INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Comunicación del Ser encarnado con el Plano Espiritual : Mediumnidad
2.- Buenas semillas, buenos frutos.
3.- Simplemente: El Amor
4.- Carnaval
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COMUNICACIÓN DEL SER ENCARNADO CON EL PLANO ESPIRITUAL: MEDIUMNIDAD

Podemos definir la mediumnidad como la facultad de los espíritus encarnados para poder contactar con los Seres del Mundo Espiritual, y aunque en apariencia el pensamiento dimanado de la inteligencia y de la razón, por un lado, y la mediumnidad propiamente dicha por otro lado, parecen ser dos facultades distintas, sin embargo están íntimamente ligadas o relacionadas entre sí.
Si bien todos los seres humanos tenemos la facultad mediúmnica en mayor o menor grado, lo cierto es que solamente algunos individuos la poseen en grado relevante y muchos menos todavía llegan a conocerla y a encauzarla de forma conveniente y productiva para sí mismos y para los demás.
Es muy importante conocer que la mediumnidad no es ninguna enfermedad física ni mental. Forma parte de las cualidades latentes en el Ser y que a través de la evolución terminarán por desarrollarse de forma natural. También es cierto que cuando la mediumnidad no es correctamente encauzada por el conocimiento de las leyes espirituales que las rigen y por su práctica disciplinada y orientada al bien común que debe dársele, puede ser fuente de disturbios o enfermedades de naturaleza objetiva, Cuando estas aparecen deben tratarse ambas, es decir, curar o paliar la enfermedad con los medios a nuestro alcance y también encauzar en la medida de lo posible la mediumnidad. Si solo tratamos aisladamente la mediumnidad o el disturbio, lo más probable será la aparición de otros disturbios más graves, pues su causa todavía persistiría en el Ser sin haber sido guiado ni tan solo detectado.
Son síntomas de una mediumnidad por desarrollar, los mareos, cambios de humor, ansiedades, depresiones y sensaciones psicosomáticas que no tengan una causa claramente definida o incluso aunque la tengan. No nos cansaremos de insistir que la mediumnidad no va a desaparecer con el uso de fármacos que pretendan sanarla, puesto que al tratarse de una facultad del ser, esta pertenece al espíritu y no al cuerpo. Debemos pensar que igual que no nos extirparíamos el cerebro por tener un mal pensamiento, sino que nos educaríamos en el arte de pensar bien, tampoco debemos de atacar las glándulas relacionadas con la mediumnidad en nuestro cerebro físico, por el hecho de que la mediumnidad nos cause molestias o incomodidades. En tal caso debemos aceptar la mediumnidad como una oportunidad de progreso y elevación que nos brinda el Mundo Mayor.
Debemos saber también que los resultados de la mediumnidad educada y trabajada en el ideal de Cristo es, probablemente, la mayor fuente de goces y realizaciones que encontrará nuestro espíritu mientras se halle encarnado en la Tierra. Para todas las personas dotadas de mediumnidad es muy importante que se trabajen interiormente en su mejoramiento moral., fortaleciendo el pensamiento, el sentimiento y la voluntad, y en el amor al bien y al prójimo como a uno mismo. Son estos seres los más expuestos a la agresiones de los espíritus infelices, mas son también los que tienen más posibilidades de enfrentarlos con éxito y transformarlos en aliados espirituales a través del amor.
La relación pensamiento- mediumnidad podrá observarse de forma práctica viendo que aquellos que desarrollan una de las dos facultades, raramente mantienen la otra en el nivel en que se encontraba. Una mejora de las facultades intelectuales llevará a menudo un despertar o un desarrollo de las facultades mediúmnicas. Igualmente el desarrollo mediúmnico, llevará al ser a la conquista de mayores realizaciones en el campo del pensamiento.
-David Estany Prim. ( Psicografía)
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«El niño es la semilla que espera, el joven es el campo fecundo, el adulto es la cosecha en producción. Según sea la calidad de la semilla, así será la cosecha.»
(Mensaje del Espíritu Amelia Rodrigues, en la obra Terapéutica de Urgencia, psicografiado por Divaldo Franco)
Con esta frase dimos comienzo a nuestra conferencia en el XX Congreso Espírita Nacional que se celebró en Calpe, Alicante, en diciembre pasado. Dicha frase resume todo el contenido desarrollado con posterioridad y nos invita a la reflexión con respecto a la Educación de las nuevas generaciones y lo que la Doctrina Espírita puede aportarnos.
Siendo conscientes de estar viviendo el momento de la Gran Transición de nuestro hermoso planeta hacia un mundo de Regeneración, más justo, más bello, más amable, estamos siendo invitados en cada momento para colaborar en que ese proceso transformador se haga de la manera más dulce, más natural posible. Y ese cambio solamente es posible a través de la Educación, de manera que el progreso tecnológico e intelectual, innegable, sea acompañado también de un verdadero cambio moral de sus habitantes, de todos nosotros y de todos aquellos que volverán a habitar nuestra hermosa morada.
Los niños y jóvenes representan un fecundo campo de cultivo al tratarse de Espíritus que regresan para una nueva experiencia en el plano físico. Ellos ya existían antes en algún lugar, tienen una biografía personal, traen vivencias y experiencias, y aquí vuelven para revivir, no para vivir. ¡Están, por lo tanto, renaciendo y no apenas naciendo! Como ser espiritual, el niño trae todo un bagaje acumulado a lo largo de su trayectoria evolutiva. Su destino es toda la perfección de la que es susceptible y, para ello, cuenta con el tiempo necesario, pues su esfuerzo de perfeccionamiento no se limita, tan sólo, a una existencia terrenal. En el cuerpo y fuera de él, da continuidad a su perfeccionamiento y a su andadura en la conquista de la felicidad. La reencarnación es, por lo tanto, un proceso de reeducación del ser, pues retornamos niños a un hogar, a una familia, para ser reeducados; pues, como niño, el Espíritu está más accesible a recibir la orientación de los padres y educadores. Y, puesto que la principal finalidad de que el Espíritu tenga que nacer otra vez, es para volver a ser educado, las impresiones positivas que recibe durante la infancia pueden ser determinantes en su existencia actual e incluso en próximas vidas. De ahí la importancia de la Educación, pues educar es preparar al ser humano para enfrentar todos los momentos y adversidades de la vida. Es el único medio de cultivar en el Espíritu del niño, desde su nacimiento, el entendimiento de la práctica de las buenas obras, la adquisición de la moral y del saber, para que alcance el crepúsculo físico consciente de sus conquistas espirituales, conociéndose a sí mismo y situándose en el Universo como colaborador de la Divinidad Suprema.
EL PAPEL DE LOS PADRES
La educación es una tarea esencialmente paterno.maternal, de carácter intransferible e inalienable. Y si bien, los lazos de familia no se verifican por casualidad, el hogar debe ser el escenario donde el individuo pueda sentirse plenamente confiado, aceptado y amado, donde pueda exponer sus conflictos más íntimos con sinceridad, sin miedo de perder la comprensión de los familiares, donde pueda desahogar sus problemas y dialogar con profundidad con los que le son afines.
La familia tiene que ser el amparo de su auto-educación. El ejemplo edificante, el ambiente moral, las vibraciones amorosas del hogar serán determinantes en la existencia presente y en la vida inmortal.
ESPIRITISMO Y EDUCACIÓN
Doctrina eminentemente racional, el Espiritismo abre a la Humanidad una nueva vía y le descubre los horizontes del infinito. El Espiritismo dispone de vigorosos recursos para iluminar la educación con una filosofía que transpone todos los inmediatismos, que transciende todos los límites, que descubre los más amplios horizontes, que atiende a los más nobles intereses, y que posee un ideal capaz de impulsar el verdadero progreso. Y dilatando las fronteras de la educación, al informar que ella ejerce función en los dos planos de la vida, le apunta objetivos de gran alcance y valor moral.
Desde el punto de vista espírita, la educación no empieza en la cuna ni termina en el túmulo, sino que antecede al nacimiento y sucede a la muerte del cuerpo físico. Es la acción constante, ininterrumpida, la que ayuda a modificar a los seres, auxiliándolos en la escalada evolutiva, rumbo a la perfección, en la estera infinita del tiempo. En la Propuesta Espírita de la Educación, el desarrollo del Espíritu a través de las vidas sucesivas está visto como un curso escolar, con sus años de estudio.
... Y la Tierra es tratada como una escuela, donde las almas se matriculan para su perfeccionamiento, siendo El Libro de los Espíritus un manual de Educación Integral ofrecido para su formación moral y espiritual. Es preciso que cuidemos del niño y del joven, plantas en proceso de crecimiento, aún moldeables y dirigibles hacia el bien mayor. Precisamos entender la Educación Espírita como la mejor contribución que puede ser ofrecida al espíritu encarnado en su proceso evolutivo.
CONTRIBUCIÓN DEL CENTRO ESPÍRITA A LA EDUCACIÓN
La educación del niño y del joven es la mejor forma de que el Centro Espírita realice la mayor de las finalidades del Espiritismo: transformar a todos los hombres en hombres de bien, visto que la Educación Infanto-Juvenil es una de las primeras actividades como base para la construcción moral del Mundo Nuevo.
El Centro Espírita es una escuela de almas y es imperativo que se reconozca en la educación de las almas la tarea de la más alta expresión en la actualidad de la Doctrina Espírita. «Alma», en la definición encontrada en El Libro de los Espíritus, es el «Espíritu encarnado». No existen referencias sobre la edad física. De la cuna al túmulo, todos somos espíritus reencarnados. La lógica, pues, nos dice que el Centro Espírita debe estar preparado para atender al ser humano en todas sus etapas de crecimiento del cuerpo físico, desde la infancia hasta la madurez. Hay, entretanto, aún en El Libro de los Espíritus, una evidente preocupación de Allan Kardec y de los Espíritus Superiores en resaltar la importancia del periodo infantil en el estado reencarnatorio, y la función de la educación para la renovación moral de la Humanidad, que alcanza a encarnados y desencarnados.
En el capítulo VII, Segunda Parte de la referida Obra Básica, cuando trata del retorno del Espíritu a la vida corporal, son tratadas diversas cuestiones acerca de la infancia, de las tendencias innatas, de la influencia del organismo físico, del origen de las facultades morales e intelectuales, de la ley de afinidad y otros temas tocantes al periodo infantil, mostrando suficientemente cuán importante es el trabajo educacional junto al niño.
El Centro Espírita, consciente de su misión, debe emplear todos los esfuerzos no sólo para la creación de la Educación Espírita Infanto-Juvenil, sino también para su pleno funcionamiento, considerando su importancia en términos de formación moral de las nuevas generaciones y de preparación de los futuros obreros de la Casa y del Movimiento Espírita. La misión del Centro Espírita no es formar adeptos, sino hombres y mujeres de bien, conscientes de sus derechos y de sus deberes como seres inmortales, co-creadores del Universo, que, posteriormente, cuando sean adultos, decidirán sus destinos y colaborarán para que nuestro planeta, Divina Escuela, sea un lugar mejor. ¡¡Tenemos una gran responsabilidad!!
- Valle García Bermejo-
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El amor ha sido una palabra muy usada desde hace milenios, ya que los sentimientos y emociones acompañan al ser humano, aunque éste sea muy primitivo. Puede sentir el amor, el afecto, etc., de forma rudimentaria, pero la ha sentido en todos los tiempos.
Pero, ¿Qué es el amor? ¿Es bueno o es malo el amor?
Hay muchas formas de amar y no todas son buenas. Podríamos citar qué es el amor bueno y qué es el amor malo: “aunque amor malo no existe”, sino una forma de enfocar negativamente un sentimiento bueno.
El amor bueno es cuando cuidamos y educamos a nuestros hijos, sabiendo que es un tesoro divino; cuando les enseñamos a ser libres y a no tener miedos. Cuando les respetamos como personas y espíritus individuales que son. Cuando les observamos, pero no le vigilamos. Cuando les enseñamos respeto, viendo en nosotros el primer ejemplo.
El amor malo es cuando olvidamos que nuestros hijos no son una posesión exclusiva nuestra. Es malo cuando les sobreprotejemos o descuidamos su educación y no les enseñamos valores morales. Es el amor malo, cuando compramos el cariño de nuestros hijos, dándoles todos los caprichos que ellos piden o exigen. Cuando les consentimos actitudes negativas, viendo que son una copia de nuestras propias actitudes.
El amor bueno con nuestra pareja es aprender a conocerle/a y de esa forma respetar sus defectos, manías, gustos etc. Es bueno cuando le aceptamos tal como es. Cuando respetamos todos los demás aspectos, además del sentimental. Cuando conseguimos ser amigos, compañeros de camino y pareja, sin chantajes emocionales, con la buena intención de perdonarle y comprenderle, mirándonos hacia dentro nosotros mismos. Es decirle de vez en cuando… ¡Te quiero, te quiero por lo que eres y como eres; por ser tú mismo!
El amor malo hacia nuestra pareja son los celos, la posesión, el miedo a estar solo/a, y por esa razón somos capaces de dejarnos manipular, maltratar o humillar, sin querer reconocer que nuestros miedos nos dominan. El amor malo es el que amenaza, el que domina, el que siempre espera recibir, sin dar; el que se impone. El amor malo entre una pareja es la manía de querer cambiar siempre a nuestra pareja; dentro de nosotros/as, decimos: bueno, ahora es así, pero cuando vivamos juntos, yo le haré ¡cambiar! ¡Mentira! Nos estamos engañando al no querer ver tal como es nuestra pareja, y él o ella, no va a cambiar porque le presionemos, a veces, es peor, por el orgullo que nos esclaviza.
El amor bueno es aquel que sin palabras hace. Y el que lo hace es porque lo siente, porque su filosofía de vida o religión le ha enseñado a amar de forma incondicional. Porque tenemos que comprende que todos tenemos defectos, grandes miedos, grande complejos o traumas; vivimos a la defensiva, esquivando golpes muchas veces imaginarios, pero el buen amor se reconoce cuando nos calma, nos consuela, cuando no nos exige nada que no podamos hacer, cuando privándonos de algo, nos sentimos bien y contentos. Cuando viendo sonreír a una persona enferma, aprendemos una gran lección: a reír nosotros también cuando nos lleguen los momentos difíciles, si es que llegan.
El amor malo hacia nuestros semejantes se llama EGOÍSMO y ORGULLO. Cuando, siendo espíritas que, supuestamente, sabemos más de “amor”, “caridad” y “comprensión”, decimos que nos tenemos que amar y perdonar, de boca para fuera. Cuando no somos capaces de privarnos de alguna cosa y poder así apadrinar a un niño necesitado, o hacer cualquier otra cosa buena que suponga esfuerzo o voluntad; pero, eso sí, seguiremos hablando de amor. De haz lo que yo digo y no lo que yo hago. Porque el ser humano es un gran estratega; ¡habla mucho y hace poco!
El amor bueno de un amigo o amiga, es aquel que, sabiendo como somos de imperfectos, nos acepta sin más. Aquel que cuando ve que vamos a cometer un error nos previene con cariño, sin ninguna actitud de superioridad. El amor bueno es cuando puedes abrirle el corazón a tu amigo o amiga, sabiendo que te oirá, te entenderá, pero nunca te va a decir lo que tú quieres escuchar, sino aquello que él o ella piensa que tú necesitas. El amor bueno entre amigos es dar sin esperar nada a cambio, por el placer de dar o compartir.
El amor malo entre amigos es aquel que te exige, el que te presiona para que seas como ellos quieren que seamos, sin aceptarnos tal como somos. El amor malo de un amigo o amiga, es el que hiere cuando no tolera ni consuela; cuando, sabiendo lo mal que lo puedas estar pasando, es incapaz de pronunciar una palabra afectuosa, cuando nuestra viga nos impide ver la paja en el ojo ajeno.
El amor malo hacia nosotros es cuando no respetamos el cuerpo que Dios nos ha prestado, y lo envenenamos con el tabaco y, peor aun, cuando sabiendo que es un suicidio lento, se sigue fumando, bebiendo y haciendo otras barbaridades. El amor malo para con nosotros es el instinto de auto-destrucción, muchas veces por traer con nosotros un gran sentimiento de culpa o inferioridad, y utilizar medios como el alcohol, las drogas, el mal uso del sexo y sus aberraciones. La sensualidad enfermiza. Cuando comemos a reventar, llenando nuestro cuerpo de grasas y toxinas. Cuando nos destruimos por dentro, con pensamientos pesimistas, victimistas, degradantes, que enferman el organismo. Cuando, en general, no le cuidamos, pensando que de algo hay que morir, pero cuando esa hora llega, la agonía y la angustia nos sobrepasan y sentimos arrepentimiento de aquello que hicimos mal con nuestro cuerpo.
El amor bueno hacia nosotros mismos es aquel que, sabiendo que este cuerpo no nos pertenece, lo cuidamos lo mejor que podemos. Es el que aprendió de la Ciencia que nuestra mente puede enfermar el organismo, somatizándolo en diversas enfermedades, y cuida de tener en orden su casa mental; se esfuerza en tener buenos pensamientos, una vida ordenada y sana. El amor bueno para con nosotros mismos, es el respeto que nos debemos, para poder respetar a los otros; es la lucha por vencer los miedos; es la necesidad de ser auténticos, mostrando, no lo que queremos que los demás vean en nosotros, sino lo que somos en realidad. El amor bueno es aprender a querernos más, y nos queremos más, cuando sabemos más de nosotros y, al aceptarnos como somos, buscamos la forma de superarnos.
“Un hombre iba andando por un camino pedregoso, con los pies cansados y heridos. Atravesaba un bosque inmenso, perdido en un lugar remoto. Hasta allí iba a llegar, porque tenía una pregunta muy importante que hacerle al hombre más sabio de aquellas tierras. Una vez que lo encontró, él sabio lo miro a los ojos y le dijo: siéntate hijo mío, sé que estás cansado, hambriento y sediento…Pero – dijo el caminante -, necesito hacerle una pregunta.
No te preocupes, hay tiempo para todo, ahora tienes que calmar tus necesidades físicas, luego hablaremos – Pero el caminante estaba ansioso por consultar al sabio, y no le importaba no comer ni beber. El sabio, percibiendo su angustia, le dijo: ¿crees que lo que me vas a preguntar es tan importante que el mundo se pueda desvanecer, y no tengamos unos minutos para rehacer tus fuerzas, antes de recibir lo que tú crees que yo te sabré decir? Con poco convencimiento, comió y bebió rápido, casi atragantándose, porque la ansiedad lo devoraba.
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| Isabel Porras ( Isy ) |
Bien, le dijo el sabio, cuéntame tu problema. El caminante hablaba a borbotones, lamentándose de su mala suerte, pero el sabio, por ser sabio, lo escuchaba con calma prestando atención a todas sus palabras. El caminante le dijo: necesito encontrar a alguien que me ame, necesito encontrar el amor. Llevo años caminando buscándolo, sin encontrarlo; ¿por qué soy tan desdichado? ¿Por qué Dios no me permite ser amado? Estoy solo porque nadie me ama. El sabio cerro lo ojos unos instantes y los abrió para mirarle fijamente, y después le respondió con mucha calma, con mucho amor en sus palabras: Hijo mío, hay un Ser inmensamente Bueno y Justo que te ama: es Dios. Has dado muchas vueltas y has gastado mucho tiempo y energías buscando lo que no está fuera, sino dentro de ti. El amor esta en nosotros, a nosotros nos cabe despertarlo, porque amándonos a nosotros mismos, sabremos y podremos amar a los demás, sino, ¿de qué forma sabríamos lo qué es el amor, sino lo reconocemos en nosotros? Busca dentro de ti, encuentra el amor que hay en ti, despiértalo y dalo a tus semejantes, sin esperar ser amado, pero te sentirás el ser más feliz del mundo, porque recibirás en la medida de lo que des de ese amor tuyo.”
Las consecuencias del buen amor y del mal amor, las comprenderemos, si reflexionamos seriamente sobre qué clase de amor sentimos o demostramos. El buen Amor viene de Dios, el mal amor, es la consecuencia de nuestra inferioridad, pero todo se puede cambiar y mejorar. Todo es imponernos la disciplina de amarnos y amar a los demás, ¡pero de verdad!
- Isy -
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