INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.-Mediumnidad y estado vibratorio
2.- Diversidad de los espíritus
3.- El Libro de los Espíritus
4.- Bilocación y Desdoblamiento
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MEDIUMNIDAD Y ESTADO VIBRATORIO
La apodada "mecánica", porque el Espíritu actúa sobre el brazo del médium sin impresionar su cerebro, nos parece que presenta mayores garantías que los otros procedimientos en uso.
LEÓN DENIS, MUNDO INVISIBLE.
PREGUNTA: Usted habla de espíritus buenos o malos, serios o ligeros, y le confieso que no me explico esta diferencia. Me parece que, al dejar su envoltura corporal, deben despojarse de las imperfecciones inherentes a la materia; que debe para ellos hacerse la luz sobre todas las verdades que nos están ocultas, y que deben verse libres de las preocupaciones terrestres.
PREGUNTA: - Pero entonces, ¿por qué no son perfectos todos los espíritus? ¿Dios, pues, los crea de todas categorías?
PREGUNTA: - Si esto es así, descubro una inmensa dificultad, pues en semejante conflicto de opiniones diversas, ¿ cómo distinguir el error de la verdad? No comprendo que nos sirvan de mucho los espíritus ni lo que ganamos con sus conversaciones.
observaciones. Así es como se aprende a distinguir la verdad de la impostura, y como se obtienen los medios de alejar a los espíritus mentirosos. Por encima de la turba de baja ralea, están los espíritus superiores, que no tienen otra mira que el bien, y cuya misión es conducir a los hombres por el buen sendero. Nos corresponde a nosotros saber apreciarlos y comprenderlos. Éstos nos enseñan magníficas cosas; pero no crea usted que el estudio de los otros sea inútil, dado que para conocer un pueblo es preciso estudiarlo bajo todas sus fases.
QUE ES EL ESPIRITISMO. ALLAN KARDEC.
Con este libro, el 18 de abril de 1857 se inició para el mundo la era espírita. En él se cumplía la promesa evangélica del Consolador, del Paracleto o Espíritu de Verdad. Decir esto equivale a afirmar que El Libro de los Espíritus es el código de una nueva fase de la evolución humana. Y es exactamente esa su posición en la historia del pensamiento. No se trata de un libro común, que se pueda leer de un día para el otro y después olvidarlo en el rincón de una biblioteca. Nuestro deber consiste en estudiarlo y meditarlo, leyéndolo y releyéndolo de continuo.
Sobre este libro se levanta todo un edificio: el de la Doctrina Espírita. Constituye la piedra fundamental del Espiritismo, su primer hito. El Espiritismo surgió con él y con él se propagó, imponiéndose y consolidándose en el mundo. Antes de este libro no había Espiritismo y ni siquiera existía esta palabra. Se hablaba de Espiritualismo y Neo-espiritualismo, de una manera general, vaya y nebulosa. Los hechos espíritas, que siempre existieron, eran interpretaciones de los más diversos modos. Pero, después que Kardec lo hubo lanzado a la publicidad, “conteniendo los principios de la Doctrina Espírita”, una nueva luz fulguró en los horizontes intelectuales del mundo.
Al tomar este libro en nuestras manos observamos una secuencia histórica que no podemos olvidar. Cuando el mundo se aprestaba a salir del caos de las civilizaciones primitivas apareció Moisés como conductor de un pueblo destinado a trazar los lineamientos de un mundo nuevo, y de sus manos surgió la Biblia. No había sido Moisés quien la escribiera, pero fue él el motivo central de esa primera codificación del nuevo ciclo de revelaciones: el ciclo cristiano. Más tarde, cuando la influencia bíblica ya había modelado a un pueblo y éste se había dispersado por todo el mundo gentil, esparciendo la nueva ley, se hizo presente Jesús, y de sus palabras, recogidas por los discípulos, surgió el Evangelio.
La Biblia es la primera codificación de la primera revelación cristiana, el código hebraico en el que se fundieron los principios sagrados y las grandes leyendas religiosas de los pueblos antiguos. La gran síntesis de los esfuerzos de la antigüedad en dirección al Espíritu. No hay que asombrarse de que se presente ella muchas veces contradictoria e inspirando temor al hombre moderno. El evangelio constituye la codificación de la segunda revelación cristiana, la que brilla en el centro de la tríada de esas revelaciones, teniendo en la imagen de Cristo el sol que ilumina a la otras dos y que arroja luz sobre el pasado y el futuro, estableciendo entre ambas la necesaria conexión. Pero, así como en la Biblia se anunciaba ya el Evangelio, también en éste aparecía la predicción de un nuevo código: el del Espíritu de Verdad, según puede comprobarse en el Capítulo 14 del Evangelio según San Juan. Y ese nuevo código nació de las manos de Allan Kardec, bajo la orientación del Espíritu de Verdad, en el momento exacto en que el mundo se preparaba para entrar en una fase superior de su desarrollo.
Hegel nos muestra en sus lecciones de estética las monstruosas creaciones del arte oriental –figuras gigantescas, con dos cabezas y muchos brazos y piernas, y otras formas diversas- como la primera tentativa de lo Bello para dominar la materia y lograr expresarse a través de ella. La materia grosera se resiste a la fuerza del ideal, desfigurándolo en sus representaciones. Pero termina siendo domeñada y entonces aparecen en el mundo las formas equilibradas y armoniosas del arte clásico. No obstante, una vez alcanzado el máximo equilibrio posible, lo Bello rompe por sí mismo dicho equilibrio en las formas románticas y modernas del arte, buscando superar su rudo instrumento material para expresarse mejor y más libremente. Pues bien, esa grandiosa teoría hegeliana nos parece perfectamente aplicable al proceso de las revelaciones cristianas: porque de las formas aterradoras e incongruentes de la Biblia pasamos al equilibrio clásico del Evangelio, y de éste a la liberación espiritual de El Libro de los Espíritus.
Cada fase de la evolución humana se cierra con una síntesis conceptual de todas sus realizaciones. La Biblia es la síntesis de la antigüedad, como el Evangelio constituye el compendio del mundo grecorromano-judaico, y El Libro de los Espíritus la síntesis del mundo moderno. Pero cada una de esas sumas no trae consigo sólo los resultados de la evolución operada, porque contiene además los gérmenes del porvenir. Y en la síntesis evangélica debemos considerar, sobre todo, la presencia del Mesías como una intervención directa de lo Alto para la reorientación del pensamiento terreno. Gracias a esa intervención los principios evangélicos pasan directamente, sin necesidad de readaptaciones o modificaciones, en su pureza primitiva, a las páginas del presente libro, como las vigas maestras de la edificación de la nueva Era.
- José Herculano Pires-
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BILOCACIÓN
Y DESDOBLAMIENTO
La
Bilocación es el fenómeno por el que una persona aparece visible en lugares diferentes, simultáneamente, y que
pueden ser distantes. Este fenómeno es
debido a que el espíritu de una
persona, de modo voluntario y
consciente, o bien involuntario e inconsciente, se separa momentáneamente de su cuerpo carnal,
que aparece durmiendo o totalmente abstraído en un lugar,
mientras que al mismo tiempo su figura aparece en otro u otros lugares más o menos lejanos.
Esas presencias se producen mediante su “Periespíritu ” o “Cuerpo Espiritual”, que incluso a veces, puede llegar a materializarse,
hasta el punto de presentar un aspecto de apariencia normal, con solidez y
con una presencia idéntica a la del cuerpo físico, aunque en estos casos
suelen presentar el semblante de una persona distraída. En un momento dado esta
“persona” puede desaparecer bruscamente ante la mirada atónita de otras
personas que lo miran, confundiéndolo con el sujeto material ante el que creen estar.
La presencia simultánea en más de un lugar
diferente, se explica porque el ser espiritual es como un foco de energía
luminosa, que irradia a donde quiere plasmarse y hasta
materializarse. Allá donde va el deseo a través de la mente, allá que se
plasma y se hace visible su presencia, aunque su realidad física esté en otro
lugar.
En este extraño fenómeno actúa siempre una irradiación
espiritual, y la prueba de su veracidad
estriba en el recuerdo vivido, aportación
y comprobación de detalles y objetos reconocidos en el lugar (o lugares) en los
que “se presentó”, aun con su mente aparentemente distraída.
Durante el desdoblamiento del alma, ( más
vulgarmente conocido como “viaje astral”), a veces se puede producir una materialización visible
del “doble etéreo”( Periespíritu)
y el sujeto que lo experimenta, a veces relata después,
como sintió su salida del cuerpo físico, y se percibió a sí mismo como una realidad fuera
de su cuerpo, al que podía contemplar como algo extraño, pero sin embargo, por el
que se sentía atraído en algún modo ( a
veces describen como un cordel de energía luminosa y
extraordinariamente elástica que actúa como lazo de unión durante esos momentos entre él mismo y su cuerpo).
El
desdoblamiento también puede producirse sin que haya una materialización del perispíritu de la
persona; esta modalidad es más conocida
popularmente como “viaje astral”, por la descripción de sitios remotos, que a veces se encuentran
diseminados por cualquier lugar de la
Tierra o del cosmos, hasta donde a veces llegan estas visitas o desplazamientos, sin la
materialización en ningún caso del cuerpo espiritual. Para diferenciar conceptos diremos que en la
bilocación el Espíritu desplazado se materializa en mayor o menor grado y la
salida fuera del cuerpo es más o menos
limitada o cercana en cuanto a
espacio físico, y en el que siempre
aparece la persona ( o su “doble etéreo”) en un lugar donde puede ser observado en el momento de su
aparición, mientras que el viaje astral suele ser a lugares mucho más lejanos y
durante el mismo no se produce la materialización del cuerpo espiritual y tan solo
es un espectador consciente de lo que le rodea.
Ambos fenómenos que tienen tantos
puntos en común, vienen a evidenciar que realmente somos algo más que materia,
porque existe algo en nosotros, lo llamen como lo llamen, que es susceptible de
manejarse a sí mismo con voluntad propia y
es capaz de actuar independientemente fuera y lejos del cuerpo físico, constituyendo
por tanto una fuerte
evidencia de la existencia
y supervivencia del Ser espiritual que todos somos; esto no es
solo una teoría o una creencia, sino una gran y trascendente realidad.
- José Luis Martín-
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