miércoles, 7 de enero de 2026

El tiempo y la reencarnación

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- ¿  Quien era Yvonne do Amaral Pereira ?

2.- El olvido de vidas anteriores.

3.- El hoy y el mañana del hombre.

4.- El tiempo y la reencarnación

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¿ QUIÉN FUE YVONNE DO AMARAL PEREIRA ?

Yvonne do Amaral Pereira fue una de las médiums más respetadas del Espiritismo, y conocida por obras como " Memorias de un Suicida", un libro profundo que hasta hoy consuela corazones y esclarece sobre la vida espiritual.
Pero lo que mucha gente no sabe es que detrás de sus libros había una mujer que enfrentó desafíos intensos, convivió desde la infancia con visiones y experiencias marcantes en el mundo espiritual y mantuvo una vida de disciplina y dedicación a la caridad.
Yvonne también tenía una relación de profunda amistad con Chico Xavier
Ellos intercambiaban cartas y palabras de ánimo, apoyándose mutuamente en la misión mediúmnica. Mientras que Chico traía mensajes de consuelo, Yvonne abordaba temas más dolorosos como las obsesiones espirituales; dos trabajos que se complementaban , llevando consuelo y esperanza a millares de personas.
Su trayectoria nos recuerda que la mediumnidad es una misión de amor, que exige coraje, fe y entrega.

-Aportación de Ale Souza -

Traducción de José Luis Martín.

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EL OLVIDO DE VIDAS ANTERIORES


Una de las objeciones que se levantan con mayor frecuencia a la reencarnación, es el olvido generalizado de las experiencias previas,

El hecho de que no recordemos las vidas anteriores no constituye una prueba en contra de la reencarnación, del mismo modo que no podemos circunscribir las dimensiones de nuestra vida actual con lo que tenemos en la memoria, y en última instancia, el hecho de que nuestra existencia no puede depender de que tengamos o no memoria de ella.

Además de las tradicionales razones morales que se esgrimen, debe comprenderse que el espíritu y el cuerpo conforman un sistema cibenético, operando sobre la base de un mecanismo de homeóstasis o equilibrio que produce ese olvido, debido a que las tensiones que provocarían tales recuerdos harían imposible la vida encarnada. Ese olvido permite que el espíritu continúe su trayectoria sin problemas de conciencia que le atormentarían o le harían errar nuevamente.

Asimismo hay que tener en cuenta que las vivencias obtenidas cuando se disponía de otros cerebros, no pueden ser alcanzadas por el cerebro actual, ya que están alojadas y sintetizadas en el inconsciente o memoria espiritual. Efectivamente, nuestro organismo no posee la complejidad y el desarrollo neuro-cerebral que permite registrar conscientemente experiencias que no se han procesado sensorialmente en la vida actual. Solamente en circunstancias especiales, puede aparecer la memoria cerebral del espíritu, permitiendo un contacto con nuestro pasado. La conciencia de las vidas anteriores se adormece en lo profundo del alma que encarna en un nuevo cuerpo, y este recuerdo, lejos de ser útil en la nueva vida, causaría enormes dificultades.

No hay injusticia moral en el hecho de ser afectados por las consecuencias de situaciones anteriores, originadas en vidas que no recordamos, puesto que, como establece un principio jurídico universal, el desconocimiento de la ley no justifica su inobservancia, ni excluye de sus efectos directos. Además, aunque la conciencia de las personalidades anteriores quede obliterada por el acoplamiento con un nuevo cuerpo, siempre se están expresando, sintetizadas, las adquisiciones y aptitudes intelectuales o artísticas, y las cualidades morales conquistadas en las vidas precedentes.

Hay olvido temporal de esos recuerdos, lo que no implica que se hayan extinguido, como se comprueba con las técnicas hipnóticas que bucean en ese inconsciente espiritual y registran lo que allí está grabado.

Aunque el olvido de vidas pretéritas está generalizado en los seres humanos, se conocen muchos casos excepcionales de individuos que han tenido recuerdos parciales o completos de aquellas.

- Jon Aizpúrua. de su obra Fundamentos del Espiritismo.

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   EL HOY Y EL MAÑANA DEL HOMBRE 


Consecuencia del ayer es el hoy en el espíritu humano. Su vida, como hemos dicho, es una labor comenzada en el principio y que ha de durarle hasta el fin ignoto de lo eterno. En ella empezándose por arrancar malezas, se termina por tejer guirnaldas. Quien es perezoso para la faena ruda, tarda en ser obrero de la delicadeza; más siendo su labor exclusivamente suya, no puede eximirse de operación alguna, y hoy empezará donde ayer terminó y mañana donde termine hoy. De aquí el que sea aspiración noble de todos los espíritus antes de empezar, el cumplir como buenos obreros en la tarea del día; y si es cierto que no a todos les alcanzan las fuerzas para tanto, se debe, no a que la labor sea insoportable, sino a que, o bien quieren recuperar muchas de las jornadas perdidas, o bien se imponen mayor tarea de la que buenamente pueden desempeñar. De todos modos, el espíritu trabaja en su propiedad, y según sea la diligencia y la cordura que en el trabajo emplee, así serán los rendimientos que le ofrezca. Nadie es acreedor a más de lo que en justicia le pertenezca, y si en el orden material este axioma puede ser violado, en el orden moral puede asegurarse que se cumple con estricta equidad. 

En efecto; el cumplimiento moral de la ley de justicia, lo tenemos evidenciado en nosotros mismos; y si tendemos la mirada a nuestros semejantes, en ellos veremos también las huellas del implacable juez, acusador y verdugo que en nosotros funciona y del que no podemos separarnos jamás: la conciencia. ¿Qué importa la salud, qué importa la fortuna ni la gloria, si constantemente nos corroe el remordimiento? ¿Será nadie feliz, ni aun en medio de báquicos placeres, si esa voz misteriosa le acusa? ¿Conciliará el sueño mientras ella le atormente? No. Por eso el mayor de los castigos es el que nos proporcionamos sin flagelación alguna; por eso la mayor de las miserias es la miseria del alma. Podrán los Cresos ocultar sus desnudeces con sedas cuajadas de oro y pedrería; pero no podrán jamás reír con satisfacción mientras su proceder tenga armado el brazo vengador de la conciencia. 

    ¡Y qué imparcial es en todos sus fallos !; ¡Con qué severidad recluye al delincuente! ¡Cómo le arroja y le fuerza!... No tiene penitenciarias de piedra con gruesas rejas y sendos candados; pero ¡ay! tiene a su mano el horror que inspira toda acción perversa, y propinando la dosis conveniente al que debe castigar, le ahuyenta de sus semejantes más dignos para mezclarle con los de su rango, le prepara a la reparación por medio del arrepentimiento, y le hace resarcir con creces la falta cometida, una vez arrepentido, mediante obras de verdadero desinterés y sacrificio. Sólo a este precio cesa en su enemistad; sólo a este precio le deja gozar del sol de la dicha.

    Aspirar a este goce es el objeto formal del espíritu. Su trabajo le redime; su amor le ensalza: con estas dos prendas de inestimable valía, la conciencia le abre las puertas del reino de la felicidad, en el cual, seguramente, no hay más que uno que puede penetrar sin llevar polvo en sus sandalias; pero no por esto nos está vedado a los demás su goce relativo, equiparado siempre con el polvo que llevemos en los pies. 

   Así como el hoy es consecuencia natural del ayer, así el mañana lo será del hoy; un paso más en la escala de la vida, una operación más en la labor eterna, y ¡un nuevo motivo de júbilo o remordimiento!

 Empero con el mañana más o menos remoto, va asignada una nueva empresa para el espíritu: la de ser mentor de otro que no ha llegado a su grado de perfección. Sin dejar de cumplir su labor propia de jardinero, el que es guía de otro le instruye, le corrige, le ayuda, en una palabra; siendo motivos de su júbilo el que su auxiliado avance sin tropiezo, que cumpla sin esfuerzo y con deleite y reconozca pronto los beneficios de la laboriosidad. Entonces, protector y protegido se entrelazan con los indisolubles lazos de la gratitud y el cariño, y extendiendo sus benéficos efluvios a otros seres, repiten la labor para tener la satisfacción de repetir también los motivos de los alborozos. De este modo se cumple la ley de solidaridad. 

Tales son el ayer, el hoy y el mañana en la vida eterna del espíritu.

  Como hemos visto, sea cualquiera el modo con que este proceda, cumple con la ley; pero le es tanto más beneficioso adaptar en lo posible sus acciones a la bondad, la verdad y la belleza, cuanto que, según las adapte, mayores satisfacciones se proporciona y antes llega a la categoría de espíritu elevado. 

   Por consiguiente, cumplirá mejor su misión quien mejor desarrolle el sentimiento, la inteligencia y la voluntad: el sentimiento para amar el bien por ser bien y objeto formal del espíritu, la inteligencia para darse cuenta de sí y de cuanto le rodea por ser el único medio de dirigir el sentimiento y la voluntad por seguros derroteros; y la voluntad para decidirse a practicar lo bueno y verdadero, por ser lo único que redime al hombre. Este trio constituye a la vez una religión natural a la que todo espíritu debe rendir culto: la religión del amor, de la virtud y del bien, de lo  que es síntesis Dios. 

QUINTÍN LÓPEZ GÓMEZ 

( Tomado de la Revista Amor, Paz y Caridad)

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         EL TIEMPO Y LA REENCARNACIÓN


La  modificación del plano mental de las criaturas nadie la impone jamás, esta es fruto del tiempo, del esfuerzo, de la evolución. La sociedad humana, en la actualidad, viene siendo sacudida en sus propias bases, compeliendo a muchas personas  a improvistas renovaciones.

Para que el hombre físico se convierta en hombre espiritual, el milagro exige  mucha colaboración de las entidades espirituales. Las alas sublimes del alma  eterna no se expanden en estrechos escondrijos  de una incubadora, hay que trabajar, bruñir y sufrir.

Hastiados de las sensaciones en el plano grosero de la existencia, el alma intenta otros dominios. Se busca la novedad, el consuelo desconocido, la solución a la tortura de los enigmas.
La llama del propio corazón, convertida en un santuario de claridad  divina,  es la única lámpara  capaz de iluminar el misterio espiritual, en la marcha  redentora  y evolutiva. Al lado de cada hombre  y de  cada mujer,  en el mundo, permanece  viva la Voluntad de Dios,  en lo relativo a los deberes  que le corresponden. Cada cual tiene a su frente el servicio que le compete, como cada día trae consigo especiales de realización en el bien. El Universo se encuentra en el orden absoluto, como aves libres en los limitados cielos, interferimos en el plano divino, creando para nosotros prisiones y ataduras, o liberación y enriquecimiento.

Somos, en el palco de la Corteza Planetaria, los mismos actores del drama evolutivo. Cada milenio es un acto breve, cada siglo es un escenario veloz. Utilizando cuerpos sagrados perdemos la oportunidad santificante de la existencia, haciéndonos réprobos de las leyes soberanas, que nos enredan a los escombros de la muerte, como náufragos  piratas por mucho tiempo indignos del retorno a las lides del mar.

Son muchas las almas  indecisas, presas de la ingratitud y de la duda, de la flaqueza y de la disposición, esclavizadas en la tiranía del instinto, las que viajan divagando en el desierto de la propia  negación;  como pájaros de alas partidas, intentan volar al nido de la libertad  y de la paz, y que, no obstante, aun se debaten en el lodazal  de los placeres  de ínfima condición.

“Es por esta razón que los graneros de luz permanecen  vacíos. El vendaval  de las pasiones fulminantes de los hombres y de los pueblos  pasa ululando, de uno a otro polo, sembrando malos presagios. Es la época moderna, la locura se generaliza y la armonía mental del hombre  está a punto de zozobrar. Con el cerebro, envuelto  y el corazón inmaduro, el hombre actualmente, se requinta, en el arte de estragar el progreso espiritual.
Existe en la actualidad una nueva amenaza en el domicilio terrestre, el profundo desequilibrio, la desarmonía generalizada, las molestias del alma que se ingieren, sutiles, solapando  la  estabilidad, convirtiendo la Tierra en un campo de interminables hostilidades.
Casi todos los cuadros de la civilización moderna se hayan comprometidos en la estructura fundamental, necesitando movilizar todas las fuerzas a su alcance, para su propia causa.

El trabajo salvacionista no es exclusividad de la religión, constituye  un ministerio común a todos, es una obra genérica para la colectividad, un esfuerzo del servidor honesto  y sincero, interesado en el bien de todos.

No hay que olvidar la propia luz, no contar con antorchas  ajenas para la jornada, es indispensable considerar el propio deber de integridad cada día. Es imposible progresar en un siglo, sin atender las obligaciones  de la hora,  es imprescindible, recomponer  las energías, reajustar las aspiraciones y santificar  los deseos.

No basta creer en la inmortalidad del alma. Es inaplazable la iluminación de uno mismo, con el fin de ser claridad sublime. Importa elevar el corazón, romper las murallas que nos encarcelan en las sombras, olvidar las ilusiones de la posesión, dilacerar los velos espesos  de la vanidad, abstenerse  del personalismo envilecido, para que la claridad resplandezca en el corazón y Dios disipe las transitorias tinieblas.

La Puerta Divina no se abre a espíritus  que no se divinizaron por el trabajo incesante  de cooperación con el Padre. Como obreros decididos y valerosos, hemos de alimentar la esperanza renovadora. Siendo el ministerio de iluminación y de eternidad.

Se hace necesario, que encendamos en el corazón el amor fraternal, al frente del servicio. No bastará, en nuestras realizaciones, la creencia que espera, es indispensable el amor que confía y atiende, transforma y eleva, como vaso legitimo de la Sabiduría Divina.

Seamos instrumentos del bien, la tarea demanda coraje y una suprema devoción a Dios. Sin que convirtamos  el círculo en que estamos, en luz en vano acometeremos  las sombras a nuestros propios pies.

La evangelización de las realizaciones en los dos planos de la vida es un deber tan  natural y tan inaplazable como lo es la evangelización de las personas.

La espiritualidad Superior, a través de la oración y el trabajo constructivo se vincula al hombre proporcionándole el contacto con los Almacenes Divinos, supliéndolo según su justa necesidad. Las facilidades que gozan los espíritus elevados que tanto admiramos, son prodigadas al hombre por Dios, en todos los lugares. El aprovecharlas  es opción de el. Las maquinas  terrestres pueden alzarle  a considerables alturas, pero el vuelo espiritual, con el que se libera de la animalidad, jamás el hombre lo realizará sin alas propias.

Solo los siervos que trabajan, graban en el tiempo las marcas de la liberación; solo los que se bañan en el sudor de la responsabilidad consiguen acuñar nuevas formas de vida  y de ideal renovador.

El desequilibrio generalizado y creciente invade la mente humana. Se combaten, desesperadamente las naciones y las ideologías, los sistemas  y los principios. Se necesita asistencia espiritual en todas partes, reclamando cooperadores abnegados y fieles.

- Merchita -

Extraído del libro “En un Mundo Mayor” de Chico Xavier

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