miércoles, 8 de abril de 2026

La Fatalidad y los Presentimientos

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Don de curar

2.- La Pascua

3.- Momentos de Reflexión: El sentido de la Vida en la Tierra

4.- La Fatalidad y los Presentimientos

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                    DON DE CURAR 

Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, lanzad demonios; 
"graciosamente recibísteis, dad graciosamente". (San Mateo, cap. X, v. 8).
 

2. "Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente"; dijo Jesús a sus discípulos; por este precepto prescribe que no se haga pagar lo que uno mismo no ha pagado, y lo que ellos habían recibido gratuitamente era la facultad de curar a los enfermos y echar a los demonios, es decir, a los malos espíritus; este don se les dio gratuitamente por Dios para el alivio de los que sufren y para ayudar a la propagación de la fe, diciéndoles que no hicieran con él ningún negocio, ni un objeto de especulación, ni un medio de vivir. 

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. ALLAN KARDEC

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                                           LA   PASCUA

  Hermanos, hoy quiero hablaros sobre la semana santa, que como sabéis, es una fiesta que celebran algunas religiones para conmemorar la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Es digno de mencionar la enorme devoción que despierta esta manifestación tan popular y arraigada en este País. Como bien sabéis, las imágenes que pasean por las calles de muchas ciudades, se pueden considerar como verdaderas obras de arte, todas ellas vestidas con ricos trajes cuajados de pedrerías, suntuosas imágenes de vírgenes portando valiosos mantos bordados en oro y plata, algunas con incrustaciones de piedras preciosas, mantones de terciopelo con dorados ribetes multicolores, vírgenes con el corazón atravesado por puñales de oro y platino, colgando de sus manos infinidades de rosarios de plata y oro, cruces y medallones que valen una fortuna, donados por fervorosos cofrades para agradecer algún imaginado milagro concedido a algún ser querido que se salvó de la muerte, borlones de oro fino y policromados por costosos artesanos y un sinfín de candelabros de oro blanco y fino cristal de bohemia; en fin, un derroche de dinero en todos los sentidos y eso sin contar los miles de claveles y flores variadas que adornan los pasos.


     Empieza la procesión y delante las dignísimas autoridades, con el semblante rígido, poniendo cara de circunstancias, trajeados con vestimenta para la ocasión, adornados con grandes medallones de oro y plata, cordones de oro al cuello y provistos de doradas varas de mando indicativas de su suprema autoridad; luego el cortejo de penitencia en disciplinadas filas, unos descalzos, otros arrastrando cadenas, otros con una cruz a cuestas imitando al Nazareno y detrás los obispos, los párrocos, los sacristanes y los monaguillos balanceando los incensarios impregnando el ambiente de olor a incienso, todo esto precedido por una gran banda de cornetas y tambores, los cuales abren paso y anuncian el evento, después el esperado y pesadísimo paso, o trono, como también le llaman, portado por costaleros a los cuales no les importa destrozar sus hombros con tal de que su trono sea el que mejor se mueva, horas y horas debajo de aquella estructura, sudando y faltándoles la respiración, teniendo a veces que ser relevados al faltarles las fuerzas para seguir bajo aquel potro de tortura, algunos salen deshidratados, exhaustivos y vomitando. Por último, otra banda de música cierra la comitiva tocando marchas fúnebres y otros temas rebuscados, con objeto de sensibilizar a las personas que se agolpan para ver pasar la procesión. A lo largo de toda la calle se aglomeran todo tipo de criaturas, las cuales y salvo honrosas excepciones, se dedican a criticar todo lo que se les pone delante, aquel penitente que lleva la túnica muy corta, el otro que la lleva descolorida, otro que cojea, el que lleva el capirucho ladeado y mientras esperan que pase el resto de la cofradía, se dedican a reír las gracias del que está al lado contado chistes, otros y entre ellos algunos penitentes, con el pretexto de ir al servicio, entran en el bar y se toman varias copas de aguardiente: en fin, que para la mayoría estas fiestas son una tapadera para echarse a la calle, pasarlo bien y tener un motivo para emborracharse sin que nadie lo critique.


      Mientras tanto, en los asilos, los ancianos impedidos, esperan que unos brazos fuertes como los de los mencionados costaleros, vayan a empujarles la silla de ruedas para poder salir al patio, pues se mueren de pena al no poder tomar un ratito el sol. También esperan que algunos de aquellos fervorosos cofrades, se acerquen a hacerles un poco de compañía, vayan a escucharles y a decirles algunas palabras de consuelo, pero no sucede así ya que el mundo no está por esa labor, el mundo los ignora y por aquel lugar no aparece nadie, pues allí no hay público, ni banda de música, ni motivo de distracción, asimismo muchos hermanos enfermos a los cuales nadie visita, esperan la llegada de esas piadosas mujeres que van de promesa tras el trono, descalzas y rezando el rosario detrás de los palios de las vírgenes de barro, pero pasa el tiempo y nadie llega junto a sus lechos de dolor para inyectarles esperanzas; otros hermanos nuestros que duermen en portales y a la intemperie, comiendo de los 
contenedores de basura, esperan que esas imágenes sean vestidas más humildemente y ese oro sea invertido en procurarles cobijo y llenar sus estómagos, pero eso tampoco llega pues el mundo quiere pompas y boatos, prefieren seguir adorando al becerro de oro. Quien puede ayudar se olvida de sus obligaciones más sagradas y solo piensan en brillar, ocupando los primeros lugares, ignorando que aquellos que padecen hambre y soledad, que aquellos que duermen en las calles y pasan frío, también son sus hermanos.

      En fin queridos hermanos, que os voy a contar que ya no sepáis, ¿es acaso todo esto que está ocurriendo, lo que nos recomendó Nuestro Amado Maestro Jesús?, ¿es lícito que después de más de veintiún siglos todavía sigamos teniendo crucificado al Divino redentor?

      Si el Maestro nos pidió que asistiésemos al desnudo, que diéramos de comer al hambriento, que visitáramos a los enfermos, que enseñáramos al que no sabe y sobre todo que amásemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, ¿es esto lo que estamos haciendo con esta forma de actuar? Si no es así, pues somos culpables ante la Ley Divina.

      La verdad queridos hermanos, que se podrían llenar infinidades de páginas, todas relacionadas con la ceguera del hombre, millones de criaturas en todo el mundo carecen de lo necesario, mientras las grandes fortunas se emplean en lujosas mansiones, grandes capitales se emplean en la fabricación de mortíferas armas, sofisticados ingenios inventados para destruir al hombre, máquinas infernales son empleadas para combatir los derechos humanos, el vicio y la locura campean por todo el orbe terrestre, los espíritus de Amor y bondad lloran con desconsuelo ante tan doloroso cuadro, pero no, no ha de ser así, pronto, muy pronto el mundo despertará y las almas buenas conquistarán la tierra, pues como bien sabéis, es voluntad Divina que la luz domine a las tinieblas y los espíritus inocuos serán expulsados de esta esfera, serán relegados a otros confines más en consonancia con su rebeldía y al fin el paraíso prometido por Nuestro Amantísimo Padre Celestial, se hará una realidad eterna.

       LA CARIDAD ES EL ÚNICO CAMINO PARA ALCANZAR EL REINO DE LOS CIELOS

       Bueno amados hermanos, nada más por ahora, solo que sepáis que os queremos mucho y que rogamos a Dios por todos vosotros y por vuestras queridas familias.

      Vuestro más pequeño hermano,
      FRATERNALMENTE: Hermano Bras. 

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                       MOMENTOS DE REFLEXIÓN
           EL SENTIDO DE LA VIDA EN LA TIERRA             La naturaleza emite estertores sometida a los azotes de leyes imponderables. Sumándose a los intensos sufrimientos que han estado influyendo en la sociedad, el terremoto en Nepal, el volcán en Chile, los tornados y los desastres colectivos en diferentes países, en estos días convocan a la mente humana a que reflexione acerca de la transitoriedad del mundo físico.

En permanentes alteraciones, el planeta impone dolores superlativos a los seres conscientes, a modo de advertencia constante acerca de la realidad de la vida. Simultáneamente, la sociedad está inquieta en todas partes. Los diversos sistemas gubernamentales no consiguen calmar al ciudadano, porque rápido muestran su peor lado, que es siempre el resultado de la mala aplicación de las leyes, el fruto espurio del egoísmo y de los intereses subalternos de aquellos que se consideran inmortales en el campo físico.

Vestidos con la indumentaria orgánica han construido incomparables obras que dignifican su existencia, ampliando los horizontes del pensamiento y luchado tenazmente para eliminar o disminuir las fuerzas incoercibles, que sorprenden con un alto grado de destrucción, reduciendo casi todo a polvo y devastación. En una paradoja de gigantescos aspectos, la belleza confraterniza con la tragedia, el éxito con el infortunio, las conquistas superiores con las pérdidas inimaginables. Aspiraciones sublimes convertidas en realidad, de un momento para otro se diluyen en el río del olvido y quedan inmortalizadas en las páginas de la Historia, mientras que el dolor prosigue, en un campeonato fuera de lo común, victorioso...

Platón afirmaba que la función de la filosofía es preparar para la muerte. El emérito discípulo de Sócrates comprendía que la existencia física, por más prolongada que fuera, era siempre muy breve en el transcurso del tiempo. Recomendaba, como un mecanismo para la conquista de la felicidad, la ética de los elevados principios morales y el esfuerzo para la auto-iluminación, conforme con lo enseñado por su maestro.

El sentido de la vida en la Tierra es, sin duda, la conquista de la plenitud, entendiendo la presencia del sufrimiento y de sus tributos inevitables en nuestro existir, a través del amor.

- Divaldo P. Franco -

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LA FATALIDAD  Y LOS PRESENTIMIENTOS

      -Instrucciones dadas por el Espíritu San Luis-

Uno de nuestros corresponsales nos ha escrito lo siguiente:

«En el mes de septiembre último, una embarcación menor, que hacía la travesía de Dunkerque a Ostende, fue sorprendida por un temporal durante la noche; el pequeño barco naufragó, y de las ocho personas que lo ocupaban, cuatro perecieron; las otras cuatro, entre las cuales me encontraba yo, consiguieron mantenerse sobre la quilla. Permanecimos toda la noche en esa horrible posición, sin otra perspectiva que la muerte, que nos parecía inevitable y de la cual sentimos todas las angustias. Al amanecer, el viento nos había empujado hacia la costa, y pudimos alcanzar la tierra a nado.
«¿Por qué en ese peligro, igual para todos, sólo cuatro personas han sucumbido? Notad que, por mi parte, es la sexta o la séptima vez que escapo de un peligro tan inminente, y más o menos en las mismas circunstancias. Soy realmente llevado a creer que una mano invisible me protege. ¿Qué he hecho para esto? No sé gran cosa, no tengo importancia ni utilidad en este mundo y no me jacto de valer más que los otros; lejos de eso: había entre las víctimas del accidente un digno eclesiástico – modelo de virtudes evangélicas – y una venerable hermana de la congregación de San Vicente de Paúl, que iban a cumplir una santa misión de caridad cristiana. La fatalidad parece 
desempeñar un gran papel en mi destino. ¿No estarían allí los Espíritus para alguna cosa? ¿Sería posible obtener de ellos una explicación al respecto, preguntándoles, por ejemplo, si son ellos los que provocan o desvían los peligros que nos amenazan?...»

      De conformidad con el deseo de nuestro corresponsal, dirigimos las siguientes preguntas al Espíritu san Luis, que consiente en comunicarse con nosotros todas las veces que hay instrucciones útiles para dar.

1. – Cuando un peligro inminente amenaza a alguien, ¿es un Espíritu el que dirige el peligro? Y cuando la persona escapa del mismo, ¿es otro Espíritu el que lo desvía? Resp. – Cuando un Espíritu se encarna, elige una prueba; al elegirla se traza una especie de destino que no puede impedir más, una vez que a la misma se ha sometido; hablo de las pruebas físicas.
      Al conservar su libre albedrío sobre el bien y el mal, el Espíritu es siempre dueño de soportar o de rechazar la prueba; un Espíritu bueno, al verlo flaquear, puede venir en su ayuda, pero no puede influir en él adueñándose de su voluntad. Un Espíritu malo, es decir, inferior, mostrándole y exagerándole un peligro físico, puede hacerlo vacilar y asustarlo, pero la voluntad del Espíritu encarnado no queda por ello menos libre de toda traba.

2. – Cuando un hombre está a punto de perecer por accidente, parece que el libre albedrío no interviene en nada. Por lo tanto, interrogo si es un Espíritu malo el que provoca este accidente, siendo de cierto modo su agente; y, en el caso en que escape del peligro, pregunto si un Espíritu bueno ha venido en su ayuda. 
Resp. – El Espíritu bueno o el Espíritu malo no pueden sino sugerir pensamientos buenos o malos, según su naturaleza. El accidente está marcado en el destino del hombre. Cuando tu existencia ha sido puesta en peligro, es una advertencia que tú mismo has deseado, a fin de desviarte del mal y de volverte mejor.
      Cuando escapas de ese peligro, todavía bajo la influencia del mismo, piensas de manera más o menos firme en volverte mejor, según la acción más o menos firme de los Espíritus buenos. Al sobrevenir el Espíritu malo (digo malo sobrentendiendo el mal que aún hay en él), piensas que escaparás del mismo modo a otros peligros y dejas nuevamente desencadenar tus pasiones.

3. – La fatalidad que parece presidir a los destinos materiales de nuestra existencia, ¿aún sería, pues, el efecto de nuestro libre albedrío? 
Resp. – Tú mismo has elegido tu prueba: cuanto más ruda sea y mejor la soportes, más te elevas. Aquellos que pasan su existencia en la abundancia y en la satisfacción humana son Espíritus débiles que permanecen estacionarios. De esta manera, el número de desafortunados aventaja en mucho al de los felices de este mundo, teniendo en cuenta que los Espíritus buscan en su mayoría la prueba que les será más fructífera. Ellos perciben muy bien la futilidad de vuestras grandezas y de vuestros goces. Además, la existencia más feliz es siempre agitada, siempre movida, aunque más no sea por la ausencia del dolor.

4. – Entendemos perfectamente esta doctrina, pero eso no nos explica si ciertos Espíritus tienen una acción directa sobre la causa material del accidente. Supongamos que en el momento en que un hombre pasa por un puente, éste se derrumbe. ¿Quién ha llevado al hombre a pasar por ese puente? 
Resp. – Cuando un hombre pasa por un puente que debe romperse, no es un Espíritu el que lo lleva a pasar por ese puente: es el instinto de su destino el que lo conduce.

5. – ¿Quién ha hecho romper el puente? 
Resp. – Las circunstancias naturales. La materia tiene en sí misma las causas de su destrucción. En el caso tratado, el Espíritu, teniendo necesidad de recurrir a un elemento extraño a su naturaleza para mover fuerzas materiales, más bien ha de recurrir a la intuición espiritual. De este modo, si ese puente debía romperse, ya que el agua había desunido las piedras que lo componen y el óxido había corroído las cadenas que lo suspenden, el Espíritu – decía – insinuará más bien al hombre para pasar por ese puente, en lugar de hacer romper otro bajo sus pasos. Además, tenéis una prueba material que os adelantaré: cualquier accidente sucede siempre naturalmente, es decir, que las causas que se vinculan unas a otras, lo conducen insensiblemente.

6. – Tomemos otro caso en el que la destrucción de la materia no sea la causa del accidente. Un hombre mal intencionado me da un tiro; la bala me roza, pero no me alcanza. ¿La habría desviado un Espíritu benévolo?
 Resp. - No.

7. – ¿Pueden los Espíritus advertirnos directamente de un peligro? He aquí un hecho que parecería confirmarlo: Una mujer salía de su casa y seguía por el bulevar. Una voz íntima le dijo: Detente, vuelve a tu casa. Ella titubea. La misma voz se hace escuchar varias veces; entonces, ella volvió sobre sus pasos; pero, cambiando de parecer, se dijo: ¿Qué he de hacer en mi casa? Seguiré; sin duda, es un efecto de mi imaginación. Entonces ella continuó su camino. A algunos pasos de allí, una viga que se desprendió de una casa la golpea en la cabeza y la deja caída sin conocimiento. 

¿Qué era esa voz? ¿No era un presentimiento de lo que iba a suceder a esa mujer? – Resp. Era la voz del instinto; además, ningún presentimiento tiene tales caracteres: son siempre vagos.

8. – ¿Qué entendéis por la voz del instinto? – Resp. Entiendo que el Espíritu, antes de encarnarse, tiene conocimiento de todas las fases de su existencia; cuando éstas tienen un carácter saliente, conserva una especie de impresión en su fuero interno, y esta impresión, al despertarse cuando el momento se aproxima, se vuelve presentimiento.

Nota – Las explicaciones precedentes se relacionan con la fatalidad de los acontecimientos materiales. La fatalidad moral está tratada de una manera completa en El Libro de los Espíritus.

ALLAN KARDEC, REVISTA ESPÍRITA - PERIÓDICO DE ESTUDIOS PSICOLÓGICOS. Año I – Marzo de 1858 – Nro. 3

( Art. aportado por Eliseo León )

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