INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.-Dios y el infinito
2.- Legitimidad del Libro de los Espíritus
3.- Ley de Evolución
4.- El Periespíritu y los miembros fantasma
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Dios– La Inteligencia Suprema
La Doctrina Espírita rechaza la fe ciega. Defiende, con argumentos, la fe razonada, llevando a las personas a no creer simplemente porque creen, sino a saber por qué creen en algo. Y la principal es defender la prueba de la existencia de Dios. Tanto es el cuidado de no personificarlo que la primera pregunta del Libro de los Espíritus, la expresión “¿Quién es Dios” fue sustituida por “¿Qué es Dios?”
La respuesta: "Inteligencia suprema, primera causa de todas las cosas".
Argumenta que la prueba de la existencia de Dios está en el axioma: "No hay efecto sin causa". Y el libro Obras Póstumas, en su primer capítulo, exalta a Dios en una razonada profesión de fe espírita, con gran propiedad. Justifica: “Vemos incesantemente una multitud innumerable de efectos, cuya causa no es imposible reproducirlos, e incluso explicarlos: la causa está, pues, por encima de la Humanidad. Esta causa se llama Yahveh, Dios, Alá, Brahma, Fo-hi, Gran Espíritu, etc., según los idiomas, tiempos y lugares”.
Y explica: “Estos efectos, de ninguna manera, no se producen por casualidad, fortuito y sin orden; desde la organización del insecto más pequeño, del grano más grande, hasta la ley que rige los mundos que circulan en el espacio, todo da fe de un pensamiento, de una combinación, de una previsión, de una preocupación que supera todas las concepciones humanas. Esta causa es, por lo tanto, supremamente inteligente.”
Para profundizar en el tema Obras Póstumas, un libro publicado después de la desencarnación (muerte) del codificador del Espiritismo, Allan Kardec, con textos escritos por él durante esa encarnación, resume la definición de Dios como un “ser eterno, inmutable, inmaterial, único ., omnipotente, soberanamente justo y bueno.” Para no dejar perdidos a los lectores, en un vago resumen, sigue existiendo la preocupación de “masticar” cada ítem.
Fíjate en esto: “Dios es eterno porque si tuviera un principio, algo habría existido antes que él; habría salido de la nada, o habría sido creado, él mismo, por un ser anterior. Así es que, paso a paso, volvemos al infinito en la eternidad”.
La inmutabilidad, en cambio, se entiende como tal, porque si hubiera estado sujeta a cambios, las leyes que rigen el Universo no tendrían ninguna estabilidad. Inmaterial significa que su naturaleza difiere de todo lo que llamamos materia, de lo contrario estaría sujeto a las fluctuaciones y transformaciones de la materia, y no sería inmutable. “Es único, porque si hubiera varios dioses, tendría varias voluntades y desde entonces no habría unidad de puntos de vista, ni unidad de poder en el ordenamiento del Universo”.
Se argumenta que la omnipotencia es única. “ Si no tuviera el poder soberano, habría algo más poderoso que él; no hubiera hecho todas las cosas y lo que no hubiera hecho sería obra de otro Dios. Es soberanamente justo y bueno, porque la sabiduría providencial de las leyes divinas se revela tanto en las cosas más pequeñas como en las más grandes, y esta sabiduría no permite que nadie dude ni de su justicia ni de su bondad”.
Finalmente, concluimos que Dios es infinito en todas sus perfecciones. Y sin embargo acaba por suponer imperfecto uno solo de sus atributos, si se disminuye la más mínima porción de eternidad, inmutabilidad, inmaterialidad, unidad, omnipotencia, justicia y bondad de Dios, se puede suponer que otro ser posee lo que a él le faltaría, y ese ser, más perfecto que él, sería Dios.
-Renata Mendes-
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LEGITIMIDAD DEL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Al publicar en 1868 El Génesis…Kardec señaló: puedo subrayar que El Libro de los Espíritus, dado a publicidad once años antes, continuaba siendo tan sólido como entonces. Ninguno de sus principios fundamentales había sido removido por la experiencia, sino que todos ellos permanecían en pie. Hoy en día, a más de cien años de distancia, si el Codificador viviera aún entre nosotros podría seguir diciendo lo mismo.
Y esto, en un siglo en que el mundo se transformó de una manera vertiginosa, en que la denominada ciencia positiva fue trastocada de un extremo al otro, en que las concepciones filosóficas han experimentado tremendos impactos. Conceptos hay, en El Libro de los Espíritus, que a primera vista parecerían haber sido desmentidos, o al menos puestos en duda, por la ciencia. Tal es el caso del fluido universal: pero sólo cuando los confundimos con el concepto científico del éter espacial.
A decir verdad, el desarrollo de la ciencia se opera con exactitud en dirección a los principios espíritas. La desintegración de la materia por la física nuclear, el concepto de materia como concentración de energía, la percepción cada vez más clara de una estructura matemática del Universo, la conclusión a que algunos científicos se ven forzados a llegar, de que detrás de la energía parece existir otra cosa, que sería el pensamiento; todo esto nos demuestra que asistía razón a Kardec al proclamar que ni Dios ni la religión auténtica, ni (en consecuencia) el Espiritismo, tienen nada que perder con el adelanto de la ciencia. Antes por el contrario, sólo obtienen ganancia, conforme los hechos lo ponen de manifiesto día a día.
Esa seguridad de los principios espíritas deriva de la legitimidad de la fuente espiritual del presente libro, de la pureza de sus medios de transmisión mediúmnicas y de la precisión del método kardeciano.
La fuente, según se ve por la espontánea e inesperada revelación del Espíritu de Verdad a Kardec, y según los apuntes autobiográficos contenidos en Obras Póstumas, así como por la confirmación ulterior de tantos otros Espíritus, y también como se puede comprobar lógica e históricamente por el proceso de restablecimiento del Cristianismo que el Espiritismo lleva a cabo, es la misma que de que procedió aquél. No se trata tan sólo de Kardec, ni de este o de aquel otro Espíritu en particular, como tampoco de un grupo de hombres, sino que es toda una falange del Espíritu de Verdad, enviada a la Tierra en cumplimiento de la promesa de Jesús, la que constituye la fuente espiritual de El Libro de los Espíritus.
En cuanto a los medios mediúmnicas de transmisión, estaban en consonancia con la pureza de la fuente. Las médiums que sirvieron en esa tarea fueron dos niñas: Carolina y Julia Boudin, de dieciséis y catorce años, respectivamente, a las que más tarde se sumaría una tercera, la señorita Japhet, en el proceso de revisión del original. Las reuniones se llevaban a efecto entre personas amigas, en la intimidad del hogar de la familia Boudin, y las respuestas de los Espíritus se trasmitían mediante una pequeña cesta a la que se adaptaba un lápiz. Las niñas apoyaban sus manos sobre la canastilla y ésta se ponía en movimiento escribiendo los mensajes, con total imposibilidad por parte de las médiums de influir sobre la escritura.
Más tarde, siguiendo instrucciones de los Espíritus mismos, Kardec sometió el libro al contralor de otros médiums, pero todos ellos escogidos con sumo cuidado. Además de lo cual, las respuestas de los Espíritus eran confrontadas con las comunicaciones que se obtenían en otros grupos de experimentación espírita, en obediencia al principio de la universalidad de las revelaciones, que acto continuo veremos.
El método de Kardec pasó a ser el de la Doctrina misma, y en su propia sencillez lleva implícita la garantía de su eficiencia. Podemos compendiarlo así:
1º) Elección de colaboradores mediúmnicos insospechables, tanto en su aspecto moral cuanto en lo que se refiere a la pureza de sus facultades y de la asistencia espiritual que recibían;
2º) análisis riguroso de las comunicaciones, desde el punto de vista lógico, así como su cotejo con las verdades científicas demostradas, descartándose todo material que no pudiera ser justificado lógicamente;
3º) contralor de las entidades espirituales comunicantes, por medio de la coherencia de sus comunicaciones y del tenor de su lenguaje, y
4º) consenso universal, vale decir, concordancia de varias comunicaciones, obtenidas por médiums diferentes, en forma simultánea y en lugares diversos, acerca de un mismo tema.
Apoyado en tales principios, escudado con rigor en ese criterio, Kardec pudo poner por obra la difícil tarea de reunir la serie de informaciones que le permitieron organizar El Libro de los Espíritus. E interesa recordar que ese mismo criterio había sido enseñado en parte por Juan, en su Primera Epístola (Cap. 4:1)[5], así como por el apóstol Pablo en su Primera Epístola a los Corintios. De suerte que las raíces del método kardeciano están ya en el Nuevo Testamento.
Sin embargo, no es posible confundir el sistema doctrinario con los métodos de investigación científica de los fenómenos espíritas. En el trato mediúmnico, la premisa de la existencia del Espíritu y de la posibilidad de la comunicación ya está afirmada, y lo que importa allí es el contralor de la legitimidad del mensaje. En la indagación científica todo se halla aún por descubrir y probar. Las investigaciones de la ciencia pueden variar hasta lo infinito en lo que atañe a procedimientos y métodos, de acuerdo con el enfoque de cada investigador. Pero las sesiones mediúmnicas no podrían sustraerse al método kardeciano, por cuanto se ha comprobado en la práctica –hace ya un siglo- como el único realmente eficaz y que procede, según hemos visto, de las reuniones mediúmnicas de la era apostólica.
Problemas secundarios, como el de la firma de ciertas comunica- ciones con nombres célebres, son explicadas por Kardec en la “Introducción al Estudio de la Doctrina Espírita”, en sus apartados “XI. –Grandes y pequeños” y “XII. –De la identificación de los Espíritus”, a los cuales remitimos al lector interesado en el tema. Algunas personas preguntan por qué motivo no omitió Kardec los nombres que suscriben los “Prolegómenos”, transcribiendo tan sólo el texto del mensaje, como ha procedido con las más de las respuestas de este libro. Tales firmas –según dicen- apartan de la obra a muchos lectores, que las tienen por una superchería grosera.
La explicación de ello está en la sinceridad de Kardec y en su fidelidad a los Espíritus que la habían revelado la Doctrina. Ocultar los nombres de éstos hubiera equivalido a dejar abierta una posibilidad de que la obra se atribuyese al propio Kardec, y él cuidó siempre de aclarar que no era sino un mero colaborador de los autores espirituales del libro. Por lo demás, sus explicaciones al respecto resultan enteramente claras para todos aquellos que tengo la aptitud de comprender en su plenitud el fenómeno espírita.
- Tomado del Curso de Espiritismo-
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El concepto de evolución ha avanzado mucho en los últimos tiempos. Tan atacado en su origen por las mentalidades dogmáticas, mentes anquilosadas, ha tomado impulso vigoroso en este siglo de avance en todos los aspectos de la ciencia y la razón.
Comenzó siendo una hipótesis, básica para la investigación, para algunas mentes más claras, llegando a ser una teoría académica, fundamental para el estudio como ley de la vida. Primero, en el campo de la zoología por el gran naturalista francés Lamarck y otros, extendiéndose a todos los campos de la vida manifestada, y sostenida hoy por la ciencia moderna, y hasta por muchos científicos dentro de las diversas corrientes del cristianismo.
La evolución como ley cósmica, ley divina, trasciende a todos los aspectos de la Naturaleza; porque, evolución es un transformismo continuado hacia formas más complejas en lo morfológico y un desarrollo constante en lo psíquico.
Toda manifestación de vida, y aun todo aquello que nos parece materia inerte, está en constante movimiento y transformación. De aquí las mutaciones ya comprobadas en las diversas formas del reino mineral, así como vegetal, animal y hominal.
Todo cuanto existe, nace con su ley, constituye la expresión de una ley; no puede existir si no es como desarrollo de un principio, siguiendo una ley. Y el ser humano, al igual que todos los demás aspectos de la vida manifestada, está inmerso en esta gran ley divina: Ley de Evolución.
Toda forma de energía, que es vida, desde el átomo al hombre, está comprendida en esta fuerza cósmica, dentro de un transformismo evolutivo. Lento, muy lento en las formas inferiores, presionando cada vez más en las formas más evolucionadas, en relación al desarrollo del psiquismo.
La personalidad humana en su estado actual, es el resultado de una larga evolución, en lo físico, psíquico y espiritual. Como dista mucho, todavía, de la meta —la perfección— sigue avanzando hacia ella, en el tiempo y en el espacio, empujada por esta fuerza cósmica, que es ley de la Vida.
Aun cuando, cada fase evolutiva tiene su tiempo marcado dentro de esa eternidad que tenemos por delante; ya en la etapa humana, el mayor o menor tiempo empleado en alcanzar la meta, depende del individuo mismo. Ante esta premisa, puede que alguno piense... —entonces, no hay prisa en llegar, ya que tenemos toda una eternidad por delante. Quien así pensare, toma una actitud desacertada; ya que, cuanto menos avance en su camino de progreso, cuanto menos se esfuerce en progresar, más sujeto estará a las encarnaciones en los mundos atrasados de vidas penosas.
Dado el concepto limitadísimo que los humanos tenemos del tiempo, la evolución se nos presenta como muy lenta; pero, no de un salto se transforma en perfecta una humanidad atrasada. Como dice el filósofo Pietro Ubaldi, en su obra: «La Gran Síntesis«: «Los perezosos, los retardados, los holgazanes y viciosos, pesan enormemente sobre los más adelantados. Y no sólo pesan, sino que se sublevan contra todos aquellos que se empeñan en hacerles avanzar por el verdadero camino. Es tanto el atraso moral y espiritual de nuestra humanidad, que ésta cobra aversión y hasta odio a todo el que lucha por sacarla de su charco de fango, en medio del cual se encuentra muy a gusto, por falta del conocimiento de su propia realidad, de la verdad de la vida«.
Sólo unos pocos, con una capacidad perceptiva más desarrollada, pueden apreciar el avance arrollador de esa energía cinética y fuerza creadora. La mayoría, avanzan inconscientemente, arrastrados por esa fuerza poderosa, que toma aspectos diversos de manifestación en las relaciones humanas.
En las formas inferiores de vida, esta fuerza, esta ley de la vida, las impele a un constante movimiento de transformación, hacia formas más complejas y perfectas. Y, ya en la etapa humana, la ley de evolución sigue también (aunque lentamente para la percepción humana) la transformación morfológica hacia formas más perfectas; pues, nuestra humanidad no ha alcanzado aún el avance morfológico de las humanidades más evolucionadas de otros mundos. Pero, donde la ley actúa con más fuerza, es en el psiquismo, creando en el individuo el deseo de nuevas conquistas, con nuevas experiencias, en todos los órdenes de la actividad humana; aun cuando éstas tengan el aspecto de luchas y violencias.
Sebastián de Arauco.
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EL PERIESPÍRITU Y
“Las ilusiones de los amputados son un hecho normal;...”
En efecto, para Piset, que realizó sus investigaciones con soldados de la primera guerra, entre 450 amputados solamente 14 no presentaron el fenómeno de miembro fantasma. La ilusión solamente faltaba en uno cada 30 casos. Casi siempre la ilusión sobrevenía luego de la cirugía; incluso, algunas veces ocurría más tarde, pero siempre en un tiempo bastante próximo.
2) Tamto Lisboa, llamado el Lusitano, publicó, en su libro "Práctica Médica”, de finales del siglo XVI, el siguiente caso: "Un niño de 10 años recibió un fuerte golpe en el cráneo, que cortó el hueso y la membrana meníngea, con pérdida de masa encefálica. Al contrario de lo esperado, la herida cicatrizó. Tres años después, moría hidrocéfalo. El cráneo fue abierto y, para espanto de los médicos, no se encontró el cerebro: en su lugar había líquido. Ese hecho fue considerado extraordinario, pues el niño vivió durante tres años en esta situación con plenitud de sus facultades psíquicas...”.





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