martes, 12 de mayo de 2026

La crisis de la muerte ( 1º Caso)

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Ley de Causa y efecto

2.-  De la Historia del Espiritismo: Ernesto Bozzano

3.- En la Casa de mi Padre hay muchas moradas.

4.- La crisis de la muerte ( 1º Caso)

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                                LEY DE CAUSA Y EFECTO  

                                                                         


              Todo lo que nace proviene necesariamente de una causa, pues sin causa nada puede tener origen. (Platón, 427 – 347 AC)

Platón
Platón, filósofo griego seguidor de Sócrates

La doctrina espírita nos hace alusión en sus obras a esta ley, la cual se encuentra implícita en muchas de sus enseñanzas. Así pues, en el Libro Primero de “El Libro de los Espíritus, Kardec pregunta: “- ¿Qué es Dios?” y la respuesta es la siguiente: “- Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”. Y al preguntar: “- ¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios?”, los Espíritus le responden: “- En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os responderá”. Más adelante, en el mismo capítulo, podemos leer las siguientes reflexiones de Kardec:

  • “Para creer en Dios basta pasar la vista por las obras de la Creación. El Universo existe; luego tiene una causa. Dudar de la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto tiene una causa y sentar que la nada ha podido hacer algo.” (Pregunta 4, LE)
  • “Atribuir la formación primera de las cosas a las propiedades íntimas de la materia sería tomar el efecto por la causa, pues esas mismas propiedades son un efecto que debe provenir de una causa.” (Pregunta 7, LE)
  • “Se juzga de la potencia de una inteligencia por sus obras y no pudiendo ningún ser humano crear lo que la Naturaleza produce, la causa primera es una inteligencia superior a la Humanidad.

Cualesquiera que sean los prodigios hechos por la inteligencia humana, tienen una causa esta misma inteligencia y cuanto más grande sea lo que ella haga, tanto mayor debe ser su causa primera. Esta inteligencia es la causa primera de todas las cosas, cualquiera que sea el nombre con el cual el hombre la designe.” (Pregunta 9, LE)

En el resto del libro encontramos estas otras:

  • “La razón dice que un efecto inteligente debe tener como causa una potencia inteligente (…).” (Prolegómenos, LE)
  • “…que no admiten aún la intervención de los Espíritus en las manifestaciones, y que la atribuyen o a causas puramente físicas, – lo que es contrario a este axioma: todo efecto inteligente debe tener una causa inteligente – o al reflejo de nuestro pensamiento, …” (Conclusión, Ítem IX, LE)

Como toda Ley Universal, también la hallamos implícita en las consecuencias morales de nuestros actos, pues no hay una sola acción, pensamiento, palabra o intención que no repercuta en nosotros mismos, haciéndonos sufrir sus efectos. Muchas de las enseñanzas de Jesús y de los Espíritus de la Codificación que encontramos en “El Evangelio Según el Espiritismo se refieren a ella cuando dicen:

  • “Perdonad para que Dios os perdone.”
  • “Ay del que dice: Yo nunca perdonaré, porque si no fuere condenado por los hombres, ciertamente lo será por Dios. ¿Con qué derecho reclamará el perdón de sus propias faltas, si él mismo no perdona las de los otros?”
  • “Reconciliaos lo más pronto posible con vuestro adversario, mientras estéis con él en el camino, para que vuestro adversario no os entregue al juez, y que el juez no os entregue al ministro de justicia, y seáis echados en la cárcel. En verdad os digo, que no saldréis de allí hasta que paguéis el último cuadrante.”
  • “No juzguéis, para que no seáis juzgados; porque seréis juzgados según hubiereis juzgado a los otros; y se usará con vosotros la misma medida que hayáis usado con ellos.”
  • “El que entró en este camino, no debe apartarse de él ni con el pensamiento, porque sois responsables por vuestros pensamientos, que Dios conoce.”
  • “Sed indulgentes, amigos míos, porque la indulgencia atrae, calma, eleva; mientras que el rigor desalienta, aleja e irrita.”

Erróneamente, durante siglos, se le ha atribuido una acción punitiva a la Ley de Causa y Efecto; pero la doctrina espírita nos enseña que su fin es más bien educativo, de aprendizaje para el Espíritu. Ella nos permite conocer las consecuencias de nuestros actos para, al irnos ensayando en la vida, poco a poco guiar nuestros pasos, cada vez con mejor acierto, para disfrutar de una mayor felicidad, según nuestro estado evolutivo.


En el libro El Cielo y El Infierno, en el capítulo VII, “Las Penas Futuras”, Kardec escribe:

  • “El alma o Espíritu sufre en la vida espiritual las consecuencias de todas las imperfecciones de las que no se desembarazó durante la vida corporal. Su estado, feliz o desdichado, es inherente a su grado de pureza o de imperfección.”
  • “La felicidad absoluta es inherente a la perfección, es decir, a la completa purificación del Espíritu. Toda imperfección es, al mismo tiempo, causa de sufrimiento y de privación de goces, del mismo modo que toda cualidad adquirida es causa de goce y de atenuación de los padecimientos.”
  • “No existe una sola imperfección del alma que no implique consecuencias funestas e inevitables, como no hay ninguna buena cualidad que no sea fuente de un goce.”
  • “Toda falta cometida, todo mal realizado constituye una deuda contraída que deberá pagarse. Si no lo es en una existencia, lo será en la siguiente o en las siguientes, pues todas las existencias son solidarias entre sí.”
  • “La única manera de evitar o atenuar las consecuencias que esos defectos generan en la vida futura consiste en desprenderse de ellos cuanto antes, desde la vida presente, así como en reparar aquí mismo el mal practicado, para no tener que hacerlo más tarde y de manera más difícil. Cuanto más nos demoremos en combatir esos defectos, tanto más penosas serán las consecuencias, y más rigurosa será la reparación que debamos llevar a cabo.”

- ( Del Curso Espírita)

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              DE LA HISTORIA DEL ESPIRITISMO:                   ERNESTO BOZZANO

                             

     

 Ernesto Bozzano, personaje relevante en la historia del Espiritismo, nació en la ciudad de Génova, (Italia), en el año 1861 y desencarnó el día 24 de junio de 1943, en la misma localidad a los 81 años.

 Fue un gran profesor de la Universidad de Turín. Estudió diversos asuntos relacionados con las Ciencias Naturales:  Astronomía, Parapsicología y filosofía. Antes de seguir la doctrina espírita, era materialista y escéptico.

   Mientras estuvo encarnado, Bozzano escribió más de treinta e cinco obras, todas de carácter científico. Tenía como referencias a Allan Kardec, Gabriel Delanne, Léon Denis, Eugène Nus, William Crookes, A. Russel Wallace, D. D. Home y Du Prel. Después de hacer las lecturas instructivas de los autores más renombrados del espiritismo, organizó un grupo para estudiar los casos paranormales que encontraron descritos por esos autores. . Entre los participantes habían diversos profesores de la Universidad de Gênova, que también daban sus contribuciones a los estudios.

Durante cinco años, el grupo liderado por Bozzano realizó grandes hechos, divulgados por la imprenta italiana. Uno que merece destacar fue la demonstración de la materialización de seis espíritus, con una precisa conprovación.
.
Entre sus  más de treinta obras, se destacan los títulos: “La Crisis de la Muerte”, “La Hipótesis Espírita y las teorías Científicas”, “Animismo  y Espiritismo”, “Comunicaciones Mediúmnicas entre Vivos”, “Pensamiento y Voluntad”, “ El Fenómeno de la Transfiguración”; “Metapsíquica Humana”, “Los Enigmas de la Psicometría”, “Fenômenos de Telestesia”, entre otros.

Fue en el año de 1912 cuando más de un hecho marcaria la vida de Bozzano en el espiritismo. Con la desencarnación de su madre, compareció en una sesión mediúmnica con una famosa médium, la señora Attilia.  En cierto momento, sua madre, por intermedio de Attilia dijo: “Estoy contenta contigo. Continua en el noble camino en que se que te afiliaste. Esta es  tu misión en la tierra. Te doy mi beso”.

Realizando una sesión en el día y mes del primer año de la desencarnación de su genitora, la médium escrebió unas palabras en un pedazo de papel, las cuales, después de leídas por Bozzano lo dejaron asombrado. Allí estaban escritos los dos últimos versos del epitafio que en aquel mismo día él había dejado en el túmulo de su madre. Este fue el episodio que disipó para siempre  sus dudas filosóficas sobre el más allá del-túmulo.
- Grupo Evangelio de Kardec-

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 HAY MUCHAS MORADAS EN LA CASA DE MI PADRE                                    

13. ¿Qué queréis que os diga de los mundos de expiación que vosotros no sepáis ya, puesto que os hasta el considerar la tierra que habitáis? La superioridad de la inteligencia, entre un gran número de sus habitantes, indica que no es un mundo primitivo destinado a la encarnación de espíritus recién salidos de las manos del Criador. Las cualidades innatas que llevan consigo son prueba de que han vivido ya y de que han realizado cierto progreso; pero también los numerosos vicios a que se inclinan, son indicio de una gran imperfección moral; por esto Dios los ha colocado en una tierra ingrata para expiar en ellas sus faltas por medio de un trabajo penoso y por las miserias de la vida, hasta que hayan merecido ir a un mundo más feliz.

14. Sin embargo, todos los espíritus encarnados en la tierra no han sido enviados por expiación. Las razas que vosotros llamáis salvajes son espíritus apenas salidos de la infancia, y que están, por decirlo así, educándose, y se desarrollan por el contacto de espíritus más avanzados. Luego vienen las razas medio civilizadas, formadas de los mismos espíritus que están progresando. Estos son, hasta cierto punto, las razas indígenas de la tierra, que se han desarrollado poco a poco después de largos períodos seculares, algunas de las cuales han podido alcanzar la perfección intelectual de los pueblos más ilustrados. Los espíritus en expiación son en ella, si podemos expresarnos así, exóticos; han vivido ya en otros mundos, de los que han sido excluidos a consecuencia de su obstinación en el mal, y porque serían causa de turbación entre los buenos; han sido relegados por un tiempo entre los espíritus más atrasados y tiene por misión hacerles adelantar, porque han llevado consigo la inteligencia desarrollada y el germen de los conocimientos adquiridos; por esto los espíritus castigados se encuentran entre las razas menos inteligentes: son también aquellos para quienes las miserias de la vida tienen más amargura, porque hay en ellos más sensibilidad y son más probados por el contacto de las razas primitivas, cuyo sentido moral es más obtuso.

15. La tierra es, pues, uno de los tipos de los mundos expiatorios, cuyas variedades son infinitas; pero que tienen por carácter común el servir de lugar de destierro a los espíritus rebeldes a la ley de Dios. Ahí estos espíritus tienen que luchar, a la vez, contra la perversidad de los hombres y contra la inclemencia de la naturaleza, doble trabajo penoso que desarrolla al mismo tiempo las cualidades del corazón y las de la inteligencia. Así es como Dios en su bondad, hace que el castigo redunde en provecho del progreso del espíritu. (San Agustín. París, 1862.)

Mundos regeneradores
16. Entre esas estrellas que resplandecen en la bóveda azulada, ¡cuántos mundos hay como el vuestro designados por el Señor para expiación y para prueba! Pero los hay también más miserables y mejores, así como los hay transitorios que pueden llamárseles regeneradores.

Cada torbellino planetario, corriendo en el espacio alrededor de un foco común, arrastra con él sus mundos primitivos, de destierro, de prueba, de regeneración y de felicidad. Se os ha hablado de esos mundos en donde es colocada el alma naciente, cuando ignorante aún del bien y del mal, puede marchar hacia Dios, dueña de si misma, en posesión de su libre albedrío; se os ha hablado de cuán amplias facultades ha sido dotada el alma para hacer el bien; pero ¡ah! las hay que sucumben y no queriendo Dios anonadarlas, las permite ir a esos mundos en donde, de encarnaciones en encarnaciones, se purifican, se regeneran y se harán dignas de la gloria que se les ha destinado.

17. Los mundos regeneradores sirven de transición entre los mundos de expiación y los mundos felices; el alma que se arrepiente encuentra allí la calma y el reposo acabándose de purificar. Sin duda en esos mundos el hombre está aun sujeto a las leyes que rigen la materia; la humanidad experimenta vuestras sensaciones y vuestros deseos, pero está dispensada de las pasiones desordenadas de las que sois esclavos; allí no existe el orgullo que hace callar el corazón, la envidia que lo tortura y el odio que lo ahoga; la palabra amor está escrita en todas las frentes, y una perfecta equidad arregla las relaciones sociales; todos reconocen a Dios y procuran ir a El siguiendo sus leyes. Con todo, allí no se encuentra aún la perfecta felicidad, pero sí su aurora. El hombre aun es carnal y por lo mismo está sujeto a vicisitudes de las que no se eximen sino los seres completamente desmaterializados; aun quedan pruebas que pasar, pero no tienen las punzantes amarguras de la expiación. Esos mundos, comparados con la tierra, son muy felices y muchos de entre vosotros estaríais satisfechos de quedaros allí porque es la calma después de la tempestad, la convalecencia después de la cruel enfermedad; pero el hombre menos entregado a las cosas materiales, entrevé mejor el porvenir que vosotros, comprende que hay otros goces que el Señor promete a aquellos que se hacen merecedores de ellos, cuando la muerte ha segado de nuevo sus cuerpos para darles la verdadera vida. Entonces será cuando el alma libre dominará todos los horizontes; ya no tendrá sensaciones materiales y groseras, sino los sentidos de un espíritu puro y celeste, aspirando las emanaciones de Dios, bajo los perfumes de amor y de caridad que se derraman de su seno.

18. Pero ¡ah! en esos mundos el hombre es aún falible, y el espíritu del mal no ha perdido en ellos completamente su imperio. No avanzar es retroceder, y si no está firme en el camino del bien, puede volver a caer en los mundos de expiación en donde le esperan nuevas y más terribles pruebas. Contemplad, pues, esa bóveda azulada por la noche, a la hora del descanso y de la oración, y en esas innumerables esferas que brillan sobre vuestras cabezas, dirigid vuestras súplicas a Dios y rogadle que un mundo regenerador os abra su seno después de la expiación de la tierra. (San Agustín. Paris, 1862.)

 Extraído del Libro “El Evangelio según el Espiritismo” Allan Kardec.

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             LA CRISIS DE LA MUERTE 
( 1º Caso )

Extraigo este caso de una obra titulada. “Letters and Tracts on Espiritualism”, que contiene los artículos y las monografías publicadas por el judío Edmonds, de 1854 a 1874. Se sabe que Edmonds era un notable médium psicógrafo, parlante y vidente. Algunos meses después de la muerte accidental de su compadre, el judío Peckam, a quien él estimaba mucho, se dio el caso de que Edmonds escribiera un largo mensaje, en el cual su amigo muerto refería las circunstancias de su muerte. Los pasajes siguientes están sacados de dicho mensaje: Si hubiese podido escoger la forma de desencarnar, ciertamente no hubiese escogido la que el destino me impuso. Aunque ahora en el presente no me quejo de lo que aconteció, dada la naturaleza maravillosa de la nueva existencia que se abrió súbitamente delante de mí. En el momento de la muerte, reviví como en un panorama, los acontecimientos de toda mi existencia. Todas las escenas, todas las acciones que yo hice pasaron delante de mi vista, como si se hubiesen grabado en mi mente, en fórmulas luminosas. Ni uno solo de mis amigos, desde la infancia hasta la muerte, faltó a la llamada. Cuando me hundí en el mar, llevando en los brazos a mi mujer, se me aparecieron mi padre y mi madre, y fue esta última la que me sacó del agua, haciendo muestra de una energía cuya naturaleza solo ahora comprendo. No recuerdo haber sufrido. Cuando me sumergí en las aguas, no experimenté sensación alguna de miedo, ni siquiera de frío o de asfixia. No me acuerdo de oír el estruendo de las olas quebrando sobre nuestras cabezas. Me desprendí del cuerpo casi sin darme cuenta y, siempre abrazado a mi mujer, seguí a mi madre que había venido para acogernos y guiarnos. El primer sentimiento triste no me asaltó hasta que no dirigí el pensamiento hacia mi querido hermano, por ello mi madre, sintiendo mi inquietud, me anunció “Tu hermano tampoco tardará mucho en estar con nosotros.” A partir de ese instante toda sensación de tristeza desapareció de mi espíritu. Pensaba en la escena dramática, que acababa de vivir, únicamente con el propósito de socorrer a mis compañeros de desgracia. De inmediato vi que estaban saliendo de las aguas del mismo modo que yo lo estaba. Todos los objetos me parecían tan reales a mí alrededor que, si no hubiese sido por la presencia de tantas personas que sabía muertas, habría corrido al lado de los náufragos. Quise informarte de todo esto a fin de que puedas transmitir una palabra de consuelo a los que imaginan que sus seres amados y que desaparecieron conmigo sufrieron agonías terribles, al verse presas de la muerte. No tengo palabras para describirte la felicidad que sentí cuando vi llegar a mi encuentro, una a una, las personas que más amé en la Tierra acudiendo a darme la bienvenida a las esferas inmortales. No habiendo estado enfermo y no habiendo sufrido, fácil me fue adaptarme inmediatamente a las nuevas condiciones de existencia... Con esta última observación el Espíritu alude a una circunstancia que concuerda con las informaciones acumuladas, obtenidas sobre el mismo asunto, por gran número de otras entidades mediúmnicas, esto es, que solo en los casos excepcionales de muertes imprevistas, sin sufrimientos y combinadas con estados serenos del alma, es posible que el Espíritu atraviese la crisis de la desencarnación sin tener necesidad de quedar sometido a un período más o menos largo de sueño reparador. Al contrario, en los casos de muerte consecutiva a larga enfermedad, en edad avanzada, o con la inteligencia absorta en preocupaciones mundanas, u oprimida por el terror a la muerte, o, incluso firmemente convencido de su aniquilación, los Espíritus estarían sujetos a un período más o menos largo de inconsciencia. Señalaré que estas observaciones ya se refieren a uno de esos “detalles secundarios” aludidos al principio y en los cuales apreciamos desacuerdos aparentes que, en realidad, se resumen en concordancias reguladas por una ley general, necesariamente manifestada de forma diferente, según la personalidad de los difuntos y las diversas condiciones espirituales al desencarnar. Es necesario reparar además en el detalle interesante donde el muerto dice haber experimentado la visión panorámica de todos los acontecimientos de su existencia en el momento de morir. Se sabe que este fenómeno es familiar a los psicólogos; por haber sido referido muchas veces por supervivientes de naufragios. Ahora en el caso relatado por el judío Edmond, como en muchos otros casos del mismo género, asistimos al hecho importante de que un muerto afirme haber pasado, a su vez, por la experiencia de visión panorámica, del que tanto hablan los náufragos salvados de la muerte, esto se vuelve teóricamente importante, teniendo en cuenta que el judío Edmond no conocía la existencia de los fenómenos de esta especie, ignorados por los psicólogos de su época. Él, pues, no podría haberse sugestionado en ese sentido, lo que constituye una buena prueba a favor del origen, extraño al médium, del mensaje que se trata. Indicaré finalmente que, en este episodio ocurrido en los primeros tiempos de las manifestaciones mediúmnicas, ya se observan muchos detalles fundamentales, concernientes a los procesos de desencarnación del Espíritu, los cuales serán después constantemente confirmados, en todas las revelaciones del mismo género. Así por ejemplo, el detalle de que el espíritu no percibe, o casi no percibe, que se separase del cuerpo y, todavía menos, que se encontrase en un medio espiritual. También el otro detalle de que el Espíritu se encuentra con forma humana y está rodeado de un medio terrestre, de pensar que se expresa de viva voz como antes, y percibir, como antes, las palabras de los demás. Señalemos todavía otro detalle: el de encontrar, el Espíritu desencarnado, al llegar al umbral de su nueva existencia, para acogerlo y guiarlo, a otros Espíritus de muertos, que son generalmente sus parientes más próximos, pero que también pueden ser sus más queridos amigos, o los “Espíritus-guías”. Detalle fundamental también este que, como los otros, será confirmado por todas las revelaciones trascendentales sucesivas hasta nuestros días, salvo siempre circunstancias más o menos especiales de muertos moralmente inferiores o degradados, a los cuales la inexorable “ley de afinidad” (ley físico-química irresistible en su poder fatal de atracción entre semejantes) prepararía condiciones de acogida muy diferentes de las que se deparan a los Espíritus evolucionados.
- Ernesto Bozzano-
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Terrestre, padeciendo aún los instintos agresivos, es
comprensible que las relaciones no siempre se realicen de
manera pacífica.
Considerando el grado de moral en que transitan
incontables criaturas humanas, por los caminos del Planeta
Terrestre, padeciendo aún los instintos agresivos, es
comprensible que las relaciones no siempre se realicen de
manera pacífica.
Predominando la naturaleza animal en detrimento de la
espiritual, el orgullo se arma de mecanismos de defensa,
resultantes de la prepotencia y de la argucia, para reaccionar
ante los acontecimientos amenazadores o que sean
interpretados como tales…
La acción recurrente del raciocinio y de la lógica, cede
lugar a los impulsos agresivos y se establecen los conflictos,
cuando deberían preponderar el entendimiento y la
compresión.
En razón de la fase más primitiva que racional, cualquier
situación desagradable asume proporciones inadecuadas, que
no se justifican, porque los recursos morales de la bondad
sucumben ante la cólera que se instala y lleva a la alucinación.
En cierta manera, al quedar aún remanentes de los
comportamientos arbitrarios de existencias pasadas que no
fueron dominados, fácilmente la ira rompe el delicado
envoltorio de la gentileza y acontecen los lamentables pesares,
que deben y pueden ser evitados.
La educación equivocada, que estimula al fuerte a
gobernar como sea, contribuye para que la mansedum
Considerando el grado de moral en que transitan
incontables criaturas humanas, por los caminos del Planeta
Terrestre, padeciendo aún los instintos agresivos, es
comprensible que las relaciones no siempre se realicen de
manera pacífica.
Predominando la naturaleza animal en detrimento de la
espiritual, el orgullo se arma de mecanismos de defensa,
resultantes de la prepotencia y de la argucia, para reaccionar
ante los acontecimientos amenazadores o que sean
interpretados como tales…
La acción recurrente del raciocinio y de la lógica, cede
lugar a los impulsos agresivos y se establecen los conflictos,
cuando deberían preponderar el entendimiento y la
compresión.
En razón de la fase más primitiva que racional, cualquier
situación desagradable asume proporciones inadecuadas, que
no se justifican, porque los recursos morales de la bondad
sucumben ante la cólera que se instala y lleva a la alucinación.
En cierta manera, al quedar aún remanentes de los
comportamientos arbitrarios de existencias pasadas que no
fueron dominados, fácilmente la ira rompe el delicado
envoltorio de la gentileza y acontecen los lamentables pesares,
que deben y pueden ser evitados.
La educación equivocada, que estimula al fuerte a
gobernar como sea, contribuye para que la mansedum

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