viernes, 9 de octubre de 2026

El Espiritismo no hace milagros

     INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Mediumnidad de sanación

2.- El espírita ante el sufrimiento

3.- Destinos y pruebas

4.-   El Espiritismo no hace milagros                                          

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              MEDIUMNIDAD DE SANACIÓN

                                     


" Diremos solamente que esta especie de mediumnidad consiste principalmente en el don que poseen algunas personas de poder curar con el simple tacto, con la mirada e incluso con un ademán, sin el socorro de ningún medicamento."  Libro de los Médiums, cáp.XXVI- item 175

El Codificador nos enseñó que ..." la diferencia entre el magnetizador propiamente dicho, y el médium curador. es que el primero magnetiza con su fluido personal, y el segundo. con el fluido de los Espíritus, al cual sirve de conductor"... Es obligación nuestra, recordar que, pase y mediumnidad de cura, no es lo mismo. El médium pasista no es, necesariamente, un médium sanador, y casi siempre, no lo es. Así como el médium sanador sí puede ser pasista..

Vamos a abordar el tema de la enfermedad, que es un efecto, para más tarde buscar el efecto en la causa.

"Es muy importante combatir las molestias del cuerpo; pero nadie conseguirá eliminar efectos cuando las causas permanecen...." Emmanuel.

Hay dos tipos de enfermedades: físicas y espirituales, y dentro de las espirituales, están las karmáticas, las obsesivas, y las derivadas de desvíos morales..

En las enfermedades físicas, encontramos los resfriados, dolores de estómago, jaquecas, hepatitis, etc. Son avisos, en la mayoría de las ocasiones, de errores o excesos que cometemos con nuestro cuerpo: nos dan motivo para reflexionar sobre nuestro proceder, cuando nos vemos obligados a permanecer inmóviles en una cama.

Las enfermedades espirituales son más numerosas y los médicos actuales no encuentran cura, porque son enfermedades grabadas en nuestro periespíritu. Son los múltiples sufrimientos del alma, cuando la conciencia acusa.

Podríamos llamar karmáticas a la parálisis, el asma, deficiencias físicas, etc. Como consecuencia de nuestras aberraciones y excesos en el pasado. Cuando nos engolfamos con el alcohol, el tabaco, las drogas, los excesos sexuales, etc. Y como no, cuando infelizmente muchos optaron por acortar su vida mediante el suicidio, aunque no debemos olvidar que los vicios que se tuvieron en el pasado, pudieron acortar nuestras vidas, y a eso le llamamos suicidio involuntario o suicidio lento.

Dentro de las enfermedades espirituales, encontramos los cuadros de carácter obsesivo, que son cuadros que vienen hoy a nuestro estado consciente, a recordarnos el daño que hicimos, el daño que infringimos a otros..

Y las derivadas de desvíos morales, muy numerosas, son: todas aquellas generadas por nuestros vicios y excesos.

- ( Tomado de "Orientación al Pase Espírita" ).

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  El espírita ante el sufrimiento

Sabemos que la Tierra es lugar de expiación y dolor, como sabemos que el dolor purifica y eleva. El dolor es uno de los medios por los que progresamos más rápidamente. ¿Cómo, pues, debemos encarar los dolores y los sufrimientos físicos de la vida? Con calma y resignación, y hasta con alegría.

Recordando siempre que el dolor es el camino más rápido para nuestra ascensión a las más altas regiones, y el medio más seguro de alejarnos de las veleidades humanas. Hemos visto espíritas que supieron sufrir con resignación y alegría. Empero en los momentos de paroxismo del dolor estuviesen quietos y serios, y a veces cansados, lo que es muy natural, una vez pasados esos momentos estaban relativamente tranquilos y alegres. Y cuando la dolencia les daba treguas, mostrábanse expansivos y dispuestos a exaltar la Justicia de Dios.

Fueran pocos los que vimos. Mas lo que desencarnaran, y de los cuales pudimos saber posteriormente, se mostraban siempre en un estado muy feliz en el mundo espiritual, satisfechos por haber sabido sufrir con serenidad los dolores de la existencia material. Vimos otros espiritas que, empero aparentasen resignación, también lloraban y lamentaban sus muchos sufrimientos. Entiendo que esos espíritas no andaban bien, y no estaban libres de caer. Porque la tristeza engendra el mal humor, que puede dar lugar a la murmuración contra el destino. Y cuando llegamos a la murmuración, estamos a un paso de la revuelta. Un espíritu en ese estado revela atraso moral y desconocimiento de la ley divina.

¿Qué diríamos de un comerciante que reclamase de tener muchos negocios a realizar, ganando mucho dinero? Diríamos que era un mal comerciante, incapaz de aprovechar las buenas oportunidades. Así son los espíritas que, delante de los dolores de la vida, se entristecen o se atribulan, y a veces se rebelan. El espírita debe encarar la existencia material como un curso de pruebas de toda especie: físicas y morales, que sirven para llevarlo a un verdadero progreso. Nunca debe confundir esa existencia con la verdadera vida, mas encararla como un período de estudios y pruebas, en que se prepara con vistas a esta última, que se encuentra en la erraticidad. Cada día que pasamos en la carne corresponde a millares de años que iremos a vivir en el Espacio.

¿Qué significan, pues, estos pequeños períodos que llamamos de vida material, delante de la vida espiritual que nos aguarda? Si la ley nos obliga a sufrir, porque nada en la Creación escapa a la Justicia, debemos hacerlo con la mayor serenidad. Pues sabemos que eso constituye para nosotros un gran bien, y que llegamos a la hora de probar si el Espiritismo penetró en nuestro interior o si permanece apenas superficialmente. Si es superficial, no podemos llamarnos espíritas. Si estuviese arraigado en lo más hondo de nuestra alma, sabremos encarar las pruebas y dolores de la existencia como necesarias, y honraremos la doctrina que profesamos. Ningún espírita debe dudar de que en el Reino de Dios no se entra de sorpresa, ni se alcanza la felicidad, sino después de la purificación.

Así es, que las comodidades, las alegrías mundanas, los goces de la Tierra, no son los caminos indicados para que alcancemos la felicidad en el espacio. También no debe dudar de que, cuanto más próximo se encuentra de su felicidad espiritual, más sometido será a todas las pruebas terrenas. Basta recordar la vida de los mártires, de los justos, de los humildes y de los buenos, y compararla con la manera de vivir de los grandes del mundo, de los opulentos, de los potentados, para ver que, mientras los primeros tienen los ojos vueltos para el futuro, los segundos no ven más allá de las delicias mundanas. De eso nos da una excelente prueba el Señor y Maestro, en sus mandamientos y en sus actos. Bienaventurados los que sufren, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados.

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Estas son las palabras del Señor. Confiemos en Él. Sigamos su ejemplo. Todo espírita sometido a grandes dolores manténgase fuerte, lleno de calma, de amor al Padre, de resignación y sumisión a la Justicia Divina. Y si a veces la tentación lo envuelve, que se defienda con la oración con el amor por los que sufrieran antes que él, no olvidando jamás que, por detrás del dolor soportado con alegría y calma, vendrá la felicidad en la vida eterna.(7)

7. Debemos recordar todavía que la revuelta aumenta el dolor, intensifica el sufrimiento, mientras la resignación favorece la acción benéfica de los Espíritus Superiores, siempre dispuestos a auxiliar a los que sufren. La oración es el gran lenitivo de los dolores sin remedio. Por ella, el espíritu en pruebas establece ligación fluídica con sus Bienhechores Espirituales, que le darán el alivio posible y la fuerza moral necesaria para soportar las pruebas hasta el fin. (N. del T.)

Miguel Vives

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                   DESTINOS Y PRUEBAS

-Sebastián de Arauco-


                                                    
Jamás os lamentéis. Todo lamento debilita las fuerzas internas, necesarias para superar las dificultades.
No obstante, si cambiamos de actitud mental, enfrentándonos a las vicisitudes adversas de la vida, con valentía, con determinación firme de superación; quedaremos sorprendidos al apreciar que tales dificultades u obstáculos, no son tan grandes y tremendos como parecían.
Y a los más jóvenes, os decimos: No temáis nunca a los obstáculos y vicisitudes adversas que la vida os presente, porque ellos son necesarios para fortalecer vuestra voluntad. Por adversas que sean las circunstancias y vicisitudes que la vida nos presente, pensad siempre que, en vosotros existen las fuerzas mentales necesarias para superarlas. Mantened una actitud mental de triunfadores (sin jactancia). Pensar siempre en el éxito en todo trabajo que realicéis, en toda idea que deseéis realizar; y de ese modo estaréis poniendo en acción vuestras fuerzas mentales que os llevarán al éxito en todo lo que os propongáis, con altitud de miras.
Poned todo vuestro entusiasmo en vuestro trabajo y estudio, con lo cual os será más fácil y agradable, y os ayudará a progresar en vuestra ocupación, cual ella sea. Poned vuestro empeño y agrado en las tareas difíciles, y estas perderán su fuerza de resistencia y dejarán de ser difíciles.
Toda tarea por difícil que parezca, deja de serlo cuando se aprende a superarla. Y la primera condición necesaria para superarla, es no tomar la actitud desacertada de rechazo, porque debilita la voluntad. Y sí, aceptarla, pero con una actitud mental de firmeza y realización, que es la de los triunfadores.
Nadie ni nada podrá vencer, a quien está firmemente determinado a triunfar en lo que se proponga. Sabido es y comprobado está, que el pensamiento es energía mental, y por ley de vibración y afinidad, pueden atraerse a la mente, energías realizadoras, que ayudarán a vencer toda dificultad. Por esa misma ley mental, todo aquél que piensa y tema las dificultades, atraerá hacia sí fuerzas debilitantes.
Todo aquél, cual sea su condición y sus vicisitudes, que mantenga una actitud mental realizadora y se determine firmemente a la superación de las vicisitudes adversas, las superará. De ello, no tengáis la menor duda. Con la ventaja de que en cada superación irá acrecentando su fortaleza.
Resumiendo, en toda prueba que nos corresponda pasar, ¡no desfallezcamos!, aceptémosla, abracémosla con firme intención de superarla. Confiemos plenamente en la ayuda de Dios y recibiremos las fuerzas necesarias para superarlas.
Ahora vamos a exponer otros argumentos recibidos en un mensaje, en relación con este tema, cuya procedencia podemos identificar por su contenido.
“El hombre vive envuelto en la niebla que su egocentrismo le crea, y de ese modo no puede percibir las maravillosas vibraciones espirituales que le rodean. Su empeño constante en la búsqueda de satisfacciones humanas y materiales, le incapacita para captar la armonía de esas vibraciones.
Los humanos pensáis sólo en vosotros mismos, en la satisfacción de vuestras necesidades humanas, de vuestras ambiciones, de vuestros deseos humanos; olvidando que todo eso que consideráis primordial en vuestra vida, es menos que secundario.
Aun cuando vivís en un mundo físico y denso, cuyas vibraciones están en armonía con la naturaleza física, tenéis en vosotros una fuerza inmensamente superior que desconocéis, una fuerza que puede conectaros con los planos de vibraciones sutiles, si las empleáis; pero, no les dais importancia y no las utilizáis.
No obstante, sabed que esa fuerza maravillosa, fuerza espiritual que poseéis, puede realizar todo aquello tras lo cual corréis enloquecidos, descuidando la Verdad en vosotros y la verdadera finalidad de vuestra existencia humana.
Necesario es que vuestras fuerzas espirituales comiencen a actuar sobre las vibraciones físicas densas. Para ayudaros a lograr esa realización que os corresponde, os ponemos ante problemas humanos que constituyen para vosotros verdaderas pruebas que debéis superar. Pero, muchos de vosotros os enredáis en las mallas de esas pruebas. Algunos llegáis a superarlas y otros os quedáis por tiempo enredados en ellas, sin pensar que tenéis en vosotros fuerzas poderosas, que fácilmente podríais liberaros de ellas. Son pruebas imprescindibles para vosotros, son pruebas cuya superación constituye el “sello espiritual ” que necesitáis para entrar en la verdadera acción misionera a la cual sois llamados… ”

Destinos y pruebas 5 por: Sebastián de Arauco
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EL ESPIRITISMO NO HACE MILAGROS
4. El espiritismo ha venido por su parte a hacer lo que cada ciencia hizo en su advenimiento: revelar nuevas leyes y explicar, en consecuencia, los fenómenos que competen a esas leyes..
Es cierto que esos fenómenos se relacionan con la existencia de los Espíritus y con su intervención en el mundo material, y precisamente en eso dicen algunos consiste lo sobrenatural.^ Pero en ese caso sería necesario probar que los Espíritus y sus manifestaciones son contrarios a las leyes de la naturaleza, y que allí no existe ni puede existir la acción de ninguna de esas leyes.

El Espíritu no es más que el alma que sobrevive al cuerpo; es el ser principal, puesto que no muere, mientras que el cuerpo no es otra cosa que un accesorio perecedero. Su existencia, por lo tanto, es tan natural después como durante la encarnación; está
sometida a las leyes que rigen el principio espiritual, del mismo modo que el cuerpo está sometido a las leyes que rigen el principio material.. No obstante, como ambos principios tienen una afinidad necesaria, como reaccionan sin cesar el uno sobre el otro, como de la acción simultánea de ellos resultan el movimiento y la armonía del conjunto, se sigue de ahí que la espiritualidad y la materialidad son dos aspectos de un mismo todo, tan natural la una como la otra, y que la primera no es una excepción ni una anomalía en el orden de las cosas..

La Génesis - Capítulo XIII
Allan kardec.
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lunes, 5 de octubre de 2026

El Aura

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- El espírita ante sí mismo

2.- Teoría de la alucinación (1 de 2 )

3.- Teoría de la alucinación ( 2 de 2 )

4.- El Aura

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               EL ESPÍRITA ANTE SÍ MISMO

Todo hombre es demasiado indulgente para consigo mismo. Siempre encuentra medios para justificar su conducta, aunque ésta no sea lo suficientemente correcta. Procura siempre disculpar sus defectos y atenuar sus faltas. Tanto es así, que escuchamos a menudo, de aquellos a quienes hablamos de Espiritismo: «Yo no creo en nada, apenas acompaño a la mayoría; pero, en lo que concierne a la otra vida, creo que lo mejor es hacer todo el bien posible. Así, si existe alguna cosa después de esta vida, nada de malo podrá acontecerme».

Esos hombres entienden que practican el bien siendo buenos padres, no haciendo ningún mal, ni en su casa ni fuera de ella, pagando todas sus deudas, cumpliendo sus compromisos y dando algunas limosnas cuando les place. Acreditan que así cumplen con el deber y están preparados para cuando sean llamados a juicio. ¡Pero cómo están engañados!

La sociedad procede mal, y lo que a veces para ella es corriente, constituye falta grave ante la ley divina. No basta evitar el mal. Es necesario hacer el bien, mucho bien. ¿Y cómo el hombre sabe si está haciendo mal o bien, si no sigue la ley divina, mas observa apenas la ley humana? ¿Aún que cumpla sus deberes sociales, dónde estará la práctica del «amarás al prójimo como a ti mismo»? ¿Y del pagarás el mal con el bien; si te hieren en un lado de la cara presentarás el otro; bendecirás a los que te maldicen; orarás por los que te persiguen y calumnian?

Las leyes humanas no cubren las faltas que no figuran en el código penal, pero las leyes divinas alcanzan a todas las faltas que se relacionan con la conciencia. Por eso, los que piensan como encima están equivocados. Pues si viven en paz, según la ley humana, están en falta con la ley divina, y cuando sea llegada su hora sufrirán las consecuencias de ese error. Por otro lado, mientras continúen pensando y obrando de esa manera, la sociedad no se reformará, y todos continuarán siendo víctimas del propio egoísmo y de la falsa interpretación de la ley, que inevitablemente dará a cada uno según sus propias obras.

Nosotros, los espíritas, no debemos proceder así. Todo espírita deberá ser muy severo consigo mismo. Nunca, en su íntimo, deberá disculparse una falta, nunca deberá procurar atenuantes para justificar su conducta, cuando ésta deja que desear. Deberá ser siempre el primero y el más severo juez de sí mismo. No puede olvidar que está en este mundo y tiene que sufrir y luchar por causa de su atraso, de sus imperfecciones y de sus deficiencias, y que urge libertarse de todo lo que sea contrario al amor, a la virtud, a la caridad, a la justicia. Pues, de lo contrario, en vano procurará la paz y nunca podrá honrar la doctrina que profesa, ni será digno de llamarse espírita.

Bien sabemos cuánto es difícil ser justos en todas las cosas. Mas el espírita, aunque conserve aún los residuos de lo que fue en el pasado, debe luchar constantemente para avanzar en el camino de la depuración, sin desalentarse delante de las dificultades que encuentra para rehabilitarse, hasta llegar a ser una criatura enteramente digna. Para conseguirse eso, aconsejamos una práctica que hemos seguido durante muchos años, y que nos dio los mejores resultados, ayudándonos a obtener todas las condiciones necesarias para alcanzar nuestro propósito de vivir con justicia, dentro del amor de Dios. Cada espírita procurará, todos los días, antes de acostarse, hacer un examen de todo lo que sintió y realizó en la jornada transcurrida. Hay tres maneras de cometer faltas: por pensamientos, palabras y actos. La falta por pensamientos deriva de pasiones injustas o mal contenidas, de no ser indulgente para las faltas del prójimo, de codiciar cosas indebidas.

El espírita puede sentir deseos condenados por la ley divina. Falta por pensamiento. Los espíritus perturbadores muchas veces tientan al espírita a través de deseos indebidos. Muchas veces consiguen mantenerlo bajo su dominio. Aunque él no llegue a cometer la falta, esto le causa malestar y le imposibilita, mientras está bajo la tentación, de concebir buenos pensamientos y buenos deseos y, por tanto practicar el bien. Al hacer el examen diario, viendo que está sugestionado por malos pensamientos, el espírita debe tomar el firme propósito de resistir a esas influencias impuras y faltas de caridad. Para eso, pedirá fuerzas al Padre, recordará la pureza de las palabras y de los actos del Maestro Sublime, y no debe olvidarse de que todos tenemos un Ángel-Guardián, encargado de guiamos, el cual tendrá mucha satisfacción en colaborar en nuestra regeneración, ayudándonos como sus protegidos, desde que persistamos en los buenos propósitos.

A veces no se consigue un resultado inmediato, aunque eso ocurra, el espírita que cometió falta por pensamiento no debe acobardarse, mas persistir, día a día, en sus buenos propósitos, pedir y confiar, y después verá cómo sus esfuerzos serán coronados de completo éxito. Entonces se sentirá más tranquilo, los buenos pensamientos lo envolverán y conseguirá sin más dificultades entregarse a la práctica del bien. ( Confiado en la ley de la evolución, y sabiendo que la construcción del bien es difícil en un mundo todavía inferior como es el nuestro, en el que prevalece el mal, el espírita no debe acobardarse ante los primeros fracasos. Aunque la victoria demore en llegar, su deber es luchar, apelando constantemente al Alto, pues la Doctrina le enseña que no fuimos hechos para la perdición, mas sí para la salvación. Si las fuerzas le faltasen, debe levantarse de cada caída haciendo nuevos propósitos de vencer y renovando sus pedidos al Espíritu Protector) (6). Falta por palabras. – Si cometió falta por palabras, siendo indiscreto por imprevidencia, intolerante o brutal, el espírita no debe llenarse de amor propio, mas, reconociendo su error, ha de sin más tardar, procurar el ofendido o los ofendidos y darles plena satisfacción, con absoluta sinceridad, demostrando verdadero arrepentimiento, hasta conseguir que la falta le sea perdonada. Entonces, al hacer su examen de conducta, el espírita tiene algo más que pedir al Padre y rogar al Señor, que tan amable fue para con todos.

Debe llamar con vehemencia a su Guía Espiritual procurando tomar las buenas resoluciones que sean necesarias para corregirse de ese defecto, haciendo todo para cumplir los buenos propósitos que tomar. Si no consigue el triunfo tan deprisa como lo desearía, no debe tampoco acobardarse, mas resistir y perseverar, pidiendo, arrepintiéndose y dando tantas satisfacciones a los otros como sean necesarias, cada vez que incurrir en esa falta. Todo eso sin olvidarse de que esa conducta le garantizará la Protección del Alto y le pondrá en condiciones de ser reconocido, por las personas de sus relaciones, como una criatura de buena voluntad, a pesar de sus defectos. Esa actitud hará que, sin demora, vea corregidos los impulsos que lo llevaban a la falta por palabras. Falta por acción.- Si la falta es por acción, es más grave, y el espírita debe procurar, por todos los medios posibles, evitar incurrir en ella de nuevo. Hay acciones que pueden constituir faltas leves, como otras que pueden ser graves. Las primeras, el espírita puedo corregirlas con la ayuda de Dios, de los Buenos Espíritus y de sus hermanos encarnados.

Digo con la ayuda de éstos también, porque el espírita, cuando incurre en una falta de esa naturaleza, no debe fiarse de sí mismo, mas, allá de sus propósitos y de la ayuda de los Buenos Espíritus, debe todavía procurar el consejo de los hermanos que, más experimentados, tengan ya adquirido otro temperamento y otras virtudes. Siendo humilde y estando realmente arrepentido de sus faltas, los hermanos pueden ayudarlo con sus consejos. Así, con el auxilio del Alto, de los hermanos en la Tierra, y afirmado en sus propósitos, puede llegar a corregirse y tomarse un espírita correcto. Si la falta es grave, acarrea consecuencias que no se borran apenas con buenos propósitos, puesto que exigen también la expiación; Por eso, aconsejamos a todo espírita, que infelizmente tenga incurrido en una falta grave, la práctica de una grande penitencia, como único medio de borrarla. Entendemos por penitencia el olvido de todo lo que pueda desviarlo de la corrección necesaria; una vida de recato, de abnegación, sufriendo todo por amor a Dios y como medio de reparación; dedicarse a la caridad para con los pobres, los dolientes, los afligidos, sin pensar sino en agradar a Dios y ser útil al prójimo, en la medida de sus fuerzas. Solamente así conseguimos borrar las faltas graves.

Así pues, el espírita que, en los exámenes de conciencia, se encuentra desgraciadamente en este caso, tendrá que hacer grandes esfuerzos de arrepentimiento y muchos propósitos decisivos, no reculando hasta conseguir su rehabilitación. Mucho pueden el arrepentimiento, la oración y la práctica de la caridad. Los espíritas que sigan nuestros consejos, y las prácticas que indicamos en los capítulos anteriores, mucho podrán adelantarse y mucho podrán encontrar en la vida futura. De lo contrario, muy difícil les será salir de esta existencia y tener una vida tranquila y feliz en el Espacio. Hay espíritas que -y no son pocos- viven siguiendo los impulsos de su corazón, sin preocuparse con las faltas de pensamientos y de palabras. Aunque atenten para las acciones, no dan la suficiente importancia al problema de la justicia en la conducta. Ésos, aunque no practiquen faltas graves, viven sin una regla segura y no avanzan, y en muchas cosas se diferencian poco de los que no son espíritas. Esos hermanos van mal, y están expuestos a caer en malas condiciones cuando dejen la Tierra.

El procedimiento de hoy puede costarles en el futuro muchas lágrimas y muchos sufrimientos. Por eso, muchos espíritas desencarnados, según hemos visto en nuestros estudios, cayeran en mala situación, siendo pocos los que adquieren una posición brillante en el Espacio. Es la falta de estudio de sí mismos, del cuidado en la manera de hablar, de pensar y de obrar, que acarrea esas consecuencias. Hay, pues, que vivir apercibidos, no distraerse en la vida terrena, aprovecharse de ella para el progreso, para la conquista del verdadero bienestar. Es necesario orar, pedir, suplicar y también aconsejarse con los que tienen más experiencia de la vida de purificación. Hay que consultar libros de moral espírita, sobre todo El Evangelio según el Espiritismo, de Allan Kardec, en el cual están previstos muchos de los peligros con los que nos podemos enfrentar en la vida terrena. Es preciso no olvidar -esto todos los espíritas deben tener presente- que el tiempo de nuestra vida en la Tierra es sumamente corto, y que el tiempo que tendremos que pasar, y que sin remisión nos espera en el Espacio, será sumamente largo, siendo felices o infelices, según hayamos cumplido o dejado de cumplir nuestros deberes espirituales. Procuremos, pues, progresar en virtudes, en amor, en adoración al Padre, en respeto y veneración para con nuestros semejantes, y no dudemos de que nuestra felicidad será grande. Tendrán llegado a su fin los sufrimientos y los males, que por tantos años nos afligen y nos mantienen retenidos en planetas de expiación.

Miguel Vives
Extraído del libro “El Tesoro de los Espíritas”

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    Teoría de la alucinación 

(1 de 2 )

                                                  


111.

Aquellos que no admiten la existencia del mundo incorporal e invisible creen que pueden explicar todas las manifestaciones con la palabra alucinación. La definición de esa palabra es conocida: alude al error, a la ilusión de una persona que cree tener percepciones que en realidad no tiene (del latín allucinari, errar, divagar; manifestaciones visuales que vienen de ad lucem).

Sin embargo, por lo que sabemos, los científicos no han presentado todavía la razón fisiológica de ese hecho.

Dado que la óptica y la fisiología ya no parecen tener más secretos para ellos, ¿cómo es que todavía no explicaron la naturaleza y el origen de las imágenes que se muestran al espíritu en determinadas circunstancias?

Estamos de acuerdo en que quieran explicar todas las manifestaciones por medio de las leyes de la materia. Que ofrezcan, pues, con el auxilio de esas leyes, una teoría de la alucinación. Buena o mala, será siempre una explicación.

112.

La causa de los sueños jamás ha sido explicada por la ciencia. Esta los atribuye al efecto de la imaginación, pero no nos dice qué es la imaginación ni cómo produce esas imágenes tan claras y nítidas que, en ocasiones, se nos aparecen. Es como explicar una cosa que no es conocida por medio de otra que tampoco lo es. La cuestión, por lo tanto, queda sin resolver.

Se dice que son un recuerdo de las preocupaciones de la vigilia.

Con todo, aunque se admitiera esta solución —que nada resuelve—, todavía quedaría por saber cuál es el espejo mágico que conserva de ese modo la impresión de las cosas. ¿Cómo se explican, sobre todo, esas visiones de cosas reales que la persona nunca ha visto en estado de vigilia, y en las que incluso nunca pensó?

Solo el Espiritismo nos da la clave de ese extraño fenómeno, que pasa desapercibido precisamente por ser común, como sucede con todas las maravillas de la naturaleza que pasamos por alto.

Los científicos no se han dignado ocuparse de la alucinación. Sin embargo, más allá de que sea real o no, constituye un fenómeno que la fisiología tendría que ser capaz de explicar, so pena de confesar su incompetencia.

Si un día un científico decide presentar —no una definición, entendámonos bien, sino— una explicación fisiológica de la alucinación, veremos si su teoría resuelve todos los casos y, sobre todo, si no omite los hechos tan comunes de apariciones de personas en el momento de la muerte. Veremos, además, si explica por qué la aparición coincide con la muerte de la persona.

Si esto fuera un hecho aislado, se lo podría atribuir al acaso, pero es muy frecuente, y el acaso no comete esas reiteraciones.

Podría suponerse que la imaginación del que ve la aparición está impresionada por la idea de que la persona estaba a punto de morir. Sin embargo, la que aparece es casi siempre una persona en la que no se pensaba. Por consiguiente, la imaginación no se aplica en este caso.

Más difícil todavía es atribuir a la imaginación el conocimiento de las circunstancias en que se produjo la muerte, cuando el que ve la aparición no tiene la menor información al respecto.

Los partidarios de la alucinación dirán que el alma —si es que admiten la existencia del alma— tiene momentos de sobreexcitación en los que sus facultades se encuentran exaltadas. Estamos de acuerdo. Pero cuando lo que ve es real, ya no se trata de una ilusión. Si en su exaltación el alma ve algo que no está presente, eso se debe, pues, a que ella se traslada. Ahora bien, si nuestra alma puede trasladarse hasta el lugar donde se encuentra una persona ausente, ¿por qué razón el alma de esa persona no podría trasladarse hasta donde estamos nosotros?

Los partidarios de la teoría de la alucinación deben tomar en cuenta y explicar estos hechos, y no olvidarse de que una teoría a la que se pueden oponer hechos que la refutan es, necesariamente, falsa o incompleta.

Mientras aguardamos esa explicación, vamos a tratar de expresar algunas ideas al respecto. 

113.

Los hechos demuestran que hay apariciones verdaderas, perfectamente explicables mediante la teoría espírita, y que solo pueden ser negadas por los que no admiten nada fuera del organismo. Sin embargo, a la par de esas visiones reales, ¿no habrá alucinaciones en el sentido que se atribuye a esta palabra? No cabe duda. ¿Cuál es su origen?

Los Espíritus nos indicarán el camino, pues parece que la explicación del fenómeno está por completo en las respuestas que ellos dieron a las siguientes preguntas:

—¿Las visiones son siempre reales? ¿No serán algunas veces efecto de una alucinación? Cuando vemos, por ejemplo, en sueños o de otra manera, al diablo u otras cosas fantásticas que no existen, ¿no será eso producto de la imaginación?

Respuesta de los Espíritus:

“Sí, algunas veces. Cuando alguien se dejó impresionar por ciertas lecturas o por historias de hechicería, al recordarlas cree que vio lo que no existe. Pero ya hemos dicho también que el Espíritu, mediante su envoltura semi-material, puede adoptar todo tipo de formas para manifestarse. Así, un Espíritu burlón podría aparecerse con cuernos y garras, si así lo deseara, para divertirse a costa de la credulidad del que lo ve, del mismo modo que un Espíritu bueno podría mostrarse con alas y con una figura radiante.”

—¿Es posible considerar como apariciones las figuras y otras imágenes que a menudo se presentan durante la somnolencia, simplemente cuando cerramos los ojos?

Respuesta:

“Tan pronto como los sentidos se entorpecen, el Espíritu se desprende y puede ver a lo lejos o cerca aquello que no podría ver con los ojos. Con mucha frecuencia esas imágenes son visiones, pero también pueden ser un efecto de las impresiones que la vista de ciertos objetos ha dejado en el cerebro, de las que conserva vestigios, del mismo modo que conserva los de los sonidos. En este caso, el Espíritu desprendido ve en su propio cerebro las impresiones que ahí se fijaron como en una placa fotográfica. La variedad y la mezcla de esas impresiones forman conjuntos extravagantes y fugaces, que se disipan casi de inmediato, pese a los esfuerzos que se hagan para retenerlos. A una causa semejante se deben atribuir ciertas apariciones fantásticas, que nada tienen de reales y que muchas veces se producen durante una enfermedad.”

Es cierto que la memoria es el resultado de las impresiones conservadas por el cerebro. Ahora bien, ¿por qué singular fenómeno esas impresiones, tan variadas y múltiples, no se confunden? Se trata de un misterio impenetrable, aunque no más extraño que el de las ondas sonoras que se cruzan en el aire y, sin embargo, se conservan diferentes.

En un cerebro saludable y bien organizado, esas impresiones son claras y precisas. En un estado menos favorable, se borran y se confunden. De ahí la pérdida de la memoria o la confusión de las ideas. Esto parecerá aún menos extraordinario si admitimos, como lo hace la frenología, un destino especial para cada parte, e incluso para cada fibra, del cerebro.

Así pues, las imágenes que llegan al cerebro a través de los ojos dejan en él una impresión, en virtud de la cual, por ejemplo, nos acordamos de un cuadro como si aún lo tuviéramos delante de nosotros. Con todo, se trata de una cuestión de memoria, porque el cuadro ya no está. Ahora bien, en cierto estado de emancipación el alma ve lo que está en el cerebro y vuelve a encontrar en él esas imágenes, sobre todo las que más la han impresionado, conforme a la naturaleza de las preocupaciones o de las disposiciones del ánimo.

...//...  ( Continúa y finaliza en la parte 2 )

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       TEORÍA DE LA ALUCINACIÓN 

(2 de 2 )

                                                           


       

...//... ( Continuación del anterior)

De esa forma encuentra nuevamente las impresiones de escenas religiosas, diabólicas, dramáticas, mundanas, de figuras de animales raros que ha visto en otra época en pinturas, o que incluso leyó o escuchó en relatos, pues estos últimos dejan también impresiones. Así, el alma ve realmente, pero solo ve una imagen fotografiada en el cerebro.

En estado normal, esas imágenes son fugaces y efímeras, porque todas las partes del cerebro funcionan libremente. En cambio, durante una enfermedad, el cerebro siempre está más o menos debilitado: el equilibrio entre los órganos se pierde y solo algunos conservan su actividad, mientras que otros permanecen en una especie de parálisis. De ahí la persistencia de ciertas imágenes, que las preocupaciones de la vida exterior ya no consiguen borrar, contrariamente a lo que sucede en estado normal. Esa es la verdadera alucinación y la causa principal de las ideas fijas.

Como se ve, hemos explicado esta anomalía por medio de una ley muy conocida y absolutamente fisiológica: la de las impresiones cerebrales. Pero ha sido necesario recurrir a la intervención del alma. Ahora bien, si los materialistas todavía no han podido ofrecer una solución satisfactoria para este fenómeno, es porque no quieren admitir la existencia del alma. Por eso mismo afirmarán que nuestra explicación es mala, debido a que nos apoyamos en un principio que está cuestionado.

¿Cuestionado por quién?

Por ellos.

Pero admitido por la inmensa mayoría de los hombres desde que existen en la Tierra. La negación de algunos, por lo tanto, no puede erigirse en ley.

¿Es buena nuestra explicación? La ofrecemos por lo que pueda valer y, si se quiere, a título de simple hipótesis, mientras no aparezca otra mejor. Tal como fue presentada, ¿explica todos los casos de visión? Por cierto que no. Pero desafiamos a los fisiólogos a que presenten una sola explicación que, desde su exclusivo punto de vista, resuelva todos los casos, ya que nada dicen cuando pronuncian sus palabras sacramentales: sobreexcitación y exaltación.

Por consiguiente, si todas las teorías de la alucinación son incapaces de explicar la totalidad de los hechos, entonces existe algo más allá de la alucinación propiamente dicha. Nuestra teoría sería falsa si la aplicáramos a todos los casos de visión, porque algunos podrían contradecirla. No obstante, es legítima si se la restringe a ciertos efectos.

EXPLICACIÓN FINAL — Basada en El Libro de los Médiums (Allan Kardec)

En El Libro de los Médiums, Allan Kardec analiza el fenómeno de las visiones, las apariciones y las alucinaciones desde un punto de vista racional, filosófico y espiritual. Su objetivo no es imponer una creencia, sino comprender los hechos y distinguir lo real de lo imaginario. Esta explicación se apoya fielmente en los conceptos kardecianos sin agregar doctrinas ajenas.

1. La diferencia esencial entre visión y alucinación

Kardec enseña que:

Una visión real es la percepción de un Espíritu, producida por la emancipación del alma o por una manifestación mediúmnica.

Una alucinación, en cambio, es un fenómeno interno del observador, provocado por impresiones almacenadas en el cerebro.

El punto clave del Espiritismo es que ambos fenómenos existen, y que comprenderlos exige estudiar tanto la parte fisiológica como la parte espiritual.

2. El papel del alma durante el sueño o la somnolencia

Según Kardec, cuando el cuerpo descansa:

El espíritu se desprende parcialmente.

Recupera facultades más amplias que las del estado de vigilia.

Puede ver a distancia, percibir Espíritus, o simplemente revisar imágenes grabadas en el cerebro.

Esta idea explica por qué algunas visiones son verdaderas y otras son simples 

reproducciones de recuerdos, emociones o temores.

3. Las imágenes almacenadas en el cerebro

Kardec señala que el cerebro guarda impresiones como una placa fotográfica:

Escenas vistas.

Historias leídas.

Imaginaciones creadas.

Emociones intensas.

Cuando el alma se desprende, puede “ver” estas impresiones internas como si fueran reales. Esto constituye, en sentido técnico, la alucinación espírita, un fenómeno natural y no necesariamente patológico.

4. Fenómenos que la alucinación no puede explicar.-

El autor destaca que existen casos que superan la explicación fisiológica:

Apariciones de personas que mueren en ese mismo instante.

Informaciones desconocidas por el vidente.

Visiones compartidas por varias personas al mismo tiempo.

Mensajes coherentes con hechos verificados después.

Kardec afirma que estos casos requieren admitir la intervención de inteligencias extracorpóreas, es decir, Espíritus.

5. La importancia del método en el Espiritismo

Una de las bases del libro es el estudio serio:

Observación.

Comparación.

Control universal de las enseñanzas de los Espíritus (CUEE).

El Espiritismo no acepta ciegamente ninguna visión ni manifestación. Kardec insiste en el análisis, el razonamiento y la prudencia para evitar la superstición.

6. Conclusión kardeciana -

La enseñanza del libro es clara:

 Existen alucinaciones, y su explicación puede ser fisiológica.

También hay visiones reales, y su explicación es espiritual.

Ninguna teoría exclusivamente materialista puede abarcar todos los casos.

El Espiritismo presenta una explicación completa porque considera al ser humano en su doble naturaleza: cuerpo y alma.

- Centro espírita La Luz del Porvenir- Crevillente -

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                                                             EL AURA

 

                          


    Es  la fotoesfera coloreada que  envuelve al cuerpo.  Viene a ser como  un halo de energía que nos rodea y aparece luminoso; este halo de luz  lo  emanamos de nuestro cuerpo  todos los seres  en mayor o menor grado de intensidad, aunque a simple vista la mayoría de las personas no lo apreciemos. 

     En realidad existen tres auras diferentes que forman el aura humana, que  se  superponen  configurando como una sola:

La primera es el Aura Vital, que corresponde al cuerpo vital que se  interpenetra en el cuerpo físico, al que rodea y sobrepasa en dos centímetros aproximadamente. Se la conoce como el “Aura de la Salud”, porque de su observación y análisis se pueden captar  y deducir dolencias físicas aun antes de que se manifiesten en el cuerpo físico. Esta aura se alimenta de las energías cósmicas  o Prana que capta el cuerpo físico a través de  los chacras,  los cuales la reciben  a través  de la alimentación y de la respiración. Este aura “orgánica” puede ser fotografiada mediante  la “Cámara Kirlian”. Este aura no es exclusiva de los seres  humanos sino que también existe en los demás reinos de la Naturaleza.  Como sabemos, el Cuerpo Vital es agente transmisor de energías entre el Cuerpo Espiritual y el Cuerpo Físico, lo cual  está acreditado por la existencia de enfermedades psicosomáticas en las que un conflicto psíquico se transmite y afecta al  organismo físico a través del Cuerpo Vital, y termina por generar una dolencia física, tal como infartos de corazón, úlceras de estómago, cáncer, etc.

La segunda  Aura es la del Cuerpo Astral   (Periespíritu), que tiene forma ovoidal, rodeando al cuerpo de la persona y sobrepasando a la anterior, con una extensión de entre diez y cuarenta centímetros, siendo más luminosa por su parte superior que es de una tonalidad más intensa y varía de color dependiendo del estado emotivo de la persona a cada momento, así como de los sentimientos y los deseos que esté   experimentando. 

             La tercera es el aura del Espíritu que sobrepasa a las anteriores y tiene tonalidades fijas que reflejan el estado o nivel  espiritual  evolutivo de la persona, según sea su  grado de inteligencia, amor y fortaleza espiritual. En Seres altamente evolucionados, este aura tiene una gran extensión, llegando a irradiar hasta varios metros alrededor de su cuerpo. El aura espiritual es la que han representado pintores y escultores  rodeando las imágenes de santos en los más antiguos libros sagrados, lo cual indica que la Videncia Psíquica, de la que hablamos en el próximo capítulo, es tan antigua como el ser humano. 

     Todas estas auras son susceptibles de ser vistas y descritas por personas con la facultad psíquica adecuada para captar esta clase de videncias, aunque la mayoría de los humanos, con el debido entrenamiento y práctica podemos desarrollar esta  habilidad.

 El aura y las relaciones humanas

        El contacto directo entre las auras de dos personas desconocidas cuando se encuentran por vez primera,, posiblemente determina, aun antes del trato que vayan a tener, la inexplicable repulsión o atracción inicial que experimentan entre ellas, según  sea el grado de semejanza o afinidad de  las emanaciones vibracionales de sus  energías  psíquicas respectivas .     

          Cuando el grado  de aproximación  física es elevado,  suele producirse una  “interrelación de campos magnéticos”, por la que los sentimientos de atracción o de repulsión, según la afinidad que haya entre ambos sujetos, se intercambian instantáneamente.  Esta  interrelación  afecta al  “magnetismo animal” o “Aura Vital” del cuerpo físico, lo cual explica esos casos de personas que captan y sufren físicamente, incluso a distancia, las dolencias  de otros que les están psíquicamente ligados  por  sentimientos afines o simplemente  por  compenetración psicológica o afectiva.

     En esta interrelación de campos magnéticos, además de los sentimientos y los desequilibrios energéticos que afectan a un organismo, pasando sus sensaciones  al otro, también a veces se dan casos de personas con un alto nivel de energía vital que a través de este proceso, al entrar en contacto con otros que por cualquier causa tal como una enfermedad física o psíquica, experimentan de modo brusco un “bajón  vital” y se encuentran de repente con pocas energías, decaídos y hasta deprimidos.   Esto es debido a que estas energías como cualquier fluido por un principio similar al de los vasos comunicantes, se transmiten normalmente desde donde hay más hacia el que tiene menos, y tanto los enfermos  físicos  como los desequilibrados psíquicos,  suelen tener niveles de energía vital y psíquica, bajos o contaminados por vibraciones de energía negativa, por lo que, generalmente aun de modo inconsciente, estas personas actúan como vampiros de esta energía  vital que les falta.

      En las auras espirituales y periespirituales se conserva la memoria subconsciente con sus  recuerdos grabados, así como los sentimientos e impresiones de vidas anteriores, por lo que de modo inconsciente se atraen o se repelen  entre ellas, según que los recuerdos  del subconsciente sean  de una relación mutua grata o ingrata; si fueron de amor o de odio.  Cuando  más adelante hablemos de Reencarnación, se comprenderá mejor  cómo  el  Ser reencarnante con su  periespíritu, puede  transmitir  los valores, fobias, simpatías, y defectos a  la nueva persona que lo reencarna.

- José Luis Martín-

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