jueves, 5 de mayo de 2011

Jesús, el Hombre



En el proceso de la evolución, cada Espíritu desarrolla, etapa tras etapa, determinados valores que son innatos en él.

En una oportunidad perfecciona la inteligencia, en otra el sentimiento, más adelante la aptitud artística, buscando la perfección que sintetiza el logro de todos los bienes intelecto – morales.

Muchas veces, por afligirse al constatar las dificultades que enfrenta y que le impiden avanzar, se estanca, se desanima o se rebela.

La jornada es atrayente y la conquista de las victorias se produce mediante la inversión de los mejores esfuerzos, del interés y del empeño por conseguirlas.

Toda adquisición es el resultado de un afanoso trabajo.

La plenitud, por eso mismo, ubicada en un nivel superior, para ser alcanzada depende del resultado favorable de las realizaciones de las franjas precedentes.

De ese modo, en busca de la armonía propone el desafío de proseguir con Jesús, el Modelo Ideal de la humanidad, que te aguarda gentilmente.

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En la actual etapa de la psicología profunda, un estudio de la personalidad de Jesús no es definitivo, por falta de perspicacia, de recursos técnicos y de profundidad en la comprensión integral de la criatura humana.

El hombre de Nazareth trasciende las dimensiones del análisis convencional, al menos en los términos del pensamiento que deriva de las importantes pero, hasta ahora, inconclusas contribuciones freudianas.

Examinada la criatura sólo desde el punto de vista de la libido, las raíces de la observación se concentran en la herencia animal, en los impulsos reproductores, y se pierden en el primitivismo…

Por otro lado, las propuestas que provienen de los arquetipos de Jung sólo se remontan hasta los orígenes del inconsciente colectivo, en los principios de la evolución animal…

Por lo tanto, ambos conceptos son insuficientes para introducirse en la esencia de la causalidad del ser, en su realidad espiritual que precede a las manifestaciones en el ámbito físico terrestre.

Jesús trasciende de ese modo las etapas del proceso de la evolución de la Tierra, porque Él ya era Constructor del planeta cuando ni siquiera la vida se había manifestado en éste.

Limitarlo a las estrechas líneas psicológicas del ánima o del ánimus, o simultáneamente, sería ceñirlo a los límites del entendimiento analítico en forma definitiva, estrecha.

En una visión superficial del psicoanálisis, se lo podría situar como una síntesis de ambas polaridades, en armonía emocional, que tuvo como resultado un equilibrio fisiológico que se puso de manifiesto en el hombre que ya superó, y se convirtió en Modelo y Guía para toda la humanidad.

Las fuentes disponibles para la recolección de datos y de un análisis profundo son las narraciones evangélicas, insuficientes porque se refieren a sus dichos y acciones a través de un lenguaje especial, que muchas veces ha sido víctima de interpolaciones, alteraciones e injertos perniciosos, que le quitaron su exactitud.

No se encuentran relatos históricos, datos precisos, sino informaciones, algunas de ellas fragmentarias.

Entre tanto, de todo ese acervo se desprende que Él ha sido un ser fuera de lo común.

Su energía se expresaba con afabilidad.

Su bondad se manifestaba sin sentimentalismo.

Su coraje se exteriorizaba como valor moral que a nada temía.

Su amor abarcaba a todos los seres, sin dejarse arrastrar por sensiblerías banales y desequilibradas.

Su sabiduría irradiaba sin constreñir a los ignorantes.

Su gentileza cautivaba sin dejar disturbios en la emoción del prójimo.

Era severo, no brutal; afable, pero no connivente; noble, no orgulloso; humilde, no verbal.

Con Él coexistían las naturalezas psicológicas ánima y ánimus en perfecta sintonía.

En el Sermón de la Montaña, su naturaleza ánima consoló y esparció esperanza; en el Gólgota su expresiónánimus alcanzó el máximo grado después de las rigurosas y profundas experiencias de aquellas horas que se iniciaron en la soledad del Huerto, y que se prolongaron hasta el momento de la muerte.

Por lo tanto, faltan parámetros y paradigmas para introducirse en el pensamiento de Jesús y entender su vida rica y enriquecedora, compleja y desafiante.

En forma general, tal vez más simple, quizás profunda, la psicología podrá sumergirse en su pensamiento para entenderlo a través de sus propias palabras, en caso de que logre comprenderlas:

Yo soy el pan de la vida…
Yo soy la puerta…
Yo soy el camino…
Yo soy el buen pastor…

Solamente si va hasta Él y se deja penetrar por su Realidad, podrá la psicología profunda entenderlo sin definirlo, y estudiarlo sin limitarlo.

Despierte y Sea Feliz
Juana de Angelis (Espíritu) - Divaldo P. Franco (Médium)

- Asociación Espírita Tercera Revelación -

(visitar el Blog  elespiritadealbacete.blogspot.com)

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