domingo, 29 de marzo de 2026

De la Fe religiosa

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Empleo de la fortuna

2.- El Espiritismo y el Evangelio

3.- El Universo y Dios

4.- De la Fe religiosa

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           EMPLEO DE LA FORTUNA

11. No podéis servir a Dios y a las riquezas; acordaos bien de esto, vosotros a quienes domina el amor del oro, que venderíais el alma para poseer tesoros porque pueden elevaros sobre los demás hombres y daros los goces de las pasiones; no, ¡vosotros no podéis servir a Dios y a las riquezas!

Si, pues, sentís vuestra alma dominada por la codicia de la carne, daos prisa a sacudir el yugo que os abruma, porque Dios, justo y severo os dirá “¿Qué has hecho ecónomo infiel, de los bienes que te he confiado? Este poderoso móvil de las buenas obras, sólo lo has hecho servir para tu satisfacción personal”.

¿Cuál es, pues, el mejor empleo de la fortuna? Buscad en esas palabras: “Amaos los unos a los otros”, la solución de este problema; ahí está el secreto para emplear bien las riquezas.

El que está animado del amor al prójimo tiene trazada su línea de conducta, pues el empleo agradable a Dios, es la caridad; no esa caridad fría y egoísta que consiste en repartir a su alrededor lo superfluo de una existencia dorada, sino esa caridad llena de amor que busca a la desgracia y la levanta sin humillarla. Rico, da de tu superfluo; haz más aún: da un poco de lo que te es necesario, porque esto aun es superfluo, pero da con prudencia.

No rechaces el llanto por temor de ser engañado; busca el origen del mal; consuela primero, infórmate después y mira si el trabajo, los consejos, el mismo afecto, serán más eficaces que la limosna. Difunde a tu alrededor, con la caridad, el amor a Dios, el amor al trabajo, el amor al prójimo. Coloca tus riquezas en un fondo que nunca te faltará y te dará grandes intereses: las buenas obras. La riqueza de la inteligencia debe servirte tanto como la del oro; difunde a tu alrededor los tesoros de la instrucción, y esparce entre tus hermanos los tesoros de tu amor y ellos fructificarán.

(Chéverus. Bordeaux, 1861)

12. Cuando considero cuán breve es la vida, me afecto dolorosamente por vuestra incesante preocupación, cuyo objeto es vuestro bienestar material; mientras que dais tan poca importancia y consagráis poco o ningún tiempo a vuestro perfeccionamiento moral, que debe aseguraros una eternidad. Se creería, al ver la actividad que desplegáis, que se trata de una cuestión del más alto interés para la humanidad, mientras que casi siempre se trata sólo de poneros en disposición de satisfacer necesidades exageradas: la vanidad ha de entregaros a excesos.

¡Qué penas, qué cuidados, qué tormentos no os dais, qué noches sin sueño, para aumentar una fortuna a menudo más que suficiente! Para colmo de vuestra ceguedad, no es raro ver a los que tienen un amor inmoderado a la fortuna y a los goces que procura, sujetos a un trabajo penoso, valerse de una existencia llamada de sacrificios y de méritos, como si trabajasen para los otros y no para ellos mismos.

¡Insensatos! vosotros creéis realmente que os serán tomados en cuenta los cuidados y los esfuerzos cuyo móvil son el egoísmo, la ambición o el orgullo, mientras que descuidáis vuestro porvenir, lo mismo que los deberes que la solidaridad fraternal impone a todos los que gozan de la ventaja de la vida social. Vosotros sólo os habéis acordado de vuestro cuerpo; su bienestar y sus goces eran el último objeto de vuestra solicitud egoísta; por el que muere habéis descuidado vuestro espíritu, que vivirá siempre. Ese señor tan querido y acariciado se ha vuelto vuestro tirano; manda a vuestro espíritu, que se ha hecho ya su esclavo. ¿Era este el objeto de la existencia que Dios os había dado?

(Un espíritu protector. Cracovia, 1861.)

13. Siendo el hombre el depositario, el gerente de los bienes que Dios pone en sus manos, se le pedirá una cuenta severa del empleo que haya hecho de ellos, en virtud de su libre albedrío.

El mal uso consiste en hacerlos sólo servir para su satisfacción personal; al contrario, el uso es bueno siempre que resulta un bien cualquiera para otro; el mérito es proporcionado al sacrificio que uno se impone. La beneficencia sólo es un modo de emplear la fortuna; consuela la miseria actual, apacigua el hambre, guarda del frío y da un asilo a aquél que no lo tiene; pero un deber también imperioso y meritorio consiste en precaver la miseria; ésta es, sobre todo, la misión de las grandes fortunas, por los trabajos de todas clases que pueden hacer ejecutar, y aun cuando redundase en su provecho legítimo, no existiría menos el bien porque el trabajo desarrolla la inteligencia y eleva la dignidad del hombre, siempre ávido de poder decir que gana el pan que come, mientras que la limosna humilla y degrada.

La fortuna concentrada en una mano debe ser como un manantial de agua viva que esparce la fecundidad y el bienestar a su alrededor. ¡Oh, vosotros, ricos, si la empleáis según las miras del Señor, vuestro corazón será el primero que apagará su sed en este benéfico manantial de beneficencia; vosotros tendréis en la vida los inefables goces del alma, en vez de los goces materiales del egoísta que dejan el vacío en el corazón! Vuestro nombre será bendecido en la tierra, y cuando la dejéis el soberano Señor os dirigirá la palabra de la parábola de los talentos:

“Oh, buen fiel servidor, participad de los goces de vuestro Señor”.

En esta parábola, el servidor que esconde en la tierra el oro que le ha sido confiado, ¿no es, acaso, la imagen de los avaros entre cuyas manos la fortuna es improductiva? Aun cuando Jesús habla de las limosnas, es porque en aquel tiempo y en aquel país en que vivía, no se conocían los trabajos que las artes y la industria han creado después, y en las cuales puede ser la fortuna empleada útilmente para el bien general. A todos aquellos que pueden dar poco o mucho, les diré pues: Haced limosna cuando sea necesario, pero tanto como sea posible, convertidla en salario, a fin de que el que la reciba no se avergüence.

(Fenelón, Argel, 1860.)

Extraído del libro “El Evangelio según el Espiritismo”


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  EL ESPIRITISMO Y EL EVANGELIO

EL ESPIRITISMO LEJOS DE NEGAR O DESTRUIR EL EVANGELIO LLEGA PARA CONFIRMARLO , EXPLICARLO Y DESARROLLARLO

.El estudio de las propiedades del periespíritu, de los fluidos espirituales y de los atributos fisiológicos del alma abre nuevos horizontes a la ciencia y explica una infinidad de fenómenos incomprensibles hasta hoy, debido a la ignorancia de la ley que los gobierna. Estos fenómenos son negados por el materialismo porque se relacionan con lo espiritual, a la vez que calificados de milagros o sortilegios por otras creencias. Tales son, entre otros, los fenómenos de doble vista y de visión a distancia, de sonambulismo, ya sea natural o provocado, de efectos físicos, catalepsia y letargia, presciencia, presentimientos, transfiguraciones, apariciones, transmisión de pensamiento, fascinación, curas instantáneas, obsesiones y posesiones, etcétera.

 Demostrando que tales fenómenos obedecen a leyes tan naturales como las que rigen para los fenómenos eléctricos, así como las condiciones normales en que se producen, el Espiritismo destruye el imperio de lo maravilloso y sobrenatural, y, en consecuencia, la fuente de la mayor parte de las supersticiones. Al mismo tiempo que hace comprender la posibilidad de ciertos hechos hasta hoy considerados quiméricos, rechaza otros, demostrando su imposibilidad e irracionalidad.

El Espiritismo, lejos de negar o destruir el Evangelio, llega para confirmarlo, explicarlo y desarrollarlo, ayudado por las nuevas leyes naturales que revela. Clarifica los puntos oscuros de la doctrina de Cristo, de manera que para quienes no entendían o resultaban inadmisibles ciertos pasajes del Evangelio ahora podrán comprenderlos y admitirlos gracias al Espiritismo. Sabrán mejor su alcance y diferenciarán lo real de lo alegórico. Cristo les parecerá más grande: ya no será para ellos un simple filósofo, sino el Mesías divino.

El Espiritismo posee, además un poder moralizador incalculable en razón de la finalidad que asigna a todas las acciones de la vida y de las consecuencias que nos demuestra respecto a la práctica del bien y del alma. Asimismo nos brinda, en los momentos penosos, gracias a una inalterable confianza en el futuro, fuerza moral, valor y consuelo. El poder moralizador está, también, en la fe de saber que tenemos cerca nuestro a los seres que hemos amado, la seguridad de reencontrarlos y la posibilidad de relacionarnos con ellos. En resumen: la certeza de que todo lo que hemos hecho o adquirido en inteligencia, conocimientos o moral, hasta el último día de nuestras vidas, no se perderá, nos ayudará a progresar. Vemos, por tanto, que el Espiritismo cumple con todas las promesas de Cristo cuando anunció al Consolador. Y como es el Espíritu de Verdad quien preside este importante movimiento regenerador, la promesa de su llegada se ve plenamente cumplida, ya que él es el verdadero consolador

• Muchos padres deploran que las muertes prematuras de sus hijos hagan inútiles todos los sacrificios realizados para educarlos. Quienes creen en el Espiritismo, no lamentan esos esfuerzos, e incluso estarían dispuestos a realizarlos aunque tuviesen la certeza de que sus hijos morirían a temprana edad, ya que saben que si sus hijos no aprovechan esa educación en la vida terrestre, les servirá para adelantar como espíritus o en una nueva existencia, y que cuando reencarnen, poseerán un bagaje intelectual que les ayudará a adquirir nuevos conocimientos más fácilmente.

• Esos son los niños que traen al nacer ideas ya formadas, que saben sin aprender. Si los padres no tienen la satisfacción inmediata de ver a sus hijos aprovechar la educación dada, saben que la utilizarán más adelante, ya sea en el estado de espíritus o en el estado de hombres. Quizás sean nuevamente padres de esos mismos niños, a quienes se les llama dotados y deben sus aptitudes a una educación anterior. Si, por el contrario los han descuidado, éstos sufrirán

Si sumamos a todos estos resultados la rápida e insólita propagación del Espiritismo, a pesar de todo lo que se intenta para destruirlo, no se puede dudar de que su llegada es providencial, ya que triunfa sobre las fuerzas contrarias y la mala voluntad humana. El Espiritismo se basa sólo en el poder de una idea. Sin embargo, es aceptado con facilidad por un gran número de personas, lo que prueba que responde a una necesidad: la de creer en algo después de vacío dejado por una etapa de incredulidad, razón por la que podemos afirmar que llegó en el momento preciso.

 ( Art. tomado de Facebook)

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              EL UNIVERSO Y DIOS

Se objeta con frecuencia que no todo es armonía en la Naturaleza. Si produce maravillas, se dice, también crea monstruos. En todas partes el mal está al lado del bien. Si la lenta evolución de las cosas parece preparar la Tierra para ser el teatro de la vida, no hay que perder de vista el derroche de las existencias, y la ardiente lucha de los seres. No hay que olvidar que las tempestades, los terremotos, las erupciones de volcanes asolan a veces la Tierra y destruyen en algunos instantes los trabajos de muchas generaciones.

Se objeta con frecuencia que no todo es armonía en la Naturaleza. Si produce maravillas, se dice, también crea monstruos. En todas partes el mal está al lado del bien. Si la lenta evolución de las cosas parece preparar la Tierra para ser el teatro de la vida no hay que perder de vista el derroche de las existencias y la ardiente lucha de los seres. No hay que olvidar que las tempestades, los terremotos, las erupciones de volcanes asolan a veces la Tierra y destruyen en algunos instantes los trabajos de muchas generaciones.

Si no cabe duda, hay anomalías y accidentes en la obra de la Naturaleza, más estos accidentes no excluyen la idea de orden y de finalidad, sino que, al contrario vienen en apoyo de nuestra tesis, pues podríamos preguntarnos por qué no todo es accidente. El accidente no es más que una excepción: y la excepción confirma la regla.

La apropiación de las causas a los efectos, de los medios al fin,la apropiación de los órganos entre sí, y su adaptación a los centros y a las condiciones de la vida son manifiestas. La industria de la Naturaleza, análoga sobre muchos puntos y superior a la del hombre, prueba la existencia de un plan, y el trabajo de los elementos que concurren a su realización denota una causa oculta infinitamente sabia y poderosa.

En cuanto a la objeción de los monstruos, proviene de una falta de observación. Los monstruos no son más que gérmenes desviados. Si un hombre al caer, se rompe una pierna, ¿haremos responsables a la naturaleza y a Dios? Del mismo modo, a consecuencias de accidentes o de desórdenes sobrevenidos durante la gestación puede los gérmenes sufrir desviaciones En el seno materno, Estamos acostumbrados a datar la vida desde el nacimiento desde la aparición del ser a la luz, pero la vida tiene su punto de partida mucho más lejos.

El argumento sugerido por la existencia de las plagas, tiene por origen una falsa interpretación del objeto de la vida. Ésta no debe proporcionarnos únicamente ventajas; es útil, es necesario que nos presente también dificultades y obstáculos. Todos hemos nacido para morir, y ¡Nos asombramos de que ciertos hombres mueran por accidente! Seres pasajeros en este mundo, del cual nada nos lleva más allá, nos lamentamos de la pérdida de bienes materiales, de bienes que se habrían perdido por sí solos en virtud de las leyes naturales. Esos acontecimientos espantosos, esas catástrofes, esas calamidades, llevan en sí una enseñanza, Nos recuerdan que no debemos superar de la naturaleza tan sólo cosas agradables, sino, sobre todo, cosas propicias a nuestra educación y a nuestro adelanto: que no estamos en este mundo para gozar y dormirnos en la quietud, sino para luchar, trabajar y combatir, Nos dicen que el hombre no está hecho únicamente para la Tierra, que debe mirar más arriba, no aficionarse más que en un justo término a las cosas materiales y pensar en que la muerte no puede destruir un Ser.

La doctrina de la evolución no excluye la de las causas primeras y de las causas finales. La más elevada idea que podemos formarnos de un ordenador,es suponerlo formando un mundo capaz de desarrollarse por sus propias fuerzas y no por medio de una intervención incesante y de continuos milagros.

La ciencia, a medida que avanza en el conocimiento de la naturaleza ha podido hacer retroceder a Dios, pero al retroceder. Dios ha crecido. El Ser entero, bajo el punto de vista teórico de la evolución, es incomparablemente más majestuoso que el Dios fantástico de la Biblia. Respecto a la noción de un Dios antropomórfico, hecho a imagen del hombre y exterior al mundo físico, la ciencia la ha destruido para siempre. Pero otra más elevada ha venido a sustituirla, la de un Dios inmanente, siempre presente en el seno de las cosas. La idea de Dios no expresa y hoy día para los otros la de un Ser cualquiera, sino la idea del Ser en el que se contienen todos los seres.

El Universo no es ya la creación, la obra sacada de la nada de qué hablan las religiones. El Universo es un organismo inmenso animado de eterna vida. Así como nuestro cuerpo está dirigido por una voluntad central que dispone sus actos y regula sus movimientos así como cada uno de nosotros a travé de las modificaciones de su carne, se siente vivir en una unidad permanente a la que llamamos alma la conciencia, el yo, así el Universo, con sus formas múltiples, variadas y cambiantes se conoce, se refleja y se posee en un Unidad viva, en una razón consciente, que e Dios.

El Ser Supremo no existe fuera del mundo; es parte de él,integrante y esencial. Es la Unidad central donde van a confundirse y a armonizarse todas las relaciones. Es el principio de solidaridad y de amor por el cual todos los seres son hermanos. Es el foco de donde irradian y se esparcen por el infinito todas las potencias morales: la sabiduría,la justicia y la bondad.

No hay, pues, creación espontánea ni milagrosa, la creación es continua, sin principios ni fin. El Universo ha existido siempre. Posee en sí su principio de fuerza y de movimiento. Contiene en sí mismo su objeto. El mundo se renueva incesantemente en sus partes: en su conjunto es eterno. Todo se transforma, todo evoluciona por la continua alternativa de la vida y de la muerte, pero nada perece. Mientras que en una parte de los cielos los soles se oscurecen y se apagan, y mundos caducos se desagregan y se desvanecen, nuevos sistemas se elaboran en otros puntos, se encienden otro astros y nuevos mundos nace a la luz, Al lado de la decrepitud y de la muerte, nuevas humanidades florecen en un rejuvenecimiento perpetuo.

Y la obra grandiosa se prosigue a través de los tiempos sin fin y de los espacios sin límites, por medio del trabajo de todos los seres, solidarios los unos de los otros y en beneficio de cada uno de ellos. El Universo nos ofrece el espectáculo de una evolución incesante, a la cual todos concurren y todos participan.

Un principio inmutable preside esta obra gigantesca. Es la unidad universal, la unidad divina, que abraza, une y dirige todas las individualidades, todas las actividades particulares, haciéndolas converger hacia un fin común que es la perfección en la plenitud de la existencia.

Al mismo tiempo que las leyes del mundo físico nos demuestran la acciń de un sublime ordenador, las leyes morales, por el intermediario de la conciencia y de la razón, nos hablan elocuentemente de un principio de justicia, de una providencia universal.

El espectáculo de la naturaleza, la vista de los cielos de las montañas, del mar, presenta a nuestra mente la idea de un Dios oculto en el Universo.

La conciencia lo muestra en nosotros, o por mejor decir, muestra en nosotros algo de Él, y este algo es el sentimiento del deber y del bien; es un ideal moral hacia el cual tienden las facultades del espíritu y los sentimientos del corazón. El deber manda imperiosamente: se impone, su voz dicta órdenes a todas las potencias del alma. Hay en él una fuerza que empuja a los hombres hasta al sacrificio, hasta la muerte. Sólo él da a la existencia grandeza y dignidad. La voz de la conciencia es la manifestación en nosotros de un poder superior a la materia, de una realidad viviente y activa.

La razón no habla igualmente de Dios. Los sentidos nos hacen conocer el mundo material, el mundo de los efectos, la razón nos revela el mundo de las causas. La razón es superior a la experiencia. Ésta afirma los hechos, la razón los agrupa y deduce sus leyes. Ellas solas nos demuestran que en el origen del movimiento y de la vida está la inteligencia, que lo menos no puede contener lo más, ni lo inconsciente producir lo consciente, como sería el resultado de la concepción de un Universo ignorándose a sí mismo. La razón ha descubierto las leyes universales antes que la experiencia; ésta no ha hecho más que confirmar lo que ella había adivinado y suministrar la prueba. Pero la razón tiene distintos grados por no estar esta facultad igualmente desarrollada en todos los hombres. Ésta es la causa de la desigualdad y de la variedad de sus opiniones.

Si el hombre supiese recogerse y estudiarse a sí mismo, sin apartarse de su alma toda la sombra que en ella acumulan las pasiones, si desgarrando el espeso velo con que la han envuelto las preocupaciones, la ignorancia y los sofismas, descendiese al fondo de su conciencia y de su razón, encontraría en ellos el principio de una vida interior completamente, opuesta a la vida exterior de una vida interior completamente opuesta a la vida exterior. Por ella, podría entrar en relación con la naturaleza entera, con el Universo y con Dios, y está vida le proporcionaría como un goce anticipado de la que le reservan el porvenir de ultratumba y los mundos superiores. También está allí el depósito misterioso donde todos sus actos, Buenos o malos, se inscriben, donde todos los hechos de su vida se graban en caracteres indelebles para reaparecer con deslumbradora claridad a la hora de la muerte.

A veces una voz poderosa, un canto grave y severo se eleva de esas profundidades del Ser y resuena en medio de las ocupaciones frívolas y de las penas de la vida para recordarnos nuestros deberes. ¿Desgraciado de aquel que se niega a prestarle oídos! Día llegará en que el abrasador remordimiento le enseñe que no se rechazan en vano los avisos de la conciencia.

Sí, hay en cada uno de nosotros fuentes recónditas de dónde pueden brotar raudales de vida y amor, virtudes, potencias sin número. Allí, en ese santuario íntimo es donde se debe buscar a Dios. Dios está con nosotros o cuando menos, hay en nosotros un reflejo de Él. Y es evidente que lo que no existe, no podría ser reflejado. Las almas reflejan a Dios como las gotas del rocío de la mañana reflejan los rayos del Sol, cada una según su lustre y su grado de pureza.

Por esta refracción, por esta percepción interior, y no por la experiencia de los sentidos, los hombres de genio, los grandes misioneros y los profetas han conocido a Dios y sus leyes, revelándolas a los pueblos de la Tierra.

León Denis- “ Después de la muerte”

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                              DE LA FE RELIGIOSA

                                                         


 

 De todos es sabido que los mayores ideales son aquellos que transcienden a la propia personalidad humana. Entre tales se encuentran los ideales religiosos. En un principio todas las religiones enseñaban y se nutrían con preceptos y verdades de origen divino. Con el curso de los siglos, las grandes verdades en ellas contenidas se fueron velando y cayendo en el olvido, enseñándose solo a aquellos privilegiados que alcanzaban cierto grado de conocimiento y posicionamiento dentro la la religión. Tales personas se adueñaron de las verdades como si fueran secretos o misterios que no les era dado revelar, por considerar que incluso podrían dañar a quienes lo poseyesen.

  La verdad nunca puede dañar a nadie, y sí en cambio la mentira. Cuando una idea religiosa provoca y siembra la muerte, no dudéis que ha sido mal interpretada. Cuando las grandes verdades os fueron reveladas, contenían en sí mismas las claves para la ascensión espiritual, la cual se caracteriza en la adquisición de las virtudes y el dominio de las malas pasiones. No hay peor pasión que el asesinato y la guerra, la cual nunca puede ser grata a la Espiritualidad Superior, que siempre encuentra otros medios de entendimiento entre los hombres.

  La realidad es que actualmente las grandes religiones del planeta se han visto alteradas por causa de hombres malintencionados o incompetentes. Malintencionados cuando la han alterado en su propio provecho o el de su casta. Incompetentes cuando no han sabido conservar lo que les fue dado para su propio beneficio o el de la colectividad. Por tanto, no nos extrañemos de que en las mentes de tantos hombres de bien exista el concepto " religión " como algo nocivo para sí mismos. No nos extrañemos tampoco de que hombres sin un rumbo interior naufraguen en su travesía de la vida. Para poner remedio a esta situación es por lo que vuestros hermanos mayores se comunican con vosotros y os dan la mano en vuestra ascensión espiritual a través de las enseñanzas compiladas por el Maestro de Lión, Allan Kardec.

  La enseñanza en sí misma no contiene nada que no se haya dado ya a otros hombres. Por su relativa juventud y por no haber sido adulterada todavía, es que en ella se recogen las grandes leyes y enseñanzas espirituales en forma entendible y clara para el espíritu. Tal enseñanza, como verdadera que es y al proceder del Maestro Jesús, no ha venido a  " destruir la religión", sino a edificar la "religiosidad" en la conciencia humana. Dicha religiosidad nos enseña a amar el trabajo de los hombres ( la Ciencia), y el del Padre (contenido en Sus revelaciones) por igual, enseñándonos que no existen diferencias de raza o e creencias, una vez hemos dejado el cuerpo, Tal Doctrina da la certeza de la existencia y supervivencia del alma, mientras que las religiones se paran a las puertas de la creencia. Al hombre moderno le resulta de gran utilidad el uso de su propio razonamiento, para saber discernir y diferenciar lo auténtico de lo falso. Por este motivo y sin desear apartar a nadie de su escuela original, es por lo que recomendamos a toda la Humanidad, el estudio y análisis de las obras del Codificador de la Doctrina Espírita, a fin de ellas derramen un bálsamo de amor sobre sus hijos.

  Tened presentes sus verdades, como bálsamo del actuar diario, nos hará estar acordes con la Ley Divina y nos llevará a la felicidad interior. Si las religiones establecidas llegaran a comprender, adoptar e incorporar la Doctrina en sus bases, realizarían el mayor progreso que pudiesen esperar y ya no deberían temer a su desaparición. Por el contrario, si se escudan en conceptos absoletos o en una vana ortodoxia, la fuerza de la Verdad les arrebatará el sitio que ahora ocupan al frente del poder material.

  Llegará un día en que la Verdad resplandecerá por su propia grandeza y  libertará a la criatura humana de los egoísmos, de los vicios y de los orgullos fraticidas. Este día llegará pronto, pues desde lo Alto se viene preparando el advenimiento. La primera medida fue la "revelación" de los Espíritus a través de diversos médiums por todo el planeta, y culminó con la aparición de la Doctrina Espírita. La segunda se viene realizando pacientemente en los laboratorios de la Ciencia humana, que hallarán las pruebas de la naturaleza espiritual y de la supervivencia del ser humano. Cuando ese día llegue, se instaurará el nuevo reino de Cristo para la Humanidad. El dogmatismo religioso deberá ceder su posición a la Ciencia del Amor, pues la Ciencia descubrirá que el Amor es la mayor fuerza existente en el Universo. No os extrañéis de esta afirmación, pues los átomos se atraen por amor en sus  principios masculino y femenino, al igual que los planetas o los soles y las galaxias en la Creación. Así pues, estudiad y defended la nueva fe, la que reunirá en su seno a todas las religiones del planeta.

- Espíritus Hermanos de la Caridad, a través del médium David Estany Prim-

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