martes, 9 de junio de 2026

El Rey diferente

 INQUIETUDES CIENTÍFICAS

1.-Algunas conclusiones científicas sobre el alma de los animales

2.- Los médiums

3.- El espírita ante Dios

4.- El Rey diferente

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   ALGUNAS CONCLUSIONES CIENTÍFICAS SOBRE EL ALMA DE LOS ANIMALES

                                            


  Desde un punto de vista científico, prestigiosos  investigadores  de  Universidades de USA, Inglaterra y Brasil, entre los que hay físicos, biólogos, psicólogos, veterinarios, etc,  han llegado a   manifestar las siguientes  conclusiones sobre el alma de los animales, en general :

 - Los animales en muchas especies, acreditan tener “reflejos inteligentes de un nivel equiparable al de  niños de cuatro años de edad.

- En problemas asociados con la resolución de cuestiones “existenciales, como la alimentación y la protección, según la especie, sus individuos siguen mostrando capacidad resolutiva e inteligencia.

   - Algunas especies gregarias, desarrollan un modo de vida  en el  que incluyen el reparto social del trabajo, castigos a los infractores de sus normas, y reconciliación posterior, además de una necesaria  cooperación entre ellos para realizar actividades corrientes como la búsqueda de alimentos o la vigilancia de sus predadores.

- Las experiencias individuales, sirven de “guía” para la adaptación de comportamientos en el grupo. Son significativas que estas ocurrencias transmitidas del individuo al grupo, sirven de base para relaciones futuras.

- Las “habilidades” aumentan a medida que subimos en la escala evolutiva. Entre ciertos mamíferos se percibe una capacidad común para desarrollar las mismas habilidades, transmitiendo sus ideas por la comprensión de símbolos. Existen distintos niveles de inteligencia, tan dispares como número de especies existentes, y hay estudios que relacionan el peso del cerebro con el del cuerpo para determinar el nivel de inteligencia animal, circunstancia que aproxima, por ejemplo, al delfín con el humano.

- Tienen emociones que se exteriorizan más en las especies superiores en forma de placer, dolor, miedo, pavor o rabia principalmente. El afecto y la lealtad son también importantes  en las especies más próximas con la convivencia humana, sin que se trate de  una imitación  de los comportamientos humanos. Por el contrario, los animales, en base a terapias con humanos en escuelas, hospitales, etc,  demuestran  una personalidad  propia, desarrollando normalmente gustos  y  opiniones sobre cosas y personas con las que se relacionan.

  - Los animales que conviven con el ser humano desde hace muchas generaciones, demuestran un alto grado de sensibilidad, pudiendo “adivinar” las intenciones humanas, como por ejemplo se observa en  los perros.

 -  La inteligencia animal es  considerada como una forma de procesar informaciones sobre modos de adaptarse a situaciones y condiciones del medio ambiente,  existiendo un tipo de cálculo particular, que está presente en todos los cerebros animales.

 -  La comunicación de los animales entre sí, permite en observaciones comparativas, percibir diferencias dentro de individuos de la misma especie, demostrando amistad, e incluso diferencias “culturales” entre miembros procedentes de distintos lugares, tal como nos sucede a los humanos con los dialectos, acentos, costumbres, etc.

-   En relación al lenguaje, algunas especies como el delfín, poseen un amplio repertorio de palabras,  mediante  sonidos cortos y variados, acreditando un grado de complejidad semejante a las lenguas humanas.

       La noción de individualidad en muchas especies, queda plasmada en los experimentos hechos con espejos, en donde se reconocen  y vemos como no  les  agrada  cualquier alteración de su apariencia  física, como es el  cambio del color  normal de su pelo por otro diferente.

 - Actitudes como la simulación, la traición, la mentira, el engaño o la obtención de  ventajas, son particulares del chimpancé que, precisamente, guarda en relación al humano una coincidencia genética de más del 98%. 

   -   Individuos de esta  especie consiguen aprender el lenguaje de señales de los sordo-mudos, así como a lidiar con números y operaciones aritméticas   sencillas..

 -    Diversas especies muestran una extraordinaria memoria cuando son capaces de reconocerse entre los miembros de un grupo después de  estar mucho tiempo  separados, así como del recuerdo de hechos pasados  en fechas lejanas en el   tiempo.

-     Las experiencias individuales, sirven de “guía” para la adaptación de comportamientos en el grupo. Son significativas que estas ocurrencias transmitidas del individuo al grupo, sirven de base para relaciones futuras.

-  Las “habilidades” aumentan a medida que subimos en la escala evolutiva.

- Entre ciertos mamíferos se percibe una capacidad común para desarrollar las mismas habilidades, transmitiendo sus ideas por la comprensión de símbolos. Existen distintos niveles de inteligencia, tan dispares como número de especies existentes, y hay estudios que relacionan el peso del cerebro con el del cuerpo para determinar el nivel de inteligencia animal, circunstancia que aproxima, por ejemplo, al delfín con el humano.

-    Tienen emociones que se exteriorizan más en las especies superiores en forma de placer, dolor, miedo, pavor o rabia principalmente. El afecto y la lealtad son también importantes  en las especies más próximas con la convivencia humana, sin que se trate de  una imitación  de los comportamientos humanos. Por el contrario, los animales, en base a terapias con humanos en escuelas, hospitales, etc,  demuestran  una personalidad  propia, desarrollando normalmente gustos  y  opiniones sobre cosas y personas con las que se relacionan.

-  Los animales que conviven con el ser humano desde hace muchas generaciones, demuestran un alto grado de sensibilidad, pudiendo “adivinar” las intenciones humanas, lo que por ejemplo se observa en  el intelecto canino.

-   El pensamiento animal es  considerado como una forma de procesar informaciones sobre modos de adaptarse a situaciones y condiciones del medio ambiente,  existiendo un tipo de cálculo particular, que está presente en todos los cerebros animales.

-   La comunicación de los animales entre ellos, permite en observaciones comparativas, percibir diferencias dentro de individuos de la misma especie, demostrando amistad, e incluso diferencias “culturales” entre miembros procedentes de distintos lugares, tal como nos sucede a los humanos con los dialectos, acentos, costumbres, etc.

-    En relación al lenguaje, algunas especies como el delfín, poseen un amplio repertorio de palabras,  mediante  sonidos cortos y variados, acreditando un grado de complejidad semejante a las lenguas humanas.

-    La noción de individualidad en muchas especies, queda plasmada en los experimentos hechos con espejos, en donde se reconocen  y vemos como no les agrada  cualquier alteración de su apariencia física, como es el cambio del color normal de su pelo por otro diferente.

-  Actitudes como la simulación, la traición, la mentira, el engaño o la obtención de ventajas, son particulares del chimpancé que, precisamente,  guarda en relación al humano una coincidencia genética de más del 98%.  Individuos de esta  especie consiguen aprender el lenguaje de señales de los sordo-mudos, así como a  lidiar con números y operaciones aritméticas.

- Diversas especies muestran una extraordinaria memoria cuando son capaces de reconocerse entre los miembros de un grupo después de  estar mucho tiempo separados, así como del recuerdo de hechos pasados  en fechas lejanas en el tiempo.

         Ante estas observaciones  de la Ciencia,  creo que caminamos hacia una  constatación de que el principal rasgo que diferencia a los animales en la escala evolutiva con respecto a  la especie humana-,  es la inteligencia que se desarrolla en un infinito y secuencial proceso.   Parece evidente  que los caracteres intelecto- cognitivos no son privilegio de la especie humana, y estos residen en la sede espiritual que es responsable de la “Memoria RAM” de cada ser.

 - José L. Martín

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                    LOS MÉDIUMS

Las facultades del periespíritu, sus medios de acción y de desprendimiento, por desarrollados que estén en ciertos sujetos no pueden, sin embargo, ejercerse en toda su plenitud durante el período de encarnación, esto es, durante la vida terrestre. El periespíritu está entonces estrechamente ligado al cuerpo. Prisionero en la oscura y densa envoltura, no puede alejarse de ella sino en ciertos momentos y en condiciones particulares. Sus recuerdos permanecen en estado latente por causa de nuestra impotencia para ponerlos en acción. De aquí procede la debilidad de nuestra memoria que no pude remontar la corriente de nuestras existencias pasadas. Devuelta a la vida espiritual, el alma recobra la completa posesión de sí misma: el periespíritu recobra la plenitud de sus percepciones. Desde entonces pueden provocar desconcierto sobre los fluidos e impresionar los organismo y los cerebros humanos. Éste es el secreto de las manifestaciones espiritistas. Un magnetizador puede ejercer una acción poderosa sobre su sujeto provocando su desprendimiento y suspender en él la vida material. Del mismo modo los espíritus o almas desencarnadas pueden por su voluntad, dirigir corrientes magnéticas sobre los seres humanos influir en sus órganos, y comunicar, por su mediación, con los habitantes de la Tierra. Estos seres, especialmente adecuados por la delicadeza y sensibilidad de su sistema nervioso, a la manifestación de los espíritus, tienen el nombre de Médiums. Sus aptitudes son múltiples y variadas.

Hay los sensitivos y los videntes aquellos cuya vista atraviesa la opaca bruma que nos oculta los mundos etéreos, y que, por un claro, llegan a entrever algo de la vida celeste. Algunos hay que tienen hasta la facultad de ver a los espíritus y de oír de ellos la revelación de las leyes superiores.

Todos somos médiums, es cierto, pero en grados muy diferentes. Muchos que lo son, lo ignoran. Más no existe ningún hombre sobre el cual no tenga acción la influencia buena o mala de los espíritus. Vivimos en medio de una multitud invisible que asiste, silenciosa y atenta, a los detalles de nuestra existencia, y participa, con el pensamiento, de nuestros trabajos, de nuestras alegrías y de nuestras penas. En esta multitud han tomado puesto la mayor parte de los que hemos encontrado en la Tierra y cuya pobre y gastada envoltura hemos acompañado al cementerio. Parientes, amigos, indiferentes, enemigos, todos subsisten, y vuelven atraídos por el hábito y los recuerdos hacia los sitios y los hombres a quienes han conocido. Esta muchedumbre en medio de la cual vivimos, influye en nosotros, nos observa, nos inspira, nos aconseja a pesar nuestro, y aun, en ciertos casos nos atormenta y nos persigue con su odio y su venganza.

Todos los escritores conocen esas horas de inspiración en que su pensamiento se ilumina con inesperada claridad, en que las ideas fluyen como un torrente bajo su pluma. ¿Y cuál de nosotros en los momentos de tristeza, de abatimiento, de desesperación, no se ha sentido a veces reanimado y confortado por una acción íntima y misteriosa? Y los inventores, vanguardia del progreso, todos esos que luchan para engrandecer el dominio y el poder de la Humanidad, ¿No se han beneficiado acaso del socorro invisible que nuestros hermanos mayores saben dispensarles en las horas decisivas? Esos escritores súbitamente inspirados, esos inventores iluminados de repente, son otros tantos médiums intuitivos e inconscientes. En otros la facultad de comunicar con los espíritus reviste una forma más clara y más acentuada. Unos sienten su mano arrebatada por una fuerza extraña y llena el papel de consejos, de advertencias, de enseñanzas variadas. Otros, ricos en fluidos vital, ven las mesas agitarse bajo sus dedos. Y obtienen por medio de golpes dados por estos muebles comunicaciones más lentas, pero más preciosas y más propias para convencer a los incrédulos. Algunos hay que, sumergidos por la influencia de los espíritus en el sueño magnético, entregan la dirección de sus órganos a sus huéspedes invisibles, que los utilizan para conversar con los encarnados como en el tiempo de su vida corporal. Nada hay más extraño ni conmovedor que ver desfilar sucesivamente en la envoltura débil y delicada de una señora, y aun de una jovencita, las personalidades más diversas el espŕitiu de un difunto cualquiera, de un sacerdote, de un artesano, de una sirvienta, revelándose por las actitudes características y por el lenguaje que les era familiar durante su existencia en este mundo.

¿Y qué podremos decir cuando son espíritus conocidos y amados de los asistentes los que vienen a afirmar su presencia y su inmortalidad, a prodigar a los que han dejado en el arduo camino de la vida exhortaciones y alientos, y a mostrar a todos el fin supremo? ¿Quién podrá describir las efusiones, los transportes, las lágrimas de aquellos a quienes un padre, una madre, una mujer querida vienen, desde el fondo de la tumba, a consolar y a reanimar con su cariño y sus consejos?.

Ciertos médiums facilitan con sus presencia el fenómeno de las apariciones, o más bien, según una expresión nueva, de las materializaciones de espíritus. Estos toman del periespíritu de sujeto ciertas cantidad de fluidos, se los asimilan por la voluntad y condensan su propia envoltura hasta hacerla visible y algunas veces tangible.

Algunos médiums sirven también de intermediarios a los espíritus para transmitir a los enfermos y a los achacosos efluvios magnéticos que alivian y a veces curan a esos desgraciados. Ésta es una de las formas más bellas y más útiles de la mediumnidad.

Digamos también que una multitud de sensaciones inexplicadas dimanan de la acción oculta de los espíritus. Por ejemplo, los presentimientos que nos avisan una desgracia, la pérdida de un Ser amado, proceden de las corrientes fluídicas que los desencarnados proyectan hacia aquellos que les son queridos. El organismo resiente estos efluvios, más raras veces el pensamiento del hombre trata de analizarlos. Y, sin embargo, hay en el estudio y en la práctica de las facultades mediumnicas un manantial de enseñanzas elevadas.

Se engaña el que considere la facultad medianímica como un privilegio o un favor. Cada uno de nosotros, ya lo hemos dicho, encierra en sí los rudimentos de una mediumnidad que puede desarrollar ejercitando la. En esto, como en tantas otras cosas, la voluntad representa un papel considerable. Las aptitudes de ciertos médiums célebres se explican por la naturaleza particularmente flexible y elástica de su organismo fluídico que se presta admirablemente a la acción de los espíritus. Sabiendo que el alma, por sus esfuerzos y sus tendencias labra por sí misma o por lo menos modifica su organismo a través de los siglos, o veremos en la mediumnidad más que la consecuencia natural de los trabajos llevados a cabo en las vidas anteriores por los que gozan de ella.

En general, la sensibilidad fluídica del Ser guarda proporción con su grado de pureza y de adelanto moral Casi todos los grandes misioneros, reformadores y fundadores de religiones eran poderosos médiums, en constante comunión con los invisibles, cuyas fecundas inspiraciones recibían. Su vida entera es un testimonio de la existencia del Mundo de los espíritus y de sus relaciones con la Humanidad terrestre.

Así se explican haciendo la parte de las exageraciones y de las leyendas gran número de hechos históricos calificados de sobrenaturales y maravillosos. La existencia del periespíritu y las leyes de la mediumnidad nos indican por qué medios se ejerce, a través de las edades, la acción de los espíritus sobre los hombres. La Egeria de Numa, los sueños de Escipión, los genios familiares de sócrates, del Tasso, de Jerónimo Cardano, las voces de Juana de Arco, y mil otros hechos análogos considerados a la luz del espiritualismo moderno, pierden para en adelante, a los ojos del pensador, todo carácter sobrenatural o misterioso.

Y, sin embargo, por medio de estos hechos se revela la gran ley de solidaridad que une a las humanidades del espacio y la Humanidad terrestre. Libres de las ligaduras de la carne, los espíritus superiores pueden levantar la tupida cortina que les ocultaba las grandes verdades. Las leyes eternas se les presentan despejadas de las sombras con que los sofismas y los miserables intereses personales las envuelven aquí abajo. Animadas por el ardiente deseo de seguir cooperando al movimiento ascensional de los seres, descienden de nuevo entre nosotros y se ponen en relación con aquellos humanos cuya constitución sensitiva y nerviosa les hace aptos para desempeñar el papel de médiums. Con la mediación de éstos, trabajan en favor del progreso moral de las sociedades terrestres auxiliándolas con sus enseñanzas y sus saludables consejos.

DESPUÉS DE LA MUERTE, por  LEÓN DENIS

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              EL ESPÍRITA ANTE DIOS


     Cuando el hombre, venga de donde venga, sea religioso, ateo, libre-pensador, etc., entra en el Espiritismo, se abre ante él un campo tan amplio de investigaciones, que, de momento, no se da cuenta de tamaña grandiosidad. A medida que va ampliando sus estudios y sus experiencias, más ancha se torna la perspectiva de lo que antes le era desconocido, y en todo comienza a ver la grandeza de Dios. Tanto es así, que se queda maravillado ante tanta justicia, tanto amor, belleza y poder. 

     Entonces ve lo que significa su individualidad en esta Creación. Comprende que su vida es eterna, por lo menos en principio, y que no se encuentra aquí por acaso, que no es un ser llegado a la Tierra sin motivo ni razón, mas que su existencia está ligada al concierto universal de la Creación. Comprende que jamás será abandonado, pues está sujeto a una ley que a todos abarca, y que, con los demás seres humanos, alcanzará por sus esfuerzos, más temprano o más tarde, su felicidad, su belleza y su sabiduría. 

    Comprende que puede retardar más o menos su progreso, más que, por fin, tendrá que verse atraído por el amor universal, y que, aceptando o no, será un día impregnado por todo cuanto de bello y grande encierra el amor divino. Comprende que formará parte de la gran familia de espíritus felices, que gozan y trabajan en el plano del amor divino. 

    Así, pues, el ser encarnado, al descubrir su vida, su futuro, la grandeza del objetivo de su propia creación, se siente admirado ante la Suprema Sabiduría, el Amor Supremo, el Creador Omnipotente de tanta belleza, de tanta armonía y de tanto amor. Esa impresión, recibida al convertirse al Espiritismo, debe todo espírita procurar no solamente guardarla, mas también aumentarla, porque de eso depende, en gran parte, su progreso. Digo esto porque, pasado el momento de las primeras impresiones, el espírita comienza a olvidarse del respeto y de la adoración que debe al Padre, incurriendo en una falta de agradecimiento, que va a los pocos separándolo de influencias que le son muy necesarias, en el curso de su vida en el planeta. Si todo, en la Creación, mutuamente se atrae y se interpenetra, esa misma ley no puede dejar de existir entre la criatura y su Creador. 

     En este punto, viene a propósito citar lo que dicen algunos espíritas: 
     Que nada se debe pedir a Dios, porque Él no derogará sus leyes y porque todo ya nos dio. Manera equivocada de pensar. Dios estableció sus leyes y las puso, con toda la Creación, a disposición de sus hijos. A nosotros, sin embargo, compete alcanzarlo. Y teniendo, como tiene todo, que sufrir su atracción, ¿eso no implicará también el amor a Dios, la gratitud y la adoración1 que le debemos?. Si el espírita siente, atraerá sobre sí aquello que sienta. Supongamos que un hombre tiene malos pensamientos, referentes al crimen, al vicio, a la vanidad. ¿No atraerá sobre sí influencias que le impulsarán a ser criminoso, vicioso y orgulloso? Pues si los deseos y pensamientos malos atraen malas influencias, ¿dejará de existir la misma ley en lo tocante a los buenos pensamientos y a los deseos buenos? No hay duda, pues de lo contrario existirían dos leyes; una para regir el mal, y otra para regir el bien. Pues si los deseos y pensamientos buenos atraen buenas influencias, ¿cuánto más no debe atraerlas aquel que sepa amar al Padre, adorarlo en espíritu y verdad y procurar seguir sus mandamientos? Vemos así que, sin derogar leyes ni conceder privilegios, el espírita verdaderamente agradecido y enamorado de Dios atraerá influencias que, como ya dije, le serán muy provechosas en el curso de su vida planetaria. 

     Y tanto es así, que pienso lo siguiente: si todos nosotros, espíritas, nos hubiésemos afirmado en esa posición, y nos hubiésemos tornado practicantes del amor divino, no estaríamos hoy tan diseminados y desunidos como estamos. Noten bien, mis hermanos: encontramos pocos Centros Espíritas en que no haya habido disensiones, y si algún Centro fue reducido a cenizas, eso fue debido a la falta de caridad y amor entre los responsables, por causa de defectos no corregidos, y a la falta de prudencia y de comedimiento a que todo espírita debe ceñirse, en sus pensamientos y actitudes. 

     Si el amor y la adoración del Padre reinasen en el corazón de cada espírita, antes de hablar y obrar, cada uno pensaría si lo que hace está de acuerdo con la ley del Creador. Y si no estuviese, el espírita, lleno de amor a Dios, ¿evitaría todo lo que es injusto, para no hacer fraude a la ley y no rebelarse contra Él, que es todo amor y justicia? Muchas veces, en lugar de hablar, causando conflictos, preferiría callar, y con esa actitud de indulgencia o tolerancia daría un buen ejemplo, evitando responsabilidades y enseñando a sus hermanos. 
    He conocido espíritas que todo confían a su criterio y a su saber, olvidándose de mantener vivo el amor a Dios, y de otras prácticas de las que más tarde trataré. Ésos, sin embargo, no saben que, por más entendidos que sean, les falta lo principal y sin que lo perciban, caen en la rutina común. De esa manera, en sus conversaciones, sus procedimientos y sus maneras no se distinguen de los hombres vulgares. Así, aunque crean en el Espiritismo, tratase apenas de un Espiritismo mental, que no domina el corazón. 

     Por eso, en muchos actos de la vida, poco se diferencian de los que no conocen la doctrina. De ahí la razón de existir espíritas que no hacen ningún mal, mas que también no practican ningún bien, y que por un simple descuido caen en el ridículo, perjudicando entonces la propagación de la doctrina que sustentan. Y a veces suceden cosas peores, pues algún espíritu obsesor influye sobre ellos, haciéndoles concebir y propagar teorías extrañas, que perturban la buena marcha del Espiritismo, sembrando la duda en unos y la división en otros. Esto también puede ocurrir a los que, por falta de instrucción, encuentran todo bueno y maravilloso. 

     Y aún con los que penetran en asuntos poco explorados y conocidos, haciendo afirmaciones y adoptando principios que no consuelan ni edifican, y sólo sirven para llevar la confusión a las inteligencias exaltadas. Éste no es trabajo destinado a la crítica de esas teorías, más deseo dar algunas reglas de conducta a los espíritas de buena voluntad, para evitarles ciertos obstáculos que muchos daños le pueden causar 2. Declaré que el amor a Dios puede atraer ciertas influencias para el espírita que lo procure avivar en su corazón, y que sepa transportarse al infinito a través de la oración, del pensamiento, de la meditación, de esas expansiones del alma... ¡Oración! Es un tema muy discutido y despreciado por muchos espíritas. Pongo de lado todas las formas rutinarias de orar, distraídas, convencionales, sistemáticas. 

      Esta observación viene muy a propósito, delante del número de teorías absurdas que invaden actualmente el medio espírita. Ella se explica muy bien a los llamados «reformadores» de la doctrina mundo. 

    Hablo de la oración que es acompañada por el sentimiento, por la firme voluntad, por el amor y la adoración al Padre. Hablo de la oración que edifica, que consuela, que brota de lo más profundo del alma; de la oración que es pronunciada por el ser que desea libertarse de las miserias y de las imperfecciones de la Tierra. Esta forma de oración, la considero necesaria a todo espírita, tanto que me atrevo a decir: quien de ella prescinde no se elevará jamás a las cualidades morales necesarias a un buen espírita. Y todavía más: quien de ella prescinde no podrá alcanzar, cuando vuelva al mundo espiritual, la condición de espíritu de luz, y está arriesgado a ser espíritu de tinieblas y de perturbación, a menos que sus trabajos y ocupaciones en la Tierra hayan sido pautados por la caridad y el amor al prójimo, lo que es tan raro en este. 

     Hemos de considerar que la Humanidad está llena de errores, de maldad, de hipocresía, de egoísmo, de orgullo. Cada uno de nosotros despide alguna cosa de sí mismo, de aquello que es, en este mundo. Coloquemos un espírita en medio de toda esa imperfección, y a pesar de sus creencias él se contagiará en esa atmósfera general. Si ese espírita no dispone del medio de librarse de las malas influencias que lo envuelven, es imposible que se conserve prudente, circunspecto, tolerante, justiciero. Y como la ley exige la práctica de esas virtudes, para que alcancemos alguna felicidad espiritual, si alguna de ellas nos faltan, no estaremos aptos a morar después entre los buenos. Y, si no podemos vivir entre éstos, tenemos que ser contados en la categoría de los que no lo son. Y allí donde la bondad no impera, no puede haber felicidad, ni luz, ni libertad. 

     Por eso entiendo que el espírita, para librarse de los vicios, debe saturarse de fluidos e influencias superiores a los que nos rodean en este mundo, y para que ellos nos envuelvan es necesario ponemos en condiciones de recibirlos. Cuando oramos con fervor, el espíritu se eleva en busca de entidades superiores del espacio. Como los seres que lo habitan tienen la caridad por misión principal, nunca dejan de amparar a los que por voluntad propia se dirigen a ellos. Se establece entonces una corriente fluídica entre el que ora y el que lo atiende. La influencia recibida lo circunda de luz y esa luz lo limpia de los fluidos impuros. Al concluir la oración, aquel que la pronunció quedó limpio de los malos fluidos y se envolvió en la atmósfera saludable de los buenos fluidos. Así como los primeros eran el vehículo de las acciones de los malos espíritus, los buenos espíritus, con sus fluidos, son una barrera contra las influencias perversas que no podrán dominarlo más. 

    Para tornarlo más claro, daré un ejemplo. Supongamos una casa de campo sin cerca, ni muralla, ni cualquier otra especie de defensa. Cualquier malhechor que desee aproximarse no encontrará impedimento alguno, y mismamente de noche podrá llegar a las puertas de la casa sin cualquier precaución. Si la casa, por el contrario, está amurallada convenientemente y sus puertas cerradas con seguridad, ningún viandante y ningún malhechor podrán aproximarse con tanta facilidad. Así es, que tanto para el viandante, como para el malhechor, una casa amurada ofrece resistencia, lo que no ocurre con la otra. El espírita que ora es como la casa de campo amurada. El que no ora es como la que no tiene cerca ni muralla. Por eso, todas las malas influencias, encuentran más facilidades para aproximarse de él. Todo espírita, pues, debe ser agradecido al Padre, debe adorarlo por su grandeza, admirarlo por las maravillas de la Creación y respetarlo por ser uno de sus hijos. Porque en verdad, el hombre fue creado por Dios. 

     Él es nuestro Padre, nuestro bien y nuestra Esperanza. Es Él autor de toda la belleza que nos rodea, desde el ave que se eleva en el espacio hasta el pez que se sumerge en las aguas, desde el monte en que crece el arbusto y florece la violeta hasta el astro que brilla en el infinito. Es Él el creador de aquélla que nos concibió en sus entrañas. Él es el todo: la luz, el amor, la belleza, la sabiduría, el progreso. Todo es Dios. El espírita que sabe todo eso y no se siente atraído por tanta grandeza, tanto amor, tanto poder, y vive olvidado del Padre, pasa horas y días sin demostrarle su agradecimiento, ¿qué calificativo merece? Prefiero callarme en ese punto. 

    Mas está claro que ese espírita no siente todavía en su alma lo que debería sentir, no cumple el primer deber de un buen espírita, y es muy difícil que pueda estar apto para cumplir como debe la misión que le corresponde. En resumen: El espírita debe portarse delante de Dios como un buen hijo, que agradece a su padre por haberle creado. Debe respetar la grandeza de su Creador, adorar su Omnipotencia, amarlo por su Sublimidad. Y ese respeto, esa adoración, ese amor, esa gratitud, deben ser manifestados al Todopoderoso tanto cuanto posible. Ya para que él se porte como un buen hijo, ante un sublime y amoroso Padre, ya para atraer su influencia y la de los buenos espíritus, de que tanto necesitamos en nuestra condición de atraso, en un mundo en que imperan la ignorancia y el dolor. 


Extraído del libro "El Tesoro de los Espíritas" 
Miguel Vives


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                 EL REY DIFERENTE


Ser rey significaba, en el pasado, ser superior a los demás. En algunos casos, era la conquista de una condición que se atribuía divina.

La personalidad real se conducía como si todo a su alrededor le debiese obediencia y adulación. Eternos en el poder, pensaban algunos.

Sin embargo, bastaba una alteración de los vientos políticos o un vuelco en el cántaro de las pasiones de los adversarios y eran despojados de todo el poder. Hubo quien se creía el más hermoso, el más inteligente, el más perfecto. Hubo quien se intitulase el rey sol, alrededor del cual deberían establecer sus órbitas los planetas de las vanidades humanas.

Se disfrazaban con ropas exóticas y ricas sin que ellas pudiesen ocultar sus torpezas morales.

En verdad, aunque no todos ostenten coronas de oro y piedras preciosas, muchos de aquellos que detentan el poder, aún hoy presentan algunas de esas expresiones de comportamiento.

Y, con todo, las insignias del poder continúan transfiriéndose de uno a otro, al sabor de los caprichos humanos.

                                                             * * *
Él, sin embargo, es un Rey diferente.

Su reino no es de este mundo. Se expande más allá de las fronteras físicas y es más rico que todos los reinos de la Tierra juntos.

Su reinado abarca el territorio ilimitado de la intimidad de las criaturas. Son los paisajes y regiones del sentimiento, donde pueden ser colocadas las señales de la fraternidad.

Sus intereses son los del Padre que Lo creó. En este mundo de formas transitorias, Él figura por encima de las disputas mezquinas de contenido material.
Su corona y Su cetro son el amor. Indestructible en el tiempo. Sus seguidores, a lo largo de los siglos, fueron quemados, torturados, sin que desistiesen de los tesoros del alma de los cuales eran depositarios fieles.Ese Rey tan poderoso escribió la legislación de Su Reino, de forma indeleble en los corazones y en las mentes.

Por eso, los años pasaron y la verdad continúa llegando a los oídos que desean oír, en el idioma de cada uno, porque fue dictada con la fuerza de la verdad.
Rey Solar, vistió un ropaje similar al de todos Sus súbditos y vivió   entre ellos durante poco más de tres décadas.

Pero extrapoló las fronteras de la nación que Lo recibió y atravesó las edades, sin haber empañado el brillo de Su victoria.

Él venció a la muerte y al mundo. Los hombres querían destruirlo, matando su cuerpo físico. Él regresó, lleno de luz, conforme había anunciado, con una indumentaria indestructible.

Al contrario de todos los que reinan y reinaron sobre los hombres, Él informó que había venido para servir.

Y realizó tareas consideradas humillantes en la época, como lavar los pies de todos Sus apóstoles, en la célebre noche de despedida.

Inteligencia superior a todas las que ya han pasado por este planeta, supo hablar a las personas con dulzura, enseñando la verdad que liberta y torna felices a las criaturas.

Señor de los Espíritus, demostró por actos y manifestó por palabras  que estaba en la Tierra para cumplir la voluntad de Dios, Padre de los cielos, Creador del Universo.

Este Rey se llama Jesús. Y, aunque haya partido de la Tierra hace más de dos mil años, la gratitud y la esperanza de los hombres celebran Su cumpleaños todos los años.

Rey Solar. Señor de los Espíritus. Pastor de las almas. Sirviente. Jesús, el Cristo.

Redacción del Momento Espírita.

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