INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Obsesión y Mediumnidad
2,. Tergiversación de las Escrituras
3.- Por la Paz; por la Justicia.
4.- Reciclando la maledicencia
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OBSESIÓN Y MEDIUMNIDAD
♦La obsesión, como ya lo hemos dicho, es uno de los más grandes escollos de la mediumnidad.
243. Se conoce la obsesión con los caracteres siguientes:
1.º Persistencia de un Espíritu en comunicarse contra la voluntad del médium, por la escritura, el oído, la typtología, etc., oponiéndose a que otros Espíritus puedan hacerlo.
2.º Ilusión, que no obstante la inteligencia del médium, le impide reconocer la falsedad y la ridiculez de las comunicaciones que recibe.
3.º Creencia en la infalibilidad y en la identidad absoluta de los Espíritus que se comunican y que, bajo nombres respetables y venerados, dicen cosas falsas o absurdas.
4.º Confianza del médium en los elogios que hacen de él los Espíritus que se le comunican.
5.º Propensión a separarse de las personas que pueden darle avisos útiles.
6.º Tomar a mal la crítica con respecto a las comunicaciones que reciben.
7.º Necesidad incesante e inoportuna de escribir.
8.º Sujeción física dominando la voluntad de cualquiera y forzándole a obrar o a hablar a pesar suyo.
9.º Ruidos y trastornos de cosas persistentes a su alrededor y de los que se es la causa o el objeto.
EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS -Allan Kardec
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TERGIVERSACIÓN DE LAS ESCRITURAS
Por otra parte, como ya hemos dicho, para entender el Origen del Universo, hay que tener una idea de “Dios”. Es por ello que nos estamos refiriendo a las supuestas “Escrituras Sagradas” para poder entender el galimatías que han hecho ( y siguen haciendo), las religiones Judía y el Cristianismo-católico .
- Germán Bravo- ( Adaptación de José Luis Martín)
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POR LA PAZ; POR LA JUSTICIA
¡Qué bueno es amar! Me dicen los Espíritus que si aún permanezco en la Tierra, a pesar de mi avanzada edad, mis continuas dolencias y mi lucha incesante para poder vivir bajo techado y alimentar mi cuerpo enfermizo, es porque tengo que escribir mucho todavía para consolar y complacer a todos aquellos que me dirijan preguntas, en las cuales yo comprenda que tienen sed de verdad los que me piden consejos y luz espiritual. Hace algunos días que me escribió una señora espiritista, diciéndome lo siguiente:
“Querida Amalia: por un acto inhumano, muy vulgar por desgracia en nuestra humanidad, han colocado en mis manos a un niño recién nacido, al cual estoy criando con biberón. Lo dejaron a la puerta de mi casa en un día de los más fríos del pasado invierno. Emocionada por tan trascendental hallazgo, no me he cuidado de averiguar nada de lo que espiritualmente se relaciona con él. Más tranquila y reflexionando sobre el caso, me inducen a que te pregunte, por si tuvieras la bondad de investigarlo, por qué ¡le amo tanto!…
“Cuando me creí sola e infecunda, viene este ser con sus sonrisas a iluminar mi hogar y a cerrar con sus besos las hondas heridas de mi corazón, heridas producidas por los rudos golpes de la vida. Ha venido tan a tiempo este niño a pedirme mis cuidados y mi amor, que quisiera que uno de los destellos del padre Germán me orientara, sin que sea mi ánimo saciar pueril curiosidad, sino el buen propósito de redoblar más mi amor hacia este ser por el cual estoy dispuesta a sacrificarme hasta conseguir criarlo e instruirle en los consoladores principios que a ti y a mí nos alientan y nos sostienen en la ruda batalla de la vida.
“¿Este niño es Espíritu de prueba? Si lo es, bienvenido sea, así venga a purificar con ello su Espíritu y el mío. “¿Viene a cumplir algún encargo de la Ley Suprema? Bendito sea Dios que me concede esta gracia, y si estamos unidos por anteriores existencias, y la simpatía lo ha traído hasta mi regazo, yo seré su madre más solícita, puesto que en mi corazón sentía la imperiosa necesidad de exteriorizar los puros y maternales sentimientos de los cuales están poseídas todas las mujeres, exceptuando algunas infelices a las que hay que compadecer. “La madre que ha separado de su lado a este niño, privándole de su maternal calor, me inspira una profunda compasión y respeto los secretos que le hayan obligado tal vez a desprenderse de su hijo. “Espero la tuya con ansia y te lo repito, no es la curiosidad la que me guía, es que a mí me parece que este niño es mío, mío, sí; ¡lo quiero tanto!…”
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Como es natural, me interesó vivamente el contenido de la carta anterior, y en cuanto tuve ocasión oportuna pregunté a un Espíritu sobre dicho asunto, obteniendo la siguiente comunicación:
“Veo que continuamente te dirigen preguntas sobre asuntos interesantes, y tú, con la mejor voluntad, nos preguntas a nosotros, estableciéndose así la comunicación directa entre los vivos y los muertos, relaciones que han existido de toda eternidad, pero que ahora se han vulgarizado gracias al progreso realizado en todas las clases sociales, que han hecho perder su preponderancia a los iniciados en los misterios divinos, descendiendo de su alto pedestal los grandes sacerdotes que guardaban en sus templos las revelaciones de los Espíritus, los que siempre se han comunicado con los terrenales, porque es precisa esa relación directa entre los que os creéis vivos y los que llamáis muertos.
“No es aún la comunicación ultraterrena la que será el transcurso de los siglos; es aún muy defectuosa, por tener que hacerse varias transmisiones, porque a veces el Espíritu comunicante transmite la comunicación de le da otro Espíritu, y al repetirla al médium éste da cuenta de lo que le dicen y ya es la tercera transmisión, pero algo es algo: todo lo grande empieza por la unión de los átomos, como sucede con los mundos. De igual manera la comunicación entre los habitantes de la Tierra y los moradores del Espacio ha tenido su comienzo con manifestaciones de escasa importancia (al parecer), con golpes, movimientos de objetos, ruidos extraños, luces movibles, que han tenido necesariamente que llamar la atención de los más indiferentes, haciendo pensar a los hombres sensatos que han tenido que fijarse en aquellos fenómenos y decir: la nada, nada produce.
Estos ruidos, estos golpes, estos focos luminosos que brotan en diversos puntos, son efectos de alguna causa, y de una causa inteligente; y han preguntado, han indagado, han inquirido, hasta obtener lo que ya tenéis: conversaciones sostenidas con Espíritus; muy interesantes, muy instructivas algunas de ellas, por más que los medios de que ahora disponéis son muy imperfectos, muy deficientes, pero ya llegará la época en que no se necesiten mediadores entre vosotros y nosotros; cada cual hablará con sus deudos, con sus discípulos directamente. ¿Cómo? ¿De qué manera? ¿Hablando? ¿Escribiendo? ¿Apareciendo con la última envoltura que usó en la Tierra? Los detalles son lo de menos, el hecho positivo es de lo que menos nos debemos ocupar; pero, mientras llega esa época dichosa de la comunicación directa, preciso es que os conforméis con las transmisiones actuales.
Decía uno de vuestros célebres escritores que una obra traducida le parecía un papiro de Flandes vuelto al revés. Esto puede aplicarse a la mayor parte de las comunicaciones que recibís de ultratumba, pero todo necesita su trabajo y su tiempo para ser apreciado en su justo valor. Sigue por lo tanto preguntando a los Espíritus el porqué de muchos acontecimientos que os sorprenden y despiertan vuestro más vivo interés, y presta consuelo a muchos que lloran en la oscuridad.
“Una mujer que soñaba con ser madre te pregunta si el niño que dejaron a la puerta de su casa ha sido alguna vez algo suyo; puedes decirle que sí: que ha sido carne de su carne y hueso de sus huesos. En la última encarnación, en la que perteneció a la nobleza, engañada y seducida por un magnate que no le podía dar su nombre porque ya se lo había dado a otra mujer, al comprender ella que iba a ser madre, confió el secreto de su deshonra a su hermano mayor, y éste, compadecido de su infortunio, la llevó lejos de su patria, y en un lugarejo escondido entre montañas asistió a su alumbramiento, y cogiendo al recién nacido lo hizo llevar a un asilo benéfico, lo arrojó al montón de los niños sin nombre, y la joven madre, por más que le pidió de rodillas que le devolviera su hijo, aunque la dejase abandonada en medio de la calle, rogó inútilmente. Volvió a su palacio con el corazón hecho trizas; no podía ver a un niño pequeñito sin que fuera acometida de horribles convulsiones, y todo el tiempo que permaneció en la Tierra lloró por su hijo y murió llamándole.
Cuando en el Espacio se dio cuenta que vivía, encontró a su hijo perdido y olvidó con sus caricias todo cuanto había sufrido, prometiéndole ser su guía, y que en premio de su constante recuerdo tendría más tarde en sus brazos al niño perdido, quien en cumplimiento de su expiación llevaba ya muchas encarnaciones siendo arrojado del seno materno; tenía que ser amado por caridad, por compasión; no era digno, por sus hechos pasados, de reposar tranquilo en los brazos de una madre amorosa. Por eso en su actual existencia lo dejaron abandonado, sin recomendación alguna, pero como era acreedora de ser madre la que en su encarnación anterior no pudo serlo más que en el tiempo de su gestación, hoy le entregaron a su hijo de ayer, para que su alma pueda gozar de las inefables delicias maternales. Merece ser madre, por eso ha recobrado a su hijo, porque durante muchos años le llamó en su sueño y en sus horas de vigilia, y en memoria suya vistió a muchos huérfanos y amparó a innumerables desvalidos; que recoja la cosecha de su siembra de ayer; que ame a ese huerfanito, que para que le ame, le guíe y le eduque y le instruya se lo han entregado; que goce en su buena hora, que amparar a los huérfanos es la acción más meritoria y que más puede engrandecer al Espíritu.
“Adiós”.
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¡Qué historia conmovedora y tan interesante! Contenta quedará la mujer generosa que ha recogido en sus brazos al pequeño náufrago, que en el mar de la vida, a merced de las olas, a no ser por ella hubiera muerto ante las rocas de la caridad oficial, que almacena niños, como decía Eusebio Blasco, para dejarlos morir de hambre. ¡Dichosas las almas buenas que saben amar!
Extraído del libro “Hechos que prueban”
Amalia Domingo Soler
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RECICLANDO LA MALEDICENCIA

La inmensa mayoría de los hombres, no está en condiciones de medir su valor por sí mismo. Necesita medir su propio valor por la falta de valor en otros(....) Quien tiene bastante luz propia no necesita apagar o disminuir las luces de los otros para poder brillar.
Uno de los mecanismos de la maledicencia es que cuanto más veo como otro está equivocado, como el otro es imperfecto, como el otro es condenable, mejor me parezco en comparación con él.
La maledicencia es la forma que encontramos de sentirnos mejores moralmente, sin evolucionar efectivamente, disminuyendo el brillo del otro. Se trata de una ilusión, como si estuviésemos en una competición para elegir quien es mejor, quien es más evolucionado, quien es dueño de la verdad. La maledicencia, en el fondo muestra en cuanto nos sentimos amenazados, porque quien precisa rebajar, en verdad se siente disminuido, inseguro, inferior, aunque no perciba ni reconozca eso.
Cuando estamos en paz, buscando verdaderamente nuestra transformación personal, no precisamos rebajar a nadie. Cuando estamos comprometidos con el bien, conectados con Dios, no precisamos sentirnos mejores que nadie. Por eso, la maledicencia es la evidencia de dificultades morales más profundas.
¿ Cuales serán los factores emocionales relacionados con el comportamiento y con el pensamiento malediciente?
Inseguridad- En la relación con las personas es que nuestra inseguridad se manifiesta por medio de ese sentimiento, por no conseguir lidiar con él, maldecimos.
El primer acto educativo en la construcción del valor personal, es diluir la ilusión de inferioridad. Buscar las raices del desamor que usamos con nosotros. El Creador nos ama como somos.
A partir de ahora, cuando la inseguridad lo lleve a maldecir, no alimente más este sentimiento de inferioridad.
Lástima.- La rabia es una fuerte y temporal reacción emocional ante la sensación de ser amenazado de alguna manera.(....) El resentimiento es una sensación de dolor o rabia crónica que persiste después de terminada la situación que causó la rabia.
Identificar nuestras lástimas es fundamental para evitar el comportamiento malediciente. El maldecir es la forma más común de venganza. Con la lástima, la maledicencia cumple su papel de, más allá de rebajar al ofensor del pasado, reforzar también nuestra condición de víctima para quien nos escucha.
Envidia es el otro extremo opuesto de la admiración. En vez e esforzarnos para crecer o progresar, denigramos a los otros para compensar nuestra indolencia y ociosidad.
En la inseguridad percibimos el valor ajeno y nos sentimos inferiores. En la envidia, el deseo es de destruir lo que otro posee o tomar de él sus conquistas. La evidia guardando el deseo secreto de ver en el otro el perjuicio, perdiendo lo que conquistó.....
Intolerancia- En la intolerancia no soportamos la diferencia de la que otro es portador y, así, por maldecirlo o por otras actitudes agresivas, procuramos excluirlo de nuestra convivencia.
La maledicencia que se da por la intolerancia es un síntoma, una señal de alerta para que busquemos las raices de nuestra rigidez de pensamiento, nuestro límite de aceptación del prójimo y de nosotros mismos.
Arrogancia.- Podemos "actuar en el proceso" de formación y/o progreso de las criaturas, nunca "forzar el proceso" o criticar su progreso.
En la arrogancia actuamos como " sabelo todo", "perfectos", "incuestionables" y autorizados a dar un parecer sobre las elecciones y conductas del prójimo. En la arrogancia reside nuestro juez implacable de vida ajena......¿ Donde queda la mirada espiritual?
Culpa.- La culpa es una falta de respeto por lo divino. La culpa es un sentimiento que surge cuando estamos en desacuerdo con una norma interna o externa. El mal estar que la culpa genera, puede ser benéfico cuando nos impulsa al arrepentimiento.... Usted ya pasó por la experiencia de tener envidia y la culpa como parte de su comportamiento malediciente?
Juzgamiento.- Juzgar es criticar de manera apresurada a una persona o situación, tendiendo siempre a encontrar " los acertados y los equivocados", "los buenos y los malos"....
Algunas personas pueden tener en la maledicencia la expresión del vicio del juzgamiento, o sea, la crítica se volvió algo que es parte intrínseca de su comunicación. En ese sentido, se trata de algo tóxico y nocivo tamto para la propia persona que maldice como para el grupo en que convive.
En el juzgaminto, cuando escuchamos algo sobre alguien, ya emitimos una opinión cerrada, basada en nuestras creencias, preconceptos, valores, pensamientos y tendencias.
¿ Usted ya fue precipitado en algún juzgamiento y acabó siendo malediciente con alguien?
El autoconocimiento nos ayuda a no hacer de la percepción del error o del mal ajeno, el justificante para rebajar a alguien.
Para transformar la palabra para el bien decir, no adelanta apenas abstenerse del mal, sino buscar principalmente la educación emocional.
Recuerde que estar dispuesto a escuchar presupone que usted trae consigo la ética y el sigilo de lo que el otro viene a compartir con usted. De nada adelanta crear un lazo de confianza oyendo y destruyendo ese lazo, divulgando informaciones que son de intimidad de la otra persona.
Libro: Reciclando la Maledicencia – Bianca Ganuza
Traducción: Jose Luis Martín
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