lunes, 19 de enero de 2026

Un bello relato de Divaldo

 

INQUIETUDES ESPÍRITAS

-1.  Centros de fuerza o Chacras

2.- Pruebas voluntarias. El verdadero silicio

 3.  El pase espírita. El Pasista                                     

4.- Un bello relato de Divaldo

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CENTROS DE FUERZA  O CHACRAS


                               



      Un elemento que debe conocer el magnetizador y el estudioso de ciencias psíquicas, se refiere a la existencia de esos vórtices de energía ubicados a nivel del Periespíritu, que reciben también el nombre de discos o chakras, los cuales actúan como condensadores, reguladores y distribuidores de energías procedentes del Espíritu y que van hacia el organismo vitalizando todo el sistema. Su función consiste en distribuir la energía vital a nivel del periespíritu y de ahí para el cuerpo físico. Siempre se ha de tener en cuenta que los fluídos curativos actúan directamente sobre el perispíritu, que a su vez reacciona sobre el organismo material.

La palabra chakra es de raíz sanscrita y significa rueda. Efectivamente, son como ruedas o discos, cuyo diámetro e intensidad varían según las cualidades de cada persona. En el hombre común tienen unos 5 cm de diámetro, al tanto que puede alcanzar el doble en seres altamente evolucionados.

Los chakas varían en tamaño, grosor, brillo, colorido y localización, así como en la función que cumplen. Son siete los principales, y se corresponden en cuanto su posición e interacción con las diversas glándulas del ser humano, y por eso se denominan tomando en cuenta la zona fisiológica hacia donde irradian:

Centros de fuerza espirituales: Coronario ( situado en lo alto de la cabeza) y Frontal ( situado en la frente, cerca del entrecejo)

Centros de fuerza emocionales: Laríngeo ( situado en la garganta) y Cardiaco (en el corazón)

Centros de fuerza vegetativos: Esplénico ( a nivel del bazo); Gástrico ( a la altura del estómago), y Básico o Genésico (en la raíz de la médula espinal)

En este mismo orden, guardan relación con las glándulas Pineal, Pituitaria, Tiroides, Timo, Paratiroides, Suprarenales y Gónadas.

En las filosofías orientales se conocen, desde hace milenios, técnicas para el desarrollo o el despertar de los chacras, así como para colocarlos en una relación recíproca, uniéndose en el denominado " fuego serpentino" o "Kundalini".

La activación de los centros de fuerza se obtiene por medio de ejercicios espirituales y prácticas magnéticas. El Chakra Coronario está directamente relacionado con el sistema nervioso central; activa las funciones intelectuales y actúa como Centro de conexión con el Espíritu. Es de veras interesante observar los descubrimientos científicos en relación con la Glándula Pinneal. Esta produce una hormona, la melatonina, originada en la acción de una enzima sobre un elemento químico de nombre serotonina. Se ha demostrado que el hombre y los primates superiores, poseen esta sustancia en mayor cantidad que los demás animales y que su función es facilitar los procesos psíquicos y espirituales superiores.

El chakra frontal se relaciona con la videncia y la clarividencia, por eso algunos autores hablan de un "tercer ojo", en forma simbólica.

El chakra laríngeo tiene control sobre la respiración y la fonación, y guarda relación con la mediumnidad parlante,

El chakra cardiaco influye en los procesos circulatorios y dirige la emotividad. De allí la antigua tradición de relacionar el corazón con los sentimientos y las emociones.
El chakra esplénico se relaciona con todas las funciones hemáticas. El chakra gástrico se relaciona con los procesos digestivos y de absorción de los alimentos. El chakra básico estimula y coordina las actividades sexuales y genésicas.

De acuerdo con el tipo de dificultad de cada persona, el magnetizador debe dirigir la emisión fluídica hacia el chakra respectivo, impregnándolo de sus fluídos.


- Jon Aizpúrua-

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         PRUEBAS VOLUNTARIAS, EL

 VERDADERO SILICIO

Preguntáis si os es permitido aligerar vuestras propias pruebas; esta pregunta tiene relación con esta otra: Al que se ahoga, ¿le es permitido el que procure salvarse? Al que se clave una espina, ¿sacársela? Al que está enfermo, ¿llamar al médico? Las pruebas tienen por objeto ejercitar la inteligencia, del mismo modo que la paciencia y la resignación; un hombre puede nacer en una posición penosa y embarazosa, precisamente para obligarle a buscar los medios de vencer las dificultades. El mérito consiste en soportar sin murmurar las consecuencias de los males que no se pueden evitar, en perseverar en la lucha, en no desesperarse si no se sale bien del negocio; pero no en el abandono, que sería más bien pereza que virtud.

Naturalmente esta pregunta conduce a esta otra. Puesto que Jesús dijo: "Bienaventurados los afligidos", ¿hay mérito en proporcionarse aflicciones agravando sus pruebas con sufrimientos voluntarios? A esto contestaré muy claro. Si hay un gran mérito cuando los sufrimientos y las privaciones tienen por objeto el bien del prójimo, porque es la caridad por el sacrificio; no, cuando no tienen otro objeto que uno mismo, porque eso es un egoísmo fanático. Aquí debe hacerse una gran distinción; en cuanto a vosotros, personalmente, contentáos con las pruebas que Dios os envía, y no aumentéis la carga, ya de por sí muy pesada a veces: aceptadlas sin murmurar y con fe; es todo lo que El os pide. No debilitéis vuestro cuerpo con privaciones inútiles y maceraciones sin objeto porque tenéis necesidad de todas vuestras fuerzas para cumplir vuestra misión de trabajo en la tierra.

Torturar y martirizar voluntariamente vuestro cuerpo, es contravenir a la ley de Dios, que os da los medios de sostenerle y fortificarle; debilitarlo sin necesidad, es un verdadero suicidio. Usad, pero no abuséis, tal es la ley; el abuso de las mejores cosas, lleva consigo mismo el castigo en sus consecuencias inevitables.

Otra cosa es con respecto a los sufrimientos que uno se impone para el alivio del prójimo. Si sufrís frío y hambre para calentar y alimentar al que tiene necesidad y por lo cual vuestro cuerpo padece, este es un sacrificio que Dios bendice. Vosotros, los que dejáis vuestros perfumados tocadores para ir a las infectadas bohardillas a llevar el consuelo; vosotros, los que ensuciáis vuestras delicadas manos curando llagas; vosotros, los que os priváis de lesueño para velar a la cabecera del enfermo que es vuestro hermano en Dios; vosotros en fin, los que gastáis vuestra salud en la práctica de las buenas obras, ya tenéis vuestro silicio, verdadero silicio de bendición, porque los goces del mundo no han secado vuestro corazón, no os habéis dormido en el seno de las voluptuosidades enervadoras de la fortuna, sino que os habéis hecho los ángeles consoladores de los pobres desheredados. Mas vosotros, los que os retiráis del mundo para evitar sus seducciones y vivir en el aislamiento ¿para qué servís en la tierra? ¿En dónde está vuestro valor en las pruebás, puesto que huís de la lucha y evitáis el combate? Si queréis un silicio, aplicadlo a vuestra alma y no a vuestro cuerpo; mortificad vuestro espíritu y no vuestra carne; azotad vuestro orgullo, recibid las humillaciones sin quejaros, martirizad vuestro amor propio; sed fuertes contra el dolor de la injuria y de la calumnia, más punzante que el dolor corporal. Ese es el verdadero silicio cuyas heridas os serán tomadas en cuenta, porque atestiguarán vuestro valor y vuestra sumisión a la voluntad de Dios. (Un Angel Guardián. París, 1863).

"¿Debe ponerse término a las pruebas del prójimo cuando se puede, o por respeto a la ley de Dios, se les ha de dejar seguir su curso?"

Os hemos dicho y repetido muchas veces que estáis en esa tierra de expiación para acabar vuestras pruebas, y que todo lo que os sucede es consecuencia de vuestras existencias anteriores y el interés de la deuda que debéis pagar. Pero este pensamiento provoca en ciertas personas reflexiones que es necesario cortar, porque podrían tener funestas consecuencias. Algunas piensan que desde el momento en que se está en la tierra para expiar, es menester que las pruebas sigan su curso.

Los hay también que llegan a creer que no solamente no debe hacerse nada para atenuarlas, sino que, por el contrario, es menester contribuir a hacerlas más provechosas recrudeciéndolas; esto es un gran error. Sí, vuestras pruebas deben seguir el curso que Dios les ha trazado; ¿pero conocéis acaso ese curso? ¿Sabéis hasta qué punto debén llegar; y si vuestro Padre misericordioso ha dicho al sufrimiento de tal o cual de vuestros hermanos "De aquí no pasarás?" ¿Sabéis si su Providencia os ha elegido, no como un instrumento de suplicio para agravar los sufrimientos del culpable, sino como el bálsamo de consuelo que debe cicatrizar las llagas que su justicia había abierto? No digáis, pues, cuando veáis herido uno de vuestros hermanos: es la justicia de Dios, y es preciso que siga su curso; sino decid lo contrario: veamos qué medios nuestro Padre misericordioso ha puesto a mi alcance para aliviar los sufrimientos de mi hermano: veamos si mis consuelos morales, mi apoyo material y mis consejos podrán ayudarle a sobrellevar esta prueba con más fuerzas, paciencia y resignación; veamos si quizá Dios ha puesto en mis manos los medios de hacer cesar ese sufrimiento, o si me ha sido también a mí como a prueba, y tal vez como expiación, cortar el mal y reemplazarlo por la tranquilidad.

Ayudáos, pues, siempre, en vuestras pruebas respectivas, y no os miréis jamás como instrumentos de tormento; este pensamiento debe desagradar a todo hombre de corazón, mayormente a todo espiritista; porque el espiritista debe comprender mejor que los otros la extensión infinita de la bondad de Dios. El espiritista debe pensar que su vida entera ha de ser un acto de amor y de abnegación, y que cualquier cosa que haga para contrarrestar las decisiones del Señor, su justicia seguirá su curso. Puede, pues, sin miedo hacer todos los esfuerzos para endulzar la amargura de la expiación; pero sólo Dios es el que puede detenerla o prolongarla, según lo juzgue más conveniente. ¿No habría un orgullo muy grande en el hombre en creerse con derecho a exasperar la herida? ¿En aumentar la dosis de veneno en el pecho del que sufre, so pretexto de que tal es su expiación? ¡Oh! Contempláos siempre como un instrumento elegido para hacerla cesar. Resumamos: Todos vosotros estáis en la tierra para expiar, pero todos sin excepción debéis hacer todos vuestros esfuerzos para endulzar la expiación de vuestros hermanos, según la ley de amor y de caridad. (Bernardino, espíritu protector. Bordeaux, 1863).

"Un hombre está en la agonía, presa de crueles tormentos; se sabe que no hay esperanza de salvarle; ¿es permitido ahorrarle algunos instantes de agonía precipitando su fin?" ¿Quién puede daros el derecho de prejuzgar los destinos de Dios? ¿Acaso no puede conducir a un hombre al borde del sepulcro para sacarle de él, con el fin de hacerle volver en si y conducirle a otras meditaciones? En cualquier estado en que se encuentre un moribundo, nadie puede decir con certeza que haya llegado su última hora. ¿Acaso la ciencia no se ha engañado nunca en sus previsiones? Sé muy bien que hay casos que con razón pueden llamarse desesperados; pero si no queda esperanza de vida y salud, ¿no hay innumerables ejemplos de que en el momento del último suspiro, el enfermo se reanima y recobra sus facultades por algunos instantes? Pues bien. Esa hora de gracia que se le concede, puede tener para él la mayor importancia, porque ignoráis las reflexiones que ha podido hacer su espíritu, en las convulsiones de la agonía y los tormentos que puede ahorrarle un rayo de arrepentimiento. El materialista que sólo ve el cuerpo y nada le importa el alma, no puede comprender estas cosas; pero el espiritista que sabe lo que pasa más allá de la tumba conoce el precio del ultimo pensamiento. Mitigad los últimos sufrimientos tanto como podáis, pero guardáos de abreviar la vida, aun cuando no sea sino por un minuto, porque este minuto puede evitar muchas lágrimas en el porvenir. (San Luis. París, 1860).

"El que está hastiado de la vida, pero que no quiere quitársela, ¿es culpable si busca la muerte en un campo de batalla, con la idea de hacer útil su muerte?" 

Que el hombre se dé la muerte o que se la haga dar, el objeto es siempre abreviar su vida y por consiguiente, hay suicidio de intención, si no de hecho. El pensamiento de que su muerte servirá para algo, es ilusorio; no es más que un pretexto para dar un colorido a su acción y excusarla a sus propios ojos. Si tuviera formalmente el deseo de servir a su país, procuraría vivir defendiéndole y no muriendo, porque una vez muerto, de nada le sirve. La verdadera abnegación consiste en no temer a la muerte cuando se trata de ser útil, en desafiar el peligro, en hacer anticipadamente y sin pensar, el sacrificio de la vida pero la "intención premeditada" de buscar la muerte exponiéndose al peligro, aun cuando sea para hacer un servicio, anula el mérito de la acción. (San Luis. París, 1860).

"Un hombre se expone a un peligro inminente para salvar la vida a uno de sus semejantes, sabiendo de antemano que él mismo sucumbirá, ¿puede mirarse esto como un suicidio?"

Desde el momento que no existe la intención de buscar la muerte, no hay suicidio, sino sacrificio y abnegación, aun cuando se tenga certeza de perecer. ¿Pero quién puede tener esta certeza? ¿Quién ha dicho que la Providencia no tenga un medio inesperado de salvación en el momento más crítico? ¿Acaso no puede salvar al mismo que esté a la boca de un cañón? Muchas veces se puede querer llevar la prueba de la resignación hasta su último límite; entonces una circunstancia inesperada desvía el golpe fatal. (San Luis. París, 1860).

"Aquellos que aceptan sus sufrimientos con resignación, por sumisión a la voluntad de Dios y con la mira de alcanzar la felicidad futura, ¿no trabajan sólo para ellos mismos y pueden hacer que sus sufrimientos sean provechosos a otros?"

Estos sufrimientos pueden ser provechosos a otro, material y moralmente. Materialmente, si por el trabajo, las privaciones y los sacrificios que ellos se imponen, han contribuído al bienestar material de su prójimo; moralmente, por el ejemplo que dan de sumisión a la voluntad de Dios. Este ejemplo del poder de la fe espiritista puede excitar a los desgraciados a la resignación, salvarles de la desesperación y de sus funestas consecuencias para el porvenir. (San Luis. París, 1860).

Extraído de: "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec


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              EL PASE ESPÍRITA:

                         EL PASISTA                                              

                                                        



Todos los encarnados, con mayor o menor eficacia, pueden prestar su concurso fraterno en la tarea de los pases. Manifestada la disposición fiel de cooperar en el bien del prójimo por uno u otro trabajador encarnado, las autoridades del mundo espiritual designan a entidades sabias y benevolentes que orientan, indirectamente, al aprendiz, valiéndose de su buena voluntad y enriqueciéndole su propio potencial. En otras palabras, consolidada su buena voluntad sincera, el trabajador leal entra en sintonía con bienhechores espirituales que le envían, de manera indirecta, sugerencias respecto a su perfeccionamiento. En el proceso de preparación para la tarea de los pases, específicamente, es menester que el candidato considere la imperiosa necesidad de su elevación. De hecho, Allan Kardec enseña que la pureza de los sentimientos, el desinterés, la benevolencia, el deseo ardiente de proporcionar alivio, la oración fervorosa y la confianza en Dios, es decir, todas las cualidades morales, son las principales causas para el aumento de la fuerza fluídica curadora.

El fluido de la persona de bien, más depurado, tiene propiedades bienhechoras y reparadoras, que no puede tener el fluido de la persona viciosa o interesada. El desinterés mencionado por Allan Kardec debe ser tanto material como moral. El pasista no debe recibir retribución o ventaja financiera por los pases, pues no tiene el derecho de vender el fluido saludable de los buenos Espíritus: Restituid la salud a los enfermos, resucitad a los muertos, curad los leprosos, expulsad los demonios. Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. (Mateo, capítulo X, v.8).

El desinterés moral comprende la ausencia de vanidad, de orgullo y de deslumbramiento ante los resultados de la tarea: “Al aplicar pases y demás métodos de la terapéutica espiritual, no indagar sobre los resultados [...]”. André Luiz ofrece un ejemplo instructivo sobre la actitud del pasista ante los resultados alcanzados por medio de los pases. Al aplicar pases por primera vez, André Luiz obtiene la cura de la paciente, que se lo agradece intensamente. Inicialmente deslumbrado ante tal suceso, André Luiz reconoce después que: “Era como si a la luz de aquella dádiva, se mostrase con mayor fuerza el fondo obscuro de mis imperfecciones individuales”

19. La advertencia del orientador Aniceto a André Luiz en ese episodio constituye una directriz fundamental para todos aquellos interesados o ya activos en las tareas cristianas, especialmente de los pases: [...] la excesiva contemplación de los resultados puede perjudicar al trabajador. En ocasiones como esta, la vanidad acostumbra despertar dentro de nosotros, haciéndonos olvidar al Señor. Recuerda que todo bien procede de Él, que es la luz de nuestros corazones. Somos sus instrumentos en las tareas de amor. El siervo fiel no es aquel que se inquieta por los resultados, ni el que permanece extasiado en su contemplación, sino el que cumple justamente la voluntad divina del Señor y sigue adelante. Como los pases operan por la transfusión de energías psíquicas, la armonía de la mente es fundamental, conforme se indicó en el Capítulo 2. Por lo tanto, primeramente, le es necesario al pasista equilibrar el campo de las emociones.

La nostalgia prolongada, la pasión descontrolada y la inquietud obsesiva constituyen barreras que impiden la canalización de las energías auxiliadoras a ser transmitidas por los pases. Las sustancias que afectan los centros nerviosos y las funciones psíquicas, tales como el alcohol, anulan los mejores esfuerzos para la transmisión de energías equilibradas por los pases. También el exceso de alimentación perjudica las facultades radiantes, pues provoca desarmonías importantes en el organismo. Además de las cualidades morales, el pasista debe reunir conocimientos intelectuales para la realización de la tarea de los pases: “en cualquier sector de trabajo la falta de estudio significa estancamiento”

24. El estudio lleva a la comprensión racional de la tarea a realizar, así como proporciona elementos para perfeccionarla. En resumen, el estudio ayuda a que los trabajadores sean instrumentos cada vez más útiles al servicio del Maestro Jesús. Al reconocer las cualidades necesarias para el servicio de los pases, el candidato no debe sentirse desanimado, pues ellas constituyen indicadores que orientan al trabajador para que su tarea crezca en valores positivos y eternos. El instructor Alejandro esclarece la cuestión con sabiduría: [...] Si la práctica del bien estuviese circunscripta a los Espíritus completamente buenos, sería imposible la redención humana. Cualquier cuota de buena voluntad y espíritu de servicio recibe de nuestra parte [de los Espíritus] la mejor atención. Sin embargo, las palabras del instructor Alejandro no deben ser interpretadas para justificar actitudes comodistas de los candidatos a la tarea de los pases o de los trabajadores. Parafraseando la enseñanza evangélica sobre los buenos espíritas, se puede afirmar que se reconoce al verdadero pasista por su transformación moral y por los esfuerzos que hace para dominar sus malas inclinaciones. Además del pasista encarnado, hay un equipo de trabajadores espirituales en el servicio de pases de una Casa Espírita.

El cuadro de auxiliares desencarnados se establece de acuerdo con la organización determinada por los mentores de la Esfera Superior. Los colaboradores espirituales son fichados, tal como ocurre con los médicos y enfermeros en un hospital terrestre común. El equipo espiritual, según el principio de la sintonía, se constituirá de Espíritus afines con los pasistas. Si los trabajadores encarnados actúan con buenas intenciones y buscan elevarse intelectomoralmente, atraerán a buenos Espíritus para la realización de la tarea de los pases. Esclarece Manoel Philomeno de Miranda que: En el conjunto de los cooperadores encarnados, el médium pasista, disciplinado y vigilante, puede ser comparado con un interruptor que acciona el flujo de fuerzas, a través de sus propias potencialidades, funcionando entre los desencarnados y los portadores de cualquier disturbio.

En esa labor, al filtrar las energías procedentes de nosotros [los desencarnados], las transmite cargadas de las fuerzas personales, fácilmente asimilables por los necesitados, en función de la estancia en la coyuntura fisiológica. Como verdadero transceptor, le es indispensable generar energías puras, saludables, de las que nos utilizamos [los desencarnados] para los complejos trabajos de restauración de periespíritus enfermos y de organismos somáticos lesionados... Sin embargo, por alto que sea el potencial curador de que disponga el hombre, si éste no se vincula a las labores de santificación y no se engrandece interiormente, mediante la vivencia del Cristianismo en su pureza, se convierte en un poseedor de graves recursos destructivos, que son utilizados por mentes infelices e impiedosas, con las cuales sintoniza por medio de procesos especiales de identificación de propósitos, de inconsciencia y de irresponsabilidad, que pasan a comandarlo en una dominación perniciosa.

Además, eso sucede con todo aquel que se permite licencias y desequilibrios morales. Los que disponen de más expresivas fuerzas de actuación enérgica más fácilmente se convierten en presas de aquellas mentes, por motivos obvios. Cada criatura emite las vibraciones que le son propias, correspondiéndole el deber impostergable de perfeccionar tales energías, colocándose al servicio del bien operante. Y ese precioso medio de alterar providencialmente las propias fuerzas es el conocimiento y la vivencia del Evangelio de Jesús en toda su elocuencia. El pasista no debe pretender obtener los mismos resultados alcanzados por Jesús y los apóstoles, pero sí tiene el deber de educarse mentalmente y buscar su propia renovación moral al mismo tiempo que contribuye para la mejoría del semejante.

Simoni Privato Goidanich, y Carlos Roberto Campetti
Extraído del libro "Pases A la Luz del Espiritismo"


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     UN BELLO RELATO DE DIVALDO

                             

  Nuestro querido amigo y médium ( Ya fallecido), Divaldo Pereira Franco, durante una conferencia durante el año 2021, relató la siguiente y bonita historia:

"Lo que voy a contarles ocurrió hace años, cuando yo tenía más tiempo cuidaba a personas moribundas.

Hoy "Mansión del Camino" es una miniciudad;  atendemos a más de 5 mil personas todos los días. Solamente niños hay 3.500mil, desde la maternidad hasta la secundaria, y dentro de unos años tendremos una universidad.

Un día alguien llamó a la puerta de nuestra casa en Mansión del Camino. Era una señora mayor que se estaba muriendo y vivía allí en mi barrio. Esta señora administraba pases de sanación espiritual. Estaba muriendo de tuberculosis.

Ella me dijo: - Me estoy muriendo Divaldo, pero antes necesito contarte mis secretos.

Nunca le pregunto nada a nadie, soy muy cuidadoso porque no sé por lo que está pasando la persona.

- Tengo un hijo y hoy es médico.

Mi hijo vendrá aquí para saber lo que te dije antes de morir. Pero te voy a pedir que no le cuentes nada.

Estaba pasando por muchas dificultades y me vendí a alguien por un plato de comida. Quedé embarazada en ese único encuentro.

Cuando le dije al hombre que estaba embarazada, él me dijo que no era suyo y me dejó.

Elegí criar a mi hijo sola; trabajé lavando ropa para familias.

Mi hijo quería estudiar medicina, y para ayudarlo vendí comida en la calle. Un día, su profesor universitario compró la comida que yo vendía. Se hizo cliente, un amigo, así que le pedí que diera una oportunidad laboral en la clínica para mi hijo, y él se la dio.

Ahorré dinero para comprarme un vestido rojo porque soñaba con usarlo en la graduación de mi hijo, compré también el anillo de graduación para él.

Un día antes de la graduación Él vino y me dijo que tenía dos cosas que decirme.

- Quiero pedirte que no vayas en mi graduación.

- ¿Pero por qué?

- Debido a las condiciones sociales y raciales, alguien podría decir algo que podría lastimarte. ¿Te importaría si te pido que no vayas?

- No me molesta ,está todo bien. Estoy aquí para ayudarte.

- Voy con mi nueva novia y ella entrará conmigo.

Vi que mi hijo se avergonzaba de mí, sentí un dolor en el pecho, parecía un ataque al corazón.

- Te voy a pedir otra cosa, si te enfermas no vengas a mi consultorio. El padre de mi futura esposa es dueño de la propiedad y yo seré quien la herede; me casaré con su hija, no quiero que vayas al consultorio porque la gente allí es diferente. Si necesitas algo llama a la clínica.

Él me dio el número de la clínica; estaba en una tarjeta, pero soy analfabeta y no sé leer y él lo sabe.

Antes de irse me dijo:

- Ya conseguí lo que necesitaba; las cosas que sobraron dáselo a estos pobres. No vuelvo más a este barrio.

Y nunca más regresó. Me entero de él por amigos; me traen periódicos con su foto y los conservo. No sé leer, pero los conservo porque tienen sus fotos.

Él vendrá aquí, Divaldo. Dile que lo amo más allá de la muerte.

La mujer sufrió una hemoptisis y murió frente a mí, en mis brazos.

Pasó una semana y estaba recibiendo la gente en Mansión del Camino, miré la fila y allí estaba él.

Él se acercó a mí y me dijo:

- Divaldo, me enteré de que una señora vino a verte; falleció hace unos días. Es una conocida de mi familia. Quería saber qué te dijo.

- ¿Cuál es tu relación con ella?

- Ninguna.

- Entonces no lo voy a decir. Recuerdo que me dije a mí mismo: ¡éste sí que pagará!

Al día siguiente regresó y me hizo la misma pregunta.

Y le dije: "¡Tu eres el hijo de esa mujer! Tengo una vida pública y conozco a mucha gente. Tu madre es una de esas almas nobles, una de las damas más honorables que he conocido.

Mientras estoy hablando veo el espíritu de su madre entrar por la puerta llorando mucho y lo abrazó. Ella estaba desesperada y me dijo:

- ¡Divaldo, dile que lo quiero mucho, lo amo mucho! ¡Por favor!

Tu madre me dijo que tu cambiaste mucho después de casarte y que tu suegro tuvo algunos problemas de salud.

Él se quedó en silencio un rato y me preguntó:

- En la Doctrina Espírita que usted predica, ¿hay perdón?

- Respondí que nuestra vida es un acto eterno de perdón.

- Yo he sido un hijo terrible, me avergonzaba de mi madre. Siempre sentí un tremendo resentimiento hacia ella, una amargura por haber sido su hijo.

- Son ilusiones, amigo mío. Hoy ella está en el Reino de los Cielos, y hoy tu estás aquí en una situación difícil.

- ¿Hay algo que yo pueda hacer para redimirme?

- El terreno está allí; tu podrías construir una clínica y honrarla bautizándola con su nombre. Y una vez a la semana vete  a ayudar a los pobres, pero dijiste que no volverías más allí porque tus clientes eran de un nivel diferente.

-¿Pero eso me redime?

- Sí.

Fuimos al terreno donde estaba la casa. Nilson también fue, Nilson era arquitecto. Ella me había pedido que quemara la casa para que no se propagaran las enfermedades; era una casa hecha de bambú y barro.

Él construyó la clínica y con el tiempo se hizo conocido como el médico de los miserables. Cerró su clínica particular y se dedicó exclusivamente a ese lugar, el lugar donde dijo que nunca más volvería, precisamente en el mismo lugar de su antigua casa.

Él era mayor que yo y continuó atendiendo los pobres que no tenían nada hasta el último día de su desencarnación.

Así que, queridos amigos, esta es la luz en la oscuridad, la luz del amor en la oscuridad...Ésta es la caridad enseñada por Jesús."

Divaldo Franco, resumen de una Conferencia en Octubre de 2021.

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