domingo, 26 de abril de 2026

¿ Es racional admitir la existencia de lo Paranormal ?

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- El progreso intelectual y el moral.

2.- El codificador del Espiritismo

3.- Los médiums y sus variedades

4.- ¿ Es racional admitir la existencia de lo Paranormal ?

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EL PROGRESO INTELECTUAL Y EL
 MORAL
      El progreso intelectual llevado a cabo hasta el presente en las más vastas proporciones, constituye un gran paso, y señala una primera fase del adelanto de la humanidad; pero por sí solo no tiene posibilidades de regenerarla.* Mientras el hombre esté dominado por el orgullo y el egoísmo, se servirá de su inteligencia y de sus conocimientos para satisfacer sus pasiones y sus intereses personales; por ese motivo, los aplica al perfeccionamiento de los medios que le sirven para perjudicar a sus semejantes, y para destruirlos.
19. Sólo el progreso moral puede garantizar a los hombres la felicidad sobre la Tierra, porque pone un freno a las pasiones malas; solamente él podrá hacer que reinen entre ellos la concordia, la paz y la fraternidad.
     El progreso moral derribará las barreras que separan a los pueblos, hará que caigan los prejuicios de castas, y acallará los antagonismos entre las sectas, enseñando a los hombres a considerarse hermanos que han sido llamados a auxiliarse mutuamente, en
lugar de vivir los unos a costa de los otros.
    El progreso moral, secundado por el progreso de la inteligencia, unirá a los hombres en una misma creencia, fundada en la verdades eternas, que no admiten controversias y por eso mismo son aceptadas por todos..
      La unidad de creencia será el lazo más fuerte, el fundamento más firme de la fraternidad universal, quebrantado desde siempre por los antagonismos religiosos, que dividen a los pueblos y a las familias, que hacen que los disidentes sean considerados por los otros como enemigos, a quienes se debe evitar, combatir, exterminar, en vez de hermanos a quienes se debe amar.
EL GÉNESIS
ALLAN KARDEC                                    
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EL CODIFICADOR DEL ESPIRITISMO





      Hippolyte Léon Denizard Rivail, más conocido hoy bajo el seudónimo de «Allan Kardec», nació en Lyon, Francia, en 1804. Su padre, un distinguido jurista y juez local, quería darle la mejor educación posible, de modo que a los 10 años lo envió al Instituto Yverdon en Suiza, fundado y dirigido por J.H. Pestalozzi (1746-1827), el hombre que logró revolucionar la educación europea. Convencido de que la intuición es la fuente de todo conocimiento, Pestalozzi estimulaba a sus discípulos para que se desarrollaran como individuos, al tiempo que les sometía a un programa extensísimo que comprendía 10 horas diarias de lecciones sobre todos los aspectos de las artes y de las ciencias. Aquellos que, como Rivail, procedían de familias católicas, recibían también instrucción religiosa. Rivail permaneció seis años en Yverdon y esta estancia influenció profundamente el curso de su vida. Pronto decidió convertirse en profesor, para difundir los trabajos de Pestalozzi en Francia, y abrió su propia escuela en París en 1826. Para entonces ya había publicado el primero de lo que sería un total de 22 libros de texto sobre gramática francesa, matemáticas y reforma educativa. También inició una serie de cursos gratuitos sobre ciencias, que mantuvo durante 10 años. 

Unos Comienzos Modestos 

J.H. Pestalozzi , educador revolucionario influenció profundamente en los primeros años de Rivail, imponiéndole actitudes progresistas. Fue uno de los primeros en animar a los niños para que desarrollaran su personalidad, al tiempo que ampliaba sus mentes con lecciones sobre los temas más diversos. 

   Obligado a cerrar su escuela en 1834 por motivos económicos, Rivail tuvo que trabajar como contable para mantener a su familia, aunque continuó dando clases particulares gratuitas en su casa, y, a principios de la década de 1850, durante la que su carrera sufriría un cambio radical, era un educador conocido, progresista y librepensador. Anna Blackwell, que tradujo algunos de sus libros al inglés, le recordaba «más parecido a un alemán que a un francés». Era, decía, un hombre enérgico y perseverante, pero frío y cerebral, incrédulo por naturaleza y por formación, y un razonador agudo y lógico. Llevaba una vida tranquila y modesta y era muy trabajador; nadie veía en él al futuro fundador de una nueva filosofía religiosa.

Pero en 1848, en los Estados Unidos, habían sucedido unos hechos que iban a cambiar toda la filosofía de Rivail y a influenciar la de millones de otras personas. En el hogar de la familia Fox, en Hydesville, Nueva York, las mesas se movían solas y se oían misteriosos golpecitos, que aparentemente provenían de los «espíritus» de los muertos. Esto significó el surgimiento del movimiento espiritualista, que iba a hacer furor en París, así como en otras ciudades europeas. Al cabo de poco tiempo, y en palabras de un periodista de la época, no hubo ninguna mesa entre Montmartre y los Campos Elíseos que no se hubiera puesto patas arriba.Rivail, a pesar de que sentía interés por todos los temas, se mostró al principio muy escéptico. En unos de sus primeros libros había escrito: «Si se han estudiado las ciencias, hay que reírse ante la credulidad supersticiosa de los ignorantes y no es posible creer en fantasmas», y cuando, en 1854, un amigo le dijo que las mesas no sólo saltaban, sino que transmitían mensajes de los muertos, Rivail replicó: «Sólo lo creeré cuando lo vea.»No parece que estuviera ansioso por verlo, porque hasta el año siguiente no asistió a una sesión, donde presenció una demostración de «escritura en cesta», una forma primitiva de escritura automática, en la que las manos de los asistentes se colocaban dentro de una cesta, a través de la cual era conducido un lápiz. «Pude darme cuenta -recordó más adelante-, de que había algo serio tras aquella aparente trivialidad..., como la revelación de una nueva ley, que decidí investigar a fondo.» 

    Lo hizo sin perder tiempo, y pronto observó que, mientras los mensajes recibidos en las sesiones eran a menudo frívolos, invariablemente adquirían un tono serio cuando se dirigían a él personalmente. Su amigo, el autor teatral Victorien Sardou, le pidió que revisase unos libros de notas tomadas por el grupo con el que él había estudiado los fenómenos espiritualistas durante cinco años. Rivail quedó impresionado por «la sabiduría y la caridad que emanaban de las comunicaciones serias», y emprendió una intensa serie de sesiones con una médium llamada Japhet, en las que propuso una serie de preguntas para que los espíritus las contestaran, cosa que hicieron. El año siguiente, publicó más de 500 preguntas, respuestas y comentarios personales bajo el título de Le livre des esprits (El libro de los espíritus), que revisó y aumentó tres años más tarde. Se publicó bajo el nombre de Allan Kardec, un nombre tomado de la ascendencia bretona de Rivail, y que al parecer fue elegido por los propios espíritus. Así, Rivail se convirtió en Kardec, y cuando murió en 1869 había escrito o, como él prefería decir, había «compilado y ordenado», cinco libros y dos monografías, insistiendo en que el contenido principal no provenía de su trabajo, sino del de numerosos espíritus «avanzados» que se comunicaban a través de diferentes mediums. Sus obras principales fueron:  

     El libro de los espíritus (1857 y 1860), El libro de los mediums (1861), El Evangelio según el espiritismo (1864) -publicado en España en 1978-, Cielo e infierno (1865) y Génesis (1867). También fundó, editó y escribió gran parte de la  Revue Spirite, hasta su muerte en 1869.  A pesar de su fe inconmovible en la comunicación con los espíritus de los muertos, la filosofía de Kardec no formaba parte de la corriente espiritualista sino que era, según sus palabras, espiritista. La diferencia era crucial para los seguidores de ambas filosofías, y les condujo por caminos muy distintos.

Lo Visible Y Lo Invisible 

    El momento cumbre de una sesión decimonónica: la mesa levita misteriosamente. Rivail contemplaba estos fenómenos -y las pretendidas comunicaciones de los espíritus-con prevención, pero llegó a creer que había un propósito serio bajo los mensajes frívolos y triviales que se recibían normalmente.

   La premisa básica del espiritismo es que hay dos mundos: el visible y el invisible, que contienen seres materiales e «incorpóreos», respectivamente.

     El espíritu es una sustancia formada por materia «quintaesenciada» que está fuera del alcance de nuestros cinco sentidos normales, que se une con el cuerpo físico mediante un cuerpo intermedio, semimaterial, llamado «periespíritu».


    Al nacer, tomamos formas temporales, materiales, y cuando éstas son destruidas por la muerte física, el espíritu permanece, para reaparecer quizá en otra reencarnación.

Nuestro propósito es evolucionar hacia la perfección, y nos reencarnamos tan a menudo como sea necesario para lograrlo. 

   Todos somos la suma de aquello que hemos sido, lo que hemos hecho o pensado en vidas anteriores, y todo el proceso, según Kardec, no es milagroso ni sobrenatural, sino que es el resultado de leyes naturales e inmutables.

Mientras que el espiritualismo, tal como lo veía Kardec, simplemente manifestaba una creencia en algo más allá de la materia, el espiritismo trataba de la «relación del mundo material con los espíritus», entidades reales que están siempre en contacto con nosotros.
   Kardec nunca pretendió que fuese una nueva religión, sino una filosofía racional basada en hechos demostrados repetidamente que recuperaba el sentido original de todas las religiones. No pretendía, como alegaban sus críticos, sustituir al cristianismo. «La moral del espiritismo no es diferente de la de Jesús», escribió, añadiendo que, tal como la enseñanza de Jesús recuperó las de Moisés, el espiritismo era una recuperación de principios cristianos básicos que habían sido abandonados por la mayoría de las iglesias establecidas. «¿Por qué -preguntaba- se practican tan poco las enseñanzas morales de Cristo? ¿Y por qué aquellos que proclaman la sublimidad de las mismas son los primeros en transgredir la primera de sus leyes, la de la caridad universal?»

   Los libros de Kardec forman el estudio más claro y extenso del mundo invisible escrito hasta el momento. Es interesante compararlos con los escritos de Emanuel Swedenborg y los de Andrew Jackson Davies «el vidente de Poughkeepsie», cuyo Principios de la naturaleza se publicó en 1847. Aunque los tres profundizaron en un mismo campo, Kardec es el único que no era ni un médium ni un místico, sino un recopilador de escritos salidos de otras manos. Su propia contribución a estos libros se limita a comentarios sobre el material recibido, y en éstos se presenta como un hombre razonable e inteligente. Como él mismo decía: «estudié los hechos con cuidado y perseverancia, los coordiné y deduje de ellos sus consecuencias».

   Kardec fue uno de los primeros investigadores psíquicos serios, y encontró tiempo además para estudiar fenómenos paranormales de muchos tipos en toda Francia. Veinte años antes de la fundación de la Sociedad para la Investigación Psíquica, publicó relatos detallados, en la Revue Spirite y en El libro de los mediums, de varios casos excelentes que a menudo olvidan los historiadores. Escribió extensamente sobre el medium Jean Hillaire, el curandero Jacob el Zuavo, la posesión masiva de la ciudad de Morzine y varios ejemplos de lo que ahora llamamos actividad poltergeist.

   Mantuvo correspondencia con D.D. Home, el psíquico inglés, a quien admiraba mucho, y fue testigo de multitud de fenómenos paranormales, llegando a ver una mesa de 100 kg balancearse en un ángulo de 45º sobre una sola pata. Pero le interesaban menos estos fenómenos que sus implicaciones.

   Todo efecto inteligente, argumentaba, debe tener una causa inteligente, y había evidencia más que suficiente en favor de la realidad de la comunicación con los «muertos». Pero esto no quería decir que hubiera que aceptar todo lo que éstos dijeran o escribieran. «No faltan escritores en el mundo invisible -decía-,pero, como en la Tierra, escasean los buenos.» Algunos espíritus, comentó, «saben menos que nosotros en la Tierra». El investigador debía ser «crítico y lógico».Kardec murió mucho antes de la edad de oro de la psicología francesa y de la primera psiquiatría, en la que pioneros como Janet, Charcot y Bernheim proporcionaron un enfoque más clínico para estudiar las anormalidades hasta entonces inexplicadas de la experiencia humana (muchas de las cuales continúan siendo aún hoy un misterio). Se puede creer que, a pesar de su honestidad e inteligencia, fue simplemente engañado por astutos falsos médiums. Pero no parece probable, por dos razones principales. Primera, los fenómenos que explicó y las conclusiones a las que llegó fueron esencialmente las mismas que las de otros investigadores, algunos de ellos grandes científicos, como Robert Hare en los Estados Unidos o Alfred Russell Wallace y más adelante sir William Crookes, en Inglaterra, quienes hubieron de modificar sus creencias a causa de lo que habían presenciado.

    Segunda, tal como insistía el propio Kardec, lo importante era lo que decían los mensajes mejores de los espíritus, no el fenómeno en sí. El mensaje, de hecho, y no el médium era lo importante. «Pueden reírse de las mesas que se mueven, pero nunca se reirán de la filosofía, la sabiduría y la caridad que emanan de las comunicaciones serias.»

    Como era de esperar, Kardec no fue muy apreciado por la Iglesia Católica, que incluyó su obra en el Index librorum prohibitorum en 1866, pero aun así él replicaba a menudo con todo detalle a las críticas. Una vez agradeció a un sacerdote haberle atacado «educadamente y en un francés más o menos correcto», y cuando en 1861 quemaron un montón de obras suyas en Barcelona, comentó simplemente, «pueden quemar libros, pero no ideas».

   Sus libros se han seguido publicando en varias lenguas, y sus ideas han tenido una influencia considerable en diversos países, especialmente en Brasil, donde el movimiento espiritista pronto ganó respetabilidad gracias sobre todo al apoyo del doctor y estadista Adolfo Bezerra de Meneses. Hoy, las estadísticas estiman que más de 20 millones de brasileños practican el espiritismo y, de acuerdo con la insistencia de Kardec en la caridad como su deber primordial, han llevado a cabo algunas de las obras sociales más importantes del mundo.Brasil posee ahora grandes hospitales que combinan el tratamiento médico y el espiritual, orfelinatos, centros de enseñanza para mediums y curanderos y lugares de reunión públicos donde se imparte gratuitamente consejo y cuidados a todo aquel que lo solicita. En uno de ellos, en el centro de São Paulo, 200 mediums voluntarios atienden cada día a 1000 personas.

   Se han vendido varios millones de ejemplares de los libros de Kardec y de otros inspirados por éstos, y el retrato de Kardec ha aparecido tres veces en los sellos brasileños.Este honor habría quizá molestado al hombre que escribió, en la «Conclusión» de El libro de los espíritus:

   ¿En qué consiste el trabajo especial y característico del espiritismo moderno? En hacer un todo coherente de lo que hasta ahora ha estado esparcido; en explicar, en términos claros y precisos, lo que hasta ahora ha estado oscurecido por el lenguaje alegórico: en eliminar los productos de la superstición y de la ignorancia de las creencias humanas, dejando sólo lo que es real y verdadero. Ésta es su misión.

   Los hechos del espiritismo, concluía, habían dado el golpe final al materialismo y «mostrado los resultados inevitables del mal y, en consecuencia, la necesidad del bien» mientras que en lo que respecta a la vida futura, ya no se trataba de «una vaga imaginación, una simple esperanza, sino de un hecho».

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     LOS MÉDIUMS Y SUS VARIEDADES
   Un médium ( del latín mediador o intermediario), es una persona accesible a la influencia de los Espíritus y más o menos dotada de la facultad de recibir y transmitir sus comunicaciones. El médium para los Espíritus es un agente intermediario o un instrumento más o menos cómodo, según la naturaleza o el grado de la facultad mediadora. Esta facultad atañe a una disposición orgánica especial, susceptible de desarrollo. Se distinguen muchas variedades en la mediumnidad, según su aptitud particular para tal o cual modo de transmisión, o tal o cual género de comunicación.
   Los MÉDIUMS DE EFECTOS FÍSICOSson aquellos que tienen poder para provocar manifestaciones ostensibles. Comprenden las variedades siguientes:
Médiums motores: Los que provocan el movimiento y desplazamiento de objetos.
Médiums Tiptólogos: Los que provocan ruidos, percusiones, golpes...
Médiums de Apariciones: Los que provocan las apariciones.
Entre los médiums de efectos físicos también se distinguen :
Los médiums naturales: Producen los fenómenos espontáneamente, sin participación alguna  de su voluntad, y
Los médiums facultativos: Que tienen la potencia de provocar los fenómenos a voluntad.
 Los MEDIUMS DE EFECTOS MORALES.- Especialmente apropiados para recibir y transmitir las comunicaciones inteligentes. Según su aptitud pueden ser:
Médiums escribientes o psicógrafos: Tienen la facultad de escribir por sí mismo bajo la influencia de los Espíritus.
Médiums Pneumatógrafos: Los que tienen la facultad de recibir la escritura directa de los Espíritus.
Médiums Dibujantes:  Dibujan bajo la influencia de los Espíritus
Médiums musicales: Ejecutan, componen o escriben música bajo la influencia de los Espíritus.
Médiums parlantes: Transmiten por la palabra como los escribientes por la escritura.
Médiums Comunicativos: Tienen el poder con su voluntad de desenvolver en otros la facultad de escribir, sean estos o no sean médiums escribientes.
Médiums Inspirados: Los que en estado normal o en el de éxtasis, reciben por el pensamiento comunicaciones ocultas y ajenas a sus ideas preconcebidas.
Médiums de presentimientos: Los que en ciertas condiciones tienen una vaga intuición de las cosas futuras.
Médiums Videntes: Gozan de la facultad de la doble vista o de ver a los Espíritus.
Médiums Sensitivos o Impresionables: Presienten la presencia de Espíritus por una vaga impresión de la que no pueden darse cuenta. Esta variedad no tiene un carácter definido, pues todos los médiums son necesariamente impresionables. La impresionabilidad es más una cualidad general que especial, algo así como una facultad rudimentaria, indispensable para el desarrollo de todas las demás. Difiere de la impresionabilidad puramente física o nerviosa, con la que no se debe confundir,
- Del Diccionario Espiritista- Por Allan Kardec
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       ¿ES RACIONAL  ADMITIR  LA EXISTENCIA DE LO  PARANORMAL?

                                        


     Cada cual es muy libre de aceptar o de rechazar lo que quiera, pero generalmente el rechazo a estos temas, siempre tiene como causa temores

ocultos y prejuicios infundados, que inclinan hacia la postura más sencilla o cómoda del "no querer saber nada", o la del escepticis mo, que lo niega todo sistemáticamente.

    A mediados del siglo XIX, se produjo una especie de revolución psíquica y también moral, en donde toda la fenomenología paranormal de tipo físico y mediúmnico, despertó abundantemente por muchos lugares de la Tierra, y su popularidad encontró amplio eco en los medios de comunicación que, escépticos al principio por temor y por incapacidad de comprender lo que esto podía significar para el ser humano, adoptaron la fácil opción de negarlos, o de burlarse de ellos, tratando de ver nada más que fraudes por doquier, (que los hubieron también), pero mostrando en el fondo de sus posiciones, un temor irracional ante lo desconocido.

  Posteriormente se han dado a conocer los resultados de numerosas investigaciones en este área, efectuadas en prestigiosas  Universidades por diversos lugares del mundo. Los resultados y conclusiones de estas pruebas y estudios constatan que en todos los seres vivos actúan unas funciones psíquicas especiales, llamadas ultra-sensoriales o paranormales, porque van más allá de los sentidos físicos considerados normales y de las funciones biológicas normales.

      Con frecuencia, en estos temas se roza el carácter de lo subjetivo, pero sin embargo se puede creer en la realidad y objetividad de estos fenómenos aun sin haberlos presenciado nunca, del mismo modo que por ejemplo, podemos creer en la realidad de la existencia del Polo Norte, aunque nunca hayamos ido allí para confirmarlo.

      La curiosidad que generalmente suscitan estos temas, es la puerta de entrada al despertar de otras conciencias e inquietudes de índole intelectual, espiritual y moral. Sin el acicate de esta natural curiosidad por saber y conocer, el ser humano avanzaría mucho más lentamente en todos los aspectos.

     Para admitir la realidad de la existencia de los fenómenos paranormales, no es imprescindible haber sido testigo directo de alguno de ellos; sin embargo creo que resulta bastante creíble quien sin ningún interés ni motivo de ninguna clase, afirma haber sido alguna vez testigo o incluso  protagonista de algún  fenómeno extraño o inexplicable, deduciendo en consecuencia, que además de nuestra realidad física y material, también existe otra realidad o dimensión, para nosotros  intangible e inmaterial.

     Quien nunca haya experimentado, ni visto, ni oído, ni vivido nada, puede estar seguro de que no es cuestión del azar, o de la suerte, sino que tal vez sea porque esta experiencia, que no deja de ser una llamada de atención, no le ha sido precisa para su despertar espiritual, o tal vez no le ha llegado el momento de tener que "meter la mano en la llaga", como Santo Tomás. No obstante, ello no significa que cualquier inesperado día no podamos ser testigos de lo insólito....

 - José Luis Martín- 

“La credulidad es el atributo de los ignorantes; la decidida incredulidad, el de los sabios a medias; pero la duda metódica es de los hombres instruidos”

                                                      - Albert Camus -

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