viernes, 6 de julio de 2018

Punto de encuentro




Hoy podemos ver aquí:

- Más conocimientos,¿Para qué?
- El origen del hombre
- Ante el divorcio
-Punto de encuentro




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     MÁS CONOCIMIENTOS, ¿PARA QUÉ ?

      Ya que la vida corporal no es sino una estadía temporaria en la Tierra, y que el porvenir que nos aguarda debe constituir nuestra principal preocupación, ¿es útil esforzarse por adquirir conocimientos científicos que sólo se relacionen con las cosas y necesidades materiales? 
- Sin duda alguna.- En primer lugar, ello os pone en situación de aliviar a vuestros hermanos. Segundo, vuestro Espíritu evolucionará más rápido si ha progresado ya en inteligencia. En los intervalos entre una y otra encarnación, aprenderéis en una hora lo que os llevaría años en la Tierra.* Ningún conocimiento es inútil. Todos coadyuvan en mayor o menor grado al adelanto, porque el Espíritu perfecto debe saberlo todo, y como el progreso ha de realizarse en todos sentidos, cuantas ideas adquiera cooperarán al desarrollo del Espíritu. 

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS 
ALLAN KARDEC. 

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EL ORIGEN DEL HOMBRE
CAMILO FLAMMARIÓN
 El problema del origen del hombre es indudablemente el más interesante, el más importante de cuantos pueden cautivar nuestra atención. ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos? Son éstas cuestiones planteadas desde que en la superficie de la tierra hay hombres que piensan. No han faltado contestaciones, a decir verdad; pero en los tiempos antiguos sólo las daban las religiones, o sea las doctrinas no científicas, que ignoraban los términos mismos del problema y que eran absolutamente incapaces de dar una respuesta seria.
Así, por ejemplo, la Biblia proclama la serie de tonterías siguientes: Dios creó el hombre a su imagen y los creó macho y hembra. Génesis I, 27. Y los bendijo, diciéndoles: «Creced y multiplicaos.» Génesis I, 28. Dios dijo después: «No es conveniente que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él». Génesis II, 18. Entonces envió a Adán a un profundo sueño, después le extrajo una de sus costillas y puso carne en su lugar.Génesis II, 21. Y el Señor Dios formó la mujer, de la costilla que había sacado a Adán. Génesis II, 22. Adán y su mujer estaban entonces completamente desnudos. Génesis II, 25. Y así por el estilo.
He aquí un libro que se nos presenta como sublime, como infalible, como verbo de Dios y que contiene estas... tonterías (seamos prudentes) exorbitantes. En el primer capítulo Jehová crea al hombre macho y hembra, en el segundo, volviendo sobre el mismo punto habla de la soledad de Adán y de la creación de Eva, que la fabrica con una costilla extraída del hombre sin dolor (el hombre debería tener, pues, una costilla menos que la mujer); confirma que estos recién nacidos de veinte años se hallan desnudos (lo creemos sin esfuerzo); habla a una serpiente, que también tiene el don de la palabra; la obliga a andar arrastrándose por castigo (¿Cómo andaba antes?); condena a Eva a parir con dolor (¿Podría parir toda mujer sin él?); confirma por sí mismo que hay muchos dioses y teme que Adán no lo sea inmediatamente; se pasea por el Paraíso; se toma la molestia de coser vestidos de pieles para el uso de la primera mujer y de su esposo, etc.
Es preciso haber leído estas cosas por los propios ojos para tener la seguridad de que han sido escritas. Tomémoslas por lo que son, por dos alegorías orientales yuxtapuestas y guardémonos de ver en estos antiguos relatos ninguna revelación divina. Tratemos por el contrario, de plantear el problema científicamente.
El hombre creado por la voluntad directa de Dios, en virtud de un milagro, o el hombre descendiendo de los animales, que le han precedido en la evolución de la naturaleza. He aquí los términos del problema; las dos únicas hipótesis posibles; no hay tres. Estas son, en efecto, aun en la actualidad, dos hipótesis; ninguna está probada. ¿Cuál de las dos es la más probable? Esto es lo que vamos a examinar, que es todo cuanto podemos hacer. La primera implica el milagro del origen sobrenatural del hombre; no solamente del hombre, sino de todos los animales, de todas las plantas, de todos los minerales, Dios lo ha creado todo por su árbitra voluntad, cómo y cuándo ha querido, lo mismo la pulga que el elefante, el buitre que el caballo, la primera brizna de la hierba que la sensitiva, así el diamante como el guijarro. Todos los seres vivientes han nacido adultos a la voz de Dios, en condiciones a propósito para poderse nutrir inmediatamente y reproducirse.
El primer caballo se ha lanzado a través de los campos en busca de la primera yegua salida también de un oasis fecundo; la primera vaca nació en el seno mismo del un abundante pasto, preparado para recibirla; la primer curruca no salió del huevo para morirse de hambre y de frío al cabo de unas horas, sino para volar ya completamente cubierta de pluma; la primera pulga, parásita del hombre, y no de todo otro animal, ha sido creada sobre un cuerpo humano, preparado para nutrirla; el primer gusano serpenteante que ha aparecido sobre el queso de Rocafort, ha sido creado expresamente para este comestible apreciado de los finos gourmets; la primera ballena ha hendido las ondas en espera de la llegada de Jonás.
 No existen milagros pequeños o milagros grandes y milagros fáciles y milagros difíciles. El verdadero Dios no puede fabricar medios milagros y cuartos de milagro, como los industriales de Lourdes, de la Salette y de otros sitios gracias a medias y cuartos gracia, según la fortuna y el gusto de sus devotos. O la primera pareja humana ha sido creada en todas sus piezaa en la edad adulta, en las mejores condiciones vitales, al abrigo de la acción del aire, del hielo, del trueno, de las inundaciones, de las bestias fieras y preservada milagrosamente durante algún tiempo del hambre, del calor del día, del frío de la noche y de todo cuanto podría atentar a la completa conservación de los dos cuerpos mallas llegados al mundo perfeccionados y totalmente sensibles, o el primer hombre nació niño del seno de una madre que tenía mucho de animal y que distaba mucho, por lo tanto, de haber llegado al grado de la actual mujer. O todas las especies animales han sido creadas separadamente, o han sido formadas naturalmente derivándose unas de otras por un lento progreso, por una lenta diferenciación de los individuos y de las variedades.
No cabe, en este punto, confundir ni tergiversar. Se impone el radicalismo, lo mismo en un caso que en otro. ¿Cuál es el medio de conocer la verdad? 1º Tener el espíritu libre. 2º Observar lo que ocurre en la naturaleza. Examinemos, pues, al hombre, con la más completa independencia de espíritu y con la imparcialidad más absoluta. Empecemos por su vida embrionaria. Al principio de su formación, en el seno de su madre, aún una simple célula. El ovario humano es esencialmente parecido al de los otros mamíferos, en forma y en estructura, sino que lo es aún en diámetro. Este glóbulo mide aproximadamente 1’15 de milímetro y es visible sin auxilio del microscopio. De pronto se multiplica y se convierte en una frambuesa. Estas células son materiales de construcción que servirán para edificar el cuerpo del joven animal. Cada uno de nosotros hemos sido una de estas esferas simples, compuestas de pequeñas células transparentes.
En el primer estadio es absolutamente imposible distinguir el embrión del hombre del de otros mamíferos, de los pájaros y de los reptiles. El hombre pasa sucesivamente, en las primeras semanas de la vida embrionaria, por las principales especies animales que aun hoy existen.
Determinadas fases primordiales del desenvolvimiento humano, corresponden absolutamente a algunas formaciones, que persisten durante toda la vida a los peces inferiores. La organización pisciforme, de momento se convierte después en anfibio. Sólo mucho más tarde aparecen los caracteres particulares a los mamíferos. Existe perfecto paralelismo entre la evolución embrionaria del individuo y la evolución paleontológica del grupo entero al cual pertenece. Recorriendo así una serie de formas transitorias, cada animal; cada planta resume en cierto punto, en una sucesión rápida y en sus contornos generales, la larga y lenta serie evolutiva de las formas por las cuales han pasado sus antecesores, desde las más remotas edades.
 El embrión de un niño en su cuarta semana, el de un perro y el de una tortuga de la misma edad o el de un pollo de cuatro días, se parecen hasta confundirse. Así la misma naturaleza contesta al problema con nuestra actual embriología. Hasta cuando nos hallamos completamente formados conservamos órganos rudimentarios o atrofiados que fisiológicamente son del todo inútiles y que no pueden ser más que legados de nuestros antecesores.
Los pelos que cubren nuestro cuerpo se hallan en este caso. Lo propio ocurre con los músculos de la oreja, que no pueden servirnos para moverla, mientras que los monos y algunos salvajes le imprimen movimiento aún. En el ángulo interno de nuestro ojo hay un repliegue semilunar que es el último vestigio del tercer párpado interno que existe entre los pájaros, los reptiles, los tiburones, etc. Durante los dos primeros meses de vida embrionaria conservamos aún la cola de los monos. Debajo de la piel y en distintas regiones del cuerpo conservamos músculos que no son inútiles pero que existen entre los mamíferos.
Un examen anatómico detallado del cuerpo humano pone de manifiesto la existencia de algunos otros órganos rudimentarios, que sólo la teoría de la descendencia puede explicar. Estos órganos son otras tantas pruebas que establecen la verdad acerca de la teoría de la transformación natural. Si el hombre, o todo otro ser hubiesen sido construidos desde el principio con un objeto determinado; si hubiese sido llamado a la vida por un acto creador, entonces no tendrían ninguna razón de ser estos órganos rudimentarios. Por el contrario, la teoría de la descendencia explica su presencia con toda claridad.
Ella nos demuestra que los órganos rudimentarios son partes del cuerpo que en el transcurso de los siglos han quedado gradualmente fuera de servicio. Estos órganos cumplían funciones determinadas en nuestros antecesores animales, pero entre nosotros han perdido todo valor fisiológico. Nuevas adaptaciones les han hecho inútiles, pero no han podido menos que ser transmitidos de generación en generación, habiendo retrogradado, lentamente.
No sólo los órganos rudimentarios, sino todos los demás órganos de nuestro cuerpo nos han sido legados por los mamíferos, y en último término, por nuestros antecesores simios.
La anatomía comparada confirma las anteriores manifestaciones. El cuerpo del hombre está formado exactamente lo mismo que el de los animales que le han precedido. Haeckel ha publicado, en su obra sobre La creación natural, una lámina muy instructiva representando los monos, o mejor, las extremidades interiores de nueve mamíferos distintos; el hombre, el gorila, el orangután, el perro, la foca, el tiburón, etc. En estas nueve extremidades se encuentran siempre, cualquiera que sea la diversidad de las formas exteriores, los mismos huesos iguales en número, en igual posición y agrupados en el propio orden. Parecerá natural que la mano del hombre difiera poco de la del gorila y del orangután; pero que la pata del perro, la aleta pectoral de la foca y del tiburón estén esencialmente construidas en igual sentido, parecerá más sorprendente. Sin embargo, es así. El volumen y la forma de los huesos han sufrido notables modificaciones pero su número, su disposición y su manera de articular no han variado. ¿A qué causa natural podría atribuirse esta sorprendente analogía en medio de la diversidad de las formas exteriores, sino a un parentesco universal?
La geología y la paleontología confirman todas estas conclusiones. Existe progresión continua desde los organismos más simples a los más compuestos. La animalidad se eleva como un solo árbol cuyas ramas nacen unas de otras. Entre los diversos tipos de animales fósiles se observa una gradación sucesiva, como si alguna fuerza de organización se hubiese ingeniado en añadir, modificar y complicar incesantemente para llevar el número y la variedad de las especies hasta lo infinito. Sin embargo, los rasgos de la modificación subsisten; ¿no hereda el niño la facultad esencial del mono?
Cualquiera que sea el secreto del origen de los seres, lo cierto es que las cosas se presentan como si derivasen unos de otros. Existen lagunas entre ellos, en efecto, pero el número de éstas disminuye de día en día ya por los descubrimientos imprevistos que se realizan en el seno de la tierra, en los abismos del Océano o en los lugares hasta ahora inexplorados de la tierra.
Se ha repetido hasta la saciedad que «la naturaleza no da saltos». «La especie, escribía Lamarck, en 1809, varia hasta el infinito, y, considerada con la relación al tiempo, no existe. Las especies pasan de una a otra por infinidad de transiciones, lo mismo en el reino animal que en el vegetal. Nacen por vía de transformación o de divergencia. Remontando al origen de los seres, se llega así hasta un pequeño número de gérmenes primordiales, o nómadas aparecidos por generación espontánea. »El hombre no constituye ninguna excepción; es el resultado de la transformación lenta de determinados monos. La escala en la cual se comparaban anteriormente los reinos orgánicos, no existe más que para las ramas principales. Las especies, por el contrario, son como las extremidades aisladas de las ramas, formando cada una un conjunto.»
 Esta grandiosa hipótesis es hija del cerebro de Lamarck en una época en que faltaban la mayor parte de los conocimientos en historia natural, en paleontología y en embriología, que después han vertido raudales de tan viva luz. Nada más se ha añadido a este principio; se han discutido los medios de transformació n, se han aportado hechos y observaciones, se han propuesto listas genealógicas, pero el fondo persiste intacto.
Los medios de Lamarck se resumen en una frase: la adaptación de los órganos a las condiciones de existencia. Sabido es que los que se dedican a la cría de animales y los horticultores obtienen casi a voluntad las formas nuevas deseadas, escogiendo, primero en una misma especie y después entre los descendientes de un primer cruce, y así sucesivamente, los individuos que poseen el mayor grado de desviación deseada; así se desarrolla una especie nueva, negando a fijarla de modo definitivo a fuerza de perseverancia.
Las divergencias del tipo primitivo que se obtienen son inesperadas; reproducen el color, la forma de la cabeza, las proporciones del esqueleto, la configuración de los músculos y hasta las costumbres del animal. Determinados cultivadores se comprometen en tres años a producir tal o cual pluma de un pájaro y en seis años tal o cual forma de pico o de cabeza. Esta es la «selección artificial», puesto que se opera por la mano inteligente del hombre sobre animales en estado doméstico. En la naturaleza, dos individuos de una misma familia, no se parecen por completo; difieren por caracteres sin importancia o por circunstancias que les dan una ventaja en la lucha sobre aquellos cuyas necesidades son las mismas o con las condiciones del medio y de subsistencia de todo género. El animal que tiene un color protector, es decir parecido al de la tierra en que vive, escapará con mayor facilidad de los dientes de sus enemigos. El animal de pelo más espeso será más favorecido en los polos; el de piel lisa lo será en el ecuador, etcétera. De consiguiente, toda ventaja adquirida desde el nacimiento, y por consiguiente más fácilmente transmisible, pone al individuo en mejores condiciones de resistencia a las causas de destrucción y de esterilidad. Los órganos se desenvuelven o se alteran según el uso que de ellos se hace.
De ahí que determinados individuos sean como escogidos por un procedimiento natural que reemplaza la acción del hombre en la selección artificial, y que estos individuos sean precisamente los que se sobreponen a los demás por algún nuevo carácter.
Repitiéndose el hecho durante algunas generaciones, se acentúan las divergencias, la tendencia a la herencia aumenta y se forman tipos nuevos, siempre más alejados del punto de partida. Los procedimientos de formación de especies, deben ser, por otra parte, numerosos. Diremos con el doctor Topinard en su hermoso libro La Antropología, que el transformismo se impone como una necesidad. O el hombre es nacido de la nada, por encantamiento, o procede de lo que anteriormente existía.
Así, todas las ciencias antropológicas se unen unánimemente para afirmar que el género humano desciende de una serie de diversos antecesores mamíferos. ¿Cuál ha sido su precursor inmediato? No puede serlo ninguna de las actuales razas humanas inferiores, ni ninguna de las razas de monos de las que al presente existen. Pero con seguridad que los orangutanes, los chimpancés y los gorilas son nuestros parientes más próximos.
Los primeros hombres, salvajes, brutales, groseros, sin lenguaje, sin familia, sin tradiciones; los hombres de los primeros tiempos – de la edad de la piedra – eran aún monos. Razas mucho más recientes, los charrúas, los cariabos, los antiguos californianos han desaparecido. El último de los tasmanienses acaba de morir. Los australianos, los esquimales, los polinesios desaparecerán pronto a su vez. La tierra da vueltas, y el progreso transforma el mundo. Hay hombres que prefieren ser hechura de un Adán a ser descendientes de un antiguo simio. Es cuestión de gusto. El más hermoso elogio que pueda hacerse de la humanidad no es quizá el que se ostenta.
 ORÍGENES DE LA VIDA - Camilo Flammarión
Adaptación: OSWALDO E. PORRAS DORTA

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Ante el Divorcio


Toda perturbación en el hogar, frustrando el viaje en el tiempo, tiene una causa específica.  Tal como le acontece al  tren, cuando estaciona indebidamente o descarrila, lo más urgente  es dar la protección debida para que el tren doméstico prosiga  adelante.
En el transporte casero, aparentemente anclado en la estación de lo cotidiano (y decimos aparentemente, porque la maquina familiar está en movimiento y transformación incesantes), casi todos los accidentes se verifican por la  evidencia de fallos diminutos que, cuando se repiten indefinidamente,  desembocan, finalmente, en un desastre espectacular.
Esos fallos, sin embargo, nacen del comportamiento de los mas interesados en el sostenimiento del vehículo o, propiamente dicho, del marido y de la mujer, llamados por la acción de la vida para regenerar el pasado o para construir o futuro por las posibilidades de la reencarnación en el presente, fallos esos que se manifiestan como un pequeño desequilíbrio, hasta que se desencadene un desequilíbrio mayor.
En ese sentido, vemos cónyuges que aparentan el confort como en la plenitud del lujo y el dinero, deshaciendo el matrimonio entre caprichos locos, como se ahoga una planta por exceso de abono, y observamos aquellos otros que lo sofocan por abuso de tacañería; vemos a quienes arrasan la unión conyugal entre fiestas sociales permanentes, y señalamos a los que la destruyen por vivir en demasiada soledad; encontramos a los campeones de la testarudez que acaban con la paz de la familia, manejando actitudes de contra sistemáticas, delante de todo y de todos, e identificamos a los que la exterminan por el silencio culpable frente al mal; sorprendemos a los fanáticos de la limpieza, principallmente aa muchas de nuestras hermanas, las mujeres, cuando se hacen las mártires con las escobas y las enceradoras, dispuestas a arruinar la armonía  general, por una mota de polvo en los muebles, y somos enfrentados por los que tienen el vicio de ensuciar la casa, despreciando la higiene. 
Equilibrio y respeto mutuo son las bases de trabajo de cuantos se proponen garantizar la felicidad conyugal, toda vez que, repitamos, el hogar es semejante al tren en el que hijos, padres, tutores y amigos, son los pasajeros. 
Alguno preguntará cómo situaremos el divorcio en estas comparaciones. Divorciar, a nuestro punto de vista, es dejar abandonada  la locomotora y sus vagones, Quien responde por la iniciativa de la separación, ciertamente que abandona todo ese instrumental de servicio a la propia suerte, y cada conciencia es responsable de sí misma.
No ignoramos que el tren casero circula por los carriles de la existencia terrestre, con la autorización y la administración de las Leyes Orgánicas de la Providencia Divina, y siendo así, el divorcio, expresando desasistencia o abandono de un compromiso, es una decisión lastimosa, aunque a veces necesaria, con raíces de responsabilidad del esposo o de la esposa, que en rigor, ejercen las funciones de jefe y de maquinista.
XAVIER, Francisco Cândido. Encuentro Marcado. Por el  Espíritu Emmanuel

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PUNTO DE ENCUENTRO: EL 



CONOCIMIENTO

  Sin duda, en la búsqueda de respuestas, toda persona con inquietudes espirituales que acude a un grupo de orientación espiritual o filosófica ha de comenzar por instruirse y aprender los conocimientos básicos que le ayuden a entender la idiosincrasia particular y propia de cada centro; los postulados básicos de la doctrina que lo sostiene y la trayectoria y objetivos del mismo.
  Si el conocimiento espiritual es luz, y la ignorancia representa la oscuridad y la persistencia en el error; ¿por qué existen personas que renuncian a aprender? ¿Porqué muchas de éstas personas adoptan aptitudes de rechazo antes incluso de escuchar, negándose siquiera a utilizar su razón o capacidad de análisis?
  Y qué decir de aquellas otras que antes incluso de leer, escuchar o instruirse sobre cualquier tema de índole espiritual adoptan una aptitud escéptica de rechazo o menosprecio.
  En el origen de estas actitudes se encuentra la mayoría de las veces la inmadurez espiritual de los individuos; entendida como comodidad de los mismos, negativa a asumir responsabilidades e incluso prejuicios sociales derivados de la falta de información veraz y objetiva o incluso tergiversada por diversos motivos de ideología o de poder.
  La inmadurez de los espíritus en evolución se manifiesta por la ausencia de control de los instintos y tendencias pasionales que todos poseemos en mayor o menor medida. A menor control y evolución en este sentido, la materia y sus instintos más primitivos priman sobre los objetivos nobles y actitudes edificantes del espíritu. Es por ello que, en muchos casos la comodidad nos invade, la ausencia de querer esforzarnos por razonar y controlar nuestros impulsos y tendencias negativas que nos dominan, nos llevan a una total esclavitud de nuestras pasiones y nuestra tendencia natural tiende a no asumir responsabilidades que impliquen esfuerzo, cambio, mejoría emocional, racional y espiritual.
  Por otro lado, la misma comodidad del individuo rechaza asumir con valentía y libertad personal su patrón de vida. Es mucho más fácil dejarse tutelar, seguir las instrucciones que le marcan desde los púlpitos, de los líderes o instituciones humanas que poseen fuertes inclinaciones ideológicas o de poder material, pero cuyos líderes, a veces, lamentablemente ofrecen ejemplos poco edificantes de espiritualidad o esclarecimiento; utilizando los dogmas, la represión, o la restricción a la libertad de pensamiento o la crítica constructiva, creyéndose así mismo poseedores de la “única verdad” y excluyendo al resto de forma manifiestamente sectaria.
  Por ello no nos cansaremos nunca de manifestar que, en la libertad de pensamiento, en la ausencia de dogmas, rituales o actitudes sectarias; en la capacidad de análisis y raciocinio, y en el respeto al libre albedrío de las personas encontraremos el inicio del camino que nos lleve a la auto-realización personal.
  Siempre insistiremos en este punto, y, entroncándolo con lo que en esta sección nos ocupa, hemos de intentar trasladar estas buenas prácticas al funcionamiento fraterno de los grupos. Además de los postulados doctrinarios, es preciso que las actitudes de respeto al libre albedrío, que la crítica sana y constructiva sea el método de avance y crecimiento en los grupos, amén de la relación fraterna, piedra angular del éxito de toda institución espiritual que se precie.
  Es evidente que el conocimiento espiritual, y más concretamente el de la doctrina de kardec, nos abre los ojos a una nueva realidad, a una dimensión de auténtica claridad que ofrece sentido a nuestras vidas y que nos marca el camino de nuestra redención moral y espiritual.
  Pero el espíritu científico del maestro de Lyon le llevó a “rechazar 99 verdades antes que aceptar una sola mentira”. Esta es la clave en la que hemos de interpretar el conocimiento de la doctrina en su aplicación a los centros; con ello evitaremos la mixtificación, el fanatismo y el entorpecimiento de las fuerzas contrarias a la evolución de los grupos que permanecen en acecho permanente.
  La capacidad de analizar, razonar y someter a examen todo conocimiento que llegue a través de la mediumnidad nos dará la verdadera dimensión de nuestra capacidad de crecimiento o estancamiento en los grupos.
  Para ello es precisa una formación inicial sólida y básica en sus principales postulados. Sólida no tiene porqué significar exhaustiva o extensa. Las grandes premisas que la doctrina nos manifiesta son sencillas y fáciles de comprender, pero ante todo, han de partir de la buena voluntad de los individuos por aceptar la crítica en los errores, aceptando que todos nos encontramos en el camino, y por otro lado han de continuar en la tolerancia de todos a los errores ajenos, manifestando así la caridad que se nos exige para con nuestros compañeros.
  Así pues podemos distinguir entre el conocimiento básico que la doctrina estructura y nos ofrece y en el cual se deja la puerta abierta al crecimiento y la amplitud:
  “El espiritismo, marchando con el progreso, nunca se desbordará, pues si la ciencia le demuestra que está equivocado sobre un punto, se modificará sobre ese punto y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría” Allan Kardec
  Y por otro lado se encuentran la informaciones y conocimientos que a través de las mediumnidades han ido enriqueciendo esta doctrina, ampliándola, detallándola, explicándola y llevándola como consuelo y claridad a las conciencias de los hombres libres y responsables capaces de ser valientes enfrentando cara a cara, bajo la premisa de la razón la realidad de sus propias vidas.
  Este conocimiento mediúmnico que fluye aquí y allá, que llega en todas partes, que esclarece, consuela e ilumina multitud de centros y personas de buena voluntad, es un conocimiento básico, imprescindible y serio. Como tal hay que tomarlo y como tal hay que exigir a las mediumnidades una preparación, educación y respeto en el desarrollo de su facultad, que les permita convertirse en fieles instrumentos de lo alto, descartando en la medida de lo posible todo animismo y evitando, de paso, la mixtificación derivada de la baja condición moral que atrae por sintonía elementos perturbadores de las sombras.
  El conocimiento es pues el punto de encuentro entre los miembros de los grupos, es la clave que nos permite iniciar el camino, continuar de forma ordenada y esclarecida nuestro derrotero espiritual. Por ello es tan importante. Y por ello, si es importante por sí mismo, lo verdaderamente transcendente es cómo lo implementamos, cómo lo tratamos, como lo desarrollamos, y por supuesto, cómo lo divulgamos.
  Pocos prestan atención a estas últimas premisas, pero en ellas se encuentra la base de un grupo sólido, con fuertes convicciones espirituales, con conocimientos profundos, con grandes dosis de fortaleza interna, con rumbos claros y ciertos hacia donde dirigir sus esfuerzos.
  El propio codificador insistía de forma continua en la necesidad de que los centros y las personas completasen su instrucción; profundizando no sólo en los conceptos de verdad que esclarecen, sino sobre todo, y por encima de todo, en las actitudes que deben derivarse de la comprensión de ese conocimiento, y destacando entre estas últimas y por encima de todas las demás una: la fraternidadentre sus miembros.
A.LL.F.

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martes, 3 de julio de 2018

La Gran Transición


Hoy presento:

- Frase de La Génesis
-Asimilación de corrientes mentales
-La gran transición
-Juan Damasceno: Historia de un ser extraordinario




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"Dios es soberanamente justo y bueno. La sabiduría providencial de las leyes divinas se revela tanto en las más pequeñas como en las más grandes cosas, y esa sabiduría no da lugar a que se dude de su justicia ni de su bondad." 
La Génesis - Capítulo II 
Allan Kardec 



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ASIMILACIÓN DE CORRIENTES MENTALES

 En cualquier estudio mediúmnico no debemos olvidar que la individualidad espiritual, en el cuerpo físico, mora en la ciudadela  atómica carnal  que está formada por recursos tomados provisionalmente del ambiente del mundo. Sangre, encéfalo, huesos, nervios, piel y músculos son elementos materiales que se aglutinan entre si para la manifestación transitoria  del alma en la Tierra, constituye  una vestimenta temporal, según las condiciones y pruebas que tiene que pasar.
 Cada recipiente recibe conforme a su capacidad. Los mundos actúan los unos sobre los otros por las irradiaciones que despiden, y las almas se influyen mutuamente  por intermedio de los agentes mentales que producen. El campo de la mente  ofrece un amplio panorama para el estudio de sus combinaciones… pensamientos de crueldad, rebeldía, tristeza, amor, comprensión, esperanza o alegría, tiene una naturaleza diferente  con características y pesos propios, haciendo más densa al alma o utilizándola, además  de poderse definir  sus cualidades magnéticas… La onda mental poseerá determinados coeficientes de fuerza,  tanto en la concentración silenciosa como en el verbo exteriorizado o en la palabra escrita…
 Comprendemos con esto, que somos victimas o beneficiarios  naturales  de nuestras propias creaciones, según las corrientes mentales qué proyectamos, nos esclavizamos  a compromisos contraídos  por el equivoco de nuestras experiencias  o liberamos con el bien  hacia el progreso, según nuestras determinaciones  y obras en armonía  o desacuerdo con las leyes eternas…
 Casi todos los hechos mediúmnicos son ejercidos  por el fenómeno  de la perfecta asimilación de corrientes mentales. El organismo  es como un aparato receptor donde se condensan  los pensamientos  y la voluntad con profusiones de rayos que alcanzan el campo interior del médium, primeramente por los poros, que son como miríadas  de antenas sobre las cuales  esa emisión adquiere el aspecto de impresiones débiles e indecisas. Esas impresiones  se afirman en los centros del cuerpo espiritual, los que funcionan  a modo de condensadores  y alcanzan de inmediato los enlaces del sistema nervioso desempeñando el papel de preciosas bobinas de inducción, acumulándose allí en un instante y reconstituyéndose automáticamente en el cerebro, en donde poseemos centenares de centros motores semejantes a un milagroso teclado de electroimanes ligados los unos a los otros. En esos núcleos dinámicos se procesan las acciones y las reacciones mentales que determinan  vibraciones creativas a través del pensamiento o de la palabra, considerándose el encéfalo  como una poderosa  estación emisora y receptora  y a la boca como un valioso auto parlante.  Tales estímulos  se expresan también a través del mecanismo  de las manos y de los pies, o por las sensaciones de lo sentidos y de los órganos que trabajan al igual que elevadores  y conductores, transformadores y clasificadores bajo el comando directo de la mente.
 El pensamiento que nos pertenece con exclusividad, fluye incesantemente de nuestro campo cerebral, al igual que las ondas magnéticas acalóricas que nos son peculiares y lo utilizamos normalmente  accionando los recursos de que disponemos.
 En los asuntos de este orden es imprescindible tener mucho cuidado para juzgar, porque si se basa el criterio sobre la medida de expresión terrena, se posee una  vida mental parasitaria y restringida, ya que ocultamos  la onda de pensamiento  que nos es propia para reflejar  y actuar con los preconceptos  consagrados   o con la pragmática de las costumbres preestablecidas, que son cristalizaciones mentales  producidas en el tiempo. Basta que se ejerza la meditación, al estudio edificante y a la vocación de discernir,  para comprender con nitidez cual es la calidad de nuestros pensamientos y poder identificar  claramente a las corrientes espirituales que asimilamos.
 La mediumnidad es un don inherente a todos los seres, al igual que la facultad de respirar, cada criatura asimila las fuerzas superiores o inferiores con las cuales se haya en sintonía. Por eso mismo el Divino Maestro nos recomendó la oración y la vigilancia  para no caer en las sugestiones del mal,  porque la tentación es la corriente  de fuerzas vivas que irradiamos nosotros y que, llegando hasta los elementos afines, tejen entre si, alrededor  de nuestra alma, una espesa red de fuerzas impulsivas que se tornan a veces irresistibles.
 Estudiemos trabajando. El tiempo utilizado en el bien de nuestro prójimo es una bendición que atesoramos para siempre en nuestro propio provecho.
 Extraído de el libro: “En los Dominios de la Mediumnidad” de Chico Xavier. Realizado por Merchita

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                  LA GRAN TRANSICIÓN
Juana de Ángelis
En este largo período, se opera en la Tierra, la gran transición anunciada por las Escrituras y confirmada por el Espiritismo.
El sufrido planeta experimenta convulsiones especiales, tanto en su estructura física y atmosférica, ajustando sus diversas capas teutónicas, cuanto en su constitución moral.
Ocurre esto porque los espíritus que la habitan, caminando aún en esferas de inferioridad, están siendo sustituidos por otros más elevados que la impulsarán por las sendas del progreso moral, dando lugar a una nueva era de paz y de felicidad.
Los espíritus afines a la perversidad, en los desmanes, en la sensualidad y vileza, están siendo relegados lentamente a mundos inferiores donde enfrentarán las consecuencias de sus actos innobles, renovándose así y predisponiéndose al retorno planetario, cuando logren recuperarse y estén decididos al cumplimiento de las leyes de amor.
Por otro lado, aquellos que permanecieron en las regiones inferiores están siendo traídos a la reencarnación, para que disfruten de la oportunidad de trabajo y de aprendizaje, modificando los hábitos infelices a los que se han sometido, pudiendo avanzar bajo la dirección de Dios.
En caso de que se opongan a las exigencias de la evolución, también sufrirán un tipo de correctivo temporal en regiones primarias, entre razas atrasadas, teniendo la ocasión de ser útiles y de sufrir los efectos dañinos de su rebeldía.
De igual forma, espíritus nobles que consiguieron superar los impedimentos que los retenían en la retaguardia, estarán llegando, a fin de promover el bien y expandir los horizontes de la felicidad humana, trabajando infatigablemente en la reconstrucción de la sociedad entonces fiel a los designios divinos.
De la misma forma, misioneros del amor y de la caridad, procedentes de otras Esferas, estarán revistiéndose de la indumentaria carnal, para tomar esa fase de lucha iluminativa más amena, proporcionando condiciones dignificantes que estimulen al avance y a la felicidad.
No solo serán cataclismos físicos los que sacudirán el planeta, como resultado de la Ley de Destrucción, generadora de esos fenómenos, como ocurre con el otoño que derrumba el follaje de los árboles, a fin de que puedan enfrentar la rigurosa estación invernal, renaciendo exuberantes con la llegada de la primavera, mas también los de naturaleza moral, social y humana que señalarán los días tormentosos, que ya se viven.
Los combates se presentan individuales y colectivos, amenazando de destrucción de la vida con hecatombes inimaginables.
La locura, procedente del materialismo de los individuos, los lanza en los abismos de la violencia y de la insensatez, ampliando el campo de la desesperación que se alarga en todas las direcciones.
Los hogares se destruyen, las relaciones afectivas se desorganizan, las instituciones pierden su estructura, los lugares de trabajo se convierten en áreas de competición desleal, las calles del mundo se transforman en campos de luchas perversas, llevándose de golpe los sentimientos de solidaridad y de respeto, de amor y de caridad.
La turbulencia vence a la paz, el conflicto domina el amor, la lucha desigual sustituye la fraternidad.
.Pero esos hechos son apenas el comienzo de la gran transición.
*La fatalidad de la existencia humana es la conquista del amor que proporciona la plenitud.
En todas partes, existe un destino inevitable, que expresa el orden universal y la presencia de una Conciencia Cósmica actuante.
La rebeldía que predomina en el comportamiento humano, eligió la violencia como instrumento para conseguir el placer que no le llega de manera espontánea, generando lamentables consecuencias, e incrementando continuos desaires.
Es inevitable la cosecha de la simiente por aquel que la sembró, tornándose rico de benditos granos o de aguijones venenosos.
Como las leyes de la Vida no pueden ser derogadas, toda objeción que se les hace se convierte en aflicción, impidiendo la conquista del bienestar.
De la misma forma, como el progreso es inevitable, lo que no sea conquistado a través del deber, lo será por los impositivos estructurales de los que él mismo se constituye.
Por tanto, la mejor manera de participar conscientemente en la gran transición, es a través de la conciencia de responsabilidad personal, realizando los cambios íntimos que se consideren apropiados para alcanzar la armonía.
Ninguna conquista exterior será lograda si no procede de los paisajes Íntimos, en los cuales están instalados los hábitos. Esos, de naturaleza perniciosa, deben ser sustituidos por aquellos que son saludables, por tanto, propiciatorios de bienestar y de armonía emocional.
En la mente está la clave para que sea operado el gran cambio. Cuando se tiene dominio sobre ella, los pensamientos pueden ser canalizados en sentido edificante, dando lugar a palabras correctas y a actos dignos.
El individuo que se renueva moralmente, contribuye de forma segura para que se produzcan las alteraciones que se vienen operando en el planeta.
No es necesario que el torbellino de los sufrimientos generales lo alteren, a fin de que pueda contribuir eficazmente con los espíritus que operan a favor de la gran transición.
Disponiendo de las herramientas morales del ennoblecimiento, se convierte en un cooperador eficiente, al trabajar junto a su prójimo por la mudanza de convicciones en torno a los objetivos existenciales, al tiempo que se transforma en un ejemplo de alegría y de felicidad para todos. El bien fascina a todos aquellos que lo observan y atrae a todos cuantos se encuentran distantes de su acción, ocurriendo lo mismo con la alegría y la salud.
Son ellos los que proporcionan el mayor contagio del que se tenga noticia y no las manifestaciones aberrantes y sensibleras que parecen arrastrar a las multitudes. Como escasean los ejemplos de júbilo, se multiplican los de desesperación, sobrepasados enseguida por los programas de sensibilización emocional para la plenitud.
La gran transición prosigue, y porque se hace necesaria, la única alternativa es examinar su aparición y cooperar para que las sombras que se adensan en el mundo sean disminuidas por el Sol de la inmortalidad. Ningún recelo debe ser cultivado, porque, aunque ocurra la muerte, ese fenómeno natural es vehículo de la vida que se manifestará en otra dimensión.
*La vida siempre responde conforme a las cuestiones morales que le son dirigidas.
Las esperadas evoluciones que se vienen operando traen una contribución que no ha sido bien valorada aún, que es la erradicación del sufrimiento de los paisajes espirituales de la Tierra.
Mientras predomine el mal en el mundo, el ser humano se transforma en su víctima preferida, en vista al egoísmo en el que se disloca, apenas por elección especial.
Por otro lado, el dolor momentáneo que lo hiere, lo invita a saciar la necesidad imperiosa de seguir la corriente del amor, rumbo al océano de la paz.
Cuando haya pasado el período de aflicción, llegará el de la armonía. Mientras tanto, que todos los esfuerzos sean de bondad y de ternura, de abnegación y de natural confianza en Dios.
(Mensaje psicografiado por el médium Divaldo Pereira Franco, el día 30 de julio de 2006, en Rio de Janeiro, Brasil)
ANUARIO ESPÍRITA 2007

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JUAN DAMASCENO: HISTORIA DE UN SER EXTRAORDINARIO

                         Juan Damasceno Bisbal
En esta ocasión vamos a hablar de un ser excepcional, casi olvidado, excepto para aquellos de su región natal que han oído comentarios sobre él. Un hombre extraordinario (*). Su nombre: JUAN DAMASCENO BISBAL CLIMENT (1883-1939).
Nació en la población de Catadau, provincia de Valencia, un 24 de marzo de 1883, en una humilde familia de agricultores. No sabemos nada de su infancia, sólo que se dedicó a las tareas del campo para ayudar a sus padres, con lo cual no pudo ir a la escuela, nunca aprendió a leer ni escribir, aunque esta circunstancia no le impidió desarrollar su misión con total solvencia. Ya adulto se casó y tuvo tres hijos.
Hombre de gran magnetismo, pues decían las gentes de su pueblo que todo aquello que plantaba crecía, aunque fuese una rama seca. Irradiaba paz, serenidad y mucho amor. Cuentan la anécdota de que cuando algún caballo se desbocaba, algo propio de la época y en aquel ambiente rural, simplemente con ponerse delante los calmaba.
Además de eso, Juan Damasceno poseía extraordinarias facultades, como es la facultad de curación, pues realizaba todo tipo de sanaciones algunas consideradas por las gentes como milagrosas, otras indicándole al paciente el tratamiento concreto a cada caso, que cuando lo seguían escrupulosamente, siempre daba un resultado plenamente satisfactorio. Esta práctica de la curación le supuso varias detenciones y el ser encarcelado por las autoridades de la época. También fue notable su clarividencia, pues le permitía conocer, con los ojos del espíritu,  la vida, circunstancias, y muchos detalles personales de aquellos que se le ponían delante y a los que pretendía ayudar.

Recorte del periódico ABC; 29 de abril de 1927. Sección: Crímenes y Sucesos; página 33.
Otra característica destacable fueron sus dotes proféticas, capaz de vislumbrar acontecimientos próximos así como futuros para la humanidad, como más tarde veremos en alguno de sus testimonios. Sin embargo, lo que más sobresalía era su modestia y sencillez. Humilde donde los haya, no aceptaba bajo ningún concepto cualquier retribución o regalo a cambio de sus admirables curaciones. Cualidades y hechos que le granjearon el respeto, la admiración y el reconocimiento de muchísimas personas que se beneficiaron de sus consejos y ayuda espiritual.
Uno de los hechos más significativos y que más le marcó fue, cuando el mundo espiritual le indicó la necesidad de marchar a Francia para completar su desarrollo mediúmnico y su preparación. Por circunstancias que no sabemos, sobre el año 1925 tomó la decisión de marchar, primero a Valencia y posteriormente a Francia sin avisar a su esposa e hijos. Allí se reunió con su hermano para trabajar; al mismo tiempo, aprovechó para frecuentar un Centro Espírita en donde participaba en los trabajos mediumnicos, seguramente para completar su formación ya que nunca ofreció detalles de aquella experiencia.
Un tiempo después volvió a Catadau para reunirse con la familia, su esposa fue reticente a perdonarle porque  creía que la había abandonado. Fue un momento muy duro, especialmente para Juan Damasceno porque adoraba a su esposa e hijos, pero como comentábamos anteriormente, debieron de ser unas circunstancias y una decisión muy difícil, tremendamente meditada para tener que hacerlo de esa manera. Este hecho demuestra, hasta qué punto un espíritu de tal categoría debe de anteponer la renuncia y el sacrificio en aras de una misión espiritual. Afortunadamente su familia le perdonó y se mudaron en el año 1928 a vivir a Valencia, donde transcurrió prácticamente el resto de su vida.
Creó una empresa de abonos y fertilizantes de mucho éxito, su popularidad recorrió todos los rincones de la comarca. Sin embargo, en lugar de centrarse en aumentar sus beneficios, primó, por encima de todo, la vocación de servicio a sus semejantes, y una buena parte de lo recaudado con las ventas, lo invirtió en el perfeccionamiento de su trabajo para el bien común. El abono estaba compuesto por elementos cuya proporción y diseño estaban pensados para el beneficio exclusivo del agricultor, lo cual redundaba en la mejora ostensible de las cosechas y le supuso el reconocimiento profesional del colectivo agrario, aumentando su fama y popularidad.
Tuvo desapego a los bienes materiales, no obstante su generosidad, como fue demostrando a lo largo de su vida, pues solía decir: “Cuantas personas hay que cuando pasa un buen coche se quedan mirándolo con envidia. Pues bien, yo envidio a todos aquellos que están durmiendo debajo de un puente, pues los bienes de la Tierra no tienen importancia si no se saben aprovechar. En cambio, los sufrimientos nos abrirán  las puertas del Cielo”
Otra faceta extraordinaria fue el don natural de “marcar” nacimientos de agua, algunos de ellos desde su propia casa, a tenor de los numerosos testimonios recogidos.
Por otro lado y en base a su superioridad moral y espiritual, era capaz de persuadir a personas desesperadas o desviadas de su rumbo en la vida. Con mucha dulzura y amor pero con firmeza les explicaba su situación, a veces con detalles personales que les dejaban perplejos  sobre la mejor manera de realizar sus proyectos de vida. Este hecho le supuso el que tuviera muchísimos simpatizantes y seguidores, algunos considerados como verdaderos discípulos.
También cabe destacar, cómo comentábamos anteriormente, las curaciones que realizaba Juan Damasceno, algunas vinculadas a casos más o menos graves de obsesión. La mayoría de venganzas por malas acciones, algunas provocadas en esta misma vida. Pondremos un ejemplo significativo: Cierto día le llevaron un señor en un carro pues sufría parálisis en las dos piernas. Nuestro protagonista se lo llevó a su despacho y le dijo que tenía que confesar algo grave, pues percibió que había envenenado a su esposa y ella, en venganza lo quería matar. El hombre lo negó y Juan le dijo que si no confesaba y se arrepentía de su nefasta acción no podía hacer nada; lo siguió negando, con lo cual,  lo subieron otra vez al carro y se lo llevaron. A los pocos días volvió y confesó su falta grave pero ya con otra actitud. Pues bien, esta fue la importante “medicina” que le permitió restablecerse y salir de su casa por su propio pie. Lo que significa que, primero hacía falta el arrepentimiento del marido para que Juan Damasceno pudiera realizar un trabajo de persuasión y adoctrinamiento para convencer a la malograda esposa de que lo perdonara desde la otra vida.
Volviendo a sus dotes proféticas vamos a destacar algunas de ellas. Por ejemplo, vaticinó la guerra civil española que comenzó en el verano de 1936, y dentro de la misma explicó con bastantes detalles dramáticos lo que fue posteriormente la famosa batalla del Ebro, donde hubo numerosísimas víctimas.
Profetizó lo que posteriormente fueron las graves inundaciones que hubo en Valencia en el año 1957, en donde murieron 81 personas y cuantiosos daños materiales. Hay que recordar que Juan D. murió a principios de 1939.
Sobre el cambio de ciclo, sus visiones sobre la humanidad no eran nada halagüeñas; solía decir: “La humanidad no se redimirá por las guerras, pues las guerras no traen más que guerras. La humanidad se redimirá por medio del terror, pues llegará un día en el que habrán fenómenos de la naturaleza tan raros y horrorosos que el hombre se dará cuenta de lo impotente que es, y en ese momento, pondrá las rodillas en tierra y suplicará a Dios perdón y misericordia.”
No obstante, sobre la vida en la nueva humanidad decía: “Llegará día que trabajaran todos y tendrán casa para vivir, y con dos horas que trabajen tendrán suficiente para pasar y estarán todos contentos.”
Otra muy curiosa fue: “Harán una maquinita que las llevarán en las manos y ellas solas hablarán.” ¿A los amables lectores les suena esto de algo? Seguramente se refería a los móviles actuales.
A veces se lamentaba: “Cuantas veces se llena el salón de mi casa y yo no quisiera, pues ya les he enseñado el camino. Algunos lo siguen pero otros no, y tienen más responsabilidad, ya que se les ha enseñado pero lo quieren ignorar.” Es el problema que ha existido en todas las épocas, personas de fe, pero una fe cómoda, a veces fanática, sin razonar ni comprometerse a un cambio real en sus vidas. Dándole vueltas siempre a las mismas enseñanzas, repitiendo las mismas lecciones una y otra vez sin unas consecuencias prácticas. Nuestro amigo Juan Damasceno también padeció este problema.
Al final de su vida, cuando ya estaba enfermo, declaró: “Yo Vine a señalar un camino, y ese camino ya está marcado, por lo tanto, mi misión ha terminado.”
Este es, en definitiva, un breve resumen de la vida de Juan Damasceno Bisbal, que aunque llegaron a salir algunas noticias suyas de distinta naturaleza en la prensa de la época, ha quedado en un olvido inmerecido; como tantos otros trabajadores espirituales, verdaderos seres abnegados, con un camino trazado por Dios para auxiliar a los hombres que  les acompañaron; espíritus atrasados y muy necesitados, como somos la mayoría. Efectivamente, este hombre fue especial, de una elevación extraordinaria. Renunció a su gloria espiritual merecida para mezclarse con el atraso, la ignorancia y a veces con la mala voluntad, simplemente por amor, en una época muy difícil y en un país convulso, lleno de agitaciones sociales que desembocaron en una guerra civil  cruenta. Sin embargo, ahí queda su legado. Murió el 30 de enero de 1939. Muy pronto se va a cumplir el 75º aniversario de su desencarnación. Desde aquí nuestro más sincero reconocimiento y homenaje.
  *  *  *  *  *  *  *  *
(*) Cabe añadir como anexo a esta reseña biográfica de Juan D. Bisbal, lo siguiente. En la sección sobre la mediumnidad, en el magnífico artículo dedicado a las Misiones Especiales, se hablaba de un tipo de trabajo exclusivo de espíritus de una categoría espiritual muy elevada. A este tipo de espíritus se les denominan “Peregrinos del Sacrificio”. Y explicaba: “Se ofrecen voluntariamente venir a un planeta para hacer una misión de tales características que sólo espíritus de su talla, de su elevación moral, pueden cumplir con total garantía de éxito, con la gran ventaja de que logran no sólo realizar su misión, sino ayudar a que muchos otros que vienen amparados en él y unidos en una misma misión conjunta, puedan también cumplirla gracias a la guía, la orientación y los conocimientos que de éste reciben.”
Y añade: “…para poder cumplir una misión de tal envergadura, que tiene un alcance de carácter mundial, estos espíritus traen junto a su fuerza personal, facultades espirituales innatas excepcionales, que le ponen en una comunicación fiel y limpia con el plano espiritual positivo, que le llevan a conocer de tal modo toda la parte negativa que hay en el planeta que es prácticamente imposible que se pueda ver engañado o enmarañado…”; “Son espíritus que han adquirido ya tal grado de espiritualidad, de perfección en muchas virtudes que sólo desean llevar a feliz término la misión que el Padre les ha encomendado….”; “Por estas razones el Padre confía plenamente en ellos, porque sabe hasta qué punto son capaces de renunciar a sí mismos y sacrificarse por los demás….”. Este es el caso, desde mi punto de vista, de JUAN DAMASCENO BISBAL CLIMENT.
José Manuel Meseguer Clemente
 © 2013 Amor, paz y caridad

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domingo, 1 de julio de 2018

Demonios


Art. espíritas para hoy.

- Sinceridad
- Dando amor
-Maldades y arrepentimientos
-Demonios






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               SINCERIDAD

Sinceridad es sinónimo de veracidad. Ser sincero es pues ser fiel a la verdad, estar libre de fingir, de actuar con hipocresía, de vestir la mentira con ropaje de verdad, libre de aparentar, de engañar, de confundir, de mentir, y de toda causa que sea faltar a la verdad simple y pura.Como todos los valores, la sinceridad se lleva dentro. A las personas se nos llega a conocer por nuestra forma de ser en general, hasta por la forma de respirar, y llega un momento en que cuando una persona demuestra que no es fiel a la verdad, que no es sincero en sus obras, que dice una cosa y hace otra, o viceversa; sus palabras ya no le avalan, se deja de creer en él, hasta que con el tiempo corrija esta actitud al comprender que no le trae a la larga más que perjuicios.
La sinceridad no consiste sólo en hablar. Hablar, decir la verdad es un componente importante dentro de la sinceridad, pero es sólo una parte en la integridad del ser humano. Ser sincero es en primer lugar ser fiel a los principios que se tienen. Actuar en consecuencia con los dictados de nuestra conciencia. A esto se le llama ser sincero con uno mismo. Cuando una persona obra consecuentemente, cuando es leal a sus pensamientos y sentimientos positivos, está dispuesta y preparada para ser sincera con los demás.
Por nuestros defectos, acostumbramos a pensar y sentir de una forma determinada, y a obrar de otra muy distinta, entonces sólo nos cabe encubrirnos, disfrazar la verdad y es difícil ser sinceros.
Hay muchas personas que dan una imagen de sí mismos de cara a los demás, pero en realidad no podemos fiamos de lo que están pensando por dentro. Cuando no podemos confiar en una persona quiere decir que esta no es sincera, de poco valen entonces las palabras que pueda decimos, porque no sabemos con qué intereses nos está llegando.
Cuando una persona es sincera puedes llegar a conocerla bien, porque sabes con bastante certeza cómo va a actuar en una situación concreta, sabes que no te va a fallar porque confías en ella por la trayectoria que lleva. Cuando hablas con ella sabes que te dice la verdad, porque no tiene nada que esconder, sus obras le avalan. En general las personas sinceras no son egoístas, ni orgullosas, por lo tanto están en capacidad de cumplir el requisito más primordial de la sinceridad que como hemos dicho era ser veraces, no fingir de ninguna manera.
En términos de amistad, y más en general en el aspecto espiritual, que es lo que más nos interesa a la hora de redactar estos artículos, ser sinceros es confiarle a las personas con quienes nos relacionamos lo que vivimos por dentro, lo que estamos sintiendo de veras.
Normalmente nos cuesta contar las experiencias que estamos viviendo, acostumbramos a decir que todo va bien, cuando en realidad muchas veces no es así, incluso muchas veces rehusamos a ser vistos para no dejar a la luz el momento que estamos pasando. Sea por miedo, recelos, o por lo que sea faltamos a la confianza de nuestros amigos cuando les hacemos ignorar lo que nos pasa.
Esta actitud a nivel espiritual debemos controlarla y superarla, anteponiendo la humildad y confiándonos a nuestros amigos, para que puedan conocernos mejor y entonces puedan ayudarnos a pasar los problemas, que, por nosotros mismos sería muy difícil y más lento de superar.
Ser sincero es ser franco, y nada hay de malo, sino al contrario, el compartir nuestros problemas y vicisitudes con los compañeros de nuestra vida es necesario y justo, pues los amigos no sólo están para los ratos buenos, sino para comprendernos y ser un poco nosotros, dándoles así la oportunidad de demostrarnos el cariño y el aprecio que sienten hacia nuestra persona.
Para llegar a ser sincero es también necesario ser humilde. No avergonzarse ni ofenderse por tener que rectificar una cosa, por tener que reconocer un error. Esto, en nuestra humanidad, con sus imperfecciones es motivo de humillación muchas de las veces, pero para la vida espiritual, es una grandeza del alma, es un paso que se da en pro de la propia evolución, es una manchita que se quita a nuestro espíritu. Mientras que no reconocer un error supone reincidir en él y por lo tanto hacer la manchita más sucia y más grande, es decir estancarnos en nuestro progreso y darle fuerza a nuestra parte negativa.
Una persona llega a ser sincera cuando está dispuesta a progresar moralmente, cuando no se siente más que nadie, cuando no le importa que sus amigos y compañeros le conozcan tal como es de verdad, cuando no se humilla por tener que darle la razón a otro, cuando en fin se sabe imperfecto y con multitud de cosas que perfeccionar en su carácter.
Cuando por contra, una persona se siente superior a los demás todo lo dicho anteriormente le cuesta de llevarlo a la práctica, esconderá sus faltas, le achacará sus errores a otros, dará una falsa imagen de sí y él mismo se convertirá en un obstáculo para alcanzar sus objetivos, tanto espirituales como materiales.
Fermín Hernández Hernández
© 2014 Amor, paz y caridad




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DANDO AMOR


         Irradiando amor de nosotros, estamos creando una atmósfera psíquica de armonía a nuestro alrededor y una vida más feliz; estaremos vigorizando nuestras células nerviosas y las células de los tejidos, evitando un envejecimiento prematuro; estaremos contribuyendo a un más perfecto funcionamiento de las diversas glándulas endocrinas y exocrinas, reguladoras de la salud, con lo que mejoraremos la salud del cuerpo y del alma; y consecuencialmente, una suave sensación de paz y dicha inundará nuestra alma y mente. Porque, cada acto de amor genera felicidad. Además de todo ésto, cuando vibramos en amor, deseando bien a todos, estamos creando también un campo magnético protector contra las acometidas de las fuerzas negativas invisibles. 
En verdad os digo que, cuando derramemos amor sobre los seres queridos en nuestro hogar y sobre los necesitados de afecto (que son muchos), amor recibiremos en manifestaciones diversas. Cuando aprendamos a prodigar amor sobre nuestros relacionados en forma de comprensión, afabilidad, servicio desinteresado, deseo y acción de bien; nuestra vida será inmensamente más agradable y feliz; aún cuando los egoístas, en su miopía psíquica, no puedan apreciar esta verdad. 
Comenzad hoy mismo, al llegar a vuestro hogar, a practicar la comprensión y tolerancia hacia las imperfecciones e incomprensiones de los que componen vuestro hogar. 
Tomad una actitud amorosa hacia todos los que os rodean, incluyendo aquellos que no os quieren bien, y comenzaréis a sentiros más felices. Al comienzo, puede que os cueste algún esfuerzo, pero vale la pena; ya que estaréis contribuyendo a vuestra propia felicidad. 
Y  por último, necesario es tener presente que, el amor puro actúa como vibración purificadora del alma humana, evitando así la acción depuradora del dolor. 
Y por consiguiente, la práctica del amor en sus diversas manifestaciones, será la fuerza que abrirá la puerta de los Planos Superiores -ambientes de felicidad- al final de la actual vida terrena, librándonos de los ambientes de sufrimiento al pasar al Más Allá. 

Sebastian de Arauco.

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     MALDADES  Y ARREPENTIMIENTOS

                         ( Codificación)
– Puesto que los Espíritus ven el mal que les sobreviene de sus imperfecciones, ¿a qué se debe que los haya que agravan su posición y prolongan su estado de inferioridad, haciendo el mal como Espíritus, desviando a los hombres del buen camino? 
– Los que actúan así son aquellos cuyo arrepentimiento es tardío. El Espíritu que se arrepiente puede enseguida dejarse arrastrar de nuevo al camino del mal por otros Espíritus más atrasados aún. (971). 

997 – Se ven Espíritus de notoria inferioridad accesibles a los 
buenos sentimientos y conmoverse con las oraciones que por ellos se hacen. ¿A qué se debe que otros Espíritus, a quienes debiera creerse más ilustrados, demuestran un endurecimiento y un cinismo del que nada puede triunfar? 
– La oración sólo produce efecto a favor del Espíritu que se arrepiente; el que, arrastrado por el orgullo, se subleva contra Dios y persiste en sus extravíos, exagerándolos aún, como hacen los Espíritus infelices, sobre ellos la oración no surte efecto alguno, ni lo surtirá hasta que se manifieste en él la luz del arrepentimiento. (664). 
No debe perderse de vista que el Espíritu, después de la muerte del cuerpo, no se transforma súbitamente; si su vida ha sido reprensible, se debe a que era imperfecto. Ahora bien, la muerte no le hace inmediatamente perfecto; puede persistir en sus errores, en sus falsas opiniones, en sus prejuicios, hasta que el estudio, la reflexión y el sufrimiento le ilustren. 

998 – ¿Se verifica la expiación en estado corporal o en estado 
de Espíritu? 
– La expiación se verifica durante la existencia corporal, por medio de las pruebas a las que el Espíritu está sometido, y en la vida espiritual, por los sufrimientos morales inherentes al estado de inferioridad del Espíritu. 

999 – El arrepentimiento sincero durante la vida, ¿basta para 
borrar las faltas y encontrar la gracia ante Dios? 
– El arrepentimiento ayuda al progreso del Espíritu, pero el pasado debe ser expiado. 
– Si de acuerdo con esto, dijese un criminal que, debe en todo caso expiar su pasado, no tiene necesidad de arrepentimiento, ¿qué resultado tendría eso para él? 
– Si se obstina en malos pensamientos, su expiación será más larga y más penosa. 

1000 – ¿Podemos redimir nuestras faltas en esta vida? 

– Sí, reparándolas. Pero no creáis rescatarlas con algunas pueriles privaciones, o haciendo donaciones para después de vuestra muerte, cuando ya no necesitáis lo que dais. Dios no toma en cuenta un arrepentimiento estéril, fácil siempre y que no cuesta otro trabajo que golpearse el pecho. La pérdida de un pequeño dedo trabajando, borra más faltas que llevar el suplicio de la carne sufridora durante años, sin otro objetivo que la propia conveniencia. 
Sólo con el bien se repara el mal, y ningún mérito tiene la reparación, si no alcanza al hombre en su orgullo o en sus intereses materiales. 
¿De qué le sirve, para su justificación, restituir después de la muerte, los bienes mal adquiridos, ahora que le son inútiles y que ya se aprovechó de ellos? 
¿De qué le sirve la privación de algunos placeres fútiles y de algunas superfluidades, si queda en pie el daño que ha causado a otros? 
¿De qué le sirve, en fin, humillarse ante Dios, si conserva su orgullo para con los hombres? (720 – 721). 

1001 – ¿No tiene ningún mérito asegurar, para después de la 
muerte, un empleo útil de los bienes que se poseen? 
– Ningún mérito no es el término; pues siempre vale más algo que nada. Pero el mal está en que el que da para después de su muerte, con frecuencia, es más egoísta que generoso.  Quiere disfrutar del honor del bien, sin haberse tomado el trabajo. El que se priva, viviendo aún, tiene doble provecho: el mérito del sacrificio y el placer de ver a 
aquellos a quienes ha hecho felices. Pero el egoísmo dice: Lo que das te lo quitas a tus goces. Y como el egoísmo habla más alto que el desinterés y la caridad, guarda sus bienes, con el pretexto de atender a sus necesidades y a las exigencias de su posición. ¡Ah! Compadeced al que no conoce el placer de dar, pues está desheredado de una de 
las más puras y más suaves alegrías. Dios, sometiéndole a la prueba de la fortuna, tan difícil y tan peligrosa para su futuro, ha querido darle como compensación la dicha de la generosidad de la cual puede disfrutar desde este mundo. (814). 

1002 – ¿Qué debe hacer el que, en el último momento de la 
vida, reconoce sus faltas, pero no tiene tiempo de repararlas? ¿Basta el arrepentimiento en este caso? 
– El arrepentimiento apresura su rehabilitación, pero no le absuelve. ¿Acaso no tiene ante sí el porvenir que jamás se le cierra? 

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. ALLAN KARDEC.

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                          DEMONIOS¿Hay demonios, en el sentido que se da a esta palabra?
- Si los hubiera, serían obra de Dios, y ¿sería Dios justo y bueno si hubiese creado Seres eternamente consagrados al mal y desdichados? Si existen demonios, los hay en tu mundo inferior y en otros similares donde ellos residen.- Han sido los hombres hipócritas los que hicieron de un Dios justo un dios ruin y vengativo, y que creen serle agradables mediante las abominaciones que en su nombre se cometen. 
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Los demonios, conforme a la significación vulgar de la palabra, se supone que son Seres esencialmente malévolos. Como todas las cosas, constituirían una creación de Dios. Ahora bien, Dios, que es soberanamente justo y bueno, no puede haber creado Seres dedicados al mal por su propia naturaleza y condenados eternamente.. Y si no fueran obra de Dios, serían por tanto eternos como Él, en cuyo caso habría muchas Potencias Soberanas. 
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS 
ALLAN KARDEC 

Comentario . Como ya sabemos los demonios no existen, lo que existen son espíritus imperfectos que se entregan a sentimientos e inclinaciones innobles, pueden permanecer escondidos detrás de su mascara de hombre encarnados, malos he hipócritas, o desencarnados hipócritas y malos como espíritus. 
- Marco Antuan-

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