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Período infantil:
( reencarnación ).
La turbación no cesa en el instante del nacimiento, por el contrario
persiste por algún tiempo.
En los años siguientes de crecimiento del bebé, en el período de la
infancia, el espíritu conserva esa turbación, que se va disipando despacio
a lo largo del desarrollo del niño.
El infante, en sus primeros años, debe adquirir capacidades motoras, de
inteligencia, interactuar con el medio material para poder más adelante
tomar decisiones en su vida de adulto. La función de la turbación en esa
fase infantil es permitir un nuevo aprendizaje.
En esa época, que puede durar más o menos siete años (como debemos saber,
ese tiempo es relativo conforme al desarrollo de cada uno), el niño es
susceptible a la influencia de los padres o tutores. Su personalidad es muy
maleable, pudiendo absorber muchos conocimientos en varios aspectos, porque
es más propicio a la asimilación de los principios educativos, donde las
nociones morales vividas junto al ejemplo de los deberes de la vida
deberían ser enseñadas en el seno donde vive.
Es inmensa la responsabilidad de los progenitores o tutores en ese momento.
Es de fundamental importancia que los padres sean conscientes de sus
deberes y obligaciones para con el hijo, porque el niño absorberá lo que le
enseñen, siendo un deber importantísimo de los padres o tutores la correcta
educación moral e intelectual del niño, esforzándose para hacer del pequeño
un individuo de bien, con valores morales. Si los padres fallan, por no dar
al niño las enseñanzas morales correctas, tendrán que responder a eso y
sufrirán en el mundo espiritual las caídas del hijo, sintiéndose responsables.
La infancia es también una época de descanso para el espíritu y en ella el
niño debe ir asumiendo poco a poco sus facultades inherentes, debe ir
asimilando las condiciones físicas y mentales para desarrollar su
encarnación con éxito.
En ese momento infantil, las decisiones tomadas por un niño son
proporcionales a sus necesidades básicas y sus sueños son pueriles. Él va
adquiriendo paulatinamente el control de su libre albedrío, cuando empieza
a tomar pequeñas decisiones.
Período juvenil:
Cuando llega la edad adolescente, esa edad de rebeldía a la que se refieren
muchos padres, el espíritu se va mostrando tal como es, se transparenta su
verdadero carácter y desvela algunas veces, facetas de su personalidad
escondidas hasta entonces.
Podemos observar que el olvido del pasado no es del todo absoluto en la
encarnación, ya que en ese período se puede ver claramente en las
inclinaciones de cada uno reminiscencias de vidas pasadas, en la manera de
relacionarse con el medio en que se encuentra el espíritu encarnado, así
como en las tendencias en hacer el bien o dejarse llevar por los impulsos
viciosos que la sociedad ofrece.
Período adulto:
En la edad adulta el hombre ya posee todas las herramientas para decidir,
actuar y resolver qué caminos a tomar, qué opciones elegir para sí mismo
con total responsabilidad de sus actos. La ignorancia de su destino y del
motivo de su presencia en la Tierra puede ser atenuante de las faltas que
cometa pero no exime de la culpabilidad de ellas.
Sabiendo, pues, el motivo de la encarnación, elegir una vida sana, de
aprendizaje, de trabajo honesto, aprovechando el tiempo en enriquecerse
moral e intelectualmente, practicando la caridad con uno mismo y con los
demás, debería ser el objetivo prioritario a conseguir.
Es importante, en la fase adulta, direccionar las verdaderas adquisiciones
para construir un futuro para sí mismo mejor teniendo ciencia de que la
vida es transitoria en la Tierra y que el hombre volverá a su estado de
espíritu, tarde o temprano. A pesar de los sentidos humanos percibieren
solamente las impresiones que la materia densa permite, el hombre debe
hacer un esfuerzo decidido en adquirir bienes eternos y perecederos,
aquellos que constituirán su verdadero patrimonio y que serán su legítima
adquisición cuando su cuerpo alcance la decrepitud de sus órganos. Todas
las acciones relevantes tomadas durante la vida tendrán consecuencias
positivas o negativas para el espíritu en su vida póstuma.
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Publicación de Ángeles Calatayud-
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LUZ, MÚSICA Y FLORES
( Comunicado espiritual)

La paz del Señor esté con todos vosotros: Esta
tarde dejaremos vuestros trabajos y daremos paso a otras enseñanzas que
también son muy precisas. Porque si la inteligencia hay que educarla con
sabiduría y constancia, también hay que darle al alma efluvios de amor, ya que
para elevar la inteligencia tiene que anteceder la elevación del alma. Por ello
hoy vamos a tratar de tres temas muy bellos: LUZ, MÚSICA Y FLORES.
La luz ilumina lo más recóndito del alma, saca a
flote los defectos ocultos, desvanece egoístas pretensiones e inducciones
equívocas; la luz es vida, la luz es amor. De ella parte la vida de las vidas,
la belleza de lo bello y el encanto de los encantos. Por algo empieza en la
majestuosa, sublime y principal fuente que es DIOS y termina iluminando la más
débil inteligencia. Es la salud de la enfermedad intelectual; es el foco que da
calorías inmensas a los corazones empedernidos en las bajezas humanas; es el
vehículo conductor de la verdad, sobre ella camina !o espiritual, y como bella
y sublime, todo lo que toca lo embellece y lo sublima. En los muchos millares
de palabras que tiene vuestro rico idioma no existen las adecuadas para poder
expresar su grandeza.
La música son ondulaciones sonoras que animan la
existencia; son vibraciones de los sentimientos del alma. Es la conductora de
los pensamientos poéticos. Es la armonía que unifica la creación. Lo mismo
expansiona el alma que hace asomar lágrimas a los ojos. Entristece y emociona
cuando canta con ella el alma, y cuando se sufre, sus melodías ayudan a sufrir.
Esas bellas cualidades del divino arte se sienten tan íntimamente que cuando os
identificáis con sus armonías y os deleitáis con sus magníficas ejecuciones os
eleváis y quisierais confundiros con esa música celeste que intuís, cuyos ecos
invaden el infinito... Pero, ¡ah, hermanos , según la elevación espiritual así
es la percepción...
Vuestra música ha llegado a imprimir en sus
pentagramas maravillosas composiciones. El cerebro humano tiene intuiciones
magníficas de ese bello arte.
Suponer una música que extasía, suponer un
sonido dulce, armónico y sublime; suponer armonía sobre armonía, belleza sobre
belleza, y todo eso es cero unidad comparado con la música celeste. Las arpas
pulsan notas deliciosas, los ángeles se mecen en las composiciones artísticas
de la creación, las luces inmensas y purísimas que invaden el espacio inspiran
esas armonías... La luz sonríe; la belleza se encanta; lo divino diviniza a lo
Divino y la Sublime Voluntad es la directora de esas armonías deliciosas. Los
ecos se repiten en las eternidades, y si una nota sostenida se aleja, aun
saliendo muy bella, cuanto más anda más se purifica y su sonoridad es más
perfecta. Luego si sale deliciosa termina sublime. Esa Voluntad de que os he
hablado antes recoge las armonías para luego darlas más puras, más bellas, más
deliciosas y más encantadoras... Acumular vuestros conocimientos y suponéosla
mucho más divina de lo que podéis creer.
La flor: belleza de la naturaleza; alfombra que
tapiza los prados en colorido variado y divino; semejanza absoluta a una mujer.
En la vegetación la belleza es la flor. En la humanidad, la belleza es la
mujer... El capullo está cerrado; la niña también. Cuando el sol saluda con sus
rayos fructíferos matinales, la flor se inclina y lo saluda; cuando a la niña
la despierta también el sol, la madre besa su frente como diciéndole: Toma la
vida que a mí me da el sol... Pasan los días; para la niña años... Ya está la
flor fecundada, y al saludarla el sol abre sus hojas y aparece la grandeza de
colores, exhalando un perfume delicioso que sólo la naturaleza sabe dar; la
niña también tiene sus bellos colores en los labios, sus pómulos se sonrojan,
empieza a vivir... Otro día para la flor y años para la niña. La flor está
completamente abierta; la niña empieza a ser mujer... Llega el jardinero y,
usando un perfecto derecho, corta la flor; llega el hombre, y, usando de otro
derecho natural, corta las ilusiones de la mujer... La flor sigue adornando la
naturaleza; la mujer la purifica... La flor empieza a deshojarse; la mujer a
sufrir... La flor, al deshojarse, deja en su centro el cáliz donde está la
semilla de la reproducción; la mujer se ha unido al hombre: empieza a beber el
cáliz del sufrimiento, empieza a germinar la reproducción...
.
Tras de la rosa viene el capullo; tras de la
unión, la reproducción... Otra rosa empieza a nacer de nuevo; la mujer ha
sufrido y perdido su frondosidad y alegría, pero, ¡ah, hermanos!, sabe ser
madre; ha pasado por ese sublime paso que eleva a la mujer a un plano muy
superior... A la vez que sabe ser madre sabe sufrir, a la vez que sabe sufrir
sabe besar; a la vez que sabe besar sabe pedir... Aquel ser es una bendición
del cielo; aquel sufrimiento, una purificación del alma... Por ello, queridos
hermanos, todos los sufrimientos y sacrificios que soportéis en vuestra
existencia, saber que nada se pierde, todo va acumulado a vuestra trayectoria.
Cada sufrimiento, cada sacrificio, supone un peldaño superado en la gran
escalera del progreso o elevación de vuestra alma. por ello, llevar todo con
resignación y acatar con humildad cuanto nos mande el Padre y así estaréis en
las mejores condiciones, cual yo, que no sufrí ese terrible tránsito de la vida
que habla a la vida que siente; de lo material a lo espiritual.
Buenas tardes y que Dios Todopoderoso nos
bendiga a todos. Vuestra hermana Alejandrina.
(Hija del médium.)
Extraído del libro Desde La Otra Vida.
GRUPO ESPIRITA LUZ CIENCIA Y AMOR.
Jaén España.
Manuel Uceda Flores. *****************************************
DIOS Dios está en
nosotros y nosotros estamos en Él.. Dios es el gran foco de vida y de amor, del
cual cada alma es una chispa, o, mejor dicho, un pequeño foco aún oscuro y
velado que contiene en estado embrionario todas las potencias.. A tal punto que
si supiésemos todo lo que hay en nosotros y qué obras grandiosas podemos
realizar, transformaríamos el mundo, nos elevaríamos de un salto en la inmensa
vía del progreso. Para conocernos es
preciso, pues, estudiar a Dios, ya que todo lo que está en Dios, existe en
nosotros en estado de germen. Dios es el Espíritu universal que se expresa y
manifiesta en la Naturaleza, y el hombre, la expresión más alta de la vida. Todos los hombres
deben llegar a esta comprensión de su naturaleza superior, pues la ignorancia
de esta naturaleza y de los recursos que duermen en nosotros es la causa de
todas nuestras pruebas, de nuestros desfallecimientos y caídas. Por eso diremos:
elevémonos por encima de las querellas de escuelas, por sobre las discusiones y
polémicas vanas. Elevémonos lo bastante alto para comprender que no somos más
que un engranaje en la máquina ciega del mundo: somos los hijos de Dios, y como
tales estamos estrechamente ligados a Él y a su obra; destinados a un fin
inmenso, al lado del cual todo lo demás es secundario. ¡Este fin es la entrada
en la santa armonía de los seres y de las cosas, que sólo se realiza en Dios y
por Dios! Elevémonos hasta
allí y sentiremos la fuerza que hay en nosotros; comprenderemos el papel que
estamos obligados a representar en la obra del progreso eterno. Acordémonos de que
somos Chispas Divinas, Espíritus inmortales. Las cosas de la Tierra son para nosotros un medio,
un instrumento de educación, de transformación. Podemos perder aquí todos
nuestros bienes terrenales. ¿Qué importa? Lo que debemos hacer, ante todo, es
engrandecernos, arrancar de sus cadenas groseras a ese Espíritu divino, a ese
dios interior que hay en todo hombre y que es la fuente de su grandeza, de su
futura felicidad. ¡Este es el fin supremo de la vida! En conclusión: Dios
es la grande alma del Universo, el foco de donde emana toda vida, toda luz
moral. Vosotros no podéis existir sin Dios, del mismo modo que la Tierra y
todos los seres que viven en su superficie no pueden tampoco hacerlo sin el
foco solar. Si el Sol se extinguiese de pronto, ¿ qué sucedería? Nuestro planeta
rodaría por los vacíos del espacio llevando seres en su carrera, a nuestra
humanidad, dormida para siempre en su sepulcro de hielo. Todas las cosas
habrían muerto, el globo no sería más que una inmensa necrópolis. Un profundo
silencio reinaría sobre las grandes ciudades adormecidas en su último sueño. Pues bien, ¡Dios es
el sol de las almas! Extinguid la idea de Dios y al momento la noche moral
reinará sobre todo el mundo. Precisamente porque la idea de Dios está falseada,
desnaturalizada por unos, rechazada y desconocida por muchos, es por lo que la
humanidad actual navega en medio de los huracanes, sin piloto, brújula ni guía,
abandonada al desorden, entregada a todas las amarguras.. Engrandecer, elevar
la idea de Dios, depurarla de las escorias en que las religiones y los sistemas
la han envuelto: ¡tal es la tarea del Espiritualismo Moderno! LEON DENIS.
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CUERPO ESPIRITUAL
¿ Que función tiene el Cuerpo Espiritual? Durante los ciclos reencarnatorios en
mundos físicos como el nuestro y aun superiores, durante los estadíos en el
plano espiritual, el espíritu y su cuerpo espiritual representan dos realidades
inseparables que en conjunto forman una
Unidad.. El
Cuerpo Espiritual o Periespíritu, que es un cuerpo de energía densa, semimaterial, mediante su evolución se va
sutilizando y va cambiando gradualmente
de forma o aspecto, de modo que se va perfeccionando progresivamente cada vez más lejos de las toscas formas
materiales y cada vez más cercano a las
formas mas bellas y perfectas del estado de angelitud. Estamos hablando aquí de
algunos miles de años de evolución. Esto es así hasta el punto de que cuando el Espíritu ya
ha superado por completo sus necesidades y ciclos reencarnatorios y ya está en la categoría de los Espíritus
Puros, también llamados Seres de Luz, su realidad espiritual, aun teniendo un
sutil cuerpo espiritual, parece solamente
una Esencia o Pensamiento-Energía de Luz,
cuya evolución hacia la Perfección
prosigue en otros elevados mundos del
plano espiritual y lejos totalmente, de los planos físicos de la
materia. No obstante su forma fluídica en extremo sutil, les sigue acompañando
en esos planos elevados de perfección,
aunque su extremada sutileza
evolutiva les aleja de las formas energéticas
semimateriales del periespíritu,
tal y del modo como
les acompaña en los planos y mundos materiales. Se podría decir que el Periespíritu o
Cuerpo Espiritual, no es de la misma esencia o energía en todas las etapas
evolutivas del Ser espiritual, pues cuanto más elevado o evolucionado es este,
más sutil y lejano de las vibraciones de la materia es el
referido cuerpo espiritual, que cuando aparece en los planos inferiores
procedente de esas elevadas regiones espirituales, y parecen como focos de Luz
radiante, para nosotros indescriptible.
Parece lógico que esto sea así, por
el natural proceso de depuración
evolutiva del Ser Espiritual cuando ya no necesita de un Periespíritu próximo a la materia, como lazo de unión con
los cuerpos físicos, aunque el cuerpo
espiritual siempre le acompaña en distintos grados de sutilidad, porque este
define, delimita y concreta la
existencia y presencia del Espíritu, que
sin su cuerpo espiritual no sería nada más que una energía ilimitada e
inconcreta. |
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