martes, 10 de marzo de 2026

La posición del espírita ante los que no lo son

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Cuando el tiempo alcanza a la conciencia

2.- La salud mental como  fruto de la salud emocional

3.- La senda del espírita

4.- La posición del espírita ante los que no lo son

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CUANDO EL TIEMPO ALCANZA A LA

 CONCIENCIA.

                                                         




En momentos de incertidumbre muchos piensan, casi por reflejo, que nada sucederá. Que todo seguirá como siempre. Que las tensiones del mundo no son más que escaramuzas pasajeras, enfrentamientos calculados, gestos de poder destinados a mostrar los dientes sin llegar jamás a morder. Se repite el mismo libreto de las últimas décadas: amenazas, discursos encendidos, demostraciones de fuerza y luego, finalmente, una calma aparente que permite a las multitudes volver a su rutina cotidiana.

Pero hay momentos en la historia en que esa apariencia deja de ser verdad.

Quienes alguna vez se acercaron a la ley universal —aunque no la hayan comprendido completamente— perciben que algo distinto se está moviendo bajo la superficie del mundo. Algo más profundo que un conflicto político, más vasto que una disputa territorial o económica. Es una transformación de fondo, un desplazamiento silencioso de los límites que durante décadas contuvieron a la humanidad. Hoy muchos creen que si la guerra se detiene mañana todo volverá a la normalidad. Pero esa normalidad ya ha sido alterada. Incluso si los líderes del mundo anuncian paz, el escenario ya es otro. Las intenciones han quedado expuestas. Los límites han sido corridos. Y cuando los límites se corren, el efecto tarde o temprano se manifiesta.

La historia enseña que los grandes cambios no comienzan cuando estalla el último conflicto, sino cuando la conciencia colectiva ha madurado —o se ha degradado— lo suficiente como para que una nueva etapa sea inevitable. Desde la visión espiritual, nada ocurre por casualidad. Todo es pesado y medido. Pero no como muchos imaginan, evaluando únicamente los actos de una existencia presente. La ley es más profunda que eso. Lo que se mide es la trayectoria del espíritu. Lo que se pesa es la vibración alcanzada por el alma del espíritu a través del tiempo, de las experiencias, de las decisiones tomadas cuando nadie observaba.

Cada pensamiento deja huella. Cada acción genera una resonancia. Cada elección construye un destino.

Por eso, cuando los acontecimientos del mundo se precipitan, no lo hacen únicamente por decisiones humanas recientes. Son la consecuencia acumulada de largos procesos espirituales. Procesos que muchas veces se gestan durante décadas, incluso generaciones.

Muchos lo sabían.

Lo sabíamos.

Hace décadas ya se hablaba de un momento en el que las estructuras del mundo material comenzarían a tambalear. Se habló de un tiempo en que el llamado “Dios Oro” perdería su dominio sobre la conciencia humana. Ese dios que no es una divinidad verdadera, sino un símbolo de la idolatría material: el poder, la riqueza, el dominio sobre otros.

Durante siglos la humanidad ha rendido culto a ese dios invisible. Se lo adora en los mercados. Se lo defiende en las guerras. Se lo protege en las decisiones de los poderosos.
Pero todo lo que no está fundado en la ley universal está destinado a caer.

No por castigo. Sino por equilibrio.

Cuando se dijo hace más de un siglo que el “Dios Oro sucumbiría”, no se hablaba solamente de un sistema económico. Se hablaba de una mentalidad. De una forma de vivir en la que el valor del espíritu fue desplazado por el valor de la materia.

Ese ciclo está llegando a su límite. Y cuando un ciclo llega a su límite, la ley actúa.

No con ira. No con venganza. Sino con justicia.

Por eso los acontecimientos actuales no deben mirarse solamente desde la superficie de la política o de la estrategia militar. Detrás de ellos existe un movimiento más profundo, una corrección de rumbo que la humanidad misma ha provocado con sus decisiones acumuladas. Muchos todavía creen que estas advertencias son exageraciones o temores infundados. Que el mundo siempre ha vivido en crisis y que esta será una más. Y es cierto: la humanidad ha atravesado innumerables conflictos.

Pero hay momentos en que la historia no repite ciclos pequeños, sino que entra en etapas de transformación. Esos momentos son raros. Pero cuando llegan, cambian todo. Por eso hoy la advertencia no nace del miedo, sino de la responsabilidad.

La red que hoy conecta a millones de personas alrededor del mundo permite transmitir ideas, reflexiones y advertencias con una velocidad nunca antes vista en la historia humana. Pero también es cierto que ningún sistema material es eterno. Un día cualquiera, sin previo aviso, esa red podría desaparecer o quedar interrumpida. Entonces cada espíritu quedará nuevamente consigo mismo.

Sin pantallas. Sin intermediarios Sin ruido.

Solo con su conciencia.

Por eso no conviene dejar para mañana lo que puede decirse hoy. No conviene postergar la reflexión ni el llamado a la conciencia. Cada palabra que invite a pensar, cada mensaje que recuerde la ley universal, puede ser una semilla sembrada en el momento justo. Porque el verdadero juicio no ocurre en los tribunales de la tierra.

Ocurre en la conciencia.

La ejecución de la sentencia no es un acto externo, sino una consecuencia natural de lo que cada espíritu ha construido dentro de sí mismo. El juez no es una figura lejana ni arbitraria. Es la propia ley del universo actuando con precisión perfecta.

Y esa ley ha sido pedida.

No solamente por una voluntad superior, sino también por la humanidad misma. Durante siglos millones de espíritus han clamado por justicia, por verdad, por equilibrio. Cada oración sincera, cada pedido de transformación, cada anhelo de un mundo más justo ha sido registrado en el gran equilibrio del universo.
Cuando esos pedidos alcanzan cierta magnitud, la ley responde.

Pero responder implica transformar. Y toda transformación sacude estructuras.

Quizás uno de los aspectos más dolorosos de este tiempo sea reconocer cuánto tiempo se ha desperdiciado en disputas inútiles entre hermanos que conocían los mismos principios universales. Hombres y mujeres que estudiaron las leyes espirituales, que hablaron de amor, de justicia, de fraternidad… pero que muchas veces terminaron enfrentados por interpretaciones, liderazgos o diferencias menores.

La historia espiritual de la humanidad está llena de esas divisiones. Y cada división debilitó el mensaje.

Sin embargo, incluso ese error forma parte del aprendizaje colectivo. La ley no se detiene por las fallas humanas; simplemente continúa su curso hasta que la experiencia enseña lo que las palabras no lograron enseñar. Hoy ese aprendizaje se acerca a un punto decisivo. Como se dijo hace siglos: llegará como ladrón en la noche.

No porque la ley actúe con engaño, sino porque la mayoría de los hombres se acostumbra tanto a la rutina que deja de percibir las señales.
Y cuando el cambio finalmente se manifiesta, parece repentino.
Pero no lo es. Fue anunciado. Fue advertido. Fue preparado durante mucho tiempo.

Entonces surge la gran pregunta: ¿y ahora qué?

Ahora comienza la verdadera transformación.

No la del miedo ni la del castigo, sino la del amor del Padre actuando para corregir el rumbo de la humanidad. Un amor que no siempre se manifiesta como consuelo inmediato, sino como fuerza que empuja a evolucionar. La paz verdadera no es simplemente la ausencia de guerra. Es el resultado de una conciencia transformada. Por eso cuando el mundo proclame paz, muchos creerán que todo ha terminado. Pero en realidad puede ser apenas el inicio de una preparación más profunda.
Porque antes de que la humanidad alcance una verdadera armonía, todavía deberá atravesar pruebas que revelen qué valores permanecen en pie cuando todo lo demás se tambalea. Ese será el momento en que cada espíritu demostrará quién es realmente. No por lo que dijo creer. Sino por lo que supo vivir. Y entonces, finalmente, la ley cumplirá su propósito: separar la conciencia despierta de la indiferencia, la verdad de la apariencia, el amor real de las palabras vacías.

Ese día no será el fin del mundo.

Será el inicio de otro tiempo.

ARTURO BOCHED

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LA SALUD MENTAL, COMO FRUTO DE LA SALUD EMOCIONAL

                                       


  Dice un viejo refrán que "el amor todo lo cura "- En él se esconde una verdad universal: la enfermedad es siempre una falta de equilibrio y armonía, es decir, de una falta de amor. Como en todo proceso de recuperación, la medicina más eficaz para suplir una falta, es la administración de la falta ausente. Por lo tanto, el mejor paliativo para cualquier enfermedad es la administración del amor. Con él se curan las heridas del alma, que son las causantes de las heridas o enfermedades del cuerpo-

 Aunque la ciencia espírita haya probado que la enfermedad mental está a veces ligada a un proceso obsesivo provocado por un agente externo; no es menos cierto que la puerta que ha dado acceso a este proceso ha sido la ausencia de amor. Así pues, es válida aquella sentencia que dice que el obsesado necesita sentir y desarrollar el amor. Cuando consiga que el amor se instale en él, no habrá  acceso en su alma para el proceso de alienación. Por el contrario, si persistiere en actitudes de odio o rencor, conseguiría acrecentar la dolencia.

   Por lo tanto, la propuesta evangélica tiene la llave para preservarnos de la obsesión. Cuando desde el mundo espiritual superior se nos enseña a amar, no es solamente con el  objetivo de conseguir un mundo mejor. Si se pretendiese hacer de la Tierra un mundo mejor solo sería necesario que la poblasen espíritus mejores. Por el contrario, la Tierra es aún una escuela que lleva al alumno a la conquista de mayores grados de adquisiciones intelectuales y morales. Sepamos ser siempre más grandes y mejores, trabajemos en la adquisición de la sabiduría y del amor, que siempre deben de ir parejas. Cuando hayamos  recorrido otra era evolutiva, podremos comprobar en nosotros mismos el resultado de la promesa de Cristo. Estaremos totalmente redimidos y no necesitaremos ya de "medias verdades" para conquistar nuevos horizontes.

  Recordad que "no hay nada oculto que no deba ser conocido", pues la adquisición del Conocimiento pasa inevitablemente por esta premisa. No temáis a la muerte y no temáis tampoco a la revelación del mundo espiritual, que ilumina también vuestra ciencia.

- Transmitido por Espíritus Hermanos de la Caridad, a través de la mediumnidad de David Estany Prim-

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                            LA SENDA DEL ESPÍRITA

                                                                         


      El lugar más serio para comprender el espiritismo es en un centro espírita, a ser posible, federado, o al menos que sean las obras de Kardec las seguidas, pues es el aspecto serio y de estudio el que ofrece la comprensión posterior del fenómeno espírita. Es toda una ciencia por el estudio que se la ha de dedicar, por esto los ociosos pronto se cansan y retiran, pues no es la curiosidad lo que las reuniones vienen a tratar sino una doctrina especialmente consoladora que da pruebas de la supervivencia tras la muerte.

¿Si es tan serio, por qué no es más conocido? España fue la primera potencia en espiritismo a finales del siglo XIX y principios del XX, llegándose a producir el Primer Congreso Internacional (1888) en Barcelona. No había otra nación que tuviera tantos periódicos en circulación sobre este tema. Fue tras la Guerra Civil (1936-1939) que el general Franco prohibió todo culto que no fuera el católico, teniendo que huir muchos a América y otros continuando sus actividades en el más sumo secreto. En otros países como Brasil, sí que tiene un reconocimiento social respetado.

LECCIONES BÁSICAS DE ESPIRITISMO.

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       LA POSICIÓN DEL ESPÍRITA ANTE LOS QUE NO LO SON                                   


( Diálogos entre Kardec y un Sacerdote católico )


El sacerdote. -¿Me permitiría usted, caballero, que a mi vez le dirija algunas
preguntas?

ALLAN . KARDEC. –Con mucho gusto. Pero, antes de responderlas, creo útil manifestarle el terreno en que espero colocarme para responderle..
     Debo manifestarle que de ningún modo pretenderé convertirlo a nuestras ideas.
Si desea conocerlas detalladamente, las encontrará en los libros donde están expuestas; allí las podrá usted estudiar detenidamente, y libre será de rechazarlas o aceptarlas.
    El Espiritismo tiene por objeto combatir la incredulidad y sus funestas consecuencias, dando pruebas patentes de la existencia del alma y de la vida futura. Se dirige, pues, a los que no creen en nada o que dudan, y usted lo sabe, el número de ellos es grande. Los que tienen una fe religiosa, y a los que basta esa fe, no tiene necesidad de él. Al que dice: “Yo creo en la autoridad de la Iglesia y me atengo a lo que enseña sin
buscar nada más”, el Espiritismo responde que no se impone a nadie ni viene a forzar
convicción alguna.
     La libertad de conciencia es una consecuencia de la libertad de pensar, que es
uno de los atributos del hombre, y el Espiritismo se pondría en contradicción con sus
principios de caridad y de tolerancia si no las respetase. A sus ojos, toda creencia, cuando es sincera y no induce a dañar al prójimo, es respetable aunque fuese errónea. Si alguien se empeña en creer, por ejemplo, que es el Sol el que da vueltas y no la Tierra, le diríamos: Créalo usted, si le place; porque eso no impedirá que la Tierra dé vueltas; pero del mismo modo que nosotros no procuramos violentar su conciencia, no procure usted violentar la de otros. Si convierte usted en instrumento de persecución una creencia inocente en sí misma, se trueca en nociva y puede ser combatida.
     Tal es, señor sacerdote, la línea de conducta que he observado con los ministros
de diversos cultos que a mí se han dirigido. Cuando me han interrogado sobre puntos de la doctrina, les he dado las explicaciones necesarias, absteniéndome, no obstante, de discutir ciertos dogmas, de los que no debe ocuparse el Espiritismo, ya que cada uno es libre de apreciarlos. Pero jamás he ido en busca de ellos con el intento de destruir su fe por medio de la coacción. El que a nosotros viene como hermano, como hermano lo recibimos. Al que nos rechaza le dejamos en paz. Este es el consejo que no ceso de dar a los espiritistas, porque jamás he elogiado a los que se atribuyen la misión de convertir al clero. Siempre les he dicho: Sembrad en el campo de los incrédulos, que en él hay abundante mies que recoger.
     El Espiritismo no se impone, porque, como he dicho, respeta la libertad de   conciencia. Sabe, por otra parte, que toda creencia impuesta es superficial y sólo da las
apariencias de fe, pero no la fe sincera. A la vista de todos expone sus principios, de modo que pueda cada uno formar opinión con conocimiento de causa. Los que los aceptan, laicos o sacerdotes, lo hacen libremente y porque los encuentran racionales; pero de ninguna manera abrigamos mala voluntad respecto de los que no son de nuestro parecer.. Si hay lucha entre la Iglesia y el Espiritismo, estamos convencidos de que no la hemos provocado nosotros.

- Allan Kardec- ( "Qué es el Espiritismo)

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lunes, 9 de marzo de 2026

La Doctrina Espiritista

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Los primeros y los últimos

2.- Sigo viviendo

3.- Acción del Mundo Espiritual

4.- La Doctrina Espiritista

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LOS PRIMEROS Y LOS ÚLTIMOS

               


Es una ley tan equitativa, tan justa, la que regula todas las cosas en cualquier orden que quieran considerarse, que no queda impune la más ligera desviación del curso recto trazado por la Sabiduría infinita, ni sin compensación la obediencia por el individuo a los secretos del Soberano Hacedor.

Todo busca su equilibrio, porque en él reside la armonía y en la armonía la belleza, la sublimidad más alta que haya soñado jamás criatura humana.

De ahí la necesidad de la reencarnación.

El espíritu, chispa pura, emanada de la Perfección absoluta, tiene necesidad imperiosa de volver a ella, y sublimado todo lo impuro que halla a su paso en su evolución, se impregna de ciertas impurezas que ha de ir expeliendo en el curso de su viaje; pero con tanta fuerza se le adhieren aquellas, que en ocasiones le hacen olvidar su origen, y tropieza y cae, para volver a levantarse y caer de nuevo, hasta que por fin llega a imponerse su naturaleza divina, y sobre la materia, triunfante se enseñorea, habiendo dejado rastro luminoso a su paso y dejos de pureza que santifica cuanto ha estado en su contacto. De este modo todo progresa, todo busca su equilibrio, hallado ya por el Espíritu que ha triunfado.

En sucesivas encarnaciones el alma humana sostiene lucha tenaz con la materia, buscando equilibrarse, pero no lo consigue hasta haber pasado por todas las experiencias marcadas en el Código Divino. Y sufrido la correspondiente sanción de ese mismo código.

Cuando el espíritu, seducido o contaminado por la materia que representa las vanidades del mundo, quiere levantarse por sobre los demás, dando pábulo al sentimiento de grandezas terrenas, de goces groseros, entonces tiene que experimentar las penalidades y privaciones consiguientes a una existencia modesta y miserable. De ahí que el emperador de ayer sea el pordiosero de hoy; que el que sembró la desolación y el luto, tenga a su vez que ser objeto de vilipendio, de persecución y de muerte; que el que abusó de su inteligencia para el mal, renazca idiota, etc., etc. La ley tiende a equilibrarlo todo, no cesa en su acción y para obrar no nos consulta.

Los primeros serán los últimos, bien lo dijo Jesús. Esto es lo justo.

Para no caer en esa decepción, para no sufrir esos altos y bajos que tanto hacen sufrir al espíritu y tanto tiempo le hacen perder, hay un remedio, un remedio infalible: trabajar sin descanso, tanto como nos permitan nuestros medios, nuestras facultades y nuestras fuerzas; en cultivar nuestra inteligencia; en elevar nuestro Yo; en hacer bien al prójimo, con humildad y amor, considerándose el administrador, no el propietario de sus bienes, el servidor de todos.

ANGEL AGUAROD

Extraído de la “REVISTA DE ESTUDIOS PSICOLOGICOS” AÑO XXX Nº 1; Barcelona, Julio de 1890
 

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           SIGO VIVIENDO

MAURICE GONTRAN
Espiritu Feliz

Maurice Gontran era hijo único. Falleció a los dieciocho años, víctima de una afección pulmonar.

Inteligencia poco común, razonamiento precoz, gran amor al estudio, carácter dócil, tierno y simpático tenía todas las cualidades que hacen prever un brillante porvenir.

Había concluido los estudios con gran éxito, y se preparaba para asistir a la Escuela Politécnica.

Su muerte causó a sus padres uno de esos dolores que dejan marcas profundas tanto más cuanto que, como siempre había sido de una complexión muy delicada, atribuían su fin prematuro al esfuerzo al que lo había sometido el estudio,
y se lo reprochaban.

¿De qué le sirve ahora –decían– todo lo que ha aprendido?
Mejor hubiera sido que permaneciese ignorante, pues no necesita de la ciencia para vivir.

De no haber sido por los estudios aún estaría entre nosotros, para consuelo de nuestra vejez”.

Si hubiesen conocido el espiritismo, no cabe duda de que habrían razonado de otra manera.

Más tarde encontrarían en esta doctrina el auténtico consuelo.

La siguiente comunicación fue transmitido por el joven  a uno de sus amigos, algunos meses después de su muerte:

P. Mi querido Maurice: el tierno afecto que dedicabais a vuestros padres me lleva a la convicción de que deseáis reconfortar su ánimo en caso de que esté a vuestro alcance hacerlo.

El pesar, o mejor dicho la desesperación, en que vuestra muerte los sumió, está alterando visiblemente su salud y les ha hecho encarar la vida con disgusto.

Algunas palabras de consuelo podrían hacer, sin duda, que en ellos renazca la esperanza.

R. Mi viejo amigo, aguardaba con impaciencia la ocasión que me ofrecéis de comunicarme.
El dolor de mis padres me aflige; pero se calmará cuando tengan la certeza de que no me han perdido.


Aproximaos a ellos a fin de convencerlos de esta verdad, lo que seguramente conseguiréis.
Era necesario este acontecimiento para aproximarlos a una creencia que les proporcionará felicidad e impedirá que renieguen de los designios de la Providencia.


Como sabéis, mi padre era muy escéptico acerca de la vida futura.
Dios le ha permitido este disgusto para arrancarlo de su error.

Aquí volveremos a encontrarnos, en este mundo donde no se conocen las aflicciones de la vida, y en el cual os he precedido.

Decidles que la satisfacción de que vuelvan a verme se les denegará como castigo a su falta de confianza en la bondad del Creador.

Incluso no se me permitirá la comunicación con ellos durante el lapso que permanezcan en la Tierra.

La desesperación es una manifestación de rebeldía contrala voluntad del Todopoderoso, y siempre es penada con la prolongación de la causa que la produjo, hasta que sea reemplazada por la sumisión.

La desesperación es un verdadero suicidio, porque consume las fuerzas del cuerpo; y aquel que abrevia sus días con la intención de escapar más pronto de las garras del dolor, se hace merecedor de las más crueles decepciones.

Es preciso, por el contrario, trabajar para preservar las fuerzas del cuerpo, a fin de soportar más fácilmente el peso de las pruebas.

Mis queridos y bondadosos padres, a vosotros me dirijo en estos momentos.

Desde que abandoné mis despojos mortales, no he cesado de estar a vuestro lado.

Estoy allí más a menudo que cuando vivía en la Tierra.

Consolaos, pues, porque no estoy muerto: estoy más vivo que vosotros.

Sólo ha muerto el cuerpo; el Espíritu vive siempre.
Mi Espíritu es libre, feliz, y está exento de enfermedades y dolores.

En vez de afligiros, regocijaos por saber que en este ambiente no necesito cuidados ni tengo preocupaciones.

Aquí, mi corazón está repleto de un goce puro e inmaculado.


¡Oh, amigos No os lamentéis por aquellos que mueren prematuramente, porque se trata de una gracia que Dios les concede para ahorrarles las tribulaciones de la vida.

Mi existencia en la Tierra no debía prolongarse mucho más tiempo en esta oportunidad, puesto que obtuve lo necesario para desempeñar más tarde una misión más importante.

Si hubiese vivido muchos años, ¿sabéis a qué peligros y seducciones habría estado expuesto?

¿Podríais acaso  juzgar mi fortaleza para no sucumbir en esa lucha?

De haber fracasado, mi evolución se habría atrasado varios siglos  .
¿Por qué, pues, lamentáis lo que es ventajoso para mí?


En ese caso, un dolor inconsolable indicaría falta de fe, que sólo la idea de la nada podría legitimar.

¡Oh! Sí, quienes alimentan esa creencia desesperante son dignos de compasión, pues para ello no puede haber consuelo posible.

¡Suponen que han perdido irremediablemente a sus seres queridos!
¡Consideran que la tumba les ha quitad la última esperanza!


P. Vuestra muerte, ¿ha sido dolorosa?

R. No, amigo mío, sólo sufrí antes de morir, debido a la enfermedad que me consumió; pero ese sufrimiento disminuía a medida que se acercaba el instante final.

Cierto día, me dormí sin pensar en la muerte.
¡Entonces tuve un sueño encantador!
Soñé que estaba curado, que ya no sufría y respiraba profundamente, con deleite, un aire balsámico y fortificador.


Una fuerza desconocida me transportaba a través del espacio.

Una luz brillante resplandecía alrededor mío, pero no me ocasionaba cansancio para la vista.

Entonces vi a mi abuelo, cuya figura ya no era escuálida, sino que poseía un aspecto juvenil y agradable. Me tendía los brazos y me estrechaba afectuosamente contra su corazón.
Lo acompañaban muchas personas de rostros sonrientes, y todas me recibían con benevolencia y dulzura.
Me parecían conocidas. Felices de volver a vernos, intercambiábamos palabras y testimonios de amistad.


¡Pues bien! Lo que creía un sueño era pura realidad, porque ya no despertaría en la Tierra. ¡Había despertado en el mundo de los Espíritus!

P. Vuestra enfermedad, ¿no había sido provocada por la excesiva dedicación al estudio?

R. ¡Oh, no! Podéis estar seguros de eso.
El tiempo que debía pasar en la Tierra estaba determinado, de modo que nada habría podido retenerme en ella. Mi  Espíritu ya sabía eso en los momentos de desprendimiento, y me consideraba feliz con la idea de la liberación inminente.
Pero el tiempo que pasé entre vosotros no fue inútil, y ahora me felicito de no haberlo desperdiciado.


Los estudios serios fortalecieron mi alma y aumentaron mis conocimientos, y si bien no pude darles aplicación en mi breve existencia, no por eso dejaré de hacerlo más adelante y con mayor provecho.

Adiós, querido amigo, vuelvo al lado de mis padres. 
Voy a prepararlos para que reciban esta comunicación.

MAURICE

El Cielo y El Infierno    Allan Kardec- Capitulo II.
"ESPIRITUS FELICES" Segunda Parte


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         ACCIÓN DEL MUNDO ESPIRITUAL
 
     En cierta ocasión se comunicaron tres Espíritus que tenían una problemática en relación al aborto. Las comunicaciones, una tras otras, eran todas vinculadas al asunto.

La primera de ellas fue la de un médico que, cuando estaba encarnado, se dedicó a hacer abortos. Se presentó muy turbado, perseguido por varios Espíritus. Se acusaba a sí mismo de criminal y se sentía aterrorizado con los propios actos. Estaba arrepentido- decía sin cesar- y tenía mucho miedo de los que le perseguían.
        El segundo comunicante fue una mujer. Acusaba al médico, a quien perseguía, deseosa de vengarse. Relató haber muerto en sus manos, cuando este intentaba provocarle la interrupción de la gravidez. Estaba atormentada por el remordimiento de esa acción y por el odio que tenía por el médico.

      Ambos fueron esclarecidos y se retiraron bastante reconfortados.

     La tercera entidad era también una mujer. Vino para apoyar y estimular nuestro trabajo. Ya poseía bastante conocimiento sobre la vida espiritual y trabajaba mucho, principalmente ayudando a combatir la idea y la práctica del aborto. Ella misma, en su existencia, había cometido ese crimen, cuando la gestación de su sexto hijo. Siendo pobre y luchando con dificultades de todo orden, al embarazarse por sexta vez, se desorientó y provocó el aborto, del cual se arrepintió inmediatamente. Jamás se perdonará y de ahí en adelante sufrió doblemente, cargando el peso del remordimiento. Tuvo una existencia larga, de muchas luchas, y desencarnó después de una prolongada dolencia. En el plano espiritual, se encontró con aquel que sería su sexto hijo y tuvo un gran choque al darse cuenta de que era un ente muy querido de su corazón y que iba a reencarnar con la finalidad de ayudarla. Él la había perdonado, pero ella, inconforme con el caso, hasta entonces no había conseguido perdonarse a sí misma. Se dedicó por esto, al trabajo de preservación de la vida, al mismo tiempo que formó parte de un grupo de celadores (o enfermeros), dedicados a socorrer a los que practican ese delito y que yacen en el remordimiento y el desespero. Estaba con nosotros aquella noche, acompañando a varios Espíritus comprometidos por ese mismo crimen.

     Fue un bello trabajo, y una vez más nos emocionamos ante las lecciones maravillosas que recibimos en las reuniones de desobsesión.

(Obra: Obsesión y Desobsesión - Suely Caldas Schubert)
 
 

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       LA DOCTRINA ESPIRITISTA

                 


La Doctrina Espiritista codificada por Hipólíto León Denizart Rivail ( Allan Kardec), es absolutamente similar a las enseñanzas de Jesucristo, expresadas en los Evangelios, proclamó la Nueva Revelación establecida para guiar a la Humanidad por el camino de la Espiritualidad, para que el Reino de la Paz y la Eternidad se establezcan en el mundo.

Con ella, todas las manifestaciones del conocimiento recibirían irrevocablemente un nuevo impulso: se unirían bajo los inflexibles cimientos de la inmortalidad.

El reino del Oro daría paso al imperio de la Verdad, a través de la meditación y el trabajo, sus elevadas aspiraciones.

Este trabajo mayúsculo de revelación espiritual, es una verdadera maravilla para quienes yacíamos en las sombras de la ignorancia, esta codificación de las nuevas enseñanzas, que abarcan todas las ramas del conocimiento humano, no podía prescindir de la acción de una inteligencia robusta, sobre todo terrenal, caracterizada por la sobriedad, la capacidad de razonamiento elevado, la humildad, la sabiduría y la moral elevada. Fue precisamente en esta ocasión que surgió en Francia una de las mayores celebridades que nuestro mundo ha albergado:

Con la lógica, la claridad y la concisión que revelan sus obras, el gran Misionero se convirtió en el máximo exponente de la Verdad que el mundo necesitaba recibir para la transformación y redención de sus habitantes. Aquí están sus libros, donde los lectores pueden, como los sedientos, sumergir sus labios en el cáliz del Vino Nuevo, para liberarse de las concepciones obsoletas del pasado, preparándose para oleadas grandiosas en las placenteras regiones de la Vida Eterna.

- Camino, Verdad y Vida-

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