martes, 3 de febrero de 2026

Morir y liberarse

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- No estamos solos en el Universo

2.- Terrorismo de naturaleza mediúmnica

3.- La vida y la muerte

4.- Morir y liberarse

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  NO ESTAMOS SOLOS EN EL UNIVERSO

La Humanidad no está restringida a la Tierra. Ocupa los innumerables mundos que circulan en el espacio. Ha ocupado los que han desaparecido, y ocupará los que se formen.

Dios ha creado desde la eternidad, y crea sin cesar. Mucho tiempo, pues, antes de que la Tierra existiese, por antigua que se la suponga, hubo en otros mundos espíritus encarnados que   recorrieron las mismas etapas que nosotros, espíritus de formación más reciente, recorremos en este momento, y que llegaron al fin antes de que nosotros hubiésemos salido de las manos del Creador.

Desde la eternidad han habido, pues, ángeles o espíritus puros. Pero su existencia humanitaria se pierde en lo infinito del pasado, y es para nosotros como si siempre hubiesen sido ángeles.

15. Así se encuentra realizada la gran ley de unidad de la Creación. Dios no ha estado jamás inactivo. Siempre ha tenido espíritus puros experimentados e iluminados, para transmitirles
 sus órdenes y para la dirección de todas las partes del Universo, desde el gobierno de los mundos hasta los más ínfimos detalles. No ha tenido, pues, necesidad de crear seres privilegiados exentos de  cargas. Todos, antiguos o nuevos, han conquistado sus grados en la lucha y por su propio mérito, en  fin, son hijos de sus obras. Así se cumple igualmente la soberana justicia de Dios.

ALLAN KARDEC.

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TERRORISMO DE NATURALEZA

 MEDIÚMNICA ( Comunicado Psicográfico)

                                               

Sutilmente se va popularizando  una forma lamentable de revelación que el mismo Jesús desmitificó.

     El Espiritismo es una doctrina fundamentada en hechos, estudiada por la razón y  la lógica, no admite en sus formulaciones esclarecedoras, ningún tipo de superstición   que le enturbiarían la limpidez de contenidos relevantes, y mucho menos amenazas que las impongan por el temor, como es habitual en otros segmentos religiosos.

     Durante algunos milenios el miedo hizo parte de la divulgación del bien, imponiendo venganzas celestes y desgracias a todos aquellos que discrepasen de sus postulados, castrando la libertad de pensamiento y sometiendo a la ignorancia y al primitivismo  cultural a las mentes más lúcidas y avanzadas.
   
 El Espiritismo es ciencia que investiga y somete a consideración    aquello que puede ser confirmado en laboratorio, que tenga carácter de revelación universal , por tanto siempre libre para la aceptación o no de aquellos que buscan conocer sus enseñanzas. Igualmente es filosofía que esclarece y jamás causa pavor, explicando, a través de la Ley de Causa y Efecto,  quienes somos, de donde venimos, para donde vamos, por qué sufrimos, cuales son las razones de las penas y de las amarguras humanas.             
     De igual manera,  su ética-moral está totalmente fundamentada en las enseñanzas de   Jesús, conforme Él las enunció y las vivió, proporcionando la religiosidad que integra a  la criatura en la ternura de su Creador, siendo de simple y fácil formulación.

  Jamás utiliza las tradiciones míticas greco-romanas, como las de las Parcas, siempre tejiendo tragedias para los seres humanos, o de otras cualesquiera, remanentes de las religiones ortodoxas decadentes, algunas de las cuales, hoy están reformuladas en su presentación, manteniendo, no obstante, los mismos contenidos amenazadores.

    De manera sistemática y continua , se vienen haciendo comunes algunas pseudo-revelaciones alarmantes, sustituyendo las figuras mitológicas de Satanás, del Diablo, del Infierno, del Purgatorio, por Dragones, Organizaciones demoniacas, regiones punitivas atemorizantes, en detrimento del amor y de la misericordia de Dios,  que rige en todas partes.

    Ciertamente, existen personificaciones del Mal, más allá de las fronteras físicas, donde se complacen en afligir a las criaturas descuidadas, así como lugares de purificación después de las fronteras entre el cuerpo gris y el cuerpo somático, todo, sin embargo, transitorios, como ensayo para el aprendizaje del Bien en su fijación en  los paneles de la mente y del comportamiento.
    El Espiritismo resucita la esperanza y amplía los horizontes del conocimiento exactamente para facultar al ser humano el entendimiento respecto a la vida y cómo comportarse dignamente ante las situaciones dolorosas.

     Sus revelaciones objetivan esclarecer las mentes, retirando la niebla de la  ignorancia  que aun permanece, impidiendo el discernimiento de muchas personas en torno a los objetivos esenciales de la existencia carnal.

      De la misma forma como no se deben engañar a los candidatos al estudio espírita,  respecto a las regiones celestes que nos aguardan, desbordando en fantasías  infantiles, no es  correcto  derrapar en amenazas en torno a fetiches, magias y    soluciones milagrosas para los problemas humanos, recurriendo al  animismo  africanista de diversos pueblos con sus supersticiones. En el pasado, en pleno    periodo medieval, las creencias en  los fenómenos mediúmnicos   se revestían  de místicas ceremonias cabalísticas, proponiendo la liberación de los incautos y  perversos en las situaciones perniciosas en que transitaban.
      El Espiritismo, iluminando la oscuridad y que permanece iluminando incontables  mentes, desvela el futuro que nos aguarda a todos, rico de bendiciones y de oportunidades de crecimiento intelecto-moral, ofreciendo los instrumentos hábiles  para  el éxito en todos los cometidos.

      Su psicología es fértil de lecciones libertadoras de conflictos que quedan de las  existencias pasadas, de terapias especiales para el enfrentamiento con los  adversarios espirituales que proceden del ayer perturbador, con recursos simples y  de fácil aplicación.

      El simple cambio mental para mejor, proporciona al individuo la conquista del  equilibrio perdido, facultándole la adopción de comportamientos saludables que se encuentran plasmados en El Evangelio según el Espiritismo, de Allan Kardec,  verdadero tratado de eficiente psicoterapia al alcance de todos los que se interesen  por la conquista de la salud integral y la alegría de vivir.
     Después de la hazaña de haber matado a la muerte, el conocimiento del Espiritismo faculta la perfecta integración de la criatura con la sociedad, viviendo de manera armónica en todo momento, donde quiera que se encuentre, liberada de recelos injustificables y sintonizada con las bendiciones que definen la misericordia  divina.

    La mediumnidad, de ese modo, al servicio de Jesús, es vehículo de luz, de seriedad, dignificando su instrumento y enriqueciendo de esperanza y felicidad, a todos aquellos  que se le acercan.

   Jamás la mediumnidad seria estará al servicio de espíritus livianos, críticos, contumaces de todo y de todos, que hacen que estemos en desacuerdo con sus informaciones vulgares, debiendo volverse un instrumento de confort moral y de instrucción grave, trabajando en la construcción de mujeres y de hombres serios,  que se fascinan con el Espiritismo y hacen sus existencias útiles y ennoblecidas.

      Esos Espíritus burlones y pseudo-sabios, deben ser esclarecidos y orientados en el  cambio de su comportamiento, después de demostrarles que no les obedecemos, no les aceptamos las sugestiones negativas, mentirosas o miedosas, con historias infantiles sobre catástrofes que siempre existieron, con las informaciones sobre el fin  del mundo, con las tramas interminables a que se entregan para seducir y conducir a los ingenuos que se les someten fácilmente....
      El conocimiento real del Espiritismo es el antídoto para esa onda de revelaciones atemorizantes, que se expande como un aire pestilente, intentando mezclarse en los paradigmas espíritas que demuestran desde su surgimiento la legitimidad de que son portadores, confirmando al Consolador que Jesús prometió a sus discípulos y se materializó en la incomparable Doctrina.

   Ante informaciones mediúmnicas desastrosas o sublimes, un método eficaz existe  para la evaluación correcta de su legitimidad, que es la universalidad de la enseñanza, conforme estableció el preclaro Codificador.

    De ese modo, utilizando la caridad como guía y la oración como instrumento de iluminación y del conocimiento como recurso de liberación, los adeptos sinceros del Espiritismo, no se deben dejar influenciar por el moderno terrorismo de naturaleza mediúmnica, encargado de amedrentar, mientras que el objetivo máximo de la  Doctrina es liberar a sus adeptos, a fin de hacerlos felices.
Vianna de Carvalho ( Espíritu)

Página psicografada por el médium Divaldo Pereira Franco, el día 7 de diciembre de 2009,durante el XVII Congreso Espírita Nacional  en Calpe, España.

SOBRE EL AUTOR             

                     MANUEL VIANNA DE CARVALHO

Nacido en la ciudad  de Icó, estado do Ceará, el 10 de diciembre de 1874, era hijo del profesor Tomás Antonio de Carvalho y de D. Josefa Viana de Carvalho. Desencarnó a bordo del navío “Íris”, siendo  su cuerpo sepultado en  Salvador de Bahia, el  día 13 de octubre de 1926. Abanderado Espírita,  su palabra era atrayente y arrebatadora, consiguiendo, entre los espíritas una penetración inusitada e incomfundíble. Como conferenciante era de los más requeridos; como polemista, uno de los más destacados. Su verbo inspirado, su voz armoniosa, su animación, asumía, a veces, tonalidades y aspectos impresionantes. Fue en realidad un mago de la palabra, repleta de sentimiento. 
     Utilizando la mediumnidad de Divaldo Franco, psicografió diversos mensajes que se transformaron en fuente de estudio e información  espírita.

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           LA VIDA Y LA MUERTE 

                               

     Nadie puede escapar de la muerte. La cesación de la vida es tan segura como la certeza de que la noche sigue al día, el invierno viene después del otoño, y la vejez llega cuando la juventud queda atrás. La gente toma precauciones para evadir el sufrimiento y no verse en apuros durante el invierno o en la vejez; pero pocas personas se preparan para la muerte, que adviene indefectiblemente.

La sociedad moderna aparta su mirada de este tema esencial. Para la mayoría de las personas, la muerte es una cuestión temible y fatal; para otras, significa la simple ausencia de vida, un estado en blanco, un vacío. Hay quienes hasta la consideran algo absurdo.

¿Qué es la muerte? ¿Qué ocurre con nosotros después de que morimos? Si nos empeñamos, podemos ignorar tales preguntas. Y en efecto, muchos lo hacen. Pero si no adquirimos profunda conciencia sobre la realidad de la muerte, terminaremos viviendo una existencia superficial y de poca estabilidad espiritual. Es posible que logremos convencernos de que, de alguna manera, lidiaremos con la muerte cuando llegue. Algunas personas se mantienen asiduamente ocupadas en todo tipo de tareas, para evitar reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte. Sin embargo, con una actitud semejante, la dicha que podamos experimentar siempre será efímera y nos veremos acosados sin cesar por la preocupación de una muerte inevitable. Estoy convencido de que encarar el tema de la muerte les permite a las personas gozar de una existencia estable, pacífica y profunda.

     ¿A qué se llama “muerte”?, ¿se trata de una extinción?, ¿una  transición hacia la nada? ¿O es la puerta de acceso a una nueva vida?, ¿una transformación en lugar de un final? En todo caso, ¿ qué es la vida?, ¿una fase momentánea y evanescente que está seguida de quietud?, ¿una fase de no existencia?, ¿algo que tiene una profunda continuidad y se prolonga más allá de la muerte?

     El budismo considera un error pensar que la vida concluye con la muerte. A la vez, sostiene que todo lo que existe y ocurre en el universo está vinculado y tiene un “origen dependiente”  (engi,, en japonés). Lo que llamamos “vida” es una energía vibrante que fluye a lo largo y a lo ancho de todo el universo, y no tiene principio ni fin; es un proceso continuo y dinámico de cambio. Desde el punto de vista del budismo, la vida del ser humano no es una excepción. ¿Por qué ha de ser la existencia humana algo finito, caprichoso, aislado y desconectado del ritmo universal de la vida?

     En la actualidad, sabemos que los cuerpos celestes y las galaxias nacen, duran un determinado lapso y mueren. Todo lo que se aplica a las inmensas realidades del universo se aplica, de la misma manera, al minúsculo mundo de nuestro cuerpo. Desde el enfoque de la física, el cuerpo humano está constituido por la misma materia, los mismos componentes químicos que conforman los astros. En tal sentido, somos “hijos” de las estrellas.

     El cuerpo humano consta de unos sesenta billones de células individuales, y la vida es la fuerza vital que armoniza el funcionamiento infinitamente complejo de ese número de células tan difícil de concebir. A cada instante, cantidades incalculables de ellas mueren y son reemplazadas por otras que nacen. En ese nivel, cada uno de nosotros está experimentando diariamente los ciclos del nacimiento y la muerte.

     En términos prácticos, la muerte es necesaria. Si las personas vivieran para siempre, con el tiempo empezarían a anhelar la muerte. Sin la muerte, enfrentaríamos toda una nueva gama de problemas, desde la superpoblación mundial hasta el hecho de tener que lidiar con un físico envejecido. La muerte da espacio a la renovación y a la regeneración.

     Por consiguiente, la muerte debe agradecerse como un beneficio, tanto como se agradece la vida. El budismo ve la muerte como un período de descanso, como el acto de dormir, mediante el cual la vida recobra energías y se prepara para nuevos ciclos de existencia. No hay ninguna razón para temer a la muerte, para odiarla o para buscar desterrarla de nuestra mente.

     La muerte no discrimina:  A rodos nos despoja de todo. La fama, la riqueza y el poder son absolutamente inútiles en el estado de desapego total de los últimos instantes de nuestra existencia. En ese momento, en lo único que podemos confiar es en nosotros mismos.

     Debemos afrontar la muerte con solemnidad, con la sola armadura de nuestra cruda humanidad, con el registro real de nuestras acciones, de acuerdo con las elecciones que asumimos en la vida. “¿He sido fiel a mí mismo?”. “¿Qué he aportado al mundo?”. “¿De qué estoy satisfecho y cuáles son mis remordimientos?”.

     Para morir bien, uno tiene que haber vivido bien. Para quienes han transcurrido su existencia fieles a sus convicciones y han trabajado para brindar felicidad a los demás, la muerte puede llegar como un descanso reconfortante, como un sueño bien ganado después de un día de gratos esfuerzos.

(Ensayo de Daisaku Ikeda publicado en 1998, en la revista de Filipinas Mirror.)

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                    MORIR Y LIBERARSE

 


Muertes Violentas

Por Mercedes Cruz del libro “En las Fronteras de la Locura” de Divaldo Pereira Franco

En las muertes violentas, las lamentaciones y los improperios por la falta de fe religiosa, a la par de la angustia dolorosa y la rebeldía, promueven escenas que al espíritu del fallecido, le producen desconsuelo, porque al atravesar momentos de alta sensibilidad psíquica, automática vinculación con el cuerpo sin vida y la familia, se transforma en una lluvia de centellas ardientes, que le alcanzan, hiriéndolo y dándole una sensación como de  ácidos que lo corroen por dentro.

Al ser llamado por los vivos que aquí quedaron y no poder comunicarse, experimenta dolores que lo hieren, además de la desesperación moral que lo domina.

La misericordia divina lo adormece en los primeros periodos para tratar de ponerlo a reposar, lo que difícilmente consigue por las exageradas lamentaciones de los familiares. Cuando logra hacerlo, al no haber sabido valorar los tesoros de la vida con la consiguiente preparación para el viaje inevitable, se siente confundido por el choque de la desencarnación y se agita en angustiosas pesadillas, que son la liberación de imágenes perturbadoras de las zonas profundas del inconsciente…

Para que se pueda completar una reencarnación desde el principio de la fecundación, transcurren años que se extienden hasta la primera infancia. Es natural que el proceso de la desencarnación necesite de tiempo suficiente para que el espíritu se desprenda de los fluidos más groseros, en los cuales estuvo sumergido…

La violencia en la forma como ocurre en un accidente, mata solamente el cuerpo físico, sin que ello signifique la liberación del ser espiritual.

Las enfermedades de larga duración, soportadas con resignación, ayudan a liberar al espíritu de la materia, teniendo el espíritu tiempo para pensar en las legitimas realidades de la vida y para despegarse de las personas, pasiones y cosas, además de  pensar con más propiedad en lo que le aguarda más allá del cuerpo y movilizar el pensamiento en círculos de aspiraciones superiores.

Al evocar a los familiares que ya partieron, se vincula a ellos por los delicados hilos de los recuerdos y recibe de los mismos inspiración y ayuda para el desprendimiento del organismo fisiológico.

Los dolores morales, siendo bien aceptados, proveen de aspiraciones y ansias de paz en otras dimensiones, liberando las fuerzas constrictoras que lo atan al mundo de las formas.

El conocimiento de los objetivos de la reencarnación y el comportamiento correcto en el ejercicio de las funciones físicas contribuyen también, al desprendimiento en el fenómeno de la muerte.

Debemos entrenarnos para enfrentar el instante de la muerte que inevitablemente nos llegará a todos.

El Espíritu en el Más Allá, viene a ser el conjunto de sus experiencias vividas.

Nadie puede desperdiciar los dones de Dios y permanecer libre de la reparación. 

Tomado del Blog "El Espírita Albaceteño"

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