El pensamiento es nuestra capacidad creativa en acción. En cualquier tiempo, es muy importante no olvidamos de eso. La idea forma la condición; la condición produce el efecto; el efecto crea el destino.
Su vida será siempre lo que usted esté pensando constantemente. En razón de eso, cualquier cambio real en sus caminos, vendrá únicamente del cambio de sus pensamientos.
Imagine su existencia como desea que deba ser y, trabajando en esa línea de ideas, observará que el tiempo le traerá las realizaciones esperadas.
Las leyes del destino le traerán de vuelta todo aquello que usted piense. En esta verdad, encontramos todo lo que se relacione con nosotros, tanto en lo que se refiere al bien como al mal.
Observe y verificará que usted mismo atrajo hacia su campo de influencia todo lo que usted posee y todo aquello que hace parte de su cotidiano.
Dios es Amor y no castiga criatura alguna. La misma criatura es que se culpa y se corrige, ante los falsos conceptos que alimente con relación a Dios.
En nuestro íntimo, la libertad de escoger es absoluta; después de la creación mental que nos pertenece, es que nos reconocemos sujetos a ella.
El Bien Eterno es la Ley Suprema; manténgase en el bien a todo y a todos y la vida se le convertirá en fuente de bendiciones. A través de los principios mentales que nos rigen, de todo aquello que damos de nosotros a los demás recibimos de los demás el céntuplo.
RESPUESTAS DE LA VIDA
Por el espíritu de: Andre Luiz
Psicografíado: Francisco Cándido Xavier
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La religiosidad es inherente al hombre Bajo las mas diversas formas y en todas las épocas, la Humanidad procuró relacionarse con la Divinidad. Por mucho tiempo imperó la idea de que Dios debería ser temido. El Creador era representado, por muchas tradiciones, como cruel y vengativo. Jesús reformuló ese concepto al hablar de un Padre amoroso y justo. Convidado a indicar el mayor mandamiento de la Ley Divina, Él sentenció: Amar a Dios de todo corazón, con toda el alma y con todo el Espíritu. Y también amar al prójimo como a sí mismo. Es interesante anotar que , en vez de uno, Cristo presentó de una vez, dos mandamientos. Uno habla del amor a Dios y el otro del amor al prójimo. Eso prueba que tales mandamientos están entrelazados: El amor al prójimo complementael amor a Dios y viceversa. Según el Maestro Nazareno, Dios debe ser amado con todo el corazón, toda el alma y todo el Espíritu. Se percibe ese amor como muy intenso y profundo, que reclama la criatura por entero. El sentimiento por si solo no basta. Cuando se quiere enfatizar el aspecto emocional se habla del corazón. Pero la Divinidad no se debe dar solo en el corazón. Todo Espíritu necesita estar empeñado en esa relación. Según el diccionario, uno de los significados de Espíritu es el conjunto de facultades intelectuales. Esta es una acepción hasta cierto punto común. Muchas veces se afirma que una persona tiene espíritu. Esa expresión indica que es inteligente, perspicaz, que posee raciocinio rápido. Se concluye que el amor a Dios envuelve la razón, el discernimiento y el intelecto. El Espiritismo enseña que Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas. No se trata de una personalidad, a semejanza de los hombres, sino de una Consciencia Cósmica. El aprecio por una personalidad humana, frecuentemente vanidosa, puede ser demostrado por gestos exteriores. En relación a la Consciencia Cósmica, revestida de características humanas, eso no se da. Como Dios es la Inteligencia Suprema del Universo, el amor por Él implica el esfuerzo por desarrollar la propia inteligencia. Así, la religiosidad es incompatible con el cultivo deliberado de la ignorancia. Dios dotó a sus criaturas con dones maravillosos, los cuales precisan ser valorados. El don que distingue a los hombres del resto de la Creación, es su intelecto desenvuelto y su razón. El amor a Dios presupone respetar al mundo y a los seres que Él creó. Y también, lógicamente , el esfuerzo para entender ese Mundo y las leyes que lo rigen. Todo en el Universo es progreso y metamorfosis. Especies animales y vegetales, las sociedades y las leyes humanas, todo se altera y perfecciona. El papel de cada hombre es colaborar en ese proceso de mejoramiento. Para eso, necesita mejorar su intelecto. Al crecer entendimiento y comprensión, se ensancha de admiración ante la grandeza y sabiiduría Divinas. Pero el amor al prójimo complementa el amor a Dios. Las facultades desenvueltas por el estudio y la observación, deben ser utilizadas en beneficio del semejante. Así, para cumplir bien el mandamiento del amor, procure desarrollar su inteligencia. Estudie una lengua, haga un curso, lea un libro, ilústrese. Encántese con las maravillas que lo rodean. Y utilice sus talentos en favor del prójimo. Redacción de Momento Espírita. ********************* " La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia..."
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Más allá de la facultad de escuchar con los oídos, se pude hacer también con la mente, con la emoción, con interés, con malicia, con desanimo, con resentimiento, con alegría, con el corazón…
El arte de oír es muy complejo.
Normalmente se oyen informaciones pensando en otras cuestiones que predominan, desviando la atención e impidiendo que se fijen las impresiones de aquello que se informa.
Algunas veces, se oyen las narrativas que son presentadas con estado de espíritu crítico y perdiéndose los mejores contenidos, porque no están de acuerdo con el pensamiento y la conducta de quien escucha.
En diversas oportunidades, se oyen a las personas con indiferencia, pensando en los propios problemas e inquietudes, distantes del sufrimiento ajeno, por considerarse muy grande el propio.
Es común oír por obligación social o circunstancial, estando en otro lugar y situación mental, aunque físicamente estemos al lado.
Las criaturas humanas conviven unas con las otras, manteniéndose siempre extrañas, no consiguiendo salir de la propia cárcel en donde restringen los pasos, sin embargo preservando la apariencia de libres.
Por consecuencia, la soledad y la depresión aumentan en razón directa en que se engrandecen los grupos sociales, siempre ávidos de novedades y capacidades transitorias, casi ningunas cosas.
La saturación que proviene del mismo, de las actividades respectivas, sin embargo de alta gravedad, que terminan por transformarse triviales para quien las escucha, responde por el aturdimiento y desinterés de aquellos que se colocan en la posición de oyentes.
Especialmente las personas que escuchan las narraciones de los sufrimientos humanos, de tal forma se acostumbran con los dramas y tragedias que, por mecanismos defensivo, se distancian de los hechos y ofrecen palabras destituidas de emoción y de significado, que momentáneamente atienden a los afligidos, sin confortar con seguridad.
Es comprensible esa actitud, porque también son individuos que sufren presiones, angustias, ansiedades y organizan programas de felicidad que no se completan como les gustaría.
Se tornan de ese modo, oyentes insensibles.
Despertando para la circunstancia aflictiva, de la que ellos también necesitaran de servidos y orientados, en la soledad en que se encuentran, en las necesidades a la que están expuestos, son inducidos a hacer una evaluación de conducta, mudando de actitud en relación a aquellos que los buscan.
Pasan entonces a oírlos con el corazón.
Esto es, participan de la narrativa del otro con el espíritu solidario, saliendo de la propia soledad.
¡Oír con el corazón!
Quien narra un drama es gente que, como tal, debe ser considerada.
No es un caso más, un cliente, un necesitado, una pesadilla de la cual se debe uno descartar.
Está sobrecargado y no sabe como proseguir. Necesita ayuda. Requiere atención.
Puede ser molesto para quien oye. No en tanto, una palabra dicha con el corazón consigue el milagro de modificarle la visión en torno de lo que le ocurre, animándolo para proseguir en el cometido.
Una sonrisa de comprensión le da una señal de que está siendo atendida y encontró a alguien que con ella simpatiza y se dispone a ser su amigo.
Escasean los amigos, los afectos verdaderos.
Se multiplican aquellos que hacen parte de los muertos vivos de la sociedad consumista, cuando ella necesita de seres que piensen que sientan, vibrando en espíritu de solidaridad.
Cada persona es un país a conquistar y a ser conquistado.
Particularmente, cuando está fragilizada, aislada en la isla de su aflicción, perdida en la fijación del sufrimiento, ansia por alguien que le pueda arrancar el ancora infeliz que le retiene la embarcación existencial en ese peñasco sombrío.
Solamente cuando se puede oír con el corazón, es que el mensaje encuentra resonancia y puede repercutir en le lama que llora.
No pocas veces, el cansancio que a todos acomete, la irritación que se deriva de los problemas cotidianos o malestar proveniente de los problemas existenciales arma al individuo de indiferencia por su prójimo, tapándole los oídos del corazón.
Jesús lo dijo con mucha propiedad… Ellos tienen oídos, más no oyen.
Los suyos son oídos bloqueados para el mundo exterior, en razón de los conflictos internos y de los estridulas sonidos morales que estremecen y agonizan.
Hay, no en tanto, una forma par el cambio de conducta, beneficiándose y auxiliado a los demás.
Procura oír en cada ser una historia, como si fueses un escritor, un periodista, alguien interesado en la otra vida.
Descubrir lo nuevo, lo inusitado en su prójimo, con ojos más expectantes, penetrando en el amago de la ocurrencia.
Dejarse inspirar por el otro, por su necesidad, por su aflicción, por su alegría y mensaje, cuando eso ocurra.
Más a allá de oir, ofrecer algo a cambio: una palabra alentadora, un gesto fraternal en forma de abrazo, una sonrisa compasiva, cualquier cosa que responda al suplicante de manera encorajada.
Ampliar el corazón en el rumbo de quien habla o de quien apenas, en silencio, demuestra su terrible aflicción.
Oír con el corazón es también una forma feliz de hablar con el corazón, mediante o no el uso de las palabras.
Es vibración de amor que se expande y que retorna en música de solidaridad.
*********
Los médicos, invariablemente utilizando el estetoscopio, auscultan el corazón de su pacientes, más raramente escuchan el mensaje discreto que el transmite, pidiendo socorro fraternal, ayuda emocional, bondad estimuladora…
Aprende, tu, a oír con el corazón, todo cuanto los otros corazones están procurando decirte.
Descubrirás un mundo totalmente nuevo, enriquecedor, en el cual te encuentras y aun no habías percibido, alegrándote con la honra inmensa de estar en él y ayúdalo a ser cada vez más feliz.
Extraído del libro de Divaldo Pereira Franco “Directrices para el Éxito” Joanna de Angelis Espíritu.
Traducido por Merchita.
Parte de una conferencia dada por el hermanos Alfredo: Espiritismo ; "Como yo te siento"
Gracias, Espiritismo, por tus enseñanzas que me alientan cada día de mi vida, por tus consuelos y por tus esperanzas al mostrarme que morir no es una despedida. Por la seguridad tan grande que me da tu Fe que satisface a mi corazón y a mi cabeza porque yo no simplemente creo, sino que sé que al llegar la muerte, la vida empieza. Por esta certeza que siempre me acompaña: saber que yo ya he existido ayer, saber que yo también existiré mañana y saber que tú y yo nos volveremos a ver. Por decirme que mi destino y procedencia
es igual que la de cualquier ser humano, que si entre ellos y yo no hay diferencia, es porque mi semejante es mi hermano. Y si he cometido contra él algún error ahora tengo el presente para rectificar, donde ayer puse odio ahora pongo Amor y si en su día no amé, hoy me toca Amar. Y entonces comprendo que ese sentimiento no puede ser producto del azar o de la suerte, es imposible que lo que yo pienso y siento sea casualidad ¡NO! ¡Es algo mucho más fuerte! Porque es el alma eterna la que siempre ama,
es el espíritu eterno el que piensa y razona, y es otro espíritu el que a mí me llama y es otra alma la que a mí me emociona. Porque mi cuerpo en la tierra desaparece y con él mi cerebro y mi corazón carnal, pero la razón y el sentimiento jamás perece ¡Porque es propiedad del espíritu inmortal! Alfredo (Barcelona)
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Si Jesús Cristo y los primeros cristianos aceptaban la reencarnación, nos preguntamos entonces, por qué esta verdad se perdió en algún momento y por qué no forma parte de la teología cristiana oficial hoy en día.
La respuesta a esa pregunta hay que comenzar a buscarla en los eventos históricos que siguieron al Primer Concilio de Nicea en el año 325 AC, cuando el emperador romano Constantino decidió convertir el cristianismo en la religión oficial del imperio.
Sobre este tema se ha escrito mucho recientemente gracias al trabajo de historiadores y eruditos, los cuales han contribuido a una mejor comprensión de los orígenes del cristianismo apoyándose en nuevos documentos de gran valor histórico como son los códices gnósticos descubiertos en Nag Hammadi (Egipto) en 1945, que incluyen varios nuevos Evangelios, y a los Pergaminos del Mar Muerto encontrados en Qumrán a partir de 1947.
Por ejemplo, el libro Children’s Past Lives, de Carol Bowman y Steve Bowman en el capítulo 14,
“Dogma bites man”, resume muy claramente cómo ocurrió ese proceso (http://www.childpastlives.org/
Representación de las vidas múltiples del Espíritu
EL DOGMA MUERDE AL HOMBRE
El asombroso carisma de Jesús Cristo y su ministerio de buena-nueva cambió profundamente las vidas de los que lo conocieron y siguieron. El entusiasmo y espíritu de los primeros cristianos se extendió por el Oriente Medio hasta que lo que comenzó como un inspirado culto de judíos en la polvorienta Judea creció hasta convertirse en un movimiento religioso revolucionario que abarcó todo el imperio romano.
A medida que las ideas se dispersaban, se colaban a través de las prácticas y teologías de las religiones existentes y tomó formas que Jesús no hubiera reconocido —especialmente la institución del sacerdocio para mediar entre el hombre y Dios.
Durante los primeros tres siglos de la era cristiana, no existía una sola doctrina cristiana, la teología y doctrina cristiana —interpretaciones de las enseñanzas de Cristo mezcladas con ideas de otras filosofías y religiones—eran intensamente debatidas al menos por los primeros trescientos años.
Muchos de los pilares de la fe que los cristianos toman por dado hoy eran, durante este largo período de flujo, simplemente otro punto de vista más entre muchos.
Es un hecho que algunas sectas cristianas y escritores aceptaban la reencarnación como una extensión de las enseñanzas de Cristo. Orígenes de Alejandría, uno de los aclamados Padres de la Iglesia y descrito por San Gregorio como “el Príncipe de la enseñanza cristiana en el tercer siglo”, escribió:
“Cada alma viene a este mundo fortalecida por las victorias y debilitada por las derrotas de sus vidas anteriores”.
Entonces, si la reencarnación era una idea en circulación entre los primeros cristianos, ¿por qué ha desparecido de la religión cristiana tal y como la conocemos hoy?
A principios del siglo IV, las más fuertes facciones cristianas pugnaban unas con otras por influencia y poder, mientras que al mismo tiempo el imperio romano se desmoronaba. En el año 325 aC, en una movida para tratar de renovar la unidad del imperio, el dictador absoluto Emperador Constantino convocó a los líderes de las facciones Cristianas en pugna al Concilio de Nicea.
Él les ofreció lanzar todo su poder imperial a favor de los cristianos si ellos resolvían sus diferencias y acordaban un credo único.
Las decisiones que se hicieron en este concilio crearon la fundación de la Iglesia Católica Romana. (al poco tiempo, los libros de la Biblia serían editados y “corregidos” también).
A favor de la unidad, todas las creencias que entraran en conflicto con el nuevo credo serían descartadas; en el proceso las facciones y los escritos que soportaban la reencarnación fueron desechados.
Entonces, con el aplauso y el apoyo de los líderes cristianos, Constantino procedió a eliminar las religiones competidoras, haciendo su dominio personal sobre el imperio aún más absoluto.
El resultado de este matrimonio entre Iglesia e imperio estatal trajo como resultado una nueva Iglesia hecha a la imagen del autocrático imperio romano.
Éste es el porqué de que, según algunos historiadores, la Iglesia exalta la autoridad central no cuestionada, impone un único credo dogmático, y trabaja tan duro para eliminar las ideas divergentes. Esto es muy importante porque la reencarnación cayó fuera del credo oficial.
Aparentemente algunos cristianos continuaron creyendo en la reencarnación aun después del
Concilio de Nicea, porque en el año 553 aC la Iglesia tuvo la necesidad de enfrentar de nuevo el concepto de la reencarnación y condenarlo explícitamente.
En el Segundo Concilio de Constantinopla el concepto de la reencarnación, unido con otras ideas bajo el término “preexistencia del alma”, fue decretado como un crimen merecedor de la excomunión y condenación (anatema).
Cita: “Si alguna persona afirma la fabulosa preexistencia del alma, y afirma la monstruosa restauración que sigue; que esa persona sea anatema.”
¿Por qué la Iglesia se esfuerza tanto en desacreditar la reencarnación? El impacto psicológico de la reencarnación puede ser la mejor explicación.
Una persona que cree en la reencarnación asume responsabilidad por su propia evolución espiritual a través del renacer.
Él o ella no necesitan sacerdotes, confesionarios o rituales para evitar la maldición (ideas estas que por cierto no son parte de las enseñanzas de Jesús).
Esa persona necesita solamente ocuparse de sus propios actos hacia él mismo y hacia los demás.
Creer en la reencarnación elimina el miedo al infierno eterno que la Iglesia usa para disciplinar a su rebaño. En otras palabras,
la reencarnación directamente socava la autoridad y el poder de la dogmática Iglesia.
No es de extrañar entonces que la reencarnación ponga a los defensores de la fe tan nerviosos.
A pesar del decreto del 553, la creencia en la reencarnación persistió entre los creyentes de fila.
Hicieron falta otros mil años y mucho derramamiento de sangre para completamente borrar la idea.
A principios del siglo XIII, los cátaros, una devota e iluminada secta de cristianos que creían en la reencarnación, floreció en Italia y en sur de Francia. El Papa lanzó una cruzada para detener semejante herejía, medio millón de personas fueron masacradas, villas completas de una sola vez, y los Cataros fueron totalmente barridos del mapa.
Esta purga impuso el tono de la brutal Inquisición que comenzaría pronto. No sólo la creencia en la reencarnación era causa de persecución, sino cualquier idea metafísica que cayera fuera del dogma de la Iglesia.
La criminal eficiencia de la Inquisición demostró ser efectiva. La persecución por parte de la Iglesia institucional amedrentó nuestra psiquis colectiva y nos rodeó de una cerca invisible que separa lo que es seguro de lo que es peligroso de creer.
Desde entonces, las personas que albergan ideas prohibidas han aprendido a mantener esos pensamientos para ellos mismos.
Nuestra memoria cultural aún recuerda el miedo a la represión por ser asociado públicamente con cualquier práctica de ocultismo, por usar los poderes psíquicos, o por creer en la reencarnación.
He aquí la fuente del doble estándar moral.
No es sorpresa entonces que muchas personas hoy creen en la reencarnación privadamente pero temen que si se hace público, serán atacados por ser diferentes o raras (la palabra moderna para herejía).
Tal vez si comprendemos de donde viene ese miedo, podremos negarle su control sobre nosotros y apagar esa cerca invisible. Entonces cuando nuestros niños hablen de vidas pasadas, podamos seguir nuestro corazón y no nuestros miedos —y le creamos.
Tomado del libro “La Sociedad Espiritista Cubana”
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta, desde Venezuela
" Las criaturas humanas que solo trabajan para sí mismas, aún no superaron la condición animal. Viven y trabajan, mas no existen. Porque existir es una forma superior de vivir, que incluyen en su concepto plena conciencia de las actividades desarrolladas con finalidades transcendentes."
( De la obra: Curso dinámico de Espiritismo, de Herculano Píres ).
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Hasta tanto no apliquemos el verdadero concepto de educación, que se estructura en mente-cuerpo-espíritu, haríamos bien en tener en cuenta nuestra parte trascendental, convivencial, nuestro ser íntimo que late y se irradia más allá del ropaje celular que nos cubre momentáneamente para nuestra singladura por el mundo de las formas.
Todos buscamos la felicidad, solo que, con frecuencia, lo hacemos por los senderos menos acertados, donde, quizá, materialmente, saquemos algún provecho temporal pero, a menudo también, hacemos que nuestra alma se quede "anestesiada"... Pesadamente comprometida ante las leyes superiores de orden y equilibrio que rigen el Universo.
Pese a que, aparentemente, hemos alcanzado un nivel de conciencia menos primitivista y estamos rodeados de un evidente adelanto tecnológico y de recursos, aún no nos hemos liberado del "hombre viejo" caprichoso y egoísta que tanto nos hizo caer en pasadas existencias. Aún, la sutil seducción del halago nos ronda el alma y, (la efímera y llena de trampas) melodía del poder y el "bienestar", en su acepción más materialista, nos atrae poderosamente... Y es así como por conseguir una serie de cosas o metas que creemos irresistibles y/o imprescindibles, nos empeñamos incluso moralmente, por conseguirlas, aunque con el paso del tiempo (y el tiempo nos coloca exacta y puntualmente ante aquello que hemos obviado o que aún no hemos hecho bien) toda conquista externa no nos bastará para llenarnos por dentro. Sólo las conquistas morales nos enriquecen y nos cubre de verdadera plenitud.
Eduquémonos en la libertad y honestidad, y eduquemos a nuestros hijos no para el espejismo del poder, sino para la verdadera felicidad, la que nace del equilibrio, la fe y la auto aceptación que nos salva de caer en las redes de la insatisfacción y el abuso.
Si realizamos una rápida visión del panorama social y cultural que nos rodea, nos vemos forzados a reconocer que cada vez es más difícil ser uno mismo sin perder identidad frente a los numerosos "bastones psicológicos" que, jóvenes y no tan jóvenes necesitan para sentirse realizados ante la avalancha que nos "vende" el sector más utilitarista de la llamada "sociedad de consumo"... La verdad es que nada nos impide el adquirir tal o cual cosa que, simplemente, nos apetezca tener y disfrutar; distinto es que por no obtenerla, nos sintamos inferiorizados o desconsiderados... Lo cierto es que el exhibir cierta marca de ropa o jactarnos de la casa en que vivimos, no habla, precisamente, de personalidad brillante ni de fortaleza interior.
Ni el "estatus" (académico, social, económico), por brillante que sea, ni las adquisiciones materiales por atractivas que sean, harán el trabajo principal para el cual nos comprometimos antes de encarnar: mejorar la "calidad" de nuestra alma en las luchas contra la ambición, el orgullo y las pasiones menos trabajadas. Si dejamos esto por otras cosas, lamentaremos los amargos dardos internos de las oportunidades perdidas.
Tendemos (por atavismos milenarios) a inclinarnos por aquello que, justamente, tiene fecha de caducidad: el cuerpo y los bienes terrenales... Justo lo que se extinguirá un día, no importa los años que hayamos invertido en ello. Y, por el contrario, tendemos a dejar a un lado con increíble facilidad, justo aquello que hemos venido a "pulir": nuestro propio espíritu, nuestro YO real.
Los Mentores de luz y amor no se cansan de advertirnos con paciencia y sabiduría ejemplar, propias de las almas elevadas, que intentemos vivir lo mejor posible (dentro de los límites que imponen el respeto a los demás y el equilibrio de las cosas) pero que no olvidemos nuestro ser interior, nuestro alma, pues es por ello, para elevarla, que una nueva encarnación en la escuela de la vida material se programó con el beneplácito de lo Alto... Cuando pasemos al "otro lado", la verdadera realidad de la vida, al mundo de las causas que envuelve el nuestro, (de donde todo proviene, incluidas las matrices originales de la vida) se nos preguntará que hemos hecho para vencer nuestras malas inclinaciones; se nos preguntará si aprovechamos los recursos que fueron colocados en nuestro camino para instruirnos, para donar a los menos favorecidos, etc... Entonces, como tantas otras veces, una serie de imágenes desfilarán ante nuestros paneles mentales, y seremos testigos de los éxitos y los fracasos y, con frecuencia, dada nuestra torpe e inmadura elevación espiritual y mental, también muchos seremos perplejos y desnudos observadores de las variadas oportunidades de crecimiento interior que fueron desperdiciadas, de una manera abierta o engañándonos ingenuamente para sentirnos más disculpados...
La búsqueda del éxito (cuando se presenta de una manera desordenada, obsesiva), en ocasiones, puede ser una "fuga" más como el alcohol, el sexo desmedido o las drogas, aspectos que no atienden a las necesidades reales, aquellas que predominan en la naturaleza humana y tienen transcendencia, en razón de su origen, del ser espiritual que somos.
El verdadero significado de la dicha, de la paz y la conquista, se establece, no en lo que poseamos, sino en la liberación de las que nos angustian y de los miedos que nos aturden.
No dejemos pasar las invitaciones de la vida, que a todos acude y, que se expresa de mil maneras distintas, para instruirnos y crecer en la práctica de la solidaridad de las almas (una de las propuestas espíritas), la práctica del bien, la auto-vigilancia de nuestros instintos menos felices, etc... Así, cuando atravesemos los portales de la vida física y nos transfiramos a los parajes espirituales, no lamentaremos con nostalgia y pesar todas las veces que no fuimos justos y humildes, dejándonos llevar por la (sutil pero eficiente) trampa de las sombras que, conocedoras de nuestras debilidades, operan eficientemente para apartarnos lo más que pueden de los operarios de la luz mayor, que respetando nuestro libre albedrío, nos dejan actuar como buenos servidores de Jesús o como ingratos personajes que todo nos creíamos merecer.
Sacudamos nuestra conciencia y asumamos la gran responsabilidad que nos brindan. Mucho le es pedido al que mucho se le ha dado...
No dejemos que la vanidad y los intereses personales nos desvíen de esa misión que nos trajo al mundo, en una coyuntura social y política tan complicada como la que atraviesa nuestro planeta. De alguna u otra manera todos hemos contribuido (en existencias pretéritas) a que los fantasmas de la violencia, el hambre y la ira se extiendan por los territorios del hombre de este siglo XXI que, apenas, estrenamos... ¿cuál será nuestro papel en esta nueva reencarnación? ¿Cómo contribuiremos a anular todos esos abusos que practicamos y/o el bien que pudimos hacer y no hicimos? Los espíritas tenemos la brújula más segura. ¿Empezamos? En estos tormentosos días, se torna tan urgente como inaplazable un esfuerzo generalizado a fin de restaurar los valores éticos-morales, culturales y espirituales de la Humanidad, que vienen sufriendo contundentes combates de exterminio.
El hombre de la tecnología y de la biónica, de la cibernética y de la ingeniería genética, ensoberbecido por las conquistas de la inteligencia, resbala, lamentablemente, en los tormentos psicológicos característicos de la pérdida de la dirección de si mismo y de los objetivos esenciales de la vida.
Fascinado por las conquistas exteriores, no se da cuenta de los perjuicios internos que lo consumen, por falta de estructura emocional para soportar las presiones derivadas de los factores degenerativos por él mismo generados.
En estos días, hay glorias del intelecto y observaciones del sentimiento, aguardando orientación.
El Espiritismo llega en el justo momento, para invitarte a una revisión de conceptos, así como a una profundización consciente y seria de la realidad de si mismo, en la condición de ser inmortal que eres.
Un miembro de la Federación Espírita Española
Como las enseñanzas contenidas en el Evangelio según el Espiritismo, son claras y objetivas,nadie puede pretextar ignorancia y dificultad para estudiarlos y apreciarlos con su propia razón. Los Buenos Espíritus fueron encargados por Jesús, sobre su propia supervisión y comando, de preparar el Reino de Dios para evitar que supuestos enviados del Señor vengan a interpretar lasLeyes de Dios y falsear la ley del amor al sabor de sus pasiones. -Antonio Lima-
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Desde hace varias décadas, en África, se producen una serie de conflictos armados, que al igual que sus periódicas hambrunas parecen no merecer mayores comentarios en la opinión pública occidental. De ellas, el Genocidio de Ruanda y la Guerra del Congo que involucró a Angola, Zimbabwe, Uganda, Ruanda y Namibia, fueron las más terribles y devastadoras.
Más de tres millones de personas murieron entre 1998 y 2002 en la selva congoleña por actos violentos, hambre y enfermedades en el más mortífero conflicto surgido en el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, los gobiernos de esos países fueron un claro ejemplo de anarquía, abusos y dictaduras, como lo demuestra el hecho de que curiosamente en 1984 Mobutu declaró tener depositados en Suiza, unos 4.000 millones de dólares, una cantidad similar a la deuda nacional que tenía.
El odio entre diferentes etnias, hizo que hombres de todas edades se transformaran en verdugos, asesinando salvajemente a niños, mujeres y ancianos, sin mostrar la más mínima compasión.
Esta mezcla entre dictadores sanguinarios y crueles exterminadores, forman una combinación letal, donde el más perjudicado siempre es el pueblo, que nada tiene que ver con las aspiraciones y ambiciones de unos y de otros.
Pero no hace falta ir tan lejos, ni retroceder en el tiempo. Aunque no se manifieste esta extrema crueldad, hoy en día podemos ver a muchos gobernantes a los cuales no les importa el sufrimiento del pueblo, no piensan en los que no tienen nada y lo más indignante es que si quisieran podrían arreglar muchas cosas, pero por alguna razón que no consigo entender, no lo hacen. Y todas estas cosas son solo un ejemplo de las distintas atrocidades que el ser humano es capaz de cometer.
Cada vez que escucho que una o más muertes se producen en nuestro mundo por el desinterés de quienes podrían evitarlas, o por los que matan sin escrúpulos por interés económico, o por la indecisión de unos pocos que dejan al azar el destino de los que más sufren, no consigo comprender cómo pueden vivir tranquilamente, cómo pueden dormir sin que su conciencia les moleste, porque la mayoría de nosotros sufrimos y nos sentimos mal cuando vemos por la televisión que un niño o un anciano están sufriendo penalidades, hambre o frío.
Comencé a investigar sobre el tema y entendí que es una «cuestión de conciencia». Ni más, ni menos.
En nuestra mente se libra permanentemente, una batalla entre el «bien» y el «mal». Los dos quieren tener el control; el «bien» quiere lograr que hagas las cosas de tal manera que llegues a ser una persona íntegra, respetable, con valores y moral; pero el «mal» quiere empujarte a lo peor. Su deseo es que llegues a ser un ladrón, asesino, drogadicto, alcohólico, estafador, mentiroso, maldiciente, calumniador. Que odies aún a tus seres queridos, que no tengas compasión, ni sentimientos por nada ni por nadie. En definitiva, quiere hacer de ti un ser destructivo y autodestructivo.
Aunque te parezca irreal, todo esto ocurre en nuestra mente. Luego depende absolutamente de nosotros tomar la decisión final, es decir, ejercitar la voluntad y determinar a quién obedecemos.
Si seguimos las instrucciones del «bien» viviremos de manera transparente, nos moveremos por amor y sentiremos paz en nuestro corazón. Pero tomar esta decisión no es tan fácil, porque tu propio entorno, tus amigos y compañeros, pondrán infinidad de razones para hacerte ver, que lo que estás haciendo son puras tonterías y te dirán que «tienes que disfrutar de la vida», «no hay nada malo en eso», «los demás lo hacen» cualquier cosa para que sigas los consejos del «mal». Incluso te dirán que es la única manera de evitar los sufrimientos innecesarios y ser feliz.
No creo que haga falta decirte de dónde vienen los pensamientos y razonamientos que nos impulsan al «mal». Pero lo que sí quiero decirte, es que nuestra conciencia debe ser permeable a todo lo que venga de parte de Dios. Es decir: vivir de acuerdo a esos buenos pensamientos y principios que aparecen en nuestra mente y que nos impulsan a todo lo bueno, porque además de ayudarnos a vivir de la mejor forma posible, nos ayudarán a ir desplazando esas tentaciones que tarde o temprano tienen graves consecuencias.
Es muy posible que de pronto empieces a pensar que actuar de esta forma es una tontería, o que el «bien» es cosa de religiosos y santurrones. Si eso ocurre, ten cuidado, porque no solo te estás metiendo en problemas, sino que además te estás inmunizando a la voz de Dios y no solamente aceptarás el «mal», sino que acabarás llamándole «bien»
Esto es lo que le sucedió a tantos y tantos personajes siniestros de la historia. Personas normales como tú y yo, que en un momento determinado dejaron de escuchar la voz de Dios que les aconsejaba como debían actuar y empezaron a «sintonizar» otra voz.
Esa es la razón por la que a pesar de las atrocidades que cometen, pueden descansar, porque han terminado por llamar bueno a lo malo y muchas veces también por llamar malo a lo que es bueno y porque su conciencia está totalmente sorda a la voz de Dios.
Tal vez te estés preguntando: ¿Qué tengo que ver yo con esos crueles asesinos y exterminadores de los que estamos hablando? Bueno, en realidad no estamos hablando de personas concretas, sino de lo que hacemos con nuestra conciencia, de lo que hacemos con el «bien» y el «mal» que pugnan en nuestra mente, emociones y voluntad, y eso tiene que ver con todos y cada uno de nosotros.
¿Qué voz escuchas, qué voz rechazas?
«Si te das cuenta de que has estado escuchando y siguiendo la voz equivocada, la que te impulsa hacia el «mal», no te preocupes; pídele a Dios que quite todo aquello que te impide oír claramente Su voz y que te ayude a obedecerle y empezarás a sentir Su presencia y una paz indescriptible»
JOSE LUIS PRIETO
REENCARNACIÓN GILBERTO GELEY
La idea de la reencarnación, está de acuerdo con la anatomía y la fisiología comparadas, las cuales prueban que nada desliga al hombre de los animales y que la idea de que un alma reservada sólo al hombre, es insostenible desde el punto de vista científico. El proceso de encarnación y desencarnación no constituye un privilegio del hombre, sino que es consecuencia de una ley natural y general, que abarca todo lo que piensa, vive y es.
Tomado del libro “La reencarnación”
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El “mal de ojo” se suele tomar como una superstición más, que se encuentra más arraigada entre personas sencillas y mal informadas que creen en una fuerza oculta y maligna que es transmitida a través de la mirada, y puede causar desgracias y dolencias.
Desde que el ser humano existe, siempre sintió la necesidad instintiva de defenderse de fuerzas ocultas que lo rodean, y así se creó un nuevo arte: la brujería. La magia era una forma de defenderse de esas fuerzas misteriosas ante las que el ser humano común siempre se ha sentido impotente para dominarlas. Ya desde antíguo se creía que esa fuerza negativa que alteraba o enfermaba a otra persona le llegaba a través de la potente mirada del que le enviaba esa negatividad enfermiza. Sin embargo, a pesar de parecer una superstición más y sin mucho fundamento, el caso es que siempre han habido y hay muchos casos de repentinas o extrañas dolencias físicas o psíquicas que generalmente se caracterizan por abundantes desperezos, bostezos repetidos, inapetencia, tristeza, depresión, desánimo, “amanecer cansado”, salivación abundante en adultos,etc. En niños además, aparecen otros trastornos, como persistente malestar, fiebre, debilidad, delgadez progresiva, palidez, lloros inexplicables, etc, .
Cuando la Medicina convencional lucha con sus medios sin obtener los resultados apetecidos, y sin embargo cuando una persona afectada es ayudada por alguien capacitado mediante una práctica de un “masaje bioenergético” o de desbloqueo de los Chacras, así como por esas personas que se encuentran en cualquier lugar del mundo actuando como rezadores o terapeutas de esta extraña clase de males, mediante oraciones, aspersiones con agua bendita y toda una serie de rituales mas o menos extraños pero a veces eficaces, porque en muchos casos hacen experimentar una mejoría o curación a partir de ese momento.
El llamado “mal de ojo”, no es sino un desajuste o desequilibrio entre las energías físicas y las psíquicas de quien lo recibe o padece, y es causado por un potencial de energía negativa procedente de otra persona , que a veces aún sin saberlo, descarga su vibración mental hacia el afectado mediante una intensa mirada mientras le acompañan sentimientos de envidias o deseos con una intensidad psicoenergética mayor que la del blanco hacia el que se dirige este disparo psíquico.. Así el aura física de la persona afectada, queda impregnada de una energía que llega a alterar ciertos elementos físicos externos en contacto con el cuerpo físico del afectado o sujeto que ha sido “blanco” de ese disparo psíquico, tal como como sucede en el caso del aceite de oliva que cuando contacta con la mano del afectado, al caer una gota al agua, extrañamente pierde sus propiedades físicas naturales , como lo es la densidad, pues se observa como se disuelve y se mezcla en el agua en vez de quedar flotando sus gotas sobre la misma , como es lo normal debido a la diferencia de densidad entre estos dos líquidos. Este sencillo método es el habitualmente aplicado para confirmar que existe en una persona con un estado de salud alterado, un motivo de esta índole, especialmente en el caso de los niños debido a su mayor sensibilidad y fragilidad energética psíquica y física..
Nuestros malos pensamientos y deseos, pueden corromper , potenciados con la mirada, el aura física y psíquica del afectado, rodeándolas de perniciosos fluidos mentales y psíquicos, y el contacto con estos fluidos de carácter negativo produce malestar y efectos dañinos en quienes se aproximan a nosotros, pues todos los organismos sienten en mayor o menor grado la influencia de la energía psíquica que hay en el ambiente.
El mal de ojo ha llegado a ser seriamente estudiado por diversos hombres de ciencia que se han interesado por este tema, y se han llegado a hacer las siguientes definiciones del mismo: “Cualidad que se atribuye a ciertas personas que causan problemas a quienes miran”; “Fuerza magnética al mirar, utilizada consciente o inconscientemente de modo maléfico”; “ Influencia psíquica de efectos maléficos provocados por la mirada de un poderoso sensitivo sobre personas, animales o plantas”.
G. Peter Murdock, investigador, dice: “El poder de los ojos asombró a las gentes primitivas que lo conocieron, y así se crearon supersticiones al respecto, tal como la Medusa que petrificaba a quien la mirase, o el Calipso y el Basilisco que mataban con mirar. El alma estaba en los ojos y su reflejo era sagrado”.
El Profesor Luis de Cámara Casudo, hace esta impresionante descripción: “ Invisible, obstinado y terrible mal. Es una fuerza irradiante y malévola que el “mal ojado” esparce a su alrededor, consciente o inconscientemente, que mata despacio, como si la energía vital se evaporase lentamente. Arboles, flores, animales, niños, mujeres y hombres, envejecen en pocos meses. Los niños son las víctimas preferidas. Terminan muriendo secos, con la piel apergaminada, consumidos, atontados, babeando entre unos labios delgados, con los ojos entrecerrados, la cara arrugada y rehusando alimentarse. Invisible, obstinado, terrible mal”.
- Jose Luis Martín -
“ Practica las enseñanzas del Maestro Jesús de Nazaret y emanarás vibraciones de bondad y Amor a la Humanidad” - E. Fabián de la Cerda-Guatemala-
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