INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Los primeros y los últimos
2.- Sigo viviendo
3.- Acción del Mundo Espiritual
4.- La Doctrina Espiritista
*****************************
LOS PRIMEROS Y LOS ÚLTIMOS
Es una ley tan equitativa, tan justa, la que regula todas las cosas en cualquier orden que quieran considerarse, que no queda impune la más ligera desviación del curso recto trazado por la Sabiduría infinita, ni sin compensación la obediencia por el individuo a los secretos del Soberano Hacedor.
Todo busca su equilibrio, porque en él reside la armonía y en la armonía la belleza, la sublimidad más alta que haya soñado jamás criatura humana.
De ahí la necesidad de la reencarnación.
El espíritu, chispa pura, emanada de la Perfección absoluta, tiene necesidad imperiosa de volver a ella, y sublimado todo lo impuro que halla a su paso en su evolución, se impregna de ciertas impurezas que ha de ir expeliendo en el curso de su viaje; pero con tanta fuerza se le adhieren aquellas, que en ocasiones le hacen olvidar su origen, y tropieza y cae, para volver a levantarse y caer de nuevo, hasta que por fin llega a imponerse su naturaleza divina, y sobre la materia, triunfante se enseñorea, habiendo dejado rastro luminoso a su paso y dejos de pureza que santifica cuanto ha estado en su contacto. De este modo todo progresa, todo busca su equilibrio, hallado ya por el Espíritu que ha triunfado.
En sucesivas encarnaciones el alma humana sostiene lucha tenaz con la materia, buscando equilibrarse, pero no lo consigue hasta haber pasado por todas las experiencias marcadas en el Código Divino. Y sufrido la correspondiente sanción de ese mismo código.
Cuando el espíritu, seducido o contaminado por la materia que representa las vanidades del mundo, quiere levantarse por sobre los demás, dando pábulo al sentimiento de grandezas terrenas, de goces groseros, entonces tiene que experimentar las penalidades y privaciones consiguientes a una existencia modesta y miserable. De ahí que el emperador de ayer sea el pordiosero de hoy; que el que sembró la desolación y el luto, tenga a su vez que ser objeto de vilipendio, de persecución y de muerte; que el que abusó de su inteligencia para el mal, renazca idiota, etc., etc. La ley tiende a equilibrarlo todo, no cesa en su acción y para obrar no nos consulta.
Los primeros serán los últimos, bien lo dijo Jesús. Esto es lo justo.
Para no caer en esa decepción, para no sufrir esos altos y bajos que tanto hacen sufrir al espíritu y tanto tiempo le hacen perder, hay un remedio, un remedio infalible: trabajar sin descanso, tanto como nos permitan nuestros medios, nuestras facultades y nuestras fuerzas; en cultivar nuestra inteligencia; en elevar nuestro Yo; en hacer bien al prójimo, con humildad y amor, considerándose el administrador, no el propietario de sus bienes, el servidor de todos.
ANGEL AGUAROD
Extraído de la “REVISTA DE ESTUDIOS PSICOLOGICOS” AÑO XXX Nº 1; Barcelona, Julio de 1890
******************************
SIGO VIVIENDO
MAURICE GONTRAN
Espiritu Feliz
Maurice Gontran era hijo único. Falleció a los dieciocho años, víctima de una afección pulmonar.
Inteligencia poco común, razonamiento precoz, gran amor al estudio, carácter dócil, tierno y simpátic tenía todas las cualidades que hacen prever un brillante porvenir.
Había concluido los estudios con gran éxito, y se preparaba para asistir a la Escuela Politécnica.
Su muerte causó a sus padres uno de esos dolores que dejan marcas profundas tanto más cuanto que, como siempre había sido de una complexión muy delicada, atribuían su fin prematuro al esfuerzo al que lo había sometido el estudio,
y se lo reprochaban.
¿De qué le sirve ahora –decían– todo lo que ha aprendido?
Mejor hubiera sido que permaneciese ignorante, pues no necesita de la ciencia para vivir.
De no haber sido por los estudios aún estaría entre nosotros, para consuelo de nuestra vejez”.
Si hubiesen conocido el espiritismo, no cabe duda de que habrían razonado de otra manera.
Más tarde encontrarían en esta doctrina el auténtico consuelo.
La siguiente comunicación fue transmitido por el joven a uno de sus amigos, algunos meses después de su muerte:
P. Mi querido Maurice: el tierno afecto que dedicabais a vuestros padres me lleva a la convicción de que deseáis reconfortar su ánimo en caso de que esté a vuestro alcance hacerlo.
El pesar, o mejor dicho la desesperación, en que vuestra muerte los sumió, está alterando visiblemente su salud y les ha hecho encarar la vida con disgusto.
Algunas palabras de consuelo podrían hacer, sin duda, que en ellos renazca la esperanza.
R. Mi viejo amigo, aguardaba con impaciencia la ocasión que me ofrecéis de comunicarme.
El dolor de mis padres me aflige; pero se calmará cuando tengan la certeza de que no me han perdido.
Aproximaos a ellos a fin de convencerlos de esta verdad, lo que seguramente conseguiréis.
Era necesario este acontecimiento para aproximarlos a una creencia que les proporcionará felicidad e impedirá que renieguen de los designios de la Providencia.
Como sabéis, mi padre era muy escéptico acerca de la vida futura.
Dios le ha permitido este disgusto para arrancarlo de su error.
Aquí volveremos a encontrarnos, en este mundo donde no se conocen las aflicciones de la vida, y en el cual os he precedido.
Decidles que la satisfacción de que vuelvan a verme se les denegará como castigo a su falta de confianza en la bondad del Creador.
Incluso no se me permitirá la comunicación con ellos durante el lapso que permanezcan en la Tierra.
La desesperación es una manifestación de rebeldía contrala voluntad del Todopoderoso, y siempre es penada con la prolongación de la causa que la produjo, hasta que sea reemplazada por la sumisión.
La desesperación es un verdadero suicidio, porque consume las fuerzas del cuerpo; y aquel que abrevia sus días con la intención de escapar más pronto de las garras del dolor, se hace merecedor de las más crueles decepciones.
Es preciso, por el contrario, trabajar para preservar las fuerzas del cuerpo, a fin de soportar más fácilmente el peso de las pruebas.
Mis queridos y bondadosos padres, a vosotros me dirijo en estos momentos.
Desde que abandoné mis despojos mortales, no he cesado de estar a vuestro lado.
Estoy allí más a menudo que cuando vivía en la Tierra.
Consolaos, pues, porque no estoy muerto: estoy más vivo que vosotros.
Sólo ha muerto el cuerpo; el Espíritu vive siempre.
Mi Espíritu es libre, feliz, y está exento de enfermedades y dolores.
En vez de afligiros, regocijaos por saber que en este ambiente no necesito cuidados ni tengo preocupaciones.
Aquí, mi corazón está repleto de un goce puro e inmaculado.
¡Oh, amigos No os lamentéis por aquellos que mueren prematuramente, porque se trata de una gracia que Dios les concede para ahorrarles las tribulaciones de la vida.
Mi existencia en la Tierra no debía prolongarse mucho más tiempo en esta oportunidad, puesto que obtuve lo necesario para desempeñar más tarde una misión más importante.
Si hubiese vivido muchos años, ¿sabéis a qué peligros y seducciones habría estado expuesto?
¿Podríais acaso juzgar mi fortaleza para no sucumbir en esa lucha?
De haber fracasado, mi evolución se habría atrasado varios siglos .
¿Por qué, pues, lamentáis lo que es ventajoso para mí?
En ese caso, un dolor inconsolable indicaría falta de fe, que sólo la idea de la nada podría legitimar.
¡Oh! Sí, quienes alimentan esa creencia desesperante son dignos de compasión, pues para ello no puede haber consuelo posible.
¡Suponen que han perdido irremediablemente a sus seres queridos!
¡Consideran que la tumba les ha quitad la última esperanza!
P. Vuestra muerte, ¿ha sido dolorosa?
R. No, amigo mío, sólo sufrí antes de morir, debido a la enfermedad que me consumió; pero ese sufrimiento disminuía a medida que se acercaba el instante final.
Cierto día, me dormí sin pensar en la muerte.
¡Entonces tuve un sueño encantador!
Soñé que estaba curado, que ya no sufría y respiraba profundamente, con deleite, un aire balsámico y fortificador.
Una fuerza desconocida me transportaba a través del espacio.
Una luz brillante resplandecía alrededor mío, pero no me ocasionaba cansancio para la vista.
Entonces vi a mi abuelo, cuya figura ya no era escuálida, sino que poseía un aspecto juvenil y agradable. Me tendía los brazos y me estrechaba afectuosamente contra su corazón.
Lo acompañaban muchas personas de rostros sonrientes, y todas me recibían con benevolencia y dulzura.
Me parecían conocidas. Felices de volver a vernos, intercambiábamos palabras y testimonios de amistad.
¡Pues bien! Lo que creía un sueño era pura realidad, porque ya no despertaría en la Tierra. ¡Había despertado en el mundo de los Espíritus!
P. Vuestra enfermedad, ¿no había sido provocada por la excesiva dedicación al estudio?
R. ¡Oh, no! Podéis estar seguros de eso.
El tiempo que debía pasar en la Tierra estaba determinado, de modo que nada habría podido retenerme en ella. Mi Espíritu ya sabía eso en los momentos de desprendimiento, y me consideraba feliz con la idea de la liberación inminente.
Pero el tiempo que pasé entre vosotros no fue inútil, y ahora me felicito de no haberlo desperdiciado.
Los estudios serios fortalecieron mi alma y aumentaron mis conocimientos, y si bien no pude darles aplicación en mi breve existencia, no por eso dejaré de hacerlo más adelante y con mayor provecho.
Adiós, querido amigo, vuelvo al lado de mis padres. Voy a prepararlos para que reciban esta comunicación.
MAURICE
El Cielo y El Infierno Allan Kardec- Capitulo II.
"ESPIRITUS FELICES" Segunda Parte
*******************************
ACCIÓN DEL MUNDO ESPIRITUAL
En cierta ocasión se comunicaron tres Espíritus que tenían una problemática en relación al aborto. Las comunicaciones, una tras otras, eran todas vinculadas al asunto.
La primera de ellas fue la de un médico que, cuando estaba encarnado, se dedicó a hacer abortos. Se presentó muy turbado, perseguido por varios Espíritus. Se acusaba a sí mismo de criminal y se sentía aterrorizado con los propios actos. Estaba arrepentido- decía sin cesar- y tenía mucho miedo de los que le perseguían.
El segundo comunicante fue una mujer. Acusaba al médico, a quien perseguía, deseosa de vengarse. Relató haber muerto en sus manos, cuando este intentaba provocarle la interrupción de la gravidez. Estaba atormentada por el remordimiento de esa acción y por el odio que tenía por el médico.
Ambos fueron esclarecidos y se retiraron bastante reconfortados.
La tercera entidad era también una mujer. Vino para apoyar y estimular nuestro trabajo. Ya poseía bastante conocimiento sobre la vida espiritual y trabajaba mucho, principalmente ayudando a combatir la idea y la práctica del aborto. Ella misma, en su existencia, había cometido ese crimen, cuando la gestación de su sexto hijo. Siendo pobre y luchando con dificultades de todo orden, al embarazarse por sexta vez, se desorientó y provocó el aborto, del cual se arrepintió inmediatamente. Jamás se perdonará y de ahí en adelante sufrió doblemente, cargando el peso del remordimiento. Tuvo una existencia larga, de muchas luchas, y desencarnó después de una prolongada dolencia. En el plano espiritual, se encontró con aquel que sería su sexto hijo y tuvo un gran choque al darse cuenta de que era un ente muy querido de su corazón y que iba a reencarnar con la finalidad de ayudarla. Él la había perdonado, pero ella, inconforme con el caso, hasta entonces no había conseguido perdonarse a sí misma. Se dedicó por esto, al trabajo de preservación de la vida, al mismo tiempo que formó parte de un grupo de celadores (o enfermeros), dedicados a socorrer a los que practican ese delito y que yacen en el remordimiento y el desespero. Estaba con nosotros aquella noche, acompañando a varios Espíritus comprometidos por ese mismo crimen.
Fue un bello trabajo, y una vez más nos emocionamos ante las lecciones maravillosas que recibimos en las reuniones de desobsesión.
(Obra: Obsesión y Desobsesión - Suely Caldas Schubert)
********************
LA DOCTRINA ESPIRITISTA
La Doctrina Espiritista codificada por Hipólíto León Denizart Rivail ( Allan Kardec), es absolutamente similar a las enseñanzas de Jesucristo, expresadas en los Evangelios, proclamó la Nueva Revelación establecida para guiar a la Humanidad por el camino de la Espiritualidad, para que el Reino de la Paz y la Eternidad se establezcan en el mundo.
Con ella, todas las manifestaciones del conocimiento recibirían irrevocablemente un nuevo impulso: se unirían bajo los inflexibles cimientos de la inmortalidad.
El reino del Oro daría paso al imperio de la Verdad, a través de la meditación y el trabajo, sus elevadas aspiraciones.
Este trabajo mayúsculo de revelación espiritual, es una verdadera maravilla para quienes yacíamos en las sombras de la ignorancia, esta codificación de las nuevas enseñanzas, que abarcan todas las ramas del conocimiento humano, no podía prescindir de la acción de una inteligencia robusta, sobre todo terrenal, caracterizada por la sobriedad, la capacidad de razonamiento elevado, la humildad, la sabiduría y la moral elevada. Fue precisamente en esta ocasión que surgió en Francia una de las mayores celebridades que nuestro mundo ha albergado:
Con la lógica, la claridad y la concisión que revelan sus obras, el gran Misionero se convirtió en el máximo exponente de la Verdad que el mundo necesitaba recibir para la transformación y redención de sus habitantes. Aquí están sus libros, donde los lectores pueden, como los sedientos, sumergir sus labios en el cáliz del Vino Nuevo, para liberarse de las concepciones obsoletas del pasado, preparándose para oleadas grandiosas en las placenteras regiones de la Vida Eterna.
- Camino, Verdad y Vida-
*************************************








