INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- La historia de Alicia
2.- El Espiritismo lo creó Kardec como ciencia de observación
3.- Tratamiento espírita de la obsesión espiritual
4.- El Espiritismo y el Evangelio ( 1ª Parte)
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LA HISTORIA DE ALICIA
Alicia era una mujer distinguida, de porte aristocrático, de educación esmeradísima de vastísima instrucción; espiritista convencida que leía con gran aprovechamiento todo cuanto se escribía de espiritismo. Era hacedora del bien por el bien mismo, trabajaba sin desear los lauros de la gloria, pero la gloria de la elevación de sus sentimientos la llevaba en todo su ser; era una mujer de edad mediana y conservaba la esbeltez y la elegancia de la juventud; había en ella algo que atraía, que seducía, que interesaba. Era amiga de Amalia y acudía con asiduidad a visitarla. Casada y madre, se debía toda a su familia ( que no tenía sus ideales), y ella, prudente reservada, ocultaba el tesoro de sus creencias y evitaba altercados con sus deudos; vivía en un mundo superior, participaba de las luchas terrenas para llorar con sus hijas si estas padecían los dolores naturales que proporciona la vida de casada, y después que cumple sus deberes de madre amantísima, parecía que entraba en otro mundo, se reconcentra en sí misma, parece que vive de recuerdos, recuerdos que debían ser muy dolorosos, porque su rostro adquiere una expresión tristísimo, evitaba siempre hablar de sí misma. Cuando se hablaba con ella parecía leerse en un libro del cual solo se ve la primera página, las demás estaban sin cortar. La última vez que fue a visitar a Amalia esta se sorprendió de verla más comunicativa; a que espíritu superior descendía de su alto pedestal, se humanizaba, acortaba las distancias que indudablemente existen entre ella y la generalidad de los mortales.
Amalia, se alegró de ello, le manifestó que la encontraba más cariñosa, más cerca de ella, que no sabía que notaba en ella.
El dolor es el gran demócrata del Universo. Los que sufren se entienden fácilmente; tu Amalia hace tiempo que sufres; yo también sufro grandes reveses, y por ley de afinidad me pongo al habla contigo, a ver si tú me puedes aclarar lo que yo no alcanzo a ver.
Sabes Amalia que te quiero y te admiro, tu Espíritu y el mío se conocen hace tiempo; y aunque por esta vez el destino nos separa, no importa; las almas no necesitan del roce de los cuerpos para entenderse, para quererse y para prestarse señalados servicios.
_.Creo que ya sabes que me quede viuda
_.Mi esposo murió de la muerte más horrible que tú puedas imaginar.
_. ¿De qué murió?
_. ¡De hambre!
_. ¡Jesús qué horror!, ¿Tenia algún cáncer en el estomago que le impidiese alimentarse?
_.No, estaba muy bueno y muy sano, sabia cuidarse como pocos hombres, su ciencia médica le serbia admirablemente para no padecer dolores físicos, pero un dolor moral le hizo olvidar todos los métodos higiénicos, se entregó en brazos de una muda obstinación y su vida fue extinguiéndose como se extingue la luz de una lámpara a la cual le falta el aceite necesario.
_. Dolor inmenso seria el que sufrió, porque, según tengo entendido, no era tu esposo hombre dado a las sensiblerías.
_. No, ciertamente; era bueno, pero adusto; su mundo era la ciencia, su familia, sus innumerables enfermos, y sus únicos goces devolver la vista a los ciegos; por centenares se cuentan los ciegos que él ha curado, en todas las clases sociales; él estaba donde había más peligro, igual le daba que fuera un leproso que un rico acaudalado; el respondía a todas las llamadas, jamás se hizo el sordo cuando lo llamaron los afligidos.
Una de mis hijas se casó y fue madre de una niña preciosa con unos ojos hermosísimos que parecían dos luceros. Desde que nació, mi marido enloqueció por ella y ella por el; el abuelo y la nieta eran dos cuerpos y un alma, estando juntos ya estaban contentos; mi marido rejuveneció,, y siempre estaba con su nieta en los brazos, evitándole los dolores de la dentición y demás enfermedades de la niñez; pero la viruela se apoderó de todo el cuerpo de mi nieta y de sus ojos, mi marido no comía, ni dormía, estaba al lado de la pobre niña devorando libros, buscando la luz para aquellos ojos que eran su vida; devolvió la luz a uno, pero el otro salió de su órbita y mi marido creyó enloquecer, se retiró a su cuarto y yo le oía que exclamaba a solas: ¿ Será posible yo que he devuelto la vista a tantos ciegos, yo que he curado a tantos sifilíticos, y a este ángel tan hermoso no he podido curarle más que a medias; le pondrán un ojo de cristal, se harán prodigios… pero ver.. Ver no verá más que la mitad, y aun el ojo que le he salvado no será tan hermoso; no tendrá a aquel brillo deslumbrador; ¿para qué me haya servido mi ciencia? Para nada.
Se negó a tomar ninguna clase de alimento, vivió algunos días alimentándose con agua y murió de hambre sin exhalar una queja.
Me pregunto porque mi esposo sufriría así por esta nieta, no ha querido igual a los otros nietos, me gustaría Amalia que preguntases al padre Germán que historia guardan estos dos espiritas.
Amalia prometió hacerlo y el Padre Germán unos días después narró lo siguiente:
El médico y su nieta, son dos espíritus que caminan juntos hace muchos siglos, han estado unidos por todos los lazos terrenales y en sus últimas existencias han sido amigos inseparables, mejor dicho, maestro y su discípulo más aventajado; su ayudante más práctico; tenía fama, tanta como su maestro; el uno complementaba al otro; tanta suerte tenían en sus curaciones que llegaron a enorgullecerse el maestro y el discípulo, porque eran realmente infalibles en sus juicios médicos; sus palabras eran proféticas, nunca se equivocaban, ni asegurando bienes ni presintiendo males; y se llegaron a persuadir de tal modo de su inhabilidad, que no se contentaron con seguir las huellas de otros sabios doctores, sino que inventaron nuevos métodos y procedimientos especialísimos; no se contentaron en hacer experimentos con animales, sino que en los hospitales y en los asilos de la infancia hacían sus ensayos con infelices niños sin familia; los unos morían, los otros se salvaban y los dos sabios no sentían el menor remordimiento por la muerte de aquellos inocentes. La fama les llenaba de orgullo; se creían infalibles, porque de lejanas tierras venían familias a pedirles ayuda. El discípulo era una celebridad médica, y no se separaba del un momento, no envidiaba a su maestro, como estaban unidos desde hacia tantos siglos, su mayor placer era tener contento a su profesor, proporcionarle niños para sus experimentos, se creyeron ambos dioses, el orgullo los cegó y el orgullo también es un pecado, y como todo pecado tiene su condena. El discípulo amado es hoy la tierna niña, cuyo abuelo, con toda su ciencia, no ha podido curar más que a medias; el sabio orgulloso, el que se cree infalible en sus juicios, se ha visto impotente para curar a su ángel querido; y este que no tuvo compasión de los pobres niños sacrificados al estudio y a las investigaciones científicas, sufre hoy las consecuencias de su indiferencia de ayer; dolor que no se compadece; es necesario sufrirlo para apreciarlo en su verdadero valor. El abuelo sufrió la decepción de que su acción curativa no respondía al impulso de su pensamiento, su desesperación llegó al grado Máximo cuando se vio impotente para salvar a la nieta, que era el amor de todos sus amores; muriendo como era necesario que muriera, humillado, convencido de su insignificancia, de su pequeñez, se creyó un dios y murió persuadido de que no hay dioses, que no hay más que un Dios, y como el pecado del orgullo científico es hasta cierto modo perdonable, y el era un Sol en el mundo de la ciencia, hoy comprende perfectamente que hay una grandeza superior a la suya, una ciencia para él desconocida, un poder maravilloso, una fuerza que sostiene la maquina del Universo, y ante tanta luz, ante tanta magnificencia, ante tantos mundos, hay grandes sabios que preguntan a Dios porque brillan los soles, y porque su fuego no incendia el Universo, el se considera uno de los alumnos en la gran Universidad del Infinito; se reconoce grande y pequeño a la vez y el orgullo no lo volverá a cegar. Tiene luz propia, vive en medio de la luz, con su fluido luminoso envuelve a su nieta, que es el amor de todos los amores.
No basta penetrar en el espiritismo, hay que amar, hay que compadecer, no se puede menospreciar al paria de la sociedad, porque aquel ser abandonado tiene un Espíritu quizás más adelantado que el que se cree infalible por su sabiduría, y en el mero hecho de nacer hay que considerar que viene a la Tierra a cumplir una misión, sea esta de gran importancia o insignificante. Todo hombre merece respeto y hay que esforzarse en protegerlo y en amarle; la ciencia que no desciende hasta el desamparado, llega un día en que recibe el castigo merecido, como hemos visto en el médico.
Solo el espiritismo nos hará grandes en medio del dolor, porque sabiendo que vivimos eternamente, haremos lo posible para ser mejores que ayer y ser mañana grandes benefactores de la humanidad.
Amalia Domingo Soler
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EL GÉNESIS
ALLAN KARDEC

TRATAMIENTO ESPÍRITA DE LA OBSESIÓN
En general, la obsesión no es de fácil curación, e incluso algunos casos con raíces muy profundas, resultan incurables en la vida actual. Ahora bien, la mayor parte de las veces, un tratamiento orientado en la concepción espírita logra la solución eficaz del problema.
La doctrina espírita no admite la práctica del exorcismo, que es un ritual autorizado oficialmente y practicado por diversas sectas y religiones, especialmente las cristianas. En primer lugar porque el Espiritismo no adopta ni ejecuta rituales de ninguna especie, ni emplea ingredientes, materiales y objetos especiales. Segundo, porque el exorcismo toma como punto de partida que es el demonio quien esta interviniendo en los casos de obsesión, y la doctrina espírita no reconoce la existencia de tal personaje, ni en consecuencia, la "posesión diabólica", esclareciendo sobre la acción de espíritus inferiores, humanos y no sobrehumanos, en los procesos obsesivos. Y en tercer lugar porque el exorcismo se basa en la expulsión violenta del obsesor, en tanto que el procedimiento espírita, busca comprender las causas que originan la situación, adoctrinar, moralizar, instruir y auxiliar a los involucrados en la trama obsesiva, y lograr por medio de la conversación persuasiva, del olvido y del perdón, la solución definitiva del conflicto.
El Espiritismo recomienda en casos de obsesiones, tomar como guía las siguientes indicaciones:
- Examen médico, psicológico y psiquiátrico, previo del paciente, a fin de identificar si hay o no factores orgánicos o de otra índole, causando el trastorno. No se debe atribuir indiscriminadamente todos los disturbios conductuales a causas espirituales exógenas, principalmente de tipo mediúmnico u obsesivo. Por eso es prudente que el paciente. antes de ser atendido en el Centro Espírita, sea sometido a exámenes especializados, evitándose así una interpretación errónea de la sintomatología clínica, atribuyéndole un origen espiritual, cuando en realidad sería de índole psiquiátrica.
- Se entrevista a fondo al paciente y se llena un expediente completo.
- Se invita al paciente a un autoanálisis de su vida y su conducta. Se le exhorta a la moralización y reforma íntima: solicitando perdón con humildad y a elevar su pensamiento a Lo Alto. En el fondo, la curación de la obsesión es una autocuración, ya que es la misma víctima quien debe librarse de la influencia perniciosa que le atormenta, cerrándole las puertas con su transformación moral y tomando conciencia de que cada ser humano es su dueño, que posee juridisción sobre sí mismo, que nadie puede invadir su campo físico y psíquico si no lo permite. y que siendo la obsesión un estado de sintonía de su mente con mentes desequilibradas, le corresponde a cada quien cortar ese vínculo, imprimiendo una dirección constructiva a sus procesos mentales, emitiendo pensamientos sanos, buenos y optimistas; y fortaleciendo su voluntad. La familia debe jugar un rol importante dentro del proceso de reeducación y recuperación del paciente. sirviendo el hogar como centro de buenas vibraciones que le ampararán y resguardarán. Concienciación y moralización, son los recursos anti-obsesivos más eficaces,
- Se efectúan las reuniones mediúmnicas necesarias para encontrar la causa de la obsesión. Se dialoga con el obsesor a fin de adoctrinarlo y lograr la ruptura o disolución de los vínculos obsesivos. El olvido y el perdón de las ofensas son la base de la desobsesión. Estas reuniones deben realizarse con la mayor discreción, sin público, solo con la presencia del equipo adiestrado para la tarea desobsesiva. Los adoctrinadores espíritas son conscientes de la necesidad de ser auxiliados por Espíritus elevados, por lo que siempre solicitan con amor y humildad, su ayuda y participación solidaria. Cuanto más alta sea la condición evolutiva del adoctrinador, más eficaz será el trabajo desobsesivo, pues la autoridad moral es la única que se puede ejercer sobre los espíritus inferiores y la única ante la que se doblegan.
- Se aplican pases a la víctima. En la exteriorización de su magnetismo, el pasista debe mentalizar ideas edificantes, envolviendo al paciente en creaciones ideoplásticas con la emisión de formas-pensamiento que evoquen cuadros de tranquilidad, bondad, armonía, o representando paisajes hermosos, plácidos, serenos, a fin de disolver las ideoplastias negativas generadas por el obsesor, y liberar a su víctima de la opresión psíquica a la que se halla sometida.
- Se complementa el tratamiento desobsesivo con la atención médica y psicológica que fuese necesaria para lograr el pleno restablecimiento de la salud del paciente. Naturalmente, cuando la gravedad del caso no permite su atención en el centro espírita, se impone la reclusión del paciente en una institución psiquiátrica, donde también se puede brindar atención desobsesiva complementaria, si existe el consentimiento del paciente, sus familiares y los médicos tratantes. Lo ideal sería que hubiese un mayor número de psiquiatras espíritas que pudiesen atender a los pacientes con doble tratamiento : psiquiátrico y mediúmnico.
- Jon Aizpúrua- ( de su obra "Tratado de Espiritismo")
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EL ESPIRITISMO Y EL EVANGELIO
( 1ª Parte)

El estudio de las propiedades del periespíritu, de los fluidos espirituales y de los atributos fisiológicos del alma abre nuevos horizontes a la ciencia y explica una infinidad de fenómenos incomprensibles hasta hoy, debido a la ignorancia de la ley que los gobierna. Estos fenómenos son negados por el materialismo porque se relacionan con lo espiritual, a la vez que calificados de milagros o sortilegios por otras creencias. Tales son, entre otros, los fenómenos de doble vista y de visión a distancia, de sonambulismo, ya sea natural o provocado, de efectos físicos, catalepsia y letargia, presciencia, presentimientos, transfiguraciones, apariciones, transmisión de pensamiento, fascinación, curas instantáneas, obsesiones y posesiones, etcétera. Demostrando que tales fenómenos obedecen a leyes tan naturales como las que rigen para los fenómenos eléctricos, así como las condiciones normales en que se producen, el Espiritismo destruye el imperio de lo maravilloso y sobrenatural, y, en consecuencia, la fuente de la mayor parte de las supersticiones. Al mismo tiempo que hace comprender la posibilidad de ciertos hechos hasta hoy considerados quiméricos, rechaza otros, demostrando su imposibilidad e irracionalidad.
El Espiritismo, lejos de negar o destruir el Evangelio, llega para confirmarlo, explicarlo y desarrollarlo, ayudado por las nuevas leyes naturales que revela. Clarifica los puntos oscuros de la doctrina de Cristo, de manera que para quienes no entendían o resultaban inadmisibles ciertos pasajes del Evangelio ahora podrán comprenderlos y admitirlos gracias al Espiritismo. Sabrán mejor su alcance y diferenciarán lo real de lo alegórico. Cristo les parecerá más grande: ya no será para ellos un simple filósofo, sino el Mesías divino.
El Espiritismo posee, además un poder moralizador incalculable en razón de la finalidad que asigna a todas las acciones de la vida y de las consecuencias que nos demuestra respecto a la práctica del bien y del alma. Asimismo nos brinda, en los momentos penosos, gracias a una inalterable confianza en el futuro, fuerza moral, valor y consuelo. El poder moralizador está, también, en la fe de saber que tenemos cerca nuestro a los seres que hemos amado, la seguridad de reencontrarlos y la posibilidad de relacionarnos con ellos. En resumen: la certeza de que todo lo que hemos hecho o adquirido en inteligencia, conocimientos o moral, hasta el último día de nuestras vidas, no se perderá, nos ayudará a progresar. Vemos, por tanto, que el Espiritismo cumple con todas las promesas de Cristo cuando anunció al Consolador. Y como es el Espíritu de Verdad quien preside este importante movimiento regenerador, la promesa de su llegada se ve plenamente cumplida, ya que él es el verdadero consolador
· Muchos padres deploran que las muertes prematuras de sus hijos hagan inútiles todos los sacrificios realizados para educarlos. Quienes creen en el Espiritismo, no lamentan esos esfuerzos, e incluso estarían dispuestos a realizarlos aunque tuviesen la certeza de que sus hijos morirían a temprana edad, ya que saben que si sus hijos no aprovechan esa educación en la vida terrestre, les servirá para adelantar como espíritus o en una nueva existencia, y que cuando reencarnen, poseerán un bagaje intelectual que les ayudará a adquirir nuevos conocimientos más fácilmente.
· Esos son los niños que traen al nacer ideas ya formadas, que saben sin aprender. Si los padres no tienen la satisfacción inmediata de ver a sus hijos aprovechar la educación dada, saben que la utilizarán más adelante, ya sea en el estado de espíritus o en el estado de hombres. Quizás sean nuevamente padres de esos mismos niños, a quienes se les llama dotados y deben sus aptitudes a una educación anterior. Si, por el contrario los han descuidado, éstos sufrirán
Si sumamos a todos estos resultados la rápida e insólita propagación del Espiritismo, a pesar de todo lo que se intenta para destruirlo, no se puede dudar de que su llegada es providencial, ya que triunfa sobre las fuerzas contrarias y la mala voluntad humana. El Espiritismo se basa sólo en el poder de una idea. Sin embargo, es aceptado con facilidad por un gran número de personas, lo que prueba que responde a una necesidad: la de creer en algo después de vacío dejado por una etapa de incredulidad, razón por la que podemos afirmar que llegó en el momento preciso.
( Continúa en la 2ª Parte )
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