lunes, 21 de septiembre de 2026

El temor a la muerte

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- ¿ Para qué queremos comunicar con seres del "más allá"?

2.- Atracciones y repulsiones en la relación con los Espíritus

3.- María Magdalena y la "Mujer adúltera", son el mismo personaje?

4.- El temor a la muerte

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¿ PARA QUÉ  QUEREMOS  COMUNICAR CON SERES DEL "MÁS ALLÁ ?¨

                                 


Reflexión 

¿ Por que querríamos comunicarnos con aquellos que han pasado al otro lado

*Para confortar a los familiares desconsolados y mitigar el dolor.

*Para orar por el alma que ha partido y ayudarla en su transición.

*Por conocimiento.

*Para quitar el miedo a la muerte y conseguir la paz mental para los vivos.

*Para esclarecer comunicación y diálogo con el mundo de los espíritus.

*Para revelarle a los vivos que existen posibles recompensas a los actos de los mortales.

*Para el desarrollo de la mediumnidad.

*Para la sanación.

Y tal vez podríamos preguntarnos por qué los que se han ido desearían establecer comunicación con los vivos.

*Para transmitir mensajes a los seres queridos.

*Para brindar ayuda y asistencia.

*Por afecto hacia los encarnados.
*Para solucionar asuntos inconclusos dejados atrás.
Ángeles .C.M.
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ATRACCIONES Y REPULSIONES EN LA RELACIÓN CON LOS ESPÍRITUS
                                              
Los Espíritus que vosotros miráis como la personificación del bien no se presentan de buena gana al llamamiento de aquellos cuyo corazón está manchado por el orgullo, la ambición y la falta de caridad..
Aquellos, pues, que quieren ver claro que se despojen de toda vanidad humana y
humillen su razón ante el poder infinito del Criador; esta será la mejor prueba de su
sinceridad, y esta condición cada uno puede llenarla."
^ Si el médium, desde el punto de vista de ejecución, sólo es un instrumento,
ejerce con relación a la moral una gran influencia. Puesto que para comunicarse el
Espíritu extraño se identifica con el Espíritu del médium, esta identificación no puede
tener lugar sino cuando entre los dos hay simpatía y, si puede decirse así, afinidad. El
alma ejerce sobre el Espíritu extraño una especie de atracción o de repulsión, según el
grado de su semejanza o diferencia; así, pues, los buenos tienen afinidad por los buenos y los malos por los malos; de donde se sigue que las cualidades morales del médium tienen una influencia capital sobre la naturaleza de los Espíritus que se comunican por su intermediario. Si es vicioso, los Espíritus inferiores vienen a agruparse a su alrededor y están siempre prontos para tomar el puesto de los buenos que se han llamado.. Las cualidades que atraen con preferencia a los buenos Espíritus son: la bondad, la benevolencia, la sencillez de corazón, el amor al prójimo, el desprendimiento de las cosas materiales; los defectos que les alejan son: el orgullo, el egoísmo, la envidia, los celos, la ira, la ambición, la sensualidad y todas las pasiones por las cuales el hombre se une a la materia..
EL LIBRO DE LOS MEDIUMS 261
ALLAN KARDEC
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¿MARÍA MAGDALENA Y LA MUJER ADÚLTERA SON EL MISMO PERSONAJE ?










Existe una gran duda respecto a la figura de María Magdalena[1] y la de la mujer adultera citados en los Evangelios, pues algunos tienden a confundir los dos personajes como si fuesen el mismo, cuando en la literatura espírita, como vamos a ver más adelante, existe información clara y veraz sobre la identificación de cada uno de ellos. Es necesario anotar que en esta confusión la Iglesia Católica ha jugado un papel importante como quiera que además de la adultera, incluyó a María de Betania, la hermana de Lázaro (el resucitado), en la identificación de María Magdalena haciendo de tres personajes en la vida de Jesús, uno solo.

Esta identidad de María Magdalena, como tres en una, fue establecida en un sermón que el Papa Gregorio dio en el año 591, en el cual dijo: "Ella, la cual Lucas llama la mujer pecadora, la cual José llama María [de Betania], nosotros creemos que es María, de quien siete demonios fueron expulsados, según Marcos. "Difundida por los teólogos de los siglos III y IV, esta teoría gozó de mucha popularidad en el siglo XIX y constituyó un tema frecuente en la iconografía[2]. Si tenemos en cuenta la infalibilidad papal, el resto solo es trabajo de la imaginería colectiva para hacer de esto una verdad de a puño.

Pero, analizando con detenimiento la situación, encontramos que solo son malos entendidos de quienes leen fuera de contexto los versículos y no entran en un análisis más profundo de lo que significaba para Jesús el aprovechar al máximo cualquier circunstancia que se le presentaba, para dejar bien claro el mensaje consolador que intentaba desarrollar entre el indómito pueblo judío, apegado como estaba a la ortodoxia de sus enseñanzas religiosas.

Estudiando la hermosa obra de Amelia Rodrigues, quien participa en las filas espirituales de Joanna de Ángelis, mentora de Divaldo Pereira Franco, ella aborda los más variados asuntos sobre el Evangelio, su tema predilecto, donde encontramos referencias de estos tres personajes, definiendo con claridad y lucidez la individualidad de cada uno de ellos. Su lectura no deja margen de duda acerca de la existencia de tres seres diferentes que tuvieron la maravillosa oportunidad de redimir sus errores, después de escuchar las sabias enseñanzas del Maestro de Galilea.

En la obra “Cuando Regrese la Primavera”, Amelia Rodrigues en la lectura denominada Justicia del Amor, se refiere a la ya conocida historia de la mujer adultera y su esposo traicionado, pero lo más interesante de su mensaje corresponde al final feliz que tuvo la historia de estos dos seres, la cual tomada textualmente no da lugar a equivoco con el personaje de María Magdalena: “Deseoso de reparar o disminuir los vejámenes que generara, fue en la busca de la esposa destrozada después de la terrible escena que no culminó en un acto de sangre, gracias a la intervención del Maestro que le tendió las manos, proponiéndole recomenzar…

Se fue de la ciudad aprovechando esta nueva oportunidad, sostenido por la dulce fuerza de aquella mirada y por su diáfana presencia, que quedaron impresas en su alma.

Con el ánimo renovado, rehízo su vida, dando curso a la existencia…[3].

Lo mismo sucede con María, de Betania, la hermana de Lázaro y de Martha, familia esta que era visitada por el Maestro a su paso por Betania. Amelia en la obra “Las Primicias del Reino” asegura que ellos… “amaban a Jesús y no lo ocultaban. Lo consideraban un miembro de la familia, y recibirlo en casa, significaba para ellos engarzar una estrella en las paredes domésticas[4]. En la obra “Cuando Regrese la Primavera” también existe una referencia a María, la hermana de Lázaro, en la lectura denominada “En Betania, Lázaro volvió”. Es claro que María, la hermana de Lázaro nada tiene que ver con la mujer adultera y María Magdalena.

En relación a María de Magdala, Amelia nos ofrece una fascinante historia de esta mujer que transformó su existencia al escuchar las balsámicas palabras del Rabí de Galilea, que al decir de Amelia Rodrigues “Se sintió morir mientras Lo escuchaba, y sentía revivirse al retornar[5]. Gracias al encuentro con el Maestro Jesús, María Magdalena, tal como lo cuenta Amelia en su magnánima obra, se sintió liberada de los siete espíritus demoníacos que la tornaban infeliz. Y para que no queden dudas acerca de su individualidad y sobre el final de su existencia luego del reencuentro con el Maestro, posterior a su desencarnación, nos dice Amelia que… “Después de luchas tiranizantes consigo misma, experimentó la soledad y el abandono, cuando todos se fueron a predicar y vivir el mensaje.

Permaneciendo sola, vagaba por las playas lejanas que Lo evocaban, y fue allí que encontró leprosos que venían de lejos a buscar el socorro de Sus manos, y como llegaron tarde, los abrazó como a hermanos y partió con ellos para el valle de los inmundos, cantando salmos de felicidad…”[6].

Sólo nos resta agradecerle a nuestra hermana Amelia Rodrigues porque gracias a su amoroso encanto por las preciosas lecciones del Evangelio, encontramos luces de esperanza y claridad evangélica para dilucidar estas inquietudes. A nuestros amables lectores los remitimos a las obras de Amelia Rodrigues, donde nos sumergiremos en un sublime reencuentro con Jesús, él mismo que nos enseñó “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

Oscar Cervantes Velásquez
CENTRO DE ESTUDIOS ESPÍRITAS FRANCISCO DE ASÍS
Santa Marta – Colombia

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                       El temor a la muerte



Allan Kardec

Dentro de nuestra actividad doctrinaria acostumbramos a impartir conferencias y charlas relacionadas con los temas del Espíritu. Cierto día, después de una exposición, una joven, en el tiempo dedicado al coloquio, preguntó: ¿ Porqué tengo tanto miedo a la muerte?


Por el desconocimiento sobre la realidad espiritual – contestamos.


Efectivamente, los pueblos occidentales carecemos en general, por desgracia, del conocimiento suficiente para saber que el alma es inmortal, que la vida continúa después de la muerte física. Si ya desde nuestra más tierna edad nos enseñasen a comprender que el espíritu, no muere, nuestra mente estaría despierta a este acontecimiento irreversible. Aunque lo hayamos oído muchas veces es algo en lo que no nos paramos a meditar, a pesar de su gran importancia.

    Son pocas las personas que en su existencia corporal se esfuerzan por vivir las enseñanzas del Evangelio de Jesús, creyendo que los esfuerzos y sacrificios, así como las vicisitudes soportadas durante su vida en la Tierra, les han de garantizar la liberación del Espíritu cuando pasen al otro lado.

    Existen dos factores muy importantes que perturban a los encarnados en la última hora creándoles serías dificultades, y que les retienen más tiempo del debido junto a su cadáver, después de haberles considerado “muertos”. Uno de ellos es el proverbial “miedo” a la muerte. Y el otro factor, proviene de los lamentos familiares que en su desesperación e ignorancia terminan por imantar al “fallecido” a su lecho de dolor, dificultándole la liberación rápida del espíritu.

   No basta que el ser humano haya sido educado brillantemente o que posea una cultura adelantada, acumulada a través de los muchos años de estudio, ya que generalmente valoran las cosas del mundo material y confunden el verdadero sentido de la vida del espíritu inmortal con los efectos transitorios de la existencia física. Cuando se enfrentan con el terrible momento de la “muerte”, en donde la vida corporal se escapa sin posibilidad alguna de retención, el miedo domina su cerebro y se apegan desesperadamente a los últimos resquicios de vitalidad, solicitando más tiempo para desatar los lazos de la existencia terrena. Incluso algunos por su tremendo temor y mostrando su disconformidad, terminan por encarcelar su espíritu en el cuerpo agonizante. En vez de predisponer la mente hacia la invitación libertadora del espíritu, prefieren el apego al instinto animal que lucha encarnecidamente para impedir que su espíritu se libere.

    También la aflicción, la desesperación y el rechazo de la familia y amigos que le rodean producen filamentos densos de magnetismo que imantan al espíritu desencarnante a su cuerpo material como si fuesen gruesas cuerdas vivas que sostienen el alma en agonía. Entonces, al estar presos en las mallas esclavizantes de la poderosa red magnética, se ven obligados a presenciar los lamentos, gritos y desesperaciones que vibran alrededor de él. Y es tan perjudicial esa afectiva misión, establecida a través de los lazos magnéticos de sus seres queridos, que en muchos casos, algunos espíritus de reconocida elevación espiritual, llegan a programar para que su desencarnació n se produzca durante el sueño o alejados de la familia, con el fin de que los individuos puedan “morir” sosegados. Así, como los desenlaces súbitos ocurridos fuera del hogar en donde la desesperación de los parientes no les puede afectar el espíritu, que ya está liberado de los lazos que le ataban a la vida física.

   Es conveniente reflexionar que si para los encarnados la muerte de un familiar significa una tragedia insuperable y a su vez un drama doloroso, el mismo acontecimiento para sus parientes ya desencarnados, se transforma en un hecho jubiloso, pues en realidad se trata del retorno de un ser querido a su verdadero hogar, a la “Patria Espiritual”.

No hay separación absoluta; lo que realmente existe es que el espíritu devuelve a la tierra su vestimenta carnal, usada e inservible, que le fuera prestada para el rápido aprendizaje a través de algunos años terrenales.


La desencarnación tiene características muy particulares; cada uno recoge aquello que siembra, en el tiempo exacto y previsto de la Ley Divina.


   Cierto es que en el momento de desencarnar aparecen junto a nosotros espíritus amigos o de familiares que nos asisten en la hora crítica. De eso no tenemos duda. Pero también podremos encontrarnos con dificultades que se anteponen a la mayoría de los desencarnados, principalmente a causa de su comportamiento con otros seres a los que perjudicaron, cuyas influencias amenazan a los recién llegados de la Tierra.


   Podremos tener la protección de la asistencia benefactora que nuestros amigos invisibles nos prestan, pero esa defensa dependerá mucho del caudal de virtudes que posea el espíritu desencarnante y del modo como haya vivido en la materia, porque es común, que los encarnados obedecen más a los instintos de las pasiones animales que a la razón espiritual; poco a poco se dejan envolver por las sugestiones maléficas de los malhechores de las sombras, que desde el Más Allá les preparan anticipadamente para que sintonicen mejor con sus vibraciones inferiores.

 Es por ello que aún, todavía, estamos a tiempo de preparar el camino de nuestras buenas acciones, pues serán lo único que nos llevaremos cuando esa hora llegue para nosotros. Porque recordemos que la muerte es un fenómeno biológico que transfiere al ser de una realidad hacía otra, sin extinción de la vida.


Juan Miguel Fernández Muñoz

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