INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Mensaje de André Luiz
2.- La Vida de ultratumba
3.- Comunicado con un médico ruso
4.- Existencia fuera del cuerpo
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Mensaje de André Luiz
¡Oh, amigos de la Tierra! ¿Cuántos de vosotros podréis evitar el camino de la amargura con la preparación de los campos interiores del corazón? Encended vuestras luces antes de atravesar la gran sombra. Buscad la verdad, antes de que la verdad os sorprenda. ¡Sudad ahora para no tener que llorar después!
La vida no cesa. La vida es fuente eterna y la muerte el juego oscuro de las ilusiones.
El gran río tiene su trayecto antes de llegar al mar inmenso. Copiándole la expresión, el alma recorre igualmente caminos variados y etapas diversas. También recibe afluentes de conocimientos, aquí y allí, se acrecienta en tamaño y se purifica en calidad, antes de encontrar el Océano Eterno de la Sabiduría.
Cerrar los ojos carnales, constituye una operación demasiado simple.
Permutar el ropaje físico, no decide el problema fundamental de la iluminación, de la misma manera que el cambio de vestido nada tiene que ver con las soluciones profundas del destino y del ser.
¡Oh, caminos de las almas, misteriosos caminos del corazón! ¡Es necesario recorreros antes de intentar la suprema ecuación de la Vida Eterna! ¡Es indispensable vivir vuestro drama, conoceros detalle a detalle, en el largo proceso del perfeccionamiento espiritual!
Sería extremadamente infantil la creencia de que el simple “bajar el telón”, resolviese trascendentales cuestiones del Infinito.
Una existencia es un acto.
Un cuerpo — un vestido.
Un siglo — un día.
Un servicio — una experiencia.
Un triunfo — una adquisición.
Una muerte — un soplo renovador.
¿Cuántas existencias, cuántos cuerpos, cuántos siglos, cuántos servicios, cuántos triunfos, cuántas muertes necesitamos aún?
¡Y el letrado de filosofía religiosa habla de deliberaciones finales y de posiciones definitivas!
¡Ah! ¡Por todas partes, los cultos en doctrina y los analfabetos del espíritu!
Muy larga, por tanto es nuestra jornada laboriosa.
Nuestro pobre esfuerzo quiere traducir, apenas, una idea de esa verdad fundamental.
¡Muchas gracias, amigos míos, por vuestra atención!
Nos manifestamos, junto a vosotros, en el anonimato que obedece a la caridad fraternal. La existencia humana muestra gran mayoría de vasos frágiles que no pueden contener aún toda la verdad. Además, no nos interesaría, por ahora, sino la experiencia profunda, con sus valores colectivos. No atormentaríamos a nadie con la idea de la eternidad. Que los vasos se fortalezcan, en primer lugar. Suministraremos solamente algunas ligeras noticias, al espíritu necesitado de nuestros hermanos en la senda de realización espiritual, y que comprenden, con nosotros, que “el espíritu sopla donde quiere”.
Y, ahora, amigos, que mi agradecimiento se centre en el papel, recogiéndose en el gran silencio de la simpatía y de la gratitud. Atracción y reconocimiento, amor y júbilo, viven en el alma. Creed que guardaré semejantes valores conmigo, a vuestro respecto, en el santuario del corazón.
Que el Señor nos bendiga.
ANDRÉ LUIZ
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Allan Kardec
Burdeos abril de 1862.
P. (Después de la evocación). ¿Estáis aquí?
R. Sí. El día de mi muerte os perseguía con mi presencia, pero habéis resistido a todas mis tentativas para haceros escribir. Había oído vuestras palabras sobre mí: esto me hizo conoceros, y entonces, para seros útil, tuve el deseo de entablar conversación con vos.
P. ¿Por qué, siendo tan bueno, habéis sufrido tanto?
R. Esto era una de las bondades del Señor, que quería que sintiera doblemente el precio de mi libertad, y hacerme adelantar todo lo más posible en la Tierra.
P. ¿La idea de la muerte os ha causado terror?
R. No. Tenía mucha fe en Dios y me sirvió en este caso.
P. ¿La separación ha sido dolorosa?
P. No. Lo que llamáis el último momento, no es nada. No he sentido más que un ligero crujido, y después me he considerado muy feliz, viéndome desembarazado de mi miserable envoltura.
P. ¿Qué ha sucedido entonces?
R. He tenido la dicha de ver una porción de amigos que me salían al encuentro, dándome la bienvenida, especialmente aquellos a quienes tuve la fortuna de ayudar.
P. ¿Qué región habitáis? ¿Estáis en un planeta?
R. Todo lo que no es mundo, es lo que vosotros llamáis el espacio, en el cual estoy. Pero, ¡qué grados en esta inmensidad de la cual el hombre no puede formarse una idea! ¡Qué gradación en esta escala de Jacob que va de la tierra al cielo, esto es, del envilecimiento de la encarnación en un mundo inferior como el vuestro, hasta la purificación completa del alma! A donde estoy no se llega sino en virtud de muchas pruebas, lo que significa muchas encarnaciones.
P. ¿Según esto, debéis haber tenido muchas existencias?
R. ¿Cómo podría ser de otra manera? Nada es excepcional en el orden inmutable establecido por Dios. La recompensa no puede venir sino después de la victoria conseguida en la lucha. Y cuando la recompensa es grande, es de toda necesidad que la lucha lo sea también. Pero la vida humana es tan corta, que la lucha no es real sino por intervalos, y estos intervalos son las diferentes existencias sucesivas. Así pues, si yo estoy en uno de los escalones más elevados, he alcanzado esta dicha por una serie de luchas en las que Dios ha permitido que obtuviese algunas veces la victoria.
P. ¿En qué consiste vuestra dicha?
R. Esto es más difícil de hacéroslo comprender. La dicha que gozo es un contento extremo de mí mismo, no de mis méritos, esto sería orgullo, y el orgullo es cualidad de los espíritus atrasados, sino un contento saturado, por decíroslo así, del amor de Dios, en el reconocimiento de su bondad infinita. Es la alegría profunda de ver lo bueno, el bien. De decirme: tal vez he contribuido al mejoramiento de algunos de los que se han elevado hacia el Señor. Está uno como identificado con el bienestar. Es una especie de fusión del espíritu y de la bondad divina. Se tiene el don de ver los espíritus más purificados, comprenderles en sus misiones, y saber que llegaremos a eso mismo también. Se entrevé en el infinito inconmensurable las regiones tan resplandecientes del fuego divino, que uno se deslumbra contemplándolas aunque a través del velo que las cubre todavía. ¿Pero qué os digo? ¿Comprendéis mis palabras? ¿Este fuego de que os hablo, creéis que sea semejante al sol, por ejemplo? No, no. Es una cosa indecible para el hombre, porque las palabras no expresan más que los objetos, las cosas físicas o metafísicas de que se tiene conocimiento, por la memoria o la intuición del alma, mientras que, no pudiendo tener la memoria de lo desconocido absoluto, no hay términos que puedan darle la percepción de ello. Pero sabedlo: es ya una inmensa dicha el pensar que uno se pueda elevar indefinidamente.
P. Habéis tenido la bondad de decirme que queréis serme útil, os ruego que me digáis en qué.
R. Puedo ayudaros en vuestros desfallecimientos, sosteneros en vuestras debilidades, consolaros en vuestras penas. Si vuestra fe, quebrantada por alguna sacudida que os turbe, vacila, llamadme. Dios mudará palabras para que le recordéis y volváis a Él. Si os sentís dispuesto a sucumbir bajo el peso de inclinaciones que reconozcáis vos mismo que son culpables, llamadme: os ayudaré a llevar vuestra cruz, como en otro tiempo ayudaron a Jesús a llevar la suya, la que debía proclamar tan altamente la verdad, la caridad. Si flaqueáis bajo el peso de vuestras penas, si la desesperación se apodera de vos, llamadme. Vendré a sacaron de ese abismo, hablándoos de espíritu a espíritu, recordándoos los deberes que se os han impuesto, no por consideraciones sociales y materiales, sino por el amor que sentiréis en mí, amor que Dios ha puesto en mi ser para transmitirse a los que pueda salvar. Sin duda tenéis amigos en la Tierra. Éstos quizá participan de vuestros dolores, y puede ser también que os hayan salvado. En las penas vais a encontrarlos, a manifestarles vuestros desconsuelos y vuestras lágrimas, y a cambio de esta señal de afecto, os dan sus consejos, su apoyo, sus caricias. Pues bien, ¿no pensáis acaso que un amigo de aquí puede también ser bueno? ¿No es un consuelo poder decirse: Cuando muera, mis amigos de la Tierra estarán a mi cabecera rogando y llorando por mí, pero mis amigos del espacio estarán en el umbral de la vida, y vendrán sonriendo a conducirme al sitio que haya merecido por mis virtudes?
P. ¿Por qué he merecido la protección que queréis dispensarme?
R. He aquí por qué os tengo afecto desde el día de mi muerte. Os he visto espiritista, buen médium, y sincero adepto. Entre los que he dejado en la Tierra, vos sois a quien he visto más pronto a oírme. Desde entonces resolví contribuir a haceros adelantar, en vuestro interés, sin duda, pero más aún en interés de todos los que estáis llamados a educar en la verdad. Ya lo veis, Dios os quiere lo bastante para haceros misionero. A vuestro alrededor, todos, poco a poco, participan de vuestras creencias. Los más rebeldes, cuando menos, os escuchan, y un día les veréis creyentes. No os canséis. Marchad siempre, a pesar de las piedras que encontréis en el camino. Tomadme por báculo.
P. No me atrevo a creer que merezca tan gran favor.
R. Sin duda estáis lejos de la perfección. Pero vuestro ardor en propagar las sanas doctrinas, en sostener la fe de los que os escuchan, en predicar la caridad, la bondad y la benevolencia, aun cuando se porten mal con vos, la resistencia que hacéis a vuestros instintos de cólera que podríais satisfacer tan fácilmente contra los que os afligen o desconocen vuestras intenciones, vienen felizmente a neutralizar lo que tenéis de malo. Y sabedlo, el perdón es un poderoso contrapeso. Dios os colma de sus gracias por la facultad que os da, y sólo a vos corresponde el aumentarla con vuestros esfuerzos, a fin de trabajar eficazmente en la salvación del prójimo. Voy a dejaros, pero contad conmigo. Procurad moderar vuestras ideas terrestres y vivir más a menudo con vuestros amigos de aquí.
Extraído del libro “El cielo y el infierno”
Allan Kardec
EXISTENCIA FUERA DEL CUERPO
Numerosos casos de experiencias fuera del cuerpo por todo el mundo, acreditan por la convergencia de sus datos y detalles, que se trata de un fenómeno real y frecuente, que se da expontáneamente en algunas personas, siendo muy similar a las experiencias de “casi muerte” que también suelen experimentar sujetos que se hallan al borde de la muerte de su cuerpo.
Esta clase de experiencias son conocidas en la Parapsicología como Proyecciones astrales ( PES), y constituyen un fenómeno universal a lo largo de la historia.
Estos casos constituyen experiencias profundas que afectan a la vida de las personas que las han experimentado alguna vez, pues siempre les queda una sensación y un recuerdo agradable de la experiencia.
Las proyecciones astrales suelen suceder en personas durante un estado de relajación profunda o semidormidos, y sienten como abandonan su cuerpo físico del que se alejan, a veces acompañados de una sensación de vértigo, y pasan a contemplar el mundo exterior desde una posición totalmente separada e independiente del mismo.
En ocasiones han sido experimentadas por algunas personas de modo espontáneo y natural, en cuyo caso esto a veces solo sucede una vez en la vida (a los que les sucede), o en otros casos es provocado bajo estado hipnótico o bien causado por algún accidente traumático que ha colocado al sujeto durante un periodo de tiempo en una situación límite, al borde de la muerte.
Estas experiencias se han podido comprobar después en cuanto a su veracidad, porque han descrito hechos y detalles puntuales sobre lo que han oído, visto y hasta olido en determinado lugar lejano de donde el sujeto se encontraba físicamente y en un momento determinado, aportando toda clase de datos o detalles que se han podido verificar después, acreditando y comprobando así su autenticidad. Esto nos lleva a la única y más lógica explicación posible, de que realmente el sujeto ha estado allí fuera de su materia corporal, o se ha proyectado mentalmente hasta allí, en el momento comprobado, aun manteniendo la certeza de que su cuerpo físico se encontraba en otra parte.
Según relatos de quienes las han experimentado alguna vez, la sensación en general del sujeto que ha vivido esta experiencia, es de bienestar y de optimismo. Algunos casos, curiosamente, también han descrito a su propio “fantasma” o “cuerpo astral” como otro cuerpo desde el que se ven fuera de su propio cuerpo, y con el que se sintieron flotar a más o menos altura, quedando unidos a este solamente por un delgado cordón luminoso que les permitió regresar más tarde, como un globo sujeto a un hilo, “refundiéndose con él y volviendo conscientemente al estado normal.
Este hecho tiene aspectos interesantes que debemos conocer: A veces esta experiencia también se ha producido en sujetos que han sufrido “muerte clínica aparente ” ( catalepsia), de la que regresan luego tras un cese completo de su actividad cerebral, con ausencia de signos vitales como el latido cardíaco, y dilatación de las pupilas, no habiendo ninguna explicación médica a este hecho.
También se han dado casos parecidos en personas aparentemente muertas por congelación que presentan un profundo letargo y una gran hipotermia durante su muerte aparente, sin presentar signo alguno de actividad cerebral, y sin embargo más tarde recuperan la conciencia y la actividad corporal cuando se vuelven a calentar progresivamente.
Todos estos datos nos pueden llevar a la conclusión de que los electroencefalográmas “planos” (una línea recta en la pantalla de un monitor, sin los picos de las ondas cerebrales), no constituyen por si solos una prueba exacta y definitiva de la muerte cerebral, y por lo tanto definitiva, porque puede ser factible que el cerebro se encuentre a tan bajo nivel de actividad, que llegue a estar totalmente inactivo, y que el “ electro” no registre actividad alguna, pero sin embargo la persona aparentemente muerta, en realidad aún esté viva y sea susceptible de poder “volver” a su estado vital normal.
La experiencia fuera del cuerpo cuando es provocada voluntariamente por el propio sujeto, es también conocida como “viaje astral”, y suele ser frecuente entre algunos maestros y lamas tibetanos e indios durante sus prácticas de meditación o de yoga.
La mayoría de las personas que han vivido esta experiencia, realmente guardan un buen recuerdo de la misma, y pierden el temor a la muerte, aunque no por eso desean morir, pues como cualquier otra persona, también tienen el fuerte y natural instinto de supervivencia. Además quienes han vivido esta experiencia de existir conscientemente fuera de su cuerpo,suelen experimentar un cambio interno muy positivo en sus vidas.
Resultan también muy interesantes los casos de sujetos que han tenido la experiencia de una “muerte clínica” a causa de algún accidente con parada cardíaca momentánea. Algunos quedan en ese estado algunos segundos o minutos, de los que después no son conscientes ni recuerdan nada, porque durante su “muerte aparente”, abandonaron su cuerpo y su cerebro, perdiendo el sentido del tiempo y el espacio, debido a que estos parámetros físicos no existen en la dimensión astral en donde estuvieron mientras duró la experiencia.





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