INQUIETUDES ESPIRITUALES
1.- Insensibilidad de los convulsionantes
2.- Resiliencia
3.- El terrorismo islámico
4.- Auto-exigencia mediúmnica
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CAUSA DE LA INSENSIBILIDAD DE LOS CONVULSIONANTES
En el vasto universo de descubrimientos y reflexiones que componen la Doctrina Espírita, la pregunta 483 de “El Libro de los Espíritus” se destaca como un punto de encuentro entre la fe, la ciencia y la comprensión de la dimensión espiritual del ser humano. Al abordar la insensibilidad física observada en convulsionarios y otros sometidos a torturas extremas, la respuesta de los Espíritus Superiores, junto con los análisis de Allan Kardec y el comentario del espíritu Miramez, ofrece una rica oportunidad para comprender los mecanismos que transcienden la materia.
La pregunta y la respuesta en el contexto espírita
Kardec pregunta:
“¿Cuál es la causa de la insensibilidad física observada en algunos convulsionantes, así como en otros individuos sometidos a las más atroces torturas?”
La respuesta de los Espíritus Superiores revela una doble perspectiva:
Efecto del Magnetismo: La acción magnética, así como la de ciertas sustancias, puede influir en el sistema nervioso, reduciendo o eliminando la sensibilidad.
Exaltación del Pensamiento: Cuando el pensamiento se exalta, la sensibilidad del cuerpo puede embotarse. Es como si la vida se retirara parcialmente del cuerpo para concentrarse en el espíritu. Ejemplos de esto pueden verse en situaciones en las que una fuerte ocupación mental impide la percepción de dolor o malestar físico.
Esta explicación nos lleva a comprender que la conexión entre cuerpo y espíritu es maleable, permitiendo que los factores espirituales y psicológicos influyan profundamente en el estado físico.
Nota de Allan Kardec
Kardec complementa la respuesta con un análisis esclarecedor del fenómeno, observando situaciones concretas en las que se manifiesta la insensibilidad. Menciona que:
Exaltación fanática y entusiasmo: Estos estados pueden neutralizar la sensibilidad como un anestésico natural. Ejemplos históricos muestran a cristianos que afrontan la tortura con calma y a soldados heridos que continúan luchando sin darse cuenta de sus heridas.
Acción de los Espíritus y Disposición Natural: La interferencia espiritual, en muchos casos, se limita a aprovechar las disposiciones naturales del individuo. Cuando la causa es meramente natural y se agrava por circunstancias externas, puede controlarse con medidas adecuadas, como la intervención de una autoridad pública.
Esta nota de Kardec es fundamental para diferenciar los fenómenos que se originan directamente por influencia espiritual de aquellos que tienen una raíz predominantemente física o psicológica.
En el texto titulado “La Causa de la Insensibilidad” , presente en la obra Filosofía Espírita , el espíritu Miramez profundiza en el tema y ofrece una perspectiva espiritual y moral rica en significado:
La fe como factor aislante: Miramez destaca que la fe es la principal causa de la insensibilidad al dolor. La verdadera fe, hija de la caridad y madre de la esperanza, tiene el poder de canalizar la atención hacia algo mayor, neutralizando los efectos del dolor físico.
Fe y Magnetismo: También se destaca la relación entre magnetizador y magnetizado, mostrando que la confianza y la fe en el magnetizador crean una conexión que permite alcanzar estados de insensibilidad.
Fanatismo y peligro: A pesar de reconocer el poder del fanatismo para producir insensibilidad, Miramez advierte de los riesgos de la fe ciega. Exalta la evolución de la fe ciega a la fe razonada y, posteriormente, a la fe intuitiva, como camino de progreso espiritual.
Análisis y reflexión sobre los aspectos presentados
La combinación de ideas presentadas por los Espíritus Superiores, por Kardec y por Miramez nos lleva a algunas reflexiones importantes:
La fe como instrumento de poder: La fe verdadera es una fuerza capaz de transformar la realidad de un individuo, no sólo a nivel espiritual, sino también a nivel físico. Cuando se guía por la razón y la comprensión de las leyes divinas, se convierte en un recurso invaluable para superar los desafíos.
El papel del magnetismo: El magnetismo, como fuerza natural, demuestra hasta qué punto el cuerpo humano puede ser influenciado por factores externos y por la armonía entre los individuos. Esta relación nos recuerda que el universo está gobernado por leyes naturales, que se extienden más allá de lo que percibimos.
Fanatismo versus fe razonada: el fanatismo, aunque poderoso, puede conducir al desequilibrio y a la irracionalidad. La Doctrina Espírita, al promover la fe razonada, orienta a los individuos hacia una experiencia consciente y equilibrada de la espiritualidad.
Interferencia Espiritual: La acción de los Espíritus, ya sean superiores o inferiores, demuestra la complejidad de las relaciones entre los planos espiritual y material. La sintonía es siempre el factor determinante a la hora de establecer estas conexiones.
Conclusión
La exploración de la causa de la insensibilidad en los convulsionarios en la época de la Codificación Espírita nos revela la interconexión entre los aspectos físico, psicológico y espiritual de la vida humana. A través de la comprensión del magnetismo, la exaltación del pensamiento y la influencia de la fe, nos damos cuenta de que el dolor y la insensibilidad no son meros fenómenos corporales, sino expresiones de una realidad mucho más amplia y profunda.
La Doctrina Espírita nos invita a trascender el materialismo y explorar los poderes del espíritu. En este proceso, la fe razonada y el estudio constante se convierten en los fundamentos de una vida espiritual más plena, permitiéndonos comprender y aplicar estas verdades en nuestra vida diaria. Así nos acercamos cada vez más al ideal de perfección moral y espiritual que propone la Doctrina Espírita.
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RESILIENCIA
¿Se han preguntado por qué algunas
personas pueden mantenerse en pie ante tantas situaciones difíciles y
experiencias dolorosas en su vida? En cambio, otras recurren a conductas
destructivas o terminan en una profunda depresión.
Un factor que puede explicar esta
diferencia en reacción es la “Resiliencia”. Ésta se define como la capacidad de
sobreponerse o levantarse ante las crisis y las situaciones de intenso dolor
emocional. Dicho vocablo tiene su origen en el latín, en el término resilio que
significa resaltar o rebotar.
Podemos afirmar que la Doctrina
Espírita influye grandemente en esta capacidad del ser humano. Los postulados
que plantea la filosofía espiritista proveen la fortaleza necesaria ante
cualquier situación que podamos experimentar. Repasemos brevemente dichos
postulados:
Reconocimiento de la
existencia. de Dios Un Dios que siempre es bueno y justo. Atributos
que se manifiestan a través de las Leyes Divinas o Naturales: Adoración;
Trabajo; Reproducción; Progreso; Igualdad; Libertad; Conservación; Sociedad;
Destrucción; Justicia, Amor y Caridad*. Leyes que le proveen al ser humano el
terreno fértil para su desarrollo y la comprensión de todas las circunstancias
y eventos que le rodean. Inmortalidad del Alma.
El espíritu sobrevive ante la
muerte del cuerpo físico. Abandona su cuerpo cuando éste ya no le resulta útil.
Lleva consigo todas sus vivencias e incluso sus virtudes y pasiones. El
reconocer nuestra inmortalidad debilita o derrota los pensamientos
materialistas e inmediatistas que provocan tanta desesperanza.
Comunicabilidad con el mundo espiritual. La comunicación
entre los encarnados y desencarnados es un hecho. Todos poseemos, en menor o
mayor grado, la facultad mediúmnica ya que ésta es inherente al ser humano.
Existen además otras formas de comunicación con el mundo espiritual, por
ejemplo, el desdoblamiento ya sea en vigilia o durante el sueño.
Palingenesia o
Reencarnación. Las vidas sucesivas son oportunidades o talleres de
trabajo que nos permiten convertirnos en mejores personas y afrontar aquellos
conflictos o compromisos adquiridos con otros. En este mecanismo opera la Ley
de Causa y Efecto. Ley que nos enseña a ser responsables por las
consecuencias de nuestros actos y nos sitúa en los escenarios de vida adecuados
para lidiar con éstos.
Progreso y Evolución. Éstos
son una constante. En cada existencia marchamos siempre hacia adelante. No hay
marcha atrás. Podría parecer que en alguna existencia no hubo progreso, sin
embargo, desde el momento que hay algún grado de reflexión ya estamos
evolucionando. Recordemos que la perfección es nuestro destino.
Pluralidad de
Mundos Habitados. Nuestro grado de evolución determinará el tipo de
mundo que habitaremos. Estaremos conviviendo con nuestros afines, tanto en
características como circunstancias y experiencias que necesitamos atravesar
para evolucionar.
En la medida que estudiemos,
comprendamos y apliquemos los postulados espíritas, nuestra resiliencia debe ir
fortaleciéndose día a día. Cuando estemos confrontando una crisis o un momento
sumamente difícil debemos recordar: Contamos siempre con la providencia o el
amparo de Dios. Nunca estamos solos. Buenos espíritus nos acompañan, nos
inspiran. Confiemos en la justicia divina, soltemos todo aquello que nos
endurece el corazón.
Sobrevivimos a la muerte física.
Cuando desencarnamos, regresamos a nuestra verdadero hogar, donde seremos
acogidos nuevamente con amor. Tendremos el tiempo necesario para reflexionar
sobre nuestras vivencias y planificar la próxima encarnación.
No perdemos contacto con los que
han regresado al mundo espiritual. Los lazos de amor continúan por siempre.
Estemos atentos y receptivos ante cualquier comunicación. La separación es
temporal.
Tenemos innumerables
oportunidades para reparar y progresar. El reencarnar nos brinda el alivio de
saber que nos encontraremos con aquellos que hemos lastimado y podremos
subsanar el daño causado. Al mismo tiempo, trabajaremos con nuestro egoísmo y
orgullo, males de la humanidad. Estamos habitando el
lugar más adecuado que realmente reúne las condiciones que necesitamos.
Nada es improvisado.
Nuestras circunstancias de vida, como el lugar de nacimiento y las personas que
nos rodean son las justas para trabajar lo que tenemos que trabajar. Por
consiguiente, valoremos nuestro país, valoremos nuestra familia.
Ciertamente, el dolor y la
desesperación pueden nublar la razón, y debilitarnos física y
emocionalmente.
La Filosofía Espírita nos
brinda el consuelo y la esperanza, apoyada en la razón, para mantenernos en pie
ante cualquier adversidad. Agradezcamos a Dios y al Mundo Espiritual.
Nuestros deseos de bien para todos ustedes.
Por Geannette Rodríguez (Publicado en la revista A la Luz del
Espiritismo. Publicación Oficial de la Escuela Espírita Allan Kardec. Puerto
Rico. Año 1. Nº3. Abril 2015)
( Trabajo tomado
de Zona Espírita)
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EL TERRORISMO ISLÁMICO
Desgraciadamente el terrorismo islámico, de cuando en cuando vuelve a sacar sus garras en el mundo occidental, tal
y como pasó hace algunos años en París y en España- Cataluña.
El Islam es una de las religiones que
sostiene la existencia de demonios o diablos, pero con estos hechos, no sé
si todos los islamistas son conscientes de que ese demonio ha tomado
forma dentro de sus mismas filas, pues en nombre de Dios (Alá), surgieron estos grupos terroristas que parece ser que
quisieran borrar de la faz de la Tierra las culturas diferentes, las religiones y la forma de vivir occidental, tratando de imponer una dictadura islámica sobre todo el orbe, lo que de conseguirlo,
supondría para nuestra civilización occidental su total desaparición, dando un gran salto atrás, hasta el estado de
barbarie de la Edad Media.
Los ayatolas y demás dirigentes islámicos,
incitadores a este estado de cosas, en una desigual lucha, sin fundamento, con
el pretexto de que todo el mundo tiene que alabar a Alá y seguir sus atávicas
costumbres, como es el tener a la mujer encerrada, sin ningún derecho y
aislada, peor que se trata a un animal. Como para ellos es pecado que los hombres miren
a las mujeres, por eso hay que borrarlas de la presencia social, con los
burkas, que al cabo del tiempo por temor y con la tapadera de la religión, ellas mismas los
admiten y se los aplican. El problema es que
pretenden imponer al resto de la humanidad esos conceptos, con la
excusa de que eso ofende a Dios y hay que corregirlo con la violencia, si o si.
Y claro, ahí aparecen los demonios islámicos, porque llega un momento en que
parece como que hay dos religiones islámicas diferentes y hasta opuestas: Una,
la de la mayoría de los musulmanes, pacífica, capaces de convivir con el resto y
opuestos a cualquier forma de violencia, porque el Corán para ellos, como el Evangelio para
los cristianos, es así como lo prescribe. De otro lado está el islamismo extremista y exacerbado de una
minoría, los yihadistas, contrarios a la civilización occidental a la que pretenden doblegar por el método del terror y de la crueldad sin límites. Para ello, buscan prosélitos a los que convencen de la
bondad de ser miembro de esta lucha y a los que prometen un idílico paraíso si
en sus acciones terroristas llegaran a perder la vida.
Vamos
a analizar someramente este estado de creencias demoniacas:
En
primer lugar, consideremos que hay muchos hombres y seres humanos capaces de
perdonar a los demás y que ni por asomo se les pasa por la imaginación causar
tamaño dolor a nadie, como el que originan los actos terroristas. Su dios Alá, parece ser, según ellos, que es
incapaz de perdonar a nadie; es celoso y vengativo como lo era su
predecesor el Yavé del Antíguo
Testamento. Por lo tanto, tal dios sería de una
calidad moral inferior a la de los anteriores seres humanos aludidos; por eso no puede ser cierto que pudiera existir un dios así, tan pequeño e imperfecto, con tan baja catadura moral; más
bien sería un demonio.
Si
el Corán describiese y admitiese un Dios así, el Corán, sin duda, mentiría. Pero no es creíble que Alá, dios del Corán, pueda ser un ser tan imperfecto. Solo se puede admitir a Dios en todas las religiones como el Principio Perfecto y el Origen de todo cuanto existe, por lo que rebajarlo a tan bajo nivel humano, como lo es que se pueda ofender porque una
mujer vaya vestida de tal o cual manera, por ejemplo, es un auténtico
disparate.
Si
el Corán solo habla de Alá como Dios de Amor, entonces quienes mienten son los
dirigentes y jerifaltes de la trama terrorista, y los pobres desgraciados capaces
de inmolarse porque les han hecho creer esto, con la promesa de un idílico
paraíso, inexistente, e ilógico, si al final pierden su vida, después de haber
segado otras, y descubren la farsa y cuando para ellos ya es tarde, descubren el engaño en que los sumieron cuando aun
vivían como seres humanos.
Los
musulmanes de verdad, los buenos, en medio de la sociedad occidental, se ven a
su vez discriminados y repudiados por sus vecinos de otras religiones y
procedencias, porque en una posición injusta, se tiende a hacer pagar a justos
por pecadores, metiendo a todos los musulmanes en el mismo saco. Como en todas las comunidades y sociedades humanas, ni todos son buenos ni todos son malos.
Si a
esto añadimos los privilegios que se les dan en los países de acogida, no solo
a ellos, sino a todos los inmigrantes en general, en forma de toda clase de ayudas, pagas, becas, etc.,
entonces las envidias y antipatías hacia lo que sigue siendo un colectivo
en minoría, se hacen cada vez más evidentes,
porque a la desconfianza que suscita su presencia ante la existencia del
terrorismo islámico, se une la envidia por esos privilegios que en realidad son
un estado de injusticia social, pues muchas veces mientras se mantienen las ayudas sociales a estos
inmigrantes, muchos musulmanes, sean o
no auténticos o sean o no sean simpatizantes de los terroristas, mientras tanto se mantienen estados de injusticia social con
respecto a personas pertenecientes al país en cuestión, que han nacido, vivido
y cotizado en él, y no tienen esas ayudas dadas a los extranjeros.
Vengo
a señalar, que los actos terroristas, encuentran terreno abonado para seguir
produciéndose, en nuestras sociedades occidentales que permanecen en un estado
de adormecimiento ante las propias injusticias sociales existentes. Si así no fuese, las lógicas
envidias y la sensación de injusticia
disminuirían en la masa social, y
el “demonio de la minoría islámica” se vería un poco más disminuido y sería menos temible.
Habrá
que cambiar este estado de cosas, impartiendo una mayor y mejor justicia
social, impartiendo una educación social y moral equilibrada, desde las
primeras etapas de la escolaridad infantil, procurando que los niños crezcan y se desarrollen en un plano de igualdad y convivencia, aprendiendo a respetar las religiones y credos de los otros, considerando la grandeza y la majestad del
Ser Supremo, siendo indiferentes las formas como adoptemos estas cosas, o como vistamos o como sea el aspecto y costumbres que cada uno tenga, según su cultura ancestral. Lo único que importa a Dios es que sintonicemos con Él, nuestro Creador, vibrando siempre en la sintonía de
Su propia Esencia: El Amor
-
José Luis Martín-
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Auto-exigencia mediúmnica
¿Puede la autoexigencia mediúmnica obstaculizar el proceso evolutivo del médium?
En el camino del desarrollo mediúmnico es común que el médium se encuentre con momentos de reflexión, cuestionamiento e incluso sentimientos de inadecuación. La autoexigencia es una manifestación natural del deseo de evolucionar y contribuir a la propia misión espiritual. Sin embargo, cuando se gestiona mal, puede convertirse en un obstáculo en el camino del progreso moral y espiritual.
En este artículo exploraremos los efectos de la autoexigencia mediúmnica, abordando cómo puede obstaculizar el proceso evolutivo del médium y cómo un enfoque más equilibrado puede promover la mejora moral y espiritual.
La naturaleza de la mediumnidad y los desafíos de la auto-exigencia
La mediumnidad es una facultad que requiere dedicación, estudio y disciplina. Como bien explica Allan Kardec en El Libro de los Médiums , el médium es un intermediario entre el plano espiritual y el mundo material, y debe por tanto buscar el perfeccionamiento constante para cumplir con responsabilidad su tarea. Sin embargo, el deseo de satisfacer las expectativas de los demás y de uno mismo puede llevar a exigencias excesivas, generando tensión emocional, ansiedad e incluso bloqueando las capacidades mediúmnicas.
La autoexigencia excesiva surge a menudo de una comprensión distorsionada de la responsabilidad mediúmnica. Muchos médiums creen que deben ser perfectos en sus manifestaciones o que son los únicos responsables del éxito o fracaso de las sesiones de mediumnidad. Esta visión puede causar angustia y, en casos extremos, llevar al médium a abandonar sus actividades por no sentirse capaz de llevarlas a cabo.
Los peligros de ser demasiado duro contigo mismo
Bloqueos energéticos y emocionales
El estado emocional del médium influye directamente en la calidad de su comunicación espiritual. La auto-exigencia excesiva puede generar sentimientos de culpa, miedo e inseguridad, dificultando la conexión con los buenos Espíritus. Estos sentimientos actúan como barreras energéticas, impidiendo el flujo natural de las vibraciones espirituales.
Desgaste físico y mental
Un médium que se exige demasiado a sí mismo puede experimentar una fatiga extrema, tanto física como mental. El agotamiento se produce porque la mediumnidad requiere un equilibrio entre cuerpo y espíritu, y la presión interna constante desgasta los recursos vitales necesarios para realizar la tarea mediúmnica.
Desarrollo de sentimientos negativos
La autocrítica excesiva puede alimentar sentimientos de inferioridad, desánimo y frustración. Estos estados emocionales dificultan la elevación espiritual y pueden atraer a Espíritus menos evolucionados, que se aprovechan de estas debilidades para influir negativamente en el médium.
Interferencia en el propósito de la mediumnidad
La mediumnidad es un instrumento de amor y caridad. Cuando el médium se deja dominar por la autoexigencia, puede perder de vista el verdadero propósito de su misión, que es servir de forma desinteresada y humilde. En lugar de centrarte en el bien que puedes hacer, empiezas a centrarte en tus propios errores y limitaciones.
La importancia de una autodeterminación saludable
Si bien la autoexigencia excesiva es perjudicial, es importante reconocer que la autocrítica constructiva es un elemento esencial en el proceso de mejora moral y mediúmnica. La diferencia entre estos dos aspectos radica en el equilibrio: mientras que la auto-exigencia excesiva paraliza, la auto-exigencia sana impulsa el crecimiento.
Reconocimiento de limitaciones
El primer paso hacia una auto-exigencia equilibrada es reconocer las propias limitaciones. Todo medio está en proceso de evolución y, por tanto, sujeto a errores y dificultades. Aceptar estas imperfecciones con humildad es esencial para avanzar en el camino del auto-conocimiento y la reforma interior.
Concéntrese en el progreso, no en la perfección
La búsqueda de la perfección absoluta puede ser una trampa para el médium. Más bien, deberíamos centrarnos en un progreso gradual. Todo esfuerzo sincero por mejorar es reconocido por los buenos Espíritus y contribuye a fortalecer la mediumnidad.
Práctica de la oración y la meditación
La oración es un recurso poderoso para equilibrar las emociones y fortalecer el médium. A través de ella, es posible buscar inspiración y guía de Espíritus superiores, que ayudan a superar desafíos y a mantener el foco en el trabajo caritativo.
Búsqueda de conocimiento
El estudio sistemático de la doctrina espírita y de las obras complementarias proporciona subsidios al médium para comprender mejor su misión y las dificultades inherentes al camino. El conocimiento ilumina la mente y fortalece la confianza en el propio potencial.
El papel del Centro Espírita y la Red de Apoyo
El centro espiritualista juega un papel crucial en la orientación y apoyo del médium. Los entornos armoniosos y bien organizados ofrecen seguridad para que el médium pueda desarrollar sus facultades sin excesiva presión. Además, el contacto con otros trabajadores de la casa promueve el intercambio de experiencias y el fortalecimiento de lazos fraternos.
Conclusión: Un obstáculo para el progreso espiritual
La auto-exigencia mediúmnica, cuando se realiza de forma inapropiada, puede convertirse en un obstáculo para el progreso espiritual del médium. Por otra parte, un enfoque equilibrado y constructivo promueve el crecimiento moral y espiritual, permitiendo al médium llevar a cabo su misión con amor, confianza y dedicación. Reconocer las propias limitaciones, buscar la mejora constante y confiar en el apoyo de los buenos Espíritus son actitudes esenciales para que el médium pueda seguir el camino de la evolución con serenidad y alegría.
- Escritor espiritista-
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