domingo, 1 de noviembre de 2026

Concepto del Espiritismo sobre la figura de Jesús ( 1 de 2 )

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- La lección del olvido

2.- ¿ El momento de morir, es doloroso o causa sufrimiento?

3.- El primer deber del día

4.- Concepto del Espiritismo sobre la figura de Jesús  (1 de 2 )

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        La lección del olvido                                                                             


Si no fuera por el olvido temporal que asegura la reestructuración del alma, en la reencarnación, según la misericordia del Señor que guía su justa justicia, ciertamente tendríamos en el mundo, en lugar de la escuela redentora, la oscura y extensa jaula. , donde los hombres se convertirían en bestias para luchar indefinidamente.

Si no fuera por el don del olvido que envuelve la cuna de la tierra, el odio viviría eternizado transformando la Tierra en un purgatorio angustiado y terrible, donde no haríamos más que llorar y lamentar, acusar y gemir.

La Bondad Divina, sin embargo, en cada viaje del espíritu en el campo del mundo, confiere al cuerpo físico el nuevo arado capaz de realzar la replantación del destino, en la dirección del futuro.

De existencia en existencia, el Señor cuida caritativamente nuestra memoria, para que sepamos transformar las espinas en flores y las aversiones en lazos divinos.

El Padre, sin embargo, con una medida similar, no sólo nos apoya con la providencial anestesia de las heridas anteriores, a favor de nuestro éxito en nuevos compromisos.

Con este don, Aquel que nos reforma, brindándonos la oportunidad de trabajar, de experiencia en experiencia, nos conduce a la verdadera hermandad, al olvido de nuestras relaciones recíprocas, día a día.

Aprendamos a olvidar las úlceras y cicatrices, deformidades y defectos de nuestro hermano en el camino, si efectivamente nos proponemos seguir adelante, en busca de caminos renovadores-

Cada día es como la “reencarnación de la oportunidad”, en la que nos toca a nosotros aprender del bien, redimir el pasado y elevar el presente, para que nuestro futuro ya no se oscurezca.

En las tareas de redención, es mejor olvidar que recordar, para que sepamos mentalizar de forma segura y eficiente la sublimación personal que se supone que debemos lograr.

El Señor nos garantiza las deudas, para que podamos adquirir los recursos destinados a nuestro propio reajuste ante la Ley.

Recordemos el ejemplo del Cielo, destruyendo los residuos de sombras que, en forma de lamentos y quejas, aún afloran en nuestra personalidad, desbordando la angustia y la enfermedad, a través del pensamiento y la palabra, la voz y la actitud.

Exaltemos el bien, dilatémoslo y consagrémoslo en los más pequeños gestos y en nuestras tareas mínimas, en cada momento de la vida, y sólo así aprenderemos con el Señor a olvidar la noche del pasado, hacia el amanecer que nos espera en el resplandor del mañana.

(Del libro "Familia", Emmanuel, Francisco C. Xavier)

Nota; "Si no fuera por el don del olvido que envuelve la cuna de la tierra, el odio viviría eternizado transformando la Tierra en un purgatorio angustiado y terrible, donde no haríamos más que llorar y lamentarnos, acusar y gemir ..."

- Bresolín Vieira -

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 El instante de la muerte ¿es  doloroso, o  causa sufrimiento?       

 

La muerte es un fenómeno natural que dura un instante,  por lo que este momento considerado en sí mismo, ni es doloroso ni causa sufrimiento alguno; por el contrario la muerte, que es la separación y abandono del cuerpo físico, suele provocar al Ser espiritual una gran e inmediata sensación de alivio y paz, aunque sin embargo a veces resulta traumatizante porque hay casos en que  esa  separación  del cuerpo es lenta y costosa debido a accidentes físicos o a ciertas enfermedades largas y penosas por causas kármicas negativas, o simplemente cuando el temor a la muerte acongoja al moribundo. Además, las sensaciones de sufrimiento y dolor del cuerpo físico del moribundo, cuando fallece las continúa percibiendo el alma   como un eco que queda por un tiempo  retenido en el  periespíritu,  aunque de forma atenuada hasta cierto punto, mientras se mantengan los lazos de energía vital que unen  al organismo físico  con  el propio Ser espiritual.


Para hacernos una idea aproximada de ese momento, tenemos el ejemplo cotidiano del sueño fisiológico, en el que se entra de modo imperceptible desde el estado normal de vigilia.

 

Las sensaciones que anteceden y que siguen al momento de la muerte,  son   muy variadas según cada caso, y dependen del carácter, de los méritos y deméritos morales y de la  evolución espiritual de cada persona.

 

     En todo caso, la separación  del cuerpo. salvo en algunos casos de muerte por accidente, no suele ser súbita. sino que  casi siempre es lenta y gradual. Comienza a veces antes del último aliento, y termina cuando  ya se han soltado todos los lazos fluídicos y vitales que le mantenían ligado al organismo físico. La sensación de abandono físico muchas veces es percibida por el moribundo, cuando han descrito  el proceso  de un desligamiento progresivo, subiendo desde los pies, con una sensación de  algo que se va elevando por las piernas hasta llegar al resto del cuerpo.

                                                  

Según lo investigado por la Dra. Kubbler Ross  Médico estadounidense especializada en acompañar y aliviar a enfermos terminales, así como por  los investigadores en temas paranormales, los franceses Alain Sotto y Varinia Oberto,  tras observar y analizar  cientos de casos e incluso de interrogar a enfermos terminales que día a día han aceptado colaborar en este informe, se han encontrado una semejanza común en las  actitudes presentadas ante la muerte  inmediata. Esta unidad de  comportamientos permite establecer siete etapas sucesivas  que son como  un tiempo de preparación gradual para la desencarnación:

 

      Primera fase: La del Choque Tanático, en la que el enfermo se entera de su próxima muerte, llegando a obsesionarse con la idea y busca cualquier salida o distracción para no tener que pensar en ello. Comienza entonces a sentir la soledad  ante la indiferencia  o  la impotencia de los que le rodean y  por poco tiempo la confusión le  paraliza o ralentiza su capacidad de pensar o decidir.

 

       Segunda etapa: la Negativa, en la que toma conciencia clara de su situación y sale del anterior estado de choque. Lucha y hace los últimos esfuerzos para no ser el protagonista, de modo que actúa, consultando con  otros médicos, curanderos y medicinas, buscando algún motivo de esperanza., pero poco a poco se va dando cuenta de que no puede escapar a su destino.

 

      Tercera: Etapa de la Ira  y la rebeldía, al sentir como se va alejando poco a poco del mundo de los vivos, sintiendo que es una injusticia que él se tenga que marchar y el mundo continúe igual cuando él ya no esté. Algunos muestran una actitud agresiva  que nace de la soledad que sienten internamente ante lo que les llega sin remedio.

 

     Cuarta: Fase de la depresión, en la que ya no se deja engañar por la comedia de los que le rodean intentando animarle; esta depresión se ve agravada en ocasiones por preocupaciones morales o materiales. Es un periodo largo en relación a los demás, en  el que decrece su interés por casi todo.

 

       Quinta: Etapa del regateo, en esta fase, que no todos afrontan, algunos interrumpen el estado depresivo  con una conciencia clara de que tienen que luchar con la muerte como sea, e intentan de alguna forma  negociar con ella o con Dios, alguna prorroga en su vida.

 

    Sexta: Etapa de la aceptación, en la que después de haber intentado escabullirse de la muerte por todos los medios, se enfrenta cara a cara con ella y la acepta finalmente; otros la esperan con curiosidad por ver lo que hay después. Los vivos y sus problemas, ya no les importan. Esta aceptación no significa que se hayan rendido en su voluntad de vivir, sino que les supone aceptar que van a pasar un nuevo  y desconocido umbral de percepción .

 

         Esto no significa que todas las personas pasen invariablemente  por todas y cada una de estas etapas; esto es solo un muestreo de las fases  que suele experimentar el enfermo Terminal, de modo que pueden ser todas y cada una de ellas, o bien solo algunas.

 

La agonía en sus diferentes etapas no es una progresiva decadencia de la conciencia, sino por el contrario, supone  la progresión de la misma, traspasando sucesivos umbrales hacia percepciones nuevas que no conocía hasta entonces.

 

Durante las horas o minutos previos a la muerte, el moribundo suele experimentar  fenómenos de apariciones, visiones y manifestaciones auditivas. Se siente rodeado de los que han venido a acompañarle en el tránsito. La esperanza es el factor común que  mantiene  la mayoría hasta el final en su conciencia.

 

     Séptima: la Decatexis; en esta el cuerpo, que aún vive, permanece con la consciencia apagada progresivamente  con respecto al entorno, pareciendo absorta en lo que percibe de la otra dimensión. Al llegar a esta fase se corta definitivamente la comunicación con los vivos, cesa cualquier dolor físico que tuviesen, y se sumen en un estado de conciencia lejano. En esta fase es cuando más ayuda necesita el moribundo; ya no se le puede ayudar físicamente, pero ya es una ayuda el no dejarle solo, hablándole hasta el último suspiro; a partir de aquí es el momento de guardar con él una terapia de respetuoso silencio, y de ponerse a disposición de los familiares para lo que requieran.

 

Así, para unos la muerte es un proceso lento y doloroso, como sucede frecuentemente a los espíritus rebeldes que se niegan a dejar este mundo y que  se aferran a la vida porque no creen nada más que en el horror de la nada y en un vacío de vértigo, mientras que para otros no es nada más que como un dulce sueño con un agradable  despertar. En este caso el desprendimiento suele ser rápido, y el tránsito fácil, y  más aún si el Ser se ha despegado ya con antelación de las cosas de este mundo. Por el contrario para el espíritu apegado a las cosas materiales, la lucha y la agonía se suelen prolongar  angustiosamente, porque no se han preparado para  afrontar este obligado trance.

 

Los últimos instantes de la vida pertenecen totalmente al que se va. Se puede observar al llegar este momento, como sus percepciones y sensaciones, las ha transferido a otro lugar o espacio impenetrable a nuestros ojos. Solamente para quienes le acompañan, resta una actitud de un respetuoso silencio y una oración sincera.

- José Luis Martín-  

“La Tanatofobia es un trastorno neurótico bastante común en Occidente y que representa un gran temor a la muerte, incluso obsesivo y no de fácil superación” -Ramiro Calle -


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         EL PRIMER DEBER DEL DIA



    El primer deber de todo ser humano, el primer acto que debe señalar su retorno a la actividad cotidiana, es la oración. Casi todos vosotros oráis, pero, ¡cuán pocos saben hacerlo! ¡Qué importan al Señor las frases que hilvanáis unas con otras de una manera maquinal, por haberos habituado a ello, ya que es una obligación que cumplís y que, como todo deber, os resulta pesado!
    La plegaria del cristiano, del espírita, cualquiera que sea el culto a que pertenezca, debe ser hecha en el momento mismo en que el espíritu vuelve a unirse al yugo de la carne.
   Tiene entonces que elevarse hasta los pies de la Divina Majestad, humilde y profundamente, en un impulso de reconocimiento por todos los beneficios recibidos hasta esa fecha: por la noche que acaba de pasar y durante la cual se os permitió aun sin vosotros saberlo regresar cerca de vuestros amigos y guías para adquirir, al contacto con ellos, más fuerza y perseverancia. Vuestra oración debe elevarse con humildad hasta los pies del Señor, para encomendarle vuestra debilidad y pedirle su apoyo, indulgencia y misericordia.
    La oración tiene que ser profunda, porque es vuestra alma la que debe elevarse hacia el Creador, transfigurándose como Jesús en el monte Tabor y llegando hasta Él blanca y radiante de esperanza y amor.
   Vuestra plegaria debe contener la petición de gracia de que tengáis necesidad, pero ésta deberá ser una necesidad real. Inútil será que roguéis al Señor para que acorte vuestras pruebas u os conceda alegrías o riquezas. Antes por el contrario, suplicadle que os dispense los bienes más preciosos de la paciencia, la resignación y la fe. No digáis, como muchos de vosotros afirman: "No vale la pena orar, puesto que Dios no me otorga lo que le pido." ¿Qué le solicitáis en casi todos los casos? ¿Pensáis a menudo en impetrarle vuestro mejoramiento moral? ¡Oh, no, esto muy pocas veces! Os acordáis más bien de pedirle buen éxito en vuestras empresas terrenales, y luego exclamáis: "Dios no se ocupa de nosotros. ¡Si lo hiciera, no habría en el mundo tantas injusticias!".
   ¡Insensatos e ingratos! Si descendierais hasta los hondones de vuestra conciencia, casi siempre encontraríais en vosotros mismos el punto de partida de los males de que os doléis. Pedid, pues, ante todo, vuestro mejoramiento, y veréis entonces qué torrente de gracias y consuelos se derramará sobre vosotros.
   Debéis rogar incesantemente, sin por eso retiraros a vuestro oratorio o postraros de hinojos en las plazas públicas. La oración diaria consiste en el cumplimiento de vuestros deberes de todos ellos, sin excepción, sea cual fuere su naturaleza. ¿Acaso no es un acto de amor hacia el Señor el que asistáis a vuestros hermanos en cualquier necesidad que tengan, bien sea moral o física?...
   ¿No realizáis una acción de gracias cuando eleváis a Él vuestros pensamientos porque una felicidad os ha alcanzado, u os salváis de un accidente, e incluso porque una mera contrariedad apenas si os roza; cuando decís en vuestro fuero interno: " Bendito seas, Padre mío"?¿No constituye un acto de constricción el humillaros ante el Juez Supremo cuando sentís que habéis incurrido en falta, aunque sólo sea por un pensamiento fugitivo, y le decís:
Perdóname, Dios mío, por haber pecado por orgullo, egoísmo o falta de caridad. Dame la fuerza precisa para no desfallecer y el valor necesario para reparar mi falta"'?


   Esto es independiente de las oraciones regulares de la mañana y de la noche y las de los días consagrados. Como veis, la plegaria puede serlo en todo instante, sin que en manera alguna interrumpa el curso de vuestros trabajos.
   Antes bien, dicha así, santifica a estos últimos. Y persuadíos de que uno de esos pensamientos, que parta del corazón, es más escuchado por vuestro Padre celestial que las largas oraciones que se recitan por costumbre, muchas veces sin una causa específica, y a las cuales os llama de forma maquinal la hora establecida. 

El Evangelio según el Espiritismo.


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CONCEPTO DEL ESPIRITISMO SOBRE LA FIGURA DE JESÚS 

( 1 de 2 partes)


                                                  

    " En toda la obra de Allan Kardec, brilla la figura de Jesús de Nazareth como una referencia fundamental. Así, en el texto capital de la Doctrina Espirita, "El Libro de los Espíritus", se le coloca en sitial de honor como "el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra", y en ello se sincronizaba el Codificador, con las declaraciones de las personalidades más relevantes de la historia.

    Jesús no es DIOS, es hijo de DIOS... y Él lo afirmó.

    Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús (en griego antiguo: Ἰησοῦς, Iesous; en arameo: ܝܫܘܥ, Išo; en hebreo antiguo: יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ),
Las únicas credenciales de Jesús fueron él mismo. Nunca escribió un libro, lideró un ejército, ocupó un cargo político ni fue dueño de ninguna propiedad. Solía viajar dentro de las cien millas alrededor de su pueblo, atrayendo a multitudes que se asombraban con sus palabras provocadoras y actos asombrosos.

    En El Evangelio Según el Espiritismo de Allan Kardec, dice lo siguiente:

    3. Jesús no vino a destruir la ley; es decir la ley de Dios; vino a darle cumplimiento, esto es, a desarrollarla, a darle su verdadero sentido y apropiarla al grado de adelantamiento de los hombres; por esto se encuentra en esa ley el principio de los deberes para con Dios y el prójimo, que constituyen la base de su doctrina. En cuanto a las leyes de Moisés propiamente dichas, por el contrario, las modificó profundamente, ya en el fondo, ya en la forma; combatió constantemente el abuso de las prácticas exteriores y las falsas interpretaciones y no podía hacerlas sufrir una reforma más radical que reduciéndolas a estas palabras: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”, y diciendo: Ahí está toda la ley y los profetas.

    Con estas palabras: “El cielo y la tierra no pasarán antes de que todo sea cumplido hasta una sola jota”, Jesús quiso decir que sería preciso que la Ley de Dios recibiese su cumplimiento: es decir, que fuese practicada en la Tierra en toda su pureza, con todo su desarrollo y todas sus consecuencias; pues, ¿de qué serviría haber establecido esta ley, si debiese permanecer como privilegio de algunos hombres o incluso de un solo pueblo? Siendo todos los hombres hijos de Dios, son, sin distinción, objeto de la misma solicitud.
4. Pero el papel de Jesús no fue simplemente el de un legislador moralista, sin otra autoridad que su palabra; él vino a cumplir las profecías que habían anunciado su venida; provenía su autoridad de la naturaleza excepcional de su Espíritu y de su misión divina; vino a enseñar a los hombres que la verdadera vida no está sobre la Tierra, sino en el reino de los cielos; a enseñarles el camino que conduce a ella, los medios de reconciliarse con Dios y prevenirlos sobre la marcha de las cosas futuras, para el cumplimiento de los destinos humanos. Sin embargo, no lo dijo todo y sobre muchos puntos se limitó a depositar el germen de verdades que él mismo declara que no podían ser comprendidas aún; habló de todo, pero en términos más o menos explícitos, porque para entender el sentido oculto de ciertas palabras, era preciso que ideas nuevas y conocimientos nuevos vinieran a dar la clave y estas ideas no podían venir antes de cierto grado de madurez del espíritu humano. La Ciencia debería contribuir poderosamente a la eclosión y al desarrollo de estas ideas; sería preciso, pues, dar a la Ciencia el tiempo para progresar.
( Continúa.....)

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