INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- ¿ Quien era Yvonne do Amaral Pereira ?
2.- El olvido de vidas anteriores.
3.- El hoy y el mañana del hombre.
4.- El tiempo y la reencarnación
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Yvonne do Amaral Pereira fue una de las médiums más respetadas del Espiritismo, y conocida por obras como " Memorias de un Suicida", un libro profundo que hasta hoy consuela corazones y esclarece sobre la vida espiritual.
Pero lo que mucha gente no sabe es que detrás de sus libros había una mujer que enfrentó desafíos intensos, convivió desde la infancia con visiones y experiencias marcantes en el mundo espiritual y mantuvo una vida de disciplina y dedicación a la caridad.
Yvonne también tenía una relación de profunda amistad con Chico Xavier
Ellos intercambiaban cartas y palabras de ánimo, apoyándose mutuamente en la misión mediúmnica. Mientras que Chico traía mensajes de consuelo, Yvonne abordaba temas más dolorosos como las obsesiones espirituales; dos trabajos que se complementaban , llevando consuelo y esperanza a millares de personas.
Su trayectoria nos recuerda que la mediumnidad es una misión de amor, que exige coraje, fe y entrega.
-Aportación de Ale Souza -
Traducción de José Luis Martín.
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EL OLVIDO DE VIDAS ANTERIORES
El hecho de que no recordemos las vidas anteriores no constituye una prueba en contra de la reencarnación, del mismo modo que no podemos circunscribir las dimensiones de nuestra vida actual con lo que tenemos en la memoria, y en última instancia, el hecho de que nuestra existencia no puede depender de que tengamos o no memoria de ella.
Además de las tradicionales razones morales que se esgrimen, debe comprenderse que el espíritu y el cuerpo conforman un sistema cibenético, operando sobre la base de un mecanismo de homeóstasis o equilibrio que produce ese olvido, debido a que las tensiones que provocarían tales recuerdos harían imposible la vida encarnada. Ese olvido permite que el espíritu continúe su trayectoria sin problemas de conciencia que le atormentarían o le harían errar nuevamente.
Asimismo hay que tener en cuenta que las vivencias obtenidas cuando se disponía de otros cerebros, no pueden ser alcanzadas por el cerebro actual, ya que están alojadas y sintetizadas en el inconsciente o memoria espiritual. Efectivamente, nuestro organismo no posee la complejidad y el desarrollo neuro-cerebral que permite registrar conscientemente experiencias que no se han procesado sensorialmente en la vida actual. Solamente en circunstancias especiales, puede aparecer la memoria cerebral del espíritu, permitiendo un contacto con nuestro pasado. La conciencia de las vidas anteriores se adormece en lo profundo del alma que encarna en un nuevo cuerpo, y este recuerdo, lejos de ser útil en la nueva vida, causaría enormes dificultades.
No hay injusticia moral en el hecho de ser afectados por las consecuencias de situaciones anteriores, originadas en vidas que no recordamos, puesto que, como establece un principio jurídico universal, el desconocimiento de la ley no justifica su inobservancia, ni excluye de sus efectos directos. Además, aunque la conciencia de las personalidades anteriores quede obliterada por el acoplamiento con un nuevo cuerpo, siempre se están expresando, sintetizadas, las adquisiciones y aptitudes intelectuales o artísticas, y las cualidades morales conquistadas en las vidas precedentes.
Hay olvido temporal de esos recuerdos, lo que no implica que se hayan extinguido, como se comprueba con las técnicas hipnóticas que bucean en ese inconsciente espiritual y registran lo que allí está grabado.
Aunque el olvido de vidas pretéritas está generalizado en los seres humanos, se conocen muchos casos excepcionales de individuos que han tenido recuerdos parciales o completos de aquellas.
- Jon Aizpúrua. de su obra Fundamentos del Espiritismo.
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EL HOY Y EL MAÑANA DEL HOMBRE
¡Y qué imparcial es en todos sus fallos !; ¡Con qué severidad recluye al delincuente! ¡Cómo le arroja y le fuerza!... No tiene penitenciarias de piedra con gruesas rejas y sendos candados; pero ¡ay! tiene a su mano el horror que inspira toda acción perversa, y propinando la dosis conveniente al que debe castigar, le ahuyenta de sus semejantes más dignos para mezclarle con los de su rango, le prepara a la reparación por medio del arrepentimiento, y le hace resarcir con creces la falta cometida, una vez arrepentido, mediante obras de verdadero desinterés y sacrificio. Sólo a este precio cesa en su enemistad; sólo a este precio le deja gozar del sol de la dicha.
Aspirar a este goce es el objeto formal del espíritu. Su trabajo le redime; su amor le ensalza: con estas dos prendas de inestimable valía, la conciencia le abre las puertas del reino de la felicidad, en el cual, seguramente, no hay más que uno que puede penetrar sin llevar polvo en sus sandalias; pero no por esto nos está vedado a los demás su goce relativo, equiparado siempre con el polvo que llevemos en los pies.
Tales son el ayer, el hoy y el mañana en la vida eterna del espíritu.
QUINTÍN LÓPEZ GÓMEZ
( Tomado de la Revista Amor, Paz y Caridad)
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Para que el hombre físico se convierta en hombre espiritual, el milagro exige mucha colaboración de las entidades espirituales. Las alas sublimes del alma eterna no se expanden en estrechos escondrijos de una incubadora, hay que trabajar, bruñir y sufrir.
Hastiados de las sensaciones en el plano grosero de la existencia, el alma intenta otros dominios. Se busca la novedad, el consuelo desconocido, la solución a la tortura de los enigmas.
La llama del propio corazón, convertida en un santuario de claridad divina, es la única lámpara capaz de iluminar el misterio espiritual, en la marcha redentora y evolutiva. Al lado de cada hombre y de cada mujer, en el mundo, permanece viva la Voluntad de Dios, en lo relativo a los deberes que le corresponden. Cada cual tiene a su frente el servicio que le compete, como cada día trae consigo especiales de realización en el bien. El Universo se encuentra en el orden absoluto, como aves libres en los limitados cielos, interferimos en el plano divino, creando para nosotros prisiones y ataduras, o liberación y enriquecimiento.
Somos, en el palco de la Corteza Planetaria, los mismos actores del drama evolutivo. Cada milenio es un acto breve, cada siglo es un escenario veloz. Utilizando cuerpos sagrados perdemos la oportunidad santificante de la existencia, haciéndonos réprobos de las leyes soberanas, que nos enredan a los escombros de la muerte, como náufragos piratas por mucho tiempo indignos del retorno a las lides del mar.
Son muchas las almas indecisas, presas de la ingratitud y de la duda, de la flaqueza y de la disposición, esclavizadas en la tiranía del instinto, las que viajan divagando en el desierto de la propia negación; como pájaros de alas partidas, intentan volar al nido de la libertad y de la paz, y que, no obstante, aun se debaten en el lodazal de los placeres de ínfima condición.
“Es por esta razón que los graneros de luz permanecen vacíos. El vendaval de las pasiones fulminantes de los hombres y de los pueblos pasa ululando, de uno a otro polo, sembrando malos presagios. Es la época moderna, la locura se generaliza y la armonía mental del hombre está a punto de zozobrar. Con el cerebro, envuelto y el corazón inmaduro, el hombre actualmente, se requinta, en el arte de estragar el progreso espiritual.
Existe en la actualidad una nueva amenaza en el domicilio terrestre, el profundo desequilibrio, la desarmonía generalizada, las molestias del alma que se ingieren, sutiles, solapando la estabilidad, convirtiendo la Tierra en un campo de interminables hostilidades.
Casi todos los cuadros de la civilización moderna se hayan comprometidos en la estructura fundamental, necesitando movilizar todas las fuerzas a su alcance, para su propia causa.
El trabajo salvacionista no es exclusividad de la religión, constituye un ministerio común a todos, es una obra genérica para la colectividad, un esfuerzo del servidor honesto y sincero, interesado en el bien de todos.
No hay que olvidar la propia luz, no contar con antorchas ajenas para la jornada, es indispensable considerar el propio deber de integridad cada día. Es imposible progresar en un siglo, sin atender las obligaciones de la hora, es imprescindible, recomponer las energías, reajustar las aspiraciones y santificar los deseos.
No basta creer en la inmortalidad del alma. Es inaplazable la iluminación de uno mismo, con el fin de ser claridad sublime. Importa elevar el corazón, romper las murallas que nos encarcelan en las sombras, olvidar las ilusiones de la posesión, dilacerar los velos espesos de la vanidad, abstenerse del personalismo envilecido, para que la claridad resplandezca en el corazón y Dios disipe las transitorias tinieblas.
La Puerta Divina no se abre a espíritus que no se divinizaron por el trabajo incesante de cooperación con el Padre. Como obreros decididos y valerosos, hemos de alimentar la esperanza renovadora. Siendo el ministerio de iluminación y de eternidad.
Se hace necesario, que encendamos en el corazón el amor fraternal, al frente del servicio. No bastará, en nuestras realizaciones, la creencia que espera, es indispensable el amor que confía y atiende, transforma y eleva, como vaso legitimo de la Sabiduría Divina.
La evangelización de las realizaciones en los dos planos de la vida es un deber tan natural y tan inaplazable como lo es la evangelización de las personas.
La espiritualidad Superior, a través de la oración y el trabajo constructivo se vincula al hombre proporcionándole el contacto con los Almacenes Divinos, supliéndolo según su justa necesidad. Las facilidades que gozan los espíritus elevados que tanto admiramos, son prodigadas al hombre por Dios, en todos los lugares. El aprovecharlas es opción de el. Las maquinas terrestres pueden alzarle a considerables alturas, pero el vuelo espiritual, con el que se libera de la animalidad, jamás el hombre lo realizará sin alas propias.
Solo los siervos que trabajan, graban en el tiempo las marcas de la liberación; solo los que se bañan en el sudor de la responsabilidad consiguen acuñar nuevas formas de vida y de ideal renovador.
- Merchita -
Extraído del libro “En un Mundo Mayor” de Chico Xavier














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