INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- La actitud filosófica del espírita
2.- Insensibilidad de los convulsionantes
3.- La Doctrina Panteísta
4.- Venza a la ansiedad
********************************
LA
ACTITUD FILOSÓFICA DEL ESPÍRITA
El espiritismo otorga una filosofía a quien lo
comprende y asimila. Una filosofía es un cuestionamiento de las cosas básicas
que nos suceden en la vida, y una búsqueda incesante de unos principios o
valores en donde sustentar nuestro carácter.
Un espírita no es un Locke, ni un Husserl, ni
inventa ni descubre nada que no haya sido ya dicho. La moral espírita se basa
en las enseñanzas del rabí de Galilea, Jesús de Nazareth, pues no es la vida
pública o mística de Jesús lo que nos preocupa u ocupa. .
El estudio de la vida y anécdotas históricas de
Jesús es fascinante, pero nos aleja de nuestro cometido: la moral espírita.
Decíamos que sus enseñanzas son el óbice de nuestra moral como espíritas. Moral
no siempre bien comprendida, y que ha llevado a fanatismos a lo largo de
la historia, pues no debe de ser interpretada al pie de la letra. Para ello el
Evangelio según el Espiritismo, da una cabal explicación de los pasajes más
importantes de la moral de Cristo.
El verdadero espírita comprende la seriedad de
las críticas que un Nietzsche arroja ante la melifluidad y apocamiento de
algunas actitudes mal llamadas cristianas, pues pensadores de tal calibre
intentan recuperar el pensamiento heleno, en su estado más puro. No haremos
aquí una superficial opinión de las intrincadas y complejas opiniones del
filósofo alemán, que merece toda nuestra admiración, por su valentía y por su
gran capacidad para sobreponerse a una forma de pensar que reina sobre
occidente desde prácticamente la caída del Imperio Romano.
Reflexionar es de vital importancia para
cualquier amante del conocimiento. No obstante el ya mencionado Evangelio según
el Espiritismo, que no es un evangelio nuevo, en la parte introductora nos
habla de la filosofía de Platón y Sócrates. En su aspecto moral. Dejando a un
lado otras múltiples cuestiones de la filosofía de ambos. Por no decir, que en
realidad hace hincapié en Sócrates, dejando a Platón a un lado, teniéndolo en
cuenta como mero trasmisor del pensamiento del primero. Hablaríamos por tanto
de los primeros libros de Platón, en donde la figura de Sócrates es claro
relieve. Ahí se hace una comparación entre las ideas de los filósofos y las de
Jesús, en temas que con el paso del tiempo han perdido su claridad, sea por
ejemplo: la reencarnación, o la importancia de los “daímones” o espíritus
familiares que se comunican con los que estamos en la materia física
(encarnados).
Al observar estas ideas, vemos que hay una
línea clara y directa en el pensamiento moral, es la verdadera antorcha que no
se ha de poner debajo del celemín. Queremos decir, se atisba la verdad de los
pasos, cuando Jesús decía yo soy el camino, hablaba de sus acciones, de sus
enseñanzas, no de su persona.
Es un oscuro complot teológico lo que con
la figura del humilde carpintero se hizo después. Su mensaje embriagaba a las
multitudes, en el “Sermón de la Montaña” única parte veraz de todos los
evangelios según el prestigioso religioso T. de Chardin, Jesús hablaba a las
multitudes, capaz de sugestionarlas hasta tal punto que cobraban sentido sus
palabras “no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que viene de
Dios”. De ahí la explicación que Kardec ofrece a los llamados milagros en la
obra La Génesis, los milagros y las profecías según el Espiritismo, de los
panes y los peces que se multiplican, dando de comer a multitudes
ingentes.
Bien, Jesús inspirado por el Verbo (logos), el
Espíritu Santo, o sencillamente el Espíritu hablaba lo que toda la humanidad ha
escuchado por boca de sus diferentes profetas: paz y amor, esperanza y
redención, justicia para el oprimido, verdad y libertad. Este mensaje que
irradia desde las toscas manos que redactaron los evangelios, sobrepasa en
mucho las sutilezas que posteriormente Pablo de Tarso, o cualquier padre de la
Iglesia fueron introduciendo al mensaje “original” de Jesús; dando lugar al
cristianismo que conocemos, que seguramente no tenía mucho que ver con el que
Jesús predicó. “Ahí dónde dos o tres estén en mi nombre, yo estaré con ellos”,
dice en un pasaje. Esto es un acto de fe que nos liga a él, porque el
espiritismo nos da la posibilidad de rastrear estos pasos de amor e
indulgencia, nobleza y caridad auténtica (no de limosna) al prójimo.
Muchos llamados santos o santas, no son
más que mártires de ideas, pero en cambio otros, irradian una bondad y una fe
en las clases más populares, que cuanto menos es de admirar.
Es un fenómeno antropológico ver el fervor de
una población hacia su santo/a patrón/a. Supera la tradición y alcanza cotas de
misticismo popular. Innato en el ser humano; igual era ir a venerar a Venus
Generatrix que a la Virgen María. Solamente ha cambiado el nombre y la época.
¿Rige un Dios nuestro mundo, nuestro universo? Pregunta que golpea con dureza
nuestra inteligencia. Hay preguntas tan hondas que superan la capacidad de
cualquier respuesta. En el inicio del Libro de los Espíritus de Allan Kardec,
ante la pregunta número 1 “¿Qué es Dios?”, los espíritus contestan “La inteligencia
suprema, causa primera de todas las cosas”. Respuesta bastante profunda y digna
de meditación. Pero en la que no nos descollaremos, pues nos interesa llegar a
otro lugar, dejándote caro/a lector/a que hagas propia tal pregunta y medites
si tiene sentido o no para ti tal respuesta.
Somos poco más o menos que accidentes
biológicos, empeñados en trascender a toda costa nuestra realidad
material. Sería lógico pensar que tras la muerte todo se acaba. Pero es
inquietante observar que todos los pueblos tienen su idea del “más allá”. No
hay pueblos ateos. El ateísmo ha sido una reacción intelectual ante los excesos
y fanatismos de la religión. En realidad los escépticos griegos, que
constituían un modo de pensar en la Antigua Hélade, decían que “es posible que
haya una verdad o principio de la naturaleza (arjé) pero desde luego no lo
podemos llegar a conocer”. En el fondo algo así dice el espiritismo en su
pregunta 14 del mentado Libro de los Espíritus, que por mucho que divaguemos no
podemos llegar a comprender a Dios, que hay cosas más fundamentales que sí
están a nuestro alcance y que nos competen más. En esa respuesta, que desisto
copiar literal adrede, se hace un claro ataque a la fatua vanidad de quienes
indagan sobre humo, y nos pone en alerta de nuestras conductas para con el
prójimo.
En realidad un espírita es igual a un
escéptico griego, sabe qué hay una verdad, pero dada nuestra limitación,
siempre está en constante búsqueda de certezas. Lo contrario es engullir dogmas
e ideas preconcebidas: la muerte de todo pensamiento racional.
Son muchos los experimentos realizados por
personas desinteresadas, estudiosas, que incluso se han jugado su prestigio
científico, y cuyos puntos de partida eran totalmente opuestos a las
manifestaciones espiritistas, los que dan aval a lo que fundamenta nuestra
creencia.
Muchas investigaciones pertenecen al pasado,
entonces decir Espiritismo inspiraba entre respeto y temor, ambas cosas eran
posibles. Después de la Segunda Guerra Mundial más bien burla e incredulidad,
tal es el arma que se esgrime en la actualidad ante las ideas que una y otra
vez acechan nuestra especie, en busca de quienes “tengan oídos para escuchar y
ojos para ver”.
Ahora ya no se llaman fenómenos
espíritas, reciben otra nomenclatura, e incluso han huido de los laboratorios
parapsicológicos, refugiándose en los lugares más insospechados, pero bajo el
amparo de prestigiosos científicos, que de forma “fortuita” han tropezado con
estas cuestiones de la pervivencia de la vida tras de la muerte. Son nombres
anónimos, ante la gran masa, pero que vuelven a levantar los interrogantes que
aparentemente se habían sepultado tras el intento de desprestigio de las viejas
escuelas de Metapsíquica de Richet, o el Espiritismo de Kardec.
Estos fenómenos que se hallan fácilmente en
cualquier cultura, presente o pasada, conservan una envoltura etnográfica que
hace difícil para el observador desprevenido poder separar un principio que se
da en todas estas manifestaciones, y que Kardec denominó mediumnidad, con los
ritos y aparato sugestivo que acompañan a las mismas.
Allan Kardec en su obra El libro de los Médiums
asentó la primera metodología y estudio serio sobre dicha facultad. A
diferencia de los papiros egipcios u otros escritos mistéricos del pasado,
Kardec usa el método científico, propio de nuestro tiempo, abandonando el
simbólico-interpretativo o hermenéutico. Pues no se trata de un fenómeno nuevo,
sino antiquísimo, pero que antes sólo era propicio para los iniciados. Debe el
espírita comprender y valorar su importante legado del pasado, pero sin
anclarse en él, ni complacerse inútilmente.
Avanzar siempre, como dijo el pensador León
Denis “siempre adelante, siempre más lejos, siempre más alto”.
Del Blog “Claro de Luna” de Myriel
**************************
INSENSIBILIDAD
DE LOS CONVULSIONANTES
En el vasto
universo de descubrimientos y reflexiones que componen la Doctrina Espírita, la
pregunta 483 de “El Libro de los Espíritus” se destaca como un punto de
encuentro entre la fe, la ciencia y la comprensión de la dimensión espiritual
del ser humano. Al abordar la insensibilidad física observada en
convulsionarios y otros sometidos a torturas extremas, la respuesta de los
Espíritus Superiores, junto con los análisis de Allan Kardec y el comentario
del espíritu Miramez, ofrece una rica oportunidad para comprender los
mecanismos que transcienden la materia.
La
pregunta y la respuesta en el contexto espírita
Kardec pregunta:
“¿Cuál es la causa de
la insensibilidad física observada en algunos convulsionantes, así como en
otros individuos sometidos a las más atroces torturas?”
La respuesta de los
Espíritus Superiores revela una doble perspectiva:
Efecto
del Magnetismo: La acción
magnética, así como la de ciertas sustancias, puede influir en el sistema
nervioso, reduciendo o eliminando la sensibilidad.
Exaltación
del Pensamiento: Cuando el
pensamiento se exalta, la sensibilidad del cuerpo puede embotarse. Es como si
la vida se retirara parcialmente del cuerpo para concentrarse en el espíritu.
Ejemplos de esto pueden verse en situaciones en las que una fuerte ocupación
mental impide la percepción de dolor o malestar físico.
Esta explicación nos
lleva a comprender que la conexión entre cuerpo y espíritu es maleable,
permitiendo que los factores espirituales y psicológicos influyan profundamente
en el estado físico.
Nota
de Allan Kardec .-
Kardec complementa la
respuesta con un análisis esclarecedor del fenómeno, observando situaciones
concretas en las que se manifiesta la insensibilidad. Menciona que:
Exaltación
fanática y entusiasmo: Estos
estados pueden neutralizar la sensibilidad como un anestésico natural. Ejemplos
históricos muestran a cristianos que afrontan la tortura con calma y a soldados
heridos que continúan luchando sin darse cuenta de sus heridas.
Acción
de los Espíritus y Disposición Natural: La interferencia espiritual, en muchos casos, se limita a
aprovechar las disposiciones naturales del individuo. Cuando la causa es
meramente natural y se agrava por circunstancias externas, puede controlarse
con medidas adecuadas, como la intervención de una autoridad pública.
Esta nota de Kardec es
fundamental para diferenciar los fenómenos que se originan directamente por
influencia espiritual de aquellos que tienen una raíz predominantemente física
o psicológica.
La
visión de Miramez: La causa de la insensibilidad
En el texto
titulado “La Causa de la Insensibilidad” , presente en la obra Filosofía Espírita , el espíritu Miramez profundiza en el
tema y ofrece una perspectiva espiritual y moral rica en significado:
La
fe como factor aislante: Miramez
destaca que la fe es la principal causa de la insensibilidad al dolor. La
verdadera fe, hija de la caridad y madre de la esperanza, tiene el poder de
canalizar la atención hacia algo mayor, neutralizando los efectos del dolor
físico.
Fe
y Magnetismo: También se destaca
la relación entre magnetizador y magnetizado, mostrando que la confianza y la
fe en el magnetizador crean una conexión que permite alcanzar estados de
insensibilidad.
Fanatismo
y peligro: A pesar de
reconocer el poder del fanatismo para producir insensibilidad, Miramez advierte
de los riesgos de la fe ciega. Exalta la evolución de la fe ciega a la fe
razonada y, posteriormente, a la fe intuitiva, como camino de progreso
espiritual.
Análisis
y reflexión sobre los aspectos presentados
La combinación de
ideas presentadas por los Espíritus Superiores, por Kardec y por Miramez nos
lleva a algunas reflexiones importantes:
La
fe como instrumento de poder: La fe verdadera es una fuerza capaz de transformar la
realidad de un individuo, no sólo a nivel espiritual, sino también a nivel
físico. Cuando se guía por la razón y la comprensión de las leyes divinas, se
convierte en un recurso invaluable para superar los desafíos.
El
papel del magnetismo: El magnetismo,
como fuerza natural, demuestra hasta qué punto el cuerpo humano puede ser
influenciado por factores externos y por la armonía entre los individuos. Esta
relación nos recuerda que el universo está gobernado por leyes naturales, que
se extienden más allá de lo que percibimos.
Fanatismo
versus fe razonada: el fanatismo,
aunque poderoso, puede conducir al desequilibrio y a la irracionalidad. La
Doctrina Espírita, al promover la fe razonada, orienta a los individuos hacia
una experiencia consciente y equilibrada de la espiritualidad.
Interferencia
Espiritual: La acción de los
Espíritus, ya sean superiores o inferiores, demuestra la complejidad de las
relaciones entre los planos espiritual y material. La sintonía es siempre el
factor determinante a la hora de establecer estas conexiones.
Conclusión
La exploración de la
causa de la insensibilidad en los convulsionarios en la época de la
Codificación Espírita nos revela la interconexión entre los aspectos físico,
psicológico y espiritual de la vida humana. A través de la comprensión del
magnetismo, la exaltación del pensamiento y la influencia de la fe, nos damos
cuenta de que el dolor y la insensibilidad no son meros fenómenos corporales,
sino expresiones de una realidad mucho más amplia y profunda.
La Doctrina Espírita
nos invita a trascender el materialismo y explorar los poderes del espíritu. En
este proceso, la fe razonada y el estudio constante se convierten en los
fundamentos de una vida espiritual más plena, permitiéndonos comprender y
aplicar estas verdades en nuestra vida diaria. Así nos acercamos cada vez más
al ideal de perfección moral y espiritual que propone la Doctrina Espírita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario