jueves, 8 de agosto de 2019

¡ En el nombre de Dios!


  INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Espiritismo y Budismo
2.- La Precognición
3.- ¿Somos naturalmente seres sociales?
4.- Allan Kardec, el buen sentido encarnado
5.- ¡ En el nombre de Dios !

                    
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           Espiritismo y Budismo

    Jesús es el gobernador de la Tierra, el sintetizador de todos los credos, doctrinas o religiones del mundo.  El hombre no debe preocuparse sobre la superioridad de  otros instructores que lo hayan  antecedido o precedido. Los antecesores de Jesús  prepararon el camino para un mejor entendimiento iniciático de su pasión y crucifixión. Cada instructor  aportó un mensaje  adecuado  a cierto tipo de raza o pueblo,  enseñándolos la inmortalidad del alma  y los deberes del espíritu encarnado  en afinidad con los postulados evangélicos de Jesús.

   Confucio preparó el camino en China, Krisna en la India, Zoroastro en Persia, Hermes en Egipto, Orfeo  en Grecia y Buda en Asia. Todos ellos expusieron conceptos  semejantes a los de Jesús,  que el sintetizador expondría en Judea, aunque con las características peculiares de su pueblo. Ellos fueron la preliminar del Cristo Jesús, los niveladores  del terreno para afirmar definitivamente la comprensión futura del Cristianismo. Buda también transmitió a los asiáticos mensajes renovadores  en perfecta sintonía  con los enseñados por Jesús, pero con el toque  y perfume peculiar de la filosofía oriental.

    Buda nació en la India  cerca del Himalaya y creció  rodeado de los placeres de la corte real de Kapilavastu. Un joven guapo, muy disputado por las jóvenes, se sentía infeliz en medio del bienestar que lo rodeaba, encontrándose molesto ante tanta riqueza, gloria y confort propios de los príncipes.

   Cierto día salió a escondidas del palacio y encontró a su paso a mendigos, deformados y enfermos, cosa que no sucedía en sus viajes oficiales,  pues los infelices y estropeados, los parias del camino, los enfermos,  se les prohibía  que aparecieran  en los caminos bajo pena de muerte. Profundamente impresionado  por la desdicha humana,  que hasta esos momentos desconocía, se sintió muy infeliz ante sus compatriotas, desafortunados. Cierta noche, cuando se realizaba una fiesta esplendorosa en su palacio, desapareció dispuesto  a compartir el dolor  de sus semejantes y aliviarles el peso de su sufrimiento.

   Era un alma elevada y misionera, por eso, su corazón se sentía herido ante tantas aflicciones. Su amor por la naturaleza era inconcebible, pues demostraba cariño hasta por una simple flor. Siendo muy sensible a las inspiraciones del mundo espiritual,  su tiempo lo invertía pensando en silencio junto a la naturaleza, meditando largas horas sobre el motivo de la existencia y del sufrimiento humano. En poco tiempo comprendió como el hombre se esclaviza a las supersticiones, a los sacrificios inútiles y repugnantes, a los fanatismos separativistas y odiosos.

   Presintió en su alma la naturaleza  ardiente y gloriosa de su Creador,  e intentó transferir para sus discípulos la idea y sentimientos que le embargaban, respecto a la Divinidad. Pero enseguida comprendió la imposibilidad que tenían los hombres para comprender la existencia de Dios.  Buda, confirmó la reencarnación,  admitida en la India  desde los Vedas, y esclareció a sus seguidores en cuanto a la ley del Karma, explicando,  que el espíritu del hombre debe liberarse conscientemente de la cárcel corporal, para después alcanzar el Nirvana o la región de la bienaventuranza.

   Enseñó que toda la miseria y el sufrimiento humano se debían  al fruto de las ambiciones desmedidas y egoístas, como también  por estar los hombres  subyugados por el placer incansable del sexo. El budista no debía robar,  ni aun para  mitigar el hambre,  no mentir ni embriagarse, evitar el odio, la ambición, la arrogancia, la avaricia y la impudicia. Enseñaba a cultivar la paciencia, la humildad y la ternura para vencer  a los duros de corazón.  El Budismo aun en la época actual se consagra  en una conducta recta, existencia recta, lenguaje recto, visión recta, voluntad recta, aplicación recta, pensamiento recto y meditación recta, equivalentes a las buenas reglas  de la vida, buenos sentimientos, buenas ideas, buenas palabras, buena conducta, buenos esfuerzos y buena meditación.

   La diferencia  entre el Espiritismo y el Budismo es muy grande respecto a la comprensión  y temperamento que existe entre Oriente y Occidente. Los orientales, principalmente los hindúes, son meditativos y buscan aprender la realidad inmortal en el silencio del alma, mientras que los occidentales  tratan de buscar  el conocimiento a través de las formas o manifestaciones fenoménicas del mundo.

   El Occidental considera el Universo por el lado de afuera, por sus manifestaciones externas, concretas, palpables, visibles; el oriental nace con la intuición interior y considera  el aspecto externo, como el efecto  de una Causa invisible, mas no la Realidad. Por eso, en Oriente no hay ateos ni materialistas; su conciencia habitual vive otra dimensión, pues la realidad invisible, es para el occidental, el objeto de la intuición espiritual,  y le da plena confianza. Para el oriental, lo visible es derivado de lo invisible, para el occidental, lo invisible es efecto de lo visible. Para el Oriental, los occidentales son cazadores de sombras,  es decir, maya, ilusión. El oriental vive muy ajeno a las cosas de la vida terrena; el occidental vive sustraído por las cosas de la tierra; realiza muchas más cosas a su alrededor de lo que debiera hacer para su interior. (Estos son “trechos extraídos de la obra: Espíritu de la  Filosofía Oriental”, de Humberto Rohden)

   Con esto no queremos decir que el hombre  de Occidente  sea menos favorecido por las enseñanzas, con relación  a los beneficios  que obtienen los orientales, sino que la turbulencia occidental exige una doctrina o religión que sea acorde con sus actividades. El pueblo occidental necesita enseñanzas sintéticas y de carácter popular, que le sirvan  a todas horas del día a fin de ir asimilando y progresando, sin tener que abandonar  sus onerosas obligaciones  en medio de la sociedad, del trabajo, del estudio, el deporte y aun en la diversión.

   EN CONSECUENCIA, EL Espiritismo  resulta ser la Doctrina más indicada para el siglo XX  ya que puede atender  las necesidades del hombre, enseñándole la inmortalidad  del espíritu,  los preceptos de la Reencarnación y la Ley del Karma, de una forma directa y fácil, sin exigir grandes esfuerzos. Tanto el Budismo como el Espiritismo, intentan liberar al hombre  de sus cadenas carnales, solamente se diferencian  en la modalidad  y aplicación de sus enseñanzas.

   Buda se servia de comparaciones para enseñar su Doctrina,  recodándonos mucho a la  poética de Jesús  y sus parábolas. El Espiritismo, mientras tanto,  es acorde  a la mente occidental,  manifiesta sus enseñanzas  directamente, exceptuado  del sentido  poético o del simbolismo que requieren demoradas meditaciones. Es una doctrina de esclarecimiento imperativo y apropiado a la época actual, dado que el tiempo no sobra  para encarar extensas  contemplaciones,  propias de la escolástica oriental. El espíritu se ajusta correctamente  a las necesidades del hombre siempre apurado, activo obligado con la vida moderna,  pero no deja escapar la oportunidad de servir a su prójimo y meditar, también, sobre la vida espiritual.

   Buda y la doctrina Espirita, en esencia, dicen  una misma cosa, pero en forma diferente; el primero se dirige a la mente oriental, poética y mística, partiendo desde 600 años antes de Cristo, cuando inició su misión liberadora; el Espiritismo se dirige, particularmente, al ciudadano occidental desde el siglo XIX, lleno de dudas o interpretaciones equivocadas.

   El budista  aun puede alegar, que le falta entrenamiento meditativo para interpretar, a rigor, ciertas máximas budistas pero, el espirita asimila las enseñanzas que tanto son accesibles  para la criatura como para el hombre viejo, al analfabeto como al sabio. En la época de Buda y de Jesús, el conocimiento sobre el mundo oculto podía transmitirse  al pueblo en forma “exabrupta” puesto  que solo daría  lugar a la superstición, el temor y el fanatismo. De ahí la peculiaridad  de las máximas budistas y de las parábolas de Jesús que revelaban a la masa común, cierta parte  de las enseñanzas trascendentales.

   Obviamente, el Espiritismo no pretende superar el Budismo, pero en base  a la gran disparidad de condiciones evolutivas,, realizaciones científicas y descubrimientos técnicos, dominio del mundo oculto y demás avance del hombre actual, la doctrina espirita  es apropiada para las masas populares, mientras que el budismo  requiere mentes  y costumbres  más electas a la meditación, en la escuela Budista, comúnmente, el discípulo debe sacar sus propias ilaciones, después de escuchar el concepto doctrinario,  mientras que en el esclarecimiento espirita , la enseñanza es directa y taxativa.

   El Budismo como el Espiritismo, asienta sus bases en la ley del Karma y de la Reencarnación, como principal finalidad para esclarecer a los hombres y liberarlos de las supersticiones, mentiras, lubricidad, avaricia, miedo, sufrimiento, orgullo, ambición y de todo deseo que esclaviza y mantiene unido al espíritu a la materia. El ideal pregonado  por Buda no tiene ninguna diferencia contra el ideal asentado en el Evangelio de Cristo Jesús, aunque algunas veces divergen en sus formas de expresión.

   El Espiritismo, maravilla de sintetización, simplifica las enseñanzas para todos en general y explica sin rodeos poéticos al traducir los mismos conceptos de la siguiente forma: “El hombre recoge en el presente o en el futuro los efectos felices o infelices de las causas buenas  o malas del pasado” Buda dice en otra de sus enseñanzas para los orientales: “Si tu pides que la orilla opuesta del rio venga a ti, ¿ella vendrá?  ¡No! Tú debes atravesar  el río para encontrarla”. Siguiendo los pasos de Jesús  y bajo el mismo tema, el Espiritismo es unánime  en explicar, que sin esfuerzos, el hombre nada alcanza, por eso solo dice algo que encierra mucho, en pocas palabras: Buscad y encontrareis.”

- Mercedes Cruz -

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              La precognición


La precognición
«He aquí que me he visto agonizante durante horas … en plena noche. Estaba solo en un túnel, caído sobre la vía férrea, mientras que la sangre salía en abundancia. No podía levantarme, tenía la impresión de que me faltaba un pie. Pedía socorro … nadie contestaba. Estaba agotado por esta hemorragia que no conseguía hacer parar. Me debatía con la muerte que sentía rodar cerca de mí. Al mismo tiempo oía una voz que me decía: ¡Es el fin, es el fin! Todo eso tenía un tono de realidad que tengo la sensación de haber vivido».
Esto contó Catulle, en respuesta al porqué de su melancólico estado en aquella noche a sus amigos. Pese a las exhortaciones que le hicieron de que se trataba de un simple sueño, que no tenía de qué alertarse; de poco sirvió, porque lo sentía como algo muy vívido, perdurándole en la memoria hasta el punto de que llegó a componer un libreto de ópera basándose en él. (Continúa en leer más)
catullemendes10 años después de aquella noche.
El comisario Carette mediante los testimonios de sus amigos recomponía la escena:
«Después de haber cenado con unos amigos parisienses, Mendès tomó en la estación Saint-Lazare el último convoy hacia Germain-en-Zaye, donde vivía. Muy cansado, y bajo el efecto de un estupefaciente, subió al último vagón que estaba vacío por lo intempestivo de la hora. Se durmió.
Repentinamente, el convoy se paró en la entrada al primer túnel que atraviesa la colina Saint-Germain. Se despertó sobresaltado. Embotado de sueño por la droga ingerida, Mendès creyó haber llegado. Abrió la puerta, tropezó y se cayó bajo el vagón. En ese momento, el tren repentinamente reemprende la marcha y una rueda le secciona el pie. Gritó de dolor y perdió sangre en abundancia. Como en un sueño, pidió angustiosamente socorro y nadie respondió. Y como en un sueño, él agonizó solo en la noche glacial del febrero, en una oscuridad total, bajo ese túnel visitado por las ratas. Debió oír es el es fin.
En las primeras horas del día, un empleado de los ferrocarriles Oeste-Estado descubrió el cadáver de un hombre de unos 60 años elegantemente vestido. Se había desangrado. Su pie seccionado estaba a cierta distancia del cuerpo. Su rostro gravemente contusionado conservaba una trágica expresión de angustia.»
Sus amigos a los cuales contó el sueño quedaron impresionados por el trágico final , él mismo que había soñado hasta en los más mínimos detalles.

· Johann Wolfgang von Goethe
Recogido en «Las conversaciones con Goethe en los últimos años de su vida» de Eckermann.
El escritor alemán acababa de despedirse de su amiga Friederike Brion, la hija del párroco protestante Sesenheim, de la que estaba enamorado y entonces ocurrió algo inusual:
«Ya montado a caballo le di la mano a Friederike. Ella tenía lágrimas en los ojos y yo me sentía muy mal. Me apresuré por el sendero hacia Drusenheim y de repente me asaltaron los más extraños presentimientos. Porque me veía mí mismo- no con los ojos del cuerpo sino con los del espíritu- volviendo a caballo por el mismo camino y, por cierto, vestido con un traje como nunca antes había llevado: era de color ceniciento con algo de oro. En cuanto me recuperé de este sueño, había desaparecido la figura. Lo que es extraño es que al cabo de 8 años anduve el mismo camino, vestido con el mismo traje que había soñado y que llevaba casualmente para visitar a Friederike. Por lo demás, y cualquiera que sea el fondo de estas cosas, la maravillosa visión me proporcionó tranquilidad en aquellos momentos de separación…»
He aquí que nos hallamos antes dos casos patentes de precognición. Son momentos en los cuales el espíritu se desprende parcialmente del organismo y es capaz de captar estas imágenes.
¿De dónde procede el poder de ciertas almas de leer el porvenir?- se pregunta León Denis en su obra En lo Invisible-. Cuestión oscura y profunda que causa vértigo como el abismo, y que nos confunde, porque instintivamente sentimos que es casi insoluble para nuestra débil ciencia.
Pero no hay que deducir erróneamente de esto que el futuro está escrito, ni mucho menos, de lo contrario no tendríamos libre albedrío, sino que seríamos esclavos del determinismo. Veamos a continuación dos cuestiones contestadas por los espíritus en la codificación, que a mi entender arrojan luz sobre el asunto:
522- El presentimiento, ¿es siempre una advertencia del Espíritus protector?
– El presentimiento es el consejo íntimo y oculto de un Espíritu que os quiere bien. Se halla también en la intuición de la elección que se ha hecho; es la voz del instinto. El Espíritu antes de encarnarse, tiene conocimiento de las principales fases de su existencia, es decir, de la clase de pruebas a que se compromete. Cuando tiene un carácter predominante, el Espíritu conserva una especie de impresión en su fuera interno, y esta impresión, que es la voz del instinto, acentuándose cuando se aproxima el momento, se convierte en presentimiento. (Libro de los Espíritus)
Aquí no responden ni se habla directamente de la precognición, pero se puede perfectamente extrapolar al tema. Un espíritu, por motivos que todavía no comprendemos del todo bien, es capaz en momentos dados de «ver» acontecimientos ya sea de su futuro, ya sea del futuro de otra persona. Antes de encarnar en el espacio, hemos tomado unas resoluciones, que cumpliremos en la Tierra, las cuales somos totalmente libres de rechazar, pero que luego habremos de aceptar las consecuencias de no llevar a cabo aquello a lo que nos comprometimos.
289. Preguntas sobre el porvenir
14. ¿En qué consiste que ciertas personas sean advertidas por presentimiento de la época de su muerte?
Muchas veces su propio Espíritu lo sabe en sus momentos de libertad y al despertar conserva la intuición. Estas personas, estando preparadas, no se asustan ni conmueven. No ven en esta separación del cuerpo y del alma sino un cambio de situación o, si queréis, para ser más vulgar, el abandono de un vestido grosero en cambio de otro de seda. El miedo de la muerte disminuirá a medida que se vayan arraigando las creencias espiritistas. (Libro de los médiums).
No fue el caso de Catulle Mendès, ni el de tantos otros, que más bien se horrorizaron ante la intuición de un final trágico en sus vidas. ¿Por qué?, la verdad que este tema despierta muchos más interrogantes que certezas, y considero que estamos todavía bastante lejos de hallar respuestas concretas a estos hechos, de momento sólo podemos especular.
Recomiendo al lector para que su raciocinio reflexione el punto espírita de este tema consulte:
– Kardec, A. «El génesis», cap. XVI Teoría de la Presciencia.
– Denis, L. «En lo invisible» Sueños premonitorios. Clarividencia. Presentimientos.
No he querido deducir vagas hipótesis personales, sino que he intentado plasmar el tema, lo más objetivamente posible, para que ustedes, caros lectores, saquen sus conclusiones pertinentes.
¡Todavía hay mucho por investigar, mucho por desentrañar, mucho por comprender! Espiritistas no hay que dormirse en los laureles, todo avanza, todo fluye y sigue su rumbo «avanti», planteándonos cada día nuevas situaciones, nuevos dilemas en los que profundizar. Ejercitemos el intelecto, filosofemos un poco, porque la mente es una máquina estupenda, que se atrofia si no razona, no esperemos que nos den todas las respuestas, muchas habrán de salir del fruto de nuestra reflexión personal. Y ello es de gran valía para la ampliación de miras hacia el mundo que nos rodea, y hacia nuestra propia realidad espiritual.
«Amaros e instruiros»
J. Gutiérrez Lucas 
( De la Revista Espírita de la FEE nº15)
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           ¿Somos  naturalmente seres sociales  ?



Si no lo fuese, la sociedad humana, como tal, no existiría, y probablemente el ser humano, de naturaleza corporal tan débil frente a los elementos de la Naturaleza, tampoco hubiese sobrevivido por sí solo.

En efecto, existe una ley reguladora de las relaciones entre los miembros de la sociedad humana en general;  esta es la  Ley de Sociedad.

 Por esta ley, los humanos sentimos la inclinación y la necesidad  natural  de vivir asociados y relacionados con los demás, lo que es una ventaja para una más fácil supervivencia de la especie humana, y supone un apoyo mutuo entre los diferentes papeles y cometidos individuales de cada uno, en medio de una sociedad que les sirve para poder progresar humana , social y espiritualmente, lo cual  sería imposible  lograr viviendo aislados, porque no hay nadie que reúna absolutamente todas las capacidades y aptitudes necesarias para la vida y el progreso. Esta Ley determina que el hombre pueda ser considerado como un ser social por naturaleza.

La civilización ha  conforme ha ido evolucionando, ha ido desarrollando y desarrolla el sentido moral y a su vez el sentido de la Caridad  y de la compasión, que lleva a los seres humanos a apoyarse mutuamente.

En el mundo, nadie es imprescindible para nada,  pues nuestra labor siempre nos encuentra un sustituto; a veces puede parecer hasta que muchos sobramos porque en cualquier puesto siempre hay otros que "vienen empujando" para reemplazarnos,  pero sin embargo  todos somos necesarios y todos dependemos de todos. Aunque la Humanidad sea tan numerosa, aquí no sobra nadie, pues, bien repartido y gestionado, en este mundo hay trabajo y alimento para todos.

 Por eso, en la Unidad que formamos entre toda la Humanidad, cuando un Ser humano  fracasa o se cae, en cierto modo todos  fracasamos y  nos caemos con él  y a su vez,   cuando se levanta y triunfa, también todos triunfamos y  sentimos la alegría de su triunfo.

Como consecuencia de esta ley natural, el ser humano siempre buscó la compañía o vecindad de sus semejantes. Así se fueron formando las primeras tribus y pueblos, hasta llegar a formar esas grandes “colmenas humanas” que son tantas urbes que existen  en la actualidad repartidas por el mundo. Por tanto, si imaginamos a todos los seres humanos con un comportamiento de aislamiento social, como “lobos solitarios”, enseguida comprendemos que sin esta tendencia a la socialización, aun en caso de haber sobrevivido como especie, nuestra evolución  espiritual como seres humanos, habría sido improbable.



- Jose Luis Martín-

                                             

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Fundó en Paris, con su esposa Amelia Gabriela Boudet, un establecimiento semejante al de Yverdon. Su cultura universalista abarcaba varias ramas del conocimiento humano, habiendo organizado, en su casa, cursos gratuitos de química, física, astronomía y anatomía comparada.

Entre sus obras, se destacan: Curso práctico y teórico de Aritmética, según el método de Pestalozzi (1824); Plan presentado para el mejoramiento de la Instrucción Pública (1828); y Gramática francesa clásica (1831).

Trabajador infatigable que cumplió a rajatabla la misión de dar a conocer la Doctrina de los Espíritus, la gran voz del Consolador prometido al mundo por la misericordia de Jesús. Comprendiendo la trascendencia de este mensaje, Kardec sentó además las bases para una organización que permitiera la expansión de la Tercera Revelación a través de los centros espíritas.

Para entender la figura de Allan Kardec dentro del Espiritismo debemos reflexionar sobre los siguientes puntos:

No es el fundador del EspiritismoLa iniciativa de este movimiento pertenece a los Espíritus. Fueron los Espíritus los que querían dar a conocer estos temas.
No es el creador o inventor de la Doctrina EspíritaEs el Codificador de la enseñanza colectiva y concordante de los Espíritus.
No es su figura lo que seguimosAllan Kardec no es en sí una figura de culto como pueden serlo otras personas en otros movimientos, que siguen a su fundador como líder espiritual, porque las enseñanzas que seguimos no son Allan Kardec, sino que son las enseñanzas de los Espíritus.


Allan Kardec no fue un científico en el sentido profesional, pero tenía cultura y espíritu científicos, es decir, las condiciones indispensables para desarrollar esta labor. Destacamos en primer lugar, la serenidad con que encaró los hechos mediúmnicos, su equilibrio imperturbable, sin negar ni afirmar apresuradamente; también, el dominio de sí mismo a fin de no entusiasmarse con los primeros resultados y el cuidado en la selección de las comunicaciones, así como la debida prudencia en sus declaraciones, evitando la divulgación precipitada de hechos aún no del todo examinados y comprobados. Finalmente, la humildad, condición importante del espíritu científico interesado en la búsqueda de la verdad, antes y después de todo.

Los Espíritus necesitaban a alguien en la Tierra que aceptara la labor de organizar el conocimiento de las leyes que rigen el mundo espiritual y su relación con el mundo material. Kardec reunía las condiciones intelectuales y morales.

Su labor tesonera marcó el inicio de una nueva era para la Humanidad.

Gracias Allan Kardec, por todo el legado que nos dejaste. Que Dios te bendiga.

CENTRO ESPÍRITA Joanna de Angelis    

                    
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            ¡EN EL NOMBRE DE DIOS!

    Se ha abusado tanto de la idea de Dios a través de los siglos; se han torturado e inmolado en su nombre a tantas inocentes víctimas; bajo el nombre de Dios se ha regado de tal manera el mundo con sangre humana, que el hombre moderno se ha apartado de El. Consideramos que la responsabilidad de este estado de cosas ha de recaer sobre los que han hecho del Dios de bondad y de eterna misericordia un dios de venganza y de terror. Pero no nos corresponde el establecer responsabilidades. Nuestro objeto es más bien el de buscar un terreno de conciliación y de aproximación en el que todos los buenos Espíritus puedan reunirse. 

Sea lo que fuere, los hombres modernos, en gran mayoría, reniegan de cargar sobre ellos las ideas de Dios, de ley y de obligación alguna; no quieren comprender que la libertad sin la sabiduría y sin la razón es impracticable. La libertad sin la virtud conduce a la licenciosidad, y ésta a la corrupción, al relajamiento de los caracteres y de las conciencias, en una palabra, a la anarquía. Solamente cuando hayan pasado por nuevas y más duras pruebas, consentirán en reflexionar. Entonces la verdad se abrirá paso y la grande frase de Voltaire se mostrará evidente ante nuestros ojos: "¡El ateísmo y el fanatismo son los dos polos de un mundo de confusión y de horror!" 

Es verdad que se nos habla mucho de altruismo, o, dicho de otra manera, del amor a la humanidad, y se pretende que este sentimiento debe bastar. Pero, ¿cómo se hará del amor a la humanidad una cosa vívida, realizable, cuando no se llega, no ya a quererse, sino a soportarse los unos a los otros? Para agrupar los sentimientos y las aspiraciones es preciso un ideal poderoso. ¡Pues bien!, este ideal no lo encontraréis en el ser humano, finito y limitado; como  tampoco lo hallaréis en las cosas de este mundo, todas pasajeras y transitorias. Sólo existe en el Ser infinito, eterno. Él sólo es lo bastante vasto para recoger y absorber todos los anhelos, todas las fuerzas, todas las aspiraciones del alma humana para avivarlas y fecundarlas. ¡Este ideal es Dios! 

Mas, ¿qué es este ideal? Es la perfección. ¡Siendo Dios la perfección realizada es al mismo tiempo el ideal real, el ideal viviente! 

EL GRAN ENIGMA

LEÓN DENIS
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