martes, 12 de diciembre de 2017

El Espírita ante la homosexualidad




Hoy veremos los siguientes trabajos:

- Los molestos obsesores
- Esclavitud
- La violencia, según el Espiritismo
- El Espírita ante la homosexualidad



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                       LOS MOLESTOS OBSESORES




* Si usted siente a veces una tristeza sin razón aparente, ¡ Atención !, ¡ Usted puede estar siendo víctima de influencias espirituales sutiles y negativas !.*

  Siempre que usted experimente un estado de espíritu tendente al derrotismo, que ha perdurado varias horas, sin causa orgánica o moral de importancia, considere la hipótesis de una influencia espiritual sutil y negativa. 

  Sea claro consigo mismo para ayudar a los Mentores Espirituales  en su propio socorro. Esa es la verdadera ocasión de la humildad, de la oración o del pase.

De entre los factores que más revelan esa  condición del alma, se incluyen : 

-La dificultad de poder concentrar ideas en motivos optimistas; 
- La ausencia de ambiente íntimo para elevar sentimientos en oración o para concentrarse en una lectura edificante;
- Indisposición inexplicable, tristeza sin razón aparente y presentimientos de desastres inmediatos;
- Molestias no manifestadas por no encontrar semejantes o asuntos sobre quien o sobre qué descargarlos;

- Pesimismos subproductos de irritaciones absurdas, quejas, exageraciones de sensibilidad y actitud de condenar a quien no tiene culpa;
- Interpretación forzada de hechos y actitudes suyas o de otros, que usted no sabe  corresponder con la realidad;
- Hiperemotividad o depresión, rayando en la inminencia del llanto; 
- Ansia de protagonizar el papel de víctima o de tomar una posición absurda de automartirio;
- Temor en no aceptar para usted mismo, que haya influencia espiritual para usted mismo, pero pasados unos minutos u horas del acontecimiento, le viene un cambio de impulsos, de arrepentimiento, la recomposición de tono mental y, no raramente, la constatación de que es tarde para deshacer el error cometido.

Son siempre acompañamientos discretos y eventuales por parte del desencarnado, e imperceptibles al encarnado, por la finura del proceso.
El Espíritu puede estar tan inconsciente de sus actos, que los efectos negativos se hacen sentir como si fuesen desarrollados por la propia persona.
Cuando el influenciador es consciente , la ocurrencia es preparada con antelación y meticulosidad. a veces  durante días y semanas antes del sonriente asalto marcado para  la oportunidad de encuentro en perspectiva, conversación, recibimiento de carta  final de un negocio o crisis imprevista de servicios.

No se sabe que es lo que ha causado mayor daño a la Humanidad : Si las obsesiones espectaculares.individuales y colectivas, que todos perciben y ayudan a deshacer o aislar. o si esas medio obsesiones de casi obsesados, que pasan desapercibidas, pero más frecuentes, que minan las energías de una sola criatura incauta. pero influenciando el plan de ruta de otras legiones.

¿ Cuantas desavenencias, separaciones y fracasos no surgen así?
Estudie en su existencia si en esta última quincena usted no estuvo en alguna circunstancia con las características de una influencia espiritual sutil. Estudie y ayúdese a sí mismo. 

Mensage de André Luiz, extraído del libro “Estudie y Viva”, psicografiada por Chico Xavier y Waldo Vieira, Editora FEB. 

* Oración para apartar a un Espíritu Obsesor"

Los malos Espíritus no van sino a donde encuentran con que satisfacer su perversidad; para apartarlos no basta con pedirles ni con ordenarles; es preciso despojar de sí mismo lo que los atrae . Los malos Espíritus detectan las llagas del alma, como las moscas detectan las llagas del cuerpo; del mismo modo que limpiais el cuerpo para evitar a las moscas, limpiad también el alma de sus impurezas para evitar los malos Espíritus. Como vivimos en un mundo en donde pululan los malos Espíritus, las buenas cualidades del corazón nos pondrán al abrigo de sus tentativas y nos darán la fuerza para resistirles.

*Oración* . ( Este es un modelo a modo de ejemplo) :

" En nombre de Dios Todo Poderoso, que los malos Espíritus se aparten de mi y que los buenos me sirvan de protección contra ellos. Espíritus engañadores y mentirosos, que nos engañais; Espíritus zumbadores, que os divertís con su credulidad, yo os repito con todas las fuerzas de mi alma que cierro el oído a vuestras sugestiones, pero pido para vosotros la misericordia de Dios.
Buenos Espíritus que os dignais a asistirme, darme fuerza para resistir la influencia de los malos Espiritus y las luces necesarias para no ser víctima de sus embustes. Preservarme del orgullo y de la presunción; apartar de mi corazón  los celos, el odio, la malevolencia y todo sentimiento contrario a la caridad, que son otras tantas puertas abiertas al Espíritu del mal".
Que así sea

(Aportado por Ceferino y Marlene Goulart)

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ESCLAVITUD 

La vida en el mundo está llena de diferencias sociales y de la preservación por los bienes; olvidando el hombre que lo que tiene es apenas un préstamo de la misericordia de Dios, pues por Su voluntad los espíritus que animan el  cuerpo de señores podrían estar ahora, en la carne de un negro humillado y explotado que solo recibe, a cambio  de su sudor, nada más que una choza infectada y el látigo impiadoso.
Los caminos de los hombres son extraños e insondables. Cuando la criatura  vive en un clima mental donde caben todas las virtudes y con el espíritu abierto  al entendimiento de todas las situaciones, es la disposición idónea  tanto en la tierra como en el plano espiritual para que su espíritu sirva bien.
El ser esclavo, no prohíbe a la criatura  vivir en un clima mental superior; por el contrario, por la contingencia de la subalternidad, tiene mayores motivos para educar al espíritu en las líneas de la tolerancia  y de la humildad, tiene mayores  motivos  para educar al espíritu en las líneas de la tolerancia y de la humildad, de la comprensión y del deber. Le basta no asilar al monstruo de la revuelta, ni entregarse a la hoguera de la envidia para que la existencia le sea sumamente provechosa. De la misma forma, privado de todos los recursos materiales  y morales sabe, más fácilmente, entender  las dificultades ajenas y no existe nadie tan pobre que no tenga algo de si mismo para dar, sea una palabra de cariño, o un gesto de compasión.
Nunca debemos olvidar que el Sol baña y vivifica el lirio del campo, también atiende  a las necesidades del pantano, y la misma vida de Dios que anima a los hombres, anima, también, a las serpientes más temidas.
El alma es esclava siempre de sus debilidades. Por eso no hay labor más eficaz para esto, que combatirlas hasta lograr hacerlas desaparecer.
Cuando sufrimos  y aceptamos con humildad ese sufrimiento, estamos también, con el espíritu preparado  para las más duras realidades y con la mente abierta a la comprensión de todos los problemas. La continuidad,  como se puede percibir, dice respecto a nuestras disposiciones espirituales y no a nuestra situación en el mundo material.
Negro o blanco, el hombre que se siente respetado y reconocido, jamás se revolverá contra sus bienhechores. Cada ser tiene la existencia que le es necesaria. Ningún ser, ante los dictámenes de la providencia  podría surcar otros caminos que no sean, lo que la vida, espontáneamente le ofrece. Aunque el hombre  no busque a Dios, siempre que no abrigue la rebeldía y venza, paso a paso, su caminata, aprovechara su existencia íntegramente.
La búsqueda de Dios es un objetivo de la filosofía que no hace falta a la realidad, pues Dios está dentro de nosotros mismos,  con nuestro consentimiento o sin el. Dios es la vida y la vida es luz.
Todos tenemos  nuestro libre albedrio y nadie recibe pruebas del Señor para las cuales no este preparado. Todos podemos recibir ayuda en la lucha, pero no es licito el que les perdamos nuestro concurso, debemos andar con nuestros propios pies y escoger el propio camino.
Cualquier situación que enfrentemos, la solución que intentemos en ella, será desastrosa si no podemos comandar la lucha. Si permitimos, en nuestro propio barco, a cada viajante que entre, comandar el timón imprimiendo la ruta, que mejor le parece, tengamos por seguro que no llegaremos a ninguna parte. Somos capitanes y debemos enfrentar los rigores de la tempestad. De la misma forma que el armador no entrega el barco a cualquier marinero, la Providencia  Divina, con más justa razón, no coloca a sus hijos bajo la tutela de Espíritus inhabilitados. Como el buen capitán consulta sus propias cartas de navegación para conducir el barco.
Donde nos vemos incapaces,  somos espíritus inmortales que, de experiencia en experiencia, tenemos juntados grandes recursos. No sabemos solo lo que nos han enseñado en esta vida, sabemos todo lo que ya vivimos, actuando cada uno en una misma cosa de forma diferente, debido a que somos diferentes.
Todos debemos aprender a aceptar las cosas que nos llegan y contra las cuales somos impotentes. El hombre negligente y que se entrega a la indisciplina mental, es foco permanente de complicaciones. Es muy difícil que nos ajustemos al deber y a la disciplina, los dos imperativos, mayores para garantizarnos la tranquilidad del Espíritu.
Generalmente, los corazones  generosos no se saben defender del mal porque  no cogitaron acerca de el. Acostumbrados a vivir espontáneamente, junto a la sinceridad, relajan la vigilancia que, aparentemente, no se torna necesaria. Aprenden a confiar en los otros y solo descubren que los otros mienten cuando caen en una gran desilusión. Aunque esto  es peligroso,  hay que admitir, que es preferible vivir confiando, pues la desconfianza en los que nos rodean  genera inquietud constante. Los más complicados  procesos patológicos de la mente tienen su etiología  en la desconfianza habitual. El hombre desconfiado vive como un animal acorralado, divisando cazadores imaginarios que lo quieren abatir y, en el delirio de la persecución, crea un mundo de angustias e inseguridades.
La  duda es un acido destructivo que ataca al espíritu, consumiendo sus energías superiores. Es  un  polarizador de todas las energías negativas que nos circundan, es como una fabrica de inquietudes, liberando poderosas corrientes de antipatía y de perturbación. Las fuerzas de la vida no funcionan como nuestra cabeza; ellas son eternas y justas y cada uno de nosotros recorre caminos recogiendo el resultado de su siembra.
 Cundo vemos un acontecimiento como deplorable e injusto, este puede ser un auge de suprema felicidad para la redención del espíritu que en esos pasos tiene la oportunidad de resarcir deudas del pasado. Lo que es bueno y lo que es malo nosotros podemos definirlo  con los viejos patrones  de la tierra, de acuerdo con la alegría o el sufrimiento que nos acusan, sin embargo, lo que es justo o injusto, son definiciones que nos escapan al entendimiento por desconocer los autos del proceso cósmico.
 El hombre considerado más insignificante puede ayudar  al considerado como más poderoso. Tenemos necesidad de no interferir, en las vidas de nuestros hermanos,  hurtándoles la oportunidad de la experiencia. Las decisiones son de cada uno, porque ellas representan  el momento  en que el espíritu extravasará sus propios problemas y resolverá sus complicadas necesidades interiores. Las personas  que nos rodean  son personajes de un mismo drama y nos inclinamos hacia cada una  de acuerdo con las reminiscencias  de experiencias  pretéritas que están archivadas  en nuestro inconsciente. En razón de eso, nuestras decisiones tienen vinculación con una realidad que no nos es dado percibir.
El amor no es flor pasajera que la primavera pone encanto; es como el carbón de la tierra que precisa de siglos para transformarse en joya. De la misma forma, la gestación del odio es larga y se funda en realidad del ayer.
  Todo el Universo obedece a leyes precisas e inmutables, y no es el destino de los hombres las criaturas superiores de la tierra, los  que están a merced de las fuerzas del acaso. Todo viene y va, en la vida, a su tiempo. Debemos aprender a aceptar las cosas como contingencias necesarias, incluso cuando no podemos entenderlas, confiando en el Conductor Celeste que no está distante de ellas.
  Acordémonos del Sermón de la Montaña cuando Jesús aseguró que los humillados serán exaltados  y los que padecen por causa de los hombres serán aliviados. Debemos siempre ante acontecimientos desagradables tener paciencia sin asilar nuestro corazón con conclusiones angustiantes, muchas veces indebidas.
  Todos sabemos qué sin el Sol la vida fenecería y bendecimos su presencia vivificante en el Universo, sin por eso conocer su intimidad e indagarle los secretos. Sabemos, también, como saben los propios salvajes, que existe un Ente Superior que todo lo creó y a todo prevé, que como incomparable Maestro rige la armonía de la vida Universal, sin por eso haberle visto, imaginándole de mil formas. Son certezas que no discutimos y que nos sustentan el ánimo, aunque no podamos  entenderlas en su plenitud. Mientras somos ignorantes, esa fuerza interior  deberá animar nuestro raciocinio, a medida que evolucionamos vamos entendiéndola, sustituyendo nuestro impulso místico por el conocimiento  de las causas y de los fenómenos. El hombre teje por si mismo  su propio futuro, preparando su propio camino, el contenido del mañana  es la evolución constante. Las escenas de hoy continúan una historia pasada.
   La experiencia reencarnatoria es para extinguir el mal y no para perpetuarlo.
  La venganza no forma parte de la Justicia Divina, esta funciona en el tribunal de la propia conciencia de cada uno y mientras no sobrevenga una sentencia de absolución, seremos reos ante nosotros mismos.  Fue por ese motivo que Jesús  nos enseño que Dios está dentro e nosotros.
Antes de reencarnar, llevamos la memoria espiritual activada en los acontecimientos anteriores que nos generaron los conflictos, también somos preparados para los momentos de decisión. En la hora de elección, los impulsos son equivalentes, porque si ellos conocen el problema en el inconsciente, en ese mismo depósito inconsciente existen, contenidos morales para contornarle. Por eso las decisiones son los instantes supremos del espíritu y no es lícito interferir en ellos.
Cuando volvemos al otro lado y no nos acordamos de existencias pasadas y no sabemos los males que hemos cometido y nuestra conciencia está tranquila. Muchas veces nos  preguntamos ¿Cómo  vamos a pensar en una nueva encarnación? Eso sucede porque acabamos de ingresar en el plano espiritual, porque aun estamos impregnados  de energías groseras del plano terrestre. A medida  que nos adaptemos a la esfera en que estamos, con el pasar del tiempo, esa influencia decaerá y podremos enseñorearnos de una vasta faja  del pasado, identificaremos con ello nuevas experiencias, con el beneplácito de nuestros Mentores que organizaran las tareas y acentuaran  los detalles de la reencarnación.
Cuando el espíritu no puede fruir de esa facultad, los instructores Mayores deciden por el, programándole la experiencia en el grupo que le corresponde  y activándoles la memoria en el momento preciso para que pueda  integrarse en ese grupo. Los que ganaron ya muchos valores, deciden hasta donde pueden, y los que permanecen  en la retaguardia aceptan las decisiones  que no alcanzan. Con todo, ninguno de nosotros permanecerá estacionado por no tener  y no poder, siempre que coopere en querer, aceptando las imposiciones  de la realidad.
Existen, los espíritus incapaces, cuyo consentimiento es suprimido, por aquellos que les tutelan la evolución. Ahí ocurren las reencarnaciones compulsorias cuando el reencarnante ingresa en un grupo que lo acepta y corre el riesgo de su presencia. Se sujeta a las programaciones del grupo en hipótesis, con el cual, naturalmente, tiene ligaciones afectivas y,  como no se preparó previamente, los frutos que podrá recoger serán limitados.
Los hechos surgen y desaparecen al paso de los días que los cubre con el polvo del olvido para la gran mayoría de los espectadores. Sin embargo, los protagonistas son marcados por ellos. Principalmente para aquel que los causo, sin soportar las consecuencias. La conciencia es un tribunal permanente  y hace que el espíritu se juzgue, natural y automáticamente, sin necesidad de interferencias exteriores. Cuando  el espíritu se siente culpable, por un hecho infeliz, ese sentimiento de culpa pasa a ser  una sentencia condenatoria que nos va a exigir reparaciones permanente, hasta que  en la conciencia, la contabilidad de nuestro mal cometido de el pago de la pena  por resarcido. No hay culpa que no tenga un precio dentro de nosotros mismos, y que no carguemos indefinidamente hasta pagarla. Nadie lesiona a nadie, impunemente. La Justicia Divina   colocó en cada mente  humana una especie  de condensador de sustratos emocionales, donde quedan retenidas todas las imágenes y vibraciones, historia y consecuencias de cada acto responsable del ser humano, ese condensador de vez en cuando, o de una sola vez, descarga energías diferentes, de emociones diversas, que llevan a los deudores  a cierto tipo de angustia exacerbada,  y a los vencedores de si mismo a la exaltación de ideales cada vez más nobles. Debemos procurar no apartarnos jamás de las líneas de justicia y de bondad, de tolerancia y del perdón, a fin de tener siempre  la conciencia tranquila y el corazón des nublado  del panorama doloroso  de las angustias.
El secreto de la felicidad es vivir de tal forma que nuestra conciencia no registre culpas que puedan suscitarnos problemas de reparación.
Cada Espíritu es un mundo y gravita en torno de otros mundos que le son afines; nosotros conocemos de cada uno, apenas algunos detalles insignificantes en el cómputo general de cada individualidad.
Todo guarda una enseñanza, incluso las cosas peores y, por eso, nuestros ojos deben mirar para aprender. Quien conoce el olor del estiércol del corral, sabe dar mayor valor al perfume del jardín, aunque no  deje de ir al corral donde precisa coger la leche  que sirve a la mesa, ni deje  de  ir al jardín porque las flores no alimentan. Tenemos en la vida duras realidades y tiernas bellezas, necesidades y placeres y debemos transitar entre ellas con el mismo espíritu  de elevación, conscientes de que, por muchos siglos aun, nos serán inseparables.
El hombre para discernir precisa conocer lo cierto y lo errado, precisa conocer el lado bueno  y el lado malo de las cosas, precisa, en fin, conocer la vida, porque es la vida  que contiene  cosas buenas  y cosas consideradas malas. Lo que no precisa y no debe, es vivir el lado malo de las cosas, porque es eso lo que lo contamina  y le pierde.
Llegará un día, en la faz de la Tierra, en que las ciencias del Espíritu catalogaran como enfermedades el orgullo y el egoísmo, la vanidad y la ambición y el orden social les obligará a severo tratamiento, una vez que son fuentes permanentes del  mal y de la intranquilidad que reinan en el globo. El hombre que rebasa los límites de la normalidad, camina hacia la locura declarada, y es una fuente generadora de desequilibrio, en potencial.
El mal del mundo nace en el corazón del hombre egoísta y orgulloso, que no sabe perdonar, ceder u obedecer, comprender y ayudar, guardando las debidas  proporciones de si mismo como frágil criatura, necesitada de todo y de todos.
Lo malo es que la Humanidad sabe eso hace milenios y continúa siendo la misma. El mensaje de Jesús no tuvo otro sentido sino el de convocar a los hombres hacia la humildad y la caridad, a fin de que pudiesen amarse los unos a los otros. El Maestro incitó a los buenos a tolerar y ayudar a los débiles, para que las pruebas de los hombres se abreviasen  con la extinción del mal sobre la Tierra.
¿Y que es lo que hicimos hasta ahora? Estamos lejos muy lejos del Paraíso terrestre para cuando los tiempos sean llegados.
Los actos humanos deben ser juzgados por la intención que los motiva, no por los efectos que puedan llegar a tener, por fuerza de las cosas. El mal se elimina a si mismo, sin que nadie  se erija  en justificador. Va creando gérmenes de la propia destrucción, hasta que no puede contenerlos más. Cada uno responde por sus actos, a pesar de que el mal que genere, pueda resultar beneficios para centenares de personas. La vida es una escuela en que contra más se vive, más se aprende. No podemos responsabilizarnos por lo que los otros hacen más allá de los límites de nuestras decisiones, cada hombre siembra, con sus pensamientos y actos  siendo la cosecha fruto del tiempo y de la vida.
Es te mundo no está a la deriva, ni la propia Naturaleza esta abandonada: cuando sus fuerzas naturales llegan a un punto de desequilibrio, ella se autocorrige.
La felicidad no es tener poder, ni vagabundear, ni gozar los placeres de este mundo: La felicidad es tener la conciencia tranquila por el deber cumplido con amor. Solo el amor importa mientras el more en nuestros corazones, ni dolores ni tinieblas perturbaran nuestra paz, porque  el es caritativo y perdona, ayuda, soporta, comprende y por encima de todo, nos hace cada vez mejores ante la vida y ante Dios.
Ninguna comunidad puede progresar y vivir en paz cuando las personas  que la componen no se respetan mutuamente. Cuando se vive feliz y con respeto, la vergüenza nos ayuda  a no violar las reglas de la comunidad. Todo ser humano  debe observar rigurosamente el deber y la disciplina, el respeto y la solidaridad. Cualquier función que realicemos hagámosla con amor y aremos brotar de ella nuestro reconocimiento. Debemos respetar las reglas, cumpliéndolas con ese amor  y con toda nuestra responsabilidad como hijos de Dios.
 Cuando consigamos vencer todos los escrúpulos y perjuicios y nos abracemos con amor, encontraremos  al fin del sendero nuestros corazones modificados, pues el amor genera amor y cubre la multitud de nuestros pecados. Cuando el hombre en la Tierra conozca el verdadero potencial  de una vibración de amor, de un gesto de fraternidad, de una palabra de consuelo y de perdón, movilizará esa energía, que está dentro de si mismo, para transformarse a si mismo y el mundo que lo rodea pues el amor es la única semilla que produce eternamente.
El amor, el respeto la verdadera fraternidad es la única cosa de valor en este mundo porque nunca mueren y siempre aumentan nuestras riquezas espirituales, nuestra felicidad todo en la vida tiene su razón de ser y cuando podamos penetrar  en los recuerdos  de nuestro propio  pasado, encontraremos muchas explicaciones para las cosas aparentemente inexplicables.
Nuestras vidas están entrelazadas. Convivimos en la vida con mucha gente, tenemos muchos lazos afectivos, y cada lazo afectivo tiene su historia, buena o mala, porque  los sentimientos  se estructuran en los siglos. Amor y odio, solo en los cuentos  de fantasía nacen a primera vista. 
Ellos nacen  y se fortalecen o se rompen en el transcurso de los siglos. Convivimos con acreedores y deudores del pasado, teniendo que pagar  y recibir  de los que comparten  con nosotros la existencia. Por esa razón,  quien sabe amar siempre, dando y perdonando va resolviendo todos sus problemas Cármicos dentro de la mayor naturalidad, al mismo tiempo que va facilitando, a los que le deben, saldar sus deudas con menores humillaciones y mayores alegrías.
Jesús dijo que el amor cubre la mayoría de los pecados; las pruebas están ahí  a nuestro frente, y en las historias de nuestros compañeros. Cuando los hombres comprendamos eso, veremos  que el pedido de Jesús , para que nos amasemos  los unos a los otros, mucho más que un consejo religioso, es una ley a la que no podemos dar la espalda, ante la vida, para así ser felices.
-( Trabajo de Merchita basado en el libro de Salvador Gentile, Esclavitud)
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La Violencia según el Espiritismo

Jaider Rodrigues e Roberto L. V. de Souza




No hay en el Espiritismo, en su cuerpo de doctrina, rigurosamente, una doctrina criminológica que pueda explicar el origen de la violencia. Es verdad, todavía, que sus tesis cardinales inciden fundamental e inevitablemente con algunas tesis de la Criminología y e la Psicología Social. 

Una de ellas, por ejemplo, es la del criminal nato. La filosofía espírita afirma que la predisposición criminal, o la disposición para el acto violento, viene del espíritu y no de las glándulas, ni de la condición instintiva de la criatura, lo que revelaría una condición de imperfección del Creador. 

Lo que la ciencia ve como una deformación de orden puramente constitucional o como instinto primordial del  hombre, o aún más, omo aprendizaje o herencia eminentemente cultural, la ciencia espírita comprende por otro prisma, porque lleva en consideración, sobre todo, los "antecedentes espirituales", esto es, el conjunto de disposiciones y tendencias del espíritu, y no  propiamente, las anomalías y deficiencias de la constitución somática o de la estructura psíquica o social del indivíduo. 

El Espiritismo no deja de conocer las acciones procedentes de las glándulas o de las presiones sociales e instintivas de la criatura. Entretanto, lo que él defiende es que ninguno de esos factores tiene predominancia absoluta porque la mayor o menor propensiòn para la violencia depende, principalmente, del grado de atraso o de adelantamiento del espíritu. 

El germen de la criminalidad o de la violencia está en relación con el estado moral del espíritu. Las anomalías corporales son instrumentos adecuados a los espíritus en determinados tipos de reencarnación, o sea, hay una evidente correspondencia entre la constitución somática y las pruebas por las que deberá pasar la criatura. 

El Espiritismo, mientras tanto, no lleva sus conclusiones al determinismo absoluto. En primer lugar, porque toda su estructura filosófica-moral parte de la premisa de la responsabilidad del indivíduo por sus propios actos, y después, porque la subordinación del indivíduo, las influencias del organismo y de las condiciones sociales, están en dependencia con la evolución moral del mismo.

 La visión espírita de que sea el libre albedrío y el determinismo, es de fundamental importancia para lo que pretendemos explicar. Para el Espiritismo, son  conceptos complementarios, porque coexiten en relaciòn al grado de adelantamiento o no del espíritu. Solo Existe libre albedrío cuando también está presente la responsabilidad. 

La Doctrina Espírita admite el determinismo, pero es importante recordar que en su estudio, encontraríamos un determinismo "divino", que es la adquisición del estado de felicidad ( una fatalidad que nos fue impuesta a todos nosotros), es un determinismo "relativo", en que el espíritu recibe sus sanciones morales sobre la base de pruebas y expiaciones a través de reencarnaciones sucesivas. 

El Espiritismo, sin embargo, posee, como uno de sus fundamentos doctrinarios, el libre albedrío, cuando en la práctica podemos ver criaturas que consiguen, en razón de su desarrollo espiritual, vencer sus propias inhibiciones físicas y resistir las presiones del medio en donde viven, sin huir de las experiencias del mundo y sin buscar ningún medio de fuga. 

Siendo así, la Doctrina Espírita entiende al violento como un enfermo espiritual y no como producto del medio social ni como resultado de una degeneración hereditaria y, mucho menos aún, como un ser creado con un instinto destructivo, del cual él no puede huir. Si el individuo fuese fruto de su medio, toda  sociedad bien organizada tendría como producto hombres de bien. Del mismo modo, si admitiésemos la tesis de la hereditariedad, el grado de criminales en una familia procedente de padres criminales, tendría que ser más elevado de lo que vemos normalmente. 

La tesis del instinto, que atribuye al hombre un instinto de destructividad ( por el que fatalmente el hombre iría a autodestruirse), va  en contra de la visión espírita de Dios, ya que la presencia de ese instinto, así comprendido, no es compatible con la percepción de un Padre de Bondad y de Amor.

"La agresividad!, nos recuerda Juana de Ángelis, "repunta desde los primeros días de vida infantil y debe ser disciplinada por la educación, en su noble finalidad de corregir y crear hábitos saludables".

La más importante terapia es la prevención. Ella exige que todos los adultos busquen el ejercicio del amor, bajo la inspiración de la doctrina de Jesús, entiendan que necesitamos moralizarnos, para que podamos realmente educar a las nuevas generaciones y ofrecerles un ambiente más saludable y humano.

Richard Simonetti nos recuerda que "cuando la contención de la violencia deje de ser un problema policial y se transforme en una cuestión de disciplina del propio indivíduo; cuando la paz sea producto no de la imposición de leyes humanas, sino de la observancia colectiva de las leyes divinas, entonces viviremos en un mundo mejor".

En realidad lo que observamos en los días actuales es la liviandad de muchos maestros y educadores inmaduros, sin habilitación moral para tales propósitos, o sea, para la educación de nuevos individuos que deambulan en la costra terrestre, facilitando la diseminación de la violencia y de la creencia de que esta forma de actuar es capaz de resolver los problemas de la humanidad.

El hombre renovado espiritualmente deberá investir contra la llaga de la violencia a través de la acción restructurante de la sociedad, buscando suprimir la injusticia social, luchando contra todas las situaciones que fomentan la miseria económica e instigan el ambiente pernicioso que ahora rige, combatiendo, aun encima de todo, el orgullo, el egoísmo y la indiferencia presente en el corazón de cada uno. En este panorama, el hombre entenderá que nadie se puede omitir, sabiendo que todo tributo de amor, como la paciencia y todo fruto de luz, como el saber, son valiosos tesoros para el futuro en la adquisición de la paz tan deseada.

Dice el Maestro Jesús en el Sermón de la Montaña: "Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la Tierra", en una alusión clara de que solo aquellos que venciesen sus impulsos violentos, haciéndose constructores de la paz, tendrán la oportunidad de habitar la Tierra en su periodo de regeneración.".


Trecho del trabajo "Visión Psicológica de la Violencia! publicado en el Boletín Médico Espírita nº 10




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                                EL ESPÍRITA ANTE LA                        HOMOSEXUALIDAD


                                                   
                                                    
                                                     

En las últimas décadas asistimos a un evidente y progresivo proceso de revisión cultural, científica y social sobre el tema de la homosexualidad (hace 24 años que dejó de ser considerada como una anomalía para la OMS). Resulta, cuando menos, razonable que el espírita forme parte también de este proceso de normalización, sobretodo adherido a una filosofía (el espiritismo) progresista, natural y libre de los dogmatismos del pasado.
No se trata de de ser pro gay ni de enarbolar banderas… es una cuestión más de fondo, más universal: la de aceptar la multiplicidad expresiva del alma humana en su trayectoria evolutiva, donde, difícilmente, presentamos una tonalidad blanca o negra, sino que más bien optamos por la variada expresión de grises (y esto no solo en el campo de la sexualidad y la afectividad, sino en lo psicológico, lo moral, lo social, etc).
Ser homosexual (o siendo heterosexual vivenciar una experiencia homosexual) no es ni bueno ni malo; simplemente ES. No precisamos, en este punto, valoraciones morales de ningún tipo. De igual manera, ser heterosexual no es bueno o malo; ES, y punto. Es el comportamiento (obsesivo, egoista, manipulador, etc) lo que puede ser considerado más o menos sano, más o menos correcto o incorrecto desde el punto de vista moral (no moralista, ojo). La sexualidad, en sí, queda al margen.
Lo que sí “canta” y ademas es erróneo, es que un espírita que en lo particular rechace el asunto homosexual, vaya por ahí utilizando elementos doctrinarios para justificar su postura personalista.
Hay muchas maneras de disfrazar el rechazo instintivo que los elementos de la cultura judeo-cristiana han ido depositando en nosotros, pero, por ser espíritas, precisamente deberiamos tomar conciencia de ello, primeramente, y después trascenderlos… Una manera de llevar a cabo este rechazo es cubrirlo con una pátina de caridad postiza que en realidad es una forma encubierta de condescendencia ante quien consideramos desviado del camino.
Hay cierta hipocresía (o ignorancia doctrinaria) en decir que un homosexual debe sublimar su energía genésica, ¡porque el hetero también debe hacerlo! Es decir ¿que diferencia moral hay entre alguien que se siente atraido por las mujeres y el que lo hace por los hombres? Ninguna; hay diferencias psicológicas, de experiencia, etc, pero la moralidad no tiene nada que ver.
Nuestra sexualidad puede tener un patrón de más o menos elevación o tenerlo muy bajo y animalizado, y en este sentido, no hay diferenciación entre un homosexual o un hetero ambos con sexualidad muy animalizada. Ahora, si acatamos sin rechistar el estereotipo secular (cómodo para los heterosexuales con prejuicios) de que el homosexual es el “vicioso”, entonces hay poco que dialogar. Las fijaciones sexuales son cosas a trabajar en nuestro interior, pero estas fijaciones están presentes en una y otra forma de sexualidad; las homo no son mejores ni peores que las hetero.
Si que es cierto que los espíritas (no el Espiritismo) deberían marcar diferencia en este sentido, porque si se mantienen, de base, en una estructura cultural de evidente atavismo machista, los contenidos espíritas filtrados por este matiz (y por elevados que sean), no van a cuajar en el corazon de la gente porque se captará el prejuicio residual… y sonará a más de lo mismo.
Para progresar debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, y el prejuicio diferencial sexista existe, y es un lamentable error que un miembro de la escuela de Kardec lo comparta. Hay por ahí espíritas de años y veteranía que, desafortunadamente, no han superado este atavismo, no siendo conscientes que estan expresando una particularidad cultural propia (que harían bien en revisionar), pero no una ley universal.
También los escritores y oradores (incluyendo a los muy conocidos) se equivocan.
Algunos piensan (incluyendo a los que se sienten con inclinaciones espirituales) que su condición actual, por ejemplo: varón y heterosexual, es un patrón fijo en el tiempo… No solo no es así, sino que además no expresa toda su realidad, pues en su patrimonio espiritual, por fuerza, también ha amado y/o practicado sexo con hombres (y seguramente lo volverá hacer en encarnaciones posteriores como hombre o mujer), porque nuestro ser profundo no tiene sexo definido; es más, carece de él.
El patrón psicobiológico que hoy nos define se ajusta a nuestra necesidad evolutiva, pero es momentáneo… irá cambiando inevitablemente (y no siempre será bajo el filtro varón-heterosexual del ejemplo anterior).
Solo esto debería hacernos reflexionar que no debemos censurar ni definir como incorrecto a alguien que se defina como varón y homosexual, porque ignoramos cuales son nuestras experiencias pasadas y cuales serán en el futuro, en un progreso que, además, por fuerza debe integrar en una sola ambas polaridades en su ascensión a la luz.
Blog de Lumen en Zona Espírita

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