viernes, 19 de febrero de 2021

Actitudes durante los "Velatorios"

    INQUIETUDES  ESPÍRITAS

1.- Vida y Valores: El valor de la Oración

2.- El Paralítico

3- Espiritismo: Una nueva Era para la Humanidad

4.- Llamado al estudio científico de la Obsesión Subyugante y del Sonambulismo

5,. Actitudes durante los "Velatorios"



                   

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      Vida y valores (El valor de la             oración para la vida)


Existe una salida importante para el río de la vida que nos lleva al mar, al estuario de la paz. Todas las veces que queremos salir de nuestro burgo y tomar la gran carretera, recorremos caminos. Cuando queremos salir del riachuelo, llegar al río y encontrar el océano, existen medios. En nuestro caso de la vida interior, de vida espiritual, siempre que queramos salir un poco de nosotros mismos e ir al encuentro de la Divinidad, de ese estuario de paz, de amor, de ventura, nosotros lo haremos a través de la oración. Es tan importante, es tan significativo, es tan indispensable orar, como es importante y significativa la alimentación de cada día, el comer a diario.

¿Al final de cuentas, que significa la oración? ¿Qué quiere decir orar? Orar es un verbo directamente sacado del latín. Orare. Y orare, significa hablar. Todas las veces que hablamos, oramos. No es la sirga que los predicadores, los conferencistas son llamados de oradores. Y porque ellos oran, no están haciendo oraciones obligatoriamente, están hablando. ¿Y, porque llamamos de oración? Porque en ese caso estaremos hablando con nuestro Creador. Orar significara para nosotros, hablar con Dios. Y es tan importante hablar con Dios. ¿Pero, Dios no está en todas partes? ¿No está en nuestra intimidad y en la intimidad de las cosas? ¿Por qué hay necesidad de posicionarnos, para hablar con Dios? En verdad, Dios está en todas partes; Él es omnipresente. Dios sabe de todas las cosas. Él es omnisciente. No obstante, somos nosotros que tenemos necesidad de comenzar a buscar el contacto con Dios.

Nosotros tenemos necesidad de mejorar para ese gran encuentro en el estuario de la vida. Somos nosotros que, cuando oramos, aprendemos, poquito a poquito, a acercarnos a nuestro Creador, a presentarnos a Él, a identificar nuestra necesidad, identificar nuestra carencia, nuestro mal. Por causa de esto, aprendemos a orar. Es tan importante orar. Jesús Cristo cuando estaba entre nosotros en el mundo, nos dio lecciones importantísimas al respecto de la oración. Nos dice Él en dado momento: Cuando orares, no hagas como los hipócritas, que oran en las esquinas de las plazas, en medio de las calles, para que sean vistos por la multitud. Esos, ya obtuvieron su galardón. Entonces, Jesús Cristo nos está llamando la atención para que no tengamos el acto de orar, el exhibicionismo de los hipócritas. Ellos quieren gritar en la plazas, en las esquinas de las calles, pero no es porque desean hablar con Dios, ellos quieren recibir los elogios, por el modo como oraran como hablarán, como harán discursos.

Cuando Jesús Cristo propone que no hagamos como los hipócritas, es porque la oración tiene sentido cuando las cosas pasan en nuestra intimidad. La oración que verte por nuestros labios, precisa venir de nuestras entrañas. Por más simple que sea, por más sensible que sea, viene de nuestro íntimo. Entonces Jesús nos dice así: Cuando ores, entra para tu aposento y ora en secreto, una vez que el Padre que ve todo lo que pasa en secreto, te atenderá. Mis amigos, cómo es importante saber eso con Jesús. Como es importante tener esa conciencia cristiana de que las cosas verdaderas son aquellas que pasan en nuestra intimidad. Cuando Cristo nos pide de buscar nuestro aposente íntimo, no es el aposento físico, no es nuestra sala, nuestro cuarto de dormir obligatoriamente, es nuestro mundo íntimo. Cuando leemos el Evangelio de Lucas, en el capítulo VI, Jesús nos dice que las cosas buenas que el hombre habla proviene del buen tesoro de su corazón, como las cosas malas vienen del mal tesoro de su corazón. Ese corazón íntimo. Entonces, cuando propone orar en secreto, orar en lo íntimo, entrar para nuestro aposento, Él nos está diciendo la importancia de las acciones intimas, de las acciones de nuestro interior.

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La oración nos trae otra reflexión. ¿Cómo deberemos de orar? ¿Si es un gesto de nuestra intimidad, será que las posiciones exteriores nos ayudan a orar? Posiblemente no. No vale la pena pensar que, para que oremos, tenemos que estar de pie, sentados, de rodillas, echados. Las posiciones exteriores no interfieren en la grandeza de nuestra conversación con Dios. ¿Si tuviésemos por obligación que orar de rodillas, como podría orar de rodillas alguien que estuviese acostado, operado, con una enfermedad deforme y que no se puede arrodillar? Todo lo que no puede ser aplicado en todas las circunstancias, no pude ser una verdad Divina. La verdad Divina se aplica en cualquier circunstancia. Por causa de eso, vale la pena pensar que, para la oración no necesitamos de gestos exteriores. Podemos hasta hacerlo, pero eso no va a pesar en el contenido de nuestra oración.

Para hablar con Dios, no habrá ninguna necesidad de ropas especiales. Yo tengo que estar de rosa, de verde, de blanco, de azul, de negro. Nada de eso importa. Los pañuelos que usamos por fuera, no resuelven la cuestión de la sintonía de dentro. Para que oremos, necesitamos apagar la luz, encender la luz, colocar un fondo musical, ¿quitar el fondo musical? Nada de eso interfiere. Aunque, nada de eso confunde. Si el individuo se siente mejor orando con un fondo musical, que lo ponga. Si se siente mejor orando con luz escasa o con la luz apagada, ningún problema. Lo que tiene que ser importante, para quien ora, es su postura interior, es su actitud interior.

Se dice que arar es orar. Arar es el símbolo del trabajo en el campo. Entonces, la cuestión es que trabajar es orar. Imaginemos como ora un médico cuidando de su paciente, en la cabecera del enfermo, luchando con él en la tentativa de salvarle la vida, de devolverle la salud. La integración con los poderes Superiores de la vida es una oración. Imaginemos la oración de aquel hombre labrador, que pone la simiente en la tierra para que germine. Germinada, puede atender a la mesa y dar el pan a las personas. Con que unción aquel hombre coloca sus simientes en la tierra. Es la oración. Oración también es aquel esfuerzo de la profesora. De la primera profesora, aquella que toma al niño en sus primeros años, para abrirle la mente y retirarle de la oscuridad, darle claridad de raciocinio, presentándole al mundo, la vida, las cosas. Para que alguien se someta a ese esfuerzo de sacar agua de la piedra, tiene que ser alguien que ore. El trabajo de una profesora es un acto de oración, es un gesto oracional.

Nos encontramos en el trabajo de las madres, al educar a sus hijos, de los padres, al orientar su prole, el gesto oracional. Como sabemos que toda ocupación útil es trabajo, todas esas cosas maravillosas, que se realizan en nombre del bien, en beneficio de las criaturas, de la Humanidad, será un trabajo. Alguien que lea un buen libro, alguien que haga un alimento, que prepare un plato, alguien que ponga un café, que barra una casa, que cure a un enfermo, que defienda a un necesitado, que abogue la causa de los simples, alguien que planta, que coge, que vende. Todos eso trabajos, hechos honestamente, representan oración. Nuestro relacionamiento con Dios, nuestra posibilidad de salir de ese rincón de nuestra existencia, y ganarnos el mar abierto del amor Divino, puede ser conseguido a través de cosas simples: una pausa, un silencio íntimo, y nuestra emisión para Dios.

Como nuestros pensamientos son de origen electromagnético, naturalmente que nuestro pensamiento será elevado lo más alto que hayamos conseguido impulsarlo. Y es por causa de eso que verificamos la importancia y la belleza de orar. Abrir con esa llave los archivos Divinos, abrir con esa llave los arcanos de Dios y con ella, comulgar con Dios, salidos de nuestro suburbio de necesidades, para la gran metrópoli del amor de Dios.

Raúl Texeira

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                           El paralítico


El paralítico

“Pues, todo cuanto queréis que los hombres os hagan, así también haced vosotros a ellos; porque esta es la ley y los profetas.”
(Mateo, cap.7: v.12)

Hace mucho tiempo, en Judea, vivía un joven llamado David. Naciera sano, tuviera una infancia alegre y descuidada y la juventud llena de placeres y diversiones.

Era fuerte, bonito y elegante, razón por la cual las mujeres se apasionaban perdidamente por él.

Pero, en una mañana de invierno, despertó  con cierta debilidad en las piernas, acompañada de horribles dolores que lo obligaron a permanecer en el lecho.

Al cabo de una semana, intentó levantarse, mas no lo consiguió. Los médicos, consultados, le recomendaron tisana, ungüentos, baños y masajes, pero nada de eso fue eficaz para aliviarle la dolorosa situación.

David, al percibir que ya no podía tener una vida normal como cualquier otro joven de su edad, se dejó dominar por incoercible desesperación. Lloró mucho, debatiéndose en angustias inenarrables. Con todo, después de algunos meses, se conformó con lo que no podía cambiar: estaba paralítico.

La alegría desapareció de su vida, tornándose una persona triste y melancólica.

A pesar de la desgracia que lo alcanzara en pleno florecimiento de las esperanzas, poseía un corazón bien formado y sentía piedad de las otras personas, no obstante su propio sufrimiento.

En cierta ocasión oyó hablar de un profeta, que andaba curando ciegos y sordos, cojos y estropeados, endemoniados u obsesados y hasta leprosos,  y se tomó de vivo interés por conocerlo.

Al ser informado de que ese hombre –conocido como Jesús de Nazaret, un carpintero galileo- se aproximaba a su ciudad, deseó ardientemente ir a su encuentro. También quería ser curado por él, como ya ocurriera con tantas personas.

De familia muy pobre y sin recursos para alquilar un carruaje que lo transportase mas confortablemente, suplicó a su hermano mayor, Jacobo, que improvisase una camilla y lo llevase al encuentro del carpintero galileo.

Al principio, el hermano se negó. No creía en milagros y temía alimentar falsas esperanzas  en David, pues sabía que su enfermedad era irreversible. Sin embargo, éste insistió tanto que él acabó accediendo.

Salieron al otro día muy temprano, acompañados de otras personas que también deseaban conocer al rabí. Por el camino iban encontrando más gentes, muchas de ellas enfermas, que se dirigían al mismo lugar donde estaría Jesús. Al aproximarse al sitio, avistaron a gran número de personas.

Bajo intensas expectativas, se acomodaron lo mejor posible, dada las circunstancias, y se quedaron también esperando.

Una incontable multitud de criaturas enfermas y necesitadas se aglomeraba allí: ciegos, sordos, mudos, paralíticos, leprosos, en fin, todos los estropeados del mundo. Todos traían estampada en el rostro la secreta esperanza de ser curados por  el profeta nazareno.

Al lado de David, un pobre infeliz también aguardaba como tantos otros. Se pusieron a conversar y David llegó a saber que Jonás, además de paralítico, también era ciego. Completamente  tomado por una enfermedad que, en poco tiempo, lo condujera en aquella condición atroz. Tan solo conseguía oír y hablar. Nada más.

David sintió profunda compasión por el pobre hombre que estaba  allí casi en la condición de un vegetal. Él David, por lo menos podía mover los brazos a voluntad, hacer alguna tarea con las manos, ayudando a Jacobo en el mantenimiento de la casa; veía y apreciaba lo que acontecía a su alrededor, participando de todo. Sólo, no podía andar con sus propias piernas. Imaginó como debía de ser triste la vida de Jonás, sumergido en las tinieblas eternas.

En ese momento, el ruido de la turba indicó que el profeta se aproximaba, y ellos se callaron.

De donde estaban, podían ver a toda la gente que se agitaba sufrida y ansiosa.

La figura majestuosa que asomó de la multitud dejó a David muy impresionado. Al caminar, posó su mirada en el pueblo, que se aquietara por completo.

Vestíase con mucha sencillez, con una túnica de tejido rústico. Los cabellos castaños, repartidos a la nazarena, descendían hasta los hombros, y traía tanta paz y ternura estampadas en el rostro que David se enterneció. Al ver aquellos ojos que eran dos pedazos de un cielo muy azul, el joven sintió ímpetus de arrodillarse a los pies del maestro galileo, no lo pudo hacer debido a sus precarias condiciones físicas, que no lo permitían.

El profeta comenzó a hablar con voz tierna y acento inolvidable. Bajo la suave brisa que soplaba. David sintió inmensa paz invadiéndole el corazón.

Mientras Jesús hablaba, la gran masa humana se dejaba prender bajo el magnetismo de aquella figura extraordinaria.

-“Bien aventurados los humildes de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.”-

El llamado del Rabí a todas las criaturas tristes y desesperadas, repercutió en el alma de David, sensibilizándolo hasta las lágrimas. Miró a su alrededor y vio que muchos de los que allí estaban, al igual que él, también lloraban emocionados.

La multitud se agitó. Como todos deseaban acercarse al maestro, se formó un gran tumulto. Jesús curaba sin cesar, pero era muy difícil llegar hasta él. Las personas se apretujaban con ansias de ser atendidas. En la confusión que se estableciera, David consiguió aproximarse conducido por Jacobo. El Rabí curaba desde hacía horas y su fisonomía demostraba cansancio.

Un hombre que estaba siempre junto a él y que decían era uno de sus discípulos, un pescador de nombre Simón Barjonas, afirmó con voz muy fuerte.

-El maestro necesita retirarse. Solo atenderá a una persona más.

David sonrió. Estaba muy cerca del nazareno y con certeza sería él el beneficiado.

En este instante, mirando al lado, vio al pobre infeliz paralítico Jonás, con quién estuviera conversando mientras aguardaba y por quien nutriera sincero afecto, y se sintió henchido de infinita compasión. El compañero, ni siquiera podía tener la felicidad, que le fuera concedida, de ver la figura majestuosa del Maestro galileo, allí tan cerca, visto que, aparte de todo lo demás, era ciego.

Jesús dijera un poco antes: “Pues, todo cuanto queréis que los hombres hagan por vosotros, haced así vosotros también por ellos; porque esta es la ley y los profetas.”

Buscó con la vista al Rabí de Galilea, que lo miraba con ojos serenos y tiernos. Las palabras oídas hacía poco por la boca de Jesús repercutían aún en sus oídos y sintió, en lo íntimo del alma, que el mensaje le sería suficiente para toda la vida. Ser curado ya no le parecía tan importante.

Sonrió al Maestro y se viró hacia el paralitico a su lado. Jesús lo entendió sin necesidad de palabras.

Acercándose más, el profeta colocó la mano suavemente sobre la cabeza de David.

El joven sintió un nudo en la garganta y las lagrimas le inundaron el rostro, tal era la emoción que le dominara en aquel momento supremo. Entendió la lección y percibió que el Maestro  aprobaba su gesto.

Enseguida el Rabí se dirigió a Jonás que intentaba entender lo que estaba sucediendo en aquel momento a su alrededor, e imponiéndole la mano en la cabeza, le ordenó:

-¡Levántate y anda! Estás curado.

Bajo gritos de alegría, el hombre se levantó del lecho improvisado, exclamando:

-¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Estoy curado! ¡Estoy viendo!- y lloraba y reía  y reía y lloraba.

El Nazareno se alejó envuelto por la multitud y en poco tiempo el lugar quedó desierto.

David, aunque no había sido curado, retornó a casa satisfecho. Jacob no entendió lo que pasara ante sus ojos, considerando un absurdo que el hermano no hubiese aprovechado la oportunidad que tuviera, estando tan cerca de Jesús.

David permanecía callado y pensativo durante todo el trayecto de regreso a la aldea, ni siquiera se daba cuenta de las recriminaciones del hermano. Las palabras que oyera de la boca del Mesías (ahora no tenía ninguna duda de que lo fuese realmente) le propiciarían infinito consuelo y resignación ante los infortunios. Renunciara a la única oportunidad que tuviera de ser curado milagrosamente por el Maestro galileo, pero eso ahora ya no le parecía que tuviese tanta importancia. Una nueva luz le naciera en lo íntimo clarificando la comprensión de sus problemas.

Regresó a su localidad resignado y dispuesto a proseguir soportando la enfermedad, confiando en aquel Dios que era todo amor y misericordia, al cual Jesús se refiriera.

Al llegar a casa, cuando el hermano Jacobo lo ayudaba a dejar la camilla improvisada para acomodarse en el lecho. David percibió lleno de júbilo -¡oh!, ¡maravilla!- , que también podía andar. Pues, de igual manera, había sido curado, merced a la infinita bondad de aquel Maestro Jesús, que era compasión por sus sufridores.

En ese momento, profundamente emocionado, David recordó las palabras que él le dijera y que permanecerían grabas en su Espíritu para siempre:

-“HAZ A LOS OTROS TODO LO QUE QUIERAS QUE ELLOS TE HAGAN.”

Extraído Del libro “El Eterno Mensaje del Monte.”
Médium Celia Xavier de Camargo.
Espíritu, León Tolstoi
                                                         
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Espiritismo :

Una nueva era para la humanidad

Inicialmente, el notable pensador espírita traza una línea divisoria entre la revelación Espiritual,  que vino a través del Espíritu de Verdad, y la Ciencia Espírita, revelación humana que fue obra de Kardec. El propio codificador del Espiritismo proclamó esta distinción y se entregó en cuerpo y alma al trabajo científico, “sacrificial y único en la elaboración de la Ciencia Admirable que Descartes percibió con anticipación en sus famosos sueños premonitorios”, de acuerdo con J. Herculano Pires.
Científico, pedagogo y psicólogo, Kardec se sirvió de su profunda experiencia para estructurar la Nueva Ciencia, a mediados del siglo XIX: Diría, entonces, el admirable autor de “La Concepción Existencial de Dios”: “El peso aplastante de la tradición teológica, con su ciencia infusa apoyada en la Biblia, vendaba los ojos de la ciencia, que tenía que andar a ciegas como la misma justicia humana. Esta ciencia trémula, a pesar de los presupuestos atrevidos, contaba en su seno con los pioneros del futuro”.
Kardec estaba al frente de esos pioneros, dotado de un coraje asustador, que le permitió enfrentar con la insolencia de los genios todas las fuerzas culturales de la época. “Él obligo a los más famosos científicos del siglo XIX – dijo en cierta ocasión el Dr. Urbano de Assis Xavier – a dejar de lado sus preocupaciones por la materia para descubrir y probar la existencia del Espíritu, como sucedió con William Crookes, Charles Richet, Cesar Lombroso, Alexander Aksakof, Ochorowicz, Friedich Zolner y tantos otros.

Fundó la Sociedad de Estudios Espíritas de París, con foros de carácter científico y no religioso, así como la Revista Espírita.
“Kardec – añadió el Profesor H. Herculano Pires – no se perdió, como Wundt, Werner y Fechner, en lo sensible de las investigaciones epidérmicas en el umbral de las sensaciones. Percibió luego que los métodos no podían ser aplicados a fenómenos extra físicos y estableció el principio de la adecuación del método al objeto”.
Richet reconocería en su “Tratado de Metapsíquica” que Kardec jamás hiciera una afirmación que no estuviese probada por las investigaciones.  Fue precisamente Kardec quien reveló, en una batalla sin treguas, los dos principios fundamentales de nuestra mundividencia:

-          La verdad es única e indivisible, fundada en la verdad Pitagórica que se revela en la multiplicidad de la Década;
-          Todo se encadena en el Universo, sin solución de continuidad. Los que intentan fragmentar esa unidad orgánica están presos a las falibles condiciones del sentido humano.

Al respecto el Profesor H. Herculano Pires, esclarece una vez más:
“En reciente congreso realizado en Moscú, provocado por las controversias sobre el descubrimiento del cuerpo bioplásmico del hombre (periespíritu, según la denominación Kardeciana), Kardec fue considerado como un racionalista del siglo XIX, que se anticipó a diversas conquistas de la tecnología moderna.

“Los hechos prueban que la Ciencia Admirable elaborada por el Codificador del Espiritismo continúa a pesar de las preocupaciones y el desarrollo de la Ciencia Actual, que avanza, ineluctablemente, sobre el esquema científico de Kardec. Este es el hecho más significativo de nuestros días, que los espíritas no pueden ignorar”.
 Infelizmente la Ciencia de la época se cerrará sobre sus conquistas primarias y con ella se juzgaba en la posesión del conocimiento total. Caería en un mecanicismo simplista y alienado. Cuando la Academia reconoció la existencia del Hipnotismo, Kardec recordó, en un artículo crítico e irónico en la Revista Espírita, que el Sr. Magnetismo intentó innumerables veces entrar en la Academia por las puertas de enfrente, pero siempre fue rechazado, hasta que resolvió cambiar de nombre y entrar por la puerta del fondo, siendo bien recibido y adquiriendo la tan deseada ciudadanía científica. La Ciencia daba más importancia a las apariencias de las formas que de la sustancia.


Kardec desenvolvió, al frente de la Sociedad de Estudios Espíritas de Paris, implacable crítica epistemológica. Cuando los científicos volvieron a la carga contra el espiritismo, declaraba, con justa razón, la impotencia de la Ciencia para opinar sobre las cuestiones que ignoraba.
 El Profesor H. Herculano Pires confirma:
“Kardec negaba a la Ciencia el derecho de opinar sobre el Espiritismo, que ella no conocía y los científicos lo encaraban a través de preconceptos, en una actitud anticientífica”. La posición de Kardec al respecto es concluyente:

“La Ciencia propiamente dicha, como Ciencia, es incompetente para pronunciarse sobre el Espiritismo, y su pronunciamiento al respecto, cualquiera que sea, favorable o no, ningún peso tendría”.
“Esa declaración de incompetencia es válida aún hoy – ratifica el Profesor H. Herculano Pires -, cuando vemos la Ciencia confirmar el Espiritismo sin querer y sin saber…”.

Para finalizar:
“Kardec estructuró la Ciencia del espíritu e instituyó la investigación mediúmnica, porque la mediúmnidad es la ventana abierta en la pared de los fenómenos materiales para mostrar una parcela del Infinito a los hombres imantados en lo finito”.

Revista Espírita Allan Kardec.  Noviembre/90 a Enero/91
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
CENTRO DE ESTUDIOS ESPÍRITAS FRANCISCO DE ASÍS
Santa Marta – Colombia

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Llamado al Estudio Científico



          Es tiempo que los profesionales de la Salud en los campos de la psicología, sociología, psiquiatría, endocrinología, y la neurología den muestra de compromiso con la humanidad haciendo estudios avanzados en condiciones como la Anorexia Nerviosa y el Sonámbulismo.

 Que condiciones nerviosas ocasionadas por la influencia de Espíritus obsesores subyugantes para los casos de desordenes mentales en el comportamiento humano y el estudio del comportamiento del Alma en los casos de Sonámbulismo. El mundo espiritual está listo para asistir aquellos que sientan este llamado de Caridad Humana. 

 Los tiempos están listos para que den las pasos necesarios para que el Espiritismo tome lugar de Ciudadanía y de un modo preponderante logre que la atención de la comunidad científica vea el aspecto espiritual de una manera seria y parte integral del desarrollo humano. Ha llegado el momento de que se allanen los obstáculos producidos por el escepticismo, la religiosidad y los comportamientos materialistas humanos y dé paso al desarrollo espiritual científico. Ya el momento de las manifestaciones espirituales serán tomados en un segundo plano y dé paso al desarrollo científico con bases espirituales. Como parte del adelanto de la humanidad, deberá desarrollarse el estudio científico de las causas y los remedios a obsesiones que atacan a los seres humanos y que deben ser atendidos para ayudar al adelantamiento espiritual mediante la educación.

  Los comportamientos del Alma mediante el estudio del sonambulismo podrá explicar cómo el mundo espiritual se desarrolla en los entornos de los seres humanos. Los profesionales de la salud que han sido expuestos al conocimiento espiritual contenidos en la Codificación Espírita lograrán activar el interés y los deseos de desarrollar el Bien Común mediante los progresos científicos en las áreas mencionadas. Estaremos apoyando esos esfuerzos con la participación de Espíritus Superiores y Puros debidamente autorizados por Dios Todopoderoso.

Psicografía dictada a Frank Montañez, Espíritu Sebastián
el 31 de agosto de 2012,
a las 2:25am en Indiana, Estados Unidos.

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      Actitudes  durante  los  “Velatorios”

                                 


 

             Los llamados velatorios, o velorios, en realidad son  costumbres  largamente  arraigadas en cada pueblo, que  se llevan  a cabo  y se  interpreta según   la tradición social o las creencias religiosas  de cada  lugar. Este debería de ser como una despedida del fallecido, al cual se le muestra el respeto y el cariño debidos, como prueba póstuma de nuestra consideración.

 

           Hay  pueblos  de  otras  culturas  extrañas  a  la  judeo-cristiana,   que  es  la tradicionalmente mantenida  por  los países  occidentales,  que  en  lugar de lutos,  plañideras y duelos,   por el contrario, organizan una auténtica fiesta celebrando que el muerto ya dejó de padecer por las cosas de este mundo,  lo cual manifiesta una actitud  coherente con la creencia verdadera en otra vida   mejor en el  “más allá”.

 

           Los  velatorios  manifiestan  un  deseo de cuidar o velar (vigilar),  el cadáver del finado,  haciéndole compañía,  a modo de homenaje y  despedida, con la  intención de no  dejarlo solo después de su  muerte. Sin embargo precisamente esa pretendida soledad que se  trata de  evitar,  normalmente  le  es  más  necesaria y  beneficiosa  que  el hecho de no dejar solo el cadáver, que sin embargo de todos modos  tras el sepelio  quedará   solo  y abandonado para siempre, aunque queden personas en este mundo que después visiten  su  tumba   y dejen flores, o en el mejor de los casos alguna oración  rutinaria aunque bien intencionada.

 

         El  fallecido,   tras su último aliento  en este  mundo,  atraviesa un periodo de turbación o sueño más o menos prolongado y finalmente “despierta” o resucita en ese nuevo estado de vida o “más allá”. Tras ese despertar  necesita  de un  tiempo  de “acople”  y desenvolvimiento  que  lógicamente  consigue más fácilmente en la medida que le es  facilitado  no perturbándole con pensamientos deprimentes o conversaciones ajenas a ese momento tan trascendente e importante para él,   así como  con lloros y lamentos que le atraen constantemente hacia sus  despojos, y  no  le  dejan   despertar con lucidez y  alejarse  del ambiente físico que ya no le corresponde.

 

       Por otra parte, las oraciones que salen del corazón  de las  personas  presentes  ante  el  cadáver, acompañadas de auténticos sentimientos de paz y  deseos de bien para el que se ha ido, le facilitan realmente el tránsito a la dimensión espiritual que les corresponde.

 

       Por esto  debemos evitar esas reuniones sociales que se dan en los  mortuorios  con  motivo  del fallecimiento como costumbre  y tradición, que se han convertido en un acto  de obligado compromiso y asistencia solo para        “ cumplir” o “quedar bien” ante los familiares,  Y en las más de las ocasiones, lo que debería ser un respetuoso silencio, se lo pasan  hablando  sin mayor reparo de cosas intrascendentes,  negocios,  deportes, crítica a terceros,  etc, que nada tienen que ver con la experiencia trascendente y extraordinaria que en esos momentos está viviendo el Ser que se ha ido de este mundo.  Tampoco debemos dejarnos llevar por actitudes negativas como desesperos, gritos, lloros o incluso blasfemias  contra  Dios,  al  que   a  veces  se considera  injusto  por haberse llevado a esa persona y hasta hay quien se siente enfadado con Él; o también hay quien  trata de ofenderlo con una actitud rebelde, dudando  de su bondad o incluso de su existencia  cuando llegan estos duros momentos.

 

         Muchas personas,se sienten apenadas más que por el que se ha ido, por ellas mismas, y dicen en una actitud egoísta e inconsciente: “¿Cómo será mi vida sin él, con la falta que nos hacía?”, en vez de decir más correctamente:     “ Espero que sus amigos que  están  en  el  más allá lo hayan recibido como él se merece” , o “ Te  voy  a  seguir  amando siempre  hasta  el  día  en que  nos reencontremos”.

 

         Las actitudes mentales y emocionales  negativas,  tienen  además  el  efecto  añadido  de  que atraen a   espíritus de  baja  condición  que  acuden  por  afinidad  y  curiosidad  a  este  desbarajuste psíquico que de este modo se suele crear,  participando del mismo e incentivándolo en las mentes de los encarnados presentes en el velorio, con el consiguiente perjuicio al  recién  desencarnado  que se puede ver acosado y turbado por estos  “invitados” indeseables.

 

          Es preferible dejar al fallecido solo, fuera de toda perturbación psíquica y mental,  en  una sala aparte, fuera de las miradas de los curiosos y apartado de  pensamientos y comentarios   inapropiados de los que en torno al cadáver se reúnen.   Mientras tanto, se le deja en este proceso y  alejado de ese ambiente social y familiar  nefasto,  según consejo de Emmanuel,- elevado Ser espiritual que tanto nos ha enseñado a través de la mediumnidad de Chico Xavier-,  el cadáver  debería dejarse solo, al menos tres días,  hasta el momento del entierro o la incineración  y  mientras tanto,se le puede ayudar con oraciones sinceras y despojadas de  nostalgias,  así como con   buenos pensamientos y deseos  de adaptación en su nueva  vida. Pensemos que antes o después nos volveremos a encontrar con él y  que deberemos asumir la responsabilidad  de estas actitudes negativas y perjudiciales  que normalmente se cometen por ignorancia.


- Jose Luis Martín-

                                    

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