sábado, 7 de marzo de 2026

Desaparición del cuerpo de Jesús

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- ¡ Quiero ir al Cielo !

2.- Íntimamente

3.- La influencia de tantos vicios

4.- Desaparición del cuerpo de Jesús

                                    ***********************************



¡QUIERO IR AL CIELO!

Amalia Domingo Soler
Libro: La luz del futuro

Siempre he sido amante de la verdad, y como en las visitas de pésame se miente tanto, nunca he acudido a ver a mis amigos en los primeros momentos de llorar al ser amado, sino después del duelo oficial, cuando en torno de la viuda afligida, o de la madre desolada no ha habido una caterva de seres indiferentes que llevan el luto en el traje y la alegría o la indiferencia en el alma.
Por eso, cuando Clementina perdió a su esposo, no fui a verla hasta que se quedó sola con sus hijos y sus recuerdos; Clementina estaba inconsolable. Yo, que ya tenía algunas nociones del Espiritismo, traté de hacerle comprender que tras la tumba germinaba la vida; pero Clementina se reía amargamente de mis palabras, diciéndome con triste ironía: -Los que se van, no vuelven, esos son cuentos de viejas y leyendas de ilusos; el Espiritismo es otra de las muchas farsas del mundo.
 Una noche que estábamos hablando sobre si los muertos se comunicaban o no, entró el doctor Sánchez, amigo íntimo que fue del esposo de Clementina, a quien ella respetaba muchísimo, por su preclaro talento, oyó nuestra charla, y sonriéndose bondadosamente, dijo en tono festivo: -Señoras: escucho con gusto su discusión sobre muertos y espíritus.
 Y exclamó Clementina: -Figúrese usted qué disparate sostiene Amalia, asegura que los muertos se comunican. Si tal cosa sucediera, ya hubiera venido mi Pepe a decirme: “¡Clementina, no llores, que aquí estoy yo!” El doctor la miró fijamente, y volviéndose a mí, me preguntó: -¿Es usted espiritista?
 -Quiero serlo. -Yo también. -¡Usted!... –gritó Clementina en el colmo del asombro. -Sí, yo; ¿Por qué te admiras? -¿Usted, tan formal y tan sabio?...
Mi Pepe decía que no había en el mundo dos hombres como usted. -Tu marido me miraba con los ojos del cariño, y éste es el cristal de más aumento que se conoce; pero dejando a un lado mi suficiencia, lo que yo puedo decirte es que hay muertos que se comunican; no diré que sean todos, pero yo he tenido pruebas innegables de la comunicación de los espíritus.
 -Explíquese, por Dios; cuénteme… ¡Ay, si yo pudiese hablar con mi Pepe!...
 -Si te hablo así, es para demostrar que es muy aventurado decir sin conocimiento de causa: tal cosa no puede ser. Creer a ciegas, denota sobra de ignorancia, y negar porque sí, escasez de entendimiento. Dudar es de sabios; creer, es de tontos; negar, es de locos. -¡Ah!, no; si usted me asegura que hay muertos que se comunican, lo creeré; me merece toda la confianza.
 -Lo que voy a contarte no es para convencerte de si es verdad o no la comunicación de los espíritus; por otra parte, creyendo ciegamente en mí, correrías peligro de engañarte, Clementina, el hombre puede abdicar de todos sus derechos, hacer donación de todos sus bienes, pero no de su criterio, ni de su corazón. Ahora escucha:

A los dieciocho años me enamoré de Lidia, hermosa criatura, de la que podía decirse como dice Campoamor: 
“Es tan bella esa mujer, que bien se puede decir: sólo por verla…, nacer; después de verla…, morir.” 
Durante un año, viví en el paraíso. Lidia me quería con delirio, y vivíamos el uno para el otro. Andrés, mi hermano mayor, que estaba viajando, al volver y al ver a Lidia, quedó prendado de su belleza y de su bondad; pero supo ocultar su admiración y arregló las cosas de manera que mi padre me hiciera marchar a Sevilla, para acompañar a un hermano suyo, Deán de la Catedral, que estaba enfermo. Aprovechándose de mi ausencia, mi hermano interceptó nuestras cartas, y dijo a Lidia que yo estaba resuelto a seguir la carrera eclesiástica, por cuya causa me había reunido con mi tío el Deán. Así pudo Andrés lograr que le concediera su mano, aunque no su corazón.
 Mi madre, cuyas ilusiones se cifraban en que yo fuera sacerdote, creyendo la infeliz, en su ignorancia, que así me abría las puertas del cielo, ayudó a mi hermano en su inicua obra. Se hizo  el casamiento sin yo saberlo; los novios se fueron a viajar, y mi madre vino a Sevilla, a prepararme para recibir el fatal golpe. Creía yo en el amor de Lidia con tanta fe, la creía tan buena… tan santa… tan pura… que cuando mi madre, después de decirme que Dios me llamaba para ser uno de sus ministros, me participó el casamiento de Lidia con mi hermano, perdí la razón, de cuyas resultas estuve más de dos años demente.
 Al recobrar la lucidez de mi inteligencia, supe que Lidia había muerto a los diez meses de casada. Mi pobre madre, arrepentida de su obra, se convirtió en mi ángel tutelar: no me abandonó ni un segundo mientras estuve loco, ni después de recobrar el juicio, e hizo bien, porque yo conservaba tal odio a mi hermano, que hubiera sido un segundo Caín sin remordimiento alguno.
Mi madre había ayudado a mi desgracia; pero empleó después todo su cariño en reparar el mal hecho. Viendo que rechazaba yo el sacerdocio eclesiástico, ella misma se encargó de buscarme esposa, y me casé con una joven muy buena, a la cual hablé con toda franqueza, porque la imagen de Lidia no se borraba de mi mente.
Me conformé a todo, y me casé por transigir, por complacer a mi madre y por ver si teniendo hijos vivía mejor. Tuve mucha suerte, pues mi compañera ha sido discretísima. Su dulzura y su conformidad consiguieron despertar en mi alma un hondo afecto, que era menos que amor y más que amistad.
Cinco hijos, dos mujeres y tres varones, inundaron mi casa de muñecas y caballos, y entre mi madre, mi esposa y mis hijos, para el mundo he sido un hombre feliz, mientras que me he creído desgraciado.
Mi hermano mayor se estableció en la Habana, desde donde sostenía correspondencia con mi madre. Así pasaron dieciséis años. Por fin, una mañana ella entró en mi despacho, llorando; se sentó a mi lado, cogió mis manos entre las suyas y me dijo: -Felipe, tu hermano Andrés se ha casado nuevamente. Quiere volver a su país; quiere que tú le perdones; quiere que yo sea la madrina de su primer hijo. Si él pecó, bastante castigo ha tenido. El rencor es propio de almas ruines, y como tú eres bueno, no me podrás negar lo que voy a pedirte. Reflexiona que cuanto mayor es la ofensa, es más grande el que perdona. Tu hermano te escribe: lee. Y me entregó una carta de Andrés, escrita con la mayor humildad, acompañada de algunas líneas muy expresivas de su esposa.
Por un momento se me representó mi juventud, mi perdida felicidad, la perfidia de mi hermano; pero la entrada de una de mis hijas, que vino a referirme sus cuitas con motivo de haberle roto su hermano una muñeca, hizo olvidarme de mi agitación, y al sentarla en mis rodillas miré a mi pobre madre, que me suplicaba con sus ojos, y le dije: -No puedo negarle a usted nada, madre mía. Cuando venga Andrés, iré con toda la familia al muelle, y nada le diré de lo pasado.
¿Está usted contenta? La pobre me abrazó y me besó como si yo fuese un chiquillo: parecía loca de alegría. Un mes después llegó mi hermano a Sevilla, acompañado de su esposa. Fuimos a recibirle. Cuando le vi, no le conocí: parecía un viejo setentón, y eso que aún no contaba cincuenta años. Yo, en cambio, tenía más de cuarenta, y nadie me echaba treinta.
 Al verle, me convencí de que en la culpa va la penitencia. Nos abrazamos fraternalmente. Mi  madre, emocionada, nos estrechó a ambos en su seno, exclamando: -¡Ahora ya no me importa morir! La esposa de mi hermano a todos nos fue muy simpática: era uno de esos seres vividores que se granjea el cariño de todos. Formamos todos una sola familia. Mi cuñada Anita intimó mucho con mi mujer; mi hermano se convirtió en abuelo de mis hijos, y tanto los mimó, que al preguntarles quién era Dios, decían que su tío Andrés.
Al ver aquel cuadro, me sentí conmovido, y decía para mí: Este hombre que hoy es la alegría de mi casa, fue ayer mi desgracia, la causa de mi locura y del perjurio de Lidia. ¡Pobre niña!... ¡Tan buena… tan hermosa!...
Seis meses después, se verificó el parto de Anita, que tuvo una niña preciosa: mi madre y yo fuimos padrinos. Se le puso por nombre Consuelo. Desde el nacimiento de aquella niña me sentí feliz, sin explicarme la causa entonces; el inmenso vacío de mi corazón se llenó por completo con las inocentes caricias de la niñita mimada de todos.
Entre Consuelo y yo se estableció un cariño tal, que ni ella quería estar con nadie más que conmigo, ni yo gozaba con nada, sino teniéndola en mis brazos y llenándola de caricias y de besos. Seis años, fui completamente feliz. Lo que turbaba mi dicha era que mi sobrina aún no tenía dos años cuando ya me decía: “¡Tío, quiero ir al cielo!” Frase  que repetía con frecuencia, especialmente cuando por las noches fijaba su expresiva mirada en las estrellas. De pequeña se crió robusta; pero al ir creciendo enflaqueció y se puso pálida. Sus grandes ojos adquirieron una expresión melancólica, y cuando comenzó a andar diríase que dejó de ser niña, convirtiéndose en mujer. Yo, como médico, adivinaba el germen de una enfermedad incurable. La hice pasar largas temporadas en el campo, al pie de la sierra, y prolongué sus días en la Tierra cuanto la ciencia puede prolongarlos. Dábamos largos paseos por la tarde, y aun me parece verla con su vestido blanco y sus largas trenzas, pues tenía un cabello hermosísimo, que nunca permití se lo cortaran.
Al regresar a casa solía detenerse mirando al espacio, a la vez que con la mayor dulzura me decía: -Tío, quiero ir allá… Y señalaba el horizonte. -¿Pero no estás bien aquí? –Le replicaba yo-; ¿No te queremos todos mucho?... ¿Qué deseas? Dímelo y te lo daré. -No te enfades –añadía ella cariñosamente-, yo no te puedo decir qué me falta, ni qué deseo… pero… ¡Quiero ir al cielo! Y como una luz que se apaga, se fue acabando la vida de Consuelo.
Predijo la hora de su muerte, sin equivocarse ni en un segundo; quiso que toda la familia rodeara su lecho; llamó a su padre y a mí, nos juntó las manos, y con una voz dulcísima que aún vibra en mis oídos, nos dijo: -¡No me lloréis, porque me voy al cielo!... Y quedó muerta con la suavidad de un pájaro que dobla la cabecita. Sus padres se resignaron, pero yo estuve próximo a perder por segunda vez la razón. No podía acostumbrarme a su ausencia. Iba frecuentemente a visitar su sepultura, cuando un año después oí hablar de Espiritismo, y sin decir nada a mi familia, asistí a una sesión espiritista.
 Evoqué mentalmente al Espíritu de Consuelo, y los médiums empezaron a escribir. Una joven, al terminar, dijo sonriéndose: -No entiendo lo que he escrito: no responde a las preguntas que se han hecho; es una comunicación de carácter íntimo, y hay un nombre desconocido. -¿Qué nombre es ese? –Pregunté con emoción. -Lidia. Al oír aquel nombre, no sé lo que experimenté; pero arrebaté a la joven el papel que tenía en la mano, y salí de la habitación llorando a lágrima viva. Dos amigos me siguieron, me calmaron, y cuando estuve tranquilo, uno de ellos me leyó la comunicación, y tantas veces la leí después, que quedó grabada en mi memoria. Decía así: “¡Pobre alma enferma! ¡Calma tu impaciencia! Para que salieras de ese mundo limpio de pecado, volví a la Tierra. ¡Ya has perdonado!... Y perdonadas te serán tus culpas en el cielo, donde te espera el Espíritu de tu Lidia”. No puedo describir la conmoción que experimenté: comprendí perfectamente que Lidia y Consuelo eran un mismo Ser. Entonces comprendí y me di explicación racional del ciego amor que yo había sentido por Consuelo.
 Sin necesidad de asistir a más sesiones, me convencí de que los muertos viven, y comprendí que estaba tan debilitado mi cerebro, que no le convenía recibir fuertes emociones. Pero desde entonces soy en secreto un convencido espiritista.

Clementina escuchó atentamente tan interesante relato y le sirvió de gran consuelo. Estudió luego las obras de Allan Kardec, y formó un grupo familiar, dirigido por el doctor Sánchez, el cual, siempre que tomaba el lápiz para ensayarse en la mediumnidad, trazaba las mismas palabras: “¡Quiero ir al cielo!”  

                                            ******************************

" Dudar es de sabios; creer es de tontos; negar es de locos."

                                ****************************



Mei Mei
     ÍNTIMAMENTE

"
Te enterneces con la historia de los personajes infelices en los romances que la televisión presenta. Te sensibilizas con la situación de las víctimas del drama social en los noticieros de la prensa. Entre tanto, anota por ti mismo.

Las actitudes de las personas que te comparten lo cotidiano, casi siempre, son duramente analizadas por tu sentido de observación, mientras que tus gestos son detallados en profundidad por las criaturas de las cuales dependes o por las que sientes afecto. Eso nos induce a pedirte misericordia en casa y en el grupo de trabajo al que te vinculas.

Ahí, en esos reductos estrechos de acción, es que se encuentran los maridos-problemas y las esposas-enigmas, los hijos en rebeldía y los padres enceguecidos en la intolerancia, los parientes adversarios y los compañeros antagónicos, junto a los cuales, en la Tierra, somos examinados por la Vida, en cuanto a los valores espirituales que ya hayamos conquistado en la escuela de la experiencia.

La familia y el núcleo de afinidades son los recursos de la senda evolutiva, en que todas las criaturas humanas son convocadas a los exámenes precisos cuyos resultados les barran o abren las puertas de la Espiritualidad Superior.

Sea cual sea la cuestión que te aflige el mundo interior, deja que la comprensión te ampare las manifestaciones personales y auxilia a los que aún no te pueden auxiliar. No siempre conseguirás besar la mano que te hiere, pero, en cualquier momento, dispones de la posibilidad de ofrecerle la bendición de la tolerancia.

Paciencia y amor son los medicamentos del alma, capaces de curar cualquier relación enfermiza. Adversarios y compromisos de existencias pasadas vuelven a nosotros, matemáticamente, en las áreas de la reencarnación para que le convirtamos la aversión en simpatía y el débito en rescate.

Nunca te olvides.

Te será siempre fácil enseñar el camino de la luz a los compañeros que desconoces, no obstante, en la vida particular, cada corazón es invitado a encender la luz del camino, en sí mismo, a fin de que seamos viajeros desviados en la jornada de elevación.

Extiende tu propia alma en la dádiva que hicieres. "

Espíritu Meimei
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Palabras del corazón”

                                                             ******************************


    LA INFLUENCIA DE TANTOS VICIOS

                                      

  El espiritismo nos enseña que muchos vicios, como el alcohol, las drogas, el juego o las conductas compulsivas, no se originan únicamente en debilidades humanas, sino que también pueden verse potenciados por la influencia de espíritus obsesivos.
Estos hermanos desencarnados, todavía apegado a las cosas materiales, a menudo aún atados a los mismos deseos terrenales, se acercan a seres encarnados que vibran en la misma frecuencia de pensamiento y emoción.
La conexión se fortalece por la afinidad, creando un círculo vicioso difícil de romper: el vicio atrae la obsesión, y la obsesión alimenta el vicio.
¡Pero nada es definitivo! La oración sincera, el tratamiento médico y espiritual (pases, evangelio en el hogar, agua fluidificada) y, sobre todo, la firme voluntad y cambio de hábitos, son verdaderos caminos para liberarse de esta sintonía que enferma.
Cuidar la mente, el cuerpo y el alma es la clave para romper esta cadena y redescubrir la libertad espiritual. Busca también tratamiento médico. La ciencia y la espiritualidad van de la mano.
Meu Livro Espírita
Mensajes Espíritas                                
                                         ****************************************************


^
                                                                     

                
    DESAPARICIÓN DEL CUERPO DE JESÚS

 La desaparición del cuerpo de Jesús después de su muerte ha sido objeto de numerosos comentarios; los cuatro evangelistas dan testimonio del hecho, y hablan de las mujeres que se presentaron en el sepulcro al tercer día y ya no encontraron el cadáver.. Algunos consideraron a esta desaparición un hecho milagroso, otros supusieron un rapto clandestino.

De acuerdo con otra opinión, Jesús nunca habría poseído un cuerpo carnal, sino un cuerpo fluídico: durante toda su vida habría sido una aparición tangible, una especie de agénere. Su nacimiento, su muerte y todos los actos materiales de su vida habrían sido  aparentes. Su cuerpo, de regreso al estado fluídico, pudo desaparecer del sepulcro y, con ese mismo cuerpo, apareció después de su muerte.

Un hecho similar no es totalmente imposible, de acuerdo con lo que hoy sabe sobre las
propiedades de los fluidos. Pero sería un hecho excepcional y opuesto al carácter de los agéneres

El problema es saber si tal hipótesis es admisible y si es confirmada o negada por los
hechos.
. La permanencia de Jesús en la Tierra comprende dos períodos: el que precedió y el que siguió a su muerte. En el primer período, desde el momento de la concepción hasta el instante del nacimiento, todo es absolutamente normal. Desde su nacimiento hasta su muerte, todo, en sus actos, en su lenguaje y en las diversas circunstancias de su vida presenta los caracteres inequívocos de la corporeidad. Los fenómenos de orden psíquico que se producen en Jesús son naturales y no presentan características anormales, ya que se explican por las propiedades del periespíritu y se encuentran en diferentes grados en otros individuos. Después de su muerte, por el contrario, todo en
él revela la naturaleza de un ser fluídico. La diferencia entre ambos estados es tan marcada, que no es posible confundirlos.

El cuerpo carnal presenta las propiedades inherentes a la materia propiamente dicha y éstas, difieren esencialmente de las de los fluidos etéreos. La desorganización del cuerpo carnal se opera por la ruptura de la cohesión molecular. Un instrumento cortante que penetre en el cuerpo material, separa los tejidos. Si son alcanzados los órganos esenciales a la vida, su funcionamiento se detiene y sobreviene la muerte, esto es, la muerte del cuerpo. Esta cohesión no existe en los cuerpos fluídicos, la vida no reposa sobre el funcionamiento de órganos especiales y no pueden producirse desórdenes
análogos. Un instrumento punzante penetra en el cuerpo fluídico como a través del vapor y no ocasiona ninguna lesión. Por ese motivo esas clases de cuerpos no pueden morir, como tampoco a los seres fluídicos llamados agéneres los podrá afectar la muerte.

Después del suplicio de Jesús, su cuerpo permaneció allí, inerte y sin vida, fue enterrado como era costumbre y todos pudieren verlo y tocarlo. Después de su resurrección, cuando quiere dejar la Tierra, no muere. Su cuerpo se eleva, se desvanece y desaparece sin dejar huellas, prueba evidente de que ese cuerpo era de naturaleza distinta del que expiró en la cruz, de lo que se deduce que si Jesús murió, debió poseer un cuerpo carnal.

Debido a sus propiedades materiales, el cuerpo carnal es el asiento de las sensaciones y los dolores físicos que repercuten en el centro sensitivo o espíritu. El cuerpo no sufre, sino el espíritu, que es el que recibe la repercusión de las lesiones o alteraciones de los tejidos orgánicos. En un cuerpo privado de espíritu, no existen sensaciones. Por la misma razón, el espíritu, al no poseer un cuerpo material, no puede sentir los sufrimientos que son el resultado de la alteración de la materia.

De donde es preciso concluir que si Jesús sufrió materialmente -de lo cual no hay duda-, es porque poseía un cuerpo material de naturaleza análoga a la del hombre común.

. A los hechos materiales se agregan las consideraciones de orden moral de la mayor
importancia.

Si Jesús hubiese sido durante toda su vida un ser fluídico, no habría conocido ningún dolor ni ninguna de las necesidades del cuerpo. Imaginar que ha sido así, es quitarle todo el mérito a la vida de privaciones y sufrimientos que él eligió como ejemplo de resignación. Si todo en él hubiera sido aparente, todos los actos de su vida: el anuncio reiterado de su muerte, la escena dolorosa en el monte de los Olivos, su pedido a Dios para que apartara el cáliz de sus labios, su pasión, su agonía, todo, hasta sus últimas palabras en el momento de ofrendar el espíritu, hubiesen sido vanos simulacros para confundir sobre su verdadera naturaleza y hacer creer en el sacrificio ilusorio de su
vida, es decir, sería una farsa indigna de un hombre honesto y simple, y, ¡ cuánto más de un ser tan superior! En una palabra, hubiera abusado de la buena fe de sus contemporáneos y de la posteridad.

Estas son las deducciones que surgen de tal doctrina y no son admisibles porque lo disminuyen moralmente en lugar de elevarlo.

Jesús tuvo, como todos, un cuerpo carnal y un cuerpo fluídico.. Los fenómenos materiales y los fenómenos psíquicos que marcaron su vida así lo prueban.

- EL GÉNESIS- Allan Kardec

                                              ^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ 

  



viernes, 6 de marzo de 2026

Desde las regiones de amparo

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- La ética espírita

2.- Usar y abusar

3.- El idioma de los espíritus

4.- Desde las regiones de amparo

                                 ********************************


Fernandez Colavida
 LA ÉTICA ESPIRITA

    A Cicerón se debe la traducción del adjetivo griego ethikós (que se refiere a la costumbre) al adjetivo latino moralis, de donde se ha derivado el substantivo moral, para tener la significación general de ética.
    
Sin embargo, llamaremos moral, en su carácter psicológico, lo perteneciente al espíritu... De ese modo, el término moral es sinónimo de bueno, en franca oposición al inmoral y al amoral. 
La moral, por tanto, en la filosofía, es la regla de conducta que el hombre debe seguir para vivir en conformidad con su naturaleza. 
   
No se puede exigir en la moral una exactitud o un rigor que proporcionan las ciencias físicas y matemáticas, por ejemplo, cuando se refieren al conocimiento y al comportamiento psicológico. 

Como consecuencia, la filosofía instituye que el hombre es el único ser que tiene conciencia de sí, de la finalidad de su vida en la Tierra y que se puede mover en el mundo visible con determinación razonable y libertad.

Por medio del entendimiento y de la voluntad este ser es diferente de los demás, pues sus facultades y atributos le propician la identificación de la verdad y del bien, equivalentes al conocimiento y al amor.

Que le impulsan a la adquisición de la felicidad por medio de reglas, principios y normas de deberes, comportamientos y derechos en relación a sí mismo, a su prójimo, a la vida y a Dios...

Su propósito esencial es descubrir cuál es el fin del hombre, así como cuáles son los principios y normas a que éste se debe someter, como individuo y como ciudadano...

La ética se propone, por tanto, moralizar las acciones humanas, utilizándose de reglas que estén de acuerdo con su naturaleza, con las leyes naturales que corresponden a la naturaleza de Dios.

La razón necesita distinguir cuáles son los juicios morales o principios primeros que se le imponen para distinguir lo bueno y lo malo, lo honesto y lo vituperable, lo digno y lo inmoral.

De los cuales se origina la responsabilidad moral imponiéndose como conciencia moral con fuerza y necesidad que conducen la inteligencia y el comportamiento.

La ley moral es manifestación de la ley eterna (de Dios) que se presenta en el hombre, en la condición de su conciencia moral, que es lo lógico, que es la razón cuando examina y juzga el valor ético de sus acciones.

Se exceptúan los ejemplos de los líderes y constructores del pensamiento ético universal, tales como: Sócrates, Cristo, Francisco de Asís, Lulero, Gandhi, que se sobrepusieron a los tiempos y comunidades donde vivieron.

La conciencia moral puede presentarse con caracteres subjetivos (individuales) y objetivos (sociales o colectivos).

Los primeros son las nociones que establecen los juicios de cuyas apreciaciones resultan las ideas del bien y del mal, de lo noble y de lo indigno, de la mentira y de la verdad, de lo justo e injusto, etc.

Son considerados principios universales e indispensables, porque se aplican en todas las cosas y circunstancias, acatados por todas las personas normales, lo que les da universalidad, y porque se originan en la naturaleza íntima de las cosas...

Estas conciencias - individual y colectiva - no solamente determinan las cosas, sino que establecen las reglas de conducta, prescriben los deberes en tomo del precepto básico.

Es indispensable practicar el bien y evitar el mal, resultando de tal observancia recompensas o castigos, de acuerdo con la acción practicada...

Los conceptos de moral tienen origen en dos órdenes de acontecimientos: efecto de la educación , del medio familiar, social, ambiental y porque son innatos, surgiendo como cualidades o atributos de la mente humana...

La esencia divina está presente en todas las manifestaciones de la vida, por tanto, igualmente en el orden moral: Ahí establece el destino y la naturaleza racional del hombre.

Hacia las Estrellas
(Fernández Colavida) Divaldo P. Franco 

                                                             **********************



                                                                  


                                   USAR Y ABUSAR


Alguien  dijo que Dios creó a los hombres, ofreciéndoles las herramientas con que puedan construir, por si mismos, los caminos de la propia evolución. Esos recursos son aquellos que todos disponemos, cuando en la Tierra, a fin de realizar nuestro perfeccionamiento individual y emprender la conquista de nuestra propia felicidad. 

Usar y no abusar de semejantes concesiones, son las palancas simbólicas que se nos hacen necesarias al equilibrio. 

Recurramos a las enseñanzas vivas de la Naturaleza. 

El hombre dispone del arado para preparar el suelo, no para agredir contra la existencia de los otros. 

Cuenta con la ayuda de las tijeras a fin de cortar, constructivamente, no para herir a quien quiera que sea. 

Ocurre lo mismo en cuanto al cuerpo físico, que nos sirve en el mundo por temporal vivienda. 

La criatura disfruta las energías mentales de modo para crear el bien, no para planear el mal. 

Posee el mecanismo de la voz con el objetivo de hablar educando y construyendo, no para suscitar la perturbación y el sufrimiento en las sendas ajenas. 

Posee el prodigio de los ojos para ver y discernir, no a fin de escudriñar los detritus y amarguras que, por casualidad, se muestren en la senda de alguien. 

Carga el estómago para ayuda de la propia sustentación, no para llenarlo con alimentos innecesarios, estableciendo desequilibrios en el campo orgánico. 

Todas las posibilidades de la existencia son concedidas o prestadas por Dios a la persona humana, habilitándola a promover la solución de sus propias necesidades, pero no para lesionar los intereses y los sentimientos de persona alguna. 

En síntesis. 

El Creador establece los medios de elevación, en ayuda a todos en el aprendizaje de la escuela terrestre. Por eso mismo, usar las concesiones del Señor o abusar de ellas significa problema perteneciente a cada uno. 

Elegir son opciones. Seguro, por ese motivo, resumiendo las leyes del Universo que nos gobiernan en todas partes, aseveran las informaciones de procedencia divina que, en los caminos de la vida, “a cada uno de nosotros será dado, conforme nuestras propias obras”. 


Espíritu Emmanuel 
Médium Francisco Cándido Xavier 


                                                   **********************************


       EL IDIOMA DE LOS ESPÍRITUS


                                                              

¿Con qué idioma hablan los espíritus al desencarnar?

Los espíritus no se comunican con idiomas humanos, aunque pueden usarlos cuando es necesario.

El espíritu no piensa en palabras, sino en ideas puras

Según El Libro de los Espíritus, el pensamiento del espíritu es instantáneo, directo y sin necesidad de lenguaje articulado. En el plano espiritual, la comunicación es: Telepática Vibratoria Por transmisión de ideas completas Sin ambigüedades ni malentendidos No hay traducción, no hay gramática, no hay acentos. Hay idea vibración comprensión inmediata.

¿Entonces por qué a veces “hablan” en español, portugués o francés?

Porque cuando se comunican con encarnados, necesitan adaptarse a nuestro modo de entender.

El espíritu:

• Adopta el idioma del médium

• O el idioma del grupo

• O el idioma que facilite el mensaje

No es que “hablen” ese idioma como lo hacían encarnados, sino que revisten la idea con la forma lingüística que el médium puede captar. Es como si un pensamiento luminoso se vistiera con palabras humanas para poder entrar en nuestra mente.

Entre ellos, los espíritus no usan idiomas humanos

En el mundo espiritual:

• No existe el español, inglés, yoruba, latín o francés.

• No existen dialectos ni barreras lingüísticas.

• No existe la necesidad de “hablar”.

La comunicación es idea a idea, sentimiento a sentimiento, vibración a vibración.

Un espíritu elevado puede transmitir:

• Una emoción

• Una enseñanza

• Una visión completa

• Un recuerdo

• Un consejo

• Una advertencia

todo en un solo impulso mental.

¿Y los espíritus inferiores?

Incluso los espíritus menos adelantados no necesitan un idioma humano, pero: Sus pensamientos son más confusos Sus vibraciones son más densas Sus ideas pueden ser más primitivas o limitadas, Aun así, no usan palabras, aunque pueden imitarlas cuando se manifiestan a través de un médium. En palabras simples En el mundo espiritual no se habla: se piensa, se siente y se transmite. El idioma humano es solo un “traje” que el espíritu usa cuando necesita comunicarse con nosotros.

-         Por “Enseñanza Espírita “


                                  ***************************************************


            DESDE LAS REGIONES DE AMPARO



        Diariamente descienden a la Tierra misioneros , desde regiones más elevadas que la vuestra. Muchos lo hacen desde el plano espiritual. algunos consiguen hacerlo en el plano físico. Se les distingue por su felicidad interior. por la capacidad de brindarse al otro antes que a sí mismos y, sobre todo, por ser elementos capaces de despertar las facultades latentes en seres con los que se relacionan.

     Varias religiones los han designado con el nombre de ángeles (cuando desencarnados), o profetas (cuando encarnados). En la historia de la humanidad tenéis varios ejemplos de ello. No constituye su condición ningún privilegio, pues no fueron creados así  Su superioridad radica en su evolución por los mismos senderos que vosotros transitáis y  vienen para alentaros a recorrerlos, sabiendo que no pueden hacerlo por vosotros. Saben que los designios superiores siempre se cumplen y que el mejor instrumentos de ellos es el tiempo. Vosotros sois libres de mantener el paso que queráis, pero sabed que escojáis el camino que escojáis, este os llevará a despertar el amor en vosotros. Si escogéis el camino del bien, este os podrá parecer arduo, pero será rápido y con varias recompensas en su tránsito. Si escogéis el del mal o el del error, a pesar de parecer más llano, os despertará mayores complicaciones y sufrim9ientos. Estos os llevarán a expiaciones dolorosas que serán el remedio a vuestros extravíos. Pasada la expiación, podréis elegir nuevamente vuestro camino, pero mientras dure al expiación tendréis que ceñiros a ella, pues tendréis la libertad restringida, como consecuencia de vuestras malas acciones en el pasado.

  Aun a pesar de encontraros en la más difícil de las expiaciones, los misioneros de lo Alto acudirán a vosotros como respuesta a vuestro más mínimo llamamiento. Ellos os brindarán la luz que os falta, el amor que precisáis y la luz necesaria para finalizar provechosamente vuestra expiación. Una vez libres de las cadenas de la expiación, estos mismos misioneros acudirán aún más gustosos a asistir a aquellos trabajadores del bien que precien de sus recursos y amparo. No faltarán nunca los obstáculos en vuestro planeta, pero tampoco faltará nunca el apoyo de Jesús.

    Como acabamos de deciros, el tiempo es el gran moldeador de las almas, la encarnación solamente requiere de vuestra paciencia y perseverancia, para que atravesarla sea motivo de dicha y autorrealización. Sabed aprovechar las lecciones diarias que os brinda la vida y aprenderéis a amarla. Cuando os parezca que todo es negro. amad a Jesús, de modo que el lazo que establezcáis con Él, convierta la oscuridad en luz.

Comunicado Espiritual de Hermanos de la Caridad a través de David Estany Prim
( Tomado  de su obra "Las facultades del Espíritu")

                                          *********************************