miércoles, 8 de enero de 2014

TODO EN DIOS





TODO EN DIOS


“Yo no puedo por mí mismo hacer cosa alguna." - Jesús. (Juan. 5:30.)

Constituye óptimo ejercicio contra la vanidad personal la meditación en los factores trascendentales que rigen los mínimos fenómenos de la vida.

El hombre nada puede sin Dios.

Todos hemos visto personalidades que surgen dominadoras en el palco terrestre, afirmándose poderosas sin el amparo del Altísimo; entretanto, la única realización que consiguen efectivamente es la dilatación ilusoria por el soplo del mundo, vaciándose a los primeros contactos con las verdades divinas. Cuando aparecen, temibles, esos gigantes de viento espacio en ruinas materiales y aflicciones de espíritu, sin embargo, el mismo mundo que les confiere pedestal los proyecta en el abismo del desprecio común; la misma multitud que lo sopla se incumbe de reponerlos en el lugar que les corresponde.

Los discípulos sinceros no ignoran que todas sus posibilidades proceden del Padre amigo y sabio; que las oportunidades de edificación en la Tierra, con la excelencia de los paisajes, los recursos de cada día y las bendiciones de los seres amados, vinieron de Dios que los invita, por el espíritu de servicio, a ministerios más santos; actuarán de ese modo, amando siempre, aprovechando para el bien y esclareciendo para la verdad, rectificando caminos y encendiendo nuevas luces, porque sus corazones reconocen que nada podrán hacer por sí mismos y honrarán al Padre, entrando en santa cooperación en sus obras.

COMENTARIO.-

El mayor pecado del hombre desconocedor de Dios, es la soberbia , la vanidad y el orgullo, lo cual le lleva a creerse su propio Dios y achacarse a sí mismo sus propios méritos cuando le va bien en la vida. Pero cuando los vientos soplan mal, se encuentra vacío, desengañado y débil, pues aunque de lo negativo que le pase echa la culpa a otros, en el fondo sabe que solo a sí mismo puede achacar su desgracia. Pero aun entonces prevalece su orgullo herido y solo se acuerda de Dios para culparle de sus desgracias y así intentar engañar a su conciencia y quedar ante sí mismo y ante los demás como fuera de toda responsabilidad por las mismas, o como una víctima de la mala suerte. No sabe que el que escupe al cielo, le cae en la cara.

Quien a la hora del éxito en este mundo es agasajado por los hombres, ignorando que todo es transitorio y sucede por Voluntad Divina, cuando llega el fracaso, esos mismos hombres que antes lo agasajaron y encumbraron, muchas veces son los primeros que escupen sobre su cadáver. Pero quien permanece unido a la Voluntad del Padre, siempre, sean momentos felices o desdichados, podrá hallar la felicidad de la gratitud hacia nuestro Padre que todo lo otorga y tanto nos ama, o el único consuelo de sentir que ante la prueba por dura que esta sea, ese maravilloso e inmenso Padre de Amor, nunca nos abandona.

¿ Si el mismo Jesús, con su muy superior calidad moral, afirma que él por sí mismo no puede hacer cosa alguna, refiriéndose a que lo que es capaz de hacer de extraordinario es por su unión con el Padre, cuanto menos nosotros que permanecemos aún tan, casi infinitamente, por debajo de su talla moral?.

Tengamos siempre presente, que Dios es una realidad que, se quiera o no, existe y permanece como el Principio y el Fin de todas las cosas; que nos deja la libertad de acogernos a Su Divina Voluntad al igual que un niño se entrega confiado en brazos de su madre, o bien la libertad de poder ignorarle y así perdernos como un ciego por las sendas de la vida, pero que cuando elegimos ponernos en sus manos adaptando y aceptando en nosotros Su Voluntad Divina, al Padre solo se llega por la senda trazada por su Hijo, nuestro hermano mayor Jesucristo. Esto hay que tenerlo presente siempre, en cada momento y acto de nuestra vida, manteniendo el pensamiento y la intención de nuestros actos unidos a El, dispuestos a aceptar con alegría o al menos con resignación cuanto se nos ponga por delante y adaptando la moral evangélica en cada acto y circunstancia de nuestras vidas; en los momentos felices para agradecerle al Padre por ellos, y en los desdichados para pedirle ayuda y fortaleza, sabiendo que estos son pruebas, nunca por encima de nuestra capacidad de superarlas con Su ayuda, y que además han sido aceptadas muchas veces desde antes de haber nacido, o en otros casos, reconociendo en ellas el producto de nuestros errores cometidos en el pasado, pero que en cualquier caso, siempre son experiencias pasajeras aunque puedan ser dolorosas, pero que redundarán finalmente en nuestro bien espiritual.


Cap. 101 de “Camino, Verdad y Vida”

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El despertar del alma.- Litigios

Por instinto, la criatura es agresiva, y cuando no logra exteriorizar esa violencia cae en mecanismos de fuga, de depresión, de amargura. Herencia de las etapas inferiores de la evolución, la agresividad debe ser canalizada para poder adquirir valores morales, intelectuales, artísticos, profesionales. La conquista de la razón proporciona la transmutación de la agresividad y permite que se establezca el predominio de la naturaleza espiritual, en detrimento de la animal, en el ser humano. Cuando el individuo no logra o no desea modificarse y alterar el comportamiento rumbo al equilibrio y el progreso, elige el litigio como forma de satisfacción personal, de exaltación al ego. Se torna sumamente agresivo, envidioso, celoso y trabaja en oposición al proceso natural de la evolución.

Hay momentos para las aclaraciones y las disensiones en niveles elevados de discordancia. No a cualquier hora, ni por cualquier motivo. ¡Ten cuidado contigo! deja que te invada y te envuelva la energía divina, a fin de que puedas superar la tentación de contender o debilitarte ante los perseguidores contumaces, los litigantes de la inutilidad. Herencia de la naturaleza animal que predomina en el ser humano, la tendencia a la discusión, a competir, a la desavenencia, se transforma poco a poco en agresiva y sórdida, con esa característica del primitivismo del cual no se liberó. Muchas veces, disentir es una actitud saludable cuando no se está de acuerdo por una u otra razón.

Entre tanto, transformar la discrepancia en un motivo de litigio es injustificable, sólo comprensible porque se trata de un remanente de la inferioridad moral de la personalidad del opositor. Con el fin de mantener su punto de vista, el litigante generalmente, urde mecanismos de violencia y recurre a la calumnia, a la infamia, a la agresión injustificable. Vestigio de las fases iniciales de la evolución en la lucha por la vida, el ser racional permanece, cuando se encuentra así, en actitud de autodefensa en razón de la inseguridad que posee, y se inclina por la agresividad, por el litigio perturbador en el cual el ego predomina y se satisface. A medida que el adversario ve el triunfo del otro, de aquel a quien combate, se torna más despiadado, y recurre a actitudes de desmoralización ante la imposibilidad de superarlo a través de los valores del espíritu.

Ayer se utilizaba la emboscada, el duelo o el combate físico para satisfacer las pasiones inferiores. Hoy, guardadas las proporciones, aún se valen de recursos equivalentes, en forma solapada, con el pretexto de defender nobles ideales, para librarse de los peligrosos enemigos que son aquellos a los cuales se combate. Los litigios son reminiscencias del pasado, señales para la identificación del atraso en que permanece un gran número de miembros de la sociedad humana. No te extrañe, en el ideal al que te entregas, la presencia del opositor, del desafío para litigar. Esos compañeros no están luchando por la Causa que dicen defender, sino que trabajan estimulados por la envidia, por la falta de respeto, por el amor propio herido. Al sentirse disminuidos, se exaltan, exhiben y esgrimen las armas de la arrogancia, de la crueldad, y anhelan el sufrimiento, la ruina, la caída del otro, aquel que ha sido elegido para que sea derrotado. De ninguna manera les des espacio en tus sentimientos.

Quien se dispone a una tarea ennoblecedora se equipa de coraje, para enfrentar las consecuencias de la decisión y de la acción. Por consiguiente, ignora a aquellos que pretenden crucificarte, aunque aparezcan enmascarados como benefactores, como defensores de la verdad -la verdad de ellos... Guarda silencio y prosigue. Rectifica lo que consideres equivocado, dudoso, incorrecto, y haz lo mejor que esté a tu alcance. Siempre habrá razones para los litigantes. Viven emocionalmente de las polémicas que sostienen. Se sienten afines, los unos con los otros, hasta el momento en que surge la desavenencia, puesto que no logran vivir sin imponerse, sin llamar la atención, sin el alimento de la presunción... La muerte que tomará tu cuerpo los buscará también a ellos, y pasarán, olvidados o recordados solamente por aquellos con los cuales mantuvieron afinidad. Más allá del velo de sombras del cuerpo, ellos cambiarán su forma de pensar, de entender, de comportarse, y se recuperarán.

Jesús no transitó por el mundo sin sufrir su presencia. A cada paso los enfrentaba o era desafiado por los litigantes. Allan Kardec también los encontró en aquellos que decían ser afiliados a la Doctrina de la que él era el Codificador. Todos los hombres y mujeres de Bien sufrieron su acción, su oposición. Sé tú aquel que no litiga, pero haz el bien; aquel que no contesta, pero permanece con firmeza en el ideal hasta el fin de la existencia física.

Despierte y Sea Feliz

Espíritu Juana de Angelis.- Médium Divaldo Pereira Franco


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Un mal pensamiento no puede ser sugerido por un buen Espíritu.
Allan Kardec



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EL TÚNEL MEDIÚMNICO ( Hermano Saulo )

En la hora en que el descubrimiento de la antimateria por la Física levanta la hipótesis de los universos dobles, científicamente elaborada, la imagen del túnel mediúmnico se reviste de mayor expresión. Esa imagen es también una elaboración científica, y por señal del eminente físico inglés Sir Oliver Lodge que sustentó lo siguiente: Vivimos en un mundo sólo, en un verdadero Universo, pero que debe ser comprendido como Universo, dividido en dos partes. De un lado queda la planicie de los Hombres y del otro el plano alto de los Espíritus. Dividiendo las dos regiones yerguen la montaña desconocida.

La curiosidad humana es inmensa y desde todos los tiempos los hombres vienen cavando y perforando la base de la montaña en el anhelo de ver lo que existe al otro lado. Poco a poco un túnel se fue abriendo. Y de súbito los hombres comenzaron a oír patadas sordas que venían a su encuentro. Son los habitantes del plano alto que, impulsados por la misma curiosidad, perforan también su túnel. Día a día los golpes se vuelven más audibles de lado a lado. Los dos equipos se aproximan y llegamos al momento en que la abertura del túnel se hace inminente.

Esa imagen encuentra la referencia actual de la hipótesis físico-astronómicas de los Universos dobles. Isaac Asimov, en su libro “El Universo”, considerando que las partículas de antimateria producidas en un laboratorio explotan al encontrarse con partículas correspondientes de materia, en una explosión doble, en que las dos se desintegran, propone la existencia de un elemento intermediario que al mismo tiempo separa y une los dos universos. Esos elementos corresponden a la teoría del fluido universal en el Espiritismo, teniendo las mismas características genéticas, dinámicas y funcionales de ese fluido.


Por otro lado, esas características son las mismas del periespíritu, elemento procedente del fluido universal y que sirve de unión entre el espíritu y el cuerpo, en la constitución psicosomática del hombre. Y es gracias a ese elemento intermediario que ocurren los fenómenos mediúmnicos, permitiendo la comunicación de los Espíritus a través de personas especialmente sensibles, como en el caso de Francisco Cándido Xavier. El túnel mediúmnico se abre, así, por el doble esfuerzo de los médiums y de los espíritus, en el anhelo recíproco de vencer la muerte y la separación, para alcanzar la era cósmica de la comunicación transespaciales y transpersonal.

En ese irrefrenable y sordo proceso, que se desenvuelve en las profundidades del propio hombre, a la rebeldía de su cultura sensorial y por tanto exterior, los Espíritus se muestran más interesados en el desenvolvimiento moral de la Humanidad Terrena. Eso es porque la evolución intelectual del hombre ya lo capacita para la integración en la Humanidad Cósmica, que puebla los Universos dobles por el Infinito. Esa es la razón de porqué Chico Xavier, en su trabajo psicográfico de más de 40 años, habiendo publicado 116 libros, además de millares de mensajes entrando varias veces por el campo de las Ciencias – recibe mayor cuantía de comunicaciones de naturaleza filosófica y moral.



Libro: “Chico Xavier pide permiso” Psicografía Francisco C. Xavier / Autores diversos

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