INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Personajes de ciencia que acreditaron la Reencarnación (5)
2.- El sublime perdón de Jesús.
3.-Personajes de ciencia que acreditaron la Reencarnación (6)
4.- El Más Allá del suicida
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PERSONAJES DE CIENCIA QUE ACREDITARON LA REENCARNACIÓN
( 5 )
( Continuación del anterior )
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Los nuevos
terapeutas repiten lo que ya a finales del siglo pasado y principio de este se
ha investigado y experimentado por esta falange de personajes ilustres que
acabamos de nombrar, además de tantos otros que no hemos nombrado en este insignificante
trabajo, no obstante, esto no desmerece en nada sus resultados, prueba de ello
son las investigaciones que se están realizando en las ultimas décadas con
respecto a la Reencarnación, valgan como ejemplo los siguientes:
El Profesor Ian Stenvenson; catedrático y director del departamento de neurología y psiquiatría de la facultad de medicina de la universidad de Virgínia (EE.UU.); viajó por primera vez a la India en 1.961, en busca de casos que sugieren la Reencarnación. Después de 22 años, él consiguió reunir cerca de 2.000 casos. El método empleado consiste en reunir niños que espontáneamente manifiestan recuerdos de vidas pasadas o haber vivido en otros lugares, ofreciendo información suficientemente detallada e identificando a personas que tuvieron alguna relación con él en otras existencias. Entre sus obras más importantes figura el libro “20 Casos que Sugieren la Reencarnación”, en esta maravillosa obra resaltamos la extraordinaria documentación que nos ofrece, el estudio detallado y minucioso que este admirable profesor realizó en distintos países con diferentes personas de diferentes edades, inteligencias y creencias. A partir de la manifestación espontanea particularmente de niños de corta edad, Ian Stevenson inicia una investigación exhaustiva en el lugar donde ocurren los hechos, comprobando de forma totalmente imparcial todas las informaciones recibidas a través de los recuerdos espontáneos de estos niños. Según tabla estadística creada por el profesor Stevenson, la edad media en la que aparecen los recuerdos de vidas pasadas en la conciencia es de 2,3 años; la edad media de duración de dichos recuerdos es de 7 años, a partir de ese momento los recuerdos se van perdiendo poco a poco, en algunos casos quedan difusos y en otros quedan totalmente olvidados. Hay que tener en cuenta la espontaneidad de los niños a la hora de emitir las afirmaciones que después son comprobadas e investigadas a conciencia, el profesor no utiliza la hipnosis ni ningún otro medio de provocar dichos recuerdos. Un caso a citar dentro de la gran diversidad de casos estudiados es el de Ravi Shankar, el cual nos muestra la gran importancia de la investigación sobre los recuerdos de vidas pasadas:
El niño, que cierta vez se cruzó con los que habían sido sus asesinos, sintió miedo y empezó a temblar, reconociéndolos de inmediato. La madre confesó que el niño desde el nacimiento tenía una marca en el cuello a todo lo largo, como si fuese hecha con un cuchillo, ella dijo que era congénita, que se había dado cuenta cuando el niño tenía tres o cuatro meses.
A los 11 años, cuando le recordaron al niño los hechos acontecidos y narrados por él con 3 años aproximadamente, dijo no acordarse de nada, ni siquiera de haber hablado alguna vez sobre estas cosas.
Este caso fue analizado por diversos doctores y científicos, comprobándose todo detalle, marca de nacimiento, personas entrevistadas, testigos, así como el comportamiento de los mismos, la posibilidad de que el niño tuviera conocimientos paranormales, datos geográficos de la aldea y posibilidad de contactos entre las dos familias con anterioridad etc...
Igualmente el doctor Stevenson realizó un minucioso estudio sobre los “Birthmarks” o marcas, heridas o deformidades que tienen su origen en el pasado. Como ejemplo podemos citar el caso de Patricia que el doctor Hernani Guimarae Andrade cuenta en el libro "Reencarnación en el Brasil":
( Continúa ----)
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EL SUBLIME PERDÓN DE JESÚS
Tras la Pasión y muerte de Jesús, según relata el texto evangélico, Jesús apareció materializado a María Madalena, después del tercer día de su muerte.
El diálogo establecido entre Él y Madalena en esa ocasión, está narrado en forma de poema por el Espíritu María Dolores. a través de la psicografía de Francisco Cándido Xavier, bajo el título "AMOR Y PERDÓN", en el libro "Corazón y Vida". Al final de ese diálogo, seguidamente, revela el inmenso amor de Jesús, que después de su muerte, va al encuentro de Judas, que se ahorcó, al darse cuenta de que el Maestro había sido crucificado por culpa de su insensata ambición política.
María Madalena le preguntó: "Señor, dónde estuviste?"- Y Jesús le respondió:
" No María, aún no subí a lo Alto, ni me elevé tan siquiera un palmo hacia la luz del firmamento. Quien ama no consigue hallar el cielo de un salto. En vez de elevarme a los altos esplendores, descendí a los reinos inferiores. Despertando en el túmulo escuché los gritos de aflicción de alguien que mucho amé y que mucho amo todavía. Aunque más allá ví la luz siempre más hermosa. sentía que ese alguien era un amado compañero, en crisis de tristeza y de locura.
Me fuí a las sombras abismales para su gran búsqueda, Y lo reencontré, amargado y loco, al punto de no conocerme. Esperé a que se calmara, y poco a poco, conseguí que al fin se pudiese adormecer-"
¿Señor ?- interrogó Madalena.- ¿ Quien es el amigo que le hizo descender a esos abismos inferiores antes de procurar la Luz del Padre?
Mas Jesús replicó con voz clara y serena:
María, un amigo no se olvida del dolor de otro amigo que cae. Antes de elevarme a la celeste alegría, al sol del mismo amor a Dios en el que te elevas.
¡ Ay de mi tras la cruz, de las largas horas vacías !, y descendí a las sombras con el fin de aliviar el inmenso dolor de Judas".
Esta revelación via mediúmnica, aclarando en donde estuvo el Cristo en los tres días después de su muerte, hecho no registrado en el Nuevo Testamento, demuestra sobre todo, la extensión y la infinita misericordia de Jesús, para todos los sufridores.
" Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen "
Autor María Dolores ( Espíritu)
Médium Chico Xavier.
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PERSONAJES DE CIENCIA QUE ACREDITARON LA REENCARNACIÓN
( 6 )
( Continuación)
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Patricia,
contaba con dos años y medio de edad, ella relató que había sido en existencia
precedente Alex Amadado, hija de Jean Paris y Angela; había vivido en Havre
(Francia) y habiendo sido asesinada de un tiro en el tórax por un soldado en la
puerta de su casa; en ese instante sintió mucha sed y pidió agua, muriendo poco
después. Relató que se acordaba de haber viajado después de la muerte sobre el
océano en un vehículo blanco y traída posteriormente al hogar donde nació en su
actual existencia.
Los
investigadores demostraron en Patricia las marcas reencarnatorias: debido a dos
cicatrices una a cada lado del tórax, correspondientes en sus características a
los orificios de entrada y salida del proyectil correspondiente al arma de
fuego.
La
reencarnación explica la genética, los hechos descritos por el honorable
investigador Andrade Guimaraes son considerados científicamente validos por el
profesor Ian Stevenson.
El
Periespíritu transmitió a su cuerpo físico esas marcas a través de
interferencia en su carga genética. El Periespíritu es el organizador biológico
de todos los seres de la creación, él coordina todo el proceso de
estructuración del embrión humano, rigiendo los cambios de la división celular
y más aún, ordenando los genes, alineando los pares moleculares que los constituyen
y conforme las informaciones traídas por el espíritu reencarnante determina la
salud o dolencia, el tiempo estimado de vida y otras innumerables
informaciones.
( Continúa... )
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EL MÁS ALLÁ DEL SUICIDA
El suicidio es, por sus características y efectos tan particulares, tal y como nos dice la mentora espiritual Joanna de Angelis «La más compleja e infeliz de todas las cosas que le pueden suceder al ser humano». Efectivamente, el suicidio es una acción muy infeliz, que depara unas inevitables y desgraciadas consecuencias para aquella persona que caiga en él, tanto en el plano espiritual como, luego, en futuras reencarnaciones.
Los motivos que llevan a un ser humano a tomar la trágica decisión de matarse a sí mismo pueden ser numerosos, variados y complejos, teniendo que ser muy prudentes a la hora de tratarlos y de valorarlos. Sólo uno mismo sabe cómo se siente, sólo uno mismo sabe las fuerzas que tiene o no tiene y lo que espera o no espera de la vida… y lo que espera o no espera de la muerte.
En líneas generales, aquella persona que se suicida vive inmersa en un mundo mental cerrado en el que lo único que cuenta para ella es dejar de sufrir, escapar de una situación y una realidad, la que sea, que le está angustiando y que para ella es ¡ insoportable! Esa es su única prioridad y el suicidio, por desgracia, la única válvula de escape que sabe encontrar… lo demás, en esos momentos, no importa, aunque luego ya sea demasiado tarde…
Con mucha probabilidad, si la persona conociera las consecuencias que aguardan a aquellos que caen en el suicidio y supiera sobre los compromisos espirituales que se contraen con ello, su decisión pudiera ser otra pero, lamentablemente, dominado por la angustia y la desesperación, pasa a acariciar y a dejarse seducir por la idea de la muerte como único remedio para su situación, convencido o, al menos, esperanzado, de que con ello va a poner término a sus padecimientos.
Sin embargo ¡supremo engaño! ¡Porque la muerte no existe, somos Espíritus inmortales! y este hecho esencial debería condicionarnos en todos los aspectos y momentos de nuestra vida. Y en el primer y más importante punto en el cual debe reflejarse esta realidad que forma parte intrínseca de nosotros es en el hecho, simple y obvio en sí mismo, de que no podemos nunca dejar de existir siendo, por tanto, completamente inútil cualquier acción que, de una u otra manera, hagamos para destruir nuestra existencia. ¡No es posible nadar contra una corriente que nos arrastra, inevitablemente, siempre hacia la Vida!
Muchos son los testimonios de Espíritus que, cuando encarnados, se dejaron atrapar en los brazos seductores, falsos y traicioneros del suicidio, expresando con sus palabras, de un modo claro y contundente, la desesperación y la infelicidad con la que se encontraron tras su infeliz acción. Como ejemplo, valgan las sentidas palabras de Mousinho d’Albuquerque, que se suicidó con un disparo en la sien:
«Cuando suponía que iba a llegar para mí el descanso, la muerte me trajo el martirio indecible de la prolongación de la vida, en su manifestación más tormentosa» (Espíritu Mousinho d’Albuquerque, en El Martirio de los suicidas, Almerindo Martins de Castro)
Sería complejo detallar y profundizar en las consecuencias y responsabilidades por las que puede atravesar aquél que se ha suicidado, pudiendo éstas variar, dependiendo de diversos factores. Es decir, no todos han de pasar exactamente por las mismas situaciones, ni vivirlas de la misma manera, ni con la misma intensidad y duración. No existiendo una regla absoluta y uniforme, sin embargo, en todos los casos las consecuencias corresponderán siempre a las causas que lo produjeron, con sus atenuantes o agravantes, según las condiciones individuales y particulares de cada uno.
Podríamos generalizar diciendo que a la persona que se suicida le aguarda una gran sorpresa, en la que, en lugar de encontrar el reposo, la nada o el olvido que tanto anhelaba, se dará cuenta de que la vida no ha finalizado con la destrucción del cuerpo físico; que el intento Cada persona que abandona la vida a través de la puerta falsa del suicidio es un Espíritu que se complica enormemente su futuro por querer escapar de su presente. ¡Evitemos nosotros la ceguera del alma! de auto-aniquilarse, a pesar de haberse arrojado a los brazos de la muerte, ha sido en vano y que en su mente le continúan atormentando los mismos problemas o motivos que le llevaron a tomar su infeliz decisión. Y que sus amarguras, lejos de extinguirse, se recrudecen y se vuelven más íntimas y profundas, teniéndose que enfrentar al desengaño y a una serie de situaciones y de estados que le pueden marcar la existencia durante muchísimo tiempo.
Las consecuencias negativas para el Espíritu comenzarán ya en el mismo proceso de la separación de su cuerpo físico, que se complicará enormemente, haciendo que el ser se sienta como una especie de “muerto-vivo”, totalmente desequilibrado y fuera de sí. Seguirán variadas situaciones, muchas veces esperpénticas y dantescas, angustiosas y duras, con las que se ha de enfrentar en el plano espiritual, hasta los inevitables efectos producto de todo el desorden vibratorio y mental ocasionado por el acto suicida. Las gravísimas secuelas y lesiones producidas en su cuerpo espiritual, que se pueden mantener, incluso, durante años consecutivos, bajo la acción mental cristalizada del instante agónico de la auto-aniquilación, se reflejarán en las próximas reencarnaciones.
Anticipar la muerte a través del suicidio nunca es una solución, y sí es siempre un acto mal entendido y, sobretodo, inútil, porque queriéndose liberar el ser humano de unas situaciones o problemas que cree insalvables o insoportables, sin embargo, no se va a poder liberar nunca de sus compromisos como alma inmortal, pues forman parte de su aprendizaje y de sus pruebas. Y que, por ser ineludibles, como un estudiante que repite curso, deberá afrontarlos nuevamente en próximas reencarnaciones hasta vencerlos y superarlos definitivamente.
Se puede afirmar, sin duda alguna, que cada persona que abandona la vida a través de la puerta falsa del suicidio es un Espíritu que se complica enormemente su futuro por querer escapar de su presente. Los propios espíritus que han traspasado dicha puerta nos animan ¡nos piden encarecidamente! para que resistamos todos los males que se nos pongan por delante, que soportemos desilusiones, deshonra, amarguras, enfermedades y desgracias bajo cualquier aspecto, porque todo eso, nos advierten, será siempre preferible a las angustias que nos esperan si caemos en el gran espejismo y el gran error del suicidio.
Sin embargo, por difíciles y desesperadas que sean las circunstancias del Espíritu, Dios, Padre Creador, “no quiere” la perdición de ninguna de sus criaturas, sino que aprendan, en este caso, de ese error que es el suicidio y se levanten, con la cabeza bien alta, para seguir adelante, progresando en dirección al Amor y al Conocimiento que les aguarda. Por ello, independientemente de las situaciones con las que se tengan que enfrentar los que se han suicidado, se van a encontrar todos ellos, sin excepción, con el Amor y con la Misericordia de Dios, que les va a brindar, a manos abiertas, nuevas y valiosísimas oportunidades para rectificar el error cometido y armonizarse con las perfectas Leyes Divinas.
El Espiritismo nos enseña, de una manera clara y rotunda que, además del hecho esencial de que la muerte no existe, y que, por tanto, ese ser querido que “se ha marchado” no ha dejado de vivir, el hecho no menos importante y maravilloso de que con los pensamientos de amor y de cariño hacia ellos se les puede ayudar mucho ¡muchísimo! La persona que se ha suicidado necesita, más que nadie, de amor y de comprensión. Ellos mismos, en sus comunicaciones, coinciden en que la mejor y más grande ayuda que pueden recibir de los seres queridos que dejaron en el plano físico son esos pensamientos de amor y de cariño, junto con la oración sincera que, como nos explican, es un auténtico bálsamo que les ofrece paz, consuelo, renovación de fuerzas y de ánimos.
Camilo Castelo Branco, el principal protagonista de la extraordinaria obra de Memorias de un suicida, que abandonó la vida física por no saber enfrentarse a su ceguera, nos deja un testimonio que debe conducirnos a reflexiones muy profundas:
«Yo fui suicida. Queriendo huir de la ceguera de los ojos, me sumergí en la ceguera del alma». (Palabras del Espíritu Camilo Castelo Branco, en "El martirio de los suicidas", de Almerindo Martins de Castro)
¡ Evitemos nosotros la ceguera del alma !
Para ello es del todo imprescindible que conozcamos y asumamos nuestro origen espiritual y reflexionemos sobre todo lo que se desprende de ese conocimiento y de esa extraordinaria realidad de la que, por mucho que lo intentemos, nunca vamos a poder huir: ¡Somos Espíritus inmortales!
No permitamos, entonces, por favor, que nuestra transitoria condición de seres humanos vaya en contra de nuestra condición de Espíritus inmortales que es, realmente, lo que somos cada uno de nosotros. ¡Amemos y respetemos la vida¡
¡Amemos y respetemos nuestra vida¡
No quiero finalizar sin dejar unas sinceras y muy sentidas palabras para todos aquellos que han dejado la vida física escogiendo el camino complicado, duro y triste del suicidio. Para todos ellos vayan nuestros mejores votos de paz, de armonía y de recuperación, con el deseo más sincero de que nazca en su interior la esperanza de un porvenir mejor, con la total certeza de que estarán amparados por Jesús, nuestro Amigo y Maestro, el Divino Médico de las almas.
- Alfredo Tabueña-
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