jueves, 6 de octubre de 2011

La familia


Cuadro Familiar
Una escena, como una pintura, se descorre ante nosotros: un hombre compenetrado, padre de familia, sentado en su sillón preferido, estudiando para la etapa final de su doctorado.

En el ambiente tranquilo, silencioso, se oyen algunos pasos ágiles y tenues: era Sarah, su pequeña hija.

- Papá, ¿quieres ver mi dibujo? – le preguntó, con brillo en los ojos.
Sin mirarla, el padre le contestó de inmediato, con tranquilidad:

- Sarah, papá está ocupado. Vuelve un poco más tarde, querida.

Realmente estaba ocupado, el trabajo de una semana entera precisaba ser hecho en sólo un fin de semana.

Diez minutos más tarde, la niña vuelve a la biblioteca, y dice: -

Papá, ¿me dejas mostrarte mi dibujo?

- Sarah, mi amor, vuelve más tarde. Lo que estoy haciendo es importante - le respondió.

Tres minutos después ella entra nuevamente, se pone a un palmo de la nariz de su padre y dice con todo el poder que un comandante de cinco años de edad podría manifestar:

- ¿Quieres verlo o no?

- ¡No, no quiero! – retrucó el hombre, sin pensar mucho en lo que había dicho.

Entonces, calladita, la niña se marchó y lo dejó solo.
De alguna manera, al quedarse solo en aquel momento, no se sintió tan satisfecho como pensó que estaría.

Sintió como que algo lo empujaba, y fue hasta la puerta.

- ¡Sarah! – llamó – ¿podrías venir un momentito, por favor? A papá le gustaría ver tu dibujo.
Ella entró sin nada decir y se arrojó en su regazo.

Era un gran cuadro. La chiquilla hasta le puso un título. Arriba, con su mejor letra, estaba escrito: “Nuestra familia”.

- Explícame el cuadro, le pidió el padre.

Con los deditos de su pequeñita mano, así describió:
- Aquí está mamá (una figura delgada como un palito, cabello largo, rubio y ondulado); ésta soy yo, al lado de mamá; aquí está Katie (nuestra perrita); y aquí Missy (su pequeña hermanita).

- Estoy encantado con tu dibujo, querida – elogió el padre, sonriente. - Lo voy a colgar en la pared del comedor, y todas las noches cuando regrese a casa voy a mirarlo.

Ella sonrió abiertamente y se fue a jugar al jardín, mientras el padre volvía a sus estudios.

Pero, alguna razón inexplicable, le hizo mantener la lectura en el mismo párrafo repetidamente. Algo lo dejaba intranquilo. Algo sobre el dibujo de Sarah. Estaba faltando algo.

Fue entonces hasta la puerta y volvió a llamar a su hijita.
- ¿Puedo ver tu dibujo una vez más?

Ella fue a buscarlo rápidamente, y enseguida, muy animada, estaba en los brazos de su padre.

Fue entonces cuando le hizo una pregunta a Sarah, cuya respuesta no sabía si le gustaría oír:
- Querida... en tu dibujo está mamá, Sarah y Missy, e incluso Katie. Hay también un lindo sol, nuestra casa y muchos pájaros. Pero Sarah, ¿dónde está papá?

Rápidamente ella contestó, sin siquiera imaginar la lección que estaba a punto de enseñar a su padre: - ¡Tú estás en la biblioteca!
Con aquella sencilla declaración, Sarah hizo que se detuviera el tiempo para su padre.
Levantándola suavemente, la mandó de vuelta a jugar al sol de la primavera.
En seguida, se sentó en su sillón, con la cabeza dando mil vueltas. Aquella sencilla frase volvía a resonar en su corazón: “¡Tú estás en la biblioteca!”

Pasaron algunas semanas, y él se convirtió en doctor.
Entonces, una cierta noche, aún con el corazón acongojado, conversando con su esposa antes de dormir, le hizo esta pregunta:
- Bárbara... quiero volver a casa. ¿Puedo?
Veinte largos segundos de silencio transcurrieron, parecía que él había sostenido su respiración por más de una hora.
- Gary, dijo cuidadosamente la esposa, las niñas y yo te amamos mucho. Nosotros te queremos en casa. ¡Pero tú no has estado aquí! ¡Yo me sentí como padre y madre durante mucho tiempo!

Aquella era la verdad desnuda, sin tapujos – pensó él.
Su vida había sido descontrolada, su familia estaba en piloto automático, y a él le restaba un largo camino por delante si quisiese conquistarlas nuevamente.
Ahora que la niebla se había disipado, estaba dispuesto a intentarlo, y éste pasó a ser el objetivo más importante de su vida.

(Trabajo tomado de la Asociación Espírita Tercera Revelación)

Tienes derecho a ser positivo, pero no debes ser arrogante u orgulloso con ninguna persona... ( autor desconocido)

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