lunes, 21 de octubre de 2013

Reforma Íntima



La Doctrina Espírita esclarece al respecto de la transformación moral que debe ser operada en nosotros mismos. Somos todos iguales delante de Dios, nuestro creador. Él nos da la oportunidad, a través de numerosas encarnaciones, de modificar nuestro interior, pues poseemos el germen divino que duerme en nuestros corazones.

   Es imprescindible un cambio de dentro para fuera, siendo necesario identificar todos los sentimientos negativos, como el orgullo, el egoísmo. Vigilar pensamientos, actos y actitudes. La reforma es lenta y gradual y exige persisitencia. A través de la lectura de buenos libros, de conferencias edificantes, del estudio que nos eleva espiritualmente, de la búsqueda del conocimiento y esclarecimientos, nos vamos  auto-conociendo para proporcionar la colocación de valores positivos en nuestras vidas.

   Se hace necesario, aun, juzgarnos a nosotros mismos, ignorar los defectos ajenos empleando el perdón, aniquilar con la maledicencia, ejercitar la caridad, anular las ofensas.

   Nuestro modelo y guía es Jesús, que hace dos mil años vino a mostrarnos la mejor forma de caminar hasta la perfección, enseñándonos a amar a Dios y a nuestros hermanos como a nosotros mismos.

   Muchas veces, el dolor nos toca a la puerta. Se trata de una alerta de que algo en nosotros no está de acuerdo con la Justicia Divina. Son ocasiones que nos dan la oportunidad de mejorías más intensas.

   También a través de la convivencia con nuestra familia y amigos observaremos los hechos de cambios, en un ejercicio diario de despertar virtudes y domar malas tendencias.

   Gran auxilio, en ese fin, nos proporciona la oración. Cuando es hecha con fe y vibración, ella nos liga al Padre Celeste y vuelve receptivos corazón y mente a las energías que fortalecen el espíritu. Además de eso, nos deja en sintonía con benefactores espirituales que nos auxilian en la búsqueda del bien vivir, estimulando el amor, ese sublime sentimiento que conduce a la felicidad, a la paz interior y a la armonía.

   En este mundo de pruebas y expiaciones, donde nos deparamos con numerosas dificultades y desentendimientos, seamos tal como una pequeña luz, para irradiar esperanza, fe, optimismo, alegría. Aprendamos a valorar las pequeñas maravillas que Dios nos ofrece todos los días, incondicionalmente…

   Y quién sabe, si a partir de ahora, cultivaremos mejor a aquellos gestos tan simples, pero tan poderosos e importantes: las palabras de gentiliza, el saludo jovial y vibrante, el apretón de una mano firme y el abrazo caluroso, la permanente sonrisa en el resto, abierto y sincero…

   Evitemos quejas y lamentaciones, respondiendo siempre a los saludos con un “¡Yo voy bien!”. Pues, a pesar de eventuales dificultades, en la cualidad de hijos de Dios, poseemos enorme fuerza interior, capaz de vencer cualquier desafío. Disponemos de amparo e de infinitas bendiciones divinas, basta saber ver y dirigir nuestra voluntad.
   ¡Al despertar por la mañana, agradezcamos la oportunidad de recomenzar todo otra vez, de corregir, de acertar, de mejorar! Mentalicemos buenos propósitos para el día que comienza. Y a la noche, agradezcamos por todo lo que pasó, buenos o difíciles momentos. Es importante hacer una evaluación diaria de nuestras actitudes. Así, como el deseo sincero de reforma íntima, vamos cambiando valores negativos por positivos.
   A través de nuestra conducta moral elevada, con nuestro ejemplo, influenciaremos a los que están a nuestro alrededor, siendo instrumentos de Jesús al transmitir sus enseñanzas, que son todas de amor.

- Parte de una conferencia de Joao Cabral-

                                                             ****************

LIMITES DEL AMOR

¿Hasta dónde puede llegar el amor?  La pregunta  se hace cada vez que alguna tragedia mina la opinión pública.
Tragedias como suicidios, asesinatos y persecuciones a criaturas que hasta un momento antes afirmaban amarse profundamente.
En este centenario, vidas humanas son sacrificadas. Jóvenes, con un futuro promisor al frente,  ante la posibilidad de perder a su amada, optan por el suicido.
Es como una forma de venganza, hacen cuestión de dejar una nota incriminatoria, cuando no deciden estar en contra de la propia vida frente a quien afirman ser objeto de su amor.
Criaturas que vivieron juntas algunos años, que engendraron hijos, de repente, frente una traición, un abandono, optan por la muerte propia y la de los hijos.
Hijos, que, la mayoría de las veces son muy pequeños  y a quienes no es preguntado si quieren morir. O servir de instrumento de venganza contra el otro.
¿Ante tales hechos, nosotros indagamos si será verdaderamente amor el sentimiento que une a las criaturas que se destruyen mutuamente, y llevan consigo a otros seres, hijos de la propia carne?
¿Será amor ese sentimiento que prefiere destruir a renunciar?
El amor es de esencia Divina, afirman los Espíritus Nobles.  Siendo divino, solamente puede crear cosas bellas, escenas  de tranquilidad y de paz.
Quien ama no agrede al ser amado, en ninguna circunstancia. No amado, prosigue amando, desde que la plenitud del amor es su propio ejercicio.
El amor se caracteriza por sentimientos de generosidad, de altruismo, de desprendimiento.
Quien ama desea siempre el bien del otro, no importando las circunstancias.
Debemos concluir que, estemos agrediéndonos, el sentimiento podrá tener  muchos matices, más no se podrá llamar amor.
En ese contexto, es igualmente saludable recordar que nadie es dueño de nadie.
Los que debemos constituir los hogares, ya trazamos las metas antes de la reencarnación, en el Mundo espiritual. Siempre atendiendo los propósitos de elevación y progreso.
Recordemos que nuestros hijos no son nuestra propiedad. Vienen a través de nosotros, más no nos pertenecen.
Les ofrecemos el cuerpo para desarrollase en la tierra. Con todo, el alma pertenece al padre de todos nosotros.
Venidos por nuestro intermedio, traen ellos también sus misiones y pruebas para cumplir. Y no tenemos derecho  a crearles obstáculos.
Si estuviéramos sufriendo situaciones en que el amor parece haber adolecido, permitámonos la reflexión, la meditación.
Si alguien que vive a nuestro lado desea partir, no lo encadenemos, en nombre de nuestro amor.
Si alguien nos hiere o nos agrede, no revidemos, recordando siempre que el que así actúa, se encuentra enfermo.
Como enfermo, no necesita de nuestra sentencia de muerte o feroz persecución, más si del médico del cuerpo y el alma.
Si amamos, donemos nuestra cuota de amor, orando por  nuestros amores, donde estén, con quien estén, como se encuentren.

* * *
 El amor todo lo resuelve.
Si, por acaso, el cielo de tus sonrisas está con las estrellas de alegría apagadas, ama, aun así .
De esta forma, iluminarás a otros corazones que se encuentran en tinieblas más sombrías, porque todo aquel que ama irradia luz y calor. Permanece feliz en cualquier circunstancia.
Redacción de Momento Espirita
                                                                 - Jose Luis Martín-
   

1 comentario:

Natalia Toledo dijo...

Gracias Jose por compartir tan bello texto conmigo, ya lo he compartido con mis amigos.
Un fraternal saludo.
Natalia.