INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.-Un solo rebaño y un solo pastor
2.- La filosofía espírita
3.- La Parapsicología y la existencia del Espíritu
4.- Descubriendo el amor propio
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UN SOLO REBAÑO Y UN SOLO PASTOR
. – Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco; es necesario también que yo las conduzca; ellas escucharán mi voz, y no habrá sino un solo rebaño y un pastor. (San Juan, Cap. X, v. 16).
32. – Con estas palabras, Jesús anuncia claramente que un día, los hombres se fusionarán en una sola creencia; pero, ¿ cómo se podrá realizar esa unificación? La cosa parece difícil, si se consideran las diferencias que existen entre las religiones, el antagonismo que mantienen entre sus respectivos adeptos, su obstinación en creerse detentores exclusivos de la verdad.
Todas quieren mucho la unidad, pero se envanecen pensando que ella será en su beneficio y ninguna entiende hacer concesiones en sus creencias. Y sin embargo, la unidad se hará en religión como tiende a realizarse en los órdenes social, político, comercial, mediante la caída de las barreras que separan a los pueblos, por la asimilación de las costumbres, de los usos, del lenguaje; los pueblos del mundo entero fraternizan ya, como los de las provincias de un mismo imperio; se presiente esta unidad, se desea. Y se hará por la fuerza de las cosas, porque se devendrá una necesidad para estrechar los lazos de fraternidad entre las naciones, se la obtendrá por el desarrollo de la razón humana, que hará comprender la puerilidad de tales disidencias; por el progreso de las ciencias que demuestran, cada día, los errores materiales sobre los cuales se apoyan, y destaca poco a poco las piedras carcomidas de sus cimientos.
Si la ciencia demuele, en las religiones lo que es obra de los hombres y producto de su ignorancia de las leyes de la Naturaleza, no puede destruir, a pesar de la opinión de algunos, lo que es la obra de Dios y la eterna verdad; desatascando de lo accesorio, prepara los caminos de la unidad. Para llegar a la unidad, las religiones deberán reencontrarse en un terreno neutral, aunque común a todas; por esto, todas tendrán que hacer concesiones y sacrificios más o menos grandes, según la multiplicidad de sus dogmas particulares. Pero, en virtud del principio de inmutabilidad que todas profesan, la iniciativa de las concesiones, no podrá venir del campo oficial; en vez de tomar su punto de partida de lo alto, lo tomarán de abajo por la iniciativa individual.
Desde hace algún tiempo, se opera un movimiento de descentralización que tiende a adquirir una fuerza irresistible. El principio de inmutabilidad, que las religiones consideran hasta aquí como una égida conservadora, se hará un elemento destructor, ya que al inmovilizarse los cultos, al tiempo que la sociedad avanza hacía adelante se verán desbordados y después absorbidos en la corriente de las ideas progresistas. La inmovilidad, en vez de ser una fuerza, se convierte en una causa de debilidad y ruina para quien no sigue el movimiento general; rompe la unidad, porque quienes desean ir hacia adelante se separan de los que se obstinan en permanecer atrás.
En el estado actual de la opinión y de los conocimientos, la religión que deberá unir un día a todos los hombres, bajo una misma bandera, será la que satisfaga mejor a la razón y a las legítimas aspiraciones del corazón y del espíritu, que no será en ningún punto, desmentida por la ciencia positiva; que, en lugar de inmovilizarse, seguirá a la Humanidad en su marcha progresiva, sin dejarse aventajar jamás, y no será ni exclusiva ni intolerante; sino que será emancipadora de la inteligencia, no admitiendo sino la fe razonada; aquella cuyo código moral será el más puro, el más racional, el más armonioso con las necesidades sociales, en fin, el más apropiado para fundar sobre la Tierra el reino del bien, por la práctica de la caridad y de la fraternidad universales.
Lo que mantiene vivo el antagonismo entre las religiones es la idea que tienen de que cada una posee su dios particular, y su pretensión de tener el único verdadero, y el más poderoso, que está en hostilidad constante con los dioses de otros cultos, y ocupado en combatir su influencia. Cuando estén convencidas de que no hay sino un solo Dios en el Universo y que en definitiva, es el mismo que adoran bajo el nombre de Jehová, Alá o Dios; y que estén de acuerdo sobre sus atributos esenciales, comprenderán que un Ser único no puede tener sino una sola voluntad; entonces se extenderán las manos como servidores de un mismo Señor y los hijos de un mismo Padre y habrán dado un gran paso hacia la unidad.
Allan Kardec
Extraído del libro “La Génesis”
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LA FILOSOFÍA ESPÍRITA
La rápida apreciación de la estructura de El Libro de los Espíritus, en sus vínculos con las demás obras de la codificación, nos parece suficiente para mostrar que constituye, como dijimos al principio, en andamiaje o estructura filosófica del Espiritismo. Contiene él, según Kardec declaró en su frontispicio, “los principios de la Doctrina Espírita”. Por tanto, es su tratado filosófico. Aun cuando no haya sido elaborado en un lenguaje técnico y no observe los rigores de la exposición filosófica minuciosa, es todo un complejo y amplio sistema de filosofía en que en él se expone.
Al evaluarlo desde este punto de vista debemos tomar en cuenta que Kardec no era un filósofo, sino un educador, un especialista en pedagogía, discípulo emérito de Pestalozzi. De ahí el aspecto más bien didáctico que propiamente de exposición filosófica que imprimió al libro.
En segundo lugar, la obra no fue en rigor escrita por él mismo, sino elaborada sobre la base de las respuestas que ofrecían los Espíritus a sus preguntas, en el transcurso de sus sesiones mediúmnicas con las niñas Boudin y Japhet, y más tarde con otros médiums.
En tercer término, el libro no se destinaba a formar una escuela filosófica, a conquistar los medios especializados, sino tan sólo a divulgar los principios de la Doctrina de una manera amplia, convocando a los hombres en general al estudio de una realidad superior a todas las elucubraciones del intelecto.
En cuarto lugar, el mismo Kardec tuvo el cuidado de advertir, en los “Prolegómenos”, que evitaba los prejuicios del sectarismo, según com-probamos en este fragmento, donde se refiere a la enseñanza de los Espíritus: “Ce livre est le recueil de leurs enseignements; il a été par l´ordre et sous la dictée d´Esprits superieurs pour établir les fondements d´une philosophie rationelle, degagée des prejugés de l´esprot de systeme”. [“Este libro es la recopilación de sus enseñanzas. Ha sido escrito por orden y bajo el dictado de Espíritus superiores para asentar los cimientos de una filosofía racional, libre de los prejuicios del sectarismo.”]
Conforme se ve, el propósito del libro no consistió en crear una nueva escuela filosófica, lo cual implicaría toda una rígida sistematización. Tal propósito se halla en contra del pensamiento de los modernos filósofos, como vemos, por ejemplo, en Ernest Cassirer, quien en su Antropología Filosófica, al referirse a la inconveniencia de los sistemas, expresa: “Cada teoría se convierte en un lecho de Procusto, en que los hechos empíricos son forzados a adecuarse a un padrón preconcebido”. A su vez, Max Sheller comenta: “Disponemos de una antropología científica, otra filosófica y una tercera teológica, que se ignoran mutuamente”. Kardec eludió precisamente eso, tanto más cuanto que el “espíritu de sistema” (o sectarismo) constituiría la misma negación de los objetivos de la Doctrina.
En cuanto a la cuestión del lenguaje técnico, no debemos echar al olvido que el libro se destinaba al gran público y no sólo a los especialistas. A propósito de esto podemos recordar el ejemplo de Descartes, quien escribió en francés su Discurso del Método, cuando el latín era el idioma oficial de la filosofía, porque deseaba darle mayor divulgación. A un cuando Kardec hubiese sido un filósofo especializado, el lenguaje técnico no hubiera servido a sus propósitos en esta obra.
En lo tocante al método didáctico, no sería este el primer libro de filosofía que haya acudido a él. Es posible recordar, por ejemplo, la Ética, de Spinoza. Kardec inicia el presente libro con la definición de Dios, igual que lo hace Spinoza en aquél, y si no sigue la forma geométrica de exposición, por medio de definiciones, axiomas, proposiciones y escolios (comentarios), obedece sin embargo a la forma lógica, por medio de preguntas y respuestas, intercalando glosas y explicaciones. Hay, además, curiosas similitudes de estructura, de posición, de vinculaciones históricas y de principios, entre esos dos libros –el de los Espíritus y la Ética-, lo que reclama un estudio más profundizado. Como existen asimismo semejanzas entre lo que se puede denominar la revolución cartesiana y el Espiritismo, a partir de los famosos sueños de Descartes y su convicción de haber sido inspirado por el Espíritu de Verdad.
Yvonne Castellan, en un breve y fallido, a veces altamente injusto, pero en parte simpático estudio de la Doctrina, al referirse a El Libro de los Espíritus señala que: “El sistema es completo, y comprende una moral y una metafísica muy penetrada por consideraciones físicas o genéticas”[3]. En un análisis más serio hubiera descubierto la autora que la estructura es más compleja de lo que ella supuso.
El libro comienza con la metafísica, pasando luego a la cosmología, la psicología, los problemas propiamente espíritas del origen y naturaleza del Espíritu y sus lazos con el cuerpo, así como los problemas de la vida post-mortem, para llegar, con las leyes morales, a la sociología y a la ética, y concluir con el Libro Cuarto con las consideraciones de índole teológica acerca de las penas y goces futuros y la intervención de Dios en la vida humana. Todo un vasto sistema, sin las exigencias opresoras o los prejuicios del “espíritu de sistema”, es una estructura libre y dinámica, en que las cuestiones son planteadas para su debate.
Acordándonos de los inicios del Cristianismo podemos decir que el Espiritismo tiene sobre él una ventaja, en lo que toca al problema filosófico. La simplicidad del Libro de los Espíritus no llega al punto de obligarnos a que adaptemos a nuestros principios sistemas antiguos, como aconteció con San Agustín y Santo Tomás, en relación con Platón y Aristóteles, para crear la llamada filosofía cristiana. El Espiritismo posee ya su propio sistema, en la forma ideal que el futuro consagrará, y cuyas ventajas hemos visto antes.
Por otra parte, es curioso observar que El Libro de los Espíritus encuadra dentro de una de las formas clásicas y más fecundamente libres de la tradición filosófica: el diálogo. Por todo esto se comprueba que Kardec, sin ser lo que se puede denominar un filósofo profesional, tenía mucha razón al afirmar, en el Capítulo Seis de la “Conclusión”, y refiriéndose al Espiritismo: “Sa force est Dans sa philosophie, Dans l´appel qu´il fait à la raison, au bon sens”. [“Su fuerza reside en sus filosofía, en el llamado que hace a la razón y el buen sentido”.]
( Textos tomados del "Curso Espírita")
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LA PARAPSICOLOGÍA Y LA
EXISTENCIA DEL ESPÍRITU
Después de aparecer el Espiritismo el mes de abril de 1.857
de la mano de Allan Kardec, se creó en Londres la “Sociedad de
Investigaciones Psíquicas”, a la que han pertenecido prestigiosos y numerosos
hombres de Ciencia. Su objeto era el estudio de la fenomenología paranormal sin
partir de teorías previas.
Posteriormente, en 1.905 el Dr.
Charles Richet propuso para esta Ciencia el nombre de Metapsíquica y más tarde fundó en París el
“Instituto Metapsíquico Internacional” junto con el Dr.Gustavo Geley.
Posteriormente, en el año 1.930 el Dr. J.B.Rhine de la Universidad de Duke,
adoptó y popularizó el vocablo de Parapsicología, ( que viene a
significar: "en torno a la Psicología").
Se abrió entonces una nueva etapa en el estudio e investigación del Ser
espiritual y las energías psíquicas con las que a veces se manifiesta, con lo cual se corroboraba lo que tantos grandes filósofos y pensadores sostuvieron en
su época.
Más recientemente al término de
Parapsicología también se
le han dado
otros nombres, tal
como Psicotrónica, Psicobiología o Psicobiofísica, con más
implicaciones físicas que psicológicas, tal como actualmente propugna la corriente parapsicológica materialista.
La Parapsicología es una Ciencia que nos lleva al estudio profundo de
casos y hechos que constituyen pruebas
irrefutables para unos, y siempre dudosas para otros, que siempre buscan solamente las explicaciones anímicas (mentales o psíquicas
del propio sujeto), antes que las espiríuales, y sin embargo ambas
posibilidades se refieren a la misma realidad: el alma, que algunos
disfrazan o disimulan con la palabra
mente, psiquismo, etc. La diferencia
estriba en que en lo anímico atribuye los efectos intelectuales de la
mediumnidad a la propia mente del médium
y que actúa como algo normal y natural, mientras que-para
entendernos-, lo espirítual admite la existencia e intervención de energías o espíritus ajenos
y diferentes al del médium ( o psúquicos,
tal como les llaman los que no quieren ni oìr la palabra espíritu) lo que genera estos
fenómenos (llamados paranormales o en torno a lo normal). La existencia e
intervención de Entidades humanas desencarnadas es rechazado todavía por algunos
científicos materialistas, que lo apartan, niegan, ignoran o miran de reojo como algo fantasioso o anticientífico.
Al fin y al cabo, es de considerar que la
mente de cada sujeto no es otra cosa que la acción del Alma del mismo, manifestada a través del órgano
cerebral.
La Parapsicología en su aspiración de formar parte de la Ciencia oficial establecida, no podía
ser menos “científica” o materialista que las otras ramas de la Ciencia oficial,
por lo que desde su nacimiento como rama desgajada de la “Metapsiquica” que
estudiaba los mismos fenómenos tratados por el Espiritismo, “cerró filas” en
torno a la postura
cientifico-materialista, huyendo de cualquier idea o explicación
espiritualista, y adoptando para toda clase de fenomenología, solamente explicaciones
mentalistas por mas enrevesadas que fueran, y esto a pesar de
tener que barajar los conceptos de la energía humana inteligente, a la que consideran
como un producto segregado por la materia cerebral .
Para la Ciencia oficial, el Ente
espiritual humano continúa sin ser un
principio de existencia real e independiente de la materia y por lo tanto es ignorado
y nunca tenido en cuenta, en todo caso solo admitido como una opinión o artículo de fe religiosa.
Aunque ya fue demostrado por científicos
investigadores, la realidad del Espíritu, esta no ha sido reconocida oficialmente todavía,
pero al menos sí que lo admiten actualmente como una hipótesis legítima sobre
la que algunos valientes continúan
investigando. Sin embargo sí que se aceptó enseguida la realidad
“mental” e individual del sujeto; como un ser impalpable e invisible, capaz de
actuar fuera del mismo como algo natural aunque extraordinario.
Hay muchas investigaciones y muchas respuestas, pero lo importante es
que la Ciencia Oficial y moderna, en sus ramas de Psiquiatría, Psicología
y Parapsicología, se acercan constantemente, paso a paso a la
confirmación de la realidad existencial del
Ente inmaterial o Espíritu humano, que desde antiguo ha sido sostenido
solamente por la fe religiosa o las
creencias, pero que modernamente va adquiriendo, cada vez más, el respaldo de los avances de la Ciencia.
En el campo de las investigaciones, han
habido y hay grandes investigadores
científicos que llevan a cabo con
escrupulosidad sus métodos de aplicación
del Psicoanálisis, la investigación de “Recuerdos Espontáneos
de vidas anteriores”, y la llamada “Terapia de Vidas Pasadas”. Estos métodos, técnicas y sistemas de
investigación, son llevados a cabo con el apoyo de la Ciencia Estadística
que permite valorar y comparar así los resultados obtenidos
- José Luis Martín-
“La Verdad es un
prisma de muchas caras, y el error consiste
en contemplar sólo algunas y figurarse que se contemplan todas
Giuseppe Mazzini
(1.805-1.872)-
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DESCUBRIENDO EL AMOR PROPIO
A
través del espiritismo somos llevados a buscar el autoconocimiento para superar
nuestros defectos y así evolucionar. Por eso, el amor propio se convierte
en un factor indispensable en esta ascensión espiritual. Entendemos el
amor propio como autoestima, el reconocimiento del valor del individuo por sí
mismo. ¿Cómo puede el espiritismo ayudarnos a amar más?
Para
la ciencia, el amor propio sería la admiración de uno mismo, o la
autoestima. Para el espiritismo, utilizaremos la segunda opción, pues
denota el reconocimiento de uno mismo como parte integral e importante de la
creación.
Por creación entendemos todo; Creación de Dios; el universo y los seres que lo habitan. Dios, que es la inteligencia suprema, no pudo crear una vida inútil por esto, y porque su vida vale tanto para él que nadie está completamente solo o completamente inválido. Todos somos partes integrales, engranajes de un enorme motor que es la humanidad.
Nuestra
contribución se manifiesta de diferentes maneras, algunas de las cuales pasan
tan desapercibidas que pensamos que no servimos para nada. Estoy
equivocado mis amigos. Somos tan importantes que, según los espíritus,
somos tutores de nuestro espíritu protector durante toda la vida. Él es el
encargado de ayudarnos y protegernos. Además, podemos tener amigos
espirituales, benefactores espirituales e incluso cariño de otras vidas con
nosotros. Según Emmanuel, un individuo puede tener un espíritu involucrado
con su encarnación, entre amigos espirituales, benefactores, afectos de vidas
anteriores, etc.
Con
tantos espíritus de por medio, ¿crees que Dios te hace inútil? ¿Dios
comete errores? Dios en su infinita sabiduría solo nos da la cruz que sabe
que somos capaces de llevar. Es claro que a veces estamos rodeados de los
mismos y por eso necesitamos fortalecernos en lo que nos hace felices, en lo
que nos sostiene: si se está en la fe, en alguien o en algo, siempre hay que
buscar levantar la mente. y el corazón de toda confusión mental. .
Como
espíritas, entendemos que la depresión es una enfermedad mental y espiritual
que afecta a toda persona que tiene el alma debilitada por los más diversos
problemas y debe ser enfrentada con seriedad. Los espíritus nos hablan de
la importancia de analizarnos en el contexto general del universo para descubrir
nuestro valor frente a la existencia.
Aquí
destacamos la pregunta 132 y la nota de Kardec del Libro de los Espíritus para comprender mejor nuestra
importancia frente a la creación:
132. ¿Cuál es el fin de la encarnación de los Espíritus?
“Dios
impone la encarnación para alcanzar la perfección. Para algunos es
expiación, para otros una misión. Pero para alcanzar esta perfección hay
que sufrir todas las vicisitudes de la existencia corporal: esta es la
expiación. La encarnación tiene todavía otro fin: el de poner al Espíritu
en condiciones de tomar la parte que corresponde a la obra de la
creación. Para llevarla a cabo, en cada mundo, el Espíritu toma un
instrumento, en armonía con la materia esencial de este mundo, para cumplir,
desde este punto de vista, las ordenanzas de Dios. Asís como,
contribuyendo al trabajo general, él mismo sale adelante”.
La acción de los seres corpóreos es necesaria para la marcha del Universo. Dios, sin embargo, en su sabiduría, quise que en esta misma acción encontraran el camino para progresar y acercarse a ella. Así, por una ley admirable de la Providencia, todo está conectado, todo es de naturaleza solidaria.
¡Somos
importantes para la marcha del universo! estamos evolucionando y, a medida
que evolucionamos, el mundo evoluciona junto con él. Somos responsables
del mundo a través de nuestra propia evolución. Con esto, es difícil negar
que somos muy importantes para Dios como seres de su creación.
No
significa que siempre estemos felices. A veces el desánimo golpea incluso
a los más optimistas. Sin embargo, el espíritu que se dirige al bien de
sí mismo y de los demás encuentra el amor mismo cuando hay un apoderado de Dios,
en la tierra, como agente de la voluntad divina de caridad y amor entre el
pueblo.
Guarda
esta frase: Somos representantes de Dios, agentes de buenas noticias,
misioneros del amor que emana de Él. Es maravilloso que seamos
representantes del ser supremo del universo que desborda amor a todos sus hijos
de la creación. Cuando están desanimados, somos instrumentos a través de
los cuales el amor de Dios invade el mundo y alegra todos los corazones.
¡Descubrir
tu propio amor a través del espiritismo es entrenarte para cumplir tu papel
ante el mundo! Solo “conociéndonos” podemos amarnos a nosotros mismos,
porque solo amamos lo que admiramos mucho, aún con nuestros defectos, y
queremos el bien de lo que amamos. Oremos para que este amor se desborde
con nosotros y bañe a los demás con todas nuestras vibraciones más amorosas y
sinceras y juntos logremos la evolución necesaria para el mundo.
Amarse a uno mismo es un proceso que requiere un conocimiento completo, desde los defectos hasta las virtudes, con total claridad y sinceridad. Dios nos creó porque nos ama mucho y en su infinita sabiduría nos puso donde necesitábamos para crecer mejor como criaturas. Estaríamos agradecidos y cuando lo necesitemos, busquemos la fuerza que necesitamos para reconocer nuestros pensamientos y sentimientos, trascender nuestros propios fracasos personales y vernos como Jesús nos ve; Jesús nos ama, por mucho que nos equivoquemos, nos ama y no nos ve por nuestros errores, sino por nuestro potencial para mejorar: Jesús, el psicólogo más perfecto del universo.
Busquemos vernos como Jesús nos ve: Con amor, llegando con nuestro propio potencial para evolucionar, y así lograremos nuestro propio amor. Que este texto ayude a todos aquellos que se sienten menospreciados a entender que: ¡ SÍ , eres muy importante y será una bendición que tengas aquí con nosotros, creciendo con nosotros como un querido hermano y amado hijo de Dios!
- Felipe Gama-
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