INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- El bien y el mal
2.-La reina de Oudh
3.- La era del Espíritu
4.- La Obsesión
************************
EL BIEN Y EL MAL
¿Qué definición puede darse de la moral?
«La moral es la regla para portarse bien, es decir, la distinción entre el bien y el mal.. Está fundada en la observación de la ley de Dios. El hombre se porta bien cuando todo lo hace con la mira y para bien de todos; porque entonces observa la ley de Dios».
. ¿Cómo puede distinguirse el bien del mal?
«El bien es todo lo que está conforme con la ley de Dios, y el mal todo lo que de ella se
separa. Así, pues, hacer el bien es conformarse con la ley de Dios; hacer el mal es infringirla».
¿El hombre tiene por si mismo medios de distinguir lo que es bueno de lo que es malo?
«Sí, cuando cree en Dios y quiere saberlo. Dios le ha dado la inteligencia para discernir lo uno de lo otro».
. El hombre sujeto al error como está, ¿no puede equivocarse en la apreciación del
bien y del mal, y creer que obra bien cuando en realidad obra mal?
«Jesús os lo dijo: mirad lo que quisierais que se os hiciese o no se os hiciese; todo se
reduce a esto.. No os engañaréis nunca»
EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS
ALLAN KARDEC
******************************
LA REINA DE OUDH
– En estas Conversaciones suprimiremos de aquí en adelante la fórmula de evocación, que siempre es la misma, a menos que presente – por la respuesta – alguna particularidad.
1. ¿Qué sensación habéis tenido al dejar la vida terrestre?
– Resp. Yo no sabría decirlo; siento aún una turbación.
2. ¿Sois feliz?
– Resp. No.
3. ¿Por qué no sois feliz?
– Resp. Extraño la vida… No sé… Siento un punzante dolor; la vida me habría librado del mismo… Quisiera que mi cuerpo se levantase del sepulcro.
4. ¿Lamentáis no haber sido enterrada en vuestro país y de estarlo entre cristianos?
– Resp. Sí; la tierra de la India pesaría menos en mi cuerpo.
5. ¿Qué pensáis de las honras fúnebres rendidas a vuestros despojos?
– Resp. Han sido muy poca cosa; yo era reina, y no todos han doblado sus rodillas ante mí… Dejadme… Se me fuerza a hablar… No quiero que sepáis lo que soy ahora… He sido reina, sabedlo bien.
6. Respetamos vuestro rango y os rogamos que respondáis para nuestra instrucción. ¿Pensáis que vuestro hijo ha de recobrar un día los Estados de su padre?
– Resp. Ciertamente, mi sangre reinará; es digna de ello.
7. ¿Dais a la reintegración de vuestro hijo al trono de Oudh la misma importancia que cuando estabais encarnada?
– Resp. Mi sangre no puede confundirse con la del vulgo.
8. ¿Cuál es vuestra opinión actual sobre la verdadera causa de la revuelta de las Indias?
– Resp. La India ha sido hecha para ser dueña en su casa.
9. ¿Qué pensáis del porvenir que está reservado a ese país?
– Resp. La India será grande entre las naciones.
10. No ha podido inscribirse en vuestra partida de defunción el lugar de vuestro nacimiento; ¿podríais decirlo ahora?
– Resp. He nacido de la sangre más noble de la India. Creo que nací en Delhi.
11. Vos que habéis vivido en los esplendores del lujo y que habéis estado rodeada de honores, ¿qué pensáis ahora de los mismos?
– Resp. Que me eran debidos.
12. La posición que habéis ocupado en la Tierra, ¿os da otra más distinguida en el mundo donde estáis hoy?
– Resp. Soy siempre reina… ¡Que me envíen esclavos para servirme!… No sé; parece que aquí no se preocupan conmigo… Sin embargo, soy siempre yo.
13. ¿Pertenecíais a la religión musulmana o a una religión hindú?
– Resp. Musulmana; pero yo era demasiado grande como para ocuparme de Dios.
14. ¿Qué diferencia hacéis entre la religión que profesáis y la religión cristiana, con respecto a la felicidad futura del hombre?
– Resp. La religión cristiana es absurda: dice que todos son hermanos.
15. ¿Cuál es vuestra opinión sobre Mahoma?
– Resp. Él no era hijo de rey.
16. ¿Tenía él una misión divina?
– Resp. ¡Qué me importa eso!
17. ¿Cuál es vuestra opinión sobre el Cristo?
– Resp. El hijo del carpintero no es digno de ocupar mi pensamiento.
18. ¿Qué pensáis de la costumbre que sustrae a las mujeres musulmanas de las miradas de los hombres?
– Resp. Pienso que las mujeres son hechas para dominar: yo era mujer.
19. ¿Habéis envidiado alguna vez la libertad que gozan las mujeres en Europa?
– Resp. No; ¡qué me importaba su libertad! ¿Ellas son servidas de rodillas?
20. ¿Cuál es vuestra opinión sobre la condición de la mujer, en general, en la especie humana?
– Resp. ¡Qué me importan las mujeres! ¡Si me hablaras de reinas!
21. ¿Os recordáis de haber tenido otras existencias en la Tierra antes de la que acabáis de dejar?
– Resp. Yo siempre debo haber sido reina.
22. ¿Por qué habéis venido tan rápidamente a nuestro llamado?
– Resp. Yo no lo he querido; se me ha forzado a ello… ¿Piensas tú, entonces, que me hubiera dignado a responder? ¿Qué sois, pues, comparados conmigo?
23. ¿Quién os ha forzado a venir?
– Resp. No lo sé… Sin embargo, no debe haber aquí nadie mayor que yo.
24. ¿En qué lugar os encontráis aquí?
– Resp. Cerca de Ermance.
25. ¿Con qué forma estáis?
– Resp. Siempre como reina… ¿Piensas tú, pues, que he dejado de serlo? Vosotros sois poco respetuosos… Sabed que se habla de otra manera a las reinas.
26. ¿Por qué no podemos veros?
– Resp. No lo quiero.
27. Si pudiésemos veros, ¿os veríamos con vuestras vestimentas, adornos y joyas?
– Resp. ¡Por supuesto!
28. ¿Cómo se explica que habiendo dejado todo eso, vuestro Espíritu haya conservado la apariencia, sobre todo de vuestros adornos?
– Resp. No me han dejado… Soy siempre tan bella como era… ¡No sé qué idea os hacéis de mí! Es verdad que nunca me habéis visto.
29. ¿Qué impresión sentís al encontraros entre nosotros?
– Resp. Si pudiera no estaría aquí: ¡me tratáis con tan poco respeto! No quiero que se me tutee… Llamadme Majestad, o no responderé más.
30. ¿Vuestra Majestad comprendía la lengua francesa?
– Resp. ¿Por qué no habría de comprenderla? Yo sabía todo.
31. ¿Vuestra Majestad tendría a bien respondernos en inglés?
– Resp. No… Entonces, ¿no me dejaréis tranquila?… Quiero irme… Dejadme… ¿Pensáis someterme a vuestros caprichos?… Soy reina y no esclava.
32. Os rogamos solamente que aceptéis en responder aún a dos o tres preguntas.
Respuesta de san Luis, que estaba presente: Dejad a esta pobre alucinada; tened piedad de su ceguera. ¡Que os sirva de ejemplo! No sabéis cuánto sufre su orgullo.
Nota – Esta conversación ofrece más de una enseñanza. Al evocar a esta grandeza decaída, ahora en el Más Allá, no esperábamos respuestas de una gran profundidad, considerando el género de educación de las mujeres de ese país; pero pensábamos encontrar en este Espíritu, si bien no la filosofía, por lo menos un sentimiento más verdadero de la realidad y de ideas más sanas sobre las vanidades y las grandezas de este mundo. Lejos de eso: en ella las ideas terrestres han conservado toda su fuerza; es el orgullo – que nada pierde de sus ilusiones – que lucha contra su propia debilidad, y que debe, en efecto, sufrir mucho por su impotencia.
En la previsión de respuestas de naturaleza totalmente diversa, habíamos preparado varias preguntas que se han vuelto sin objeto. Estas respuestas son tan diferentes de las que esperábamos todos los presentes que no se podría encontrar en esto la influencia de un pensamiento extraño. Además, ellas tienen un sello tan característico de personalidad, que claramente revelan la identidad del Espíritu que se ha manifestado. Podría causar sorpresa, con razón, al ver a Lemaire – hombre degradado y mancillado por todos sus crímenes – manifestar a través de su lenguaje del Más Allá sentimientos que denotan una cierta elevación y una apreciación bastante exacta de su situación, mientras que en la reina de Oudh, cuya posición hubiera debido desarrollar en ella el sentido moral, las ideas terrestres no han sufrido ninguna modificación. La causa de esta anomalía nos parece fácil de explicar.
Por más degradado que fuese, Leimarie vivía en medio de una sociedad civilizada y esclarecida que había reaccionado ante su naturaleza grosera; sin saberlo, había absorbido algunos rayos de la luz que lo rodeaba, y esta luz hizo nacer en él pensamientos sofocados por su abyección, pero cuyo germen no dejaba, por ello, de subsistir. Con la reina de Oudh sucede de un modo totalmente diferente: el medio donde ella ha vivido, sus hábitos, la absoluta falta de cultura intelectual, todo ha debido contribuir para mantener con toda su fuerza las ideas de las que estaba imbuida desde su infancia; nada ha venido a modificar esta naturaleza primitiva, sobre la cual los prejuicios han conservado todo su imperio.
Allan Kardec
Extraído de la “Revista Espirita 1858″
**********************************
LA ERA DEL ESPÍRITU
Indudablemente vivimos la Era del Espíritu. Los que tienen ojos para ver y oídos para oír, perciben claramente al espíritu derramándose sobre toda carne, como dice la propia Bíblia. El Espiritismo, aunque no se considera como el único camino ni la única verdad, percibe más claramente esa verdad, y anticipa en más de un siglo el movimiento de la Nueva Era.
El Espiritismo tiene una fuerza, un vigor extraordinario, y si le prohíben su desarrollo en algún lugar, él esquiva el obstáculo y aparece más adelante.
Vean lo que escribió Allan Kardec sobre la fuerza del Espiritismo en la Revista Espírita de noviembre de 1861:
" La fuerza del Espiritismo tiene dos causas principales. La primera es la que hace felices a los que lo conocen, lo comprenden y practican. Pero como hay muchos infelices, él recluta un ejército innumerable entre los que sufren.
¿ Quieren quitarle ese elemento de propagación?. Que se vuelvan los hombres de tal modo felices, moral y materialmente, que estos no tengan nada más que desear, ni en este, ni en el otro mundo. La segunda es que él no reposa en la cabeza de ningún hombre que pueda ser derribado; no tiene un foco único que pueda ser extinguido; su foco está en todas partes, porque en todas partes hay médiums que pueden comunicarse con los espíritus; no hay familia que no los posea en su seno y que realizan esas palabras de Cristo: Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y tendrán visiones".
Este pronunciamiento hecho en 1861 aún es muy válido y nos muestra el carácter consolador e iluminador del Espiritismo. La felicidad es el objeto de búsqueda constante de la humanidad. El Espiritismo da esa felicidad, pero no porque ofrezca bienes o victorias materiales, curas milagrosas, fenómenos extraños que asombran a la razón, sino porque revela al hombre su origen y destino. Él no ofrece riquezas, títulos, posesiones, pero conduce al hombre al interior de sí mismo.
Conociendo el por qué de la vida y su destino, él no vuelve al hombre conformista, pero le retira la ansiedad y le hace desapegarse de las cosas materiales, para evolucionar y conquistar las cosas trascendentes.
El espírita dejó de ser profano y místico para ser cósmico. Aunque se vale de las cosas del mundo, no se prende a ellas, y queda libre para su vuelo trascendental rumbo a las estrellas.
Aunque la Doctrina sea de los espíritus, tal como afirmó Allán Kardec, ella también es humana, pues el propio Kardec fue uno de sus colaboradores, y hombres de buen sentido, como León Denis, Gabriel Delanne, Gustavo Geley, Carlos Imbassahy, Deolindo Amorim, Herculano Pires y tantos otros, vienen contribuyendo para las formulaciones doctrinarias. Como dice el propio Kardec, su fuerza está en todas partes, porque por todas partes existen médiums y espíritus.
Tenemos grandes esperanzas de que el mundo entre por los caminos de paz, de justicia social, de solidaridad. El hombre tendrá que percibir que precisa dejar de destruir el medio ambiente y canalizar las fortunas gastadas en armamentos, para solucionar los graves problemas que afectan a las naciones pobres.
Guardemos la certeza de que , en los próximos años, estaremos en plena construcción de una nueva era de paz y realizaciones.
Autoria: Amilcar Del Chiaro Filho
En la segunda es otra cosa; para llegar a tales fines es necesario un Espíritu hábil, vivo y profundamente hipócrita, porque no puede chasquear y hacerse aceptar sino con ayuda de la máscara que sabe tomar y de un falso semblante de virtud; las grandes palabras de caridad, humildad y de amor de Dios son para él como credenciales; pero a través de todo esto deja penetrar las señales de inferioridad, que es necesario estar fascinado para no ver, teme también a todas las personas que ven demasiado claro; así es que su táctica es casi siempre la de inspirar a su intérprete el alejamiento de cualquiera que pudiera abrirle los ojos; por este motivo, evitando toda contradicción, siempre tiene la seguridad de tener razón.
240. La subyugación es una restricción que paraliza la voluntad del que la sufre y le hace obrar a pesar suyo. En una palabra, es su verdadero yugo. La subyugación puede ser moral o corporal. En el primer caso, el subyugado es solicitado a tomar determinaciones muchas veces absurdas y comprometidas, que por una especie de ilusión las cree sensatas; es una especie de fascinación. En el segundo caso el Espíritu obra sobre los órganos materiales y provoca los movimientos involuntarios. Se traduce en el médium escribiendo por una necesidad incesante de escribir, aun en los momentos más inoportunos. Nosotros los hemos visto que, a falta de pluma o de lápiz, escribían con el dedo por todas partes en donde se encontraban, en las mismas calles, en las puertas y en las paredes. La subyugación corporal va algunas veces más lejos; puede conducir a los actos más ridículos. Hemos conocido a un hombre que no era joven ni hermoso, que bajo el imperio de una obsesión de esta naturaleza se veía obligado por una fuerza irresistible a ponerse de rodillas ante una joven, con la cual no había tenido ninguna intención y pedirla en matrimonio. Otras veces sentía en las espaldas y en las piernas una presión enérgica, que los forzaba contra su voluntad a pesar de la resistencia que hacía al ponerse de rodillas y besar el suelo en los parajes públicos y en presencia de la multitud. Este hombre pasaba por loco entre sus relaciones; pero nosotros nos hemos convencido de que no lo era, porque tenía el pleno convencimiento del ridículo, de lo que hacía contra su voluntad, por lo que sufría horriblemente.
241. En otro tiempo se daba el nombre de posesión al imperio ejercido por malos Espíritus, cuando su influencia llegaba hasta la aberración de las facultades. La posesión sería para nosotros sinónima de subyugación. Si no adoptamos este término es por dos razones: la primera porque implica la creencia de seres creados para el mal entregados perpetuamente a él, mientras que solo hay seres más o menos imperfectos y que todos pueden mejorarse. La segunda, porque implica igualmente la idea da la toma de posesión de un cuerpo por un Espíritu extraño, de una especie de cohabitación, mientras que sólo hay una sujeción, La palabra subyugación expresa perfectamente el pensamiento. De este modo para nosotros no hay poseídos en el sentido vulgar de la palabra: sólo hay obsesos, subyugados y fascinados.
242. La obsesión, como ya lo hemos dicho, es uno de los más grandes escollos de la mediumnidad; es también uno de los más frecuentes; así es que todos los cuidados serían pocos para combatirla, porque además de los inconvenientes personales que pueden resultar de esto, es un obstáculo absoluto para la bondad y la veracidad de las comunicaciones. La obsesión, en cualquier grado que esté, es siempre el efecto de una sujeción y esta sujeción, no pudiendo nunca ser ejercida por un Espíritu bueno, resulta de esto que toda comunicación dada por un médium obseso es de origen sospechoso y no merece ninguna confianza. Si alguna vez se encuentra algo bueno, es menester tomarlo y arrojar todo lo que es simplemente dudoso.
243. Se conoce la obsesión con los caracteres siguientes:
1.º Persistencia de un Espíritu en comunicarse contra la voluntad del médium, por la escritura, el oído, la typtología, etc., oponiéndose a que otros Espíritus puedan hacerlo.
2.º Ilusión, que no obstante la inteligencia del médium, le impide reconocer la falsedad y la ridiculez de las comunicaciones que recibe.
3.º Creencia en la infalibilidad y en la identidad absoluta de los Espíritus que se comunican y que, bajo nombres respetables y venerados, dicen cosas falsas o absurdas.
4.º Confianza del médium en los elogios que hacen de él los Espíritus que se le comunican.
5.º Propensión a separarse de las personas que pueden darle avisos útiles.
6.º Tomar a mal la crítica con respecto a las comunicaciones que reciben.
7.º Necesidad incesante e inoportuna de escribir.
8.º Sujeción física dominando la voluntad de cualquiera y forzándole a obrar o a hablar a pesar suyo.
9.º Ruidos y trastornos de cosas persistentes a su alrededor y de los que se es la causa o el objeto.





No hay comentarios:
Publicar un comentario