miércoles, 17 de junio de 2026

Veinte formas de entorpecer la marcha del Espiritismo

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Origen, comienzo y final de los Espíritus.

2.- El Periespíritu y la Ley de Causa y Efecto

3.- No nos dejemos engañar

4.- Veinte formas de entorpecer la marcha del Espiritismo


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 ORIGEN, COMIENZO  Y FINAL DE LOS ESPÍRITUS

                                      

    Alguien podría alegar que todo lo que comienza, termina; que todo lo que tiene principio tiene que tener final.   Pero en el caso del  Espíritu tal vez estemos ante la excepción a la regla pues, en efecto, el espíritu  ha tenido un comienzo  pero como es de la misma Esencia Divina que el Creador, y esta es infinita y eterna, sin comienzo ni final, esto conlleva a admitir que  el Espíritu humano, una vez creado, ya no tiene un final, tal como sucede con la existencia de los demás seres, que han tenido un comienzo progresivo, como el hombre, y tienen un final, como especie, aunque su alma o Esencia, se encuentra inmersa en el proceso evolutivo de la Creación  y tampoco tiene término, aunque sí que pasa por continuas transformaciones en pos de un perfeccionamiento gradual, que parecen poner fin  a una clase de existencia, pero en realidad están dando comienzo a otra diferente con el fin de continuar existiendo en un l proceso evolutivo continuo.

     Nuestro Espíritu se creó cuando en la Mente Divina y por Su Voluntad. se empezó a formar a través de un desarrollo repetido dentro de un larguísimo proceso evolutivo que fue forjando su esencia psíquica sucesivamente, pasando continuamente por los tres reinos de la Naturaleza durante miles o tal vez millones de años, hasta llegar a alcanzar finalmente la etapa humana, tras un    desarrollo evolutivo anterior  en una determinada especie de primate,  genéticamente próxima al ser humano, pues ambas especies, en cuanto a lo corporal e incluso lo psíquico, procedemos de un mismo tronco, de unos antepasados tan remotos como comunes. Estos primeros humanos, en su incipiente andadura como tales, lo fueron una vez que tomaron conciencia de su Yo,  a partir de ahí comenzaron a habitar este planeta hace algunos miles de años.

        Esta posibilidad se apoya en que en la historia del planeta, tal como afirma la Ciencia, la evolución de la vida unicelular que surgió en los mares, fue dando paso a muy diferentes y variadas especies, de las que muchas evolucionaron y abandonaron el medio acuático para proseguir su multiplicidad y evolución en el medio terrestre. En su diversificación, a partir de las almas grupales de cada especie, estas fueron evolucionando hacia otras especies de psiquismo cada vez más desarrollado, y en las cuales, finalmente comenzaron poco a poco a individualizarse hasta alcanzar un grado de desarrollo psíquico apto para tomar conciencia de sí mismas como individuos recién despertados  a la especie humana. Entre las especies más evolucionadas y aptas para dar el gran salto evolutivo, estaban las diversas clases de primates, de los que parece ser, que en tan solo una de ellas, a causa de albergar un alma lo suficientemente madura para su transformación en el plano espiritual, se produjo ese “milagro” evolutivo de la transformación gradual desde la escala animal, a la escala hominal, dotada de una “Chispa Divina” en su alma, salida de la Voluntad del Creador. Quizás se trate del gran salto más importante que el Espíritu humano tendrá que experimentar en su historia evolutiva.

     La naciente especie humana a causa de su mayor capacidad cerebral respecto al resto de su masa corporal, desarrolló una superior inteligencia que le permitió sobrevivir en aquel mundo primitivo, donde se diferenció inmediatamente de sus demás parientes de otras familias de primates, pues este maravilloso órgano que nos diferencia de las demás especies animales,  le facultó el poder desarrollar una  inteligencia espiritual, con el pensamiento continuo o filosófico del que las demás especies animales carecen

     Tal vez en esa determinada especie de simios antecesores del ser humano, pudo acontecer que “alguien” llegado a este planeta desde otros mundos, lejos de la Tierra, con la divina misión de preparar el albergue en la misma a la especie humanos, significativamente  más evolucionados que los de los primates terrestres cuya psíquis y cuerpos físicos estaban designados para acoger a estos humanos, “animales divinos”, procedentes de otros mundos que llegaban por oleadas a la Tierra para  proseguir su evolución en este planeta, que entonces estaba mucho más atrasado que el mundo de procedencia. Para llevarlo a cabo, dado su superior  desarrollo intelectual, científico y técnico que acompañaba a estos Seres Superiores que llevaron a cabo este proceso, supieron acondicionar el ADN  de esa determinada rama de primates terrestres, para poder albergar a esos nuevos Seres espirituales que llegaban a este planeta  con el fin de  no perturbar la marcha evolutiva  de otros espíritus más adelantados que quedaron allá, siguiendo su caminar evolutivo en esos mundos de “Regeneración” de donde procedían estos recién llegados.

     De ese modo pudo ser que el Espíritu humano recién llegado a este planeta , se uniese por vez primera a esa especie animal que antes ya había sido adecuada genéticamente, dejándola después evolucionar por el periespíritu que modelaba esas materias, hasta llegar al prototipo humano actual.. 

    Paralelamente a esta masiva llegada de espíritus para reencarnar aquí, muchos de esos humanos extraterrestres, fueron también traídos corporalmente posiblemente desde alguno de los planetas que circundan la estrella Capella, en la constelación de Orión, desde donde llegaron a través de naves espaciales, que entonces ya existían en esos mundos de regeneración y tenían capacidad para poder visitar otros mundos diseminados por  el espacio, mientras que otros planetas, como la Tierra, se encontraban todavía en una fase de mundo primitivo, en donde la vida aun hacía sus primeros ensayos. En la Tierra se mezclaron con los terrícolas humanoides existentes, y su aporte genético se fue diseminando en  las nuevas generaciones nacidas de esta mezcolanza entre ellos y los humanos terrestres..  ( Estos “recién llegados “ son referidos en la Biblia como ángeles caídos, o como  “expulsados del Paraíso”, o su mundo de procedencia),  

  Desde el primer momento el ser humano, nuevo en este mundo, hijo de los humanos terrestres y de los "venidos de las estrellas", enseguida experimentó  la consciencia del Yo y la capacidad de desarrollar el pensamiento prolongado y abstracto; es por lo que , efectivamente, el ser humano tuvo un comienzo en cuanto espíritus que somos y que se forjó en la historia evolutiva del planeta, pero sin embargo, al estar inmersos en el divino Plan evolutivo que es infinito, nuestro espíritu no tiene final ni límite de existencia, porque la misma evolución nos conduce siempre hacia una nueva etapa en una ascendencia gradual, sucesiva, ilimitada y eterna , aproximándonos más y más a Lo Absoluto que es Dios,  nuestra Fuente de Origen-

 - José Luis Martín-

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El periespíritu y la Ley de Causa y Efecto

                                 


“A cada uno se le dará según sus obras”. - Jesús. (Mt., 16:27.)

El Alma está presente durante la vida material, así como después de la “muerte”, siempre cubierta por una envoltura fluídica, más o menos sutil y etérea, que Allan Kardec denominó periespíritu. De hecho, es un conglomerado energético, formado por varias capas de campos de fuerza, que  conecta con el Espíritu por el lado más quintaesencial y por el lado más denso con el cuerpo somático.

Acertadamente informa la Ilustre Maestra Leona[1] que el periespíritu es el producto más importante del fluido cósmico, en torno a un foco de inteligencia o Alma.

Al mismo tiempo que el periespíritu transmite al Alma las impresiones de los sentidos, comunica al cuerpo físico las voluntades del Espíritu. Entendemos que sin el periespíritu todos somos inviables: nada funcionaría, porque es también el modelador plástico de las formas que mantienen en armonía el complejo somático.

Léon Denis[2] enseña: “(…) Como el roble que guarda en sí mismo los signos de sus desarrollos anuales, así el periespíritu conserva, bajo sus apariencias presentes, los vestigios de vidas anteriores, de estados sucesivamente atravesados. Estos vestigios yacen en nosotros, muchas veces olvidados, sin embargo, en cuanto el Alma los evoca, despierta su memoria, reaparecen, con tantos otros testigos, marcando el largo y penoso camino recorrido.

Los espíritus retardados tienen envolturas impregnadas de fluidos materiales. Incluso después de la muerte sienten las impresiones y necesidades de la Vida terrestre. El hambre, el frío y el dolor subsisten entre los más groseros. Vuestro organismo fluídico, oscurecido por las pasiones, sólo puede vibrar débilmente y por tanto vuestras percepciones son más restringidas. No saben nada de la vida espacial. En ti ya tu alrededor todo es oscuridad. El Alma pura, libre de atracciones bestiales, forma un periespíritu semejante a sí mismo. Cuanto más sutil es este periespíritu, mayor fuerza ejerce, más se expanden sus percepciones hacia él...

(…) En el momento de la muerte, se desprende de la materia tangible, abandona el cuerpo a las descomposiciones del sepulcro, pero, inseparable del alma, conserva la forma externa de la personalidad de ésta. El periespíritu es, pues, un organismo fluídico; es la forma preexistente y sobreviviente del ser humano, sobre la que se modela la envoltura carnal, como un vestido doble e invisible, hecho de materia quintaesencial, que atraviesa todos los cuerpos, por impenetrables que nos parezcan.

La materia grosera, incesantemente renovada por la circulación vital, no es la parte estable y permanente del hombre. El periespíritu es lo que garantiza el mantenimiento de la estructura humana y de los rasgos fisonómicos, y esto en todos los períodos de la Vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Ejerce así la acción de un molde contráctil y expansible sobre el que se incorporarán las moléculas.

Este cuerpo fluídico no es, sin embargo, inmutable; se purifica y se ennoblece con el alma; lo sigue a través de sus innumerables encarnaciones; con ella sube los peldaños de la escala jerárquica, se vuelve cada vez más diáfana y luminosa para, un día, resplandecer con esa luz radiante de la que hablan las antiguas biblias y los testimonios de la historia sobre ciertas apariciones. Es en el cerebro de este cuerpo espiritual que el conocimiento se almacena y se imprime en líneas fosforescentes, y es sobre estas líneas que, en la reencarnación, se modela y forma el cerebro del niño.

La elevación de los sentimientos, la pureza de la Vida, los nobles impulsos por el bien y por el ideal, las pruebas y los sufrimientos soportados con paciencia, poco a poco, purifican las moléculas periespíritus, desarrollan y multiplican sus vibraciones. Como acción química, consumen las partículas más gruesas, dejando solo las más sutiles, las más delicadas para sobrevivir...

Por efecto inverso, los apetitos materiales, las pasiones bajas y vulgares reaccionan sobre el periespíritu y lo hacen más pesado, denso y oscuro. La atracción de los globos inferiores, como la Tierra, se ejerce irresistiblemente sobre estos organismos espirituales, que en parte preservan las necesidades del cuerpo y no pueden satisfacerlas. Las encarnaciones de los Espíritus que sienten tales necesidades se suceden rápidamente, hasta que el progreso a través del sufrimiento llega a atenuar sus pasiones, alejarlos de las influencias terrestres y abrirles el acceso a mundos mejores.

Una estrecha correlación vincula los tres elementos constitutivos del ser. Cuanto más alto es el espíritu, más sutil, ligero y brillante es el periespíritu, más exento de pasiones y moderado en sus apetitos o deseos es el cuerpo. La nobleza y la dignidad del alma se reflejan en el periespíritu, haciéndolo más armónico en las formas y más etéreo; incluso se revelan sobre sus propios cuerpos; el rostro se ilumina entonces con el reflejo de una llama interior.

Es a través de las corrientes magnéticas que el periespíritu se comunica con el alma. Es a través de los fluidos nerviosos que se conecta al cuerpo. Estos fluidos, aunque invisibles, son poderosos lazos que la sujetan a la materia, desde el nacimiento hasta la muerte, e incluso, en lo sensual, la mantienen así hasta la disolución del organismo. La agonía representa la suma de esfuerzos realizados por el periespíritu para liberarse de las ataduras carnales. El fluido nervioso o vital, del que es origen el periespíritu, juega un papel considerable en la economía orgánica. Su existencia y su modo de acción pueden explicar en gran medida la cuestión de los problemas patológicos”.

En otro libro, enseñó el noble ciudadano de Foug[3]:

“(…) El periespíritu es el transmisor de nuestras impresiones, sensaciones y recuerdos. Previa a la vida presente, inaccesible a la destrucción por la muerte, es el instrumento admirable que el alma se construye y perfecciona a través de los siglos; es el resultado de su largo pasado. En él se conservan los instintos, se acumulan las fuerzas, se fijan las adquisiciones de nuestras múltiples existencias, los frutos de nuestra lenta y dolorosa evolución.

La sustancia del periespíritu es sumamente sutil, es materia en su estado más puro, es más enrarecida que el éter, sus vibraciones y movimientos superan en velocidad y penetración a los de las sustancias más activas. De ahí la facilidad de los espíritus para atravesar cuerpos opacos, obstáculos materiales y recorrer distancias considerables con la rapidez del pensamiento.

Insensible a las causas de desintegración y destrucción que afectan al cuerpo físico, el periespíritu asegura la estabilidad de la Vida en medio de la continua renovación de las células. Es el modelo invisible a través del cual las partículas orgánicas pasan y se suceden obedeciendo a las líneas de fuerza, cuyo encuentro constituye este diseño, este plan inmutable, reconocido por Claude Bernard como necesario para mantener la forma humana en medio de constantes cambios y renovaciones. de átomos.

El periespíritu es el organismo fluídico completo; es él quien, durante la Vida terrestre, por la agrupación de las células, o en el espacio, con la ayuda de la fuerza psíquica que absorbe en los médiums, constituye en un plano determinado, las formas, duraderas o efímeras, de la Vida. Es él, no el cuerpo material, el que representa el tipo primordial y persistente de la forma humana.

El cuerpo fluídico es un foco de energías. La fuerza magnética, proyectada en abundancia por ciertos hombres, y que puede, de cerca o de lejos, hacer sentir su influencia, aliviar, sanar, es una de sus propiedades. En él tiene su sede la fuerza psíquica indispensable para la producción de los fenómenos espíritas.

El periespíritu no es sólo un receptáculo de fuerzas, sino también el registro vivo en el que se imprimen imágenes y recuerdos: sensaciones, impresiones y hechos, todo queda allí registrado y fijado.

Las vibraciones del periespíritu se reducen bajo la presión de la carne; recobran su amplitud tan pronto como el Espíritu se desprende de la materia y recupera su libertad. Bajo la intensidad de estas vibraciones reaparecen las impresiones acumuladas en el periespíritu.

Nuestro periespíritu, sutil o denso, radiante u oscuro, representa el valor exacto y la suma de nuestras adquisiciones. Nuestros actos y pensamientos pertinaces, la tensión de nuestra voluntad en cierta dirección, todas las voliciones de nuestro ser mental repercuten en el periespíritu y, según su naturaleza, inferior o elevada, generosa o vil, así dilatan, purifican o hacen su grosero. sustancia. Se sigue que, por la constante orientación de nuestras ideas y aspiraciones, de nuestros apetitos y procedimientos en una u otra dirección, fabricamos poco a poco una envoltura sutil, superpuesta con bellas y nobles imágenes, accesible a las sensaciones más delicadas, o una domicilio sombrío. , una vergonzosa prisión, en la que, después de la muerte, el alma restringida en sus percepciones es enterrada como en una tumba. Así el hombre crea para sí mismo el bien o el mal, alegría o sufrimiento. Día a día, lentamente, construye su destino. Su obra está grabada en sí mismo, visible para todos en el más allá.

Es a través de este admirable mecanismo de las cosas, simple y grandioso a la vez, que se ejecuta, en los seres y en el mundo, la ley de la causalidad o consecuencia de los actos, que no es sino el cumplimiento de la justicia.

- Renata Mendex-

[1] – KARDEC, Allan. El Génesis. 43. ed. Rio [de Janeiro]: FEB, 2003, cap. XIV.
[2] – DENIS, León. Después de la muerte. 23. ed. Rio [de Janeiro]: 2004, capítulos XXI y XXII, 3ª parte.
[3] – DENIS, León. En los Invisibles. 19. ed. Río [de Janeiro]: 2000, 1ª parte, cap. tercero

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                   NO NOS DEJEMOS ENGAÑAR

Es un hecho demostrado por la observación y confirmado por los mismos espíritus, que
los inferiores usurpan a menudo nombres conocidos y venerados. .¿Quién puede, pues,
asegurarnos que los que dicen haber sido Sócrates, Julio César, Carlomagno, Fenelón, Napoleón, Washington, etcétera, han animado realmente a estos personajes?

 Semejante duda asalta a ciertos adeptos muy fervientes de la doctrina espiritista, que admiten la intervención y manifestación que de su identidad puede tenerse. Esta comprobación es efectivamente difícil; pero si no puede conseguirse tan auténtica como la que resulta de un acta del estado civil, por lo menos se puede obtener presunta , con arreglo a ciertos indicios.

Cuando el espíritu de alguien que nos es personalmente conocido, se manifiesta, de un
amigo o de un pariente, por ejemplo, sobre todo si hace poco que ha muerto, sucede por punto general que su lenguaje está en perfecta relación con el carácter que sabemos que tenía.

Este es ya un indicio de identidad. Pero no es lícito dudar cuando el mismo espíritu habla de cosas privadas y recuerda circunstancias de familia que sólo del interlocutor son conocidas.

El hijo no se equivocará seguramente respecto del lenguaje de su padre y de su madre, ni éstos respecto del de aquél. A veces tienen lugar en esta clase de evocaciones intimas cosas notabilísimas, capaces de convencer al más incrédulo. El escéptico más endurecido se ve a menudo aterrado, por las revelaciones inesperadas que se le hacen.

Otra circunstancia muy característica viene a apoyar la identidad. Hemos dicho que el
carácter de letra del médium cambia generalmente con el espíritu evocado, y que se reproduce el mismo carácter siempre que se presenta el mismo espíritu. Se ha notado muchas veces que, sobre todo en las personas muertas de poco tiempo con respecto a la evocación, el carácter de letra tiene una semejanza visible con el de la misma persona durante la vida, y se han obtenido firmas de exactitud perfecta. Estamos sin embargo, muy lejos de dar este hecho como costumbre; sino que lo mencionamos como digno de notarse..

Sólo los espíritus que han llegado a cierto grado de purificación están libres de las
influencias corporales; pero hasta que no están completamente desmaterializados (esta es la expresión que ellos mismos emplean) conservan la mayor parte de las ideas, de la inclinaciones y hasta de las manías que tenían en la tierra, lo cual es también un medio de reconocimiento.


EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
ALLAN KARDEC

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VEINTE FORMAS  DE ENTORPECER LA MARCHA DEL ESPIRITISMO


Nosotros, los Espíritas, podemos perturbar la marcha del Espiritismo de las siguientes maneras:

1. Postergando nuestra reforma moral.

2. Menospreciando los deberes profesionales que tenemos.

3. No apoyando las obras de caridad.

4. Negándonos al estudio.

5. Faltando a los compromisos sin un justo motivo.

6. Solicitando privilegios.

7. Evitando deliberadamente a los sufrientes para no brindarles pequeños servicios.

8. Colocando los principios espíritas a disposición de los convencionalismos sociales.

9. Especulando con la Doctrina Espírita en materia política

10. Sacrificando a la familia en los trabajos del Ideal.

11. Acaparando cargos y funciones sin distribuirlos con los demás compañeros, o no aceptando ninguna tarea ni responsabilidad, aislándonos en la indiferencia.

12. Preocupándonos por la conquista de aplausos.

13. Considerándonos indispensables.

14. Rehuyendo el examen imparcial y sereno de las cuestiones concernientes a la claridad interpretativa del Espiritismo, el que siempre debe estar por encima de los intereses y de las personas.

15. Renunciando al raciocinio y dejándonos atrapar por movimientos o personas que intentan sutilmente ensombrecer la labor elucidativas espírita con preconceptos y fantasías.

16. Hiriendo a los demás con palabras agresivas o dejando de auxiliarlos en el momento preciso con manifestaciones orales de consuelo y conocimiento.

17. Manteniendo resentimientos.

18. Relegando el deber natural de cooperar respetuosamente con los dirigentes de las instituciones que sirven a la Doctrina.

19. Adulando a los médiums y a los trabajadores de la causa espírita.

20. Delegando en los demás las responsabilidades que nos competen.


Benefactor Espiritual ANDRÉ LUIZ.
Médium WALDO VIEIRA.

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