INQUIETUDES ESPÍRITAS
1,. Las pruebas de la vida, según la Doctrina Espírita
2.- Amor y cura
3.- La Vida y la muerte
4.- La unión del cuerpo con el alma
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LAS PRUEBAS DE LA VIDA, SEGÙN LA DOCTRINA ESPÍRITA
La doctrina de la libertad en la elección de nuestras existencias y de las pruebas que debemos afrontar deja de parecer extraordinaria si se considera que los Espíritus desprendidos de la materia evalúan las cosas de una manera diferente a como nosotros lo hacemos.. Ellos tienen en vista la meta, mucho más seria, en su concepto, que los fugaces placeres del mundo. Tras cada existencia concluida ven el paso que han dado y comprenden cuánto les falta todavía, en materia de pureza, para alcanzar dicha meta. He ahí por qué se someten de buen grado a todas las vicisitudes de la vida corporal, pidiendo por sí mismos las que puedan hacerles llegar más rápidamente. No existe, pues, razón alguna cuando no se ve al Espíritu preferir la existencia más llevadera. Una vida exenta de amarguras no podría disfrutarla en su estado de imperfección.. La entrevé, y para alcanzarla trata de mejorarse.
El Libro de los Espíritus- Allan Kardec
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AMOR Y CURA
El amor es tan poderoso que ni siquiera la muerte lo interrumpe. Por el contrario, hace que todos aquellos que desencarnan, después del despertar feliz, al darse cuenta de que la vida prosigue, retornen dichosos para hablar de su resurrección y su alegría, o para advertir sobre los sufrimientos con que se topan como consecuencia de la conducta insana, de los errores cometidos o de las difíciles situaciones generadas, que aguardan la debida reparación.
Sólo el amor puede proporcionar ese maravilloso fenómeno de intercambio entre aquellos que partieron y los demás, que quedaron en la retaguardia, la mayoría de las veces ignorando los acontecimientos que tienen lugar después de la tumba.
¡Cómo no hacer mención de Jesús, que retornó para consolar a sus compañeros temerosos y desmoralizados, y a su madre nostálgica, confirmando las afirmaciones de que la vida es eterna!
El apóstol Pablo sostenía que si no se hubiese producido la resurrección del Maestro, todo su mensaje carecería de autenticidad.
Después de haber soportado burlas, persecución, traición, negaciones, juicios arbitrarios, dilaceraciones insoportables, cargando su propia cruz hasta la muerte infamante, Él retornó jubiloso, como una madrugada incomparable después de la noche tormentosa, para demostrar la excelencia de su amor por los que quedaron y por todas las criaturas del futuro.
Esplendoroso y triunfal, saludable y dichoso, regresó entonando su inconfundible himno de amor.
Hasta tanto no se alcance ese amor incomparable, se puede y se debe amar dentro de las propias limitaciones, creciendo a medida que las experiencias de la actitud asumida amplíen el círculo, que incluirá a los más distantes, a los más difíciles, a los enfermos del alma...
Amar las enfermedades es la manera de develar su significado, de descubrir lo que desean decir, cuál es la orientación que tienen, la advertencia con que están revestidas para que se eviten daños mucho más graves con posterioridad.
De tal modo, se vuelven menos dolorosas y más naturales, y al ser envueltas por ondas de ternura y de compasión, no tendrán el carácter punitivo que se les atribuye ni la función destructiva que se le confieren.
El amor se conmueve ante todo cuanto ocurre, sin que se convierta en necedad. Sucede que su dimensión de entendimiento se amplía, auxiliándolo a descubrir todo aquello que carecía de sentido, lo que entonces adquiere significado.
En el lecho de muerte, el amor complace al paciente que se encuentra desolado, ofreciéndole la certeza de que no va a ser olvidado, de la gratitud que se siente como resultado de la convivencia experimentada, como también de la certeza de que pronto, aquel que quedó seguirá ese mismo rumbo, donde será aguardado para una efusión de júbilo sin límites...
Son muchos los milagros del amor: desde los poco menos que desapercibidos y renovadores, hasta los grandiosos logros.
Cuando alguien ama y pretende ampliar ese amor, se olvida de sí mismo, cambia el rumbo y supera las dimensiones relativas de tiempo y de espacio, para proyectarse hasta los más difíciles reductos y a las mayores distancias, dónde obra con esmero.
DIVALDO FRANCO/JUANA DE ÁNGELIS
Del Libro: "FILÓN DE AMOR"

LA VIDA Y LA MUERTE
68 – ¿Cuál es la causa de la muerte de los seres orgánicos?
– El agotamiento de los órganos.
– ¿Podría compararse la muerte a la cesación del movimiento de determinada máquina desorganizada?
– Sí; si la máquina está mal montada, la actividad cesa; y si está malo el cuerpo, la vida se extingue.
69 – ¿Por qué una lesión del corazón con preferencia a la de otros órganos, produce la muerte?
– El corazón es una máquina de vida; pero el corazón no es el único órgano en el que una lesión causa la muerte, pues no es más que una de las partes esenciales.
70 – ¿En qué se transforman la materia y el principio vital de los seres orgánicos, cuando estos mueren?
– La materia inerte se descompone y toma nueva forma; el principio vital vuelve a la masa.
Muerto el ser orgánico, los elementos que lo componen sufren nuevas combinaciones que forman nuevos seres, los cuales toman de la fuente universal el principio de la vida y de la actividad, lo absorben y asimilan para devolverlo a la misma fuente, cuando dejen de existir.
Los órganos están impregnados, por decirlo así, del fluido vital. Ese fluido da a todas las partes del organismo una actividad que las pone en comunicación entre sí; en los casos de ciertas lesiones restablece las funciones momentáneamente perturbadas. Pero cuando son destruidos los elementos esenciales al funcionamiento de los órganos, o están alterados profundamente, el fluido vital es impotente para la transmisión del movimiento de la vida y el ser muere.
Los órganos reaccionan más o menos necesariamente los unos sobre los otros y de la armonía de su conjunto resulta su acción recíproca. Cuando una causa cualquiera destruye esa armonía, sus funciones cesan, como el movimiento de un mecanismo cuyas piezas esenciales están descompuestas. Tal sucede a un reloj que se gasta con el tiempo, o se descompone por accidente, en el cual la fuerza motriz queda impotente para ponerlo en movimiento.
Tenemos una imagen más exacta de la vida y de la muerte en un aparato eléctrico. Ese aparato recoge electricidad, en estado latente como todos los cuerpos de la Naturaleza. Los fenómenos eléctricos sólo se manifiestan cuando el fluido es puesto en movimiento por una causa especial. En ese caso, se podría decir que el aparato está vivo. Cesando la causa de la actividad, el fenómeno cesa; el aparato vuelve al estado de inercia. Los cuerpos orgánicos serían así como una especie de pilas o aparatos eléctricos en los cuales la actividad del fluido determina el fenómeno de la vida; la cesación de esa actividad produce la muerte.
La cantidad de fluido vital no es un factor absoluto para todos los seres orgánicos ; varía según las especies y no es un factor constante, bien sea en el mismo individuo, o en individuos de la misma especie. Los hay que están saturados de él, mientras que otros disponen apenas de una cantidad suficiente, y de aquí que la vida sea en algunos más activa, más vibrante y en cierto modo superabundante.
La cantidad de fluido vital se agota y puede llegar a ser insuficiente para el mantenimiento de la vida, sino se renueva por la absorción y asimilación de las substancias que lo contienen.
El fluido vital se transmite de un individuo a otro y el que tiene más puede dar al que tiene menos y en ciertos casos restablecer la vida a punto de apagarse.
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. ALLAN KARDEC.
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LA UNIÓN DEL CUERPO CON EL ALMA



