viernes, 20 de febrero de 2026

La unión hace la fuerza

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Lenguaje que se debe tener con los espíritus

2.- Muerte es Vida

3.- Misión de los espíritas

4.- La unión hace la fuerza

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LENGUAJE QUE SE DEBE TENER CON
 LOS ESPÍRITUS.

280. El grado de inferioridad o superioridad de los Espíritus, naturalmente, indica el tono que conviene tenerse con ellos. Es evidente que cuanto más elevados están, más derecho tienen a nuestro respecto, a nuestras consideraciones y a nuestra sumisión. No les debemos menos deferencia que cuando vivían y además por otros motivos: en la Tierra hubiéramos considerado su rango y su posición social; en el mundo de los Espíritus nuestro respeto sólo se dirige a la superioridad moral. Su misma elevación les pones sobre las puerilidades de nuestras formas aduladoras.
      Por las palabras no es como podemos captar su benevolencia; es por la sinceridad de sentimientos. Sería, pues, ridículo, darles los títulos que nuestros usos consagran a la distinción de las clases y que, viviendo, podrían haber lisonjeado su vanidad; si realmente son superiores, no solamente no hacen caso de eso, sino que les disgusta. Un buen pensamiento les es más agradable que los honores más laudables; si fuese de otro modo no estarían más elevados que la Humanidad.
     El Espíritu de un venerable eclesiástico que en la Tierra fue un príncipe de la Iglesia, hombre de bien, y que practicaba la ley de Jesús, respondió un día a uno que le evocaba, dándole el título de Monseñor: “Al menos deberías decir ex Monseñor, porque aquí no hay otro señor que Dios; debes saber que yo veo algunos aquí que en la Tierra se arrodillaban delante de mí y ante los cuales yo mismo me inclino ahora”.
      En cuanto a los Espíritus inferiores, su carácter nos traza el lenguaje que conviene tener con ellos.
      En el número los hay que, aunque inofensivos y aun benévolos, son ligeros, ignorantes y atolondrados; tratarles del mismo modo que a los Espíritus formales, como lo hacen ciertas personas, sería lo mismo que si nos inclináramos delante de un aprendiz o de un asno cubierto con el birrete de doctor. En tono familiar es el más adecuado para ellos, y no se formalizan por esto; al contrario, se prestan a ello con gusto.
      Entre los Espíritus inferiores los hay que son infelices. Cualesquiera que puedan ser las faltas que expían, sus sufrimientos son títulos tanto más grandes para nuestra conmiseración, pues ninguna persona puede vanagloriarse de evadirse de esta palabra de Jesús: “Que el que esté sin pecado le lance la primera piedra”.
      La benevolencia que les manifestamos es un consuelo para ellos; a falta de simpatía, deben encontrar la indulgencia que quisiéramos que se tuviera por nosotros.
      Los Espíritus que revelan su inferioridad por el cinismo de su lenguaje, sus mentiras, la bajeza de sus sentimientos, la perfidia de sus consejos, seguramente son menos dignos de nuestro interés que aquellos cuyas palabras manifiestan su arrepentimiento; al menos les debemos la piedad que concedemos a los más grandes criminales, y el medio de reducirles al silencio es el de manifestarse superior a ellos. No se dedican sino a la persona que ellos creen que nada tienen que temer; porque los Espíritus perversos reconocen a sus señores en los hombres de bien como en los Espíritus superiores.

      En resumen, sería tanta irreverencia el tratar de igual a igual a los Espíritus superiores, como ridículo el tener una misma deferencia para todos sin excepción. Tengamos veneración para los que lo merecen, reconocimiento para los que nos protegen y nos asisten; para todos los otros una benevolencia de la cual necesitaremos, puede ser, nosotros mismos un día. Penetrando en el mundo incorpóreo, aprendemos el modo de conocerle, y este conocimiento debe arreglar nuestras relaciones con aquellos que lo habitan. Los antiguos, en su ignorancia, les levantaron altares; para nosotros sólo son criaturas más o menos perfectas y no elevamos altares sino a Dios.

Texto sacado de “EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS”

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                      MUERTE ES VIDA

                                                               


«Tened alegría, porque ese ser continúa vivo, después de la muerte volverá a sentir, volverá a amar, deja la materia pero no abandona la vida, volverá a hablar a tu corazón, dará noticias personales. Alégrate porque la muerte nada más es un cambio de vibración, es un cambio de una actitud a otra, alégrate porque los muertos viven» (Léon Denis)



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          MISIÓN DE LOS ESPÍRITAS

4. ¿Oís ya rugir la tempestad que debe acabar con el viejo mundo y sumergir en la nada las iniquidades terrestres? ¡Ah! bendecid al Señor, vosotros que habéis puesto vuestra fe en su soberana justicia y como nuevos apóstoles de la creencia revelada por las voces proféticas superiores, id a predicar el dogma nuevo de la reencarnación y de la elevación de los espíritus, según cumplieron bien o mal su misión y soportado sus pruebas terrestres.

¡No tembléis ya! Las lenguas de fuego están sobre vuestras cabezas.

¡Verdaderos adeptos del Espiritismo, vosotros sois los elegidos del Señor!. Id y predicad la palabra divina. Ha llegado la hora en que debéis sacrificar, para su propagación, vuestras costumbres, vuestros trabajos y vuestras ocupaciones fútiles. Id y predicad. Los espíritus de lo alto, están con vos otros. Ciertamente hablaréis a personas que no querrán escuchar la voz de Dios, porque esta voz les recuerda sin cesar la abnegación; vosotros predicaréis el desinterés a los avaros, la abstinencia a los viciosos y la mansedumbre a los tiranos domésticos y a los déspotas, palabras perdidas, ya lo sé; pero ¡qué importa! es preciso rociar con vuestros sudores el terreno que debéis sembrar, porque no fructificará y no producirá sino con los esfuerzos reiterados del azadón y del arado evangélico. Id y predicad.

      Sí, todos vosotros, hombres de buena fe, que creéis en vuestra inferioridad
mirando los mundos diseminados por el infinito, marchad en cruzada contra la injusticia y la iniquidad. Id y destruid ese culto del becerro de oro que cada día se hace más invasor. Marchad, Dios os conduce. Hombres sencillos e ignorantes, vuestras lenguas se desatarán y hablaréis como no habla ningún orador. Id y predicad, y las poblaciones atentas recogerán felices vuestras palabras de consuelo, de fraternidad, de esperanza y de paz.
      ¡Qué importan los tropiezos que se opondrán a vuestro paso ! Sólo los lobos caerán en la trampa del lobo, porque el pastor sabrá defender sus ovejas contra los carniceros sacrificadores.
      Id, hombres grandes ante Dios, que más felices que Santo Tomás, creéis sin poder ver y aceptáis los hechos de la mediumnidad, aun cuando vosotros no la hayáis podido obtener de vosotros mismos; id, el espíritu de Dios os conduce.

     ¡ Marchad, pues, adelante !, falange imponente por vuestra fe, y los numerosos batallones de incrédulos desaparecerán ante vosotros como la niebla de la mañana ante los primeros rayos del sol naciente.

      La fe es la virtud que levantará las montañas, -os dijo Jesús-, pero más pesadas que las más escarpadas montañas están en el corazón de los hombres la impureza y todos los vicios de ella. Marchad, pues, con valor para levantar esa montaña de iniquidades que las generaciones futuras no deben conocer sino por la leyenda, como vosotros no conocéis tampoco sino muy imperfectamente el período de los tiempos anteriores a la civilización pagana.

      Sí, los cataclismos morales y filosóficos van a estallar en todas las partes del globo; la hora se acerca y la luz divina aparecerá sobre los dos mundos.

      Id, pues, y llevad la palabra divina: a los grandes que la desdeñarán, a los sabios que pedirán pruebas, a los pequeños y a los sencillos que la aceptarán, porque sobre todo entre estos mártires del trabajo, en esta expiación terrestre, encontraréis el favor y la fe. 

      Id, éstos os recibirán con cánticos de acción de gracias, cantando las alabanzas de Dios, por el consuelo santo que les llevaréis, y se inclinarán dándole gracias por la parte que les corresponde de sus miserias terrestres.

      ¡Que vuestra falange se arme, pues, de resolución y de valor! ¡A la obra! El arado está preparado; la tierra espera, es preciso trabajar.

      Id y dad gracias a Dios por la tarea gloriosa que os ha confiado, pero pensad que entre los llamados al Espiritismo, muchos se han estacionado; mirad, pues, vuestro camino, y seguid la senda de la verdad.

P. Si muchos de los llamados al Espiritismo se han estacionado, ¿ cómo conoceremos a los que están en el buen camino?
R. Los reconoceréis en los principios de verdadera caridad que profesarán y practicarán: los reconoceréis en el número de afligidos que habrán consolado; los reconoceréis en su amor hacia el prójimo, por su abnegación, por su desinterés personal; los reconoceréis, en fin, por el triunfo de sus principios, porque Dios quiere el triunfo de su ley; los que siguen su ley son sus elegidos y él les dará la victoria, pero destruirá a los que falsean el espíritu de esa ley y hacen de ella su comodín para satisfacer su vanidad y su ambición. ( Erasto, ángel guardián del médium. París, 1863).

- A. Kardec -

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             LA UNIÓN HACE LA FUERZA

                                  


         “Diez hombres, unidos sinceramente por un pensamiento en común, son más fuertes que cien que no logran entenderse.”

– Allan Kardec, Obras Póstumas.

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