.1º Porque las condiciones de nuestra vida material difieren de tal manera de las de la vida espiritual, que nos es casi imposible comprender ésta última.
2º Porque las contradicciones de los desencarnados sobre este punto, son a menudo contradictorias y confusas. (Ya veremos después la razón de este fenómeno.) En efecto, es muy raro y difícil obtener información de los espíritus elevados que han abandonado definitivamente nuestra Humanidad inferior.
He aquí, no obstante, lo que creemos saber:
El estado de desencarnación constituye una especie de producto sintético de los elementos diversos de las personalidades anteriores.
La adversidad deja su sitio a la unidad. Ya no existen órganos diversos, múltiples, sino un organismo homogéneo, fluídico, el pro-espíritu. Ya no existen tampoco sentidos especiales, sino un sentido único, condenándolos a todos y generalizado por toda la superficie del pro-espíritu.
Ya no existen, en fin, diversas facultades, sino una sola facultad que las abraza a todas: es la conciencia, más o menos extendida más o menos libre.
Y por último, no existe más que un fenómeno para las emociones, que permite comprender y apreciar, más o menos, la verdad la belleza y el bien.
En resumen el espíritu desencarnado está provisto de un organismo homogéneo, con un sentido único. Disfruta de una extensión variable de conciencia, de libertad y de amor (el amor, bien entendido, estando bien empleado en un sentido amplísimo, o mejor aún que amor, capacidad efectiva y emotiva).
Por consecuencia, si comparamos las dos fases sucesivas de la existencia del Ser, diremos: La desencarnación es un proceso de síntesis, síntesis orgánica y síntesis psíquica.
La encarnación es un proceso de análisis. Es la subdivisión de la conciencia en facultades diversas, y del ejercicio y conducir a su desenvolvimiento.
Se comprende que la situación de los desencarnados sea muy diferente según su elevación.
En los seres inferiores el pro-espíritu es muy grosero, muy material. El estado psíquico es muy oscuro, porque la privación de los sentidos orgánicos equivale para el ser a una semi-inconsciencia.
La reencarnación es rápida: y es rápida porque el alma aspira a poder obrar de nuevo libremente.
En los animales superiores, en el hombre poco avanzado, el pro-espíritu no se encuentra purificado, la conciencia es vaga y poco extensa, los recuerdos confusos e indistintos. El desencarnado comprende mal o no comprende absolutamente nada de su nueva situación. Permanece en el medio en que vivía y se esfuerza a menudo en cumplir todos los actos y los menesteres que ejecuta al final de su existencia. Pero pronto aumenta el oscurecimiento de la conciencia: es que se opera la reencarnación.
En un grado más elevado,el espíritu después de la muerte tendrá ya una conciencia extensa, la memoria, el recuerdo más o menos exacto de sus últimas existencias, el conocimiento de los perfeccionamientos futuros. La reencarnación será una cosa hasta ciertos puntos libre y en todo caso consciente.
Los seres un poco evanzados se esforzarán, como es lógico, en reencarnar en las mejores condiciones para su futuro desenvolvimiento. Ayudados por los consejos de los espíritus superiores, tendrán en cuenta, en la mayor medida posible, todas las circunstancias, sabrán prever los trabajos y las pruebas que tendrán que sufrir en la nueva reencarnación, y tomarán firmes resoluciones.
En los desencarnados superiores, la conciencia y la libertad están muy desarrolladas. Conocen su pasado y su porvenir en una extensión infinita. No conociendo los obstáculos materiales, se transportan con la misma rapidez del pensamiento. En una palabra, su periespíritu quintaesenciado, les hace aparecer resplandecientes.
No teniendo que sufrir penosas reencarnaciones, pueden continuar elevándose sucesivamente, indefinidamente de progreso en progreso, en las existencias superiores.
Gustavo Geley ( de su obra Interpretación sintética del Espiritismo)
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EL PODER DEL PENSAMIENTO
SOBRE LA MATERIA
Aunque pueda parecer una contradicción, el poder del pensamiento en el mundo físico es un hecho real. Cuando pensáis movéis fuerzas inherentes a vuestro ser. Así pues, un pensamiento vivo de amor y benevolencia, lanza ondas benéficas y reparadoras a vuestro alrededor y a aquel a quien van dirigidas. Por el contrario, un pensamiento de odio o de envidia lastima el organismo periespiritual del ser que lo emite, e incluso puede afectar al ser a quien se dirige, si este no está protegido por el conocimiento y la práctica del bien.
Cuando pensáis, vuestro cerebro periespiritual emite ondas y fluidos que se transmiten instantáneamente a cualquier punto del Universo, llegando a generar una fuerza tan poderosa que puede llegar a lanzar toda la organización periespiritual al sitio en donde se proyecta. Como ya sabéis, todo lo que afecta a vuestro periespíritu, afecta también a vuestro organismo físico. Así, una evasión del pensamiento a otro lugar o época distinta de la actual, pueden ocasionar un debilitamiento de la salud orgánica del encarnado. Por el contrario, una persona que viva y actúe con el pensamiento centrado en el lugar y momento presente puede encontrarse en posesión de fuerzas creadoras ilimitadas.
El órgano físico del cerebro es el primero en recibir, a través de sus células, las emisiones del mundo espiritual. Así, muy a menudo, en nuestro propio pensamiento la causa de nuestros estados de felicidad o de enfermedad. En la medida que orientemos nuestro pensamiento al bien, estamos provocando la ampliación de nuestras facultades intelectuales y de nuestra conciencia, gracias a las benditas oportunidades que nos brinda la escuela de la humanidad. No obstante, si nos mostramos rebeldes a esta verdad espiritual, nos atraeremos inexorablemente la enfermedad a causa de la Ley de Afinidad. No faltarán los seres infelices que sintonicen con nosotros y que acudan presurosos a nutrirse de nuestras fuerzas mentales.
Así pues, no os canséis de luchar con vosotros mismos para dominar vuestras tendencias inferiores, a fin de construiros una personalidad radiante y poderosa. Estad seguros que con vuestros pensamientos dedicados al bien, os estaréis construyendo un periespíritu bien armonizado e inmunizado de los peligros de la obsesión y de la enfermedad. Será entonces vuestra propia organización espiritual la que os liberará de las batallas del cuerpo físico, pues donde no hay parasitosis espiritual, no tampoco hay sitio para la parasitosis física y el organismo puede desarrollarse en el clima de amor que tanto necesita. Cuando lo creáis necesario, fortaleced vuestro pensamiento con la ayuda de la oración o de la meditación sobre vuestros actos, y la forma de corregirlos, tal y como os advirtió el maestro Kardec.
-David Estany Prim-
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INTERCAMBIO CON EL MÁS ALLÁ

( Por Janaina Minelli de Oliveira)
El materialismo silenció durante mucho tiempo el análisis científico de la relación entre el mundo tangible y las esferas imponderables para los encarnados. Sin embargo, esta realidad empieza a cambiar. «El materialismo es una hipótesis, todavía no es un hecho científicamente demostrado, como muchos creen», afirma el investigador Alexander Moreira-Almeida, coautor del estudio Neuroimaging during Trance State: A Contribution to the Study of Dissociation y director del Centro para la Investigación sobre la Espiritualidad y la Salud (Nupes), Universidad Federal de Juiz de Fora, en Minas Gerais, Brasil. El estudio publicado en 2012 por la revista científica Plos One, reunió durante diez días a médiums brasileños que se pusieron a disposición de un equipo de científicos de Brasil y de los EEUU. Los científicos utilizaron la producción de la neuroimagen (conocida como tomografía por emisión de positrones) para investigar el cerebro de los médiums durante el trance mediúmnico. Los médiums fueron divididos en dos grupos: médiums experimentados (más de diez años en el intercambio espiritual) y los médiums no tan experimentados (menos de diez años). Los participantes produjeron textos durante el trance mediúmnico y, como tarea de control para rigor científico, también produjeron textos de su propia autoría (sin asistencia espiritual).
Los científicos querían investigar si habría cambios específicos en la actividad cerebral durante la psicografía. Si los hubiera, ¿cuáles serían? Los autores del estudio partieron de la hipótesis siguiente: Las áreas del cerebro asociadas con la creatividad y la planificación (corteza prefrontal) serán activadas por igual tanto durante la producción de textos psicografiados como durante la producción de textos producidos sin asistencia espiritual. Pero eso no fue lo que pasó. Cuando se comparó el mapa cerebral de las dos actividades, los resultados causaron sorpresa.
Sorprendentemente para los investigadores, durante la psicografía, los cerebros activaron menos las áreas relacionadas con la planificación y la creatividad, pese a que los participantes (médiums) produjeron textos más complejos que aquellos escritos sin interferencia espiritual. Cuando fueron comparados entre sí, el grupo de los médiuns más experimentados demostró una actividad en la corteza pre-frontal significativamente inferior a la de los médiums con menos de diez años de experiencia en el intercambio mediúmnico.
Para los científicos, los resultados parecen indicar que los médiums dicen la verdad cuando afirman que la autoría de los textos psicografiados no es suya, sino de los espíritus que se comunican. En otras palabras, el cerebro físico del médium no crea las ideas de las que es intermediario, sólo las plasma en palabras. La actividad creativa, por tanto, queda a cargo de los espíritus comunicantes, de forma más acentuada cuanto más acentuada sea la experiencia y educación mediúmnica del intermediario.
Estos resultados no hacen más que confirmar una realidad experimentada en los centros espíritas de forma cotidiana. El estudio también demuestra de forma científica lo que el profesor Hermínio Miranda, desencarnado en julio de 2013 –nuestro humilde homenaje y enorme gratitud por toda su dedicación a la causa espírita–, llama «espacio psíquico»: la capacidad del médium de desdoblarse durante el trance mediúmnico, facilitando al espíritu comunicante que asuma el control de sus centros nerviosos. La hipótesis elaborada por el profesor, a partir de su experiencia con médiums, es que cuanto más espacio psíquico hay durante el trance mediúmnico, es decir, cuanto mejor sea la capacidad del médium de ceder al espíritu comunicante el control de su cuerpo físico, aunque manteniendo vigilancia, menos esfuerzos se requieren del espíritu comunicante para actuar sobre los centros nerviosos del cerebro encarnado para la trasmisión de sus ideas. El desarrollo y educación de la mediumnidad, aliados a la experiencia que sólo se consigue con la práctica, ayudarían al médium a facilitar este proceso. Dicha hipótesis se podría considerar confirmada por el estudio referido anteriormente, una vez que los médiums más experimentados demostraron menor actividad cerebral de planificación y creatividad para la producción psicográfica, cediendo más espacio psíquico a los espíritus comunicantes.
Vemos así como, pese a que no muchos estén dispuestos a reconocerlo, el paradigma científico oficial empieza a tener que reconocer la realidad de las comunicaciones mediúmnicas. Como ciencia del espíritu, el espiritismo es una filosofía dinámica, que dialoga incluso con sus opositores para mejor explicar los fenómenos propios del intercambio entre encarnados y desencarnados. Un ejemplo es el caso de Eduard von Hartmann, filósofo autor de El Espiritismo, que elaboró la que se podría decir que fue la primera contestación reconocidamente inteligente a la Doctrina Espírita. Afirmaba el filósofo que las comunicaciones mediúmnicas en realidad tenían origen en el subconsciente de los médiums. Alexandre Aksakof tomó la decisión de contestar sus críticas. De hecho tanto él, como Ernesto Bozzano, eminentes pensadores espíritas, estuvieron de acuerdo con Hartmann por lo menos en parte.
En efecto, fenómenos idénticos a los mediúmnicos pueden ocurrir sin que sea necesario evocar la interferencia de los desencarnados. A dichos fenómenos, Aksakof los denominó anímicos, producidos por el alma de los encarnados. Fenómenos anímicos quedaron así definidos como aquellos producidos por el alma del encarnado, tales como los sueños, contactos personales en desdoblamientos con otros encarnados o desencarnados de su afinidad, telepatía, catalepsia, muerte aparente, sonambulismo, éxtasis y doble vista.
El animismo, cuando no es analizado en profundidad, puede convertirse en el fantasma de la duda, que paraliza al médium y siembra desconfianza en el equipo mediúmnico. Sin embargo, en la codificación de la Doctrina Espírita, los espíritus ya habían definido el alma como el espíritu encarnado e incluso advertido que, así como el espíritu de un desencarnado puede hablar por el médium, también lo puede hacer el espíritu del propio médium (pregunta 223 de El Libro de los Médiums).
Así, hay fenómenos de naturaleza anímica, producidos por el espíritu encarnado, con o sin el concurso de espíritus desencarnados; y hay fenómenos de naturaleza mediúmnica, generados por espíritus temporalmente desprovistos de cuerpos físicos, algunas veces con, otras sin la conformidad de los encarnados que les sirven de médiums. Esta es la realidad y la existencia de estas dos clases de comunicaciones, como explica el profesor Herminio Miranda, no se excluyen, todo lo contrario, se complementan y se explican mutuamente.
Por ejemplo, el desdoblamiento es una facultad anímica, nunca mejor dicho: hace falta tener el cuerpo denso para separarse de él. Sabemos que el espíritu encarnado desarrolla una prodigiosa actividad durante sus habituales desprendimientos parciales del cuerpo físico, principalmente, pero no exclusivamente, durante el sueño común. Siempre que puede, él aprovecha estos momentos de libertad relativa para realizar proyectos, promover estudios, ponerse en contacto con personas amigas que viven en la carne o en la dimensión espiritual e incluso solucionar problemas personales a partir del contexto de un punto de vista más amplio, sereno y bien informado. Esta facultad que todos ejercemos de forma natural es extremadamente útil durante el trance mediúmnico, pudiendo, si el médium no es capaz de hacerlo por sí solo a través de la concentración, ser inducido magnéticamente por los amigos espirituales que coordinan la reunión. Vemos en este ejemplo que existe auténtica complementariedad entre los fenómenos anímicos y mediúmnicos. Por esta razón, diferentes autores son contundentes al afirmar que no existe mediumnidad sin animismo. Como nos aclaran los espíritus en el El Libro de los Médiums, el concurso del médium (alma) es siempre necesario en la comunicación mediúmnica (Pregunta 223 – El Libro de los Médiums).
Es necesario aclarar que el fraude y la mistificación no tienen nada que ver con el animismo. En casos de fraude o mistificación, el médium no es honesto consigo mismo y con su grupo mediúmnico, deliberadamente modificando la comunicación o añadiendo nombres de espíritus elevados. En este caso, a falta de metodología que pueda determinar a ciencia cierta cuánto o qué pertenece al espíritu y cuánto o qué es obra del médium, cada grupo debe, por una parte, analizar los mensajes recibidos con criterio doctrinario, y por otra, analizar la naturaleza de la relación del grupo con el médium. ¿Le estamos alimentando la vanidad? ¿Es posible que el médium sienta que debe impresionar al grupo con la notoriedad de los espíritus comunicantes para sentirse estimado, aceptado o respetado? El desafío y la responsabilidad son del grupo, no sólo del médium, y éste debe ser tratado con firmeza, serenidad y compasión. La palabra de la codificación no deja lugar a dudas: los frutos positivos o negativos del trabajo de un equipo mediúmnico son responsabilidad de todos sus integrantes, incluso de todos los que frecuentan el centro espírita.
231. 1. ¿El centro en el cual se encuentra el médium ejerce alguna influencia sobre las manifestaciones? Todos los Espíritus que rodean al médium le ayudan, tanto en el bien como en el mal.
Es natural que el propio médium se cuestione si lo que dice en una comunicación psicofónica es fruto de su propia mente o de un espíritu desencarnado; es igualmente natural que nos preguntemos hasta qué punto una comunicación psicográfica proviene del médium o de un ser comunicante. Es inútil buscar el bisturí capaz de diseccionar la parte mediúmnica de la parte anímica en una comunicación, puesto que ambas están interrelacionadas. La duda paraliza la espontaneidad de las comunicaciones, causando enorme perjuicio a la formación de los médiums y al trabajo de los equipos mediúmnicos. En todo caso, los mensajes no deben ser aceptados si son de origen espiritual y rechazados si son de origen anímico. Hay que recordar que toda comunicación mediúmnica tendrá siempre un componente anímico, y que es el cerebro físico del médium encarnado el último responsable por traducir las ideas del ser comunicante, revistiéndolas de palabras.
Cuanto más experimentado sea el médium, mayor y mejor espacio psíquico ofrece al espíritu desencarnado; a medida que se hace más experimentado, también traduce de forma más fiel la idea del ser comunicante. No es necesario, sin embargo, que los dirigentes espíritas se obstinen con la perfección, puesto que los mismos espíritus de la codificación nos advierten que la perfección no es de este mundo.
«226 - 9. ¿Cuál es el médium que podríamos llamar perfecto? ¡Perfecto! ¡Ah! Vosotros sabéis que la perfección no está sobre la Tierra; de otro modo no estaríais en ella; di, pues, médium bueno, y esto será ya mucho, porque son raros. El médium perfecto sería aquel a quien los malos Espíritus no se hubieran atrevido jamás a hacer una tentativa para engañarle; el mejor es aquel que, no simpatizando sino con buenos Espíritus, ha sido engañado menos veces.» El Libro de los Médiums.
Es interesante observar que no sólo el médium debe perfeccionarse para convertirse en un intérprete más fiel de los espíritus. Los espíritus igualmente deben prepararse para la labor de intercambio entre los dos mundos a través de la mediumnidad.
Se concluye de ahí, que lo que debe refinarse es la relación entre el médium, juntamente con el equipo mediúmnico, y el espíritu o los espíritus que se comunican por su intermedio. Dicha sintonía requiere disciplina, esfuerzo, elevación de propósitos y mucha humildad por parte de todos los encarnados y desencarnados que colaboran con la mediumnidad tal como la concebimos los espíritas.
Revista nº 8 de la FEE
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ESPÍRITU Y PERIESPÍRITU
José Aniorte Alcaraz
El Universo y nuestro mundo espiritual, todavía hoy, a pesar de los grandes descubrimientos científicos realizados, continúa siendo el gran desconocido. Hay muchas teorías sobre este tema, unas malintencionadas, otras mantenidas por el orgullo de personas que se creen en posesión de toda la sabiduría, siendo en realidad objeto de la ignorancia.Yo, sin considerarme naturalmente, un maestro, después de cincuenta y seis años de estudio, razonando, investigando y comprobando con total independencia, tengo mi propia teoría, pues cada maestro tiene su librito; teoría que estoy dispuesto a cambiar o rectificar, cuando encuentre otra más convincente.
Nos dice “El Libro de los Espíritus”: en el Universo todo se eslabona, todo efecto es la consecuencia de una causa. Nuestra evolución empieza en un átomo, pasa por el mineral, el vegetal, el animal, el hombre y finalmente el arcángel. En el mismo libro se pregunta: ¿dónde está la inteligencia?, respuesta: en su base, en el Universo; otra pregunta: ¿qué es el Espíritu?, respuesta:principio inteligente del Universo. Por consiguiente, si el Espíritu o principio inteligente, tiene su origen en el Universo y reside en él, no puede estar durmiendo en el mineral o soñando en el vegetal.
El principio inteligente no duerme ni sueña, es una partícula Divina, que está latente, esperando que la materia reúna las condiciones óptimas necesarias para poder ser utilizada por el “Principio Inteligente”. Así es como el Espíritu inmortal, se sirve de la materia animalizada, desde su estado más primitivo, para empezar su evolución desde un átomo. Pasando por el largo y extenso período de la vida animal, en este estado el alma está adormecida, no puede imaginar su situación, no tiene idea de su existencia; no alcanza a comprender la diferencia existente entre la vida y la muerte. Para ella sólo existe un instinto, que sin duda puede ser inteligente, pues independiente de su voluntad, se manifiesta según las necesidades, como pueden ser: la naturaleza de las especies, el clima o la difícil situación a la que cada especie tiene que sobrevivir.
En esta compleja y ardua situación, el alma se forma, se ensaya y lentamente se prepara, hasta que al fin, comienza a sentir de forma confusa, un impulso nuevo y desconocido; siente por primera vez la aspiración y el deseo de individualizarse.
En esta circunstancia, es cuando se produce la gran metamorfosis, y el alma animal emprende un nuevo período, para convertirse en alma humana. Todo esto realmente maravilloso, cuenta con la ayuda de los buenos espíritus que están al servicio de Dios. Somos creados por Dios, y Él dirige nuestro destino, hasta que nosotros estamos preparados para asumir la responsabilidad y el control del mismo.
La materia en su estado primitivo, está dispersa por todo el Universo, en realidad es el principio de todo, el principio de la vida. Con sus continuas transformaciones, crea los elementos necesarios para la evolución del Universo, siendo éste una creación de Dios.
En nuestro planeta la evolución de la materia, empieza en un átomo como partícula organizada. Siguiendo el proceso de evolución nos centramos en la materia inerte, emprendiendo su desarrollo en los elementos minerales, que tras un laborioso proceso inconsciente, cuando aparece el ambiente y el medio adecuados, atrae al principio vital, dándose la transformación hacia la materia animada, que tras circunstancias mucho más sofisticadas y el medio propicio para animalizarse, el principio inteligente que espera la oportunidad para el comienzo de su evolución, utiliza la materia orgánica, junto con el fluido vital, para el comienzo de la evolución animal.
El principio inteligente, desde su estado más primitivo, empieza su larga e interminable carrera evolutiva en la escala animal, sin pasar por la escala mineral o vegetal. A través de los tiempos, pasando por distintas especies, sin conciencia de su existencia, sigue adelante por un impulso divino que despierta en él un instinto primario, pero necesario para sobrevivir en el ámbito que se encuentra. Este instinto, lentamente y a través de los considerables periodos evolutivos, de especies diferentes, también se transforma en una inteligencia animal, limitada; porque no puede saber ni sentir la razón de su existencia, ni distinguir la vida de la muerte. Su inteligencia instintiva, es el medio que posee de subsistencia.
Durante estos prolongados e incontables períodos, el alma se está consolidando y preparando para el gran futuro que le espera.
No está dormida, sino aturdida, porque puede sentir pero no tiene la capacidad de manifestar lo que siente, y paciente espera hasta poder reunir las condiciones para hacerlo. Desde el primer momento que el alma tiene contacto con la materia animalizada, lo hace envuelta en su cuerpo astral, pues sería imposible que el principio inteligente, pudiera utilizar la materia sin un cuerpo fluídico o intermediario.
El alma revestida de los fluidos más animalizados, de los instintos más vulgares y primitivos, tiene que vivir y sentir, caminando valientemente a través de los tiempos; ignorando su identidad pero conservando en lo más íntimo de su ser, la partícula divina, que un día, cuando esté en disposición para formar parte de la humanidad y asumir la responsabilidad de sus actos, se individualizará, y conseguirá la elevación y redención de su Espíritu.
El alma del animal, es un alma animalizada, con su inseparable cuerpo astral compuesto de fluidos primitivos; tiene vida animal pero no vida espiritual, sobrevive a la muerte sin tener consciencia de su existencia. Recorre los largos caminos de su evolución, sin tener responsabilidad de ello. El animal esté donde esté, continúa siendo animal, porque tiene unas limitaciones que nunca podría superar por vía directa.
El alma animal no puede convertirse en alma humana, aunque tenga latente en su interior, el principio divino del ángel. Para salir de esta situación, tiene que pasar por la gran transformación.
Cuando llega el momento se produce el cambio, como la completa metamorfosis de las mariposas; convirtiéndose el alma animal, en alma humana. El alma animal, después de esta metamorfosis, se siente confundida, como si acabara de nacer o despertara de una terrible pesadilla; no recuerda nada pero lentamente, con recelo y por primera vez, siente el deseo incesante de superarse para salir de la oscuridad y liberarse de la envoltura animal.
Desde este momento, aún tiene un período muy largo de ensayos en la escala animal, para reafirmar su individualidad, recomponer su cuerpo fluídico o periespíritu, despojándose gradualmente de todas las impurezas animalizadas, que su mente espiritual, inconscientemente, ha tenido que alimentar durante tanto tiempo vivido en el mundo inferior.
Una vez que rehace su estructura mental y fluídica, ya se encuentra en condiciones para empezar un nuevo ciclo evolutivo como ser pensante de la humanidad. Es preciso aclarar que en nuestro planeta, salvo alguna excepción extraordinaria, el animal no tiene ninguna posibilidad de alcanzar el estado de evolución que acabo de describir.
Este proceso es propio de otros mundos inferiores a éste; en la Tierra, el animal siempre es animal. En “El Libro de los Espíritus” nos dice: “hay entre el alma de los irracionales y la humana tanta diferencia, como la existente entre el alma del hombre y Dios”. Aquéllos que afirman que en un principio, la vida en este planeta fue por generación espontánea, están diciendo algo muy cierto, que ni ellos mismos comprenden el significado de lo que dicen.
Allan Kardec definió al periespíritu con una forma vaporosa; él sabía en aquellos momentos, hace ciento cincuenta años, que tocar este punto en profundidad, en lugar de conseguir instruir a los lectores, los llevaría a la confusión. Hoy podemos afirmar que en su estado natural, podría muy bien ser un cuerpo vaporoso, porque se compone de una combinación de fluidos semi-materiales, extraídos o tomados del fluido Universal.
El Espíritu para nosotros es inmaterial, no tiene forma, lo podemos sentir, pero no lo vemos. Es tan sensible que para poder dirigir nuestro cuerpo o tener contacto con él, es imprescindible disponer de un cuerpo intermediario y semi-material, como es el periespíritu.
Cuando el Espíritu reencarna para una nueva existencia, lo hace a través de su cuerpo astral; se protege con él y no llega a tener contacto directo con su cuerpo físico. La unión del Espíritu con el cuerpo se efectúa por medio de su envoltura fluídica. Por su naturaleza sutil, el periespíritu sirve de unión entre el Espíritu y la materia.
El alma queda unida al germen por este mediador fluídico, que se va adaptando y estrechando lentamente, siguiendo las fases progresivas de la gestación, hasta completar la formación del cuerpo físico.
Desde la concepción hasta el nacimiento, la unión se lleva a cabo con cierta lentitud, molécula a molécula; bajo el flujo creciente de los elementos materiales y la fuerza vital que es facilitada por los movimientos vibratorios del periespíritu infantil, que se reduce al mismo tiempo que la conciencia del alma queda adormecida.
Durante el periodo de gestación, el periespíritu se impregna de fluido vital, para convertirse en el regulador de la energía que necesitan los elementos materiales del cuerpo en formación. La individualidad y la memoria del Espíritu, se conservan y a su debido tiempo, se manifiestan en el plano físico.
Cuando se completa la vida uterina, se produce el nacimiento, siendo en este momento cuando el Espíritu, a través del periespíritu toma el control de su cuerpo. El periodo de crecimiento será largo, durante el cual el Espíritu tiene que modelar su nueva envoltura y hacer de ella un instrumento capaz de manifestar sus cualidades y sentimientos.
Durante el sueño, en el transcurso de la vida infantil, el Espíritu recibe la ayuda espiritual necesaria, para recuperar fuerzas y seguir el curso de su nueva reencarnación. Durante su estancia en el plano espiritual, el Espíritu, para manifestarse lo hace con su cuerpo fluídico; sin él sólo sería una especie de ser invisible.
El Espíritu nunca puede separarse de su cuerpo astral, con él se convierte en un ser real, reflejando la imagen del Espíritu; es el archivo de sus memorias, es además una especie de conciencia que a través de su imagen, recuerda al Espíritu los aciertos o desatinos que ha practicado con su forma de vida.
Cuando el Espíritu está en el plano físico, fácilmente puede engañarse a sí mismo y engañar a los demás, porque un espíritu malévolo, puede tener un cuerpo bello, proporcionando una apariencia falsa de la realidad.
Cuando después de la muerte se regresa al mundo de la verdad, donde cada uno se sitúa en el lugar que le corresponde, donde no existen los favores, ni las influencias, pero sí existe el cielo y el infierno que llevamos con nosotros, como creación propia, encontrándonos allí atrapados por un mundo de sombras o un mundo de luz, según la imagen que predomine con más fuerza en nuestra mente.
En esta situación es cuando podemos contemplar el verdadero aspecto del Espíritu, que según la conducta seguida en el plano físico, volverá con un cuerpo más luminoso o menos, o con un cuerpo plagado de heridas, envuelto por las sombras, implorando una ayuda que nadie le puede dar, porque sólo él a través de su arrepentimiento, la podrá obtener.
El mundo espiritual “superior” aún continúa siendo para nosotros el gran desconocido, pero el mundo incorpóreo más cercano a nosotros, podemos decir que es muy semejante al nuestro. No obstante, existe una parte completamente diferente; el Más Allá es un mundo de sentimientos, y nuestra humanidad, se desenvuelve entre pasiones y sensaciones.
Los espíritus “comunes” viven entre nosotros, y tienen un cuerpo tan semejante al nuestro, que algunos se confunden y en determinadas circunstancias, piensan que aún tienen el mismo cuerpo que tenían antes de morir. Estos espíritus están en todas partes, en nuestra casa, en el campo, en las ciudades, en los medios de transporte, en lugares de ocio...
Es un mundo que se agita alrededor nuestro, y se acerca a nosotros por afinidad. Los hay de todas clases y en situaciones diferentes; cada uno tiene sus dificultades y persigue su objetivo.
La apariencia del Espíritu cambia según el estado mental en el que se encuentra. Su aspecto se refleja con claridad en su cuerpo astral, y los fluidos que le recubren, causan malestar o bienestar cuando se aproximan a nosotros.
La lectura de este libro no está dedicada a los analistas ni a los científicos, sino a los humildes y necesitados que han vivido engañados por los dogmatismos fanáticos de las religiones del pasado y del presente.
Lo que escribo aquí no es un tema nuevo, ya se ha publicado en otros libros, pero la actual publicación pretende ser más directa y sencilla; comprensible para aquéllos que desconocen el tema por falta de estudio, y puedan comprender con menos dificultad, esta verdad que es la única realidad de nuestra vida. Todas las revelaciones nuevas, han sido rechazadas sin mostrar algún interés por conocerlas, pero esta realidad tiene una contestación lógica para todas las preguntas.
Mi querido lector, acepta estas enseñanzas que llegan gratuitamente a tus manos, y nunca tendrás que hacerte preguntas, sin obtener la respuesta adecuada.
José Aniorte Alcaraz
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