lunes, 15 de junio de 2026

El hombre de bien

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- El mayor milagro de Jesucristo

2.- La sola creencia sin reforma íntima no sirve de nada.

3.- Practicar el Evangelio, pero no comerciar jamás con el mensaje de Cristo 

4.- El hombre de bien

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 EL MAYOR MILAGRO DE JESUCRISTO




      El mayor de los milagros de Jesucristo y el que da testimonio de su superioridad, es la revolución que sus enseñanzas operaron en el mundo, a pesar de la exigüidad de sus medios de acción.

     Pensemos en que ese Jesús pobre, oscuro, nacido en las condiciones mas humildes, en el seno de un pueblo casi ignorado, sin preponderancias políticas, artísticas o literarias solo predica tres años. Durante ese corto lapso es negado y perseguido por sus conciudadanos ,calumniado, acusado de impostor, se ve obligado a huir para no ser lapidado, es traicionado por uno de sus apóstoles, negado por otro y abandonado por todos en el momento en que cae en manos de sus enemigos. Solo hacía el bien, pero tampoco  estuvo  exento por ello de la malevolencia que ponía en su contra ese mismo bien que practicaba.

     Condenado al suplicio reservado a los criminales, muere ignorado por el mundo, ya que la historia de su tiempo nada dice respecto a Él, no dejó nada escrito y, sin embargo, con la ayuda de unos pocos hombres, tan oscuros como Él mismo, su palabra regeneró al mundo.su doctrina aniquiló al todopoderoso paganismo y se convirtió en la antorcha de la civilización.

     Tenía contra si todo lo que puede hacer fracasar a un hombre, razón por la cual el triunfo de su doctrina es el mas grande de sus milagros, al mismo tiempo que testimonia su misión divina.  Si en vez de los principios sociales y regeneradores, basados en el porvenir espiritual del hombre ,no hubiera tenido para ofrecer mas que ciertos hechos maravillosos ,solo se conocería hoy su nombre ,o tal vez ni siquiera eso.

ALLAN KARDEC- LA GÉNESIS:CAPITULO XV.ITEM 63

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 LA  SOLA CREENCIA  SIN  REFORMA  ÍNTIMA NO SIRVE DE NADA      

     En algunos, los lazos de la materia son aún muy tenaces para permitir al Espíritu desprenderse de las cosas de la Tierra;_ la niebla que los rodea les quita la vista del infinito; por esto no rompen fácilmente ni sus gustos, ni sus costumbres, ni comprenden nada mejor de lo que ellos poseen; la creencia en los Espíritus es para ellos un simple hecho, pero modifica muy poco o nada, sus tendencias instintivas; en una palabra, sólo ven un rayo de luz insuficiente para conducirles y darles una aspiración poderosa y capaz de vencer sus inclinaciones. Se apegan más a los fenómenos que a la moral, que les parece banal y monótona; piden sin cesar a los Espíritus que les inicien en nuevos misterios, sin preguntar si se han hecho dignos de entrar en los secretos del Creador. Estos son los espíritas imperfectos, de los cuales algunos se quedan en el camino o se alejan de sus hermanos en creencia, porque retroceden ante la obligación de reformarse, o reservan sus simpatías para los que participan de sus debilidades o de sus prevenciones.. Sin embargo, la aceptación del principio de la doctrina es un primer paso que les hará el segundo más fácil en otra existencia.

EL EVANGELIO SEGUN EL ESPIRITISMO
ALLAN KARDEC

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PRACTICAR EL EVANGELIO, PERO NO  COMERCIAR JAMÁS CON EL MENSAJE DE CRISTO.

Jorge Hessen

¿Es justo transformar un templo religioso en una Agencia Mercantil? ¿En una especie de núcleo  financiero lucrativo? ¿Será que Dios consiente tal procedimiento? ¿Fue esto lo que enseñó Jesús?

¡Vivir el Evangelio, si! ¡Ganar dinero  a costa del mensaje de  Cristo, Nunca! Hasta porque nada es tan legitimo  para un cristiano que el ejercicio  de mercadería con el Evangelio. Es deprimente  identificarnos “religiosos” (salvándose las excepciones) que se postean  como “misioneros” de Cristo, con evidente  desprecio al código sublime del amor al prójimo. Tales líderes se distinguen por el verbalismo descomedido,  comentan tediosos los más variados asuntos,  no obstante no llegaran  a cualquier arremate de raciocinio. Exaltan las emociones infelices de la arrogancia   entre sus seguidores,  llenándolos de  faustuosas alusiones aunque vacías de sentido.

Cristo advirtió varios segmentos del Evangelio sobre los “evangelizadores” oportunistas, comparándolos  a “lobos con piel de cordero” la lógica humana es dilacerada ante la exploración de la fe. No hay como enmudecer ante los que se valen de las redes de televisión, periódicos, libros, internet y radios para predicar el Evangelio en “nombre de Dios”, deslumbrando a los seguidores afirmando que la clemencia del Padre solamente puede ser obtenida a través de la donación del dinero.

Lo que asistimos presentemente son reediciones  de las astutas ventas de indulgencias, matriz de la Reforma Protestante. Más,  si alguien surge diciéndose “apóstol"  de Cristo desconfiemos de su salud mental, pues en realidad lo que  han surgido  son “mercenarios”  y no Misioneros del Maestro. Tales predicadores exaltan  la ignorancia con altas dosis de soberbia  y se  alardean de guías y evangelistas. Hay muchos falsos cristos  y falsos profetas representados por filosofías, doctrinas  sectas y religiones mercantilistas     que esclavizan a los hombres, y exploran la buena fe de las personas que sufren.

Jesús hace dos mil años  reprendió: Esta escrito: Mi  casa será llamada casa de oración. Sin embargo, vosotros  la habéis transformado  en cubil de ladrones”. (1) Hoy, discurren sobre las criaturas en una maniaca exaltación de Cristo, aprovechan  sus predicas  como moneda de cambio, donde quien sea más generoso (mano abierta)  y destine más cuantía de dinero tendrá mayor  beneficio “celestial”. Los desprevenidos seguidores se nutren de la “fe ciega” que les es infligida por medio de discursos acalorados  y escenarios de pseudo-exorcismo, donde  lo que de hecho ocurre son catarsis anímicas y/o “incorporaciones” de obsesores que se deleitan ante  los patéticos y deprimentes espectáculos.

 Y como si no bastase  se comercializa los más singulares amuletos  como “"Ollas con agua del río Jordán"; “frascos  de perfumes y oleos con olor de Jesús”; “fragmentos de maderas de la cruz del Calvario”; “lotes, casas y mansiones  en el cielo”. Es evidente que un santuario religioso  no puede ser análogo  a la lonja comercial donde se negocia con mercancías de Dios. ¿Será que desconocen que el templo cristiano es local para meditaciones  y cavilaciones  sobre los desaciertos  y diligencias para mejoría del comportamiento de cada uno de nosotros?

¿Qué decir de los “evangelistas” de grandes audiencias que cobran fortunas para predicar, que alimentan  a través de elocuencia verbal la idolatría de su personalidad? Son vendedores modernos  y profesionales del Evangelio que  condenan trabajar, abominan el argumento de que Cristo nos invitó  a cargar nuestras   “cruces”, a granjear “el pan” con el “sudor” de nuestro trabajo, y que  solo  granjearemos  el “Reino de los Cielos”, esto es, la paz del espíritu si hacemos al semejante lo que deseamos para nosotros mismos. ¡Sí!  “Hay de vosotros, conductores  de ciegos, pues que decís: Cualquiera que jurare por el templo, no es nada, pero si alguno jura por el oro del templo, o por la oferta, esto es cierto. ¡Insensatos y ciegos! ¿Pues cual es mayor: la oferta, el oro, o el templo de Dios?”.(2)

La única moneda que el Creador acoge  como cambio es el amor al prójimo. Todavía, infelizmente buena parte del legado  religioso que se transfiere  para las actuales generaciones con respecto a la codicia, al encanto de los sentidos físicos, la conquista del poder a toda costa, cediendo cancha  a la brutalidad y a la confusión. El fanatismo que viene siendo desenvuelto en torno al misticismo decrepito, investido para almacenar recursos monetarios, visando patrocinar la “salud” de aquellos que más prontamente la puedan comprar a peso de oro, han ofrecido ambiente al materialismo y al utilitarismo en el que las personas  se deleitan, apartadas de la misericordia, de la solidaridad, de la fraternidad, ante el desafío de la autentica experiencia del amor al  prójimo, conforme fue vivido por Jesús.

Paulo escribió: “De hecho, gran fuente de lucro es la piedad  con el contentamiento.  Porque nada hemos traído para el mundo, ni cosa alguna podemos llevarnos de el. Teniendo sustento  y con que vestir, estemos contentos. Ahora, los que quieren ser ricos caen en la tentación, y en el lazo, de muchas codicias  insensatas y perniciosas, las cuales ahogan a los hombres  en la ruina y la perdición. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males; y algunos, en esa codicia,  se desviaron de la fe y a si mismos  se atormentaron con muchos dolores.  Tu, sin embargo, el hombre de Dios, huye de esas cosas; antes, sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la mansedumbre.” (3) Por esas muchas razones es fácil percibir que en la actualidad los auténticos adeptos del Evangelio aun forman pequeño grupo muy semejante al periodo de las dolorosas experiencias de los tres primeros siglos de diseminación del mensaje de Cristo en los dominios de Cesar.

Referencias:
(1)      (Mateus, XXI; 12 e 13).
(2)      (Mateus, XXIII; 16).
(3)      (1 Timóteo 6:6-11)


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                     EL HOMBRE DE BIEN 

    El verdadero hombre de bien es el que practica la ley de justicia, de amor y de caridad en su mayor pureza. Si interroga a la conciencia sobre sus propios actos, se pregunta así mismo si no violó esta ley; si no ha hecho mal y si hizo todo el bien que podía; si despreció voluntariamente alguna ocasión de ser útil; si alguien tiene quejas de él; en fin, si hizo a otro lo que hubiera querido que hicieran por él. 

Tiene fe en Dios, en su bondad, en su justicia y en su sabiduría; sabe que nada sucede sin su permiso y se somete, en todas las cosas, a su voluntad.

Tiene fe en el futuro; por esto coloca los bienes espirituales sobre los bienes temporales. 

Sabe que todas las vicisitudes de la vida, todos los dolores, todas las decepciones, son pruebas o expiaciones y las acepta sin murmurar.

El hombre poseído del sentimiento de caridad y de amor al prójimo, hace el bien por el bien, sin esperanza de recompensa, retribuye el mal con el bien, toma la defensa del débil contra el fuerte y sacrifica siempre su interés a la justicia.

Encuentra satisfacción en los beneficios que esparce, en los servicios que presta, en los felices que hace, en las lágrimas que enjuga y en los consuelos que da a los afligidos. Su primer impulso es pensar en los otros antes que pensar en si, buscar el interés de los demás antes que el suyo propio. El egoísta, al contrario, calcula los provechos y las pérdidas de toda acción generosa.

Es bueno, humano y benévolo para con todos, sin preferencia de razas ni de creencias, porque mira a todos los hombres como hermanos.

Respeta a los demás todas las convicciones sinceras y no anatematiza a los que no piensan como él.

Si el orden social colocó hombres bajo su dependencia, les trata con bondad y benevolencia, porque son sus iguales delante de Dios; usa de su autoridad para elevarles la mora y no para abrumarles por su orgullo, evitando lo que puede hacer más penosa su posición subalterna.

Libro  El Evangelio según el Espiritismo.

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