INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Nuestras tendencias e instintos señalan el pasado
2.- La duda
3.- Moral extraña
4.- Alma y Espíritu
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NUESTRAS TENDENCIAS E INSTINTOS SEÑALAN EL PASADO
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ALMA Y ESPIRITU
Estos dos conceptos y definiciones a veces se suelen confundir, aunque en realidad son dos denominaciones que se refieren a una misma realidad
El Espiritismo define al espíritu como
el elemento animador y organizador de la materia, o también como el principio inteligente del Universo.
De otra parte, como el Espíritu se puede encontrar encarnado (como estado temporal y transitorio, siendo parte esencial del ser humano), o también como desencarnado ( después de su paso por la materia y tras el fenómeno de la muerte), para diferenciar ambos estados, el Espiritismo le denomina Alma a la Entidad espiritual de la persona, i sea, el Espíritu mientras se encuentra encarnado y se le dice Espíritu al alma desencarnada.
Por eso, podemos afirmar que el Ser humano en realidad tiene una doble naturaleza: la carnal o física, con unos órganos materiales semejantes a los de los animales y de otra parte tiene también la naturaleza espiritual, a la que se deben las facultades sensitivas, intelectuales, volitivas y morales.
Como ya se ha señalado anteriormente, existe además en el Ser espiritual, un tercer elemento intermedio entre el espíritu y la materia, indispensable para que el espíritu pueda estar unido al cuerpo físico y para que el pensamiento del espíritu se transmita a los órganos físicos : este elemento lo denominó Allan Kardec, Perispíritu, siendo este el mismo Cuerpo Espiritual que mencionó S.Pablo, y que acompaña y moldea al Ser espiritual, dándole forma y límites en el espacio o dimensión en la que habita. El Periespíritu viene a ser un segundo cuerpo de energía semi-material, semejante al cuerpo físico con el que se acopla.
La palabra espíritu, es el vocablo utilizado para referirse al más íntimo Yo del Ser Humano. Este Yo individualizado que somos todos, es pura energía psíquica que constituye el ser individual en cada persona, definido como el Principio Inteligente del Universo, es consciente, pensante y dotado de sentimientos e inteligencia y de voluntad propias que desarrolla a lo largo de su recorrido evolutivo. Contiene en sí mismo la “Chispa Divina” o Ego Superior que existe en nosotros; y en contrapartida u oposición a este, también tenemos el Ego Inferior, que viene dado por la materia y constituye las tendencias e instintos de origen animal.
El cuerpo sutíl o Periespíritu que acompaña al Alma, le hace mantener la misma forma del cuerpo material que moldean y al cual acompaña durante su desarrollo desde el estado embrionario, y después durante el resto de su vida humana, siendo este además, la causa de la cohesión celular de la materia viva.
Todos, en esencia, somos Espíritus, o sea, somos una Unidad Individualizada de Energía psíquica pensante, e inteligente, dotada de unos sentimientos que se han ido desarrollando y se han ido consolidando con el trascurrir de sus existencias humanas, poseyendo voluntad propia y permaneciendo en continuo proceso de perfeccionamiento hacia grados más elevados de desarrollo y perfección.
Por lo dicho, no es que los humanos tengamos un alma, sino que en realidad somos un alma que tenemos un cuerpo material y transitorio, y esta es la que evoluciona mediante el acopio de sus experiencias y perfeccionamientos, a lo largo de un proceso de aprendizaje y desarrollo ilimitado.
El espíritu animal se hace Espíritu humano cuando finalmente se individualiza a partir del más elevado estado evolutivo alcanzado en las más evolucionadas especies animales. En un comienzo pre-humano, el espíritu debió formar parte del alma grupal de ciertas especies
El ser humano aún conserva algunos vestigios procedentes de su pasado animal, tanto en su alma, como incluso en su cuerpo material que, por ejemplo, en su configuración física durante la etapa de embrión, no se diferencia de los embriones de algunas especies animales.
El Espíritu humano aunque parcialmente libre en muchos momentos de su existencia humana, vive la mayor parte de su tiempo como encerrado en la materia, en donde solamente es a través de los sentidos corporales como puede comunicarse con el mundo exterior que le rodea. El ser humano también posee unos sentidos psíquicos, pero estos están normalmente adormecidos por la materia de su cuerpo carnal.
Los Espíritus libres de la materia carnal, o desencarnados, poseen ciertas facultades para nosotros extraordinarias, tal como poder atravesar la materia; el poderse trasladar en el espacio instantáneamente solo por acción de su pensamiento y voluntad, de modo que pueden ver, oír, sentir y percibir, no solamente por los órganos sensoriales que mantienen en el Periespíritu, sino a través de todo su Cuerpo Espiritual. Esto permite que sus percepciones sean más claras e instantáneas que las nuestras, así como el poder de comunicarse entre ellos sin necesidad de palabras sonoras, debido a que sus pensamientos son formas de energía que se reflejan en su cuerpo espiritual, de modo comparable a una imagen que se refleja en un espejo. Los conceptos de espacio y de tiempo, para ellos son muy diferentes a los de los Seres encarnados, pues el espacio físico no existe en el plano espiritual, y el tiempo para ellos es un estado permanente presente.
Los Espíritus de orden superior están libres de inclinaciones y atracciones físicas; se podría decir que permanecen alejados de lo material. No así los de orden inferior que permanecen aún sujetos a las pasiones y sensaciones de la materia, sufriendo muchas veces por las carencias que la materia les podía brindar.
El Alma o espíritu encarnado con su correspondiente Periespíritu, es también conocida por algunas escuelas esotéricas, religiones y filosofías, bajo los nombres de: Psicosoma, Cuerpo Astral, Cuerpo Emocional, etc.
Así como el cuerpo físico está formado
por elementos materiales de la Tierra, el
cuerpo espiritual
(Periespíritu), lo está por la sustancia o energía tomada por
el Ser en el mundo psíquico o
espiritual.
“ Los conocimientos parapsicológicos
demuestran ,entre otras cosas, que la
concepción hasta hoy oficial de
que un alma es pura y simplemente una función cerebral, es falsa”. - Karl Gruber –
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