INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- No estamos solos en el Universo
2.- Terrorismo de naturaleza mediúmnica
3.- La vida y la muerte
4.- Morir y liberarse
*********************************

NO ESTAMOS SOLOS EN EL UNIVERSO
La Humanidad no está restringida a la Tierra. Ocupa los innumerables mundos que circulan en el espacio. Ha ocupado los que han desaparecido, y ocupará los que se formen.
Dios ha creado desde la eternidad, y crea sin cesar. Mucho tiempo, pues, antes de que la Tierra existiese, por antigua que se la suponga, hubo en otros mundos espíritus encarnados que recorrieron las mismas etapas que nosotros, espíritus de formación más reciente, recorremos en este momento, y que llegaron al fin antes de que nosotros hubiésemos salido de las manos del Creador.
Desde la eternidad han habido, pues, ángeles o espíritus puros. Pero su existencia humanitaria se pierde en lo infinito del pasado, y es para nosotros como si siempre hubiesen sido ángeles.
15. Así se encuentra realizada la gran ley de unidad de la Creación. Dios no ha estado jamás inactivo. Siempre ha tenido espíritus puros experimentados e iluminados, para transmitirles sus órdenes y para la dirección de todas las partes del Universo, desde el gobierno de los mundos hasta los más ínfimos detalles. No ha tenido, pues, necesidad de crear seres privilegiados exentos de cargas. Todos, antiguos o nuevos, han conquistado sus grados en la lucha y por su propio mérito, en fin, son hijos de sus obras. Así se cumple igualmente la soberana justicia de Dios.
ALLAN KARDEC.
************************************
TERRORISMO DE NATURALEZA
MEDIÚMNICA ( Comunicado Psicográfico)

Sutilmente se va popularizando una forma lamentable de revelación que el mismo Jesús desmitificó.

La sociedad moderna aparta su mirada de este tema esencial. Para la mayoría de las personas, la muerte es una cuestión temible y fatal; para otras, significa la simple ausencia de vida, un estado en blanco, un vacío. Hay quienes hasta la consideran algo absurdo.
¿Qué es la muerte? ¿Qué ocurre con nosotros después de que morimos? Si nos empeñamos, podemos ignorar tales preguntas. Y en efecto, muchos lo hacen. Pero si no adquirimos profunda conciencia sobre la realidad de la muerte, terminaremos viviendo una existencia superficial y de poca estabilidad espiritual. Es posible que logremos convencernos de que, de alguna manera, lidiaremos con la muerte cuando llegue. Algunas personas se mantienen asiduamente ocupadas en todo tipo de tareas, para evitar reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte. Sin embargo, con una actitud semejante, la dicha que podamos experimentar siempre será efímera y nos veremos acosados sin cesar por la preocupación de una muerte inevitable. Estoy convencido de que encarar el tema de la muerte les permite a las personas gozar de una existencia estable, pacífica y profunda.
¿A qué se llama “muerte”?, ¿se trata de una extinción?, ¿una transición hacia la nada? ¿O es la puerta de acceso a una nueva vida?, ¿una transformación en lugar de un final? En todo caso, ¿ qué es la vida?, ¿una fase momentánea y evanescente que está seguida de quietud?, ¿una fase de no existencia?, ¿algo que tiene una profunda continuidad y se prolonga más allá de la muerte?
El budismo considera un error pensar que la vida concluye con la muerte. A la vez, sostiene que todo lo que existe y ocurre en el universo está vinculado y tiene un “origen dependiente” (engi,, en japonés). Lo que llamamos “vida” es una energía vibrante que fluye a lo largo y a lo ancho de todo el universo, y no tiene principio ni fin; es un proceso continuo y dinámico de cambio. Desde el punto de vista del budismo, la vida del ser humano no es una excepción. ¿Por qué ha de ser la existencia humana algo finito, caprichoso, aislado y desconectado del ritmo universal de la vida?
En la actualidad, sabemos que los cuerpos celestes y las galaxias nacen, duran un determinado lapso y mueren. Todo lo que se aplica a las inmensas realidades del universo se aplica, de la misma manera, al minúsculo mundo de nuestro cuerpo. Desde el enfoque de la física, el cuerpo humano está constituido por la misma materia, los mismos componentes químicos que conforman los astros. En tal sentido, somos “hijos” de las estrellas.
El cuerpo humano consta de unos sesenta billones de células individuales, y la vida es la fuerza vital que armoniza el funcionamiento infinitamente complejo de ese número de células tan difícil de concebir. A cada instante, cantidades incalculables de ellas mueren y son reemplazadas por otras que nacen. En ese nivel, cada uno de nosotros está experimentando diariamente los ciclos del nacimiento y la muerte.
En términos prácticos, la muerte es necesaria. Si las personas vivieran para siempre, con el tiempo empezarían a anhelar la muerte. Sin la muerte, enfrentaríamos toda una nueva gama de problemas, desde la superpoblación mundial hasta el hecho de tener que lidiar con un físico envejecido. La muerte da espacio a la renovación y a la regeneración.
Por consiguiente, la muerte debe agradecerse como un beneficio, tanto como se agradece la vida. El budismo ve la muerte como un período de descanso, como el acto de dormir, mediante el cual la vida recobra energías y se prepara para nuevos ciclos de existencia. No hay ninguna razón para temer a la muerte, para odiarla o para buscar desterrarla de nuestra mente.
La muerte no discrimina: A rodos nos despoja de todo. La fama, la riqueza y el poder son absolutamente inútiles en el estado de desapego total de los últimos instantes de nuestra existencia. En ese momento, en lo único que podemos confiar es en nosotros mismos.
Para morir bien, uno tiene que haber vivido bien. Para quienes han transcurrido su existencia fieles a sus convicciones y han trabajado para brindar felicidad a los demás, la muerte puede llegar como un descanso reconfortante, como un sueño bien ganado después de un día de gratos esfuerzos.
MORIR Y LIBERARSE
Muertes Violentas
Por Mercedes Cruz del libro “En las Fronteras de la Locura” de Divaldo Pereira Franco
En las muertes violentas, las lamentaciones y los improperios por la falta de fe religiosa, a la par de la angustia dolorosa y la rebeldía, promueven escenas que al espíritu del fallecido, le producen desconsuelo, porque al atravesar momentos de alta sensibilidad psíquica, automática vinculación con el cuerpo sin vida y la familia, se transforma en una lluvia de centellas ardientes, que le alcanzan, hiriéndolo y dándole una sensación como de ácidos que lo corroen por dentro.
Al ser llamado por los vivos que aquí quedaron y no poder comunicarse, experimenta dolores que lo hieren, además de la desesperación moral que lo domina.
La misericordia divina lo adormece en los primeros periodos para tratar de ponerlo a reposar, lo que difícilmente consigue por las exageradas lamentaciones de los familiares. Cuando logra hacerlo, al no haber sabido valorar los tesoros de la vida con la consiguiente preparación para el viaje inevitable, se siente confundido por el choque de la desencarnación y se agita en angustiosas pesadillas, que son la liberación de imágenes perturbadoras de las zonas profundas del inconsciente…
Para que se pueda completar una reencarnación desde el principio de la fecundación, transcurren años que se extienden hasta la primera infancia. Es natural que el proceso de la desencarnación necesite de tiempo suficiente para que el espíritu se desprenda de los fluidos más groseros, en los cuales estuvo sumergido…
La violencia en la forma como ocurre en un accidente, mata solamente el cuerpo físico, sin que ello signifique la liberación del ser espiritual.
Las enfermedades de larga duración, soportadas con resignación, ayudan a liberar al espíritu de la materia, teniendo el espíritu tiempo para pensar en las legitimas realidades de la vida y para despegarse de las personas, pasiones y cosas, además de pensar con más propiedad en lo que le aguarda más allá del cuerpo y movilizar el pensamiento en círculos de aspiraciones superiores.
Al evocar a los familiares que ya partieron, se vincula a ellos por los delicados hilos de los recuerdos y recibe de los mismos inspiración y ayuda para el desprendimiento del organismo fisiológico.
Los dolores morales, siendo bien aceptados, proveen de aspiraciones y ansias de paz en otras dimensiones, liberando las fuerzas constrictoras que lo atan al mundo de las formas.
El conocimiento de los objetivos de la reencarnación y el comportamiento correcto en el ejercicio de las funciones físicas contribuyen también, al desprendimiento en el fenómeno de la muerte.
Debemos entrenarnos para enfrentar el instante de la muerte que inevitablemente nos llegará a todos.
El Espíritu en el Más Allá, viene a ser el conjunto de sus experiencias vividas.
Nadie puede desperdiciar los dones de Dios y permanecer libre de la reparación.
Tomado del Blog "El Espírita Albaceteño"
++++++++++++++++++++++++++



No hay comentarios:
Publicar un comentario