miércoles, 11 de mayo de 2016

La existencia del mal



    LA REVOLUCIÓN DE LAS           
                 IDEAS

Acusan al espiritismo de parentesco con la magia y la hechicería, pero se omite que la astronomía tiene por hermana mayor a la astrología judiciaria, no tan lejana de nosotros; que la química es hija de la alquimia, de la que ningún hombre sensato osaría ocuparse hoy. Nadie niega, sin embargo, que en la astrología y en la alquimia estaba el germen de las verdades de las que salieron las ciencias actuales. A pesar de sus fórmulas ridículas, la alquimia orientó el descubrimiento de los cuerpos simples y de la ley de afinidades.


La astrología se apoyaba en la posición y en el movimiento de los astros, a los cuales había estudiado; pero como ignoraba las verdaderas leyes que rigen el mecanismo del universo, los astros eran para el vulgo seres misteriosos a los cuales la superstición atribuía una influencia moral y un sentido revelador. Cuando Galileo,
Newton y Kepler dieron a conocer esas leyes, cuando el telescopio rasgó el velo y sumergió en las profundidades del espacio una mirada que algunos consideraron indiscreta, los planetas aparecieron como simples mundos semejantes al nuestro, y el andamiaje de lo maravilloso se desmoronó.*


Lo mismo sucede con el espiritismo en lo relativo a la magia y la hechicería, que se basaban también en la manifestación de los Espíritus, como la astrología en el movimiento de los astros;no obstante, como aquellas ignoraban las leyes que rigen el mundo espiritual, mezclaban con esas relaciones creencias y prácticas ridículas, con las cuales el espiritismo moderno, fruto de la experiencia y de la observación, nada tiene que ver. Por cierto, la distancia que separa al espiritismo de la magia y la hechicería es mayor que la que existe entre la astronomía y la astrología,o entre la química y la alquimia. Pretender confundirlos es demostrar que nada se sabe al respecto.


 El simple hecho de que el hombre pueda comunicarse con los seres del mundo espiritual trae consecuencias incalculables de la mayor gravedad: es un mundo nuevo el que se nos revela, y que tiene tanta más importancia cuanto que a él habrán de regresar todos los hombres, sin excepción. El conocimiento de ese hecho no puede dejar de acarrear, al generalizarse, una profunda modificación en las costumbres, el carácter, los hábitos y las creencias, que tan grande influencia ejercen sobre las relaciones sociales. Es una revolución total la que se opera en las ideas, revolución tanto mayor y más poderosa cuanto que no está circunscrita a un pueblo ni a una casta, visto que alcanza simultáneamente, por el corazón, a todas las clases, a todas las nacionalidades y a todos los cultos.

EL GENESIS- ALLAN KARDEC.

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SALUDOS DE MERCHE


Queridos amigos, hola buenos días,  el sufrimiento es una ley de  nuestro mundo. En todas las condiciones, en todas las edades, bajo todos los climas, el hombre ha sufrido y también ha llorado. A pesar del progreso moral alcanzado, millares de seres se inclinan aún bajo el peso del dolor.

El rico, como el pobre, sufre en su carne y en su corazón. Y desde todos los diversos puntos del planeta, la lamentación humana sube hacia el espacio. Aun en el seno de la abundancia, un sentimiento de abrogación, una vaga tristeza se apodera de las almas delicadas. Comprenden que la felicidad es irrealizable en la tierra y que solo luce con fugitivos relámpagos.

El hombre alimentado por la filosofía de la Espíritus sabe a dónde va y conoce el porqué de sus males y la razón de ser del sufrimiento. Él entrevé el alborear de una nueva vida. Para medir los bienes y los males de la existencia; para saber lo que son la felicidad y la desdicha verdadera, hay que elevarse por encima del círculo estrecho de la vida terrena. El conocimiento de la vida futura y de la suerte que nos espera en ella nos permite medir las consecuencias de mis actos y su influencia sobre nuestro porvenir.

No se puede juzgar una cosa sin ver todo lo que de ella se deduce y por eso nadie comprenderá la vida si no se conoce su finalidad y sus leyes. Los padecimientos, al purificar el alma, preparan su elevación y su felicidad, en tanto que los goces de este mundo, las riquezas y las pasiones la debilitan y le proporcionan en la otra vida margas decepciones.

Los que sufren en su alma y en su cuerpo, los que son abrumados en la adversidad pueden levantar sus ojos al cielo, y esperar ya que están  pagando su deuda al destino y están conquistando su libertad. Los que se complacen en la sensualidad están forjando sus propias cadenas, acumulan nuevas responsabilidades que pesaran enormemente sobre sus días

El dolor, bajo sus formas múltiples, es el remedio supremo para las imperfecciones y para los achaques del alma. Sin él, no hay curación posible. Las operaciones dolorosas devuelven la salud y agilidad a nuestro cuerpo, el sufrimiento las humillaciones, la tristeza, la ruina nos sacuden el Espíritu debemos soportarlas con paciencia, de ello ha de  brotar nuestra salud moral.

Solo la ignorancia de las leyes universales nos hace aceptar nuestros males con disgusto. Si comprendiésemos todos lo necesarios que son esos males para nuestro adelanto, si supiéramos saborear su amargura no nos parecerían una pesada carga. Todos odiamos el dolor, solo comprendemos su utilidad después que hemos abandonado el mundo donde el dolor ejerce su imperio.

En nuestra ceguera, maldecimos nuestras existencias oscuras, monótonas y dolorosas, solo cuando hemos discernido el verdadero sentido de la vida, comprendemos que esas vidas son preciosas e indispensables para dominar a los espíritus soberbios, para someterlos a esa disciplina moral, sin la cual no hay progreso alguno.

Exentos de males y preocupaciones, libres en nuestras acciones nos dejaríamos llevar por los arrebatos de nuestras pasiones, y por los impulsos de nuestro carácter. Lejos de trabajar en nuestro mejoramiento no haríamos más que añadir nuevas faltas a nuestras faltas pasadas, en tanto que, comprimidos por el sufrimiento en existencias humildes, nos acostumbramos a la paciencia y a la reflexión, nos proporcionamos esa única calma de pensamientos que nos permite oír la voz de lo Alto, la voz de la razón

En el crisol del dolor es donde se forman las almas grandes. Habiendo dado un repaso breve a lo que es el sufrimiento y la causa que lo provoca en nuestras vidas, vamos a hacer un estudio a la ley de destrucción donde el desespero, el dolor y el sufrimiento dañan a muchas vidas al mismo tiempo, son desgracias que afectan de una forma generalizada a muchos hombres a la vez y donde los seres inocentes sucumben a un mismo tiempo, siendo lamento para sus seres queridos o allegados que suelen murmurar! Como Dios consiente que estas desgracias ocurran ¡

Jesús en los instantes dolorosos aconsejó a sus discípulos, que se mantuvieran (los que estuvieran en el bien conducidos) en las alturas espirituales, sin abandonar la cooperación elevada que el Señor ejemplificó en la tierra; que hay consolidemos su posición de colaborador fiel, invencible, en la paz y en la esperanza, convencido de que, después del paso de los hombres de turbación portadores de destrozos y lagrimas, son los hijos del trabajo los que siembran la alegría, de nuevo y reconstruyen el edificio de la vida.

Amigos, os deseo a todos un buen día, que guiados por Jesús el Divino Pastor, todos consigamos superar la adversidad y el sufrimiento para salir victoriosos de las luchas que hemos venido a conquistar.
Merchita

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El primer paso que tenemos que dar para poder alcanzar la paz, la serenidad y el sosiego que nuestras almas reclaman es parar de importarnos lo que los demás piensen de nosotros. Vivamos haciendo lo que nuestra consciencia nos dicte, eso es lo único que siempre esta con nosotros y olvidémonos de la opinión que los demás puedan tener sobre nosotros. Nunca podremos complacer a todos, siempre habrá alguien que nos critique, de eso puedes estar seguro.

- Mercy Ingaro-

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EL PROBLEMA DE LA EXISTENCIA DEL MAL
Y GABRIEL DELANNE
David Santamaría


Si el espiritismo ha conquistado millones de adeptos en el mundo entero, no es solamente porque da a la humanidad, la demostración científica de la existencia del alma y de su inmortalidad, sino también porque aporta soluciones lógicas a todos los enigmas, que las religiones y las filosofías no han podido resolver hasta ahora.

Sin embargo, no podemos dejar de aceptar –en honor a la verdad- que esa demostración científica del alma y de su inmortalidad, por parte del Espiritismo, no ha cuajado en absoluto en el contexto cultural humano.
Posiblemente no se ha tenido en cuenta esa demostración por estar propuesta por “los espiritistas” como sinónimo de gente poco seria y fantasiosa. A pesar de ello, un día u otro – ojalá más pronto que tarde- la ciencia más vanguardista deberá reconocer esa realidad, porque en sus atrevidas investigaciones se encontrarán inevitablemente con el periespíritu, como parte más “material” del espíritu; y, de ahí hasta el alma, ya sólo hay algunos pasos más.

¿Y qué pregunta más angustiosa que la de la Existencia del Mal? ¿Cómo puede dejarlo subsistir un ser todopoderoso, si sólo de su voluntad depende que desaparezca?
¿Por qué los bienes naturales, salud, fuerza, inteligencia, parecen distribuidos al azar, lo mismo que la fortuna y los honores, cuando lo más frecuente es que sean patrimonio de los menos dignos?
 ¿Por qué esas calamidades que devastan de pronto un país, hundiendo en el dolor a millones de seres inocentes?
Si interrogáis a las religiones, sólo os responderán invocando el principio de la libre decisión de la divinidad, que puede, a su antojo, hacer barro de elección o de impureza. Salta a la vista la arbitrariedad de esta doctrina. So pena de una monstruosa parcialidad, un padre justo y bueno no puede predestinar a unos a la abyección, mientras otros no tendrán que hacer, más que vivir para llegar a la felicidad suprema.

Ciertamente es muy desorientador, además de imposible, el intentar conciliar la idea de una divinidad justa, sabia y todopoderosa, con el reparto de la “suerte” entre la población terráquea.
Si se interroga al Espiritismo, éste sí que tiene respuestas convincentes a nivel general, basadas en:

La doctrina de las vidas múltiples nos deja entrever parte de la solución del problema. Si se vuelve muchas veces a la tierra, esta serie de reencarnaciones nos colocará sucesivamente en todas las posiciones posibles, y la real desigualdad que para una sola vida existe, se compensa cuando se piensa en la multiplicidad de condiciones físicas, morales, intelectuales y sociales, que, alternativamente, se han ocupado aquí abajo. Lo que tendría de arbitrario, desaparece, si todos los seres inteligentes sufren pruebas semejantes, quedando así satisfecho el sentimiento de justicia que cada uno lleva en sí grabado.

Lo que no puede, lo que no debe hacer nunca el Espiritismo es proporcionar una opinión detallada a las situaciones concretas que se dan en nuestro planeta.
Una cosa es enunciar unas leyes de aplicación general y otra, muy distinta, el intentar dar  respuesta a situaciones particulares. No se puede “jugar a adivino”; la mayor parte de las veces no se dispone de la información suficiente como para poder explicar el por qué, de determinadas problemáticas. Contentémonos -que ya es mucho- en comprender los planteamientos generales; y el más general es que de cualquier situación que vivamos siempre nos será posible extraer un provecho, por dura que pueda ser esa situación.

- El progreso.
El mal ya no es entonces más una fatalidad ineludible y desgraciada de la que no podríamos librarnos; parece como un acicate, como una necesidad destinada a impulsar al hombre en la vía del progreso. El progreso no es una utopía. La existencia del hombre en la época cuaternaria, errando a través de las selvas o yaciendo en las cavernas, no es comparable a la del más miserable de nuestros campesinos. A medida que conocemos mejor el mecanismo de la naturaleza, podemos utilizar las ciencias para mejorar nuestra situación física;

El mal toma así otro aspecto a nuestros ojos; el mal, o sea el dolor (físico o moral), la dificultad, la contrariedad,… viene a convertirse en el verdadero motor de nuestro progreso, hasta que éste pueda ser conducido exclusivamente por la voluntad.

La civilización proporciona al hombre una seguridad que sus precursores no conocían; Desde el punto de vista moral, los progresos han sido más lentos; todavía es cruel la lucha por la existencia, sobre todo en las ciudades, pero, ¿quién osaría comparar el proletariado actual con la esclavitud antigua? Si las guerras no parecen llevar trazas de extinguirse, han perdido parte de su horror primitivo.

 Ojalá fuera del todo así. Las guerras siguen siendo una lacra de la sociedad, siguen siendo una expresión de la raíz de todos los vicios y de muchos de los conflictos humanos: el egoísmo.

Después del horror de la carnicería, los heridos son recogidos y atendidos, y el furor homicida se extingue cuando la bestia humana reposa. En vez de rematarlos, se cura a los heridos. El sentimiento de solidaridad se afirma con la multiplicación de los hospitales, con las pensiones a la vejez, con el auxilio concedido a los inválidos, igual que con las asociaciones que garantizan a sus miembros contra los riesgos de enfermedad y paro.
Se presiente el principio de un nuevo estado de cosas; si es todavía rudimentario y en muchos aspectos, defectuoso, nada impide creer que cada día adquirirá mayor impulso.
La evolución hacia lo mejor aparece como consecuencia de la elevación intelectual de la masa social, que la instrucción, liberalmente distribuida, comienza a despertar del letargo en el que durante tantos siglos yaciera para exclusivo provecho de sus explotadores. Ya no se espera la dicha de una intervención sobrenatural. Se comprende que ella será resultado del esfuerzo colectivo de todos. Hay que dejar a los aficionados a las paradojas fáciles la negación del progreso; éste es la ley espiritual que rige el universo.

Seguramente habrá un nuevo estado de cosas; ¿cuándo? Una respuesta fácil sería: cuando Dios quiera. A pesar de que en el fondo es así, no podemos dejar de pensar que las leyes divinas se aplican de forma automática y que los Espíritus superiores son los ejecutores de esas leyes. Por lo tanto, sin duda alguna, cuando ese estamento espiritual superior lo crea oportuno, se dará un impulso al progreso espiritual en detrimento, si es necesario, del siempre pujante progreso material.

Somos creadores de un determinismo ulterior, consecuencia de nuestras pasadas acciones, aun poseyendo la posibilidad de modificar nuestras existencias futuras en el sentido más favorable, según el grado de libertad moral e intelectual en relación con el punto de la evolución que hayamos alcanzado.

“Determinismo ulterior”: esa es la clave del problema. Determinismo que es la suma de esas consecuencias de acciones pasadas y, ciertamente, de nuestras necesidades de aprendizaje. Es importante este concepto básico en Espiritismo –bien señalado aquí por Delanne- sobre esa posibilidad permanente de modificar nuestro futuro a través de dignificar lo más posible nuestro presente.

- Consecuencias morales.
Las vidas sucesivas tienen por objeto el desarrollo de la inteligencia, del carácter, de las facultades, de los buenos instintos y la supresión de los malos.
Siendo la evolución continua y perpetua, la creación, en el curso de su existencia, es en todo momento lo que él ha hecho de sí mismo.
En efecto, cada uno de nosotros, lleva consigo una sanción inevitable que no puede ejercerse inmediatamente, pero que, tarde o temprano, tendrá una repercusión segura en las vidas futuras.

“Evolución continua”, ¡que gran y formidable verdad!; por lo tanto, siempre habrá conocimientos por conquistar, aprendizajes por realizar.

Las desigualdades morales e intelectuales no son, por lo tanto, el resultado de arbitrarias decisiones de la divinidad, ni de  la justicia que se ve ofendida.
Partiendo todos del mismo punto para acabar en la misma meta, que es el perfeccionamiento de nuestro ser, pasando por todas las situaciones terrestres, existe, en realidad, una perfecta igualdad entre todos los individuos, compensándose las diferencias en el curso de múltiples vidas.
Esta comunidad de origen nos demuestra claramente que la fraternidad no es una vana palabra. En todos los grados de evolución, nos sentimos unidos los unos a los otros, de modo que no existe ninguna diferencia radical entre todos los pueblos, a despecho del color de su piel y de su estado de adelanto. La evolución no es solamente individual; es colectiva. Reencarnándose por grupo cada nación, existe una responsabilidad colectiva como existe una individual; de esto se deduce que cualquiera que sea nuestra posición en la sociedad, tenemos interés en mejorarla, ya que, en realidad, con ello preparamos nuestra suerte futura.

La fraternidad, conduciéndonos cada vez más a comprender que esencialmente todos somos iguales, acabará por erradicar, inapelablemente, la lacra del racismo.

Por consiguiente, el egoísmo es a la vez un vicio y un mal cálculo, puesto que el mejoramiento general no puede resultar más que del progreso individual de cada uno de los miembros que constituyen la sociedad:
La palingenesia es, pues, una doctrina esencialmente renovadora y un factor de energía, puesto que estimula en nosotros la voluntad, sin la cual no podría realizarse ningún progreso individual.
La solidaridad se impone a nosotros como una condición esencial del progreso social;
El mal, por consiguiente, no es una necesidad fatal impuesta a la humanidad; puede y debe salvarse, ya que es, pura y simplemente, el resultado de nuestra ignorancia de las leyes físicas y morales que rigen el mundo.
Y, a medida que aprendemos, ese mal, esa ignorancia de las leyes que remarca Delanne, se irá diluyendo ante el empuje continuo de la comprensión y de la inteligencia; inteligencia que nos enseña, que es bueno para nosotros, el comportarnos cada vez más honorablemente.

En resumen, la teoría de las vidas sucesivas satisface todas las aspiraciones de nuestras almas, que exigen una explicación lógica del problema del destino. Se concilia perfectamente con la idea de una providencia, a la vez justa y buena, que jamás castiga nuestras faltas con eternos suplicios, sino que nos deja a cada instante el poder de reparar nuestros errores al elevarnos lentamente, por nuestro propio esfuerzo, franqueando los peldaños de esta escala de Jacob, cuyos primeros escalones se hunden en la animalidad, mientras los más altos se levantan hasta la espiritualidad perfecta.

Excelente conclusión de este capítulo final de su obra; realmente la teoría reencarnacionista -prácticamente comprobada por la ciencia psicológica- es la única que concilia a la Providencia divina con las situaciones difíciles de los mundos inferiores. Dios no nos desampara jamás; Dios no comete arbitrariedades; Dios nos da las oportunidades necesarias, las reencarnaciones que nos hagan falta, para aprender y progresar por nosotros mismos.

Digamos con Maeterlinck:
Reconozcamos, de paso, que es muy lamentable que los argumentos de los teósofos y de los neo-espiritistas no sean perentorios; puesto que no ha habido creencia más bella, más justa, más pura, más moral, más fecunda, más consoladora y, hasta cierto punto, más verosímil, que la suya.
Es la única, con su doctrina de las expiaciones y de las purificaciones sucesivas, que da cuenta de todas las desigualdades sociales, de todas las abominables injusticias del destino. Pero la calidad de una creencia no demuestra su verdad. Aunque sea la religión de quinientos millones de hombres, la que más se acerca a los misteriosos orígenes, la única que no es odiosa y la menos absurda de todas, será preciso que haga lo que las otras no hicieron, aportarnos irrecusables testimonios, pues los que hasta hoy nos ha dado, sólo son la sombra de un principio de prueba.

-(no sabemos a qué obra de Maeterlinck pertenece este párrafo mencionado por Delanne)-.

Creo haber aportado las pruebas que Maeterlinck pide.
Poseemos actualmente una demostración positiva que nos permite comprender, no sólo la supervivencia del principio pensante, sino también su inmortalidad, ya que durante millones de años hemos evolucionado en esta tierra que abandonaremos el día en que nada tengamos que aprender en ella.

Así termina esta acertada exposición del ingeniero y excelente investigador espiritista Gabriel Delanne. Ojalá que las obras de este autor pudieran ser consultadas con facilidad por los estudiosos del Espiritismo. Aunque siempre haya sido un autor minoritario, merece remarcarse su monumental obra“Investigaciones sobre la mediumnidad”, donde traza una gran revista a todo tipo de fenómenos anímicos y Mediúmnicos.
También hay que destacar que en este 2016 se cumplen 159 años de su nacimiento; prácticamente nació al mismo tiempo que Kardec publicara “El Libro de los Espíritus”. Es importante resaltar la amistad entre Kardec y el padre de Delanne.
Sirva este recorrido por parte de una de sus obras como homenaje a este tenaz luchador.
Flama Espirita, número 123/ 2007

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