia actual . Después de pasar por recuerdos y vivencias de su primera infancia, llega hasta la vivencia de su estado fetal antes de nacer, del que se recuerdan hasta los mas mínimos detalles y sensaciones fetales. Este ya es un claro indicador de que en aquella etapa ya era un Ser capaz de sentir y de darse cuenta de muchas cosas, y que todos esos detalles, para él ya eran importantes.
Profundizando aún más hacia su pasado, aparecen rápidamente una serie de recuerdos fugaces que suelen ser relativos a cuando estaba en el Plano Espiritual antes de iniciar nuevamente el proceso de la actual vida humana. Estas vivencias y recuerdos astrales, suelen ser breves y escasos, sin sentido del tiempo, pues este solamente es propio de nuestra dimensión física.
Continúa el proceso retrocediendo gradualmente en el tiempo pasado hasta que aparece una nueva y diferente personalidad humana, correspondiente a otra época, que el sujeto adopta y revive como si hubiese sido realmente ese otro personaje. Este puede ser de igual o de diferente sexo que el sujeto hipnotizado, y con unas características culturales totalmente distintas .
Mientras dura la regresión, el sujeto permanece sumido en un bajo nivel de consciencia, y básicamente solo funciona su parte emocional exaltada.
Han habido casos sorprendentes, de que en un mismo sujeto han aparecido sucesivamente diferentes personalidades que se implantan en otros tantos diferentes escenarios y épocas , con diferentes posiciones sociales, diferentes sexos y también diferentes culturas.

Una de las teorías mas antiguas y respetables es la que ve en el hipnotismo una modificación del estado de sueño.”
-Dr. H.J.Eysenck -

¿Hay alguna evidencia de que, bajo
hipnosis, el recuerdo de vidas pasadas pueda ser real ?

Existen numerosas evidencias que acreditan una incuestionable realidad de la existencia del alma y su reencarnación.
Una de las mas sorprendentes y definitivas evidencias de que la regresión a una vida anterior, y por lo tanto de la existencia del alma humana y su reencarnación, es un  hecho absolutamente real, la tenemos en los casos en los que se realiza la regresión hipnótica a personas ciegas de nacimiento, y que al llegar al recuerdo de alguna vida anterior, describen luminosidades , colores y aspectos que solamente una persona con visión física normal, ha podido ver en algún momento de su vida; ¿De dónde si no, habrían podido esos ciegos describir la vista y apreciación de luces, formas, colores y tonos?. Esto, sin duda, evidencia rotundamente la realidad en cuanto al funcionamiento de la hipnosis, así como de la existencia del espíritu y de su reencarnación.

Entre otros, la hipnosis puede provocar o suprimir fenómenos como la anestesia, total o parcial, la parálisis, con iguales características, la rigidez muscular, total o localizada, así como provocar modificaciones vasomotoras”.
-British Medical Association (1.955)-

¿Qué clases de recuerdos se experimentan bajo regresión hipnótica ?

Con la regresión hipnótica a vidas pasadas se alcanzan profundos y remotos registros de la memoria oculta con detalles de los hechos generales que encierran una vieja y profunda huella emocional en el psiquismo del sujeto. En este estado, los detalles concretos o intrascendentes de memoria y los intelectivos apenas son recordados vagamente, tal como sucede con el recuerdo de fechas, cifras, etc.
En ese estado, no es que el sujeto recuerde unos hechos de su pasado, sino que los revive emocionalmente por el aspecto impactante de unos hechos acontecidos en alguna vida anterior, pero sin embargo, tal como ya hemos señalado, no sucede así con el recuerdo de datos concretos e inconsecuentes de una memoria fría o racional.

Autor: Jose Luis Martín-  ( Continúa en el siguiente publicado)

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                    Confianza y amor

...En la Tierra, la felicidad solamente es posible cuando alguien se olvida de sí mismo para pensar y hacer todo lo que le sea posible en favor de su prójimo.
La felicidad perfecta, si existiese en el mundo, se disiparía ante un niño desdichado, un enfermo desatendido, un anciano falto de cuidados...

 - Juana de Angelis- 

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            La castidad

¿Quieres sentir tu alma libre?

¿Quieres tener una inteligencia sana y tu razón lucida?

La primera condición para conseguirlo es ser sobrio y casto. Los excesos en la mesa  turban el organismo y las facultades en el ser humano. La  embriaguez hace perder toda dignidad y todo comedimiento. La reincidencia en este vicio conduce a una serie de enfermedades y de achaques que acarrean  una vejez miserable.
Al cuerpo hay que darle lo necesario, con el fin de hacer del un servidor y no un tirano: tal es la regla del hombre sensato. Reducir la suma de necesidades materiales, comprimir los sentidos, dominar los viles apetitos es emanciparse del yugo de las fuerzas inferiores, es preparar la emancipación del Espíritu. Tener pocas necesidades constituye también una de las formas de  riqueza.
El hombre debe procurar vivir en una atmósfera que no le asfixie, sino que al contrario le brinde la paz y la alegría; el no ha venido a la tierra a sufrir, porque Dios no le ha creado para el sufrimiento. Viene a ensayar sus fuerzas,  para progresar.Hagamos el bien, y en el bien viviremos. La tierra no es un desierto estéril; hay manantiales de agua cristalina para saciar la sed que siente el cuerpo y también hay raudales de virtudes  para saciar la sed que siente el alma.Los placeres de la carne ablandan, enervan  y desvía el camino de la sabiduría. La voluptuosidad es como un mar  donde el hombre ve zozobrar todas sus cualidades morales. Cuando los placerse invade el alma del hombre esta ve zozobrar todas las cualidades morales, es como una ola que lo inunda y que le absorbe y apaga todas sus  luces y las llamas que tenga su ser. Lejos de satisfacer, aviva sus deseos. Modesto visitante al principio, el placer acaba por dominar y poseer entero al ser que le da cabida. Es necesario evitar los placeres corruptores ya que ellos debilitan la juventud y la vida se marchita y altera. 
El formar una familia, es hacer un marco regular de una existencia honrada. El amor de la esposa, el afecto a los hijos y la sana atmósfera del hogar, son  soberanos preservativos contra las pasiones. En medio de la familia el hombre es el único apoyo, por eso aumenta  su responsabilidad, crece su dignidad y gravedad, comprende  mejor sus deberes y en los goces  que esta vida le proporciona obtiene fuerzas que facilita su realización. Aprender a dirigir a los demás es aprender a dirigirse a si mismo, se hace prudente y sensato, y aprender a apartar  lo que puede manchar su existencia.

Es culpable vivir solo, dar la vida a los demás, vivir  con unos hijos a los que hemos hemos sabido hacer ser buenas personas, entregados al servicio del bien y morir después habiendoles  inculcado el sentimiento profundo del deber y unos conocimientos extensos del destino, constituye una noble tarea.

Si existe una excepción en esta regla, es  a favor de aquellos que, por encima de la familia, han colocado a la humanidad, y para servirla mejor, prefieren consagrar todos sus instantes, todas sus facultades y su alma entera  a una causa  que muchos ignoran, pero que ellos  no pierden nunca de vista.

La sobriedad, la continencia, la lucha contra las seducciones de los sentidos no son, como pretenden los sensualistas, un menoscabo de las leyes naturales, un empequeñecimiento de la vida; por el contrario revelan en el que lo observa y la sigue un conocimiento profundo de las leyes superiores, una intuición esclarecida del porvenir.  El voluptuoso, separado por la muerte de todo cuanto le seduce, se consume  en vanos deseos. Frecuenta las casas de perversión y busca ambientes terrenales que le recuerdan, su manera de vivir. Así se aferra cada vez más a las cadenas materiales, se aleja de la fuente de puros goces y se consagra a la bestialidad y a las tinieblas.

Buscar los placeres  en las voluptuosidades carnales es privarse por mucho tiempo de la paz que gozan los Espíritus Elevados. Solo la pureza puede proporcionar esta paz. Las pasiones y deseos crean imágenes y fantasmas que nos persiguen hasta en sueños y turban nuestras reflexiones. Por el contrario, lejos de los placeres falaces, el Espíritu se recoge, se reconcentra y se abre  hacia lo infinito.

Un proverbio oriental dice:

¡Se puro para ser feliz y para ser fuerte!

 Extraído del libro “Después de la Muerte” León Denis.

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                    ESPIRITISMO SIN FRONTERAS
         

Las voces del infinito vinieron a dar tea a nuestra oscuridad. Con sus voces de fuego, reavivaron la chispa de nuestra eternidad. Como un nuevo Pentecostés, libre de la censura eclesiástica, libre de su intento de dominio, como si sólo fuera cosa de santos o propio del genio maligno. Estas voces amigas, hermanas, queridas, son las de los seres que abandonaron esta vida antes de nosotros. Que nos aguardan.

Ellos hablaron a los corazones, trajeron luz al siglo de la incertidumbre, de la incredulidad, el de la muerte de Dios, la muerte del dios que ya no servía, pues es el fin de la época de sumisión y vana servidumbre. La humanidad ha crecido y se rige por su propio raciocinio. Tiene cultura, cosa que no tenía antes. Tiene posibilidad de verificar lo que les dicen, cosa que antes era imposible; el dogma acampaba por todas partes.

Estas voces queridas, libres ya para la comunicación continua, trajeron a la humanidad el clamor de la nueva esperanza. La que tanto había sido sepultada y que sólo unos pocos conocían. Fuera logias, fuera secretismos. ¡A plena luz del día!

Las religiones que violaron su mensaje de amor fraternal, cerniendo muros insondables, se desquebrajaban ante las verdades que ellas en sí contienen. Recordadas por los seres de ultratumba.
Nació el espiritualismo moderno, Espiritismo bautizado por Allan Kardec, el codificador de los mensajes que llegaban por doquier. Y las viejas pasiones reprimidas rompieron los yugos que las mantenían subyugadas. Europa se cernía en múltiples revoluciones y guerras. Pues todo era cambio en el siglo XIX, el siglo de su nacimiento.

Se habló de la religión de los espíritus, craso error, nada nuevo traía el espiritismo, sino desbancar las falsedades añadidas a los credos ya existentes, debidos a la mano humana, interesada en mezclar los intereses políticos con las directrices de sus religiones. Los espíritus hablaron del fin de la esclavitud, del fin de la pena de muerte, de verdadera igualdad entre hombres y mujeres, de la necesidad de un mundo más justo a través de la educación universal, la cual había de asentarse más en la comprensión y estimulación emocional, que en la adquisición alocada de conocimientos impersonales.

No habló de un credo superior a ninguno, ni de la necesidad de ser religión; filosofía espiritualista puso Kardec en el frontispicio del libro clave: Libro de los Espíritus; y dijo que era ciencia, pues los nuevos tiempos ya eran llegados.

Cualquier persona, sea cual sea su credo o no credo, podía abrazar los postulados base del espiritismo. Pues su voz era clara y contundente, maciza; lejos de la melifluidad de otras doctrinas.
Hoy día hay corrientes que se engañan y tratan de hacer religión al espiritismo. Cuando éste es de todos y todas, no sólo de un credo, sea el que fuera. Jesús es un modelo a seguir según la respuesta 625 del Libro de los Espíritus, pero ello no indica nada más al respecto. Para el espiritismo no es Dios, sino un enviado. Y se nos presenta su doctrina depurada de los intereses mundanos, como una base racional para guiar nuestra conducta. No como la única posible, sino que en ella, tal cual la explicaban los espíritus, se halla la esencia de todas las demás habidas. Pues se va a la pureza de la enseñanza: la pureza del mensaje de Jesús, la del profeta Mahoma, la de las máximas de Confucio, o de la sabiduría de Buda, etc. Sin ser ninguna tal cual las conocemos lo que el espiritismo nos revela. Siendo todas respetables, pero con la mira puesta en la existencia clara de un mundo extracorpóreo; que el espiritismo demostraba con fehacientes hechos y datos, dado su carácter científico: en los investigadores serios que no se arredraban ante las inconveniencias de un paradigma científico todavía precario, para poder abarcar toda la riqueza que nos proponían los efectos investigados.

Dados estos hechos, la posibilidad de la comunicación con nuestros seres queridos, éstos se comunicaban según habían sido, pero con su concepción un tanto maravillada ante los nuevos hechos que vivenciaban en el otro plano. Ahí al comunicarse, seguían con sus antiguas creencias, pero con matices diferenciados. Algunos se sentían engañados, por su falso celo en actitudes premiadas por los humanos, pero no acordes con la “justicia divina”; justicia muchas veces de sentido común, que cualquiera lejano del fanatismo sabe aprehender cabalmente. Y muchos sentían liviandad, al ver que era todo mucho más hermoso de lo que pensaban. O sentían pesar si su actitud había sido mezquina para sus allegados.

He aquí la grandeza de esta gran enseñanza espiritual. El Consolador Prometido, en palabras de Jesús. Pero no únicamente para los cristianos, sino para todos, sean cuales fuera su credo. Pues la hermandad más allá de la muerte, la libertad de elección del libre albedrío, la posibilidad de comprender, conocer y estudiar, hacen esta filosofía espiritualista, todo un compendio que aglutina el buen hacer de todo librepensador/a.

Corazones listos para el amor, mentes dispuestas para la comprensión. Ser humano en evolución.


Jesús Gutiérrez Lucas
( art. procedente de El Angel del Bién, noviembre/14)

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