martes, 9 de abril de 2019

Contradicciones en la mediumnidad

   
     INQUIETUDES  ESPÍRITAS

1.- La decisión del aborto.
2.- Influencia del Espiritismo sobre el progreso
3.- Contradicciones en la mediumnidad
4.- Comentarios sobre la mediumnidad
5.- Motivos de resignación




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                                       La decisión del aborto


                                                                

¿En qué momento ocurre el milagro de la vida?   

 ¿En qué instante el soplo Divino pasa a animar el cuerpo de aquel nuevo ser que pronto surgirá en la Tierra?


La respuesta a estas preguntas siempre inquietó  a la   Humanidad. Meditaron sobre ella filósofos, religiosos y científicos. Solamente la religión ofrece certezas. 

   Lo más interesante es que esas certezas son muy semejantes, lo que indica que las diversas tradiciones religiosas, alrededor del Mundo,guardan entre si muchas cosas en común. 


Por ejemplo, casi todas las religiones enseñan que la vida se inicia en el momento de la concepción. 

En aquel momento en que el espermatozoide fecunda el óvulo, se inicia lo más complejo y conmovedor proceso:  la formación de un nuevo cuerpo humano. 
 Y, lo aseguran los religiosos, es en ese instante sublime que el Espíritu se une al cuerpo en formación.

Por eso, también, las religiones son unánimes en reprobar el aborto. La única excepción es cuando el embarazo amenaza la vida de la madre. Y eso también es una unanimidad entre las creencias.

Bueno, si es así, si todas las religiones humanas desaconsejan el aborto, ¿por qué la Humanidad insiste en el abortamiento?

¿ El qué hace que un padre o una madre, decidan matar a su hijo?.¿Que nos mueve a tomar una actitud que hace víctima a una frágil criatura desprotegida?

Respuesta: nuestro egoísmo. Cuando nos vemos en una situación que amenaza nuestro confort, en general nos defendemos escogiendo una actitud defensiva.

El problema es cuando nuestra actitud viola los derechos de los demás. Y eso, definitivamente, ocurre cuando se hace el aborto.

Sí, porque en el silencio del vientre crece un cuerpo que ya tiene dueño. Será morada de un Espíritu inmortal, abrigará a un hijo de Dios.

¿Cuántas veces nosotros, los que creemos en Dios, pensamos que aquel cuerpo en formación es la morada de un hermano nuestro? ¿Un ser especial que las manos de Dios depositaran en nuestros brazos?

Y ¿cómo recibimos esa nueva vida? ¿Qué hacemos con el Divino regalo que nos llegó a las manos? ¿Será correcto sofocarlo cuando está todavía tan frágil y pequeñito?

 No. La vida pide protección, amparo.

En todos los países e idiomas del Mundo, la maternidad es alabada como sublime. No podemos, en nombre de la modernidad, corromper los valores morales y éticos que heredamos. La ley natural es la del progreso. Jamás de retroceso.

Hoy, el discurso de mucha gente es que la mujer debe tener poder de decisión sobre su cuerpo.

La legalización del aborto es tratada como avanzo de los derechos humanos, pues se alega que la medida va a proteger las mujeres pobres que hacen abortos ilegales.
Son argumentaciones equivocadas, parten de principios erróneos. 


Primero, porque el feto es otro ser, él no es parte del cuerpo de la madre.

Y cabe la pregunta: ¿De qué derechos humanos hablamos? Derechos humanos están para garantizar prácticas éticas y no legalizar un asesinato de niños.

Y si deseamos de hecho proteger a las mujeres pobres de las consecuencias de un aborto ilegal, deberíamos invertir en salud y educación.

Son antídotos. Mujeres informadas van a usar métodos contraceptivos, tendrán acceso a la información. No necesitarán matar para evitar la gestación.

Por otro lado, ¿dónde está el amor de que tanto hablamos y aspiramos sentir? El ejercicio del amor nos recomienda cuidar de los más débiles, ¿qué amor es ese que se desvencija de la vida que florece?

El amor acoge, bendice, fortalece, es la expresión máxima de solidaridad. El amor seguramente no mata.

- Redacción de Momento Espírita- 


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INFLUENCIA DEL ESPIRITISMO SOBRE EL PROGRESO

    En más de una oportunidad nos hemos preguntado, en la intimidad de nuestro ser, esta cuestión relacionada con el progreso-individual, lo que es decir, con el Progreso de la humanidad, del planeta .


     Toda la sabiduría que el Espiritismo encierra, es una palanca indiscutida para alcanzar ese progreso –que es sinónimo de avance, de prosperidad, de adelanto y por momentos nos parece que no se logra ese progreso en la medida de las necesidades del hombre y la civilización. 


   KARDEC, en el comentario que adiciona a la respuesta de la pregunta 798 del libro III – Cap.VIII, en el libro de los Espíritus, nos ofrece un panorama perfectamente claro en el accionar de las ideas y sus consecuencias, afirmando: “Las ideas no se transforman sino con el tiempo y jamás súbitamente. Ellas se debilitan degeneración en generación y acaban por desaparecer, poco a poco, con aquellos que la profesaron y que son sustituidos por otros individuos, imbuidos de nuevos principios, como ocurre con las ideas políticas. Vemos el paganismo; seguramente, hoy no hay personas que profesen las ideas religiosas de los tiempos paganos. No obstante, varios siglos después de advenimiento del Cristianismo, ellas dejaron vestigios que sólo la completa renovación de las razas pueden borrar. Ocurrirá lo mismo con el Espiritismo; él hizo mucho progreso, pero aun quedara durante dos o tres generaciones, un fermento de incredulidad que solo el tiempo disipará. Sin embargo, su marcha será más rápida que la del Cristianismo quien le abre el camino y sobre el cual se apoya. El Cristianismo, tenía que destruir; el Espiritismo sólo tiene que edificar”.

   

   Y a continuación, preguntaba el ilustre codificador: 

799-¿De que manera el Espiritismo puede contribuir para el progreso? – “Destruyendo el materialismo que es una llaga de la sociedad, pues él hace que los hombres comprendan dónde está su verdadero interés. (...) Destruyendo los preconceptos de sectas, de castas y de color, puesto que él enseña a los hombres la gran solidaridad que debe uniros como hermanos” 


   Bien sabemos que el Espíritu, siguiendo a la ley de evolución, se viene desarrollando a través de los reinos de la naturaleza y a través de los siglos hasta llegar a nuestra especie, información ésta, cabal y racional, que nos llega suministrada por los espíritus Superiores. 

De ahí se deduce que el alma trae, al entrar a la vida humana, residuos milenarios, lo que explica su salvajismo, su egoísmo, los sentimientos inferiores que parecen ser el patrimonio de la gran mayoría de los seres. 


   Para acelerar el progreso espiritual, el Padre Creador viene enviando al Planeta a sus instructores que se encargarían de transmitirnos las leyes divinas, que son la directriz de nuestra conducta y que son las que habrán de encaminarnos al bien y a los sentimientos superiores. 


   El Brahmanismo, cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, recomienda el coraje moral, la sabiduría, el amor a las criaturas, el sacrificio, la rectitud, la austeridad. 


    A Krishna le son atribuidas las máximas que establecen la moral de los pueblos; ellas nos enseñan que el orgullo, la avaricia, la crueldad, las pasiones vergonzosas, y otras calamidades por el estilo, tornan al hombre despreciable. 


    Zoroastro, hace muchos siglos, fundó en Persia una religión digna de todo respeto. 


    Jeremías, uno de los mayores profetas del antiguo testamento, (siglo VI a.), tomó la defensa de los oprimidos, clamó por la paz, predicó contra la tiranía, el asesinato, las malas costumbres, dejando al mundo una gran lección y un gran ejemplo. 


   Buda, 600 años antes de Cristo, presentó una religión fundamenta en la misericordia, en el bien, en la instrucción y otras tantas virtudes, recomendando la acción recta, el lenguaje recto, la meditación recta... 


    En síntesis: no pecar por pensamiento, palabras y obras... 


    En oriente, refulgieron tres grandes figuras estelares: Lao-Tse, Mencio o Meng-zu (-30 a.C.) y Confucio. El primero presenta el libro de la Razón Suprema y estableció los principios morales que más tarde fueron desarrollados por los otros dos. Mencio, en su Tratado de Moral, les enseña a los hombres su verdadera conducta. Y Confucio resume su amplia enseñanza en una frase: “No hagáis los otros lo que no queréis que os hagan.” 


    No podemos de dejar de citar a dos genios nacidos en Grecia –Tierra donde florecieron las literaturas, el arte, la filosofía y la política, causando admiración hasta el presente. Diríamos que ellos fueron precursores del cristianismo y que sus ideas se ajustan a las que nos traen los Espíritus, hoy englobadas en la obra imperecedera de Allan Kardec. 


    Ellos fueron Sócrates y Platón, el primero dejó al segundo, su filosofía: “El hombre es un alma encarnada que existe antes de tomar un cuerpo en la Tierra, a la cual desea volver. Sin embargo, no es en el cuerpo que encontramos la verdad... 


   Y finalmente  Cristo, quien legó a la humanidad su evangelio de paz, de armonía, de perdón, de amor. Y su mayor máxima fue: “ Amaos los unos a los otros...” 


    Y nos es dado observar que las ideas transcendentes de todos ellos, permitieron el progreso del hombre, alejando a la barbarie y de igual forma, insuflando en él la idea de la conducta moral, único cambio camino para avanzar en la senda espiritual. 


    Siglos de experiencias, de oportunidades, le fueron otorgados al ser humano para lograr el avance a que esta destinado, rompiendo con las ligaduras que lo ataron a civilizaciones ya desaparecidas, pero que aún dejan vestigios en lo más íntimo del ser, dada su vinculación con el instinto, con el materialismo éste que aún pareciera dominar. 


    Pese a las ideas religiosas transmitidas desde Planos Superiores, la prevalencia de ese materialismo, las distorsionó porque el hombre persiste en su egoísmo y su capricho de considerarse el rey de la Creación... 


    Y aquellos que se denominaban como representantes de dios sobre la Tierra, se ocuparon más de la organización de verdaderos imperios clericales que dieron lugar a doce siglos de oscurantismo religioso, impidiendo el progreso de la conducta moral, de las artes, de las letras, es decir, del propio ser humano. 


    En contraposición a ello, surgen movimientos materialistas que pretenden oponer esos estados de “religiosidad” arcaicos y nada espirituales, su desprecio por las leyes divinas, que fueron menospreciadas y alteradas por aquellos que tenían la obligación de cumplirlas y con su ejemplo, permitir que los demás las cumplieran. 


    La palabra de Dios estaba olvidada, si es que alguna vez se torno recordada. Fue cuando llegó la época en que era preciso estremecer a las conciencias por medios persuasivos, por la fuerza de la prueba. 


    La ciencia había abierto profundos surcos en las almas y por esos surcos la fe, sin una base segura, sin una lógica esclarecedora, se iba agotando y dejaba sin vida las vertientes donde antes corría la savia de la creencia. Y como un páramo desértico quedaba el espíritu cuando retirasen de él la idea de Dios, que es la linfa vivificante y que el progreso científico nos haría seguramente desfallecer, si la Providencia Divina no nos socorriese de forma inmediata con el remedio salvador. 


    Pero aquella idea iba empalideciendo en la proporción que los procesos de investigación iban ganado fuerza. La ciencia establecía leyes para los fenómenos. 

    El Universo se nos presentaba con su mecanismo debidamente estudiado. Ya no era presidido por la voluntad arbitraria de Dios; ya no habían milagros; ya no era el Dios atronador quien preparaba los truenos; los cataclismos ya no representaba la cólera divina, ni la necesidad de oblatas e inmolaciones; ya nuestros destinos, los hechos naturales y la actividad cósmica no dependían de los deseos o caprichos inexplicables del Omnipotente. 

Todo pasaba al imperio formidable de la ley, pues investigando se llega a las causas y se descubren los efectos. Se verifica por qué los astros se movían; se indagaba en la génesis de las enfermedades; se investigaba el origen de los movimientos telúricos... Los descubrimientos mostraban el creciente valor de la materia, en la proporción en  que iban huyendo los investigadores del Espíritu.  No lo veían en el cuerpos los atomistas; no lo percibían los biólogos; no lo explicaban los filósofos. Y la psicología, de la cual todos se esperaban, mancomunada con las demás disciplinas, entraba a vislumbrar en las acciones psíquicas las influencias somáticas. Era el completo desbarajuste de las religiones, impotentes ante el avance del progreso material, sin fuerza moral delante de la propia ruina por sus realizaciones inmortales. 


    Es que las religiones habían alimentado el pensamiento materialista en el hombre, frente a la manipulación de la idea espiritualista, negando con los hechos lo que la prédica clerical afirmaba... Y todo un desfile de sucesos sangrientos que mancillaron a la historia y al cristianismo cobraba la forma patética de lo que representaban esas religiones... 


    Descubrir cualquier cosa que, implícita o explícitamente, entrase en desacuerdos con la Sagrada Escritura, o sea con la palabra de Dios, que nadie sabía quién lo oyó o como nos la habían transmitido, era tener por cierta la cremación en la plaza pública, para escarmiento de los herejes. 


    No obstante, la Divinidad está atenta al desarrollo intelecto- moral del hombre y una vez más, acude en su auxilio, pues había llegado el momento preciso en que era necesario llamar la atención de este mundo para los misterios del otro. Comenzaba una nueva era en la que los hombres se debían encaminar hacia la armonía y hacia la paz. Fue lo que declararon los espíritus, cuando les indagaron la razón de aquellos ruidos y a qué venían... 


    Nuestro deseo –ellos respondieron- es que la humanidad viva en armonía y que los escépticos se convenzan de la inmortalidad del alma... 


    No se comprendía bien lo que eran aquellos fenómenos y a qué venían ellos. El gran papel que el Espiritismo tenía que representar no estaba bien definido, a pesar del aviso dado por los primeros fenómenos. 


    Era preciso poner en orden las piezas dispersas, darles un sentido, explicarlas, traer la luz que habría de esclarecer el gran momento que despuntaba en la faz del mundo, que habría de transformar a ese mundo de dolores en mundo de esperanzas. 


    Fue cuando Allan Kardec apareció en el gran escenario espiritual. Y es él quien nos enseña: “El progreso de la humanidad tiene su principio en la aplicación de la ley de justicia, de amor y caridad. Esa ley está fundada sobre la cabeza del futuro; quitadle esa certeza y le quitaréis su piedra fundamental. De esa ley derivan todas las otras, porque ella encierra todas las condiciones de felicidad del hombre y sólo ella puede curar las llagas de la sociedad y él puede juzgar, por la comparación de las épocas y los pueblos, cuánto su condición mejora a medida que esa ley es mejor comprendida y practicada”.  Y dice más aún, con una sorprendente visión del futuro: “Por medio de Espiritismo, la humanidad debe entrar en una fase nueva, la del progreso moral, que es su consecuencia inevitable.


    Transcurrido este lapso de tiempo, desde el surgimiento del Espiritismo, sería muy ciega nuestra percepción si no valoráramos cuánto ha influido y proseguirá influyendo el espiritismo en la marcha del progreso de la humanidad. 


    Sólo de pensar que, aquellos que adoptamos su Doctrina como forma de vida y que se suman por millones – nada comparado con el cúmulo de seres encarnados y desencarnados que estamos vinculados a la Tierra, es verdad- y que ya disponemos de otra conciencia moral, aportando nuestros pensamientos más fraternos, más cristianos, más responsables, estamos colaborando en abrir canales de inspiración elevada que nos llegan de los planos superiores, que mejoraran nuestros sentimientos, al tiempo que también se abren espacios para la vivencia de la paz, que aún continua siendo la gran ausente de la familia humana. 


Trabajo realizado por:
Juan Antonio Durante 


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              ASPECTOS MEDIÚMNICOS 
               CONTRADICCIONES EN LA MEDIUMNIDAD 
                                                                                                  
       Uno de los argumentos que esgrimen los adversarios del espiritismo en lo que respecta a la práctica mediúmnica es la falta de aparente solidez en los mensajes que se reciben, a las contradicciones que ellos observan en las comunicaciones recibidas en distintos puntos, dando una imagen de falta de uniformidad, o dicho de una forma un poco más vulgar: “Que los espíritus no se ponen de acuerdo”. Esta es una interpretación muy superficial de la realidad, si bien hay casos donde se manifiestan errores, mixtificaciones, falacias, etc., dejando en evidencia la falta de seriedad de algunos grupos y la clase de espíritus que les inspiran. Sin embargo, de esa pequeña minoría no se pueden extraer conclusiones globales, porque seguramente nos vamos a equivocar, del mismo modo que, por ejemplo, existen médicos que cometen errores injustificables, aquellos que no practican la medicina con el rigor y la seriedad que su importante labor les demanda. No digamos ya quienes se presentan como facultativos sin poseer titulación académica alguna. De esta circunstancia lamentable no se pueden sacar conclusiones generalizadas o desconfiar de todo un gremio, más bien al contrario, comprender que se trata de una minoría que tarde o temprano llega a ser descubierta, denunciada y apartada de una digna profesión que no les corresponde ejercer. 
      La práctica de la mediumnidad, siendo algo más sutil y resbaladiza que otros campos de trabajo, no por ello significa que no pueda ser menos rigurosa y concreta. 
      Como todo en la vida, es necesario aplicar el sentido común, el espíritu crítico y la experiencia acumulada para calibrar con mesura y justicia los mensajes que del mundo espiritual se puedan recibir. 
       A los grupos mediúmnicos serios no les importa rechazar aquellos comunicados que puedan resultar confusos, dudosos o erróneos. Una de las primeras reglas fundamentales para la buena praxis es la prudencia, el análisis riguroso de todas las comunicaciones para establecerse un criterio claro, puesto que el exceso de confianza conduce al error; por tanto, no se puede bajar la guardia en ningún momento. Existen dos filtros fundamentales a la hora de valorar los mensajes recibidos a través de la mediumnidad. Por un lado, lo que hemos expuesto ya, es decir, un estudio y análisis riguroso para determinar la calidad del mensaje, y el otro filtro, el más importante de todos, la práctica del bien, el trabajo interior de perfeccionamiento. Esta última es la base fundamental para ganarse la confianza y el auxilio de las entidades benefactoras y alejar a las malas. Ahora bien, la pregunta sería: Si una misma entidad espiritual envía un mensaje a dos centros espíritas distintos, ¿por qué hay casos en que difieren entre sí?.   El Libro de los Médiums le dedica un capítulo completo a las contradicciones y las supercherías. En él nos hace importantes reflexiones respecto a este tema, nos aclara que las contradicciones proceden de dos frentes: de los hombres y de los espíritus. 
       También nos indica que, como es obvio, los espíritus superiores no se contradicen nunca. Se trata más bien de un problema de forma más que de fondo. Lo que significa que, según las personas y su nivel de comprensión, cultural, de experiencias, etc., les llega de una forma u otra. En todos los casos, los espíritus superiores ejercen una verdadera pedagogía en los grupos mediúmnicos. Las posibles ideas equivocadas que pueden conducir a cometer errores las corrigen gradualmente actuando con prudencia, respetando el libre albedrío, muchas veces disfrazando los consejos para no restar el mérito a las conclusiones a las que puedan llegar tras un análisis más profundo de sus mensajes; puesto que, como ya sabemos, ellos no son apuntadores. Actúan con delicadeza para no perturbar o crear una situación de rechazo ante algo que, en múltiples ocasiones, se ha de ir asimilando poco a poco. Una luz muy fuerte podría deslumbrar, cegar, y hasta incluso provocar confusión. Efectivamente, desde un primer momento podrá parecer que comulgan con sus ideas, pero con el paso del tiempo y en la medida en que se trabaja por el mejoramiento en general, se puede observar cómo van madurando y tomando relieve las nuevas ideas por encima de las viejas. “No hay que confundir con una contradicción aquello que no suele ser sino una fase de la elaboración de la verdad” (Libro de los Médiums, capítulo XXVII; 301-3). 
      Esto lo podemos observar fácilmente en algunos grupos espíritas que practican la mediumnidad. Partimos de la base de que la sociedad ha ido cambiando con el paso de las décadas. Los grupos espíritas, como es lógico, también. 
      Ya no se trabaja en el campo espírita y mediúmnico como se actuaba en un pasado remoto, ha existido una evolución natural. Ahora bien, ¿esa evolución ha sido simultánea en todos los grupos? ¿Existen todavía grupos que trabajan como en otras épocas porque no han conocido otras formas de actuar? ¿Cómo se corrige esto? ¿Y sus guías espirituales, qué les dicen, aprueban su comportamiento, su manera de llegar a la sociedad? ¿Para el mundo espiritual qué es más importante, qué es lo que más valoran? 
       Estas son preguntas delicadas, difíciles de responder, porque sería entrar a juzgar lo que otros hacen, y eso es algo que no nos compete. Cada uno debemos mirar hacia nuestro interior, haciendo una verdadera autocrítica. Sin embargo, el mundo espiritual superior despliega sus falanges de espíritus bienhechores tratando de orientar, de la mejor forma posible, el camino que a cada uno de nosotros le corresponde recorrer. “Todos los espíritus tienen su tarea, asignada por Dios. Y la cumplen dentro de las condiciones que juzgan convenientes para el bien de aquellos que reciben sus mensajes”. (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-3). 
      Hay que ser conscientes de que nos cuesta mucho cambiar, en todos los sentidos de la vida. Las tradiciones, los usos y costumbres, las viejas ideas son sustituidas muy lentamente. Podemos encontrar señales a nuestro alrededor que nos muestran un camino, pero sólo estamos preparados para ver aquello que encaja con nuestras creencias, lo demás lo ignoramos o simplemente no lo vemos, y esto es independiente del grado cultural o incluso moral. Abrazamos con entusiasmo unas ideas y las interpretaciones que algunos pensadores venerables realizan, pero a veces nos olvidamos de algo muy importante, y es el construirnos un criterio propio. “La misión de los espíritus consiste en destruir el error, pero sólo de una forma gradual”. (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-4). 
       El poseer unas convicciones profundas no significa que no debamos ser flexibles y estar abiertos a nuevas ideas, a otras formas que profundicen y hasta corrijan aquello en lo que podamos estar equivocados. No podemos hablar de flexibilidad a la sociedad para que acepten las ideas espíritas siendo nosotros los primeros en no serlo, sería una contradicción y hasta un mal ejemplo. Es por ello que el mundo espiritual nos habla constantemente de análisis pormenorizado y, sobre todo, de dar un ejemplo de conducta recta y noble. “Estudiad, comparad, ahondad. Os lo repetimos sin cesar; el conocimiento de la verdad tiene ese precio”. (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-4). 
       Para ir concluyendo, los obstáculos que impiden una uniformidad en los mensajes, o una claridad que evite contradicciones o supercherías, tienen que ver con tres elementos fundamentales. En primer lugar, con la insuficiencia del lenguaje, que no permite precisar con rigor aquellas cosas que no tienen un nombre definido; habría que utilizar palabras o términos que no existen en el lenguaje actual, lo cual obliga a los espíritus a realizar comparaciones o aproximaciones más o menos acertadas para que nos podamos hacer una idea. Por desgracia, esas comparaciones o similitudes que ellos utilizan muchas veces, tras un análisis superficial, las tomamos al pie de la letra, con lo cual nos estamos equivocando. En segundo lugar, la imperfección del vehículo del que se sirven. Esto puede ser por distintas razones, como por ejemplo: la insuficiente afinidad entre el médium y el espíritu que se comunica, o la falta de conocimientos del sensitivo que ayuden al espíritu a elaborar su mensaje de manera más eficaz. En tercer lugar, la interpretación libre de los mensajes sin el debido examen y cuidado, para que no se puedan filtrar ideas equivocadas o malas interpretaciones que lleven a la confusión o al error. En definitiva, la clave se encuentra en la siguiente idea transmitida por los propios espíritus: “No pedir al espiritismo más de lo que puede y debe daros; su objetivo es el mejoramiento moral de la humanidad”. (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 303-1).

José Manuel Meseguer © Amor, Paz y Caridad, 2018




  
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Divaldo y Chico Xavier
COMENTARIOS SOBRE LA MEDIUMNIDAD

1 - ¿Cual es la finalidad de la mediumnidad en la Tierra?                 

Divaldo. - La mediumnidad es, antes de todo, una oportunidad de servir. Bendición de Dios, que faculta mantener el contacto con la vida espiritual. Gracias al intercambio, podemos tener aquí no tan solo la certeza de la sobre vivencia después de la muerte, sino también el equilibrio para que rescatemos con provecho los débitos adquiridos en las encarnaciones anteriores.Es gracias a la mediumnidad que el hombre tiene una visión anticipada de su futuro espiritual y, al mismo tiempo, el relato de aquellos que lo precedieran en el viaje de regreso a la Erraticidad, trayéndole informes de seguridad, directrices de equilibrio y la oportunidad de rehacer el camino, guiado por las lecciones que él absorbe del contacto mantenido con los desencarnados. De este modo, la mediumnidad tiene una finalidad de alta importancia, porque es gracias a ella que el hombre se concientiza de sus responsabilidades de espíritu inmortal. 

¿Hay mediumnidades más importantes que otras? ¿Y 
médiums más fuertes que otros? 

Raúl Teixeira – Verdaderamente, no se puede decir que existan mediumnidades más importantes que otras, ni médiums más fuertes de lo que son otros. Existen médiums y mediumnidades. Según Pablo de Tarso (1 -Paulo, 1ª Epístola a los Coríntios, capítulo 12º, versículos 1 a 11) existen los “dones”, y él se refiere a la visión, a la audición, a la cura, a la palabra, a la enseñanza, pero recuerda que “uno solo es el Señor”. 
        Ellos provienen de la misma fuente. Los individuos que psicografían, o 
psicofonizan, que materializan, podrán todos realizar un trabajo epistolar, en la realidad en que se encuentran. 
        No es el número de posibilidades lo que da importancia al médium. Lo que engrandece espiritualmente al médium es aquello que él hace con los dones que posee. Verificamos que la importancia del médium se localiza en la honra que tiene de poder servir. 

       No existen médiums más fuertes que otros, en la Doctrina Espírita, mas si, los que son más dedicados que otros, más fervorosos que otros, que están renunciando a la materia y efectuando el esfuerzo del auto mejoramiento más que otros. Esto sí ocurre. Y es ese esfuerzo por alcanzar lo más alto lo que le confiere al médium, o a otro servidor cualquiera, mejores condiciones para estar al frente en la lid. Pero eso no significa que los que vengan en la retaguardia no puedan alcanzarlo, realizando los mismos esfuerzos. 
        Conversando, oportunamente, con un grupo de amigos, nuestro venerable Chico Xavier decía para los compañeros que lo interrogaban que el día en el que Él no lloraba, es como si no lo hubiese vivido. Desprendemos de eso que, cuanto más se enaltece la mediumnidad, colocando a aquel que de ella es portador en una posición de claridad, naturalmente, los que no desean la luz, más lanzarán pedradas a la “lámpara”,intentando quebrarla, cuando no intentan “derrumbar” el poste que la sustenta.
        Deducimos entonces que el médium más importante viene a ser aquel que está más dispuesto para enfrentar esas Luchas en nombre del Cristo, Médium de Dios por excelencia, y el más importante Señor de la mediumnidad que conocemos. 
        No nos cabe ningún desánimo a nosotros que aún nos localizamos en una faja primitiva de la mediumnidad, intentando los primeros pasos. 
        Decimos esto porque hemos escuchado decir a compañeros que gustarían recibir mensajes como Chico recibe;desearían recibir obras de aquel talante; 
desearán ser médiums de la envergadura de ese o de aquel compañero que se 
proyecta en la sociedad, pero desconocen la cota de sacrificios diarios, de luchas, de lágrimas, de renuncias a que ellos se tienen que predisponer y se disponen. Por eso, en Espiritismo, no existen médiums superiores a otros, ni mediumnidades más importantes que otras; existen oportunidades para que todos nosotros tomemos las herramientas de la evolución, sin volver la vista para atrás, creciendo siempre. 

3 - ¿Existe la mediumnidad inconsciente? 

Divaldo – Sin duda. Kardec clasificaba a los médiums, genéricamente, en dos 
tipos: seguros e inseguros. Dentro de esa clasificación, los seguros son aquellos que filtran con seguridad los mensajes, aquellos que son automáticos, 
sonambúlicos, inconscientes por lo tanto, por medio de los cuales el fenómeno 
ocurre dentro de un clima de profundidad, sin que la conciencia actual tome conocimiento. 
        Pueden ser los médiums conscientes, semiconscientes e inconscientes. 
        En cuanto a sus aptitudes y cualidades morales, ellos tienen una vasta calificación. 

4 – ¿Tiene, el médium inconsciente, responsabilidad por lo que ocurre durante las comunicaciones? 

Divaldo – El fenómeno es sonambúlico, pero la comunicación está relacionada con la conducta moral del médium. Éste es siempre responsable por lo que ocurre, así como en muchas obsesiones, cuando el individuo entra en una faja de subyugación y pierde la conciencia, él parece no ser responsable por lo que pasa; sin embargo, lo es por haberse sintonizado con aquel Espíritu que lo dominó temporalmente. El asunto está en el Evangelio de Jesús expuesto de una manera brillante por el Maestro cuando dice: “Ve y no vuelvas a pecar, para que no te acontezca algo peor”. (Jesús, Juan, capítulo 5º, versículo 14). 
        Porque el individuo que no se modifica permanece en una faja vibratoria negativa y se sintoniza con las entidades más desdichadas y por lo tanto, semejantes. 
        Colocándonos en el plano de la mediumnidad, nuestra vivencia moral interviene en el intercambio con las entidades frívolas. 
        Las entidades malévolas difícilmente se adentran en la Casa Espírita que tiene un padrón vibratorio noble, porque las defensas impiden que tales espíritus rompan las barreras magnéticas. Pero la persona que se adentra sin el perseguidor deberá reformarse aprovechando los momentos que se encuentra en el ambiente espiritual. ¿Entonces que ocurre? Tal individuo, en vez de acompañar al adoctrinador, de observar y meditar con respecto de las lecciones que le son administradas,por un enviciamiento mental, continúa con los mismos clichés que trajo desde afuera, quedando entonces y sin embargo dentro del Centro, ligado a los Espíritus con los cuales se hace afín, manteniendo una vinculación hipnótica telepática. 
        Hay personas que no consiguen orar, y cuando van a orar, les ocurren pensamientos de tenor vibratorio muy bajo. En la hora de la oración esas personas son invadidas por recuerdos de cosas desagradablemente vulgares y sensuales, y no saben comprender como les sucede eso. Eso es también el resultado del hábito mental. 
      Si nosotros, la vida entera, lanzamos para el inconsciente, ideas depresivas, vulgaridades, etc., creamos ideo-plastias perniciosas. Nuestra memoria anterior o subconsciente queda encharcada en esas fijaciones.En la hora en que vamos a ejercitar el pensamiento, a lo cual no estamos acostumbrados, es lógico que lo primero que afloren sean aquellos pensamientos que nos son frecuentes. 
        Ilustraremos mejor: Imaginemos aquí un vaso comunicante en forma de letra “U”. 
        De repente vamos a orar o sintonizarnos con Espíritus Nobles. Por el subconsciente viene una idea y pasa hacia el consciente y desciende al inconsciente. Al pasar por allí recibe el injerto de las ideas archivadas y llega 
nuevamente a la razón, influenciada por la mezcla de lo que está en el depósito. Si tomamos un vaso que está con hollín, con polvo, y colocamos en él agua limpia, ella entra cristalina, pero de ella sale sucia, hasta que, si perseveramos y continuamos colocando agua limpia, ella irá aseando a aquel recipiente y finalmente saldrá como entró. Es necesario entonces, porfiar en la idea, insistir en los planes positivos y permanecer en los pensamientos superiores. 
        Somos siempre responsables por cualquier comunicación dado a que somos el factor que atrae a la entidad que se va a presentar, gracias a nuestras vibraciones y conducta intelecto-moral. 

Divaldo Pereira Franco

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          MOTIVOS DE RESIGNACIÓN 

    Con estas palabras: "Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán   consolados", Jesús indica al mismo tiempo la compensación que espera a los que sufren, y la resignación que hace bendecir el sufrimiento como preludio de la curación. 

    Estas palabras también pueden traducirse de este modo: Vosotros debéis  consideraros felices sufriendo, porque vuestros dolores son deudas de vuestras faltas pasadas, y esos dolores sufridos con paciencia en la tierra os ahorran siglos de sufrimientos en la vida futura. Debéis, pues, teneros por felices, viendo que Dios reduce vuestra deuda, permitiéndoos que la paguéis ahora, lo que os asegurará la tranquilidad para el porvenir. 


   El hombre que sufre se parece a un deudor que debe una fuerte cantidad y a 
quien su acreedor dice: "Si hoy mismo me pagáis la centésima parte, os perdono el resto; quedaréis libre;si no la hacéis, os perseguiré hasta que hayáis pagado el último céntimo". ¿No sería feliz el deudor, aun cuando sufriese toda clase de privaciones para librarse, pagando solamente la centésima parte de lo que debe? En vez de quejarse de su acreedor, ¿no le daría las gracias? 


    Tal es el sentido de estas palabras: "Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados"; son felices porque pagan la deuda, y después de pagar, quedaron libres. Pero si pagando por un lado, se contraen nuevas deudas por el otro, nunca se llegará al saldo. Cada nueva falta aumenta la deuda, porque no hay una sola, cualquiera que sea, que no lleve consigo su castigo forzoso, inevitable; si no es hoy, será mañana, y si no en esta vida, será en otra. 

13. El hombre puede aliviar o aumentar las amarguras de sus pruebas según el 
modo como considere la vida terrestre. Sufre tanto más cuanto más larga ve la duración del sufrimiento; así, pues, el que se coloca en el punto de vista de la vida espiritual, abraza de una sola ojeada la vida corporal; la ve como un punto en el infinito, comprende su corta duración, y dice que ese momento penoso pasa muy pronto; la certeza de un porvenir próximo más feliz le sostiene y le anima, y en lugar de quejarse, da gracias al cielo por los dolores que le hacen adelantar. Para el que sólo ve la vida corporal, por el contrario, ésta le parece interminable, y el dolor pesa sobre él con toda su fuerza. Es resultado de ese modo de considerar la vida el disminuir la importancia de las cosas de este mundo, conducir al hombre a moderar sus deseos y a contentarse con su posición sin envidiar la de los otros; atenuando la impresión moral de los reveses y de los desengaños que experimenta, adquiere una calma y una resignación tan útiles a la salud del cuerpo como a la del alma; mientras que con la envidia, los celos y la ambición, él mismo se pone voluntariamente en el tormento y aumenta de este modo las miserias y las angustias de su corta existencia. 

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. ALLAN KARDEC.
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