sábado, 4 de julio de 2026

Consideraciones sobre la oración en el Espiritismo

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Prosigue luchando

2.- Espíritus errantes

3.- Descontento

4.- Consideraciones sobre la oración en el Espiritismo

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        PROSIGUE   LUCHANDO

     Levanta el Espíritu abatido y prosigue luchando, la Tierra herida por el arado, produce más, la fuente frecuentada por el balde, continúa dando agua, el árbol bendecido por la poda, fructifica más, el corazón visitado por el dolor, se perfecciona más. ¡No te canses de luchar! El sufrimiento es una bendita oportunidad que los Cielos te conceden para el resarcimiento moral, ajuste de cuentas y cancelación de deudas que hemos ido acumulando a lo largo de nuestras Vidas. No te aflijas por la necesidad de rescatar esas deudas.

    Bendice las horas de dolor, que pasan como pasan los momentos de placer, avanzando en tu lucha de cada día, cayendo para levantarte, llorando por Amor al ideal y sufriendo por servir. Por donde vayas, encontrarás la lucha en nombre del trabajo, surcando el suelo de la humanidad. La lucha es el clima donde son forjados los verdaderos héroes y el sufrimiento es la célula sublime que da origen a los servidores verdaderos.

   Hay madres que en el sufrimiento se convirtieron en Ángeles Estelares, hay corazones que en el sufrimiento se transformaron en Urnas Sublimes de Amor, hay seres que en el sufrimiento se renovaron, haciendo de sí mismo centinelas vigilantes en defensa de los infelices. ¡Prosigue luchando!

   Olvida el propio cansancio y escribe páginas de consuelo, cesa de llorar y enjuga otras lágrimas con el pañuelo de tu comprensión, serena tu inquietud  y repite las lecciones que has recibido sobre la inmortalidad, de que tu alma está impregnada por los Céfiros del Mundo Espiritual, junto a los que nada conocen del más allá de la tumba. Hay brisas cantantes que traen caricias de oración y que te hablan a los oídos cuando te aquietas para orar.

   No pierdas la oportunidad  de  sufrir  ni  te  desalientes  cuando el dolor te visite, no te desanimes, persiste un poco más, no cultives el pesimismo, concéntrate en el bien por hacer y olvida las sugerencias del medio destructivo.

   Prosigue  luchando,   aún   cuando  tengas   que   atravesar  las sombras de tus errores, avanza, aunque sea entre lágrimas, trabaja y sirve con Amor constantemente. No te dejes abatir y construye siempre. No consientas que el hielo del dolor y el desencanto entorpezcan tu corazón. No te impresionen las dificultades. Convéncete de que la Victoria Espiritual es una construcción diaria. No pierdas la paciencia y aguanta con valentía. No creas en el triunfo sin esfuerzo.

 Silencio para las injurias, olvido para el mal que te hagan, perdón para las ofensas y recuerda, que los agresores son tus hermanos enfermos y que necesitan de tu comprensión. No permitas que los hermanos desequilibrados destruyan tu trabajo en favor del bien o anulen tus esperanzas. No menosprecies el deber que la conciencia te impone y lucha contra ti mismo. Si te engañaste en algún tramo del camino, reajusta tu propia visión y busca el rumbo correcto, no contabilices ventajas ni fracasos, estudia procurando aprender con humildad, no te vuelvas contra nadie y perdona siempre.

No te desesperes ni dramatices tus pruebas o tus problemas, ten ánimo, debes resguardarte en Dios y persevera en el trabajo que Él te confió. Ama siempre, haciendo por los demás lo mejor que puedas realizar, actúa auxiliando. Cuando menos lo esperes, una Ángel incomprendido llegará suavemente a las puertas de tu cuerpo y sellando tus labios con el sello de la desencarnación, tomará de imprevisto tu alma. Bendecirás, el haber proseguido luchando.

Y si consideras que las probaciones que hoy te visitan, aparentemente son mayores que tus fuerzas, recuerda a Jesús, el Ángel del Amor Crucificado que en el Gólgota, aún sufriendo pudo seguir luchando, cuando atendiendo la súplica del ladrón infeliz, lo esperanzó con la oportunidad de entrar en el paraíso.

Y guarda la certeza de que, si prosigues luchando ya estás en el  paraíso desde hoy mismo.

                                                                        Joanna de Angelis, espíritu.


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                  ESPÍRITUS  ERRANTES                                                         


Cuando hablamos de Espíritus errantes, nos referimos a los  Seres desencarnados a la espera de su reencarnación, y existen en todos los mundos que ya han alcanzado un nivel evolutivo primario, de expiaciones y pruebas y hasta de regeneración, que existen en todo el espacio  sideral  que se inter-penetra con las diversas capas vibratorias envolventes  del planeta Tierra o de otros mundos semejantes, en donde se agrupan en ciudades astrales,( de creación mental), en mundos no materiales, semejantes a las del planeta sobre el que se encuentran;  Estos mundos son  más o menos bellas según la perfección de sus habitantes, que suelen estar acordes con grado evolutivo del planeta físico inmediato, con el que hay un contínuo devenir de almas en ambos sentidos, en un permanente proceso de encarnación y des-encarnación,   Y así, con los nacimientos y muertes sucesivas en nuestro planeta, u otros mundos semejantes (no olvidar que el Universo es infinito),  van  pasando sucesivamente  de un plano al otro, en un proceso de intercambio contínuo a través  de la reencarnación . 

Los Espíritus desencarnados que integran el área de influencia del planeta, ocupan el espacio que les corresponde  inter-penetrando la atmósfera física y psíquica planetaria.   en la que ,poseyendo cuerpos semi-materiales de menor densidad que en el plano físico, se distribuyen en función de la atracción gravitacional del mundo físico, que tiende a atraerlos hacia su corteza planetaria. 

Los Espíritus que revisten cuerpos menos densos, o sea, que están más adelantados,  se distribuyen en las regiones más alejadas de nuestro mundo, en donde el campo gravitacional terrestre ejerce menos influencia sobre  sus cuerpos espirituales. Por el contrario, los que tienen cuerpos  espirituales  más densos y pesados, viven  más cercanos a la corteza planetaria, en donde la  gravedad  les afecta y  los mantiene como prisioneros dentro de paredes invisibles que les impiden elevarse a otras  regiones mejores y más elevadas. 

Después del proceso de turbación que sigue a la muerte, los Espíritus vuelven a la erraticidad  desde donde habían salido antes para afrontar una existencia en la materia, y en la que permanecen  un periodo de tiempo que varía en cada caso, pero que en general, suele ser más largo que el periodo durante el  que permanecen encarnados. Este periodo de espera, viene a ser semejante al periodo de espera de multitud de pasajeros en una estación de ferrocarril; todos esperan su tren pero solo abandonan la estación cuando suben al tren que les corresponde. 

Una vez pasada la fase de la muerte siendo seres humanos, muchos  permanecen temporalmente  en un estado de pérdida, desorientación e inseguridad, por no tener conciencia clara de lo que les sucede. Finalmente se ubican transitoriamente  alrededor de  los mundos físicos, en grupos según diversos grados evolutivos, siempre guiados y ayudados por otros Espíritus superiores que cumplen esa función de guías, y esos mundos del plano espiritual en donde quedan temporalmente ubicados,  les sirven como estaciones de reposo o "salas de espera". Estos mundos  que ocupan transitoriamente  y en los que se encuentran multitud de ciudades espirituales como lugares de residencia, semejantes a las ciudades de la Tierra, muy bien organizados y dirigidos por un Espíritu Superior y en los que hay un extenso equipo de Espíritus trabajadores y colaboradores, en una actividad contínua al servicio de los “ que van llegando”. Estos mundos son semi-materiales, y forman un grado mas o menos  intermedio  entre los mundos espirituales y los mundos físicos  y en cuanto a grado de belleza, luminosidad y perfección, son conformes con la naturaleza de los Espíritus que   por afinidad moral viven y se agrupan en ellos  para  gozar de mayor o menor bienestar mientras planifican y esperan su próxima oportunidad re-encarnatoria. 

 La situación de esta clase de mundos es transitoria y  muchas veces se trata de planetas  habitados  simultáneamente  por seres corpóreos e incorpóreos; otras veces  su superficie es estéril para la vida de los seres orgánicos, pero no para ellos, y esta esterilidad  física  de carácter transitorio  se puede entender porque los Seres espirituales que los habitan de nada  material precisan; esto  no supone que tales mundos carezcan de bellezas naturales, pues estas se traducen en las bellezas creadas por las mentes o formaciones de ideoplastia de estos Espíritus, no menos admirables que las bellezas de nuestra Naturaleza  terrestre, siendo de señalar que  en nuestro sistema planetario no existen  mundos de este género, aunque la Tierra  ya formó en el pasado  parte de esos mundos durante su formación planetaria 

    La erraticidad tanto si es en los mundos espirituales que rodean la atmósfera terrestre, como si es en mundos físicos  de superficie estéril e inhabitables para el ser humano, siempre suponen  una estación de reposo temporal para los Espíritus, en donde se preparan  para una nueva reencarnación.  Por eso, a los Espíritus errantes también se les podría definir en pocas palabras,  como  Espíritus desencarnados que permanecen a la espera de una oportunidad para reencarnar.  

    Allan Kardec, el Codificador del Espiritismo, afirmó que errantes son todos los Espíritus desencarnados en general,  durante el intervalo de sus existencias corporales, y sigue diciendo:

    La erraticidad no es en absoluto señal de inferioridad de los Espíritus. Hay Espíritus errantes de todas clases, salvo los de primer  orden o Espíritus Puros, que no teniendo que reencarnar más para perfeccionarse, no pueden ser considerados errantes. Los Espíritus errantes son felices o infelices, según sea su grado de purificación, y ese estado comprende la vida material del cuerpo que vestía, percibiendo sus existencias anteriores y sus errores que los apartan de la perfección y de la felicidad infinita. Es entonces cuando escogen  nuevas pruebas para progresar más rápido. 

     Los Espíritus que habitan esos mundos en tan diversos grados, pueden abandonarlos a voluntad  para ir donde precisen, siempre y cuando no sea en mundos más elevados que el que habitan y que les corresponde. En los mundos que pueblan, ellos  también  progresan  reuniéndose con el objeto de instruirse y así poder merecer  más fácilmente permiso desde los Planos Superiores para acudir a mejores lugares y  adquirir la preparación necesaria antes de una nueva reencarnación. La Ley de Afinidad  rige esta cuestión, pues los Espíritus afines se buscan y  se reúnen.

         León Denis define a los  espíritus errantes como ni buenos ni malos, pero sí débiles e inclinados a las cosas de la Tierra”y continúa diciendo  en su obra “Después de la muerte”: Todas las regiones del universo están llenas de multitudes de almas que se agitan entre la Luz y la oscuridad, permaneciendo en una actividad constante. Otras se agolpan junto a los globos  planetarios  y los siguen en sus revoluciones, turbas y revueltas que  influyen sin saberlo en los elementos atmosféricos. “El universo entero evoluciona como los mundos, los espíritus prosiguen  su eterna carrera arrastrados hacia un estado superior y entregados a ocupaciones diversas”.

        A los Espíritus errantes  a veces se les confunde con los del  “Bajo Astral”, que son los que por su inferioridad moral, permanecen en las zonas más  oscuras de los planos inferiores que se mezclan en nuestro plano físico e incluso por debajo del mismo. Sin embargo la diferencia  entre ambos conceptos es que el  espíritu errante puede estar  ubicado  en  cualquiera de los planos espirituales que rodean cada mundo según su nivel de evolución,  mientras  que el llamado "Bajo Astral" es el  habitado por Seres malignos y sufridores, encontrándose exclusivamente  en las zonas  inferiores de los planos espirituales, descritos como  tenebrosos, pantanosos y fríos, llenos de llanto y horror.

- José Luis Martín-

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                                 DESCONTENTO

Divaldo Franco:

Vivimos, sin duda, un período profundamente perturbador desde muchos de los aspectos que consideremos, especialmente en las áreas de la economía y del comportamiento.

Las dificultades están presentes tanto en los países ricos como en los países en desarrollo, en los cuales las criaturas sienten el aturdimiento de la hora trascendente que padecen. No obstante, son muchos los bienes que se encuentran a disposición de la criatura humana, gracias a la evolución de la ciencia y la tecnología.

Enfermedades terribles han hallado tratamientos adecuados, aunque no siempre los pacientes puedan acceder a ellos; recursos de higiene y orientaciones para la salud se multiplican; se amplían a cada instante las facilidades en las comunicaciones y en los transportes, así como otras mil bendiciones.

A pesar de eso, encontramos una multitud de desalentados o descontentos. Para tales individuos, con problemas de comportamiento psicológico, todo está mal, no vale la pena vivir, las personas son hipócritas y malas, hacen ostentación de amarguras y pesimismo. Viven con el ceño fruncido, con un humor pésimo, cuando no se muestran agresivos, insolentes y desagradables. Este es el siglo de las glorias del pensamiento, y de las miserias morales. Pero es lógico, porque en este momento se produce la gran transformación del planeta: de mundo de pruebas y de expiaciones a mundo de regeneración.

Si indagáramos en la Historia, constataríamos que ha habido períodos de grandeza seguidos por otros de decadencia. Conquistas extraordinarias caracterizan una época, dando lugar a situaciones brutales con guerras de genocidio y de odio irracionales.

Nos cabe a todos modificar estos factores lamentables, mediante nuestro cambio moral para mejor, viviendo dentro de las normas de dignidad, de respeto a la vida, a la ciudadanía, a todos y a todo. Vivir con alegría y esperanza, contribuyendo a favor del bien general, es la mejor opción de este momento.

No es necesario que nos convirtamos en personas célebres ni en líderes, como tampoco en autoridades ni en personalidades destacadas en la comunidad: nos bastará con el cumplimiento de los deberes que nos corresponden.

Artículo publicado en el periódico A Tarde, columna Opinión, el 16-07-2015.

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  CONSIDERACIONES SOBRE LA ORACIÓN  EN EL ESPIRITISMO
     Cada cual es libre de considerar las cosas a su manera, y nosotros, que reclamamos esa libertad para nosotros, no podemos rehusársela a los otros. Pero, porque una opinión sea libre, no se infiere que no se pueda discutir, examinar lo sólido y lo débil, sopesar los beneficios o los inconvenientes. 
     Decimos esto a propósito de la negación sobre la utilidad de la oración, que algunas personas quisieran erigir en sistema, para hacer de ello la bandera de una escuela disidente. Esta opinión puede resumirse así: 
     «Dios establece leyes eternas a las cuales todos los seres están sometidos; no podemos pedirle nada, y no tenemos que agradecerle ningún favor especial, luego es inútil orarle. 
     El destino de los Espíritus está trazado, es pues inútil orar por ellos. No pueden cambiar el orden inmutable de las cosas, luego es inútil rogarles. 
     El Espiritismo es una ciencia puramente filosófica; no solamente no es una religión, sino que no debe tener ningún carácter religioso. Toda oración dicha en las reuniones tiende a mantener las supersticiones y la beatería».
      La cuestión de la oración ha sido discutida durante bastante tiempo para que no sea inútil repetir lo que se sabe sobre el asunto. Si el Espiritismo proclama su utilidad, no es por conveniencia, sino porque la observación ha permitido constatar su eficacia y resultados. Desde que, mediante las leyes de los fluidos, comprendemos el potencial del pensamiento, comprendemos también el de la oración, que es en sí misma un pensamiento dirigido hacia una meta determinada. 
     Para algunas personas, la palabra oración sólo despierta una idea de petición; es un grave error. Con respecto a la Divinidad es un acto de adoración, de humildad y de sumisión a lo que no puede uno oponerse sin despreciar el poder y la bondad del Creador. Negar la oración a Dios, es reconocer a Dios como un hecho, pero es rechazar rendirle homenaje; es otra rebeldía del orgullo humano. Con respecto a los Espíritus, que no son otros que las almas de nuestros hermanos, la oración es una identificación de pensamientos, un testimonio de simpatía; rechazarla, es rechazar el recuerdo de los seres que nos son queridos, ya que ese recuerdo simpático y benevolente es por sí mismo una oración. Se sabe por otra parte que aquellos que sufren la reclaman con insistencia como un alivio a sus sufrimientos; si la piden, es pues porque tienen necesidad de ello; el negársela, es negar el vaso de agua al desdichado que tiene sed. 
     Además de la acción puramente moral, el Espiritismo nos muestra, en la oración, un efecto por así decir material, resultante de la transmisión de fluidos. Su eficacia, en ciertas enfermedades, es constatada por la experiencia, así como es demostrada por la teoría. Rechazar la oración es pues privarse de un potente auxiliar para el alivio de los males corporales. 
     Veamos ahora cuál sería el resultado de esa doctrina, y si tiene alguna probabilidad de prevalecer. 
     Todos los pueblos oran, desde los salvajes hasta los hombres civilizados; son llevados a ello por instinto, y es lo que los distingue de los animales. Sin duda oran de manera más o menos racional, pero en definitiva oran. Los que, por ignorancia o presunción, no practican la oración, son, en el mundo, una ínfima minoría. La oración es pues una necesidad universal, independiente de sectas y nacionalidades. Tras la oración, si se está débil, se siente uno más fuerte; si se está triste, uno se siente consolado; quitar la oración, es privar al hombre de su más potente sostén moral en la adversidad. Mediante la oración eleva su alma, entra en comunión con Dios, se identifica con el mundo espiritual, se desmaterializa, condición esencial de su futura felicidad; sin la oración, sus pensamientos se quedan a ras de tierra, se adhieren cada vez más a las cosas materiales; de ahí un retraso en su progreso. 
     Poniendo en tela de juicio un dogma, sólo se pone uno en oposición con la secta que lo profesa; denegando la eficacia de la oración, se hiere el sentimiento íntimo de la casi unanimidad de los hombres. El Espiritismo debe las numerosas simpatías que despierta a las aspiraciones del corazón, y en las cuales las consolaciones que se hallan en las oraciones son en gran parte responsables. Una secta que se fundase sobre la negación de la oración se privaría del principal elemento de éxito, la simpatía general, porque en vez de calentar el alma, la helaría; en vez de elevarla, la abatiría. Si el Espiritismo debe ganar en influencia, es aumentando la suma de las satisfacciones morales que procura. Que todos los que quieren a cualquier precio novedades en el Espiritismo, para unir su nombre a una bandera, se esfuercen en dar más que él; pero no es dando menos que lo suplantarán. El árbol despojado de sus sabrosos y nutritivos frutos será siempre menos atrayente que aquel engalanado con ellos. Es en virtud del mismo principio que siempre hemos dicho a los adversarios del Espiritismo: La única manera de destruirlo es ofreciendo algo mejor, más consolador, que explique más y satisfaga aún más. Es lo que nadie ha hecho todavía. Se puede considerar pues el rechazo de la oración, por parte de algunos creyentes en las manifestaciones espiritistas, como una opinión aislada que puede reunir algunas individualidades, pero que no reunirá nunca a la mayoría. Sería erróneamente que se imputaría esa doctrina al Espiritismo, ya que él enseña positivamente lo contrario.
      En las reuniones espiritistas, la oración predispone al recogimiento, a la circunspección, condición indispensable, como se sabe, para las comunicaciones serias. ¿Se quiere decir con ello que hay que transformarlas en asambleas religiosas? De ninguna manera; el sentimiento religioso no es sinónimo de religionario; se debe aún evitar lo que podría dar a las reuniones ese último carácter. Es con ese fin que hemos constantemente desaprobado en esas reuniones los rezos y los símbolos litúrgicos de cualquier culto. No hay que olvidar que el Espiritismo debe tender al acercamiento de las diversas confesiones; no es raro ver hoy en día en esas reuniones fraternizar a representantes de diferentes cultos, es por eso que ninguno debe arrogarse la supremacía. Que cada uno ore en su íntimo como prefiera, es un derecho de conciencia; pero en una asamblea fundada sobre el principio de la caridad, debe uno de abstenerse de todo lo que podría herir susceptibilidades y tender a mantener un antagonismo que, por el contrario, debemos esforzarnos por hacer desaparecer. Oraciones especiales del Espiritismo no constituyen en absoluto un culto diferenciado, desde el instante en que no son impuestas y que cada cual es libre de decir las que le convienen, pero tienen la ventaja de servir para todo el mundo y de no herir a nadie. 
     El mismo principio de tolerancia y respeto para las convicciones ajenas, nos hace decir que toda persona razonable que circunstancialmente visita un templo, cuyos cultos y creencias no comparte, debe abstenerse de todo signo externo que pudiese escandalizar a los asistentes; que debe, si es necesario, participar de los usos formales que no comprometen en nada su consciencia. Que Dios sea adorado en un templo de manera más o menos lógica no es motivo para herir a aquellos que encuentran esa manera buena. 
     El Espiritismo dando al hombre una cierta suma de satisfacciones y probando cierto número de verdades, hemos dicho que sólo podría ser reemplazado por algo que diese más y probase mejor que él. Veamos si ello es posible. Lo que hace la principal autoridad de la doctrina es que no hay uno solo de sus principios que sea el producto de una idea preconcebida o de una opinión personal; todos, sin excepción, son el resultado de la observación de los hechos. Es únicamente por los hechos que el Espiritismo ha llegado a conocer la situación y las atribuciones de los Espíritus, así como las leyes, o mejor dicho, una parte de las leyes que rigen las relaciones con el mundo invisible; esto es un punto capital. Continuando apoyándonos en la observación, hacemos filosofía experimental y no especulativa. Para combatir las teorías del Espiritismo, no basta pues decir que son falsas: habría que oponerle hechos sobre los cuales sería impotente en dar la solución. Y aún en ese caso se pondrá a nivel, porque sería contrario a su esencia el obstinarse en una idea falsa, y que siempre se esforzará en rellenar las lagunas que puede presentar, no teniendo la pretensión de haber llegado al apogeo de la verdad absoluta. Esa manera de ver el Espiritismo no es nueva; se puede ver siempre formulada en nuestras obras. Desde el momento en que el Espiritismo no se declara ni estacionario ni inmutable, se asimilará todas las verdades que sean demostradas, de cualquier parte que vengan, ya sea de las de sus antagonistas, y no se quedará nunca rezagado del progreso real. Asimilará esas verdades, decimos, pero solamente cuando sean demostradas claramente, y no porque le plazca a alguno el dar por tales, o sus deseos personales o los productos de su imaginación. Una vez ese punto establecido, el Espiritismo sólo podría perder si se dejase distanciar por una doctrina que diese más que él; no tiene nada que temer de aquellas que diesen menos y suprimiesen lo que hace su fuerza y su principal atractivo. 
     Si el Espiritismo aún no lo ha dicho todo, hay sin embargo una cierta suma de verdades adquiridas en la observación y que constituyen la opinión de la inmensa mayoría de los adeptos; y si esas verdades han adquirido hoy el estado de artículos de fe, para servirnos de una expresión empleada irónicamente por algunos, no es ni por nosotros, ni por nadie, ni así mismo por nuestros Espíritus instructores que han sido así expuestas y aún menos impuestas, sino por la adhesión de todo el mundo, cada cual pudiendo constatarlas. Si pues una secta se formase en oposición con las ideas consagradas por la experiencia y admitidas en general como principio, no sabría conquistar las simpatías de la mayoría, cuyas convicciones heriría. Su efímera existencia se extinguiría con su fundador, quizás antes, o por lo menos con los pocos adeptos que hubiese podido reunir. Supongamos el Espiritismo dividido en diez, veinte sectas, la que tendrá la supremacía y la máxima vitalidad será naturalmente la que dé la más grande suma de satisfacciones morales, que rellenará el mayor número de vacíos del alma, que estará fundamentada sobre las pruebas más positivas, y que se mostrará como la mejor para la unificación de la opinión general. 
     Así pues el Espiritismo, tomando como punto de partida de todos sus principios la observación de los hechos, no puede ser tumbado por una teoría; manteniéndose constantemente al nivel de las ideas progresistas, no podrá ser superado; apoyándose en el sentimiento de la mayoría, satisface las aspiraciones del mayor número; fundado sobre esas bases, es imperecedero, ya que ahí reside su fuerza. 
     Ahí reside también la causa del fracaso de las tentativas hechas para impedir su avance; en cuanto al Espiritismo, hay ideas profundamente antipáticas a la opinión general y que ésta rechaza instintivamente; construir sobre esas ideas, como punto de apoyo, un edificio o cualquier esperanza, es agarrarse torpemente a ramas quebradizas; esto es a lo que son reducidos los que, no pudiendo derribar por la fuerza al Espiritismo, intentan derribarlo desde dentro. 
Allan Kardec-  (Traducido por Javier Rodríguez)
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