sábado, 16 de noviembre de 2019

Dirigido a un Ateo

   INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.-  ¿Las religiones son útiles al ser humano?
2.-   ¿ Ofendidos ?
3.-  El Periespíritu en dos mundos
4.-  Dirigido a un Ateo
5.-  Un mensaje






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¿Las religiones son útiles al Ser humano ?

No solamente son  útiles, sino necesarias, porque en el nivel evolutivo actual del Ser humano, aún conservamos un  alto grado de peligrosidad para con nuestros propios semejantes y la religión funciona como un freno moral que controla esos impulsos que todavía tenemos y que nos hacen ser peligrosos hasta para con nosotros mismos.
En realidad las religiones  han ejercido siempre como escuelas de pensamiento que han tomado dos formas: la popular, tolerada por sus teólogos como conexión  con una mayoría inculta de sus fieles, y la forma teológica mas pura y estricta  reservada a dichos teólogos.
     Las religiones  debieran ser un lazo que uniese a los hombres entre sí, uniéndolos con Dios por una misma idea  o sentimiento superior. Si los principios religiosos estuviesen fundamentados por la ciencia, fortificados por la razón y apoyados en la libertad de conciencia, serían el móvil de grandes y generosas acciones humanas, pero mal interpretado y corrompido el sentimiento y la idea de lo religioso, esta ha llegado a ser mas bien un instrumento de dominación egoísta y de rechazo.
      Cárlos Marx, el padre del marxismo, que es una filosofía de carácter materialista, totalmente agnóstica y atea, afirmó que “ la religión era el opio del pueblo”. Y en efecto, lo ha sido, pues el pueblo ante las opresiones y tiranías sufridas por parte de ciertos personajes que les dominaban con su poder, encontraban en la religión el alivio, la conformidad y el freno moral necesario para no sublevarse y derrocar por la violencia a quienes abusaban de ellos y les oprimían.   Marx predicaba la sublevación y la revolución por parte del pueblo y la religión era el freno para que este no reaccionara, entonces, para sus propósitos políticos y de poder, la religión le suponía un estorbo que había que eliminar.
Las  religiones han sido siempre el principal motivo de las guerras  y  desastres humanos, por lo que  resulta trágico y ridículo, que a lo largo de la Historia, los pueblos se hayan matado unos a otros en nombre de un mismo Dios, o por diferencias de conceptos teológicos y dogmáticos, habiendo  llegado alguna vez a proclamar “guerras santas” de unos contra otros para aniquilarse, como si es que alguna vez alguna guerra haya tenido nada de santa;  y así cada religión ha pretendido desterrar o dominar a las demás, desplegando el estandarte del orgullo humano al  proclamarse como la única y verdadera: ¡demencial¡. En vez de unir a las personas con sus conceptos y puntos  de creencia en común, las han dividido y separado por sus diferencias generalmente intrascendentes .
Con la mejor voluntad del mundo, mucha gente religiosa es opresora de los demás con sus ideas, y lo que se suele llamar respeto religioso no es sino miedo encubierto a chocar de frente con posturas  diferentes, fanáticas e intransigentes, o bien rechazo ante el temor de que el dogma del adversario haga tambalear  el dogma propio mantenido. Será porque nos han enseñado que nuestra religión es la única verdadera y por eso nos creemos del lado de la verdad, una verdad que nos da miedo que se tambalee.
La idea del pecado que transmiten las religiones, supone la idea de la transgresión de una ley, por lo que cuando a los niños ya se les aplican rígidas normas éticas dictadas por la religión y  el sentido del pecado y de la culpabilidad, se les está impidiendo su natural evolución humana en libertad al no poder descubrir las cosas por si mismos paso a paso,  mientras se va  acotando su libertad moral, al tiempo que se les condicionan sus conciencias.
La verdadera religión debería  tratar de quitar los miedos en vez de inculcarlos, pues antes que nada la religión debe ser liberadora de miedos, enseñando al ser humano a vivir en Paz y en  Libertad, respetando a sus semejantes en sus creencias religiosas y políticas como paso previo al sentimiento de fraternidad y de amor, mostrando así cual es el sendero de la felicidad . También se le llama Tolerancia.
La verdadera religión no es la manifestación exterior del culto o el rito, sino un sentimiento y los sentimientos se guardan en el corazón humano que es por eso el verdadero templo  en donde se puede encontrar a Dios.   Esto es la religiosidad y esta  no necesita de sacerdotes, templos de piedra, fórmulas  mágicas  ni imágenes sagradas. No da importancia a las formas de adoración, y sus único dogma es el que lleva al perfeccionamiento de los individuos y las sociedades: La Caridad.
La auténtica religión es la del corazón, un sentimiento  de Dios llamado religiosidad, y  está por encima de  todos los cultos y sacerdocios, a los que respeta pero no da importancia, porque la Verdad del alma está por encima de todo esto.
No importa ser católico, musulmán o agnóstico, lo importante es saber ser feliz haciendo felices a los demás, siendo respetuoso y caritativo con todos, y buscando un sitio en la  vida; pero desgraciadamente las religiones no practican eso, si acaso algún religioso al margen de lo que le impone su dogma religioso.

- Jose Luis Martín -


     
                                                                       


“La religión que un hombre profese, la raza a que pertenezca, no son cosas importantes; lo único importante es el conocimiento del Plan de Dios para los hombres .Porque Dios tiene un plan, y este es la Evolución”.

                                                         -Krishnamurti-





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                                                ¿ OFENDIDOS ?



     Hay personas  que se  pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo. La sorprendente revelación que te voy a hacer va a cambiar tu vida :

¡Nadie te ha ofendido!
      Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas las que te hieren. Y  las expectativas las creas tú con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias. Si tú esperabas que tus padres te dieran más amor y no te lo dieron no tienes porqué sentirte ofendido. Son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo las que fueron violadas. Y tus ideas son las que te lastiman. Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo. Tu pareja no te ha hecho nada.

      La diferencia entre las atenciones que esperabas tuviera contigo y las que realmente tuvo es lo  que te hiere. Nuevamente eso está en tu imaginación. ¿Enojado con Dios? Son tus creencias de lo que debería hacer Dios las que te lastiman. Dios jamás ofende ni daña a nadie. Un hábito requiere de todas sus partes para funcionar. Si pierde una el hábito se desarma. El hábito de sentirte ofendido por lo que te hacen otros (en realidad nadie te hace nada) desaparecerá cuando conozcas mejor la fuente de las 'ofensas'. Cuando nacemos, somos auténticos. Pero nuestra verdadera naturaleza es suprimida y sustituida artificialmente por los conceptos que nuestros padres,  la educación, la sociedad y la televisión nos enseñan,  y crean una novela falsa de cómo deberían ser las cosas en todos los aspectos de tu vida y cómo deben de actuar los demás. Una novela que no tiene nada que ver con la realidad. También las personas son criaturas de inventario. A lo largo de su vida coleccionan experiencias: padres, amigos, parejas, etc. y las almacenan en su inventario interior.

Las experiencias negativas dejan una huella más profunda en nosotros que las positivas y cuando una persona es maltratada por alguien, deja esa experiencia en su 'inventario' . Cuando conoce a alguien tiene miedo y trata de ver si la nueva persona repetirá las mismas actitudes que la que previamente le hirió. Saca una experiencia de su inventario negativo. Se pone los lentes de esa experiencia y ve a las nuevas personas y experiencias de su vida con esos lentes. ¿Resultado? Se duplican los mismos problemas y las mismas experiencias negativas y el inventario negativo sigue creciendo. En realidad lo que hace es que te estorba. No te deja ser feliz y a medida que se avanza en años se es menos feliz. Es debido a que el inventario negativo aumenta año con año. ¿Has visto a las personas de edad avanzada y a los matrimonios con muchos años?. Su inventario es tan grande que parece que la negatividad es su vida. Una y otra vez sacan experiencias de su inventario negativo ante cualquier circunstancia. Una de las mayores fuentes de ofensas es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida. Cuando le dices lo que debe hacer y te dice 'no' creas resentimientos por partida doble.

Primero te sientes ofendido porque no hizo lo que querías. 

Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste como es y se convierte en un círculo vicioso. Todas las personas tienen el derecho divino de guiar su vida como les plazca. Aprenderán de sus errores por sí mismos. Déjalos ser! nadie te pertenece.. Cuando los colonos americanos querían comprarles sus tierras a los Pieles Rojas estos les contestaron '¿Comprar nuestras tierras? ¡Si no nos pertenecen! Ni el fulgor de las agua ni el aire, ni nuestros hermanos los búfalos a los cuales solo cazamos para sobrevivir. Esto es una idea completamente desconocida para nosotros'. Ni la naturaleza ni tus padres ni tus hijos tus amigos o parejas te pertenecen. Es como el fulgor de las aguas o el aire. No los puedes comprar. No los puedes separar. No son tuyos. Sólo los puedes disfrutar como parte de la naturaleza. El cauce de un río no lo puedes atrapar sólo puedes meter las manos sentir el correr de las aguas entre ellas y dejarlo seguir.

Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar. Ámalas, disfrútalas y déjalas ir. Entonces ¿Cómo puedo perdonar?

1. Entiende que nadie te ha ofendido. Son tus ideas acerca de cómo deberían actuar las personas y Dios las que te hieren. Estas ideas son producto de una máscara social que has aprendido desde tu infancia de forma inconsciente. Reconoce que la mayoría de las personas NUNCA va a cuadrar con tus ideas porque ellos tienen las suyas.

2. Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Dales consejos si te los piden, pero permite que tomen sus decisiones. Es su derecho divino por nacimiento: la libertad y el libre albedrío.

3. Nadie te pertenece. Ni tus padres ni amigos ni parejas. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. Vive y deja vivir.

4. Deja de pensar demasiado. Ábrete a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilices tu inventario. Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes oscuros y te los quitas el resultado es la limpieza de visión.

5. La perfección no existe.. Ni el padre, amigo, pareja perfectos. Es un concepto creado por la mente humana que a un nivel intelectual puedes comprender pero en la realidad  la perfección NO EXISTE. Porque es un concepto imaginario. Un bosque perfecto serían puros árboles, no bichos... ¿existe? No. Para un pez el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores ¿existe? No. Sólo a un nivel intelectual. En la realidad JAMÁS VA A EXISTIR. Naturalmente al pez sólo le queda disfrutar de la realidad. Cualquier frustración de que el mar no es como quiere que sea no tiene sentido. Deja de resistirte a que las personas no son como quieres o no piensan como tú. Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.

6. Intoxícate con la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo. Me complace decírtelo por experiencia.

7. Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado. Imagínate que ambos están cómodamente sentados. Pregúntale por qué te ofendió. Escucha su explicación amorosa de por que lo hizo, y perdónala. Si un ser querido ya no está en este mundo utiliza esta dinámica para decirle lo que quieres. Escucha su respuesta. Y dile adiós. Te dará una enorme paz.

8. A la luz del corto período de la vida que tenemos sólo nos queda  tiempo para vivir, disfrutar y ser felices. Nuestra compañera la muerte en cualquier momento de forma imprevista nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo e inútil gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo.

9. Toma la responsabilidad que te toca en las situaciones. Mientras no reconozcas que eres responsable de la vida que tienes, de la relación con las personas que están a tu alrededor del trabajo que tienes, seguirás cometiendo los mismos errores. Las casualidades no existen y si estás atrapado en las mismas situaciones y los mismos problemas año tras año entonces es momento de cambiar tu forma de pensar. Es momento de hacer las cosas de otra manera, de otra forma, con otras intenciones. Si solo te dedicas a echar culpas y a dividir tus remordimientos y dolor entre los que te rodean llegará el momento en que te quedarás solo. A las personas no nos gusta estar junto a otros que sólo se quejan, que están deprimidas, que solamente tienen tragedias para contar. Sé positivo. Aunque parezca que no , siempre hay una solución para todo. Sé positivo, sé creativo y busca respuestas. Siempre aparecerán.

10. Sin importar cual sea tu problema  las personas a tu alrededor no tienen la culpa. Tu pareja, tus compañeros de trabajo, tus amigos, nadie es responsable ni corresponsable de tus decisiones, así que no los incluyas en tu dolor ni los culpes de tus buenas o malas acciones. Lo que has hecho lo hiciste porque quisiste, porque te dio la gana, así de simple. Lo mejor que puedes hacer es aceptar la responsabilidad de ti mismo y acercarte a ellos. Es mejor estar acompañado que solo.

11.Es natural pasar por un periodo de duelo al perdonar; deja que tu herida sane. Descárgate (no confundir con desquítate) con alguien para dejar fluir el dolor.

        Vuelve a leer este artículo las veces necesarias y deja que los conceptos empiecen a sembrar semillas de conciencia en tu interior. 
        Aprende con honestidad de los errores que cometiste, prométete que no lo volverás a hacer y regresa a vivir la vida. Y como dirían los Beatles, Let it be! Deja al mundo ser. Y déjate ser a ti también.

- Carlos José Nuñez-


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  EL PERIESPÍRITU EN DOS MUNDOS

    El espíritu está siempre revestido de una envoltura o periespíritu, cuya naturaleza se eteriza en la medida en que se eleva en la jerarquía espiritual.

    Como instrumento, el cuerpo físico posee sus órganos y sistemas que permiten la vida, la locomoción, el habla, la visión, la respiración, la asimilación de energías, etc. En la esfera extrafísica de materia sutilizada, el cuerpo de relación, lógicamente como instrumento de acción, también posee sus órganos y sistemas. El cuerpo físico es moldeado por el cuerpo espiritual, que es el lazo intermediario entre el alma y la materia propiamente dicha.

   El periespíritu es un cuerpo altamente complejo, como cuerpo de relación del alma en los diferentes niveles a que puede llegar en su escala evolutiva. El principio inteligente es siempre el agente de acción y los cuerpos físico y espiritual, son meros instrumentos de su actividad. Responde Emmanuel en El Consolador, pregunta 30: ¿Hay órganos en el cuerpo espiritual? «El cuerpo físico, exceptuadas ciertas alteraciones impuestas por las pruebas o tareas a realizar, es una exteriorización aproximada del cuerpo espiritual».

    En el libro Evolución en dos mundos, capítulo 2, André Luiz enseña que los centros vitales son fulcros energéticos bajo la dirección automática del alma, imprimiendo a las células la especialización adecuada. En la esfera de la espiritualidad, el cuerpo espiritual no es igual al cuerpo físico, presenta algunas transformaciones fundamentales, después de la muerte del cuerpo físico, principalmente en el centro gástrico, por la diferencia de los alimentos de los que se provee, y en el centro genésico, cuando hay sublimación del amor, en la comunión de las almas. (André Luiz, Entre la Tierra y el Cielo, cap. XX). «Cuanto más nos avecinamos a la esfera animal, mayor es la condensación oscurecida de nuestra organización, y cuanto más nos elevamos, al precio del esfuerzo propio, rumbo a las gloriosas construcciones del espíritu, mayor es la sutileza de nuestra envoltura, que pasa a combinarse fácilmente con la belleza, con la armonía, y con la Luz reinante en la Creación Divina».

    ¿Dónde se localizan los centros de fuerza en los encarnados? ¿En el cuerpo físico, en el cuerpo espiritual, en el cuerpo etérico? La respuesta más común es que están localizados en el cuerpo etéreo. Dice Edgar Armond, en Pases y Radiaciones, cap. II, que los centros de fuerzas son acumuladores y distribuidores de fuerza espiritual situados en el cuerpo etéreo. Desde la creación del principio inteligente, Dios le dotó con un cuerpo de relación simple donde estuviese grabada la Ley del Señor. Este cuerpo primitivo forma con el alma un ser único, simple e ignorante, que podemos designar “Mónada Celeste”, como afirman André Luiz y Emmanuel. Esta mónada, en su trayectoria en la escala de la evolución, se va adaptando a los diferentes mundos donde vive.

    En el libro Liberación, el mismo autor André Luiz, nos habla de una “segunda muerte”. Nos dice en el cap. 6, en dialogo con su orientador… «¿sabes que el vaso periespirítico es transformable y perecedero aunque estructurado en el tipo de materia más rarefacta? Compañeros que se desligan de ella, rumbo a esferas sublimes, se sometieron a operaciones reductivas y desintegradoras»

     La misma idea de un cuerpo mental, antes del cuerpo espiritual, nos dice Áureo en su libro Universo y Vida, cap. V, «cuando la rebeldía se cristaliza en el monoideismo, donde las ideas fijas funcionan como sumideros de energías, en excesivo gasto de fuerzas vitales, llegando el espíritu fácilmente a la pérdida del psicosoma (cuerpo espiritual), ovoidizándose, caso en que se reviste solo de la túnica energética mental, a la manera de semilla en régimen de  hibernación». Sobre estos ovoides nos habla André Luiz en Liberación, cap. 7: «Los impiedosos adversarios prosiguen en la obra reprobable después de perder la organización periespirítica, se adhiere a la víctima con los principios de la materia mental de que se revisten».

   Hasta el momento se puede decir que se conocen tres partes que forman el cuerpo espiritual:
 • Cuerpo etérico
 • Cuerpo espiritual
• Cuerpo mental

¿Cuál es la constitución del periespíritu y dónde se localizan los centros de fuerza? El periespíritu se compone de diversos cuerpos que se van superponiendo en capas hasta obtener su forma más alba y sutil. Después de estos nuevos niveles, tenemos la espiritualidad mayor, donde el periespíritu se presenta en grados tan sutiles que pierde su peso específico. Los centros de fuerza se localizan en todo este conjunto. Estas informaciones permiten percibir mejor las pérdidas o transformaciones del cuerpo espiritual en la medida en que el ser se depura, avanzando en la escala evolutiva.

   En la Génesis, cap. 14, ítem 17, Allan Kardec dice «el fluido periespiritual es pues el trazo de unión entre el periespíritu y la materia». Dice Kardec en El Libro de los Médiums, cap. I, ítem 55, que «cualquiera que sea el grado en que se encuentre, el espíritu está siempre revestido de una envoltura o periespíritu, cuya naturaleza se eteriza en la medida en que se eleva en la jerarquía espiritual».

    El alma se encuentra unida a un cuerpo espiritual que le caracteriza la individualidad y su forma de actuar en busca de su perfeccionamiento. Fue André Luiz quien afirmó En el mundo Mayor, cap. 4, que el Espírita más sabio no se animaría a localizar con afirmaciones dogmáticas, el punto donde termina la materia y comienza el espíritu. En el caso de los ovoides se observa que hubo la pérdida del cuerpo espiritual, pero el alma mantiene su individualidad, memoria y todas las condiciones para recomponer su psicosoma en una nueva encarnación, aunque revestida, como dice André Luiz, solamente con su túnica energética mental o cuerpo mental donde realmente están todos los archivos de la consciencia del alma.

- Carmen Cardona-

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Dirigido a un ATEO…


Explícame de donde surgió todo, explícame cómo explicar la armonía del Universo, explícame las comunicaciones con el mundo invisible y los Espíritus, explícame de donde surgió todo, explícame lo inexplicable que puedes mencionar, y que al final retoñarás a que solo una inteligencia como DIOS, es el que es el responsable. 
El pensamiento ateísta, lo critica todo, pero no explica nada. Prefiero creer en Dios.
El Libro de Génesis cuando nos habla de  la naturaleza divina  nos indica lo siguiente:

18. Resumiendo: Dios, para ser tal, no puede ser superado en nada por otro ser, ya que si existiera alguien más perfecto que Él, aunque en pequeñísima medida, ese otro sería Dios. Por tanto, es necesario que sea infinito en todo. Es así que la existencia de Dios se constata por sus obras, y es mediante una simple deducción lógica que se llega a determinar los atributos que lo caracterizan. 19. Dios es, por tanto: la suprema y soberana inteligencia. Es único, eterno, inmutable, inmaterial, todopoderoso, soberanamente justo y bueno e infinito en todas sus perfecciones, y no puede ser de otra manera. Esa base sobre la cual reposa el edificio universal es el faro que ilumina al Universo entero, y su luz es la única que puede guiar al hombre en la búsqueda de la verdad. Siguiéndola, no se perderá nunca, y si a menudo se ha extraviado, es porque se desvió de la ruta que le estaba indicada. Ese es también el criterio infalible de todas las doctrinas religiosas y filosóficas. El hombre posee para juzgarlas una medida rigurosamente exacta en los atributos de Dios, ya que puede proclamar con entera seguridad que toda teoría, todo principio, todo dogma, toda creencia, toda práctica que esté en contradicción con uno solo de esos atributos o que intente anularlos o simplemente debilitarlos, no puede estar en la verdad. En filosofía, en psicología, en moral, en religión, sólo es verdad lo que no se aparta en nada de las cualidades esenciales de Dios. La religión perfecta sería aquella en la que ningún artículo de fe contradijese esas cualidades y en la que todos sus dogmas pudiesen ser sometidos a la prueba de ese control sin sufrir menoscabo alguno.

Libro de Génesis Acerca de la naturaleza divina
• 8. No nos está permitido adentrarnos en la naturaleza íntima de Dios. Para comprender a Dios nos falta el sentido que sólo se adquiere con la completa depuración del espíritu. Mas si al hombre no le es permitido penetrar su esencia, puede, mediante el razonamiento, conocer sus atributos, es decir, las cualidades que Dios debe tener para ser Dios. Sin el conocimiento de los atributos de Dios sería imposible comprender la obra de la Creación, punto de partida de todos los credos religiosos. Aquellas religiones que no entendieron la Creación, verdadero faro conductor, han equivocado sus dogmas: las que no creyeron en un Dios todopoderoso, imaginaron muchos dioses. Esas otras que no atribuyeron a Dios la bondad suprema crearon un dios celoso, colérico, parcial y vindicativo. 9. Dios es la inteligencia suprema y soberana. La inteligencia del hombre es limitada, ya que no puede crear ni comprender todo lo que existe. La de Dios, que abraza el infinito, debe ser infinita. Si fuese limitada en algún aspecto, podríamos concebir la existencia de un ser aún más inteligente, capaz de comprender y hacer lo que el otro no pudo, y así sucesivamente hasta el infinito.

Dios es real, y lo ves en todo lo que tú no has creado y que solo lo explica la existencia de DIOS.

-Frank Montañez-

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                                                        UN MENSAJE

  Este mensaje tuvo lugar cuando yo tenía quince o dieciseis años

    En una de nuestras  reuniones de trabajo, Isabel  entró en trance espontáneo; aquel día no teníamos prevista ninguna comunicación; en realidad siempre teníamos presente que los mensajes o comunicaciones pudieran, o no, tener lugar. Sabíamos que los espíritus se manifiestan cuando ellos lo desean o lo creen útil y necesario, y nunca a nuestro capricho o lo que a nosotros nos parece importante.

    Aquel día, como digo, nuestros hermanos espirituales creyeron útil aquella comunicación.

    Me sentía cansada. Aquella semana había sido especialmente dura. Eran días de exámenes en el Conservatorio; las horas de prácticas se habían redoblado y las tareas de la casa contribuyeron a aquel cansancio.

    Después del saludo habitual del hermano protector del centro, se manifestó otra hermana que se identificó como “una hermana que os sigue”. Luego, dirigiéndose directamente a mí, me dijo: 

Querida hermanita: este mensaje es para ti. No has vivido la vida de una joven conforme a los años que llevas en la materia y que sería la adecuada para tu edad. Sin embargo, la has acatado con toda normalidad, y esa actitud nos ha proporcionado una intensa alegría. El mensaje que quiero darte es que nunca ocurren las cosas porque sí; siempre tienen un propósito, y tampoco son eternas. 
Hermanita, quiero que sepas que te espera un hermoso futuro. Sé siempre honesta contigo misma y con los demás. Habrá, durante toda tu existencia, momentos buenos y otros en ocasiones complicados, pero si persistes en tu fe y nunca pierdes la esperanza, nosotros estaremos a tu lado. Cumple siempre tus deberes con el empeño que pueda dar ánimo a tu alma, y estarás preparada para el futuro que te aguarda.

Mucho amor fraternal para ti. Para todos.
 Adiós.             

¡Te espera un hermoso futuro!  

Han ido pasando los años y, en efecto, a lo largo de ellos han sucedido hechos en los cuales mi vida se ha visto envuelta en sucesos muy complicados; otros no tanto, y muchos realmente gratos. En aquellos que dejaron una profunda y dolorosa huella en mi alma, recordé las palabras de aquella hermana, su mensaje y su advertencia: -Si no pierdes la fe…       

Ciertamente, en esos acontecimientos negativos es muy fácil olvidarse de la fe y se diluye la esperanza.     

Por lo general, se considera el futuro como algo que ha de llegar en algún momento de nuestra existencia. Cuando van pasando los años y todo continúa igual, es cuando nuestra fe se pierde y se desvanece la esperanza.     

Afortunadamente para mí, al recordar a la querida hermana tuve la fortaleza suficiente para afrontar esos momentos tan duros. En ese recuerdo estaban también los conocimientos que había adquirido. Y en esos conocimientos estaba el concepto ‘futuro’. No el futuro material, sino el futuro del espíritu. Durante todos los años que permanecemos en este mundo trabajamos, o debemos trabajar, para ese futuro que no es otro que nuestro regreso al plano espiritual.       

 No sé si habré cumplido, aunque haya sido en parte, con mi trabajo. Lo sabré en el futuro. 
             
Mª Luisa Escrich- Amor, Paz y Caridad
                                                                                                                             













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Cine Allan kardec - Español

    Este documental,  no solamente presenta la personalidad de Allan Kardec,  sino en esencia, lo que es el Espiritismo. Tras verlo, se pueden suscitar muchas preguntas, pero estas se irán contestando en la medida que profundicemos en la lectura y estudio de toda la obra de la Codificación espírita. 
Como ya sabéis estoy abierto  para ayudar y orientar a encontrar algunas respuestas a quien me lo pida. 
- Jose Luis-

viernes, 15 de noviembre de 2019

Inteligencia y desarrollo moral

                                                      
                                                        INQUIETUDES ESPÍRITAS

1- Influencia del sueño
2.-La fuerza del Ateísmo
3.-El proceso reencarnatorio
4.- Inteligencia y desarrollo moral










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  INFLUENCIA DEL SUEÑO


La ciencia humana aún no sabe cuál es el poder que entorpece la mente durante el sueño, ni mucho menos, las leyes que lo regulan. Sabe, sin embargo, que existe una actividad mental, y que a través del sueño el cuerpo rehace sus energías.

El sueño es el recuerdo más o menos nítido de las experiencias que el Espíritu trae, al despertar, de su excursión por el Plano Espiritual. Constituye, por eso, una de las evidencias de la realidad del alma. Cuando el cuerpo reposa, el Espíritu libera un poco más sus facultades, al contrario de lo que sucede cuando se encuentra despierto, recordándose, muchas veces, del pasado y hasta penetrando el futuro.
El sueño influye más de lo que creemos en nuestra vida.

El sueño libera enteramente al alma del cuerpo. Cuando dormimos, quedamos en el estado en que, de manera definitiva, nos encontraremos después de la muerte. Los Espíritus que pronto se desprendieran de la materia por ocasión de la muerte, tienen sueño inteligente. Cuando estos duermen, reencuentran la sociedad de otros seres que les son superiores: viajan, conversan y con ellos se instruyen.
Trabajan hasta en obras que, al morir, hallan acabadas. Esto, debe enseñarnos una vez más que no debemos temer a la muerte, puesto que morimos todos los días conforme el decir de un santo.

Esto en cuanto a los Espíritus elevados. Mas para la muchos hombres, que con la muerte se quedan largas horas en esta perturbación, en esta incertidumbre de que os hablaron, estos van a mundos inferiores a la Tierra, donde los llaman antiguos afecciones, y buscan placeres aún más bajos que los que tienen aquí. Van a aprender doctrinas aún más viles, más innobles y más nocivas que las que profesan en vuestro medio. Y lo que establece la simpatía en la Tierra no es sino el hecho de sentirnos, al despertar, aproximados por el corazón a aquellos con quien acabamos de pasar ocho o nueve horas de felicidad o de placer. 

Lo que también explica las antipatías invencibles es que, en el fondo del corazón, sabemos que esas criaturas tienen una conciencia diferente de la nuestra, pues las conocemos sin jamás haberlas visto con los ojos. Es también lo que explica la indiferencia, puesto que no buscamos hacer amigos, cuando sabemos que tenemos otros que nos aman y nos quieren. En una palabra, el sueño influye más de lo que pensáis sobre vuestra vida.

Por efecto del sueño los Espíritus encarnados están siempre en contacto con el mundo de los Espíritus, lo que permite que los Espíritus superiores, sin mucha repulsión, consientan en venir a encarnarse en vuestro medio. Dios quiso que, durante su contacto con el vicio, ellos pudiesen venir a rea-temperarse en la fuente del bien, a fin de no fallar, ellos que vienen para instruir a los otros.

El sueño es la puerta que Dios abre para los amigos del cielo; es el recreo tras del trabajo, la espera de la gran liberación, la liberación final que los debe reintegrar a su verdadero medio.

Las ensoñaciones son el recuerdo de aquello que vuestro Espíritu vio durante el sueño; notad, no obstante, que no soñáis siempre, porque no siempre os recordáis de aquello que visteis o de todo cuanto visteis. No es vuestra alma en todo su desdoblamiento; muchas veces no es más que el recuerdo de la perturbación que acompaña a vuestra partida o a vuestra llegada, a lo que se junta el recuerdo de aquello que hicisteis o lo que os preocupa en el estado de vigilia. Sin esto, ¿cómo explicar esos sueños absurdos, tanto en los más sabios, como en los más simples? Los malos Espíritus también se sirven de los sueños para atormentar las almas débiles y pusilánimes.

Por otro lado, dentro en poco veréis desarrollarse una nueva especie de sueños. Ella es tan antigua como los que conocéis, mas vosotros la ignoráis. Es el sueño de Juana de Arco, o de Jacob, o de los profetas judíos y o de algunos adivinos indianos: este sueño es el recuerdo del alma enteramente desprendida del cuerpo, el recuerdo de esa segunda vida de que os hablaba hace poco.

Procurad distinguir bien esas dos especies de sueños, en aquellos de que os recordáis, pues sin esto caeréis en contradicciones y en errores, funestos para vuestra fe.

 Revista Espirita de 1858,


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                  LA FUERZA DEL ATEÍSMO

  La palabra Ateo, procede del griego ATEOS ( A= Sin, y Teos= Dios). O sea, viene a significar que un ateo es un "sin Dios", simplemente porque no lo conocen y huyen de conocerlo, aunque Dios es el Principio Universal de todo cuanto existe y Él sí nos conoce a todos y cree en el destino feliz de sus hijos.
 Como consecuencia de tanto dogma religioso irracional y anticientífico, por tanto abuso eclesiástico, por tanto privilegio usurpado por la clase sacerdotal, por tanto mal ejemplo de quienes debieran de haberlo dado bueno, por tanta amenaza más o menos velada de pecados e infiernos demoníacos  sin posibilidad de redención o perdón por parte de un dios que definen como Amor y que mediante Sus Enviados, nos ha enseñado y ejemplificado el perdón, pero que luego nos puede castigar para toda la eternidad, ( otra de tantas contradicciones); tantos preceptos que nos amenazan como una Espada de Damócles con penas eternas, si no se obedecen fielmente sus dogmas, tanta manipulación de conciencias y tanta práctica  idólatra heredada de ritos ancestrales y paganos de  otros pueblos que  practicaban algo parecido en sus ceremonias religiosas, que hoy día quedaron  fuera de la comprensión y de cualquier razonamiento lógico.  Por todas estas causas  se ha ido pervirtiendo el  verdadero sentido de la religión, emborronando la idea de Dios, y esto, a la larga o a la corta, ha hecho caer a tantos seres humanos desengañados, en la negación y en la descreencia, sobre todo cuando ante las pruebas de la vida, a veces tan duras,  el hombre se ha quedado huérfano de una explicación coherente de los posibles por qué de esas pruebas, y ven que la religión  no les aporta consuelo alguno, llevándole finalmente a creer que todo lo que tiene que ver con la religión es un engaño para someter y manipular conciencias, llegando así a experimentar el vértigo del tremendo vacío ante la  nada  y ante la inexistencia  de ningún “mas allá” ni de ningún Ser Supremo, cuya imagen se le rompió en pedazos y cuyos atributos no comprende ni ve de ningún modo.
    Cuando los conceptos religiosos son insuficientes para llegar a lo más íntimo de la razón y del corazón de la persona, aunque en principio esta buscó la fe,  surge  la duda, la descreencia y el ateísmo que lleno de escepticismo, niega sistemáticamente cualquier concepto de Verdad trascendente, cayendo en un materialismo ateo  que se le presenta como la única realidad existencial, siendo esto de todos modos, una opción más y  muy respetable  de la expresión  íntima de las personas.
           Para volver a retomar su  transcendental papel, las religiones, o mejor dicho, quienes las dirigen,  debieran despojarse de tantos disfraces y mitos, cultos oscuros, misticismos y ceremonias misteriosas, impregnadas de un simbolismo esotérico o de  un carácter mágico, con los que se han  disfrazado durante tantos siglos. Asimismo debieran sus pastores o sacerdotes, respetar la moral que debieran predicar, dando un ejemplo recto y coherente, mostrando  siempre la base fundamental  del sentido espiritual de la vida, que es la caridad en todas sus manifestaciones.
         Otro factor importante que ha enfriado tanto a las gentes, en cuanto a las inquietudes religiosas de antaño, es que todas las religiones, desde sus inicios, han luchado por el poder, la dominación y la riqueza. Y esto lo  aprendieron a realizar, aliándose con los poderes políticos y militares, de modo que se creó una simbiosis entre ellos, por la que todos resultaban protegidos y fortalecidos mutuamente. Pero no pensaron sin embargo, que algún día, el pueblo, cansado de tantos abusos, opresiones y de sentirse tantas veces bajo la tiranía de este triunvirato que se apoyaba entre sí, finalmente, pensarían por si mismos, con el soporte de la Ciencia empírica y de la filosofía, dando como resultado el despertar de tantas conciencias oprimidas y hartas de estar bajo los continuos dictámenes de estas dictaduras que se han desarrollado permanentemente, como un cáncer social, a lo largo de la historia, encontrando la anhelada  libertad  íntima a la que siempre aspiró el ser humano.
       El ateo como tal, en realidad no existe completamente, pues si no se le puede demostrar ni expresar racionalmente la idea de Dios para convencerlo de su existencia, tampoco  él  puede demostrar su no existencia; lo que  no se conoce no se puede negar  y el ateo no conoce a Dios porque realmente nunca lo ha experimentado en su vida.  En muchos casos no creen porque de antemano se niegan a creer. Normalmente lo que en realidad niegan y no admiten son los conceptos  de Dios y del Mas Allá sostenidos por  las religiones establecidas porque suelen atentar  contra la razón y la lógica. Por mi parte, voy a aclarar que yo tampoco creo en esos dioses tan pequeños, mezquinos e inexistentes de las religiones, y sin embargo no soy ateo, porque ¡ yo Sí creo en Dios !, ¡ mi Dios ! ¡ El Origen de mi Yo !.
         El ser ateo es una opción tan respetable como lo es la de ser adepto de  cualquier otra religión. Lo malo es cuando el ateísmo  rompe cualquier barrera ética y moral, conduciendo al más feroz de los egoísmos y materialismos y  haciendo de la persona un monstruo que para progresar en la vida social o en lo económico, carece de cualquier escrúpulo moral que le impida aprovecharse de los demás o cometer cualquier daño o abuso.  Sin embargo, por el contrario,  también existen  casos de personas ateas que a pesar de su descreencia religiosa, mantienen unos principios éticos y morales, conquistados en vidas anteriores (aunque ellos no lo sepan), que siguen manteniendo como norma de vida en este mundo a pesar de todo. En otras ocasiones nos podemos encontrar con ateos que precisamente  por estar libres de preconceptos  religiosos, les suele ser  más fácil que a las personas religiosas, el encontrar su  Verdad y su  iluminación personal al carecer de esas barreras.
   Las religiones cristianas, a diferencia de la filosofía  espírita, afirman el falso concepto de una sola vida única y desigual  en la Tierra  para cada Ser humano, así como  un juicio final  severo y definitivo para todas  las almas cuya suerte queda irremisiblemente fijada, predicando  la inmortalidad del  alma, pero sin demostrarla.
  Cada vez más, el Ser humano rechaza las ideas que chocan contra la racionalidad; por  tanto  ante este panorama de credos que más bien parecen salidos de cuentos infantiles, que han sido creados e impuestos  por   las  propias religiones,  mucha  gente ha terminado por  rechazar  cualquier  conceptos dogmático, considerándolo  falso o fantástico, así que la única fe   capaz   de  ser  aceptada  y  creída  por estas personas, que son enorme multitud  en  todo  el   mundo, es solo lo material y  lo tangible.
              Esos conceptos  religiosos, al carecer de una base moral lógica y coherente, han abonado el  desamor y el egoísmo entre los Seres humanos, con lo cual esto siempre ha traído a la Humanidad  consecuencias nefastas, como guerras y otras barbaridades, a veces en nombre de los dioses de las religiones establecidas. Estos dramas que han sumido en el dolor a tantos seres humanos a lo largo de la Historia, no hubieran existido si la Humanidad hubiese sido capaz de aceptar y comprender  profundamente que, dejando aparte cualquier postulado religioso, realmente hay vida  y existencia después de la muerte del cuerpo físico; porque somos eternos; comprendiendo  quienes somos y qué y por qué estamos en este mundo, y sobre todo sabiendo que aquello que hagamos a los demás de bueno o de malo nos será devuelto irremediablemente.
           El problema es  que  estos seres humanos, al rechazar tantos conceptos religiosos por falsos o irracionales, también  han rechazado al mismo tiempo otros muchos conceptos de Verdad que se  entremezclan, así que finalmente, el ateo no ha sabido separar el trigo de la paja y  ha llegado a la conclusión de que todas las religiones son falsas, como falsos sus principios, incluyendo el concepto de Dios y del Alma, y entonces han buscado sus verdades fuera de cualquier  clase de religión, siendo estas “verdades”, conceptos tan tristes como el de la casualidad de la existencia humana, el azar de la suerte, la no existencia de algo superior al ser humano, la negación de cualquier clase de existencia tras la muerte, etc. Y como consecuencia de esto, el que como solo tenemos una vida para gozarla y después no hay nada, está justificado el desechar cualquier concepto de humanismo ni de caridad, pues el único premio a alcanzar es el dinero, el poder y los gozos materiales, a costa de lo que sea; y para esto su lema es el de que el fin, justifica los medios...
         Se podría afirmar como colofón  en este tema, que el ateo  lo es porque no conoce a Dios, no comprende su concepto, no le han enseñado a razonarlo, ni  a sentirlo como algo real en la vida; de donde se originó todo el Universo y que lo mantiene, desde el macrocosmos hasta el microcosmos, incluidos nosotros mismos los humanos y nuestro entorno material, por eso la ignorancia junto con el apego a la materia y el razonamiento materialista,  llevan a la incredulidad, una incredulidad que la propia fuerza del espíritu les hará antes o después, reconocer como errónea y poder así rectificar comportamientos erróneos mantenidos como consecuencia lógica del ateísmo.
- Jose Luis Martín-

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            EL PROCESO REENCARNATORIO

Los procesos de reencarnación, tanto como de la muerte física, difieren hasta el infinito, no existiendo dos absolutamente iguales. Las facilidades y los obstáculos, están subordinados a numerosos factores, muchas veces relacionados con el estado de conciencia  de los propios interesados en el regreso a la tierra o en la liberación de los vehículos carnales. Hay compañeros de gran elevación, que al volver a la esfera terrestre no necesitan ayuda  del plano espiritual. Otros al revés, por proceder  de zonas inferiores, necesitan de mucha cooperación.

La reencarnación es el curso repetido de lecciones necesarias. La esfera terrestre, es una escuela divina. El amor, por medio de las actividades intercesoras, reconduce diariamente   al banco escolar de la carne, a millones de aprendices. La vuelta de ciertas entidades de las zonas más bajas. Ocasiona laborioso esfuerzos de los trabajadores del plano espiritual.

El organismo de los engendrados, en la expresión más densa,  proviene del cuerpo de los padres,  que le sustenta la vida y crea sus características con su propia sangre. La criatura terrena, hereda tendencias y no cualidades. Las primeras cercan al hombre  que renace, desde los primeros días  de la lucha, no solo en su cuerpo transitorio, sino también en el ambiente general  en el que fue llamado a vivir, perfeccionándose; las segundas, resultan de la labor individual del alma encarnada, en la defensa, educación y perfeccionamiento de si misma en los círculos  benditos  de la experiencia.

Nadie puede quejarse de las fuerzas destructoras o circunstancias asfixiantes, refiriéndose al círculo en que nació. Siempre hay dentro del alma reencarnada, la luz de la libertad intima indicando su ascensión. Practicando la elevación espiritual, mejoramos siempre. Esa es la ley.

El cuerpo humano tiene sus actividades propiamente vegetativas, el cuerpo peri espiritual  que da la forma a los elementos  celulares,  está fuertemente radicado en la sangre. 
En la organización fetal el patrimonio sanguíneo, es una dádiva del organismo materno. Después del nacimiento, se inicia el periodo de asimilación diferente de las energías orgánicas, en donde el “yo” reencarnado ensaya la consolidación de sus  nuevas experiencias  y solamente a  los siete años de vida física, comienza a presidir, por si mismo, el proceso básico  de equilibrio  del cuerpo peri espiritual, en el nuevo servicio iniciado. La sangre, por tanto es, como si fuese el fluido divino que nos  fija las actividades  en el campo material y en su flujo y reflujo incesantes en la organización fisiológica, nos suministra el símbolo del eterno movimiento de las fuerzas sublimes de la Creación Infinita. Cuando su circulación deja de ser libre, surge el desequilibrio o enfermedad y si surgen obstáculos que impiden su movimiento  o circulación, sobreviene entonces la excitación del tonus vital, en el campo físico, al cual sigue la muerte con la retirada inmediata del alma.

Es muy grande la responsabilidad del hombre ante el cuerpo material, si no atiende a las tareas que le competen  en la preservación del cuerpo físico no podrá alcanzar el progreso espiritual. El Espíritu renace en la carne para  la producción  de valores divinos en su naturaleza, pero ¿Cómo atender a semejante imperativo, si se destruye la maquina  orgánica, base fundamental del servicio a realizar? El cuerpo terrestre es también un patrimonio heredado hace milenios y que la Humanidad viene perfeccionando a través de siglos. El plasma, sublime construcción efectuada en el influjo divino, con agua del mar en las épocas primitivas, es el fundamento primordial de las organizaciones fisiológicas. El hombre en la tierra ha de aprovechar la herencia, más o menos evolucionada en el cuerpo humano.

Mientras nos movemos en la esfera de la carne, somos criaturas  marinas respirando en tierra firme. En el proceso vulgar de la alimentación no podemos prescindir  de la sal; nuestro mecanismo fisiológico, en rigor, se constituye del sesenta por ciento de agua salada, cuya composición es casi idéntica a la del mar,  constituida por las sales del sodio, del calcio y del potasio. En la esfera de la actividad fisiológica en  el hombre encarnado, se encuentra  el sabor de la sal, en la sangre, en el sudor, en las lágrimas, en las secreciones.

Al renacer, en la superficie del mundo, recibimos, con el cuerpo, una herencia sagrada cuyos valores es necesario preservar, perfeccionándolo. Las fuerzas físicas, deben evolucionar, al igual que nuestras almas. 
Si nos ofrecen  el cuerpo de servicio para nuevas experiencias  de elevación, debemos retribuir, con nuestro esfuerzo, auxiliándolas con la  luz  de nuestro respeto y equilibrio espiritual, en el campo del trabajo y de la educación orgánica. 
El hombre del futuro, comprenderá que sus células no representan apenas segmentos de carne, sino que son,  compañeras de evolución, acreedoras de su reconocimiento  y de su auxilio efectivo. Sin ese entendimiento  de armonía en el imperio orgánico, es inútil procurar la paz. Los contornos anatómicos  de la forma física, deformes o perfectos, largos o cortos, bellos o feos, forman parte de los estatutos educacionales. 

En general, la reencarnación sistemática es siempre  un curso laborioso de trabajo contra los defectos morales persistentes, en las lecciones y conflictos presentes. 

La criatura renace con independencia relativa y a veces, subordinada a ciertas condiciones educativas, pero semejante  imperativo no suprime en caso alguno, el impulso libre del alma, en el sentido de la elevación, estacionamiento o caída en situaciones más bajas. 
Existe un programa de tareas edificantes a ser cumplidas por el que reencarna, por el cual, los dirigentes del alma, fijan la cuota aproximada  de valores eternos que el reencarnante es susceptible de adquirir en la existencia transitoria.

El espíritu que vuelve a la esfera de la carne, puede mejorar esa cuota de valores, sobrepasando la previsión superior, por el esfuerzo propio intensivo o distanciarse de ella, enterrándose aun más en las deudas para consigo mismo, menospreciando las sagradas oportunidades que le son conferidas.

Todo plan trazado en la esfera superior, tiene por objetivo fundamental  el bien y la ascensión; y toda alma  que reencarna en el ambiente planetario, aun aquella que se encuentra en condiciones aparentemente desesperadas, tiene recursos para mejorar siempre.

La reencarnación  significa volver a comenzar en los procesos de la evolución o de la rectificación. Los organismos más  perfectos  de las esferas superiores, proceden  inicialmente de la Ameba. Recomienzo, significa “recapitulación” o “vuelta al principio”. Por eso mismo, en su desenvolvimiento  embrionario, el futuro cuerpo  del hombre  no puede ser distinto de la formación del reptil o del pájaro. Lo que opera la diferencia de la forma, es el valor evolutivo contenido en el molde peri espiritual del ser que toma los fluidos de la carne. Así pues, al  regresar a la esfera densa, es indispensable recapitular todas las experiencias  vividas en el largo drama  de nuestro perfeccionamiento , aunque solo sea por breves días  u horas, repitiendo, en curso rápido, las etapas vencidas o las lecciones adquiridas, hasta detenerse en la posición en la que debemos proseguir el aprendizaje.

Cuando llega la ocasión de reencarnar, el Espíritu se siente arrastrado por una fuerza irresistible, por una misteriosa afinidad, para el medio que le conviene. Es un momento terrible de angustia, pero más formidable que el de la muerte, pues esta  no pasa de ser  la liberación de los lazos carnales, de una entrada en una vida más libre, más intensa, pero en cuanto a la reencarnación, por el contrario, supone la perdida  de esa vida de libertad, es un apocamiento de si mismo, al pasaje  desde los claros  espacios  para la región oscura,  el descenso  para un abismo de sangre, de miseria, donde el ser va a quedar sujeto a  necesidades tiránicas e innumerables. Por eso es más penoso, más doloroso renacer que morir; es el disgusto, el terror, el abatimiento profundo del Espíritu, al entrar en este mundo tenebroso, y ello es  fácil de concebirse.

La reencarnación se realiza por la aproximación graduada, por la asimilación de las moléculas materiales al periespiritu, el cual se reduce, se condensa, tornándose progresivamente  más pesado, hasta que, por fijación suficiente a su materia, esta constituye  un involucro carnal, un cuerpo humano.

El periespiritu se torna por tanto, un molde fluídico, elástico, que calca su forma  sobre la materia. De ahí emanan  las condiciones fisiológicas del renacimiento. Las cualidades o defectos del molde reaparecen en el cuerpo físico, que no es, en la mayoría de los casos, sino una imperfecta  y grosera copia del periespiritu.

Desde que comienza la asimilación molecular que debe producir el cuerpo, el Espíritu queda perturbado; un sopor, una especie de abatimiento lo  invaden poco a poco. Sus facultades se van velando  unas después de otras la mayoría de ellas desaparecen,  la conciencia queda adormecida, y el Espíritu  es como sepultado en una opresiva crisálida.
Entrando en la vida terrestre, el alma, durante un largo periodo, tiene  que preparar ese organismo nuevo. Ha de adaptarlo a las funciones necesarias. Solamente después de veinte o treinta años de esfuerzos instintivos, recupera el uso de sus facultades, sin embargo limitadas  aun por la acción de la materia; y, entonces, podrá, proseguir, con alguna seguridad, la travesía peligrosa de la existencia.

Allan Kardec nos enseña (Libro de los espíritus cuestión 330) que la reencarnación es para los Espíritus, así como la muerte es para los encarnados: es un proceso inevitable, tan cierto como el desencarnar lo es para los hombres.

La encarnación es una necesidad evolutiva, porque solamente al contacto con la materia física consigue  el Espíritu ciertos elementos necesarios para su progreso.

De acuerdo con el grado evolutivo en que se encuentra, el espíritu podrá facilitar o dificultar el proceso para volver a nacer. Por eso los espíritus rebeldes o indiferentes tienen su encarnación por completo a cargo de los espíritus superiores, que eligen las condiciones bajo las cuales deberán volver a nacer y las experiencias a las que deberán someterse.

Allan Kardec dice que la reencarnación es la prueba fundamental de la misericordia de Dios, que supone la Justicia Divina. Todos somos hermanos; todos nosotros marchamos hacia la perfección; todos nosotros tenemos una ruta, un rumbo de felicidad que nos espera.

La vida en la Tierra no es un escenario de placer. El hombre es responsable por su cuerpo, por su felicidad, por su desdicha. Felicidad o desgracia, que  resultan de nuestra actitud de comportamiento. La reencarnación nos abre un horizonte nuevo para entender la vida; los sufrimientos, las nostalgias, las angustias, las amarguras, los desesperos que nosotros atravesamos, desaparecen; y es en este punto en el que la ciencia espirita, del Espiritismo, es notable; porque el Espiritismo para el siglo XXI, es el más notable tratado de higiene mental, porque consigue libertarnos de aquellos tremendos enemigos de los hombres, los cuatro fantasmas del alma: el miedo, la enfermedad, la duda y la muerte.

El espíritu esclarecido da preferencia a una existencia laboriosa, a una vida de lucha y abnegación. Sabe que, gracias a ella,  su adelantamiento es más rápido. La Tierra es el verdadero  purgatorio y precisa renacer y sufrir para despojarse de los últimos vestigios de la animalidad, para pagar las faltas  y los crímenes del pasado. De ahí las enfermedades crueles, largas y dolorosas molestias, la perdida de la razón.

 Todo se paga, todo se rescata. Los pensamientos, los deseos criminales tienen su repercusión en la vida fluídica, pero las faltas consumadas en la carne precisan ser expiadas en la carne. Todas las nuevas existencias son correlativas; el bien o el mal se reflejan a través del tiempo. Si embusteros  y perversos parecen muchas veces terminar sus vidas en la abundancia y en la paz, estemos seguros de que la hora de la justicia sonará y recaerán sobre ellos los sufrimientos  de que fueron la causa.

 Resígnate, pues, hombre,  y soporta con coraje las pruebas inevitables, sin embargo fecundas, que suprimen  manchas  y te preparan un futuro mejor. Imita al labrador, que siempre camina para el frente, curvado bajo un sol ardiente o quemado  por la azada, y cuyos sudores riegan el suelo, el suelo que, como tu corazón, es surcado por el arado, pero del cual brotará el trigo dorado que hará tu felicidad.

Trabajo realizado por: Merchita a partir del Evangelio según el Espiritismo,  Misioneros de la Luz  y de otros libros espíritas. 


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"Creed que aquellos a quienes llamáis muertos, están mas vivos que vosotros, porque ellos ven lo que no veis , oyen lo que no oís ,reconoced en aquellos que os vienen a hablar,a vuestros padres, a vuestros amigos y a todos los que amasteis en la Tierra y que creéis perdidos sin retorno"- Aportado por Viviana Gianitelli -

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INTELIGENCIA Y DESARROLLO MORAL

Antoine de Saint-Exupéry, el famoso autor de Le Petit Prince, expresó que «Debemos poner la inteligencia al servicio del amor, si queremos un mundo de paz y de justicia». Y es verdad. Es verdad porque la función principal de la inteligencia no es conocer, sino alcanzar la felicidad y la dignidad. En este sentido, la moral hay que considerarla como el desarrollo más decisivo de la inteligencia, como una necesaria creación de la inteligencia. Por consiguiente, podemos definir la moral como el conjunto de soluciones más inteligentes que se nos ha ocurrido para resolver problemas que afectan a nuestra felicidad personal y a la propia convivencia. 
     El correlato de esta realidad, como sabéis, tiene su origen en el Psiquismo divino partiendo como fascículo de luz, como mónada celeste rumbo a la infinitud; todo un proceso de desenvolvimiento de fuerzas vitales en el principio inteligente que dieron origen a los instintos, a las sensaciones, a las emociones, a los sentimientos y en el estadio actual de la humanidad a la razón, encontrándonos ahora en avance a la intuición, rumbo a la angelitud, por la plenitud del amor.
     Afirmamos, con la doctrina espírita, que la moral es, pues, una forzosidad, una necesidad exigida por la propia naturaleza, por el desarrollo antropo-socio-psicológico del ser humano. Ver surgir la moral en este transcurso equivale a ver surgir al hombre del animal, esto es, la humanización del principio inteligente del universo. 
      La visión de la inteligencia hoy es múltiple (basta  recordar a Gardner, Robert Emmons, Daniel Goleman y otros). Robert Cooper, por ejemplo, pionero en el campo de la neurología, propuso en 2008 que la inteligencia está distribuida por todo el cuerpo; que la inteligencia no depende únicamente del cerebro dentro del cráneo, sino del cerebro del corazón y del intestino. Estos emplean redes neuronales que le permiten operar de forma autónoma. 
     Pues bien, partiendo de presupuestos aportados por la neurociencia, la experiencia proporcionada por las investigaciones sobre inteligencia artificial y la observación psicológica, hay que admitir un modelo de inteligencia estructurado en dos niveles. Un primer nivel generador de ideas, sentimientos, deseos, imaginaciones e impulsos y un nivel ejecutivo que intenta controlar, dirigir, corregir todas esas operaciones mentales. Nuestra inteligencia puede entenderse, entonces, como un poderoso navío dotado de una sala de máquinas y un puente de mando. En la sala de máquinas se generan ocurrencias, ideas, sentimientos deseos y algunos de ellos se hacen conscientes. Son los que acceden al puesto de mando, que se encarga de comparar las órdenes con otras superiores y da el visto bueno o rechaza la sugerencia de la sala de máquinas. Por tanto, la inteligencia es la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones.
      Recordamos el caso de un estudiante de bachillerato que con un cociente intelectual de más de 130, un cociente muy alto, se equivocó en la elección de sus metas. Al terminar el curso había llegado a la conclusión que era más listo que sus profesores. Como le gustaba mangonear a los demás, se convirtió en el cabecilla de un grupo de su barrio, marginados del mundo escolar, a los que fue animando a cometer pequeños delitos. Al año siguiente no fue al instituto, porque pensaba que no podrían enseñarle nada interesante. Ahora está en la cárcel por tráfico de drogas. ¿Es verdad que era tan inteligente? Básicamente sí. Pero no supo usar inteligentemente su inteligencia. Con esto vemos que, para enfrentar los problemas, hay que aprender destrezas que unan la idea con la realización. Y este es el trabajo de la voluntad, que en verdad es un hábito.
     Todo lo que hacemos lo aprendemos. Para ello contamos con una herramienta psicológica: los automatismos, los hábitos. Esta es una propiedad del sistema nervioso que se da en todos los niveles: desde el reflejo condicionado hasta el hábito creativo. Esta realidad ya se hizo evidente en la antigua Grecia donde la educación consistía en fomentar la adquisición de virtudes y para ello hacía falta entrenamiento, una ascesis. De esta forma, podemos intuir que la construcción asombrosa de la inteligencia ha sido producir comportamientos libres a partir de mecanismos no libres. De ahí que los procesos inconscientes sean el fundamento de los procesos conscientes (recordando a Vygotsky, Goleman y otros), que culminarán, a su vez, en un bucle prodigioso en el que construimos el inconsciente. Esto encuentra apoyo en base a la cuestión 540 y fundamentalmente en la 560 de El Libro de los Espíritus donde nos instruyen las Inteligencias superiores que todos los espíritus habitamos en todas partes, a fin de adquirir el conocimiento de todas las cosas. Primero obedeciendo y después digiriendo; antes las cosas del mundo físico y después las del moral. Sintetizamos, así, que la libertad se aprende obedeciendo primero, puesto que esta obediencia permite construir las herramientas psicológicas de la libertad, instrumento de nuestras decisiones.
      Joanna de Angelis nos señala este proceso de construcción en Conflictos existenciales cuando nos dice que «Cada nivel conciencial menos experimentado, aunque adormecido, construye el nivel más experimentado». El ego, incluso inconsciente, construye el self, el Sí mismo con los  contenidos resultantes de la promoción y sublimación de los instintos. Y lo hace del siguiente modo: un pensamiento crea un condicionamiento psíquico. Este, repetido, se convierte en hábito. El hábito se transformará en consciencia instintiva y ésta terminará como automatismos e ideas innatas, que son los embriones de los sentimientos y la inteligencia -el ser moral. Como todo prosigue rumbo a lo inmensurable, el ser moral ascenderá a la escala del ser espiritual. 
     De esta forma, intuimos que de las sensaciones que se derivan de nuestro cuerpo físico surgirá, básicamente, el periespíritu. De estos instintos originarios nacen las emociones, que se transmutarán en sentimientos y en inteligencia –en sus distintos niveles de manifestación– los cuales se convertirán en virtudes, que se transformarán en potenciales de la mente. La mente sintetiza todos estos elementos, originarios del universo psicofísico, transformándolos en nobles y sublimes virtudes. Luego la esencia del espíritu, podemos decir, son las virtudes inmanentes al amor incondicional que lo constituye. En otras palabras, las dos alas del Espíritu son la inteligencia y el amor originados de los instintos, los cuales surgieron de las experiencias repetidas que generaran los automatismos. Estos vinieron de los hábitos que comenzaron como condicionamientos físicos, en primer lugar, luego periespirituales y mentales. Según Joanna de Angelis perfeccionar los sentimientos desarrolla y mejora las emociones que pasan a gobernar con más suavidad las sensaciones; libera al ser de las sombras resultantes del imperio de los instintos y lo impulsa a la conquista de lo luminoso, el reino de los cielos (Triunfo personal, cap. 11). Nos encontramos, pues, en la tarea de construcción y auto renovación de nuestro Espíritu. Aprendemos como el animal, automáticamente. Pero también decidimos con la adquisición de la conciencia lo que queremos aprender: chino, cálculo o encaje de bolillos. Cada cual explotando su nivel de inteligencia. Este mecanismo, en nuestro estadio, se establece por medio de la razón. La razón como mecanismo decisorio elige entre dos o varias opciones. Pero la razón no tiene poderes coactivos. El razonamiento no es capaz de cambiar los deseos ni las emociones. En este sentido, la razón adquiere el papel de asesor de decisiones. No obstante, necesita de un proceso educativo. La educación viene intentando imponer un sabio hábito: haz caso de tu asesor. Con este procedimiento junto al hábito de la voluntad –que, en verdad, la tenemos  si la entrenamos y si alguien nos la enseña– logramos los objetivos diseñados o planeados. Necesitamos de un entrenamiento, de la asimilación de automatismos y hábitos que son los que construyen las redes neuronales. Por tanto, el núcleo duro de la inteligencia es el hábito de obedecer a una norma, que consistirá en obedecer a la Razón. Y esta era la definición de voluntad dada por Aristóteles (discípulo de Platón): la acción inteligente. Pensar si no por qué no hacemos ciertas cosas. Pues, porque nos produce  repugnancia moral. Se trata de un sentimiento relacionado con unas emociones muy poderosas: la culpa o la vergüenza, por ejemplo. Así pues, actuar inteligentemente es la verdadera noción de libertad. La libertad no consiste en hacer lo que se quiera, sino en tomar las decisiones más inteligentes. Este hábito es el último recurso que proporciona seguridad al comportamiento humano y nos introduce en el terreno moral, una de cuyas funciones es hacer inteligente el comportamiento. El desafío existencial de hoy es unificar, por consiguiente, los tres niveles de inteligencia, a saber: el cociente intelectual (entiéndase como conquistar cosas), el emocional (conquistar personas) y el espiritual (conquistarse a sí mismo). La inteligencia se expresa por estos tres niveles de manifestación del Espíritu. De la unión de estas tres surge la inteligencia ética, que nos proyecta de manera transcendente a la comprensión de las leyes divinas por la vivencia del conocimiento, por la aplicación del saber. La doctrina espírita nos aclara que cada pensamiento representa un atributo del ser espiritual. La voluntad lo expresa por medio de la inteligencia intelectiva o cognitiva, emotiva y espiritual. Es una virtud en construcción, en expansión y sublimación. Los embriones de esa virtud son los instintos, las sensaciones, las emociones y los sentimientos. Y en la cúspide del sentimiento se encuentra el amor, que resume de forma completa la doctrina de Jesús. Núcleo de todos los deseos y revelaciones de nuestro ser, nuestra esencia misma. La suma de estos valores forma nuestro carácter, que para los griegos era lo que estaba grabado. Es así como las acciones proceden de las virtudes y educar en los hábitos se torna la gran empresa educativa, porque sólo aprendemos aquello que hacemos. Esos hábitos morales que vamos grabando caracterizarán al verdadero hombre de bien, cuyo patrimonio esencial son las virtudes. Por tanto, el espiritismo establece el sublime itinerario: “El verdadero hombre de bien es aquel que práctica la ley de justicia, amor y caridad en su mayor pureza”. Solamente el progreso moral como desarrollo decisivo de la inteligencia podrá asegurar la felicidad en la Tierra dominando las pasiones, sublimando nuestros vicios en virtudes. Y la regla de oro de la conducta para conseguir esta meta es la enseñada por Jesús: hacer todo aquello que nos gustaría que se nos hiciese a nosotros; es toda la ley. Es la forma de construir nuestro inconsciente, los automatismos grabados mediante entrenamiento, mediante experiencias de vida. Y si hemos sido suficientemente inteligentes, los habremos construido para poder llevar una vida libre y feliz. ¿Cuál es, entonces, nuestro modelo de inteligencia? ¿Cuál será el modelo de inteligencia que los Espíritus superiores, las Virtudes de los cielos, señalan para un mundo de regeneración, como es ya nuestro planeta? Miremos a nuestro sublime Maestro y Señor. Él nos conduce hacia la felicidad eterna. Sólo necesitamos llevar su yugo, esto es, observar Su ley. Ley que es fácil de llevar porque su carga es suave. Consiste en la práctica del bien. Y como el bien se relaciona con la virtud, expresemos nuestras cualidades esenciales a través de la fe que las reúne a todas. ¡Amemos mucho para que seamos amados! Esta es la inteligencia que nos trae el espiritismo y que reunirá a todos los pueblos, razas y culturas en un mundo de regeneración rumbo a la felicidad.
     
- Miguel Vera Gallego-


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