jueves, 3 de septiembre de 2026

La humildad de ser hombre

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Los cinco pilares del Espiritismo

2.- El Espíritu y sus cuerpos

3.- Dios y el Universo: El gran enigma

 4.- La humildad de ser hombre

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       LOS CINCO PILARES DEL ESPIRITISMO
                                 

El Espiritismo, más que un conjunto de creencias, se presenta para reflexionar como una doctrina filosófica y científica que invita a profundizar sobre nuestra origen, destino y responsabilidad. Sus cinco pilares fundamentales ofrecen una estructura coherente para comprender la vida desde una perspectiva espiritual y racional.
  1. Dios: Causa Primera e Inteligencia Suprema.
Reconocer a Dios como la fuente de toda existencia no es un acto de fe ciega, sino la constatación lógica de un universo ordenado y armónico. Esta inteligencia suprema no se manifiesta con caprichos, sino mediante leyes eternas que rigen la creación, invitándonos a buscar la verdad a través del razonamiento y la experiencia.
  1. Inmortalidad: preexistencia y supervivencia del Espíritu.
Nuestra conciencia no nace con el cuerpo ni muere con él. La inmortalidad implica que el Espíritu existe antes de encarnar y continúa su camino después de la muerte física. Esta certeza disuelve el miedo a la finitud y nos sitúa como viajeros eternos en un proceso de aprendizaje constante.
  1. Palingenesia: reencarnación y progreso continuo.
La reencarnación es el vehículo natural de ese progreso. Cada existencia es una oportunidad para reparar errores, desarrollar virtudes y ampliar la comprensión. Lejos de ser un castigo, la vuelta a la vida material es una misericordiosa herramienta de evolución, que garantiza que nadie quede excluido del perfeccionamiento.
  1. Comunicabilidad permanente: mediumnidad y psiquismo.
El vínculo entre el mundo visible y el invisible es una realidad constante. La mediumnidad, en todas sus formas, permite el intercambio de enseñanzas, consuelo y orientación entre los Espíritus y los encarnados. Esta comunicación, cuando se ejerce con seriedad y ética, enriquece nuestra vida y confirma que nunca estamos solos.
  1. Pluralidad: múltiples mundos habitados y solidarios.
La inmensidad del cosmos alberga incontables orbes, cada uno con sus propias condiciones y grados de evolución. Esta pluralidad nos enseña humildad: la Tierra no es el centro del universo, sino un eslabón en una cadena infinita de mundos solidarios, donde todos colaboran en el gran designio divino.
En conjunto, estos pilares nos recuerdan que la vida es un viaje sin término, guiado por la justicia y el amor. Conocerlos no basta; vivirlos transforma nuestra manera de ser y de relacionarnos con todo lo que nos rodea.
-  Abraham Carreño Vergara-
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          EL ESPÍRITU Y SUS CUERPOS

                                                        

El Espíritu, el cuerpo físico, y el periespíritu

¿Usted ya ha pensado cómo es la apariencia de los espíritus después de la muerte?

¿Tendrán la apariencia de fantasmas?

¿Serán como una nube de humo?

¿O será que se presentan como almas en pena?

Ninguna de las alternativas es la correcta. Los espíritus mantienen la apariencia que tenían cuando estaban encarnados en el cuerpo físico.

Ya tuvimos noticias de varios casos de apariciones de espíritus en todo el mundo. Y, en todos los casos, que se han vuelto célebres, las personas que tuvieron las visiones afirman que el espíritu tenía un cuerpo.

Pueden tener una luminosidad diferente, pero la apariencia es la de un ser humano.

Uno de los casos bien conocido de todos nosotros es el encuentro de Jesús con los espíritus de Moisés y Elías.

Delante de Jesús y de los apóstoles Pedro, Tiago y Juan, esos dos espíritus se hacen visibles y con la misma apariencia que tenían cuando su cuerpo era de carne.

Otro ejemplo es del propio Cristo. Después de haber sido crucificado, surge entre los apóstoles y convive con ellos por largo tiempo.

Su apariencia era la misma de antes, a tal punto que todos le reconocieron.

Así, podemos eliminar de nuestras mentes esas ideas descabelladas de que los espíritus tienen una forma distinta a la que tenían cuando estaban encarnados.

Pero, si es verdad que el cuerpo físico queda en la tumba ¿ qué cuerpo es ese con el que se ven y que mantiene la misma forma?

La verdad es que nosotros estamos formados por tres elementos:

El Espíritu, el cuerpo físico, y el periespíritu.

El periespíritu es el que Pablo, apóstol, llamaba de cuerpo espiritual. Está formado de materia sutil, imperceptible a los ojos comunes, pero visible para los que tienen la facultad llamada clarividencia.

Y no es sólo la apariencia exterior lo que conservamos tras desencarnar. Mantenemos también todas las condiciones psíquicas que teníamos antes.

Nada da saltos en la naturaleza. Y con el espíritu no podría ser diferente.

Al salir del cuerpo físico sin salir de la vida, la criatura busca sus intereses, en el otro plano, y sigue viviendo de la misma forma que vivió hasta la tumba.

Si es así, todos los esfuerzos que emprendemos para perfeccionarnos intelectual y moralmente, incluso actualmente, no serán en vano.

¿Usted sabía que el periespíritu es conocido desde la más remota antigüedad?

Pitágoras lo denominaba como carne sutil del alma.

Aristóteles lo llamaba cuerpo sutil y etéreo.

Orígenes lo identificaba como aura.

Como podemos percibir, ese cuerpo con el que se muestran los espíritus, ya era muy bien conocido en la antigüedad, aunque tuviese denominaciones diferentes.

Allan Kardec, al codificar la Doctrina Espírita lo llamó  Periespíritu.

(Basado en el libro Estudios Espíritas, cap. Periespíritu)

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DIOS Y EL UNIVERSO: EL GRAN ENIGMA

9. Objeciones y contradicciones

El problema divino, por ser el más vasto, el más profundo de los problemas, ya que abarca a todos los demás, ha sido motivo de teorías y sistemas sin número que corresponden a otros tantos grados de la comprensión humana, a otras tantas etapas del pensamiento en su marcha hacia lo absoluto..

 En este dominio, las contradicciones abundan. Cada religión explica a Dios a su manera; cada teoría lo describe a su modo. Y de todo esto resulta una confusión, un caos inextricable. ¡Qué formas tan variadas de la idea de Dios !- De esta confusión, los ateos han sacado argumentos para negar la existencia de Dios y los positivistas, para declararle incognoscible.

 ¿Cómo remediar este desorden? ¿Cómo escapar a estas contradicciones? De la manera más sencilla. Basta elevarse lo suficientemente por encima de los sistemas y las teorías para unirlas en su conjunto a través de lo que tienen en común. Basta elevarse hasta la Gran Causa, en la cual todo se resume y se explica.

 La estrechez de miras ha desnaturalizado y comprometido la idea de Dios. Suprimamos las barreras, las prisiones, los sistemas cerrados que se contradicen, excluyen y combaten para sustituirlos por las grandes miras de las concepciones superiores. A ciertas alturas, la ciencia, la filosofía y la religión, hasta aquí divididas, opuestas y hostiles bajo la influencia de sus concepciones restringidas, se unen y funden en una poderosa síntesis expresada a través del Espiritualismo Moderno.

 Así se cumple la ley de evolución de las ideas. Después de la tesis hemos tenido la antítesis. Estamos alcanzando la síntesis, que resumirá a todas las formas y creencias y será la gloria del siglo 20 el haberla establecido y formulado.

 Examinemos rápidamente las objeciones más comunes. La más frecuente es la que consiste en decir: Si Dios existe, si es -como lo pretendéis- bondad, justicia y amor, ¿por qué el mal y el sufrimiento reinan a nuestro alrededor? Dios es bueno, y millones de pobres seres sufren en su alma y en su carne. Todo es dolor y desgarro en la vida de las multitudes. La iniquidad es soberana sobre nuestro globo, y la ardiente lucha por la existencia hace en él nuevas víctimas cada día.

Como lo hemos demostrado en otras páginas, el sufrimiento es un poderoso medio de educación para las almas. Desarrolla en ellas la sensibilidad, que es ya, por sí sola, un acrecentamiento de la vida. A veces es una de las formas de la justicia, un correctivo para nuestros actos inmediatos o lejanos.

El mal no es más que la consecuencia de la imperfección humana. Si Dios hubiese hecho a los seres perfectos, el mal no existiría. Pero entonces el Universo estaría fijo, inmóvil en su monótona perfección. La magnífica ascensión de las almas a través del infinito sería suprimida de una vez. ¡Nada para conquistar; nada para desear! Mas, ¿ qué sería una perfección sin méritos, sin esfuerzos para obtenerla? ¿Podría tener el valor de un premio para nosotros?

 En resumen: el mal sólo es lo menos evolucionando hacia lo Más; lo inferior hacia lo superior; el alma hacia Dios.

 Dios nos ha hecho libres: de ahí la existencia del mal, fase transitoria de nuestra ascensión. La libertad es la condición necesaria de la variedad en la unidad universal. Sin ella, la monotonía hubiera hecho un Universo insoportable. Dios nos ha dado la libertad con ese impulso de vida inicial por la cual el Ser evolucionará por medio de su propio esfuerzo a través de los espacios y de los tiempos sin límites, en la escala de las vidas sucesivas, en la superficie de los mundos que pueblan la extensión.

 Nosotros emanamos de Dios, como nuestro pensamiento emana de nuestro Espíritu, sin fraccionarlo, sin disminuirlo. Libres y responsables, nos volvemos dueños y forjadores de nuestros destinos. Mas, para desarrollar los gérmenes y las fuerzas existentes en nosotros, es necesaria la lucha, la lucha contra la materia, contra las pasiones, contra todo lo que llamamos el mal. Esta lucha es dolorosa y los fracasos numerosos. Sin embargo, poco a poco, la experiencia se adquiere, la voluntad se templa, el bien se desprende del mal. Una hora viene en que el alma triunfa sobre las influencias inferiores, se recobra y eleva por medio de la expiación y la purificación hasta la vida feliz.. 

Entonces comprende y admira la sabiduría y la previsión de Dios, que, al hacer de ella el árbitro de sus propios destinos, ha dispuesto todas las cosas de manera que pueda lograrse, mediante ella, la mayor felicidad posible para cada uno de nosotros.

EL GRAN ENIGMA, DIOS Y EL UNIVERSO                                                  LEÓN DENIS

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LA HUMILDAD DE SER HOMBRE



POR JOSE SANCHEZ JIMENEZ

  

La vida es el gran maestro del hombre, y como gran maestro, pone a disposición de todos sus discípulos, su inagotable capacidad de sabiduría.

 De él recibimos cada día, cada momento, una lección para nuestro aprendizaje en el gran oficio de ser hombre humilde.

Se extienden estas lecciones a todos los órdenes de la vida, pero principalmente, son las lecciones de observación, de percepción, de sensibilidad. Y, no podemos sacar buen provecho de ellas si no somos buenos y atentos observadores, perceptores y sensibles a todo cuanto nos rodea. Porque, si no observamos, no percibimos, y si no percibimos no sentimos, y sin sentimiento, la vida no tendría sentido.

Queda bien probado este hecho, no ya en el sentimiento que posee todo ser humano, por ser un ser racional, sino en el profundo sentimiento que existe en todo ser irracional o animal por feroz que éste sea. Es decir, que el sentimiento es fundamento primordial para el progreso humano.

Por eso, las lecciones más importantes que nos hace aprender el sabio maestro que es la vida, primero que ninguna, son las del sentimiento, porque es la que más falta nos hace para nuestra completa y mejor formación como hombres.

Para desgracia de todos, son éstas las lecciones menos asimiladas, menos percibidas por la generalidad de los hombres; son las que pasan constantemente junto a nosotros sin fijar en ellas los ojos de la sensibilidad que son los que recogen con mayor exactitud las realidades de la vida.

Por el contrario, las lecciones captadas con los ojos de la cara, con los ojos materiales, dejan mayor impresión en nosotros y somos arrastrados por ellas porque éstas suelen ser de mayor agrado a los apetitos, deseos o pasiones del cuerpo.

Por otra parte también recibimos en la vida las llamadas lecciones intelectuales y técnicas. Para mi concepto, éstas son el complemento de las anteriores. No obstante las anteponemos a ellas en la creencia de que las lecciones intelectuales son las principales y más importantes para el progreso del hombre.

Si como progreso entendemos solamente los conocimientos que se adquieren por el estudio de las ciencias y las artes, desde luego que sí; pero, si el conocimiento de la ciencia lo entendemos como complemento del progreso del hombre que ya de por sí es ciencia, sabiduría y entendimiento en su forma espiritual según la elevación adquirida por cada cual, llegaremos a la lógica conclusión de que el hombre progresa porque es causa y no efecto de la ciencia; porque es espíritu antes que materia.

Soy de los convencidos de que en el fondo de cada ser humano existe una gran porción de bondad, de predisposición a lo bueno, a lo razonable, a lo justo, ya que el ser esencial es el espíritu y éste procede de la inmaculada fuente del bien; pero al mismo tiempo, también lo estoy de que la mayoría de los seres humanos hacemos poco aprecio, poco uso de esas virtudes, porque tenemos la creencia de que no son agradables, que no satisfacen las necesidades del cuerpo.

Esta creencia es el producto de un error, y, como todas las cosas, tiene su causa en el desconocimiento de los placeres espirituales, producidos por la admiración de las cosas con los ojos del espíritu, que son los que nos trasmiten dichos placeres a través del sistema nervioso que es conductor de los placeres espirituales y materiales a la vez; pero en esta transmisión nos cabe a cada cual la obligación de distinguir estas sensaciones, estos placeres, porque el cuerpo material precisa y siente necesidades y placeres totalmente distintos a los placeres y necesidades del espíritu.

Por conducto del sistema nervioso, nos damos cuenta de la necesidad de comer, beber, dormir; sentimos el frío, el calor, el dolor y las sensaciones de agrado o desagrado que percibimos por el paladar, el olfato o la vista. De todas estas sensaciones rechazamos las que no nos agradan y nos quedamos con las que nos agradan.

Pues, exactamente igual ocurre con las sensaciones espirituales, las recibimos a través de los nervios, éstos nos las transmiten al corazón y  este las pasa al cerebro, que es el encargado, valiéndose de la inteligencia, que no tiene forma material, de transformarlas en acciones y obras. En la realización de esas obras y acciones está la parte directamente responsable del hombre. Por ellas, por las obras y acciones que realizamos, queda reflejado y comprobado quienes somos, porque con ellas demostramos si somos modestos u orgullosos; si somos sinceros o hipócritas; si leales o falsos; si tolerantes o intransigentes; si bondadosos o egoístas, virtudes y defectos adheridos al hombre como la sombra al cuerpo, y que le acusa como un severo fiscal que posee todas las pruebas acusatorias.

El hombre no quiere darse cuenta de este peso acusatorio, que, a través de los años de cada cual, se van acumulando y forman un pesado legajo en nuestra conciencia, cuyo peso no nos deja vivir tranquilamente, los que llamamos últimos días de nuestra vida porque los años juveniles los pasamos con más irresponsabilidad, por lo que cometemos mayores desaciertos, ya que todas las cosas las vemos de color de rosa y las basamos en ilusiones vanas.

Cuando los años han pasado sobre nosotros y vemos la vejez acercarse, es cuando nos quisiéramos descargar del peso de nuestros errores, del peso de nuestras culpas. Por esta razón es por lo que el resto de la existencia la pasamos intranquilamente, en la mayoría de los casos, deseando que la muerte nos alivie de dicho peso. El deseo de morir es el mayor error que podemos cometer en nuestra vida, ya que la muerte es continuación y no fin de la existencia, y con ella no descansamos, sino que continuamos la marcha emprendida hacia nuestra propia regeneración, nuestra propia elevación y salvación.

Para llegar al punto de salvación no hay otros medios y procedimientos más sencillos y prácticos que los imperecederos que el gran maestro Jesús enseñó en el sermón de la montaña: «Amaos los unos a los otros y no quieras para otro lo que no quieras para ti.

Son estas palabras sencillas, pero profundas y sabias. Por su sencillez pueden penetrar en todos los corazones y cerebros humanos, por su filosófica sabiduría son insustituibles como procedimiento de salvación y convivencia humana.

En todos los tiempos han aparecido muchas doctrinas filosóficas con los sanos propósitos de redención y emancipación de la sociedad, pero ninguna, hasta hoy, ha conseguido su propósito de imponerse, ni tampoco el de eliminar aquella fértil semilla sembrada en el huerto del olivo, sino que, por el contrario, se van eliminando unas a otras a medida que los hombres van comprobando sus fracasos, y. las reponen o cambian por otras que pronto terminan también por agotarse o desaparecer, y, así, de esta manera ininterrumpida y errónea van los hombres desgastando sus fuerzas físicas, morales y espirituales, sin conseguir un resultado positivo que libre a la humanidad del peligro de destrucción que sobre ella se cierne.

Tiene el hombre en sus manos el poderoso instrumento de salvación contra ese peligro, pero el hombre cierra los ojos y no quiere verlo; no quiere ver que ser hombre es cosa humilde; no quiere admitir que mientras no emplee el arma de la humildad y no el de la soberbia y el egoísmo no puede haber paz ni seguridad en los bienes ni en las almas; no quiere comprender ni conocer que lo más grande, sabio y poderoso es saber valorar la humildad de ser hombre ante Dios, ante los demás hombres y ante sí mismo.

Humildad ante Dios como prueba del conocimiento de su sabiduría, de su justicia, de su amor, de su infalibilidad, de su omnipotencia; humildad ante los demás hombres en prueba del reconocimiento de que todos somos hermanos eternos y como tales nos debemos un recíproco amor, sin el cual no existe la forma de convivencia humana de la que tanto se habla ahora; y, humildad ante uno mismo, como prueba de conformidad de nuestra condición de hombres, que reconocemos la soberanía de las LEYES DIVINAS y nos encontramos dispuestos a cumplirlas, como único medio de salvación y felicidad humana. 

 

Tomado del Congreso Nacional de Espiritismo 1981

Publicación de La Asociación Parapsicològica Villenense


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martes, 1 de septiembre de 2026

El sexo de los Espíritus

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.-Prevención del suicidio

2.- El método de Allan Kardec

3.- Vida y valores

4.- El sexo de los Espíritus

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PREVENCIÓN DEL SUICIDIO 




Cuando la idea del suicidio, por ventura, te asome a la cabeza, reflexiona antes de todo, en la infinita Bondad de Dios, que te instaló en la residencia planetaria, sólidamente estructurada, a fin de sustentar tu seguridad en el Espacio Cósmico.

Enseguida, ora pidiendo socorro a los mensajeros de la Providencia Divina.

Medita en el amor y en la necesidad de aquellos corazones que te compartan la convivencia. Aunque no les conozcas del todo, el afecto que te consagran y ante la imposibilidad en que te reconoces para medir cuanto vales para cada uno de ellos, es razonable que valores cuantas lesiones de orden mental le causarías con la violencia practicada contra ti mismo.

Si la idea perniciosa continúa torturándote, aunque te sienta dolido, refúgiate en el trabajo posible, en el que te muestres útil a los que te rodean.

Visita un hospital en donde consigas valorar las ventajas de que dispones, en comparación con el gran número de compañeros portadores de molestias irreversibles.

Vete personalmente al encuentro de algún instituto de beneficiencia en donde se recogen hermanos necesitados de apoyo total, para los cuales, algunos momentos de diálogo amigo se transforman en preciosa medicación.

Acuérdate de alguien que sepas en penuria en busca de  verte con ese alguien, procurando aliviarle la carga de la aflicción.

Comparece espontáneamente a los contactos con los amigos reeducados que se encuentren internados en presidio de su conocimiento, de manera que le prestes a ese o a aquél, algún pequeño favor.

No desprecies la lectura de alguna página esclarecedora, capaz de renovarte los pensamientos.

Entrégate al servicio del bien al prójimo, cualquiera que sea, y ten el empeño de empequeñecerte, porque la voluntaria destrucción de tus posibilidades físicas no solo representa un acto de desconsideración para con las bendiciones que te enriquecen la vida, como también será el recogimiento compulsorio en la intimidad de tí mismo, en el cual, por tiempo indefinido, permanecerás en el envolvimiento de tus propias perturbaciones.

Emmanuel - Chico Xavier - Del libro Pronto Socorro, ediciones C.E.U.

Comunicado: 

Todos los que como aprendices trabajan en este plano de pruebas y expiaciones, estarán invariablemente al frente de los desafíos existenciales, necesarios para la evolución espiritual, pero a veces estos se presentan intensos y dolorosos.

No obstante, es necesario comprender que en las tormentas de la vida está el remedio divino para la cura de nuestras almas, que aunque se sientan vencidas, con resignación y coraje, nos aseguran días mejores.

Por otro lado, el suicidio nos remite a un estado muchísimo peor, por más difícil que pueda parecer la situación que se esté viviendo.

Por eso, con estas anotaciones, hacemos el convite a los hermanos en dificultad para buscar ayuda a través de los recursos que estén a su alcance. Ayuda médica, terapias especializadas en la Casa Espírita en donde estuviese vinculado por su religión.

Los recursos de fluidoterapia( el pase y el agua magnetizada), el atendimiento fraterno (diálogo de esclarecimiento y consuelo), las charlas públicas, los grupos de estudios de la Doctrina Espírita, las lecturas edificantes, son valiosos instrumentos que auxilian para superar las experiencias dolorosas, apartando del pensamiento la idea equivocada de interrumpir la vida.

Piense en los esfuerzos, en las luchas y renuncias de los padres que permitieron esta encarnación. Reflexione sobre el trabajo que el mundo espiritual tuvo en el planteamiento y el auxilio para que este renacimiento se concretase.

Salga un poco de sí, visite un asilo, un orfanato, un hospital, y observe la masa de sufridores que pululan por todos los lugares. Procure una institución de caridad, olvidándose de los problemas para dedicarse a los dolores mayores. Ofrezca sus talentos de tiempo y de conocimiento, y así, ayudando, será ayudado. Donde quiera que se encuentre alguien con deseo de servir, habrá siempre ayuda de los benefactores espirituales para auxiliar los buenos propósitos.

Y recuerde siempre: las imposiciones expiatorias o de prueba, cuando se enfrentan bajo la tutela de los amigos invisibles, serán vencidas con menor cuota de lágrimas. 

Espíritu Emmanuel, médium: Chico Xavier

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             EL MÉTODO DE ALLAN KARDEC

                                                         


 El método ( pedagógico y de investigación ) de Kardec pasó a ser el de la Doctrina misma, y en su propia sencillez lleva implícita la garantía de su eficiencia. Podemos compendiarlo así:

1º) Elección de colaboradores mediúmnicos insospechables, tanto en su aspecto moral cuanto en lo que se refiere a la pureza de sus facultades y de la asistencia espiritual que recibían;

2º) análisis riguroso de las comunicaciones, desde el punto de vista lógico, así como su cotejo con las verdades científicas demostradas, descartándose todo material que no pudiera ser justificado lógicamente;

3º) contrastar de las entidades espirituales comunicantes, por medio de la coherencia de sus comunicaciones y del tenor de su lenguaje:

4º) consenso universal, vale decir, concordancia  en varias comunicaciones, obtenidas por médiums diferentes, de forma simultánea y en lugares diversos, acerca de un mismo tema.

Apoyado en tales principios, escudado con rigor en ese criterio, Kardec pudo poner por obra la difícil tarea de reunir la serie de informaciones que le permitieron organizar El Libro de los Espíritus. Es interesante recordar que ese mismo criterio había sido enseñado en parte por  el apóstol Pablo en su Primera Epístola a los Corintios. De suerte que las raíces del método kardeciano están ya en el Nuevo Testamento. 

Sin embargo, no es posible confundir el sistema doctrinario con los métodos de investigación científica de los fenómenos espíritas. En el trato mediúmnico, la premisa de la existencia del Espíritu y de la posibilidad de la comunicación ya está afirmada, y lo que importa allí es  comprobar la legitimidad del mensaje. En la indagación científica todo se halla aún por descubrir y probar. Las  investigaciones de la ciencia pueden variar hasta lo infinito en lo que atañe a procedimientos y métodos, de acuerdo con el enfoque de cada investigador. Pero las sesiones mediúmnicas no podrían sustraerse al método kardeciano, por cuanto se ha comprobado en la práctica –hace más de un siglo- como que es el único realmente eficaz y que procede, según hemos visto, de las reuniones mediúmnicas de la era apostólica.


EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS.* 14
ALLAN KARDEC

 

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                  VIDA Y VALORES

(Las aflicciones humanas – causas actuales)

En el campo de las aflicciones de la criatura humana, podemos identificar causas que son creadas ahora. Mucha gente llora, se lamenta. Hay muchos que se desesperan delante de los problemas, de los tormentos, de las dificultades que les están sobrecargando la vida en la actualidad, en estos días. Casi nunca esas mismas personas perciben que esos sufrimientos, esas aflicciones, esos problemas por los cuales están pasando fueron creados ahora, en esta misma vida, en los tiempos de nuestra trayectoria terrestre.

Una de las causas más punzantes de aflicciones es el temperamento. ¡Dios mío! Cuantas son las personas que tienen malas pulgas. Son dichas personas de mucho carácter. Hay otros que ni carácter tienen, explotan por cualquier cosa. Entonces, son personas mal vistas, no son queridas, donde ellos llegan los demás salen. Y eso es motivo de tormento, de aflicción. Pero causado por  ellas mismas.

Existen otros que afirman no llevar disgustos para casa y, por cualquier cosa, estallan. Otros afirman que son muy buenos, pero que nadie puede pisarles los pies, otros dicen… otros dicen tantas cosas para justificar lo injustificable. Yo doy un buey para no entrar en la pelea; doy lo que sea para no salir de la pelea. Son personas temperamentales, extrañas criaturas que van generando en torno de si el miedo en algunos, rabia en otros, indiferencia en varios. Al mismo tiempo, generan reacciones similares de otros que también tienen poca paciencia, no tienen paciencia o que también son muy buenas en cuanto no tengan los pies pisados. Al final de cuentas, vivimos en la Tierra en busca de la felicidad, en busca de nuestra integración con Dios y con Sus Leyes.

No importa si no se es religioso, si no se frecuenta institución religiosa, si no se participa de circuidos religiosos, Dios es el Padre del Universo. No nos importa cómo se Le llame. Él es el Padre del Universo, es el Gran Creador. Y nuestro compromiso, en esta vida, es ajustarnos a Sus Leyes.

Entonces hay muchos sufrimientos, muchas aflicciones generadas por causa de nuestro temperamento. Personas explosivas, personas que se cierran, al revés de conversar, de hablar, de decir lo que les está incomodando. Ellas se cierran y actúan con rabia, con disgusto, con odio, sin decir una palabra. Cuándo se les pregunta: ¿Hay algún problema? –ellas dicen: No, está todo bien. Pero en este está todo bien, va la marca de su indisposición interior.

También hay problemas, aflicciones en esta actualidad, que son pendientes de los vicios que adquirimos. ¡Cuántos vicios! Una persona que aprendió a fumar desde joven, de allí a pocos años estará con asma, con bronquitis, con enfisema pulmonar y quien sabe, con cáncer. Estará transpirando mal olor, el tabaco en la circulación sanguínea. Cuantas son las enfermedades, amputaciones, degeneración orgánica por causa del tabaquismo. No es Ley de Dios tener que fumar, no fue una imposición de la Divinidad tener que fumar, pero hay libertad, el libre albedrío.

En esta vida, el individuo comenzó a usar esa droga, el tabaco y fue enfermando el cuerpo, fue mutilando el cuerpo. Entonces, es natural que nos identifiquemos con todos esos individuos, aquellos que están provocando aflicciones para su vida, en esta actualidad, en esta misma existencia. Hay aquellos que usan alcohol y van en la misma dirección. Beben porque beben. Afirman mil cosas: beben por alegría, beben por tristeza, beben porque hace calor, beben porque hace frío. Beben porque beben y van generando desgastes orgánicos, problemas neurológicos, dificultades sociales que comienzan en la familia, atormentada como una persona alcohólica, como se dice actualmente.

Comenzamos a ver que hay muchas aflicciones cuyas causas están en nuestra vida presente, son parte de nuestra actualidad y cabe a nosotros tener precaución y evitarlo gradualmente.
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Existen situaciones que, verdaderamente, son dispensables. Hay cosas que no se necesita vivir aquí, ahora, no precisa sufrir en este existencia. Recuerdo de un episodio que acompañé de cerca, porque se trataba de una persona conocida, que demoró mucho al casarse. Era una joven profesora, y tardó en casarse porque querida encontrar la persona ideal. Se caso con un hombre más maduro que ella pero de un temperamento muy explosivo, de aquellos intolerantes. Se casaron, vivieron felices algunos meses. Ella se quedó embarazada, nació él bebe y cuando él bebe contaba tres meses de edad, era fin de año, y el matrimonio decidió ir a un comercio para comprar una refrigerador de mayor tamaño, para atender a la familia que estaba comenzando a crecer. Salieron, hicieron las compras y volvieron para casa. Él conduciendo el coche y ella, al lado, con el niño en los brazos.

En una determinada calle de la ciudad, un taxista le cerró el paso, por inadvertencia de esos profesionales que trabajan de cualquier manera. Le cerró el paso y él, en aquella aflicción, en aquella agonía, imaginó que el taxista lo hizo a propósito.

Aceleró su vehículo, fue atrás del taxista, le hizo parar y le abrió la puerta del coche. Era para discutir, era para reñir, pero el taxista imaginó que le iba a agredir, cogió un arma de la guantera del taxi y disparo sobre el padre de la familia. Lo mato y la esposa tuvo que criar el hijo sola, sufrir la dificultad de la viudez y de todos los compromisos resultantes de eso.

El otro hombre, en la prisión. Y la vida siguió su curso. No había ninguna necesidad de esos niños de ser criados sin padre, de esa mujer quedar viuda, de ese taxista ser preso, si no fuese el temperamento y una actitud infeliz de una persona tensa, de temperamento tenso.

Son las causas actuales de las aflicciones. ¿Cuántas son las personas que van a limpiar las ventanas de un edificio, sin ningún instrumento de seguridad? Se cuelgan en las ventanas y caen. No fue Dios que lo hizo, no era la hora. Son suicidios indirectos. Cuantas son las personas que beben alcohol y cogen el coche para conducir. Ellas se pueden matar, pueden matar a otros, pueden provocar tragedias sin nombres en la sociedad. Aflicciones generadas, ahora, por la inadvertencia, por la incuria, por la mala voluntad, por el temperamento rebelde de alguien que entendió que el alcohol en si no tendría el mismo efecto que tiene sobre todas las demás personas.

Entonces comenzamos a percibir que hay muchas aflicciones que generamos ahora. Aquellos padres que no educan bien a sus hijos y, desde temprano, les van enseñando a devolver violencia con violencia, a reñir en las calles, a no llevar malas maneras para casa, a sacar provecho de todo, a pasar por encima de todo el mundo para conquistar sus objetivos en nombre de la astucia, luego más, esos padres estarán sufriendo tanto, porque la policía vendrá a su puerta a decirles que ellos mataron indios, incendiaron indios pensando que eran mendigos, golpearan a empleadas domésticas, asumiendo que eran prostitutas, como si mendigos y prostitutas debiesen coger de la clase media o de quien quiera que sea. La educación que recibieron.

Y tanto es verdad que son esos mismos padres, que ya provocaron ese proceso horrible de falta de educación o de mala educación, que van en busca de profesionales corruptos para defender a sus hijos de los crímenes que ellos mismos enseñaron. Es tan extraño la criatura humana cuando se distancia de las Leyes de Dios, cuando no presta atención en el mundo que es, por si mismo, de pruebas y expiaciones, que nos cabe suavizar, viviendo mejor. ¿Cómo voy aprovechar cualquier situación de mi vida para empeorar mi condición?

Es necesario tener mucho cuidado para que no generemos en estos días de nuestra vida aflicciones que tendremos que sufrir en otros días de nuestra vida.

Raúl Teixeira

(Transcripción del Programa Vida y Valores, número 164, presentado por Raúl Teixeira, bajo la coordinación de la Federación Espírita de Paraná.-Brasil)

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             EL SEXO EN LOS ESPÍRITUS


           El Ser Espiritual  en sí mismo es asexuado; no obstante  en el periespíritu, como para todos los demás órganos del cuerpo físico, se mantienen los moldes de todos los órganos corporales , incluido  el de la última polaridad sexual que han tenido como humanos,  o cuando menos su apariencia, pero en todo caso se puede afirmar que el espíritu en sí mismo es un Ser andrógeno pues la función básica y fundamental que tiene la sexualidad, como los órganos genitales en la especie humana y en las especies animales, es la reproducción del cuerpo material, pero el Espíritu no reproduce el cuerpo; este solo es reproducido por otros cuerpos, por lo que el Espíritu  está exento de la función reproductora del cuerpo.  El Espíritu, no se reproduce, sino que se forja a través  de un largo periodo evolutivo, , por lo cual cuando están desencarnados, no necesitan del sexo  como los seres  humanos.

   No obstante al igual que los humanos, espíritus encarnados, los espíritus  desencarnados tienen  una apariencia sexual que presentan y suele ser la misma que tuvieron durante su última encarnación. Así, su periespíritu o cuerpo espiritual, está definido en una figura  y personalidad de hombre o de mujer, lo cual no significa que posean sexo ni sexualidad, ni que vayan a volver a reencarnar en un sexo o en el otro, porque este asunto es natural y necesario solamente en los planos físicos en los que existe la reproducción material.

     Ya sabemos que el  Periespíritu resulta ser una copia exacta del cuerpo físico que  el Ser espiritual  utiliza mientras está encarnado, pero después de su desencarnación, este cuerpo espiritual  lo conserva completo, con todos sus órganos correspondientes a la última personalidad y a la polaridad sexual que  revistió en la Tierra, aunque por lo general, los desencarnados presentan  un aspecto mucho más joven y saludable. Es de creer por tanto, que este cuerpo fluídico que continúan  teniendo al otro lado de la vida, probablemente contenga con detalle todos los  órganos  fluídicos, correspondientes a los órganos físicos que revistió en su cuerpo humano, incluidos los genitales y los caracteres sexuales secundarios correspondientes a la personalidad  que  tuvo como hombre o como mujer, pero sin que se les de una función material que solo experimentrán en la materia.. 

    Aparte de las formas periespirituales orgánicas entre las que se incluyen las de los órganos sexuales, el Ser espiritual, por un proceso de ideoplastia a partir de su voluntad y capacidad mental y espiritual, no suele permanecer “desnudo” ante los demás seres, sino vestido con atuendos y ropajes semejantes a los que le acompañaron en su última existencia física a fin de ser más  fácilmente reconocido.

    Debido a las múltiples  experiencias humanas  que ya hemos tenido todos los Espíritus  bajo ambas polaridades sexuales, a  nivel psicológico,  todos  mantenemos una parte o polaridad sexual  predominante sobre la otra parte; y esa parte predominante, suele coincidir con  la del sexo físiológico que cada uno tiene en la vida material presente , o con el  que tuvo en  sus últimas vidas pasadas. Por la misma razón,  también portamos todos  otra pequeña parte  psicológica de la polaridad sexual que no nos acompaña en esta existencia, y que normalmente tratamos de dominar u ocultar la identificación correspondiente con el sexo contrario. Esto es una  prueba o vestigio de que  ya  hemos revestido esa otra polaridad sexual plenamente en el pasado  durante otras existencias humanas y como señal de que la volveremos a revestir en el futuro. 

    No debiera nadie avergonzarse de sus inclinaciones sexuales, sean cuales sean, pues ya sabemos de dónde proceden y todo está dentro de la Naturaleza. Ésta lo único que nos pide, si acaso, es que nos esforcemos en cada vida por  saber ser hombres o en saber ser mujeres, asumiendo el rol que nos corresponde en cada existencia.

    Según dijimos al comienzo, todos  en cuanto a espíritus que somos, nos podemos considerar psicológicamente como seres andrógenos ( o bisexuales) porque todos tenemos  psicológicamente una parte masculina y otra femenina; nadie  por lo tanto puede presumir de ser  totalmente  hombre ni mujer  al  100%, porque en esencia no lo somos.

- José Luis Martín -

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