viernes, 9 de enero de 2026

Ante los nuevos tiempos

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1,.  Ángeles

2.- La Reencarnación y la Ley de Causa y Efecto

3.- El Universo es infinito

4.- Ante los nuevos tiempos

                                           ****************************************


ÁNGELES

Los Ángeles son las almas de los hombres que ya han logrado la perfección y gozan de la felicidad prometida.

Aquí se presenta una cuestión vital: ¿El alma adquiere ideas y conocimientos después de la muerte del cuerpo? Si una vez separada del cuerpo no puede adquirir nada, la del niño, la del salvaje, la del imbécil, la del idiota, la del ignorante, continuarán siendo siempre lo que eran a la hora de la muerte: están destinadas a una perpetua nulidad. Si el alma adquiere nuevos conocimientos después de la vida actual, puede progresar. Sin el progreso ulterior del alma, iremos a parar a consecuencias absurdas. Con el progreso, llegaremos a la negación de todos los dogmas fundados en su estado estacionario.

La suerte irrevocable, las penas eternas, etc. Si progresa, ¿ dónde se detiene el progreso? No hay ninguna razón para que no alcance el grado de los ángeles o espíritus puros. Si puede llegar a él, no había ninguna necesidad de crear seres especiales y privilegiados, exentos de todo trabajo y gozando de la dicha eterna, sin hacer hecho nada para conquistarla, mientras que otros seres menos favorecidos no obtienen la suprema felicidad sino al precio de largos y crueles sufrimientos y de las más rudas pruebas.

Dios lo puede hacer, sin duda. Pero si se admite lo infinito de sus perfecciones, sin las cuales no hay Dios, es preciso admitir también que no hace nada inútil, ni nada que desmienta la soberana justicia y la soberana bondad. Puesto que la majestad de los reyes toma su esplendor del número de sus súbditos, de sus oficiales y de sus servidores, ¿ qué hay más propio para darnos una idea de la majestad del Rey de los reyes que esta multitud innumerable de los ángeles, que pueblan el cielo y la tierra, el mar y los abismos, y la dignidad de los que permanecen sin cesar prosternados o de pie ante su trono?”

¿No es rebajar la Divinidad el hecho de asimilar su gloria al fausto de los soberanos de la Tierra? Esta idea, inculcada en el espíritu de las masas ignorantes, falsea la opinión que se forma de su verdadera grandeza.

Es reducir siempre a Dios a las mezquinas proporciones de la Humanidad, suponerle la necesidad de tener millones de adoradores sin cesar prosternados o de pie ante él, es atribuirle las debilidades de los monarcas déspotas y orgullosos de Oriente. ¿Qué es lo que hace a los soberanos verdaderamente grandes? ¿El número y esplendor de sus cortesanos?

No. Es su bondad y su justicia, es el merecido título de padres de sus súbditos. Se nos pregunta si existe algo más propicio para darnos una idea de la majestad de Dios que la multitud de ángeles que componen su corte.

Sí, ciertamente, hay algo mejor que eso, y es concebirle todas sus criaturas soberanamente bueno, justo y misericordioso, y no como un Dios colérico, celoso, vengativo, inexorable, exterminador, parcial, creando para su propia gloria seres privilegiados, favorecidos de todos los dones, nacidos para la eterna felicidad, mientras que a los otros les hace pagar cara la dicha, castigando un momento de error con una eternidad de suplicios.

El Espiritismo profesa una doctrina infinitamente más espiritualista, por no decir menos materialista, que además tiene la ventaja de estar más conforme con la observación y con el destino del alma. Según lo que nos enseñan, el alma es independiente del cuerpo, que no es más que una envoltura corporal. Su esencia es la espiritualidad, su vida normal es la vida espiritual.

El cuerpo es sólo un instrumento para el ejercicio de sus facultades en sus relaciones con el mundo material. Pero, separada de este cuerpo, goza de sus facultades con más libertad y expansión. Su unión con el cuerpo, necesaria en sus primeros desarrollos, no tiene lugar sino en el período que puede llamarse de su infancia y adolescencia. Cuando alcanza cierto grado de perfección y de desmaterialización esta unión no es necesaria, y el alma sólo progresa por la vida del espíritu.

Además, por numerosas que sean las existencias corporales, son necesariamente limitadas para la vida del cuerpo, y su suma total no comprende, en todo caso, sino una imperceptible parte de la vida espiritual, que es indefinida. No puede dudarse de que hay seres dotados de todas las cualidades atribuidas a los ángeles. La revelación espiritista confirma sobre este punto la creencia de todos los pueblos. Pero además nos hace conocer la naturaleza y origen de esos seres.

Las almas o espíritus son creados sencillos e ignorantes, esto es, sin conocimiento y sin conciencia del bien y del mal, pero aptos para adquirir todo lo que les falta, y lo adquieren por el trabajo. El fin, que es la perfección, es el mismo para todos: llegan a él más o menos pronto en virtud de su libre albedrío y en razón a sus esfuerzos. Todos tienen grados que recorrer, el mismo trabajo que realizar. Dios no señala una parte ni mayor ni más fácil a los unos que a los otros, porque todos son sus hijos, y siendo justo, no tiene preferencia por ninguno.

Él les asegura: “He aquí la ley que debe ser vuestra regla de conducta. Ella sola puede conduciros al fin. Todo lo que está conforme a esta ley, es el bien. Todo lo que es contrario a ella, es el mal. Sois libres de observarla o de infringirla, y así seréis los árbitros de vuestra propia suerte. Dios no ha creado, pues, el mal. Todas sus leyes son para el bien. El mismo hombre es quien crea el mal, infringiendo las leyes de Dios. Si las observase escrupulosamente, no se apartaría jamás del buen camino.

Pero el alma, en las primeras fases de su existencia, lo mismo que el niño, tiene falta de experiencia, por esto es falible. Dios no le da la experiencia, pero le da los medios de adquirirla. Cada paso en falso en el camino del mal es un atraso, sufre las consecuencias, y aprende a su costa lo que debe evitar. Así es como poco a poco se desenvuelve, se perfecciona y adelanta en la jerarquía espiritual, hasta que haya llegado al estado de puro espíritu o de ángel. Los ángeles son, pues, las almas de los hombres que han alcanzado el grado de perfección concedida a la criatura, y gozan de la plenitud de la felicidad prometida. Antes de haber conseguido el grado supremo, gozan de una dicha relativa a su adelanto. Pero esta dicha no consiste en la ociosidad, sino en las funciones que Dios tiene a bien confiarles, y que se tienen por dichosos en cumplir, porque sus ocupaciones son un medio de progreso .

La Humanidad no está restringida a la Tierra. Ocupa los innumerables mundos que circulan en el espacio. Ha ocupado los que han desaparecido, y ocupará los que se formen. Dios ha creado desde la eternidad, y crea sin cesar. Mucho tiempo, pues, antes de que la Tierra existiese, por antigua que se la suponga, hubo en otros mundos espíritus encarnados que recorrieron las mismas etapas que nosotros, espíritus de formación más reciente, recorremos en este momento, y que llegaron al fin antes de que nosotros hubiésemos salido de las manos del Creador.

- Autor desconocido -

**************************************

 



LA REENCARNACIÓN Y LA LEY DE CAUSA Y EFECTO La ley de la causalidad, espírita, es el principio superior de la responsabilidad espiritual, el cual enseña que cada acto realizado lleva consigo, implícitamente, sus consecuencias y que cada uno cosecha siempre lo que ha sembrado. La sociedad sufre también las consecuencias de su obrar colectivo del pasado y se forja en el presente las grandezas o miserias de su futuro, pues el karma individual se suma al del karma colectivo de las familias, los pueblos y las razas.

La noción de responsabilidad personal por nuestros actos es una de las más transcendentes enseñanzas de la Doctrina Espírita y es continuamente recordada por las individualidades del espacio en sus aleccionadores mensajes. El hombre, de cuerdo con sus actos forja su libertad i remacha las cadenas de su esclavitud moral y social. Cada acontecimiento está ligado a causas anteriores y a los efectos subsiguientes; el presente es el fruto del pasado y el germen del porvenir. Las verdaderas raíces de la historia están en el -espíritu, pues el hombre, continuamente entra y sale del proceso histórico, al nacer, morir y renacer.

Al desencarnar no encontramos paraísos ni infiernos, ni fuegos eternos ni demonios; cada uno se encontrará con los efectos de sus propias obras, la recolección de lo que sembró. Quien en la Tierra fue generoso y tuvo amor al prójimo. lo mismo recibirá en la inmensidad del más allá: quien olvidó al prójimo por su egoísmo,, quien fue hipócrita, avaricioso, etc, se encontrará con el fruto de esos estados de conciencia. La Ley de Causa y Efecto se hará presente ( Ley de Consecuencias). Cada espíritu funciona como un imán, generador de un campo magnético cuyas líneas de fuerza a él retornan tras haber sido emitidas, asi, las buenas o malas acciones regresan, con efectos positivos o negativos, hacia su propio autor.

En la ley de Causalidad reside la solución al antiguo dilema filosófico entre el determinismo y el libre albedrío. Hay libertad para obrar, pero determinismo para recoger las consecuencias. El libre albedrío, como facultad primordial que caracteriza a toda individualidad consciente para disponer libremente de sus pensamientos, deseos y actos, es el regulador constante del progreso del espíritu, nada coarta su acción, como nada elude su responsabilidad que de ella habrá de derivarse. El enfoque espírita no trata de explicar todos los actos por la libertad absoluta del individuo, ya que incorporando los factores que impulsan a la adquisición de superiores estados de conciencia, enseña que el libre albedrío no consiste solo en la libertad de hacer todo lo que queremos, sino en la libertad de querer todo lo que hacemos..

Allí donde la constatación del mal universal causa a lass religiones una dificultad inextricable, poniendo en conflicto el drama de la existencia con la idea providencial, el Espiritismo descubre el sentido de la vida humana en la eterna evolución palingenésica del espíritu. El ser humano aprende por el amor o por el dolor. Cuando el amor no es suficiente actúa la escuela del dolor con sus sabias enseñanzas, haciéndonos sentir en carne propia los efectos del mal ocasionado a otros, purificando el sentimiento y ayudando junto con el amor, a una evolución espiritual superior..

En la escuela kardecista no cabe hacer una división binaria entre el bien y el mal, pues ni el mal es un castigo ni el bien una recompensa, sino las consecuencias de nuestro alcance evolutivo; el mal es la medida de nuestra insuficiencia y el bien es consecuencia de nuestra riqueza espiritual, y por esa misma evolución el mal deviene en bien, conforme a la dialéctica reencarnacionista.

El Espiritismo promueve la transformación simultánea del hombre y de la sociedad, encarando de forma dinámica la Ley de Consecuencias, y en ello se distancia de otras interpretaciones espirituales, con sus nociones esotéricas u orientalistas del karma.. Siguiendo a Geley, diremos que hay dos enfoques: el de los partidarios de un reencarnacionismo primitivo o simplista. y el de los reencarnacionistas elevados o dialécticos. Para los primeros, la ley de Consecuencias se torna mecánica y fatal, como un castigo divino por las faltas cometidas, ante el que solo cabe la resignación. Dividen a los hombres en buenos y malos, como si el mal tuviese un valor ético absoluto. La visión paoingenésica dialéctica, enseña que la ley de la Causalidad funciona dentro de la relatividad de las continuas variaciones morales, en el proceso ascensional y perfectible del Ser. No se trata de castigos o recompensas divinas que deban aceptarse pasivamente, sino de las consecuencias de nuestros propios actos, las cuales deben ser comprendidas y asumidas para así ser supervisadas por una voluntad moral que impulsa al cambio, al progreso y a la evolución.

Así, la reencarnación, a la luz de Geley, coincide totalmente con las concepciones de Kardec, Denís, Porteiro y otros forjadores de la sociología espírita, no será esgrimifaa para justificar la existencia de sociedades opresoras, pues por el contrario, ella impulsará una toma de conciencia a favor de la liberación del hombre y de los pueblos.

Por evolución, la cultura moral hace al alma , cada vez más sensible, penalizando cada iinfracción con el sufrimiento íntimo que es la sanción de nuestra responsabilidad personal por nuestra conciencia. A través de los distintos roles que un alma representa en el teatro del mundo, ella crece poco a poco, en conocimientos, en sabiduría y en amor. No es Dios que castiga, es la Ley de Justicia Inmanente en acción.

. Jon Aizpírua, de su obra Fundamentos del Espiritismo

****************************************




                                
            EL UNIVERSO ES INFINITO


¿Los soles, los planetas, los satélites, las galaxias parecen haber sido creados para simple deleite de los ojos humanos?  ¿Antes de la existencia de la Tierra para quién brillaban las estrellas que matizan el espacio?

     ¡Durante mucho tiempo el desconocimiento fue nuestro patrimonio! Hoy día, la Astronomía, que es la ciencia que se ocupa del estudio de los astros del cosmos, especialmente de las leyes que rigen su movimiento, comparte con otras áreas de investigación sus técnicas experimentales y objetos de estudio, de entre los cuales cabe destacar la climatología planetaria, la física nuclear, la electrónica, la astronáutica y un largo etc., proporcionando avances para las sociedades.

     Sin embargo, el estudio científico de los planetas echa por tierra cuestiones metafísicas y conjeturas porque, lejos de ser inaccesible a las verdades, tiene a su alcance un horizonte que brilla con limpia claridad, donde la ciencia tiene por objeto encontrar las verdades eternas. Es pues, cohesionando la parte filosófica y moral del Espiritismo con la ciencia cuando podemos contestar a esas cuestiones de manera global, ya que para hablar de la infinitud del Universo es necesario considerar el todo y no la parte, esa unión, pues, modifica los conceptos erróneos que poseíamos del Universo. 

    La Doctrina Espírita ofrece un campo neutral en que se puede conciliar el materialismo y la espiritualidad, enseñándonos que si no los inter-relacionamos es de escasa utilidad para el progreso humano, mostrándonos que hay una relación simbiótica entre los seres y los espíritus, que escapa a las percepciones más groseras. Debemos resaltar que el sentimiento de la vida espiritual está todavía en estado de intuición en gran parte de la Humanidad, siendo presentido por una multitud de personas; muchas aún no se dan cuenta de la importancia de saber qué función tiene el Universo. 

    Existen dos aspectos fundamentales que obligatoriamente no se deben desprestigiar en esa investigación, la física de los planetas y el nivel moral e intelectual de ellos, defendiendo ardientemente el estandarte de nuestra filosofía. ¿Cómo empezó todo? En el libro El Génesis, que pertenece a la Codificación Espírita, encontramos que la materia cósmica primitiva, encerraba elementos fluídicos y vitales de todos los sistemas que desarrollan su magnificencia ante la eternidad. ¡Es la madre fecunda y generadora eterna! En la profundidad de los hornos estelares bajo una fusión nuclear se crearon los planetas con masas de materia condensada y no solidificada, separadas de la masa central por la acción de la fuerza centrífuga y adoptaron en virtud de las leyes del movimiento, la forma esferoidal, más o menos elíptica, según el grado de fluidez que haya conservado. 

    Las sustancias generadoras, fuente del origen de las esferas siderales, no han desaparecido en nuestros días, ni muerto su poder, ya que siguen formando continuamente nuevos mundos, dando vida a nuevas creaciones y recibiendo continuamente los principios reconstituidos de los mundos que desaparecen. 

    La materia cósmica primitiva está sometida a las leyes que aseguran la estabilidad y al principio vital universal que forman generaciones espontáneas en cada globo, a medida que se van manifestando las condiciones necesarias de existencia en cada mundo. En su origen, los mundos no fueron creados en su plenitud y madurez de vida. El poder supremo nunca se contradice y, como todas las demás cosas, el Universo nació niño. Sometida a las leyes y con el impulso inicial inherente a su propia formación, la materia cósmica primitiva dio nacimiento en sucesivas etapas a: torbellinos, aglomeraciones de fluidos difusos, cúmulos de materia nebulosa, que se multiplicaron y dividieron hasta el infinito, para dar nacimiento en las regiones inconmensurables de toda la extensión Universal a diversos centros de creación. 

    Las nebulosas son regiones del medio interestelar constituidas por gases y polvo, tienen importancia cosmológica  porque son los lugares donde nacen las estrellas por fenómenos de condensación y agregación de la materia, aunque, en otras ocasiones son compuestas por los restos de estrellas que han muerto. Las galaxias son sistemas masivos de estrellas, nubes de gas, planetas, polvo y quizás materia oscura y energía oscura que se mantienen agrupadas por su mutua atracción gravitatoria. 

    Los cosmólogos denominaron que nuestro Sistema Solar se encuentra dentro de la galaxia conocida como la Vía Láctea, que es una galaxia elíptica. A pesar de sus gigantescas proporciones y la vastedad de su imperio, ocupa un lugar poco apreciable en el Universo, representando apenas un punto insignificante e inapreciable en la inmensidad de las creaciones siderales, sólo es una entre miles. 

    Nuestro astro rey posee una superficie luminosa móvil, ardiente, ondulante, foco permanente de electricidad, que sostiene por atracción recíproca los demás mundos del sistema y a él debemos directa e indirectamente todas las transformaciones vitales sobre nuestro planeta. El Sol, cuya dominación asegura la estabilidad, la regularidad y la armonía de los mundos planetarios, no es más que una unidad insignificante y la humilde compañera de multitud de otras no menos esplendidas. Siendo un tipo general en el orden uranográfico, muy probablemente, los millones de astros son otros tantos centros de magníficos sistemas, algunos semejantes al nuestro, algunos inferiores, otros superiores, otros en formación o decrepitación, manifestando vida en mundos todavía desconocidos.

     Los astrofísicos definen los planetas como cuerpos celestes que giran alrededor de una estrella, no poseen luz propia, sino que reflejan la luz solar, cada planeta posee una configuración propia. De acuerdo al ítem 56 de El Libro de los Espíritus, observamos infinidad de modelos planetarios, sin embargo, los mundos se enlazan por similitudes, demostrando que en la naturaleza nada está aislado e inútilmente creado, los planetas tienen un origen ígneo y obedecen a las leyes inmutables de la creación. Desde 2006 no se considera Plutón como planeta y se pueden dividir los ocho conocidos en dos grupos: los planetas interiores, rocosos y densos, llamados telúricos y los planetas exteriores, gaseosos y helados, llamados jovianos. No se destaca nuestro planeta azul por su proximidad ni por su alejamiento, no presentando acentuada relevancia frente a los demás mundos del Sistema Solar. Analizando el terreno, los valles, las montañas, la variación calórica, los estados de electricidad, del magnetismo y el número de satélites, desde este punto de vista, la Tierra no se distingue en modo alguno de los demás planetas. Al emprender el estudio de la posición de la Tierra en el Sistema Solar, vemos que nuestro hogar no disfruta de privilegio y podemos combatir así el argumento de aquellos que, en nombre de su posición, se equivocan lastimosamente cuando quieren abolir la doctrina de la pluralidad de los mundos habitados. 

    Sería mucha soberbia considerar que Dios construyó un Universo infinito solamente para que nosotros vivamos en él. Las enseñanzas espíritas nos ayudan a despojarnos de la añeja ilusión de considerarnos los únicos privilegiados. El Universo es infinito, el espacio es infinito y el tiempo es relativo. Hay una relación directa entre la cantidad infinita de planetas y los tiempos diversos e incompatibles que existen. Más allá de los mundos materiales, en el mundo espiritual la eternidad reemplaza las sucesiones efímeras, pues el Universo es inmensidad sin límites y eternidad sin fin: esas son las dos grandes propiedades de la naturaleza universal. 

    Vemos estrellas no como son, sino como han sido, vemos pues el pasado. Podemos con ese conocimiento mantener la teoría de que el Universo existía mucho tiempo antes del nacimiento de la Tierra, desplegando su belleza en la vastedad de los cielos. Si no tenemos todavía la demostración científica de la presencia de seres vivos en otros mundos, nada prueba que no puedan existir con un organismo adaptado a las condiciones de esos mundos. De hecho, las entidades espirituales se han manifestado afirmando en múltiples ocasiones la veracidad de esta tesis. Ya no tenemos el mutismo, porque innumerables hermanos desencarnados han dejado sus experiencias y consejos, apartando definitivamente el asustador y tétrico silencio. 

    La simple mirada de la Naturaleza habla elocuentemente a nuestro favor. Tenemos abundancia de demostraciones semejantes por la inmensa variedad de ejemplares de la vida en la Tierra. Por simple observación, sabemos que el poder creador es infinito y que no podemos racionalmente oponer ningún obstáculo a la manifestación de la vida en el Universo. Apenas hemos penetrado los misterios que presiden a las funciones habituales de la vida, las propiedades físicas, la acción de la luz y electricidad, los efectos del calor y del magnetismo. ¿No sería negar la existencia de vida en otros planetas, restringir el poder de Dios a estrechas fronteras dentro de las cuales, la misma conciencia humana no se conforma amantenerse circunscrita para siempre? ¿Estamos solos? La vida también ha evolucionado en muchos otros rincones del Universo, eso es lo que dicta la lógica y las comunicaciones espirituales. 

    Nos dijo el astrónomo y poeta de los cielos Camille Flammarion: «Debemos disuadirnos de la pretensión de poder juzgar el estado de habitación de los mundos, sería pues una pretensión muy cercana al ridículo afirmar que somos los únicos y el único fin de la creación». La intervención incesante del Autor supremo no es superflua, abstracta o estéril. Todos los mundos fueron creados para ser habitados. ¿Cómo puede cumplirse este axioma si no hay seres que habiten los mundos ni los conozcan? La única respuesta a esta cuestión es la idea de habitación que se une inmediatamente a la idea de habitabilidad. 

    Nos explican los Espíritus que los entes del Universo permanecen con la complejidad humana, independiente de algunas diferenciaciones y adaptaciones necesarias al medio del planeta más o menos avanzado a que pertenezca. Recomiendo, para un mayor entendimiento, la lectura de la Revista Espírita donde el espíritu de Bernard Pallissy explica que la superioridad del planeta Júpiter no lo es solamente en el estado moral e intelectual, sino también en el físico, comunicación, alimentación, forma corpórea y proceso del nacimiento, infancia y desencarnación. Además, indica que la principal ocupación de los espíritus de Júpiter es dar aliento a los espíritus que habitan mundos inferiores para que perseveren en la buena senda. 

 
Los planetas no obedecen al mismo orden de evolución espiritual que su disposición en relación al Sol. Además, bajo el prisma de la ontología, el examen comparativo de los planetas establece que una gran diversidad debe reinar entre los habitantes de ellos; desde los mundos inferiores a los superiores habrá una correlación en el valor intelectual y moral. Siendo el Universo un imperio divino donde la vida se expresa en variadas formas, se desarrollan incansablemente millares de millares de naciones que conviven simultáneamente en la inmensidad del espacio, ayudándose mutuamente, revelándonos que cada uno está en un grado de evolución cuyas necesidades son distintas. Así, se lleva a cabo la creación universal, Dios ha creado siempre, continúa haciéndolo y por siempre lo hará. Ya es hora de quitarnos la venda de la incultura, por eso cualquier pensador actual es merecedor de comprender ese elocuente espectáculo.

    El espacio que se extiende sobre nuestras cabezas no está desierto y silencioso, ya no es indiferente con sus adiamantadas constelaciones. ¡El Universo está poblado! Leyes eternas físicas y morales comandan su ejecución. A todos aquellos dudosos, subrayo que el Amor es la esencia del Universo y que las criaturas nacieron de la exhalación divina para amarse las unas a las otras. Dios es el principio y está en todas las partes, por su potencia, esencia y presencia. ¡La obra Divina es bella en su conjunto y perfecta en su fin! No estamos solos y sí interconectados, ya no es solamente la atracción física, los rayos del Sol, el calor, el magnetismo lo que reúne a todos los seres; no es solamente el principio de la verdad la que establece lazos indisolubles entre las humanidades estelares, todo el Universo infinito está bajo una ley general: la ley de familia. 

-Claudia Bernardes  de Carvalho-
(Tomado de la Rev- nº 8 de la FEE)

                                                   ******************************
                  


ANTE LOS NUEVOS TIEMPOS

Todos alguna vez en la vida, hemos sentido compasión por algo que nos ha conmovido interiormente, hoy en día pese a que creemos haber visto de todo, y las cosas parecen no impresionarnos, el corazón del hombre, se emociona porque hay verdaderos cuadros dolorosos, a los cuales no podemos mirar con indiferencia.
Ante los nuevos tiempos y considerando el esfuerzo grandioso de la renovación, se hace necesario el concurso de todos los servidores fieles a la verdad y al bien para que, antes de todo, cada uno viva la nueva fe, mejorándose y elevándose, camino hacia un mundo mejor, para que la edificación del Cristo prevalezca sobre las meras palabras de las ideologías brillantes.
Ante el trabajo renovador que se opera desde las esferas celestes, proveniente del mandato divino, se congregan encarnados y desencarnados de buena voluntad, construyendo el puente de luz, a través del cual la Humanidad traspondrá el abismo de la ignorancia y de la muerte.
Mientras los Espíritus Sabios y Benévolos traen la visión celeste, ampliando el campo de las esperanzas humanas, muchos son los compañeros que se han decidido a dar el primer paso, atendiendo a esas llamadas, es por esa razón que hemos de estar muy atentos, para atender debidamente los compromisos asumidos, pues hemos de recoger los mensajes del Cielo, que revelan algunos ángulos de la vida espiritual, hablándoles del trabajo, de la necesidad del propio esfuerzo, de la responsabilidad personal, de la lucha edificante, del estudio necesario, del auto-perfeccionamiento, no ocultan su desagradable impresión.
Al contrario de las suposiciones de la primera hora, no vislumbran el cielo de las facilidades, ni la región de los favores, no divisan acontecimientos milagrosos, ni observan la reposada beatitud. En vez del paraíso próximo, se sienten en las cercanías de un taller incansable, donde el trabajador no se elevará por la mano besada por el proteccionismo, sino a costa de sí mismo, para que deba a su propia conciencia la victoria o la derrota. Perciben la ley imperecedera que establece el control de la vida, en nombre del Eterno, sin falsos juicios. Comprenden que las playas de belleza divina y los palacios encantados de la paz, esperan al Espíritu en otros continentes vibratorios del Universo, reconociendo, no obstante, que les compete sudar y luchar, esforzarse y perfeccionarse para poder alcanzarlos, braceando en el inmenso mar de las experiencias.
La mayoría se espanta e intenta retroceder. Pretenden, después de la muerte del cuerpo, un cielo fácil, que sea conquistado por meras afirmaciones doctrinales.
Sin embargo, nadie perturbará la ley divina; la verdad vencerá siempre y la vida eterna continuará enseñando lentamente, con paciencia maternal.
Al Espiritismo Cristiano le corresponde actualmente, en el mundo, la grandiosa y sublime tarea.
No basta definirlo con las características venerables de Consolador de la Humanidad, es preciso también revelar su condición de movimiento libertador de conciencias y de corazones.
La muerte física no es el final. Es un simple cambio de capítulo en el libro de la evolución y del perfeccionamiento. A su influjo, nadie debe esperar soluciones finales y definitivas, cuando sabemos que cien años de actividad en el mundo representan una fracción relativamente corta de tiempo para cualquier edificación en la vida eterna.
Un infinito campo de servicio aguarda la dedicación de los trabajadores de la verdad y del bien. Gigantescos problemas desafían a los espíritus valerosos encarnados en la presente época, con la gloriosa misión de preparar la nueva era, contribuyendo a la restauración de la fe viva y para ampliación del entendimiento humano. Urge socorrer a la Religión, sepultada en los archivos teológicos de los templos de piedra, y amparar a la Ciencia, transformada en genio satánico de la destrucción.
Esto nos debe animar a todos en los servicios que se nos presente y que debamos realizar, existen muchos conocimientos en nosotros y no podemos eludir la responsabilidad, sigamos adelante con ánimo y decisión, porque muchos se le pedirá al que mucho se le ha dado.
La espiritualidad victoriosa recorre el mundo, regenerándole las fuentes morales, despertando al ser humano al cuadro realista de sus adquisiciones. Para el hombre del siglo XX, sin creencias, hay nuevas llamadas indicándole horizontes más vastos, que le demuestran que el Espíritu vive por encima de las civilizaciones que la guerra transforma o las consume en su voracidad de dragón multimilenario.
Ante los nuevos tiempos y considerando el esfuerzo grandioso de la renovación, se hace necesario el concurso de todos los servidores fieles a la verdad y al bien para que, antes de todo, cada uno viva la nueva fe, mejorándose y elevándose, camino hacia un mundo mejor, para que la edificación del Cristo prevalezca sobre las meras palabras de las ideologías brillantes.
Si la lectura te asombra, si las afirmaciones del Mensajero te parecen revolucionarias, recurre a la oración y agradece al Señor el aprendizaje, pidiéndole que te esclarezca e ilumine, para que el engaño no te retenga en sus redes. Recuerda que la revelación de la verdad es progresiva y, rogando el socorro divino para tu corazón, atiende a los sagrados deberes que la Tierra te designó para cada día, consciente de que la muerte no te conducirá al estancamiento y sí a nuevos campos de perfeccionamiento y trabajo, de renovación y lucha bendita, donde vivirás mucho más y más intensamente.
EMMANUEL
Del libro “Misioneros de la Luz” de Chico Xavier.

**************************



No hay comentarios: