INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- En su más simple expresión.
2.- Objeciones a los comunicados: Las cuestiones ortográficas
3.- Operación rescate
4.- Las vidas sucesivas: Objeciones y críticas
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EN SU MÁS SIMPLE EXPRESIÓN
El Espiritismo mitiga la amargura de los pesares de la vida; calma las desesperaciones y las agitaciones del alma, disipa las incertidumbres o los temores del futuro, detiene el pensamiento de abreviar la vida por el suicidio; por eso mismo vuelve dichosos a aquellos que se le afilian, y ahí está el gran secreto de su rápida propagación.
Tiene el Espiritismo por base Dios, el alma, la inmortalidad, las penas y las recompensas futuras; pero es independiente de todo culto particular. Su objetivo es probar a aquellos que niegan o que dudan, que el alma existe, que sobrevive al cuerpo; que soporta, después de la muerte, las consecuencias del bien y del mal que haya cometido durante la vida corpórea; y esto pertenece a todas las religiones.
Como la creencia en los Espíritus, es de todos los pueblos, una vez que, por todas partes donde existan hombres, hay almas o Espíritus, que las manifestaciones son de todos los tiempos y el relato de ellas se encuentra sin excepción, en todas las religiones. Se puede, pues, ser católico, griego o protestante, judío o musulmán, y creer en las manifestaciones de los Espíritus, y como consecuencia, ser Espírita.
Como moral, el Espiritismo es en su esencia cristiano porque la que enseña no es sino el desarrollo y la aplicación de la moral de Cristo, la más pura de todas, y cuya superioridad nadie discute, lo que constituye una prueba evidente de que está en la ley de Dios; y la moral es para uso de todo el mundo.
Siendo el Espiritismo independiente de toda forma de culto, no prescribe ninguno de ellos y no se ocupa de dogmas particulares,
No es una religión, porque no tiene ni sus sacerdotes ni sus templos. A quienes le preguntan si hacen bien en seguir tal o cual práctica, él responde: Si creéis que vuestra conciencia está inclinada a ello hacedlo: Dios toma siempre en cuenta la intención. En una palabra, no se impone a nadie; no se dirige a aquellos que tienen fe y a quien esta fe les basta, sino a la numerosa categoría de los inseguros y de los incrédulos; no los arrebata a la Iglesia, puesto que están separados de ella moralmente en todo o en parte; le es necesario hacer tres cuartas partes del camino para entrar en ella y a ella misma cabe hacer el resto.
Es verdad que el Espiritismo combate ciertas creencias tales como la eternidad de las penas, el fuego material de infierno, la personalidad del diablo, etcétera; pero ¿no es cierto que esas creencias, impuestas como absolutas en todos los tiempos hicieron incrédulos y los hacen todos los días? Si, el Espiritismo, dando a esos dogmas y a algunos otros, una interpretación racional, conduce a la fe a los que habían desertado
de ella.
EL ESIRITISMO EN SU MÁS SIMPLE EXPRESIÓN. ALLAN KARDEC.
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OBJECCIONES A LOS COMUNICADOS: LAS CUESTIONES ORTOGRÁFICAS
Pasaríamos con rapidez sobre esta objeción que plantean ciertos escépticos con respecto a las faltas de ortografía cometidas por algunos Espíritus, si no debiera ella dar lugar a una observación esencial..^ Hay que decirlo: su ortografía no siempre es irreprochable. Pero se precisa estar muy escaso de razones para hacer de esto el motivo de una crítica seria manifestando que, puesto que los Espíritus todo lo saben, también deben saber ortografía. Por nuestra parte, podríamos oponer a tales críticos los numerosos pecados de este tipo cometidos por más de un sabio de la Tierra, lo que no les resta nada de su mérito. Pero hay en este hecho una cuestión más seria. Para los Espíritus, y en modo especial para los Espíritus superiores, la idea lo es todo y la forma nada significa. Despojados de la materia, su lenguaje entre ellos es veloz como el pensamiento, puesto que es el pensamiento mismo el que se comunica, sin intermediario alguno. En consecuencia, deben de encontrarse incómodos cuando son obligados, para comunicarse con nosotros, a servirse de las formas lentas y embarazosas del lenguaje humano, y, sobre todo, por la insuficiencia e imperfección de dicho lenguaje para expresar todas las ideas. Ellos así lo dicen. Por eso resulta curioso ver los medios que emplean a menudo para atenuar ese inconveniente. Lo propio nos sucedería a nosotros si tuviéramos que expresarnos en un idioma de vocablos y giros más largos, así como más pobre en expresiones, que la lengua de que hacemos uso. Es el mismo embarazo que experimenta el hombre genial cuando se impacienta por la lentitud de su pluma, que siempre marcha detrás de su pensamiento. Según esto, es concebible que los Espíritus concedan poca importancia a la puerilidad de la ortografía, especialmente cuando se trata de una enseñanza grave y seria. Por otro lado, ¿no es ya maravilloso que se expresen indiferentemente en todas las lenguas y que las entiendan todas? No obstante, no hay que concluir de esto que la corrección convencional del lenguaje les sea desconocida, pues cuando resulta necesario la observan.. Así pues, la poesía que ellos dictan podría desafiar con frecuencia a la crítica del más minucioso purista, y esto, a pesar de la ignorancia del médium..
EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS.
ALLAN KARDEC
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"En general, nos cuesta trabajo entender los esquemas de funcionamiento del mundo espiritual. Esto es lógico, ya que salvo excepciones, el aprisionamiento del alma en las estructuras orgánicas durante la existencia en la materia, hace que aquella permanezca “impregnada” de vibraciones groseras que limitan su comprensión. Esta es la razón por la que entendemos mucho mejor el sentido de nuestras acciones y sus efectos una vez en el plano espiritual. Encarcelados en la carne, todo se vuelve difuso y más complicado de descifrar, señal de que todavía nos movemos en un mundo de pruebas tan solo atribuible a nuestro proceder en el pasado".
Libro "OPERACIÓN RESCATE" Introducción, página 7 José Manuel Fernández
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Las vidas sucesivas - Objeciones y criticas
Ya respondimos a las objeciones que, ya a primera vista, el olvido de las vidas anteriores trae al pensamiento; nos resta refutar otras de carácter ya filosófico y religioso, que los representantes de las iglesias oponen, a la doctrina de las reencarnaciones. En primer lugar, dicen, esa doctrina es insuficiente desde el punto de vista moral. Abriendo al hombre tan amplias perspectivas para el futuro, dejándoles la posibilidad de reparar todo en sus existencias futuras, alentándolo al vicio o a la indolencia; no ofrece estímulo de bastante poder y eficacia para la práctica del bien y por todas esas razones, es menos enérgico que el temor de un castigo eterno después de la muerte.
La teoría de las penas eternas no es, como vimos, en el propio pensamiento de la Iglesia, más que un espantajo destinado a amedrentar a los malos; una amenaza del infierno, el temor a los suplicios, eficaz en los tiempos de fe ciega, ya hoy no reprime a nadie. En el fondo, es una impiedad contra Dios, de quien se hace un ser cruel, castigando sin necesidad y sin ser el castigo para corregir.
En su lugar, la doctrina de las reencarnaciones nos muestra la verdadera ley de nuestros destinos y con ella, la realización del progreso y de la justicia en el Universo; haciéndonos conocer las causas anteriores de nuestros males, pone fin a la concepción inicua del pecado original, según el cual toda la descendencia de Adán, o sea, la Humanidad entera, sufriría el castigo de las flaquezas del primer hombre. Es por eso que su influencia moral será más profunda que la de las fábulas infantiles del infierno y del paraíso; pondrá freno a las pasiones, mostrándonos las consecuencias de nuestros actos, recayendo sobre nuestra vida presente y nuestras vidas futuras, sembrando en ellas gérmenes de dolor o de felicidad. Enseñándonos que el alma es tanto más desgraciada cuanto más imperfecta y culpable, estimulará nuestros esfuerzos hacia el bien. Es verdad que es inflexible esta doctrina; y por lo menos, proporciona el castigo a la culpa y después de la reparación, nos habla de rehabilitación y esperanza.
Mientras que el creyente ortodoxo, imbuido de la idea de que la confesión y la absolución le borran los pecados, alienta una esperanza vana y prepara para sí decepciones en la otra vida, el hombre, cuya mente fue iluminada por la nueva luz, aprende a rectificar su proceder, a prevenirse, a preparar con cuidado el futuro.
Hay otra objeción que consiste en decirse: Si estamos convencidos de que nuestros males son merecidos, de que son consecuencia de la ley de Justicia, tal creencia tendrá por efecto extinguir en nosotros toda la piedad, toda la compasión por los sufrimientos ajenos; nos sentiremos menos inclinados a socorrer, a consolar a nuestros semejantes; dejaremos libre curso a sus pruebas, puesto que deben ser para ellos una expiación necesaria y un medio de adelantamiento . Esa objeción es engañosa; emana de una fuente interesada. Consideremos, primero, la cuestión bajo el punto de vista social, la examinaremos después, en el sentido individual. El moderno Espiritualismo nos enseña que los hombres son solidarios unos con los otros, unidos por una suerte común. Las imperfecciones sociales, que todos más o menos sufrimos, son el resultado de nuestros errores colectivos en el pasado. Cada uno de nosotros trae su parte de responsabilidad y tiene el deber de trabajar para la mejora del destino general. La educación de las almas humanas la obliga a ocupar situaciones diferentes. Todas tienen que pasar alternadamente por la prueba de la riqueza y por la de la pobreza, del infortunio, de la enfermedad, del dolor.
A todas las miserias de este mundo que no lo alcanzan el egoísta queda ajeno y dice: "Después de mí, el diluvio!"
Cree que la muerte lo sustrae a la acción de las leyes terrestres y a las convulsiones de la sociedad. Con la reencarnación, cambia el punto de vista. Será forzoso volver y sufrir los males que contábamos legar a los otros.
Todas las pasiones, todas las iniquidades que hubimos tolerado, animado, sustentado, sea por debilidad, sea por interés, se volverán contra nuestro. El medio social en pro del cual nada hubimos hecho nos obligará con toda la fuerza de sus brazos. Quien tiranizó, quien explotó a los demás será, a su vez, explotado, tiranizado; quien sembró la división, el odio, sufrirá sus efectos: el orgulloso será despreciado y el expoliador expoliado; aquel que hizo sufrir sufrirá. Si quisiereis asentar en bases firmes vuestro futuro, trabajad, pues, desde ya, en perfeccionar, en mejorar el medio en que habéis de renacer; pensad en vuestra propia reforma: es lo que es indispensable que se haga para que las miserias colectivas sean vencidas por el esfuerzo de todos. Aquel que, pudiendo ayudar a sus semejantes, deja de hacerlo, falta a la ley de solidaridad.
EL PROBLEMA DEL SER, DEL DESTINO Y DEL DOLOR León Denis
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