INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Jóvenes y viejos
2. Escándalo
3.- Puede encontrar el Espíritu alguna dificultad para su reencarnación?
4.- Nadie es profeta en su tierra.
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JÓVENES Y VIEJOS
Pregunta hecha en 1972 a Chico Xavier, en el programa “Pinga Fogo”, de la extinta “TV Tupí”:
- La inquietud de los jóvenes es una constante durante muchos siglos. El hombre, de sus 16 a 23 años, es un rebelde. Después el acaba adaptándose y integrado en la sociedad. ¿En el momento exacto en que el hombre se ajusta a la sociedad su espíritu evolucionó o acomodó?
Lea la respuesta dada por Chico Xavier y de la misma, evalúe el mundo en que vivimos.
- "Cuando nos adaptamos para el bien, el bien, esencialmente, es siempre el bien de los demás, porque es del bien de los demás que nace nuestro propio bien. Hoy, muchas veces, queremos tratar a nuestros jóvenes como si ellos fuesen nuestros enemigos y eso es un error.
Nuestros jóvenes son nuestra continuación. Traen con ellos una vida diferente de la nuestra. Impulsos originales que nosotros no podemos comprender en toda su extensión.
Nuestros jóvenes de ambos los sexos necesitan, principalmente hoy, de nuestra comprensión. Naturalmente que no podemos empujarlos para la libertinaje, pero no debemos frenar en ellos un impulso a la liberación para que ellos se realicen, para que se desenlacen de nuestra vida personal. Todos nosotros en la condición de criaturas maduras en la experiencia física podemos igualmente, tenemos independencia de ellos y no debemos esclavizarlos a nuestros puntos de vista.
Hablamos de una experiencia de más de casi décadas donde hemos visto cientos, quizá millones, de jóvenes y adultos llorando sobre nuestros hombros en vista del amor posesivo que muchas veces hacen lento el progreso individual y causa muchos disturbios en nuestra vida familiar y colectiva . Tantos jóvenes que se dopan en drogas, muchos buscan refugio en las casas de salud, muchos han abandonado sus propios deberes, que huyeron para la indisciplina, que desertaron el estudio, muchas veces, debido a una influencia opresiva de los que fueron llamados a guiarlos en la vida práctica.
Al mismo tiempo vemos tantos padres, tantas madres y tantos orientadores y tutores llorando porque no pueden esclavizar los jóvenes en su propia vida. ¿Por qué no podemos amar unos a los otros en la condición de jóvenes y de adultos cada cual viviendo adentro de su época de experiencia física? ¿Porqué nosotros, como adultos, no podemos proteger nuestra independencia dando independencia a los jóvenes que son la esperanza de la humanidad, nuestros hijos, nuestros continuadores, para que ellos realicen las tareas a que fueron llamados por la reencarnación?
Allan Kardec a través de la cuestión número 385, en el Libro de los Espíritus, trata eso con mucha propiedad y eso hace más de 100 años: "Nuestros hijos son espíritus que vinieron de otras condiciones diferentes de las nuestras, son acreedores de nuestro mayor respeto". Hablamos de diálogo y necesitamos de diálogo; hablamos de comunicación y necesitamos de la comunicación no sólo en los días de catástrofes sentimentales.
Charlar con nuestros jóvenes, hablar con nuestros padres como grandes amigos que están vinculados a través de sus experiencias.
Diálogo nunca fue golpe verbal. La comunicación nunca fue un sistema de censura sistemática. No estamos de ninguna manera rechazando a los adultos y tampoco censurando jóvenes. Estamos atentos a la lección de nuestro Emmanuel que nos pide considerar que en la civilización occidental nació el psicoanálisis con Sigmund Freud para que nosotros seamos tratados específicamente e individualmente para ajustarnos al amor que Jesús nos enseñó.
Jesús nos enseñó "Amaos unos a otros como Yo os he amado". Esta afirmación no procede de ninguna recreación humana, vino de Aquel que nosotros tenemos como Nuestro Señor.
¿Por qué no podemos amar a nuestros jóvenes, ayudarlos para que sean ellos mismos? ¿Porqué nosotros no podemos recibir de ellos la ayuda, no para que vivamos como muchas personas maduras que están viviendo en los países europeos, en grandes palacios dorados nombrados como cementerio de los elefantes en donde las personas maduras en la experiencia humana se recogen como personas inútiles y viven una vida de diversión como si fueran marginados por la edad física?. No, como adultos podemos tratar de nuestra salud, ser independientes, amparar a nuestros hijos y ellos también nos amparan a nosotros para que cada uno de nosotros tengamos nuestra casa, tengamos afinidades, relaciones, nuestro mundo, nuestras aficiones, profesiones, afectos, nuestra vida y al mismo tiempo ellos también pueden tener sus familias independientes, con mucho amor de nosotros para con los demás.
Y nosotros no podemos tratarnos unos a los otros como si fuéramos enemigos. Somos hermanos, somos padres, hijos, parientes, amigos, esposos, esposas, tíos, tías, compañeros, pero sobre todo somos espíritus inmortales, hijos de Dios, cada cual siendo un mundo original creado por Dios. Aconsejemos a nuestros jóvenes, amparemos nuestros jóvenes con nuestras experiencias y que ellos nos amparen con su fuerza y amor, que todos necesitamos de amor, pero que haya aquella frontera que nosotros llamamos de respeto para que cada uno sea el mismo y para que nosotros podamos vivir en paz unos con otros sin la necesidad de caer en neurosis y después psicosis , acudiendo a nuestros amigos de la medicina como pacientes graves arredrados de la vida y arredrados del trabajo.
La vida para nosotros debe ser una escuela sin vacaciones, con pausas de descanso, pero todos fuimos llamados a trabajar.
En la evaluación de la respuesta dada por nuestro maestro, podemos percibir el amor, el conocimiento y la sabiduría de la misma.
Traducción del mensaje auditivo hecho por Flavio Días.
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ESCÁNDALO
Los diccionarios definen el término escándalo como: " Ocasión de error o pecado. Dícese particularmente de la ocasión de pecado producido por el mal ejemplo".
A pesar de ello, hay escándalo y escándalo.
"Mejor es entrar en la Vida, dice Jesús sin el miembro escandaloso, que con él..." "El escándalo es necesario..."
Alcibíades, el general ateniense, después de mucha algazara en torno a su propia conducta, mandó cortar la cola de su can, a quien mucho estimaba y que le costara una fortuna y que era por todos admirado, por causar un escándalo.
Cornelia, la célebre madre de los Gracos, interrogada por una rica patricia de Campania sobre sus joyas, mostrándoles los hijos le dijo: "Estas son mis joyas y adornos preciosos";escandalizando a la amiga.
Julio César, al retornar de las Galias, contrajo elevados préstamos para construir una residencia suntuosa; sin embargo, antes de habitarla, mandó que la demoliesen irguiendo sobre los escombros otro palacio más lujoso, para escandalizar a Roma.
Guatimozín, el último emperador indígena de México, condenado por Cortés a mantener el cuerpo untado y erguido sobre brasas, escandalizó a los españoles, cuando su secretario que también sufría el mismo martirio, gritó: "¡ Déjame hablar ¡. ! No sop orto más !".- " ¿Y yo,- respondió el emperador,- estoy por acaso sobre un lecho de flores ? ".
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La actitud de firmeza que mantienes en relación a la conducta cristiana y espírita, a muchos escandaliza.
Pero otro no puede ser el carácter del aprendiz del Evangelio.
Hay compañeros que dicen conciliar los intereses del mundo con los objetivos del espíritu.
Son cristianos y algunos afirman ser espiritistas convictos y actuantes.
Sin embargo, viven de acuerdo a los padrones comunes.
Si son negociantes, juegan en los en los torneos bursátiles, ambiciosos y atormentados.
Si son profesionales de este o aquel ramo del saber, luchan con cualquier arma, teniendo como mira el triunfo inmediato.
Sin son agricultores, explotan la tierra y a los ayudantes, pensando solamente en sí mismos.
Si son industriales, negocian por procesos encubiertos.
Si son servidores públicos, se niegan al deber de la puntualidad y de la ejecución de las tareas, siguiendo los ejemplos de los malos funcionarios...
Hacen y viven lo que hacen y como viven aquellos que no se identifican con las lecciones de la Verdad.
Y se refieren a los adeptos sinceros con epítetos deprimentes y burlones, incitando en ellos mismos el culto de la personalidad, que los arrastra a posiciones lamentables y ociosas.
Creen diversos obreros cristianos de la actualidad, en la imposibilidad de vivir con rectitud, cuando triunfalmente campean a la ambición desmedida, a la deshonestidad, el abuso del sexo, la mentira, la liviandad y todo un séquito de "malos ejemplos " que sin embargo, ya no producen escándalo.
En los tiempos del martirologio, de tan grandiosos testimonios, la ocasión de servir al Cristo no era diferente y las condiciones socio morales de la Tierra no eran diversas.
Lo que sucede es que los cristianos de hoy, lo son sin Cristo.
Ciudadanos del mundo, se sirven apegados a él.
Por eso, causa tú el escándalo dando fiel cumplimiento a los impositivos de la fe, que crece victoriosamente en el suelo de tu espíritu.
Para herirte, argumentarán contigo que es locura ser pobre, cuando fácilmente se pueden aumentar las posesiones...
Dirán que los días del honor ya se fueron...
Afirmarán que la fe no debe interferir en las actividades de la vida cotidiana...
No los escuches. Mantente seguro y persiste.
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En los Hechos de los Apóstoles, capítulo veintiséis, versículo veinticuatro, consta la siguiente anotación: "Y aduciendo esto en su defensa, dice Festo en alta voz:- "Estás loco, Pablo, las muchas letras te hacen delirar".
En la propagación, defensa y vivencia de la verdad, muchos perecerán, no considerándose el número colosal de los que pasaron por dementes y locos, no escapando a esa clasificación el propio Maestro y sus discípulos.
Mientras tanto, es gracias a ellos que respiras en el clima mental de esperanza evangélica, cuando los escándalos de la hora presente producen crímenes, conduciendo al hombre por los caminos sombríos de la desesperación y del suicidio.
Divaldo P Franco.
Juana de Angelis
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PUEDE ENCONTRAR EL ESPÍRITU ALGUNA DIFICULTAD PARA SU REENCARNACIÓN ?
1. “Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se
maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaron de él. . Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos” (San Mateo, 13:54 a 58).
2. Jesús enunció una verdad convertida en proverbio, una verdad de todos los tiempos, la que podríamos detallar más, diciendo: Nadie es profeta en vida.
En el lenguaje usual, esta máxima se refiere al crédulo que un hombre goza entre los suyos y entre aquellos en medio de quienes vive, así como a la confianza que les inspira por la superioridad del saber y la inteligencia. Si hay excepciones, son raras y en todos los casos jamás son absolutas.
El principio de esta verdad es una consecuencia natural de la debilidad humana que puede explicarse así:
La costumbre de verse desde la infancia, en las circunstancias vulgares de la vida, establece entre los hombres una especie de igualdad material que, a menudo, lleva a rehusar el reconocimiento de superioridad moral en quien fue compañero y comensal, salido del mismo medio y de quien se conocen ciertas debilidades. El orgullo sufre en razón del ascendiente que debe soportar. Quien quiera que se halle por encima del nivel medio siempre está expuesto a los celos y a la envidia. Quienes se sienten incapaces de llegar a su altura se esfuerzan por disminuirlo, denigrándolo, hablando mal y calumniándolo. Más pequeños se ven, más gritan, creyendo engrandecerse y eclipsarlo mediante el ruido que hacen. Tal fue y será la historia de la Humanidad, en tanto los hombres no comprendan su naturaleza espiritual y no se depuren en su aspecto moral.
El hombre corporal, que impresiona los sentidos, casi termina por desdibujar al hombre espiritual, que sólo conmueve el espíritu. De lejos, vemos únicamente los destellos del genio, de cerca, los descansos del espíritu.
Después de la muerte, ya no existe la comparación, el hombre espiritual se yergue solo y parece tanto más grande cuanto que el recuerdo del hombre corporal se halla más distante. Por esa causa, los hombres que marcaron su paso por la Tierra mediante obras de auténtico valor, son más apreciados después de su muerte que en vida. Son juzgados con mayor imparcialidad, porque al desaparecer los envidiosos y los celosos, los antagonismos personales ya no existen. La posteridad es un juez desinteresado que estima la obra del espíritu, la acepta sin un entusiasmo ciego si es meritoria y la rechaza sin odio si carece de valor, haciendo abstracción de la individualidad que la produjo.
Tanto menos podía Jesús escapar a las consecuencias de ese principio, inherente a la
naturaleza humana, siendo que vivía en un medio de escasa cultura y entre hombre dedicados por entero a la vida material. Sus compatriotas sólo veían en Él al hijo del carpintero, al hermano de hombres tan ignorantes como ellos mismos. Se preguntaban qué podía convertirlo en alguien superior a ellos y con derecho a censurarlos, motivo por el cual, después de comprobar que su palabra pesaba menos sobre los suyos, que lo despreciaban, que sobre los extranjeros, se fue a predicar entre quienes lo escuchaban y en medio de quienes hallaba simpatía.
Se puede apreciar qué tipo de sentimiento animaba a sus parientes por el siguiente hecho: sus propios hermanos, acompañados por su madre, llegan a una reunión donde Él se encontraba para llevárselo, diciendo que estaba fuera de sí (San Marcos, 3:20 y 21, 31 y 35 y El Evangelio
según el Espiritismo, cap. XIV).
Por una parte, los sacerdotes y fariseos acusaban a Jesús de obrar por el demonio. Por la otra, era tachado de loco por sus parientes más cercanos. ¿No es así como obran en nuestros días con los espíritas? ¿Deben éstos quejarse por no ser tratados por sus conciudadanos mejor de lo que lo fue Jesús? Sin embargo, este hecho, que no sorprende el que sucediera hace dos mil años en un pueblo ignorante, resulta inadmisible en el siglo XIX en naciones civilizadas..
ALLAN KARDEC
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