lunes, 2 de agosto de 2021

El Zodiaco y el destino humano

    INQUIETUDES  ESPÍRITAS

1.- El Zodiaco y el destino humano

2.-  Experiencias y conocimiento

3.-Objetivos del Espiritismo

4.- Los espacios cósmicos y la eternidad

5.- El Consolador Prometido




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 EL ZODIACO Y EL DESTINO HUMANO


 El destino humano, en líneas generales, siempre es producto de un programa  trazado o aceptado de antemano por el Ser espiritual desde antes de nacer, en uso de su libre albedrío y de acuerdo a lo señalado para cada uno  por la ley  de Consecuencias.

 Cada Espíritu escoge antes de encarnar y con arreglo a sus necesidades evolutivas y de los imperativos que le señalen la Ley de Consecuencias,  el cuerpo que tendrá, su sexo, enfermedades congénitas, y demás circunstancias de la vida que afrontará como ser humano y que incluye  las pruebas que va a tener que afrontar. Esta elección podrá ser condicionada por la necesidad y la forma de reparación de sus faltas, habiendo casos en los que una determinada reencarnación con especiales circunstancias que deberá afrontar, podrá ser impuesta por imperativos Divinos para su evolución.

 El destino kármico no supone  un fatalismo ciego, sino un determinismo que está condicionado por las actuaciones individuales del Ser humano, en el pasado y en el presente, de modo que en cada momento de nuestra existencia, estamos condicionando nuestro propio futuro..

 Existe la predestinación en cuanto a las grandes pruebas de carácter general que vamos a tener que afrontar en la existencia, como resultado de la ley de consecuencias o la misión comprometida por cada uno,  pero no existe el fatalismo ciego e irremediable ante lo que nos acontece, pues el destino de cada uno se puede modificar a cada paso  mediante el propio esfuerzo.  El karma como destino bueno o malo  se puede alterar cada día mediante nuestras actuaciones  buenas o malas y sus consecuencias.

 El determinismo en los acontecimientos humanos no ocurre de modo absoluto. Sí que existe sin embargo ese determinismo en las pruebas de naturaleza física, tal como las enfermedades congénitas, etc. En cuanto a las pruebas morales, el Ser conserva el libre albedrío, siendo posible acceder o resistir a las tentaciones y por tanto modificar  en esta vida las resoluciones tomadas en el mundo espiritual antes de encarnar.

 Si fuesen los astros los que señalasen cada detalle de nuestro actuar en la vida, no tendríamos responsabilidad alguna por nuestros actos en la misma, y por tanto el progresar y evolucionar no dependería de nosotros, sino que dependería de lo que caprichosamente determinasen los signos zodiacales que a cada uno le hayan tocado en suerte cuando nació. Y sin duda, que la Suprema  Perfección – Dios-, tal como dijo Einstein, no juega a los dados la suerte del ser humano.

 Por tanto, ningún destino de nadie está escrito de forma indeleble en las estrellas, sino en los  actos  llevados a cabo  alguna vez por cada Ser espiritual y que a su vez se pueden variar precisamente con otros nuevos actos rectificadores según  la Ley de Consecuencias.

 No obstante, como objeción a la tesis astrológica, es de señalar que  la influencia magnética de los astros sobre nuestro mundo y sobre las personas, más bien se toma como algo mágico y misterioso que señalan los horóscopos a cada uno con carácter particular. Los Seres espirituales que vienen a este mundo, aun haciéndolo en una misma época y lugar, son absolutamente diferentes entre sí, permaneciendo las individualidades bien diferenciadas (lo comprobamos en muchas parejas de hermanos gemelos, que tendrían que ser prácticamente iguales en todo y con frecuencia son bien diferentes). Además, siendo  la Astrología un  arte o una superstición antigua, en el que la imaginación de los hombres unió los astros y creó figuras mitológicas en el cielo estrellado, no se tuvo en cuenta que además de los planetas y estrellas vistos entonces y reconocidos, más tarde se han descubierto después otros nuevos, que lógicamente deberían tener también su influencia y su lugar astrológico, y esto no se tuvo nunca en cuenta.

  Recordemos las palabras del Maestro Jesús, cuando al respecto nos indicó claramente que, a cada cual sería dado según sus obras, pero no dijo sin embargo que nos sería dado según nuestro horóscopo.


- Jose Luis Martín-

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EXPERIENCIAS Y CONOCIMIENTO
                                                           


Cada día que se inicia, de la misma forma que cada día que fenece, resultan en una valiosa oportunidad de aprendizaje para la mejor conducción de la vida material, cuya importancia para el alma es tan trascendente que se aleja del mundo de las formas, para prevalecer en el de las ideas. 

Cada página que se llena del libro de la vida, permanece con tinta indeleble, relatando para el futuro el historial de cada Espíritu, grabando así las múltiples experiencias que lo conducen a la elevación o lo mantienen, retenido, en los acontecimientos menos felices que no permitieron su avance. Si el ser encarnado tuviera una visión clara de la reencarnación, desprovista de ideas utópicas y de vanidades nada constructivas, habría de apostar a un mejor aprovechamiento de su estadio  en la materia, que no pasa de ser un enriquecimiento para él mismo o una lamentable experiencia fracasada, podría ser más consciente de esa dádiva de la divinidad hacia la criatura, que distrae y derrocha su tiempo sin alcanzar a medir su valor, en atender más a los llamados del instinto que de la razón… 

Por ello es imprescindible profundizar en el contenido de la Doctrina Espiritista, rica en revelaciones cuanto a la vida después de la vida, de la reencarnación y sus sabios mecanismos que actúan en concordancia con la Justicia Divina, revelaciones proporcionadas por los legítimos protagonistas de la vida, que son los Espíritus inmortales…

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Busca, pues, comprender cuán importante es el valor de los minutos que conforman tu existencia terrena a fin de que mañana, de regreso a la vida espiritual, no tengas que lamentar el tiempo perdido en cuestiones intrascendentes que maniataron tus pies, impidiéndote avanzar… 

(Extaído de la obra “DEL MAESTRO AL DISCÍPULO”. Capítulo 44: Experiencias y conocimiento. Obra dictada por el espíritu de Cosme Mariño, a través de la psicografía de Juan Antonio Durante. Publicado por: Livraria Espírita Alvorada Editora).


(Tomado de la Revista Amor, Paz y Caridad, del Grupo Villena)


       
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    OBJETIVOS DEL ESPIRITISMO

  
La práctica del Espiritismo no debe solamente proporcionarnos las lecciones del Más Allá, la solución de los graves problemas de la vida y de la muerte; ella puede además enseñarnos a poner nuestras propias radiaciones en armonía con la vibración eterna y divina, a dirigirlas y disciplinarlas.. No olvidemos que es mediante un ejercicio psíquico gradual, una aplicación metódica de nuestras fuerzas, de nuestros fluidos, de nuestros pensamientos y de nuestras aspiraciones, como preparamos nuestro papel y nuestro futuro en el mundo invisible; la actuación y el porvenir que serán mayores y mejores a medida que conseguimos hacer de nuestra alma un foco más radiante de fuerzas, de sabiduría y de amor. 

Inicialmente, es preciso vencer el mal en sí, a fin de hacerse apto para combatirlo y vencerlo en el orden universal. Es preciso convertirse en un espíritu radiante y puro, para asimilar las fuerzas superiores y aprender a utilizarlas..

Es solamente en esas condiciones como el ser se eleva, de peldaño en peldaño, hasta las alturas espirituales donde resplandece la gloria divina, donde el ritmo de la vida arrulla, en sus ondas poderosas, la obra eterna e infinita.

LEÓN DENIS
El Espiritismo y las Fuerzas Radiantes

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LOS ESPACIOS CÓSMICOS Y LA ETERNIDAD

Hay tantos mundos en la vasta extensión, como tiempos diversos e incompatibles.
Fuera de los mundos, solamente la eternidad sustituye esas efímeras sucesiones y llena tranquilamente con su luz inmóvil la inmensidad de los cielos... 

Inmensidad sin límites y eternidad sin límites, esas son las dos grandes propiedades de la naturaleza universal.

La mirada del observador que atraviesa, sin encontrar jamás algo que lo detenga, las inconmensurables distancias del espacio, y la del geólogo que se remonta más allá de los límites de las edades, o que desciende a las profundidades de la eternidad, donde ambos se perderán un día, obran en concordancia, cada uno en su dirección, para adquirir esta doble noción del infinito: extensión y duración.

     Ahora bien, dentro de este orden de ideas, nos será fácil concebir que, puesto que el tiempo sólo es la relación de las cosas transitorias y depende únicamente de las cosas que se miden, si tomásemos un siglo terrestre como unidad y lo acumuláramos de a miles para formar un número colosal, ese número nunca representaría más que un punto en la eternidad, del mismo modo que miles de leguas adicionadas a miles de leguas no dan más que un punto en la extensión.

     De ese modo, por ejemplo, ya que los siglos están fuera de la vida etérea del alma, podríamos escribir un número tan largo como el ecuador terrestre, y suponer que hemos envejecido ese número de siglos, sin que en la realidad nuestra alma cuente un solo día más. Y si agregamos a ese número indefinible de siglos una serie de números semejantes, larga como de aquí al Sol, o todavía más considerable, y si imaginásemos que viviremos durante una sucesión prodigiosa de períodos seculares representados por la suma de esos números, cuando llegásemos al término, el inconcebible cúmulo de siglos que pesaría sobre nuestras cabezas sería como si no existiese, pues delante de nosotros estaría siempre toda la eternidad.

    El tiempo sólo es una medida relativa de la sucesión de las cosas transitorias. La eternidad no es susceptible de ser medida desde el punto de vista de la duración; para ella no hay comienzo ni fin: todo es presente.. Si siglos y siglos son menos que un segundo en relación con 
la eternidad, ¿ qué será la duración de la vida humana?

La Génesis - Capítulo VI
Allan Kardec


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 EL CONSOLADOR PROMETIDO


 Jesús prometió otro Consolador: es el Espíritu de Verdad, que el mundo no conoce aún, porque no tiene la suficiente madurez para comprenderle y que el Padre enviará para enseñar todas las cosas y para recordar lo que Cristo dijo. Pues, si el Espíritu de Verdad debe venir más tarde a enseñar todas las cosas, es porque Cristo no lo dijo todo; si viene para recordar lo que Cristo dijo, es porque eso fue olvidado o mal comprendido.

El Espiritismo viene, en el tiempo señalado, a cumplir la promesa de Cristo: el Espíritu de Verdad preside su institución, llama a los hombres a la observancia de la ley y enseña todas las cosas haciendo comprender lo que Cristo sólo dijo en parábolas. Cristo dijo: “Que oigan los que tengan oídos para oír”; el Espiritismo viene a abrir los ojos y los oídos, porque habla sin figuras y sin alegorías; levanta el velo dejado intencionalmente sobre ciertos misterios, y viene, por fin, a traer un consuelo supremo a los desheredados de la Tierra y a los que sufren, dando una causa justa y un fin útil a todos los dolores.

Cristo dijo: “Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados”; pero, ¿de qué forma se puede ser feliz, sufriendo, si no se sabe por qué se sufre? El Espiritismo le muestra la causa en las existencias anteriores y en el destino de la Tierra, donde el hombre expía su pasado; le muestra su objeto, indicando que los sufrimientos son como crisis saludables que conducen a la curación y que son la depuración que asegura la felicidad en las existencias futuras. El hombre comprende que merece sufrir y encuentra justo el sufrimiento; sabe que ese sufrimiento ayuda a su progreso y lo acepta sin murmurar, como el obrero acepta el trabajo que le debe valer su salario. El Espiritismo le da una fe a toda prueba en el porvenir, y la duda punzante ya no se abate sobre su alma; haciéndole ver desde lo alto, la importancia de las vicisitudes terrestres se pierde en el vasto y espléndido horizonte que devela, los infelices extraviados que, viendo el cielo, caen en el abismo el error. Creed, amad, meditad las cosas que os son reveladas; no mezcléis la cizaña con el buen grano, las utopías con las verdades. ¡Espíritas! Amaos: he aquí la primera enseñanza; instruíos, he aquí la segunda. Todas las verdades se encuentran en el Cristianismo; los errores que se han arraigado en él son de origen humano y he aquí que, más allá de la tumba, donde creíais encontrar la nada, hay voces que os claman: ¡Hermanos! Nada perece; Jesucristo es el vencedor del mal, sed los vencedores de la impiedad. 

(EL ESPÍRITU DE VERDAD, París, 1860).

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