domingo, 30 de mayo de 2021

El Espíritu de los niños

   INQUIETUDES ESPÍRITAS 

1.- Implicaciones de la culpa

2.- El Ángel de la Guarda

3.- Arrepentimiento, culpa y reparación

 4.- El Espíritu de los niños

5.- Jerarquías espirituales

            



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   IMPLICACIONES DE LA CULPA

    Muchos niños son inducidos a actuar de manera “correcta”, de acuerdo con el estándar de su entorno, valores éticos, presiones existentes. Cuando el niño se ve obligado a hacer las cosas de esta o aquella manera, cada vez que lo hace de manera diferente desarrolla la culpa. La virtud del discernimiento debe serle enseñada desde temprana edad por padres conscientes, ya que es la virtud fundamental para que pueda elegir con seguridad lo que es correcto según las leyes divinas inherentes a la conciencia.

    Se debe enseñar al niño a comprender las leyes divinas; para mostrarle que cometer errores es natural y parte del aprendizaje, tanto como el error debe ser reparado como condición natural para el desarrollo del sentido moral. Pero si el niño desarrolla y adora la culpa y se acostumbra a ella, cuando llega a la edad adulta la culpa se intensifica y se suma a la culpa del pasado, colocando la vida en una condición insoportable.

    La culpa causa conmoción, desórdenes de autocastigo y contribuye a la ausencia de autoestima. Provoca una compulsión auto-exterminadora, como resultado de los movimientos de auto-juicio, auto-condena y auto-castigo en los que el culpable arruina la autoestima, haciendo imposible la autoaceptación amorosa.

    La autoestima está relacionada con los sentimientos básicos de autoaceptación, autoconfianza y autorrespeto, como preocupaciones fundamentales para el equilibrio del ser. Aparte de eso, surgen varias dificultades mentales y emocionales, que se reflejan en el cuerpo físico a través del bombardeo mental, comprometiendo el organismo.

    Bajo una compulsión auto-exterminadora, se puede llegar al suicidio, suicidio directo o indirecto. En este último caso, la persona atormenta al cuerpo a través de emociones y pensamientos, entrando en un estado de desinterés por la vida, culminando en procesos de depresión severa, provocando otros trastornos psicológicos y emocionales, como ansiedad generalizada, trastorno de pánico y trastorno bipolar.

   En el origen de toda enfermedad siempre hay componentes psíquicos o espirituales. Las enfermedades son herencias que surgen de la Ley divina de Causa y Efecto, y surgen de esta o de vidas anteriores. Son escombros que fijan en los genes los factores que propician la aparición de trastornos patológicos.

    Cuando hacemos un esfuerzo paciente, continuo y perseverante, desarrollando virtudes en nuestro corazón, mantenemos inactivas las enfermedades genéticas. Es posible que tengamos una predisposición genética al cáncer y nunca desarrollemos procesos cancerosos; es posible que tengamos una predisposición depresiva y nunca desarrollemos depresión; podemos tener toda una familia con problemas genéticos que, dependiendo de nuestro comportamiento, mantendrán neutralizadas las predisposiciones genéticas enfermas.

    Somos la imagen y semejanza del Creador; somos de esencia divina y fuimos creados para la felicidad y la armonía. Cuando tratemos de desarrollar el equilibrio existencial de manera responsable, no seremos alcanzados por enfermedades genéticas, sobre todo porque no es la composición biológica la que determina la salud o enfermedad del espíritu, sino que es el espíritu el que manda a lo físico. al cuerpo.

   Siempre seremos amados por el Creador, independientemente de nuestros errores. ¿Ama un padre a un hijo solo cuando hace las cosas correctas? De hecho, los padres aman a sus hijos de la misma manera, independientemente de las condiciones morales de sus hijos. ¿El padre es un ser humano más amoroso que Dios? A la luz de esto, no hay razón para sostener la culpa imponiendo “distimia” (comportamiento de mal humor), perdiendo interés en las actividades diarias normales, sintiéndose desesperanzado, teniendo baja productividad, baja autoestima y un sentimiento general de insuficiencia como precursor de la depresión.

      Hay quienes mantienen el mal humor casi continuamente. Son los que se despiertan de mal humor, pasan el día de mal humor y se van a dormir de mal humor, porque están constantemente en un proceso de culpabilidad en el auto juicio, la auto-condena y el autocastigo. Para salir de este estado es imperativo desarrollar los sentimientos básicos de autoestima, auto-aceptación, autoconfianza, autoestima y auto-respeto.

      Hay varias consecuencias de la culpa, a saber: inseguridad, aislacionismo, ausencia de uno mismo y de los demás. La persona entra en un estado de aislamiento psíquico y aumenta la sensación de abandono existencial. No es posible que alguien así se sienta perteneciente al universo, y es precisamente el sentimiento de pertenencia al universo lo que genera en nosotros el existencialismo y la alegría de vivir.

Jorge Hessen


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                       EL ANGEL DE LA GUARDA                               


   El ángel de la guarda o espíritu protector; viejo amigo. Hablamos de él constantemente; le evocamos pidiéndole ayuda y protección, la mayoría de las veces por inercia, porque desde pequeños nos han enseñado que, cuando nacemos, nos ponen un ángel para que nos proteja de todo mal. Pero no nos enseñan cómo es en realidad la misión que nuestro ángel, libremente aceptada por él, ha de cumplir con nosotros. Su misión es la de orientarnos; qué debemos hacer para no equivocarnos en nuestras actuaciones, y eso lo hace mediante la inspiración. El problema está en que nosotros tomamos decisiones sin consultar con la razón, que es precisamente en donde él deposita sus consejos y orientaciones.

    Cuando nos lanzamos a realizar un proyecto, no nos acordamos de él, y antes de ponerlo en marcha y pedirle ayuda para no tomar decisiones precipitadas; que nos ilumine para no equivocarnos; lo que hacemos en realidad es poner en marcha el proyecto sin meditar las consecuencias, y le pedimos que todo nos salga bien; le pedimos un milagro.

    No nos han enseñado que todo cuanto tenemos que realizar en la Tierra es un trabajo que debemos hacer nosotros, y que nuestro ángel está ahí para impulsar nuestros deseos de trabajar, para ayudarnos a levantar nuestro ánimo cuando nos vence el desaliento. Él nos dice: ¡Ánimo, hermano! ¡Levántate; trabaja! ¡Tu esfuerzo tendrá su recompensa, y yo estoy aquí para ayudarte!

    Sin embargo, no podemos escucharle porque estamos desintonizados; transitamos por la vida envueltos en una vorágine materialista que no cede tiempo para el análisis de nuestra existencia; averiguar para qué estamos aquí y cuál es nuestra misión en la Tierra, que no es otra que la que explicamos más arriba: trabajar por y para nosotros, pero como entes espirituales; solo así, con el conocimiento de cómo somos y cómo debemos ser, la sintonía con nuestro ángel estará garantizada y nos será muy fácil advertir su presencia a nuestro lado y escuchar sus consejos, muchos de los cuales nos los da en forma de señales, y que si nos detuviéramos unos momentos para hacer memoria, encontraríamos algún episodio en el cual nos dio esa señal.

    He narrado en varias ocasiones mis experiencias con el espiritismo, y Dios, que ha decidido mantenerme en este mundo, me da la oportunidad de seguir observando para adquirir nuevas experiencias y conocimientos, pero basados en la razón, en la observación… ¿Puede ser esto una prueba?

    Después de toda una semana recluida en casa a causa de un fuerte catarro, a la semana siguiente, y encontrándome mejor, decidí salir de casa el día de nuestro trabajo en el centro; sin embargo, aun encontrándome mejor, como ya he dicho, no estaba bien del todo, así que pensé: Quiero ir, ese es mi deseo; sin embargo, puedo recaer. Aun así, como mi deseo es noble, mi buen ángel me ayudará… ¿Qué hacer?

     Llegado el día, dispuesta a ir al trabajo, un golpe de tos, un brusco malestar y un tremendo dolor en todo mi cuerpo acabaron cancelando mi salida. ¿Casualidad? Nada ocurre por casualidad. Pedí a mi ángel ayuda para hacer lo correcto y él respondió a mi demanda; esa fue su señal: me puse peor para que comprendiera que, al no estar bien del todo, debía quedarme en casa hasta quedar totalmente recuperada.

    Así pues, solo necesitamos dedicar unos minutos a la reflexión antes de tomar decisiones precipitadas, pidiendo ayuda mediante la oración a nuestro buen ángel; establecer con él el compromiso de trabajar sin desmayo en nuestro mejoramiento moral, y de ese modo, poco a poco, conseguir esa sintonía que va a hacer posible sentirle a nuestro lado y oír sus consejos; seremos capaces de interpretar las señales que nos proporciona como advertencia de lo que no debemos hacer, lo que equivale a eso que conocemos como voz de la conciencia.

     No le evoquemos, pues, por inercia; hagámoslo como al mejor amigo al que Dios nos ha confiado; un amigo incondicional que solo desea que le escuchemos para que no nos desviemos del camino que conduce a la plenitud, que es el destino final del espíritu.

- María Escrich- Amor, Paz y Caridad-

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           Arrepentimiento, Culpa y Reparación

                                                      


                            Un camino de Esperanza

    El camino mejor para una persona que cometió un error así  lo comprendió, es  sin duda, el arrepentimiento. Ese seria el primer  grito de la conciencia para anunciar que aquello que nosotros hicimos, no lo deberíamos de haber hecho. La conciencia moral nos advierte en cuanto al valor de  nuestra acción.

    Desde el  punto de vista ético y de vivencia se puede afirmar que el arrepentimiento supone una insatisfacción causada por la violación de un principio moral aceptado por la persona como un valor necesario. Esto resulta en la libre aceptación de la punición castigo , además de que la persona se dispone a evitar futuras transgresiones.

    En el plano de la evolución del Espíritu el arrepentimiento en si mismo ya es una conquista, ya que significa que hubo algun progreso. Solamente se arrepienten sinceramente las criaturas que lograran desarrollar cierta sensibilidad, lo que Kardec llamo apropiadamente  madurez del sentido moral . Y es esta madurez la que nos permite comprender la esencia de la Doctrina, conforme al análisis particular que Kardec hace acerca de los buenos espiritas:

    (...) la parte, por así decir, material de la ciencia solamente requiere ojos que observen, mientras que la parte esencial exige un cierto grado de sensibilidad, que se puede llamar madurez del sentido moral, que es independiente de la edad y del grado de instrucción, porque es algo peculiar al desarrollo, en sentido especial, del Espirito encarnado”. 

    El pensamiento espirita establece una nítida relación entre el sentido moral y la sensibilidad .

    Proponiendo una reflexión de la naturaleza psico-sociológica que confirma nuestro raciocinio, Kardec considera que los lazos de familia son más fuertes en el seno de una civilización moral mas avanzada (como parece ser la nuestra), y que “esos lazos, más débiles en los pueblos primitivos, se fortalecen con el desarrollo de la sensibilidad y del sentido moral”.

    Kardec afirmó que “con la inteligencia y el sentido moral nacen las nociones del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto”. Y nacen también los fenómenos emocionales del arrepentimiento, del remordimiento y de la culpa, que abren caminos para la futura reparación.

    Como vemos, hay una estrecha relación entre sensibilidad, desarrollo del sentido moral y arrepentimiento . Este representa una expresión de la sensibilidad del ser que ya alcanzó  cierto grado de su conciencia moral. Ya no se encuentra en una condición de embotamiento de su capacidad de valoración ni cegado por el egoísmo que lo impele a atender exclusivamente sus intereses, no raras veces en perjuicio de otros.

    El arrepentimiento, de ese modo, puede ser entendido como una experiencia de alguien que ya consiguió sensibilizarse ante sus acciones infelices y retoma, en seguida, el rumbo que la madurez psicológica ya alcanzada le permite.

    Es evidente que existen grados diferenciados de arrepentimiento, variando desde formas mas pálidas y fugaces hasta una posición de profunda sinceridad, fruto de la madurez psicológica. En ese último caso, hay una disposición del ser para el reajuste a través de la reparación.

    Los Espíritus esclarecen que el arrepentimiento en el estado corporal tiene como consecuencia “hacer que, ya en la vida actual , el Espirito progrese, si tiene tiempo de reparar sus faltas. cuando la conciencia lo expropie y le exponga una imperfección; el hombre puede siempre mejorarse” .

    Es común que nos sintamos culpables como consecuencia del acto psicológico y moral del arrepentimiento. En ese sentido, hay que establecer una distinción entre la culpa terapéutica y la culpa patológica . La primera es saludable, mientras que la segunda provoca trastornos variados.

    La culpa puede  desdoblarse en remordimiento, como puede llevar al individuo a conductas y experiencias de mayor equilibrio.

    Cuando alguien se equivoca por algún motivo y se arrepiente, es comprensible que surja la culpa en las pantallas de la conciencia.

    No siendo la culpa un sentimiento negativo en si, cumple el papel de despertar la conciencia para la renovación de actitudes, recomponiéndonos moralmente. No voy a referirme a la culpa como experiencia emocional que se baste a si misma. Solamente sentir la culpa no determina ninguna transformación. Es precisamente en esta etapa cuando  la responsabilidad establecerá el punto de ruptura entre la culpa saludable y la no saludable.

    Al lidiar con el sentimiento de culpa, si el individuo sabe asumir la responsabilidad sobre sus propios actos y actúa verdaderamente como  adulto, sabrá enfrentar de modo maduro las consecuencias de sus actos y  en ese caso no se inquietará con los tormentos  del remordimiento, lo que representa un grado mas profundo de culpa. La culpa es como una constante insatisfacción que acusa  la conciencia, mientras que el remordimiento se traduce en  un estado de inquietud en la alma por el error cometido. Es una cuestión de grado.

    Cuando convertimos la culpa en responsabilidad, crecemos psicologicamente. De esto resultará la disposición para perdonar al otro,  como también para el auto-perdón (perdonarse), lo que son pasos fundamentales para la reparación.

    Por otro lado, la fijación en los cuadros de remordimiento se nos tornará mas difícil la revisión de los actos, la reflexión madura e la consecuente actitud de responsabilidad ya referida. Será providencialmente necesario, en ese sentido, vivenciar los resultados del remordimiento, sus consecuencias, para podernos mas tarde  liberarnos de tales cobranzas internas y despertar nuestro sentido de responsabilidad. Cuando la culpa domina nuestro interior, estamos delante del remordimiento, lo cual se convierte en verdugo interno  de nosotros mismos, al producir cuadros mentales y emociones descontroladas que representan la base para numerosos  problemas y trastornos psicológicos.

    La responsabilidad marca, de hecho, una diferencia en la conducta del ser. Ser responsable es reconocer humildemente sus faltas y desear sinceramente reparar el mal cometido. Asumir nuestras responsabilidades es tener el coraje de  demonstrar capacidad para actuar con elevación y dignidad, sin  crear justificaciones no sustentables. En muchas situaciones entendemos (cuando la culpa es consciente) o sentimos (cuando la culpa es inconsciente) que las conductas auto-punitivas generadas y sustentadas por el sentimiento de culpa estarían al servicio de algún “pago” de la deuda moral. Personas que cometen errores y que se arrepienten, pueden terminar por castigarse, creyendo que en el fondo no merecen una vida mejor o  feliz. Se auto castiga por la conciencia de culpa que les visita el alma. No se permiten recomenzar o reparar la falta cometida. La culpa paraliza al individuo en una deletérea inacción, dándole al mismo tiempo la falsa idea de rescate . No nos levantamos por el dolor elegido y vivido en un clima de insatisfacción, lamentaciones y revueltas, como además propone el amigo espiritual Lacordaire en “Bien sufrir y mal sufrir”. 

    En lenguaje de la filosofía existencial, tener responsabilidad significaría salir de una vida banal, no autentica y vulgar hacia una vida autentica y filosófica, a través de la conciencia de los problemas existenciales y de su condición de ser existente en el mundo, siendo responsable por todos sus actos. Esta autenticidad se traduce por el coraje de ser, de romper con la banalidad en las relaciones humanas y ser lo que  elige ser.

    El pensamiento espirita está  basado en la noción de responsabilidad personal por los propios actos.

    Veamos lo que afirmaron los Espíritus a ese respecto:

Disteis al animal el instinto que le traza el límite de lo necesario y él maquinalmente se conforma con eso; pero al hombre además de su instinto, le disteis la inteligencia y la razón; le disteis también la libertad de observar o infringir aquellas de vuestras leyes que le conciernen personalmente, es decir, de escoger entre el bien y el mal, a fin de que tenga el mérito y la responsabilidad de sus acciones.

     Es necesario considerar que estas nociones de responsabilidad e consciencia de los resultados morales de las acciones van si desarrollando en el ser inmortal lentamente, al largo de su proceso de evolución espiritual, lo que si reflexiona en el proceso de desenvolvimiento psicológico y emocional del ser encarnado.

     Asumida la responsabilidad, ya estamos avanzando en dirección a la reparación.

     Kardec considera tres pasos fundamentales en eses casos: el arrepentimiento, la expiación y la reparación. Ese modelo rompe con la visión culturalmente transmitida hasta los días de hoy según la cual debemos temer el mal y buscar a toda costa el bien.

     ¡Cuantos conflictos neuróticos dominarán nuestro campo de conciencia emocional por el remordimiento patológico a que nos entregamos por cuenta de un sistema de valores (personal y social compartido muchas veces) construido sobre las bases del miedo y de la culpa! Hasta hoy rezuman de nuestro inconsciente los residuos de tales conflictos.

     El modelo propuesto en el pensamiento espirita se nos revela acogedor, humanista y moralmente elevado en sus fundamentos.

     Analizando el asunto en “El Cielo y el Infierno", Kardec afirma que “el arrepentimiento, a pesar de que sea el primer paso para la regeneración, no basta por si soloson necesarias la expiación y la reparación. (...) Arrepentimiento, expiación y reparación constituyen, por lo tanto, las tres condiciones necesarias para apagar las huellas de una falta y sus consecuencias”  (1ª parte, cap. VII, item 16).

     Apagar las huellas de una falta y sus consecuencias es tarea para los seres que ya despertaron la conciencia hacia otros valores y adoptan, por esto mismo, una postura más realista e productiva en la vida.

     En algunas tradiciones religiosas basta el individuo  arrepentirse para estar exento de las responsabilidades sobre los actos cometidos anteriormente. Se entiende que en eses casos el perdón es una dádiva, una gracia, y no una conquista, algo que resulta del trabajo y del esfuerzo.

Kardec esclarece:

   El arrepentimiento suaviza los clavos de la expiación, abriendo por la esperanza el camino de la rehabilitación; solo la reparación, sin embargo, puede anular el efecto destruyéndole la causa. De lo contrario, el perdón seria una gracia, no una anulación.

    Vemos en el tramo de arriba que  la esperanza  resulta del arrepentimiento. Siendo ese el primer paso, es comprensible que por la expiación, hay sufrimientos físicos y morales, aunque sean precedidos por la esperanza.

     Es la esperanza lo que nos da la fuerza necesaria para los regates que se hacen necesarios, a fin de que nuestra consciencia  tranquilice su pasado con la reparación. De ese modo, la visión defendida por el Espiritismo es siempre optimista y esperanzadora, por cuanto no desea la muerte del impío, si no que el se convierta y deje el mal camino en que vive”, conforme aseveró el profeta Ezequiel (33:11) y cuya enseñanza  se encuentra  en  la obra El Cielo y el Infierno”.

     Es el propio Codificador quien lo evidencia, cuando considera que desde que se manifiestan los primeros vislumbres de arrepentimiento, Dios le hace entrever la esperanza”.

     Obsérvese que la esperanza podrá resultar desde los primeros vislumbres del arrepentimiento. Esto significa que la expiación y la reparación podrán ser frutos de la esperanza, al mismo tiempo que ella misma sustenta las acciones del ser en la realización de lo que le compete para asumir las consecuencias de sus conductas.

    Ese modo de pensar invierte la lógica del pensamiento judeo-cristiano. Antes se admitía la necesidad de sufrir para evolucionar. Aquí se entiende que el sufrimiento es un accidente del camino, y no una condición “sine cua non” para el desarrollo de las potencialidades del ser. Sufrimos por cuenta de nuestras acciones equivocadas y no debido a un impositivo de la Ley de Dios. El único impositivo de esta es nuestro crecimiento moral e intelectual para conquistar, nosotros mismos, la felicidad plena por la perfección relativa.

     La noción de expiación es tratada con el mismo tono de esperanza y optimismo. Hay personas que aun habiendo bebido altas doses de conocimiento en las fuentes seguras de la Doctrina espirita entienden que la expiación es una sanción, casi un castigo. Afirmó el codificador que hasta que los últimos vestigios de la falta desaparezcan, la expiación consiste en los sufrimientos físicos y morales que le son consecuentes, ya sea en la vida actual, ya sea en la vida espiritual pos-muerte, o incluso en una nueva existencia corporal. (item 17 – CI)

    No ser nuestro planeta un “valle de lágrimas”, implica que la expiación consiste, en realidad, en experiencias que terminan por desarrollar nuestra sensibilidad más profunda. Es como el proceso de dilapidación de una piedra preciosa. Para demostrar nuestra esencia precisamos vivir experiencias de amor, pero cuando delinquimos en el amor, en el conocimiento, el sufrimiento es un camino que se nos abre para el desarrollo de nuestra sensibilidad y maduración de nuestro sentido moral ante de la vida. Afirmó Kardec que la reparación consiste en hacer el bien a aquellos a quien se había hecho el mal” .

     Como estamos considerando nuestra jornada evolutiva como un camino de esperanza, en los momentos difíciles de arrepentimiento y culpa, cuando “nuestro corazón nos condene”, recordemos que “Dios es más grande que nuestro corazón, y conoce todas las cosas” .

(*) Henrique Fernandes - Miembro Expositor de la Asociación Médico-Espírita del Rio de Janeiro. Miembro Consejero de la Radio Rio de Janeiro. Maestro en Psicología, Psicólogo y Psicoterapeuta.

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                      EL ESPÍRITU DE LOS NIÑOS

– ¿Pertenece a una categoría superior el Espíritu de un niño que por haber muerto a tierna edad, no pudo hacer mal?

– Si no hizo mal, tampoco ha hecho bien y Dios no le libra de las pruebas que debe soportar. Si es puro no se debe a que sea un niño, sino a que progresó mucho.

199 – ¿Por qué se interrumpe con frecuencia la vida, en la Infancia?

– La duración de la vida de un niño puede ser para el Espíritu que está encarnado en él, el complemento de una existencia interrumpida antes del tiempo marcado, y su muerte, la mayor parte de las veces, es una prueba o una expiación para los padres.

– ¿Qué le sucede al Espíritu de un niño que murió en edad temprana?

– Vuelve a empezar una nueva existencia.

Allan Kardec

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               Las Jerarquías Espirituales

 

            Desde nuestra  imperfecta e infinitesimal mente cósmica, podemos imaginar a modo de un grandioso y perfecto organigrama Divino que parte  del Todo en un macrocosmos infinito, sin límites, y engloba hasta lo microscópico.

        Partiendo de Dios, Causa Primera de Todo cuanto existe, o  Mente Suprema, este está situado en el vértice más elevado de un organigrama de jerarquías; abarca Todo cuanto existe en el Universo, desde el macrocosmos hasta los microcosmos, y a partir de esta mente Suprema, existe una infinita escala  evolutiva  descendente gradualmente a partir de Él, de Seres agrupados según los muy diversos grados  de evolución espiritual alcanzados por los mismos.

     Esta escala comienza por los  Seres espirituales que se identifican como más próximos a la Mente Divina, estos habitan los elevadísimos e inimaginables Planos Crísticos, en donde se reúnen los Guías, Cristos y Mentores de las humanidades planetarias en un número tan ilimitado como ilimitada es la extensión del Universo.

      Incluso aún por encima de estos  grandes Seres, existen otros de un más alto nivel jerárquico, designados como Arquitectos Siderales, cuya  función  es la de crear mundos y vidas planetarias, organizando los diversos sistemas planetarios y las especies de seres vivos que los habitan, así como renovando los ya existentes, etc .Vienen a ser como el brazo derecho de Dios, si es que Dios tuviese brazos.

     Intentar comprender esto, para nosotros, en un principio es muy complicado y  casi mareante, desbordando  los sentidos y capacidades humanas normales,  pues viene a ser algo así como si una ameba pretendiese llegar a comprender los complejos mecanismos de la vida del Ser  humano. Nuestra mente, en este caso, viene a ser como un vasito pequeño de agua, que tratase  de contener en él  toda el agua de los océanos.

     Estos elevadísimos Seres espirituales, desde los planos superiores  que habitan, irradian y dirigen energías y fuerzas espirituales purificadoras  y vitalizadoras hacia los mundos físicos, siendo estas energías y fuerzas  aprovechadas por las Humanidades habitantes de esos mundos, cuando entran en sintonía vibratoria con ellas. Cuando la invocación de los Seres humanos es colectiva e intensa  por el sentimiento y  por la fe, esta es una vibración sube hasta  esos elevados  Planos de Amor, y se establece un canal de comunicación  y sintonía entre las Fuerzas realizadoras Superiores, y las Humanidades  del plano físico.

       Cada mundo físico con su población de Espíritus encarnados en la materia propia de cada Planeta, debe tener su  particular Espíritu Crístico o Guía, que    como Espíritu Puro de elevada jerarquía y poder, dirige la evolución del mundo encomendado a Su custodia, siendo para ello asistido por gran número de colaboradores espirituales en diversos grados evolutivos por debajo de Él, que actúan desde los diversos planos espirituales que habitan.

      Entre estos colaboradores están los  Espíritus de Luz, llamados así por el aura luminosa que les acompaña, (según videntes),  debido a su elevado grado de purificación de la materia; estos son diferenciados entre sí y conocidos por las religiones  bajo el nombre de Ángeles, Arcángeles y Serafines, (según sus grados evolutivos y sus misiones planetarias).

      Estos proceden de planos  elevados, y dirigen y controlan diversas áreas evolutivas en las Humanidades, tal como el campo del conocimiento científico, de las artes, etc.  Otros orientan individualmente a personas dirigentes de organizaciones de ayuda a la Humanidad,  a los que inspiran sabias resoluciones para guiar y ayudarles en su labor social, etc. Para llevar a cabo esta dirección se suelen servir a su vez de la colaboración y el servicio  de  otros Entes espirituales de menor jerarquía.  Algunos de estos  espíritus están especializados en los trabajos de ayuda al Ser humano en determinadas áreas, tal como, por ejemplo, en los  procesos de la  desencarnación, o se especializan en procesos de reencarnación, o  como  ayuda y orientación  a los recién desencarnados y a los  Espíritus que se preparan para  regresar al mundo material.

      Dentro del aura magnética de la Tierra los hay encargados de ayudar individualmente a los que estamos a este lado de la vida, y esto lo cumplen durante una o varias existencias humanas: son los llamados Ángeles de la Guarda por algunas religiones, y son de un grado evolutivo superior al de sus tutelados. Algo parecido hacen otros Espíritus llamados Guardianes que acompañan, escoltan, sirven y protegen a los Seres que vienen a este mundo para hacer alguna misión muy importante o trascendente para la humanidad..

       También existen  Guías Protectores de  grupos y sociedades humanas, a las que tutelan globalmente cuando estos, están dedicados a fines nobles o altruistas, por lo que las personas dedicadas a estos  menesteres, reciben de lo Alto la ayuda y protección necesarios para el buen desarrollo de los mismos.

  Otros hay que descienden voluntariamente hasta los planos espirituales inferiores  en misión de rescate de los Seres que habitan esos planos y que necesitan  y solicitan esa ayuda  porque  ya se encuentran preparados para abandonar  esos estados de sufrimiento  y ascender a otro plano espiritual de superior nivel para proseguir con su particular viaje evolutivo. Estos “especialistas del rescate” ,ejercen el papel de misioneros que por Amor, renuncian transitoriamente a su bienestar en el Más Allá, para poner una llama de esperanza en los Seres que están sufriendo en los planos inferiores, mostrándoles así el camino de su liberación de esos estados en los que transitoriamente se han sentido desterrados a causa de sus errores durante la existencia en la materia.

  Otros son Guías Protectores auxiliares, como sucede en el caso de Seres desencarnados que fueron madres o padres en la Tierra y después aun continúan velando por sus hijos desde el Más Allá.

 Y así, se comprende que todos los Seres espirituales forman  una infinita cadena de solidaridad y de Amor, de modo que todos y cada uno de nosotros recibimos  la ayuda y fuerza necesaria  de esos  Seres  espirituales  superiores.

  Como  ya se puede  intuir tras este  breve repaso por estos mundos y los Seres que les dan razón de ser, en el  Mundo Espiritual no existe el problema de la inactividad o del paro que tenemos en nuestro mundo, donde paradójicamente parece que la necesidad física de trabajar es una condena. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en los mundos más atrasados, el trabajo no es un castigo, sino un premio de dicha que todos merecen y alcanzan.

- Jose Luis Martín-

 

“ Yo no creo en el dios que los hombres hicieron, pero sí creo en el Dios que hizo a   los  hombres ”   -  Voltaire –


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