lunes, 24 de octubre de 2011

El trasplante de órganos


EL TRANSPLANTE DE ORGANOS ES VALIOSA OPORTUNIDAD PARA EL EJERCICIO DEL AMOR

¿Cuándo se puede precisar que una persona está, realmente, muerta? Para la Sociedad Americana de Neurorradiologí a, es a través de la muerte cerebral, esto es, “cuando constatado el estado irreversible de cese de todas las funciones del cerebro y los nervios (como resultado de edema y la destrucción masiva de tejido cerebral) a pesar de la actividad cardiopulmonar pueda ser mantenida a través de avanzados sistemas de soporte vital y mecanismo de ventilación”. (1) La muerte cerebral significa la des vitalidad  del cerebro, incluyendo tronco encefálico que desempeña  funciones cruciales como el control de la respiración.  Cuando eso ocurre, la parada cardiaca es inevitable. Aunque, todavía, haya ritmo cardiaco, la persona con muerte cerebral no puede respirar sin los aparatos  y el corazón no latirá por más de algunas horas. Por eso, la muerte encefálica ya caracteriza la muerte del individuo. La medicina,   en el mundo entero, tiene como cierto que la muerte encefálica, incluida la muerte del tronco cerebral, solo tendrá constatación a través de dos exámenes  neurológicos, con intervalo de seis horas,    y un complemento. Así, cuando fuera constatada la cesación irreversible de la función neural, ese paciente estará muerto, para la unanimidad de la literatura médico. (2)                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 
Recientemente, un hombre, cuyo corazón estaba parado hacia más de una hora y cuyos órganos los médicos estaban preparándose  para recoger, a fin de utilizar en trasplantes, despertó en la mesa de cirugía, o sea, había en el “señales de vida”, a rigor, un enunciado, equivalente para determinar la ausencia de señales clínicas de muerte. “Los participantes del equipo de cirujanos  presentes enfatizaron que, si las recomendaciones oficiales que están en vigor en el momento se había seguido a la carta, el paciente probablemente habría sido considerado como muerto. "(3)
Los Espíritus afirmaron a Kardec que el desligamiento  del cuerpo físico es un proceso altamente  especializado y que pude demorar minutos, horas, días, meses. (4) El hecho, obviamente, demuestra que la frontera entre la vida y la muerte suscita una rigurosa reflexión de los profesionales de la medicina (especialmente, entre especialistas en reanimación y de las autoridades que rigen la bioética), y los obliga, algunas veces, a preguntar sobre cuales criterios objetivos permiten definir el momento exacto en el que un paciente, que fue sometido a los intentos de reanimación, pueden empezar a ser considerado como un potencial donante de órganos. La situación representa una ilustración pujante  de cuestiones que persisten, sin resolver, al menos en el ámbito de la medicina de reanimación, las modalidades de intervención y los criterios que permitan determinar el fracaso de un esfuerzo de reanimación.
A pesar de la controversia sobre la muerte cerebral, en la vigencia de la cual los órganos o partes del cuerpo humano son removidos para la utilización inmediata en enfermos de ellos necesitados (trasplantes) , es menester considerar que estar en estar en la muerte cerebral es permanecer en una condición de parada definitiva e irreversible del encéfalo, incompatible con la vida  y de la cual nadie, se recupera nunca. Habiendo muerte cerebral, verificada  por exámenes convencionales y, también, apoyada en recursos de moderna tecnología sólo los dispositivos pueden mantener una vida vegetativa, a veces indefinidamente. “Es en ese estado en el que se verifica la posibilidad del donador de órganos, “morir” a través de la ortotanasia y, solo entonces, sus órganos ser aprovechados – ya que los órganos sin irrigación sanguínea no sirven para trasplantes.
¿La eutanasia? evidentemente que caracterizar el hecho como tal carece de argumentación científica (…) para condenar el trasplante de órganos. La eutanasia de ninguna forma  se encajaría en esos casos de muerte encefálica comprobada.” (5) La donación de órganos es un procedimiento médicos  moderno que no es, específicamente, mencionado en los textos evangélicos. Algunas personas se oponen a ese avance de la medicina, simplemente, porque es  “nuevo” y “diferente” más ese argumento no sirve de base correcta para juzgar la cuestión. El Creador dio, al hombre, la capacidad de pensar  y la habilidad de inventar  y nunca condenó el progreso tecnológico en si. Imaginemos lo siguiente: ¿Si la donación de propio brazo derecho o del riñón derecho salvara la vida del propio hijo, qué padre amoroso rehusaría donarlo? Por tanto, la donación es un acto de bondad y amor que beneficia, también, un receptor desconocido. El órgano que ya no sirve más para la persona muerta puede permitir a una joven madre cuidar de sus propios hijos, o a una criatura llegar a la edad adulta. “Si la misericordia divina nos confiere una organización física sana, es justo y valido, después de nosotros habernos servido de ese patrimonio, ofrecerlo gracias a las conquistas valiosas de la ciencia y de la tecnología, a los que sufren carencia a fin de poder continuar la jornada.” (6
La temática “donación de órganos y trasplantes” es bastante coetánea en el escenario terrenal. Sobre el asunto, tal vez, porque las informaciones instructivas de los Benefactores Espirituales no son abundantes, existe el recelo a lo desconocido que paira  en la imaginación de muchos hombres. Es el motivo por el cual algunos espiritas se reúsan a autorizar, en vida, la donación de sus propios órganos cuando desencarne.
Sin embargo, es interesante introducirnos el  siguiente pensamiento: si hoy somos donantes, mañana, podremos ser ( o nuestros familiares y amigos) receptores de los órganos. “Para la mayoría de las personas, la cuestión de la donación es tan remota y distante como la muerte. ¡Más, para quien está esperando un órgano para trasplante, ella significa la única posibilidad de vida! Juana de Angelis, sabiendo de esa importancia, resalta “(…) Verdadera bendición, el trasplante de órganos  que concede oportunidad de  proseguimiento de la existencia física, en la condición de moratoria, a través de la cual el Espíritu continua el periplo orgánico. Al final, la vida en el cuerpo es el medio para la plenitud – que es la vida en si misma, actuante y real”(7)
En una entrevista, a la TV Tupi, en agosto de 1964, publicada en la Revista Espirita Allan Kardec, en el año X, Nº 38, en  la cual Francisco Cándido Xavier comenta que el “trasplante de órganos , en la opinión de los Espíritus sabios, es un problema de la ciencia  muy legitimo, muy natural y debe ser llevado adelante.” Los Espíritus, según el, “no acreditan que el trasplante de órganos sea contrario a las leyes naturales. Pues es muy natural que, al despojarnos  del cuerpo físico, vengamos a donar los órganos prestados a compañeros necesitados de ellos, para que puedan utilizarlos con provecho”. (8)
No se puede perder de vista la cuestión del merito individual. ¿“Estaría el destino de los Espíritus desencarnados a merced de la decisión de los hombres en eliminar sus órganos para trasplantes, o hackear a las vísceras en la autopsia?! El buen sentido y la razón señalan que eso no es posible. Porque seria admitir la justicia del acaso y el acaso no existe. “ (9) es más, en síntesis, la donación de órganos para trasplantes no afectará al espíritu donador, excepto si creemos ser injusta la Ley de Dios y estuviéramos en el Planeta a la deriva de Su Voluntad. Recordemos que en los Estatutos del Creador no hay espacio para la injusticia y el trasplante de órganos (conquista de la ciencia  humana) es valiosa oportunidad, de entre tantas otras, colocada a nuestra disposición para el ejercicio del amor.
 - Jorge Hessen -
El periespíritu no es el reflejo del cuerpo físico, sino que, al contrario este último se construye sobre la base del primero, como si se adaptara a un molde que conserva la forma humana y cuyos rasgos peculiares se identifican con la apariencia mostrada por cada persona, en su última encarnación.
- Jon Aizpúrua-

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domingo, 23 de octubre de 2011

El principiante espírita



Por dos meses, estas ideas consumieron mi tiempo. De ellas no quería ocuparme. Las ponía de lado y, tal cual boomerang, ellas retornaban, en una intermitencia, cuyo retorno siempre volvía. Sabia que podía alejarlas, mas tenía la certeza de ser algo apenas momentáneo, su retorno era cuestión de tiempo, inevitable.
Al fin me rindo, son más fuertes que yo.
El ítem a seguir, de "El principiante Espírita" de Kardec, trae elementos para reflexión que, creo yo, que el propio Kardec no se dio cuenta. Tanto es que él dejó en esta obra, en lugar de transferirla para "El Libro de los Espíritus", obra a la que dio más valor, al lado de la "Revista Espírita" su laboratorio diario.
Los Espíritus se hallan en todas partes, a nuestro lado, codeándose con nosotros, observando incesantemente. Por su constante presencia en nuestro medio son agentes de varios fenómenos, representan papel importante en el mundo moral y, hasta cierto punto, en el mundo físico. Constituyen, si así podemos decir, una de las fuerzas de la Naturaleza.  
Cuando Kardec afirmó ser los espíritus "una de las fuerzas de la naturaleza", me parece que él no se incluyó entre esas fuerzas; no incluyendo, por consiguiente, a todos nosotros. Tanto es que uso el pronombre oculto ellos, en el verbo constituir. Hizo un aparte entre nosotros y los espíritus, como si nosotros  no lo fuésemos. Tal vez por una cuestión hasta didáctica. Más así lo hizo, lo que nos permite el descubrimiento del texto.
Es importante reflexionemos nosotros, ahora; que somos una de las fuerzas de la naturaleza. Esto echa por tierra las concepciones de desvalorizació n del hombre, de los encarnados. Somos, si espíritus. Somos, si encarnados. Y por encima de todo, somos una de las fuerzas de la naturaleza, copartícipes en el proceso global de las Leyes Naturales.
Esta noción deberá tener, y tendrá por cierto, fuerte impacto en el psiquismo, y en la estructura vivencial de todos nosotros, si fuéremos suficientemente capaces de aquilatar su amplitud y profundidad.
       Si Erich Fromm está en lo cierto, al afirmar la existencia en el hombre, de una nostalgia en cuanto a su "estado de naturaleza", más cierto aún está Kardec  devolviendo a este  su verdadero estado natural, en cuanto integrante de un proceso. Un proceso armónico, donde su importancia se evidencia en la medida en que más participante sea.

En ese aspecto, y tal vez en muchos otros, Kardec fue más lúcido que Fromm. Más lógico también, pues ninguno se puede apartar de algo integrante de su esencia. Somos naturaleza. Siendo de la naturaleza una de las fuerzas, y parte de ella como un árbol, las nubes, los pájaros.
 Me gustó mucho una secuencia del filme "Giordano Bruno"[1][1]  de 1973, que transcribo en esta página
Somos naturaleza, guardadas las debidas proporciones del patamar de racionalidad conquistado por nosotros en nuestra trayectoria. Somos carbono, y somos agua, somos todos portadores de funciones fisiológicas, sistemas digestivos y excretores, como los animales.
Físicamente semejantes, más con una brutal distinción: somos dotados de sentido ético; somos dotados de sentido de justicia; nuestra razón sirve de directriz de conducta, en la toma de decisión; además de eso, nuestra sensibilidad es capaz de permitirnos alzar vuelos que ni Fernão Capelo Gaivota jamás alcanzó.
Somos hechos para la más plena felicidad, y toda la productividad que esa felicidad engendrará.
*Paulo Cesar Fernandes, formación: Periodista y  Administrador de Empresas. Frecuenta el C.E.Allan Kardec, Santos/SP.
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
"Ser el cambio que se desea ver en el mundo".
Mahatma Gandhi



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sábado, 22 de octubre de 2011

Reflexiones de Emmanuel


Emmanuel

Variaciones del reposo


El reposo para el rehacimiento de las propias fuerzas es remedio saludable.
El descanso no necesario es convite para la tentación.
La ociosidad es un agente de las sombras, conduciendo a las criaturas por los senderos del tedio y de la  perturbación.

Rescates

Cuando encuentres algún compañero en pruebas, no digas simplemente: "Es el Carma que se cumple. Quien debe precisa pagar.
Si las leyes del Señor te conducen hasta alguien que sufre y se te ofrece la ocasión de rescatar anticipadamente los propios débitos de existencias pasadas, por el Cambio del Bien Eterno.
Para eso, en el Banco de la Providencia Divina, tenemos siempre abierta en nuestro favor, la Bolsa de la Caridad.

La solicitud del Señor
El hombre que se decía infeliz, después de haber implorado el socorro de los Cielos,encontró en sueños, al Mensajero del Señor,que le habló generosamente:
- El Eterno Benefactor se enterneció con tus lágrimas y te escuchó las peticiones. En respuesta, saca el coraje a fin de que puedas recibir el Apoyo Divino... Antes de que el emisario terminase,el hombre casi humillado  preguntó: ¿Coraje?. ¿ Acaso no tengo ya demostrada la ausencia de miedo en mi vida?.
- Sí, todo eso es para considerar, pero lo que el Señor te pide es el coraje de cumplir con tu propio deber.

Auxiliemos siempre
Por que te dices tantas veces que eres incapaz de ayudar?
En verdad, inmenso es el mar de las necesidades humanas.
Sin embargo, mucho mayor es la fuente de la Providencia Divina,uien junto a la cual todos podemos dar algo en favor de alguien.
Ese da oro, el otro pan, aquel un regalo y aquel otro la enseñanza. Si tus obstáculos por ahora, son tantos que no dispones de minutos a fin de dedicarlos en beneficio de alguien, pueden aún distribuir simpatía y paz, coraje y esperanza.
Para eso, no escondas tu sonrisa.

Nosotros  lo elegimos
Pensamiento es vida.
Vida es creación.
Creación viene de deseo.
Deseo es simiente.
Simiente plantada en el terreno de la acción, trae el fruto que le corresponde.
Toda simiente produce.
Nosotros las elegimos

Cabe al tiempo
No te quejes. Trabaja.
No te irrites.Silencia.
No pares. Sigue adelante.
No discutas. Demuestra.
No condenes. Ampara.
No critiques. Bendice.
Habla auxiliando para el bien.
Sirve sin reclamar. No te pierdas en palabras vacías.
Cabe al tiempo esclarecerlo todo en nombre de Dios.

Nuestro problema
En cuanto que cultivamos melindres y resentimientos; en cuanto que no podemos aceptar los propios adversarios en la condición de hijos de Dios y hermanos nuestros, tan dignos de amparo como nosotros mismos; en cuanto negamos el servicio fraterno a los que no nos estiman; en cuanto nos irritamos inutilmente, la felicidad para nosotros es imposible.


Cogerás siempre
Reparte con el prójimo cualquier recurso que retengas.
Enseña lo que sabes sin la pretensión de conocer más que los otros.
Auxilia con lo que tienes.
Da de corazón el bien que hagas.
De todo lo que siembres, efectivamente cogerás.

Recursos materiales
En el dominio de las posibilidades materiales, las lecciones son diversas.
Lo que guardas, tal vez te deje.
Lo que desperdicias, con certeza te acusa.
Lo que prestas te pone a prueba.
En verdad, solo te pertenece aquello que das.

Con paciencia
Provocaciones  te buscarán.
Las Dificultades te agitan.
Todo parece noche alrededor de tus pasos.
No te detengas, en tanto, a fin de medir las sombras.
Prosigue trabajando y no te apartes de la paciencia.
Por nada te desesperes.
Da tiempo a Dios para que Dios te encienda nueva luz.

Textos psicografiados por Francisco Cándido Xavier, del Libro de Respuestas.

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viernes, 21 de octubre de 2011

Tal vez hoy....

Andre Luiz





Tal vez hoy:     
    Surgirá quien procure dictar lo que usted necesita hacer, entretanto, aunque agradeciendo las loables intenciones de quien le ofrece puntos de vista, oiga, ante todo, a su propia conciencia en cuanto al deber que le corresponde;  es posible que aparezca algún corazón amigo imponiéndole cuadros de pesimismo y perturbación respecto a las dificultades del mundo ; sin embargo, compadeciéndose de esa criatura que se entrega al derrotismo y al desánimo, usted observará la renovación hacia el bien que la Sabiduría Divina promueve en todas partes;  es probable que esa o aquella persona quiera imponerle ideas de cansancio y dolencias; pero, a pesar de su gratitud hacia  los que le deseen bienestar, usted proseguirá trabajando y sirviendo al alcance de sus fuerzas:

    Posiblemente, noticias menos agradables vengan a suscitarle inquietudes y a trazarle problemas ; con todo, usted conservará la propia paz y no se desligará de sus oraciones y pensamientos de optimismo y esperanza.

     Tal vez hoy todo parezca contra usted, pero usted proseguirá comprendiendo y actuando  en apoyo al bien, guardando la certeza de que Dios está con nosotros y de que mañana será otro día .
Por el Espiritu André Luiz.


El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal. Es a la vez, una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica consiste en las relaciones que se pueden establecer con los espíritus, como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.
ALLAN KARDEC



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jueves, 20 de octubre de 2011

BUENA NUEVA



INTRODUCCIÓN
“Numerosas escuelas se multiplican para los espíritus desencarnados y, ahora que yo soy un humilde discípulo de estos planteles educativos del Maestro Jesús, reconocí que los planos espirituales también tienen su folklore… De los millares de episodios de este folklore del cielo sobre la vida y obra de Jesús, conseguí reunir treinta y traer al conocimiento del generoso lector que me concede su atención…
Ahora, para consolidar la curiosidad de los que me leen con el sabor de la crítica, tan a gusto de nuestro tiempo, justificando la substancia real de las narraciones de este libro, citaré al apóstol Marcos cuando dice: “Y sin parábolas nunca les hablaba, pero todo declaraba en particular a sus discípulos” (4; 34); y, el apóstol Juan cuando afirma: “Pero, hay muchas otras cosas que Jesús hizo y que, si cada una de por sí fuese escrita, creo que ni aún todo el mundo podría contener los libros que se escribiesen” (21; 25)…
Pedro Leopoldo, noviembre 9 de 1940 - HUMBERTO DE CAMPOS” (Escritor brasileño fallecido).

BUENA NUEVA

Los historiadores del Imperio Romano siempre observaron con pasmo los profundos contrastes de la gloriosa época del Emperador Augusto.
Caio Julio César Octavio llegara al poder, no obstante el esplendor de su notable ascendencia, por una serie de felices acontecimientos. Las más altas mentalidades de la antigua República no creían en su triunfo. Aliándose contra la usurpación de Antonio, con los propios conjurados que habían practicado el asesinato de su padre adoptivo, sus pretensiones fueron siempre contrariadas por sombrías perspectivas. Entretanto, sus primeras victorias comenzaron con la institución del triunvirato y, enseguida, los desastres de Antonio en el Oriente le abrieron inesperados caminos.
Como si el mundo presintiese una bendita renovación  de valores en el tiempo, en breve todas las legiones se entregan sin resistencia al hijo del soberano asesinado. Una nueva era comenzara con el joven enérgico y magnánimo. El gran imperio del mundo, influenciado por un conjunto de extrañas fuerzas, descansaba en una onda de armonía y de júbilo, después de guerras seculares y tenebrosas.
Por todas partes se levantaban templos y monumentos preciosos. El himno de una paz duradera comenzaba en Roma para terminar en la más remota de sus provincias, acompañado de manifestaciones amplias de alegría por parte de la plebe anónima y sufridora. Las ciudades de los Césares se poblaban de artistas, de espíritus nobles y realizadores. En todo lugar permanecía la sagrada emoción de seguridad, mientras el organismo de las leyes se renovaba, distribuyendo los bienes de la educación y la justicia.
Sin embargo, el inolvidable emperador era débil y enfermo. Los cronistas de la época se refieren por más de una vez, a las manchas que cubrían su epidermis, transformándose de vez en cuando en erupciones dolorosas. Octavio nunca fue dueño de una salud completa. Sus piernas permanecían siempre enrolladas con vendas y su caja torácica convenientemente resguardada contra golpes de aire que le causaban refriados frecuentes. Con insistencia se quejaba de jaquecas que se seguían de depresiones singulares.
No solamente en este particular padecía el emperador de las extremas vicisitudes de la vida humana. Él, que era el regenerador de las costumbres, el restaurador de las tradiciones más puras de la familia, el mayor reorganizador del Imperio, fue obligado a humillar sus más hondos y delicados sentimientos de padre y de soberano, firmando un decreto de destierro de su hija única, exiliándola en la isla de Pandataria, por causa de su vida de condenables escándalos en la Corte, siendo más tarde obligado a tomar las mismas providencias en relación a su nieta. Notó que la amada compañera de sus días se envolvía en la intimidad doméstica en continuas cuestiones de envenenamientos de sus más directos descendientes, experimentando él, así, en la familia, la más angustiosa ansiedad del corazón.
A pesar de todo, su nombre fue dado al ilustre siglo que lo viera nacer. Sus numerosos años de gobierno se identificaron por inolvidables iniciativas. El alma colectiva del Imperio nunca había sentido tan grande impresión de estabilidad y alegría. El glorioso paisaje de Roma jamás reunió tan gran número de inteligencias. Es en esa época que surge Virgilio, Horacio, Ovidio, Salustio, Tito Livio y Mecenas, como favoritos de los dioses.
En todas partes se esculpían soberbios mármoles, brillaban suntuosos jardines, se erigían palacios y santuarios, se protegía a la inteligencia, se creaban leyes de armonía y justicia, en un océano de paz inigualable. Los carros del triunfo olvidaban por algún tiempo las palmas de sangre y la sonrisa de la diosa Victoria no se abría más para los movimientos de destrucción y muerte.
El propio Emperador, muchas veces, presidiendo las grandes fiestas populares, con el corazón tomado de angustia por los sinsabores de su vida íntima, se sorprendió al ser testigo de el júbilo y la tranquilidad general de su pueblo y, sin conseguir explicar el misterio de aquella onda interminable de armonía, llorando de emoción cuando de lo alto de su dorada tribuna escuchaba la famosa composición de Horacio donde se destacaban estos versos de belleza inmortal: ¡Oh Sol fecundo, que con tu carro brillante abre y cierras el día! ¡Que surges siempre nuevo y siempre igual! ¡Que nunca puedas ver algo mayor que Roma!
Es que los historiadores aún no percibieran en la llamada época de Augusto, el siglo del Evangelio o de la Buena Nueva. Se olvidaron de que el noble Octavio también era hombre y no consiguieron saber que en su reinado la esfera de Cristo se aproximaba a la tierra en una profunda vibración de amor y de belleza. Se acercaban a Roma y al mundo no más espíritus belicosos como Alejandro o Aníbal, sino otros que se servirían de los andrajos de pescadores para servir de base indestructible a las enseñanzas eternas del Cordero. Se sumergían en los fluidos del planeta los que prepararían la venida del Señor y los que se transformarían en seguidores inmortales y humildes de sus divinos pasos.
Es por esta razón que el ascendiente místico de la era de Augusto se traducía en la paz y en el júbilo del pueblo, que instintivamente se sentía en el límite de una transformación celestial. Iba a llegar a la Tierra el Sublime Emisario. Su lección de verdad y luz se extendería al mundo entero como lluvia de bendiciones magníficas y consoladoras. La humanidad vivía el siglo de la Buena Nueva. Era la “fiesta de compromiso” a que Jesús se refería en su enseñanza inmortal.
Después de esa fiesta de los corazones, como ruta indestructible para la concordia de los hombres, quedaría el Evangelio como el libro más vivaz y más hermoso del mundo constituyendo el mensaje permanente del cielo, entre las criaturas en tránsito por la Tierra, el mapa de las benditas altitudes espirituales, el guía del camino, el manual del amor, del coraje y de la perenne alegría.
Y, para que esas características se conservasen entre los hombres como expresión de su sabia voluntad, Jesús recomendó a sus apóstoles que iniciasen su glorioso testamento con los himnos y los perfumes de de la Naturaleza, bajo la maravillosa claridad de una estrella que guiaría a reyes y a pastores al rústico establo donde se entonaban las primeras notas de su cántico de amor, terminándolo con la luminosa visión de la Humanidad futura en posesión de las bendiciones de redención. Es por este motivo que el Evangelio de Jesús, siendo libro de amor y alegría, comienza con la descripción de la gloriosa noche de Navidad y termina con la profunda visión de Jerusalén libertada, prevista por Juan en sus divinas profecías del Apocalipsis.

Tomado del libro “BUENA NUEVA” de FRANCISCO CÁNDIDO XAVIER (Médium Espírita) y HUMBERTO DE CAMPOS (Espíritu Desencarnado).
Elaborado por: GILGARAL


"Para quien no cree, ninguna explicación es posible.
Para quien cree, ninguna explicación es necesaria." .
(Padre Donizetti)



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miércoles, 19 de octubre de 2011

Temor a los espíritus





  De los tormentos humanos el temor es uno de los más antiguos, la estructura del miedo que trastorna a las multitudes. Hijo de la ignorancia, se apoya en la inseguridad que, gradualmente, le da nutrientes perfectos para su infelicidad, indefinidamente. Aunque el miedo esté presente en todos los campos de la actividad humana, es muy expresivo cuando se refiere a los seres que ya se desalojaron del cuerpo carnal. El miedo de los muertos, o de los Espíritus, llega a las rayas de la desesperación o de la locura, sin que los portadores de esa anomalía perciban la necesidad de cambios o se animen a imponerse el debido control.

En el circuito de la creencia espiritual, surge lo que se ha convenido en llamar de lugares asombrados, porque en ellos los Espíritus aparecen, impresionando las mentes de un gran número de personas, que son las que más padecen con el miedo, del cual no consiguen liberarse.

Urge que raciocine el individuo, verificando que los encarnados son la minoría en el mundo, donde los desencarnados viven en multiplicada ventaja. El número de Espíritus libres del cuerpo, que vibran en la psicosfera planetaria, es casi cinco veces mayor, indicando que el número de seres invisibles del Más Allá, es casi el quíntuplo de los que están en curso en el cuerpo biológico. ¿Por qué, entonces, el miedo si donde quiera que esté el hombre, estará en contactos conscientes o no con una verdadera multitud de desencarnados?

Las dimensiones del mundo invisible interpenetran las del mundo material, como el agua en la esponja, influenciándose recíprocamente, una vez que los seres que están en el cuerpo denso han venido del campo diáfano y los que en ese se hallan, dentro de algún tiempo en las brumas terrestres estarán.

¿Quiénes son, pues, los Espíritus, si no los hombres sin el cuerpo denso de materia grosera? ¿Quiénes son los hombres, si no los Espíritus vestidos con la escafandra de carne, de la cual se despegarán dentro de mayor o de menor tiempo?

Miedo, ¿por qué? En la vasta Casa del Padre, todos somos hermanos, necesitando unos de otros para que todos logremos la palma de ventura que hemos de alcanzar cuando superemos las limitaciones infelices que aún nos caracterizan el íntimo.La superstición ha contribuido con su cuota de barbaridades para la manutención del miedo. La irreflexión ha dado su oferta para la explotación de lo misterioso, que no es más que aquello que se encuentra en la sombra de lo desconocido para cada ser.


El Espiritismo, que es la doctrina de lucidez y de la libertad real, ofrece su valiosa contribución para el esclarecimiento de todo, sacando los individuos de las zanjas del pavor injustificado. Abre tu mente con estudios serios sobre aquello que desconozcas y que te haga falta en la elucidación. Ilumina tu entendimiento con la luz de maduras meditaciones, a fin de que tu conocimiento en las cuestiones del alma no se pierda en las superficialidades que generan inseguridad. Déjate penetrar por la alegría de participar de la innumerable prole del Creador, heredero de las inmensurables riquezas que vibran en todo el Cosmos.

Aleja de tu camino todo lo que rezume superstición, pues el verdadero espiritista que es a su turno el verdadero cristiano, sabe que Jesús es el Señor de los Espíritus, como lo nombraron sus compañeros, por la autoridad moral de que se revestía, por la grandiosidad de su vida, una vez que se mantenía en permanente estado de comunión con el Padre. Comulga tú también con la verdad que liberta y aléjate de las callejuelas atolondrantes del miedo, aprendiendo a identificarte con todos los Espíritus que, como tu tú mismo, marchan para el Gran Mañana propia redención en el seno de Dios. Tú eres también Espíritu. Vive de esa realidad y deja que la vida perenne que aflora en ti, exteriorice las bendiciones de coraje y entendimiento para los que siguen contigo hacia la paz del futuro.

"Hay, en fin, los espiritistas exaltados. La especie humana sería perfecta si sólo tomara siempre la parte buena de las cosas. En todo, la exageración es dañosa; en Espiritismo ella da una confianza demasiado ciega y a menudo pueril en las cosas del mundo invisible y hace aceptar muy fácilmente y sin control lo que la reflexión y el examen demostrarán absurdo e imposible, pero el entusiasmo no reflexiona, ofusca. Esta especie de adeptos es más dañosa que útil a la causa del Espiritismo; éstos son los menos indicados para convencer, porque se desconfía con razón de su criterio." 


(El Libro de los Médiums, P parte, cap. i, ítem 28, párrafo 49). Corriente de luz, J. Raúl Teixeira, Por el espíritu Camilo. .


Cuando las pruebas y dificultades te parezcan aumentadas, ten paciencia y optimismo, trabajando y sirviendo, con la seguridad de que Dios hace siempre lo mejor. André Luiz


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martes, 18 de octubre de 2011

Libertad, Igualdad y Fraternidad


Libertad. Igualdad y Fraternidad; he aquí tres palabras que constituyen por sí solas el programa de todo un orden social que realizaría el progreso más absoluto de la humanidad, si los principios que las mismas representan pudieran recibir entera  aplicación. Pero veamos los obstáculos que en el  estado actual de la sociedad se oponen a  ello y busquemos el remedio en vista del mal.

La palabra Fraternidad, en su rigurosa  acepción, resume todos los deberes del hombre respecto sus semejantes. Fraternidad es lo mismo que decir desinterés, abnegación, tolerancia e indulgencia; es, en una palabra, la caridad evangélica en toda su pureza y la aplicación de la máxima "amar a los demás del mismo modo que quisiéramos ser amados". El egoísmo, es el opuesto de la fraternidad, pues al paso que esta dice " uno para todos y todos para uno", el primero dice simplemente "cada uno para sí". Por lo expresado se ve que esas dos cualidades son la absoluta negación la una de la otra; de modo que tan imposible es al egoísta obrar fraternalmente con los demás hombres, como a un avaro ser generoso, y a un hombre de pequeña talla alcanzar la de un hombre alto, y mientras el egoísmo siga siendo la plaga dominante de la sociedad, el reinado de la verdadera fraternidad será imposible porque cada uno querrá la fraternidad para sí y no para hacer partícipes de sus beneficios a sus semejantes y si acaso lo hace, será después de haberse asegurado que aquel acto ha de redundar en provecho propio.

  Considerada la fraternidad bajo el punto de vista de su importancia para la realización del bienestar social, se ve que es la base de este, porque, sin ella, no podrían existir formalmente ni la libertad, ni la igualdad que brota de la fraternidad, como la libertad es consecuencia de la fraternidad y la igualdad juntas.

  En efecto, si suponemos una sociedad de hombres bastante desinteresados y bondadosos para vivir fraternalmente, entre ellos no habrá privilegios ni derechos excepcionales, pues de otro modo no existiría la verdadera fraternidad. Tratar a su semejante de hermano, es tratarle de igual a igual; es darle cuanto uno mismo desea para sí, y en un pueblo de hermanos, la igualdad será la consecuencia de su modo de obrar en relación natural de sus sentimientos y se establecerá por la fuerza de las circunstancias. Pero aquí nos encontramos con el orgullo, otra de las plagas de la sociedad, mientras no se le destruya del todo, será un obstáculo para el reinado de la verdadera igualdad.

  Hemos dicho que la libertad es hija de la fraternidad y de la igualdad, pero debe entenderse que aquí hablamos de la libertad legal y no de la libertad natural que de derecho es imprescriptible para toda criatura humana, desde el salvaje hasta el hombre civilizado. Viviendo los hombres como hermanos, con idénticos derechos y animados de un sentimiento de benevolencia mutuo, practicarán entre ellos la justicia y no tratarán de causarse daño ni perjuicio alguno, y no teniendo por tanto, absolutamente nada que temer unos de otros, la libertad estará asegurada, porque ninguno tratará de abusar de ella en perjuicio de sus semejantes. Pero como no es posible que ni el egoísmo ni el orgullo, deseosos de ejercer su dominio eternamente consienten en   la entronización de la libertad que los destruiría, se sigue de aquí que los enemigos de la libertad son a su vez el egoísmo y el orgullo, así como ya hemos demostrado que lo son también de la igualdad y la fraternidad.

  La libertad supone la confianza mutua, y esta no puede haberla entre indivíduos  movidos por el sentimiento exclusivista de la personalidad que quieren ver satisfechos sus deseos a costa de sus semejantes, lo cual motiva que unos indivíduos estén recelosos constantemente de los otros. Temerosos siempre de perder lo que ellos llaman sus  derechos, hace que su existencia se consagre a la dominación y este es el motivo por el que esos tales pondrán constantemente trabas  a la libertad e impedirán su reinado mientras puedan.

  Esos tres principios son pues, solidarios unos de otros, y se apoyan entre sí de suerte que sin su reunión, el edificio social sería incompleto. La fraternidad practicada en toda su pureza ha de ir acompañada de la igualdad y la libertad, porque de otro modo ya no sería verdadera fraternidad. La libertad sin la fraternidad es la rienda suelta a todas las malas pasiones, es la anarquía y la licencia; al paso que con la fraternidad, es el órden, porque el hombre no puede hacer mal uso de su libertad. Sin la fraternidad, el hombre hace uso de la libertad solamente para toda clase de bajezas y esto explica por qué las naciones más libres se ven obligadas a fijar límites a la libertad. Practicar la igualdad sin la fraternidad, conduce a idénticos resultados, porque la igualdad quiere la libertad, y además ofrece el  inconveniente de que con el pretexto de la igualdad, el proletario quiere sustituir al poderoso que llama su tirano, sin reparar que él se constituye tirano a su vez.

  Pero ¿se sigue de esto que sea preciso mantener a los hombres en estado de servidumbre, hasta que comprendan el sentido de la verdadera fraternidad y que puedan vivir al amparo de instituciones fundadas sobre los principios de igualdad y libertad?.Sostener semejante opinión, mas que un error, sería un absurdo. Nunca se espera que un niño llegue a su mayor desarrollo para enseñarle a andar. Pero vemos que los hombres son los que más a menudo ejercen su tutela sobre los demás.¿ son por ventura, los que teniendo ideas grandes y generosas, se guían solo por el amor al progreso y aprovechan la sumisión de los demás para desarrollar en ellos el sentimiento de lo justo y  llevarlos paso a paso a la condición de hombres libres?. Desgraciadamente no, porque por lo regular, esos tales son déspotas celosos de su poderío, a quienes conviene mantener en la ignorancia a los demás hombres, de los que se sirven como instrumentos más inteligentes que los animales para satisfacer su ambición y desenfrenadas pasiones. Pero este estado de cosas cambia por sí mismo y por la violencia irresistible del progreso; y la reacción es tanto más terrible cuanto el sentimiento de la fraternidad, imprudentemente anulado, no puede interponer su influencia moderadora entre los desheredados y los poderosos que luchan, unos para adquirir, otros para  retener, naciendo así un conflicto que dura a veces largos siglos. Llega por fin a establecerse un equilibrio ficticio, algo que se ha logrado, pero se conoce que siempre los cimientos de la sociedad no son sólidos; el suelo tiembla y es porque no se establecido todavía el reinado de la libertad y la igualdad bajo la égida de la fraternidad, y si esto no se ha logrado, acháquese  la falta al orgullo y al egoísmo, que oponen siempre una valla insuperable a los esfuerzos de los hombres de buena voluntad.

  Aquellos que sueñan con esta edad de oro para la humanidad, deben  ante todo asegurar la base del edificio por medio de la fraternidad en su más pura aceptación; pero no crean que basta decretarla o escribir esa palabra en una bandera; es menester que esté en el corazón y ya se sabe que el corazón del hombre  no se cambia con decretos. De la misma manera que para que un campo produzca, es preciso librarle antes de las piedras y zarzales, trabajen sin darse punto de reposo, en extirpar el maldito virus del orgullo y del egoismo, porque en ellos está el verdadero obstáculo que se opone al reinado del bien. Bórrense de las leyes y de las instituciones,de las religiones y de la educación, los últimos restos de la barbarie y los privilegios; destrúyanse por completo todas las causas que dan vida y desarrollo a estos eternos obstáculos del verdadero progreso y que por así decirlo,se aspiran por todos los poros,en la atmósfera social, y entonces todos los hombres comprenderán los deberes y beneficios que consigo lleva la fraternidad y se establecerán por sí solos la libertad y la igualdad sin violencia y sin peligro de ninguna especie.

¿Es posible la destrucción del orgullo y del egoísmo?. Nosotros decimos rotundamente que sí,porque de lo contrario sería preciso señalar un término a la humanidad. Que el hombre crece en inteligencia es un hecho indiscutible.¿Ha llegado ya al punto culminante que no se puede traspasar?. Sostener esa tesis sería un absurdo.¿Progresa en moralidad?.Basta para toda respuesta, comparar todas las épocas de una nación.¿Por qué pues habría llegado antes al límite del progreso moral que al del intelectual?. La aspiración del hombre hacia un orden de cosas mejor que el actual, es un indicio cierto de la posibilidad de llegar a él. A los hombres amantes del progreso, toca pues, el activar ese movimiento por el estudio y la práctica delos medios que se crean más eficaces.
- ALLAN KARDEC-

Cada día que amanece es como una página en blanco, donde grabamos nuestros pensamientos, acciones y actitudes. En esencia, cada día es la preparación de nuestro propio futuro ( Chico Xavier)

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