lunes, 4 de marzo de 2024

Tras la crisis de la muerte

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- El racionalismo religioso

2.- Lo sobrenatural y las religiones

3.- Una rara virtud olvidada

4.- Tras la crisis de la muerte

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      EL RACIONALISMO RELIGIOSO

¡Qué desarmonía existe entre las verdades científicas y las fábulas religiosas! Por esto en el Espiritismo que es el racionalismo religioso, encontramos algo más grande y más convincente de acuerdo con el progreso indefinido de la humanidad y la Omnipotencia de Dios..
Estamos convencidos que los grandes sufrimientos son el resultado de los grandes crímenes y la Creación es un libro en blanco en cuyas páginas vamos escribiendo nuestras historias a través de innumerables siglos; y siempre al final de cada página vemos escritos con caracteres luminosos una palabra que dice: Continuará.
La religión nació con el hombre y el hombre nació con la religión; pero dueño el Espíritu de su libre albedrío, cuando entró de lleno en la vida, cuando abandonó las selvas, formó la tribu y levantó viviendas; cuando las pasiones se despertaron en su pecho y la codicia hizo nido en su corazón, entonces la religión íntima, la religión del alma fue una carga muy pesada para él.
La voz de la conciencia no dejaba dormir al hombre, y él no podía renunciar a sus placeres y ambiciones, entonces fue cuando los hombres crearon religiones apropiadas a sus deseos y necesidades, con un Dios al parecer de paz, pero un Dios pequeño que se contenta con ofrendas de más o menos valía.
Las religiones son un tamiz hecho a gusto de los hombres, por el cual pasan las debilidades y los crímenes, según conviene para la explotación de la vida.
La religión verdadera cuenta con pocos adeptos y el Dios de la justicia no tiene muchos adoradores.
Religión no es cuestión de nombre, es cuestión de práctica y la práctica del bien pueden hacerla todos los habitantes de este planeta, sea cual fuere su creencia y el ídolo de su fe. Es necesario trabajar en el perfeccionamiento propio, y al mismo tiempo en el ajeno.
Es necesario amar para ser amado, compadecer para ser compadecido y ser generoso para encontrar hospitalidad.
La ley de Dios no es más que una, cada cual recoge la cosecha que se merece, la injusticia no existe, Dios es lo exacto; el llanto se hizo en la Tierra para regar la senda de la expiación; para el alma que desea saber, nunca la verdad está oculta, y vale más llorar conociendo que reír sin conocer, vale más un consuelo que una fortuna, la fortuna embriaga, el consuelo fortalece, y un consuelo encontrarás estudiando el Espiritismo, porque verás la luz del pasado entre las densas brumas del presente. Los espíritus nos dicen, por qué el ciego perdió la luz de sus ojos, por qué se quedó el tullido sin agilidad en sus miembros y por qué el idiota carece de inteligencia.
Esta ley eterna de la investigación y del trabajo, es la gran riqueza del Espíritu, porque no hay tarea estéril ni análisis inútil, todas las obras realizadas quedan acumuladas para ir formando su historia, y poder claramente distinguir el trigo de la cizaña.. El Espíritu viene a este planeta a trabajar, a luchar, a cumplir su misión o a sufrir la penalidad de una horrible expiación, y las leyes de Dios son inmutables..
Amalia Domingo Soler

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LO SOBRENATURAL Y LAS RELIGIONES

.. Pretender que lo sobrenatural sea el fundamento indispensable de toda religión, y que constituya la piedra angular del edificio cristiano, implica respaldar una tesis peligrosa. Si las verdades del cristianismo se asentaran sobre la base exclusiva de lo maravilloso, sus cimientos serían débiles y sus piedras se desprenderían con el pasar de los días. Esa tesis, defendida por eminentes teólogos, conduce   directamente a la conclusión de que en un determinado momento ya no habrá religión posible –ni aun la cristiana– en caso de que se llegue a demostrar que lo que se considera sobrenatural es natural.

Por más que se acumulen argumentos, no se conseguirá mantener la creencia de que un hecho es milagroso después de que se ha demostrado que no lo es. Ahora bien, la prueba de que un hecho no es una excepción en las leyes naturales existe cuando ese hecho puede ser explicado mediante esas mismas leyes, y cuando, al poder reproducirse por intermedio de un individuo cualquiera, deja de ser privilegio de los santos. Las religiones no necesitan de lo sobrenatural, sino del principio espiritual, al que confunden sin ningún motivo con lo maravilloso, y sin el cual no hay religión posible.

El espiritismo considera a la religión cristiana desde un punto de vista más elevado; le atribuye una base más sólida que la de los milagros: las leyes inmutables de Dios, que rigen tanto al principio espiritual como al principio material. Esa base desafía al tiempo y a la ciencia, porque tanto el tiempo como la ciencia habrán de sancionarla.

Dios no es menos digno de nuestra admiración, de nuestro reconocimiento y respeto, porque no haya derogado sus leyes, grandiosas sobre todo por la inmutabilidad que las caracteriza. No hay necesidad de lo sobrenatural para que se tribute a Dios el culto que le corresponde. ¿Acaso no es la naturaleza lo bastante imponente de por sí, como para prescindir de lo que fuere para demostrar el poder
supremo? La religión encontraría menos incrédulos si estuviera sancionada por la razón en todos los aspectos. El cristianismo no tiene nada que perder con esa sanción; por el contrario, sólo puede ganar.

Si algo lo ha perjudicado, según la opinión de ciertas personas, ha sido precisamente el abuso de lo maravilloso y lo sobrenatural.

19. Si tomamos la palabra milagro en su acepción etimológica, en el sentido de cosa admirable, se producen milagros permanentemente alrededor nuestro. Los aspiramos en el aire y los encontramos a cada paso, porque todo es milagro en la naturaleza.

¿Queréis dar al pueblo, a los ignorantes, a los pobres de espíritu, una idea del poder de Dios? Mostrádselo en la sabiduría infinita que rige todas las cosas, en el sorprendente organismo de todo lo que vive, en la fructificación de las plantas, en la adaptación de de todas las partes de cada ser a sus necesidades, de acuerdo con el medio donde le ha tocado vivir. Mostradles la acción de Dios en una brizna de hierba, en el pimpollo que se convierte en flor, en el Sol que a todo vivifica.

 Mostradles su bondad en la solicitud que dispensa a todas las criaturas, por ínfimas que sean; su previsión en la razón de ser de cada cosa, ninguna de las cuales es inútil, y en el bien que siempre proviene de un mal aparente y transitorio.

Hacedles comprender, sobre todo, que el mal verdadero es obra del hombre y no de Dios; no tratéis de amedrentarlos con el cuadro de las penas eternas, en las que acaban por dejar de creer, y que los llevan a dudar de la bondad de Dios. En lugar de eso, dadles valor mediante la certeza de que un día podrán redimirse y reparar
el mal que hayan cometido. Señaladles los descubrimientos de la ciencia como revelaciones de las leyes divinas, y no como obra de Satanás. Enseñadles, por último, a leer el libro de la naturaleza, siempre abierto ante sus ojos; ese libro inagotable en cuyas páginas están inscritas la bondad y la sabiduría del Creador. Entonces ellos comprenderán que un Ser tan grande, que se ocupa de todo, que todo lo cuida, que todo lo prevé, forzosamente dispone del poder supremo. El labrador lo verá cuando are su campo, y el desdichado lo bendecirá en sus aflicciones, diciendo: “Si soy desdichado, es por culpa mía”. Entonces, los hombres serán auténticamente religiosos, racionalmente religiosos sobre todo, mucho más que si creyeran en piedras que rezuman sangre, o en estatuas que pestañean y derraman lágrimas.

- EL GÉNESIS- ALLAN KARDEC

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UNA RARA VIRTUD OLVIDADA



Se oye hablar mucho acerca de la olvidada honestidad.

Ciudadanos critican, de forma vehemente, lo que califican como corrupción en el Gobierno. Las imágenes televisivas y los periódicos apuntan a ciudadanos que defraudaron los cofres públicos, de forma directa o indirecta.

Así, todos nosotros que leemos los periódicos, que miramos las imágenes televisivas, que creemos que es muy bueno que ese o aquel personaje, supuestamente deshonesto haya sido encarcelado, nos olvidamos de algo muy importante: la honestidad es una virtud rara en nuestros días.

Ocurre que, de tal forma nos acostumbramos a defraudar, a dañar, que ya no nos percatamos de lo que hacemos.

Veamos algunos ejemplos.No es tan raro que haya deshonestidad en el matrimonio.

Por ejemplo, una relación extra conyugal. Por el motivo que sea, no hay disculpas.

Existe también la deshonestidad comercial, donde los comerciantes venden mercancías de calidad inferior como si fuesen de mejor calidad.

Y aun negocian con la famosa rebaja especial para el cliente. Pero ellos saben que están engañando al comprador. Nada en contra del lucro en la actividad comercial.

Sin embargo, todo en contra la explotación de cualquiera que compre de buena fe.

Y, ¿qué decir de la deshonestidad profesional? ¿Cuántos médicos, abogados, profesores dejan de actuar con honestidad en su profesión?

Cuando el médico asiste a un paciente sin importarle éste, más preocupado en liberarse de una tarea que cree mal pagada;

cuando el abogado pierde plazos legales, dejando de providenciar lo que debía y con eso perjudica a su cliente en la conclusión de la causa;

cuando el abogado alarga determinadas acciones más allá de lo necesario, cobrando con regularidad sus honorarios mensuales;

cuando el profesor no elabora las clases y engaña a los alumnos, padres y administración de la escuela, colegio o universidad, es deshonestidad.

Cuando, como empleados, dejamos nuestros lentes o la cartera sobre la mesa, o el paletó en la silla, para simular que estamos en el local de trabajo, pero no estamos trabajando, eso es deshonestidad.

Cuando utilizamos el tiempo que nos paga la empresa pública o privada, para atender a nuestros asuntos particulares, telefoneando o conversando, somos deshonestos.

Cuando, todavía faltando 20 o 30 minutos para el término de la jornada, nos arreglamos y nos quedamos esperando la hora de salir, estamos defraudando a quien nos paga.

Pensemos: hoy son 20 o 30 minutos, pero, sumados a lo largo de 30 o 35 años de trabajo, ¿cuántos años habremos hurtado a nuestro empleador?

Y todo eso lo hacemos de manera sencilla y común todos los días. Como si fuera normal.

Estamos acostumbrándonos a ser deshonestos, con la disculpa de que somos mal pagados, no reconocidos o porque "todo el mundo lo hace".

Pensemos en eso: analicemos nuestra manera de actuar en el mundo.

Analicemos cuán incorrectos estamos siendo, deshonestos en el hogar, en la escuela, en la calle, en el trabajo, en la sociedad como un todo.

Corrijamos el paso mietras es tiempo. Si los demás lo hacen, el problema es de ellos. No es nuestro.

Seamos de los que hacen la diferencia. No hay que temer a aquellos que nos dicen que somos tontos

Tonto es el que piensa que está engañando a la propia consciencia, donde está escrita la Ley de Dios.

Reformulemos nuestras acciones y, a partir de ahora, hagamos un pacto solemne e irrestricto con la honestidad.

A partir de hoy, sin falta. Creamos: seremos más felices, sin remordimientos y sin temores.

Redacción del Momento Espírita, con base en el programa televisivo Vida y Valores - Honestidad, presentado por Raúl Teixeira y Cristian Macedo.


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      TRAS LA CRISIS DE LA MUERTE

La narración siguiente está sacada de una preciosa recopilación de “revelaciones trascendentales” intitulada: The Morrow of Death by “Amicus”, surgida de la mediumnidad de un particular, el Sr. Ernest H. Peckam. La entidad que se comunicaba designada aquí por el seudónimo de “Amicus”, conforme al deseo expreso de la misma, fue en vida el Rev. A.K. Stokwell, muerto hacía más de cuarenta años antes. Después de dar pruebas suficientes de identificación personal se consagró enteramente a su misión, que consistía en transmitir a los vivos enseñanzas como las que aquí nos ocupan y que forman una exposición admirable, aunque sumaria, de las modalidades de existencia espiritual. Relata de la manera siguiente sus primeras impresiones al respecto.

Cuando me hallaba en el mundo de los vivos, jamás llegué a concebir la existencia de ultratumba. Tenía sobre eso ideas confusas o inciertas que giraban en torno a las concepciones habituales de un “paraíso” reservado a los que conseguían “salvarse” y de un “infierno” listo para tragarse a los “malos”. En mi tiempo, generalmente se ignoraba la posibilidad de comunicación con los Espíritus de los muertos. No había, pues, más que construir teorías y tener fe en Dios. Era la fe lo que yo tenía. En estas condiciones es inútil decirte que, cuando me encontré en el mundo espiritual, quedé profundamente admirado frente a la realidad. Me vi acogido, reconfortado y ayudado por personas que yo conocí en la Tierra y que me precedieron en el gran viaje. Pero, lo que constituyó para mi la alegría de aquella hora fue el encontrarme con mi querida compañera de toda mi existencia, la cual de inmediato se dedicó a prodigarme, en el medio espiritual, las delicadas atenciones y las ternuras afectuosas que me dispensaba en el medio terrestre.

Mis primeros pasos en la morada celeste fueron vigilados por esa afectuosa guía. Puedo afirmar que mi primera impresión en el mundo espiritual fue la prueba de que la estima y la devoción de mi compañera no habían disminuido por consecuencia de la muerte, ya que se renovaron para mí con toda la conmovedora espontaneidad que las caracterizaba en el medio terrestre. Yo sentía que efectivamente había vuelto la dulce vida familiar del período más dichoso de mi existencia; aunque, esta vez gozaba más la felicidad por causa de la alegría suprema de la reunión celeste, después de la larga separación terrena. Observaré a ese respecto que la narración de lo que experimenté no es más que un episodio normal experimentado por toda la gente en el medio espiritual; la muerte no puede eliminar el afecto, ni impedir la reunión de dos almas que se amaron en la Tierra. Naturalmente nuestro afecto recíproco tenía por fundamento muchas cualidades espirituales comunes a ambos.

No obstante, en estos últimos tiempos, el camino que conduce a nuestra elevación espiritual se bifurcó; ambos, no obstante, nos sentimos dichosos de que sea así. Uno de los primeros descubrimientos que hice después de mi muerte fue el de mí mismo. Mi verdadera individualidad se desarrolló ante mis ojos en toda la crudeza de sus colores, revelación esta que no fue precisamente halagadora. El proceso de la muerte física y del renacimiento espiritual es muy interesante e incluso bello. Normalmente a partir del instante en que las funciones corporales comienzan a cesar, proceso que puede durar bastante tiempo, los sufrimientos del cuerpo y las ansiedades del Espíritu paran y van pasando gradualmente a condiciones de inconsciencia absoluta. Más tarde, una vez traspasada la crisis de la muerte, se opera el pleno despertar de la conciencia; el muerto renace entonces hacia una nueva existencia y comienza a desarrollar su actividad en un medio nuevo.

Siempre pasa que, providencialmente, el Espíritu desencarnado no se percibe de que muere; a veces cuando lo nota queda terriblemente trastornado, especialmente si la muerte cortó lazos afectivos muy fuertes. Pero no llega al medio espiritual desamparado; casi nuca se queda entregado a sí mismo; todos los Espíritus, casi sin excepción, al salir de la crisis de la muerte son acogidos por los guías más indicados para reconfortarlos, aconsejarlos y asistirlos. ¿Dónde va a encontrarse el Espíritu recién nacido? He aquí la respuesta: entró en el estado de conciencia único posible según sus condiciones morales, intelectuales, espirituales. El medio que lo recibe está determinado por el grado de espiritualidad en el que se encuentra. A través de la muerte gana la morada espiritual que preparó para sí mismo; no puede ir a ninguna otra parte. Son sus calificaciones espirituales que lo hacen gravitar, con una precisión infalible, hacia las condiciones de existencia que corresponden matemáticamente a sus méritos y desmerecimientos. La gran “ley de afinidad” regula este proceso inexorable.

El hombre, después de la muerte, va para el lugar que para sí mismo preparó; no podría ser de otro modo. Se une a los que se le parecen; gravita hacia las legiones espirituales entre las que se encontrará enteramente a gusto, como en su propio medio, como en su casa. Su futura morada está en el círculo de su alma; sus compañeros espirituales son los seres semejantes. En otros términos; el Espíritu desencarnado por efecto de la ley bienhechora y justa de la “afinidad”, gracias a la cual “cada uno atrae a su semejante”, gravita para el único medio que se adapta a sus condiciones evolutivas, a su elevación moral, a su cultura intelectual. Conforme él mismo las creó por su actividad terrestre. Va a donde forzosamente tiene que ir. Ahora estará bien que te diga dos palabras acerca de la naturaleza de la substancia empleada para las construcciones, o creaciones, en el medio espiritual, así como sobre los métodos usados. Nuestro mundo es el del pensamiento; todo lo que en él se mueve, toca y usa es una creación del pensamiento. Nuestro cuerpo espiritual es una creación substancial del pensamiento; y de nuestro propio cuerpo que, sin ningún prejuicio para nuestra individualidad, exteriorizamos, lo que nos es necesario para el ejercicio de la actividad objetiva.

Alrededor toman forma las creaciones del pensamiento, fundidas y armonizadas con las creaciones pensadas por los otros. Entre esas creaciones algunas son exteriorizaciones inconscientes del pensamiento espiritual; otras provienen de la fuerza creadora del pensamiento guiado por la voluntad para fines determinados. Somos seres construidos de pensamientos, existiendo en un mundo creado por el pensamiento. Naturalmente los que habitan en el mundo terrestre, tan radicalmente diferente al nuestro, tienen dificultad para comprender, e incluso para creer en estas revelaciones. Pero te afirmo que los procesos funcionales que acabo de mencionar son muy simples, muy naturales y extraordinariamente eficaces... Estas enseñanzas espirituales que ahora apenas comenzamos a dar a los vivos constituyen una de las muchas cosas a cuyo respecto Jesús, el Nazareno, afirmó que “aquella generación y aquella época no estaban maduras para recibirlas.”

A propósito del interesante mensaje que acabamos de leer y apoyando la tesis fundamental que sustento, importa insistir sobre el hecho de que encontramos en él las habituales e infalibles concordancias, relativas a gran número de detalles fundamentales, concernientes a las modalidades de existencia espiritual, a saber: la información de que los Espíritus de los muertos, salvo algunas raras excepciones, son acogidos y reconfortados por familiares y amigos que los precedieron en el medio espiritual; en ese momento el Espíritu ya debe haber pasado por la prueba de la “visión panorámica” de todos los acontecimientos de su vida; la información de los Espíritus recién llegados, que no se han dado cuenta de que ya murieron; la información sobre la facultad de modelar y organizar propia del pensamiento en el medio espiritual; en fin, la información sobre la “ley de afinidad”, que regula inexorablemente los destinos humanos, sin la intervención de un Juez Supremo para condenar o absolver al Espíritu desencarnado. Entre los detalles secundarios que todavía no tuve ocasión de comentar, señalemos el del Espíritu cuando dice que a pesar del vivo afecto que le una al Espíritu de su compañera, llegó para ellos el momento en el cual “el camino que nos conducía a la elevación espiritual se ha bifurcado” pero que sin embargo, ambos se sentían dichosos al separarse.

Este detalle concordante con otro análogo, referido en el episodio 4º, es teóricamente importante porque se presenta de forma inesperada, permitiendo admitir que la circunstancia de ser relatado por muchos médiums pueda ser atribuida a “coincidencias fortuitas”. Observaré que algunos de los Espíritus que lo han relatado han puesto atención en completarlo, diciendo que, si los Espíritus ligados por mutuo afecto se separan sin ningún pesar, esto se debe a dos razones: primero porque saben que la separación es necesaria a su recíproca elevación espiritual , diversamente orientada para cada entidad espiritual según la naturaleza de su individualidad humana; Y segundo porque los Espíritus ligados por el afecto saben que siempre que deseen verse, no necesitan más que manifestar la voluntad con el pensamiento para estar instantáneamente juntos.

Ernesto Bozzano

Extraído del libro "La crisis de la muerte"

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domingo, 3 de marzo de 2024

Carta de Allan Kardec a propósito de la humildad

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.-Regeneración de la Humanidad

2.- Espíritus errantes.- Reflexión

3.- El deber cumplido

4.- Carta de Allan Kardec a propósito de la humildad

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   LA REGENERACIÓN DE LA HUMANIDAD



La Regeneración de la humanidad es incluida en los Libros Codificados como revelación de los Espíritus. Es proceso gradual que se evidencia en cada nueva encarnación. 
Se tomaría dos siglos en ajustarse estos acontecimientos. Pero no se dijo en ningún momento que en un tiempo especifico esto tendría lugar, sino que luego del primer siglo de conocerse la revelación espirita que sería un periodo donde la fraternidad sienta sus fundamentos en todos los puntos del globo y los pueblos se tienden la mano; la barbarie se familiariza al contacto de la civilización; los prejuicios de razas y sectas, que han hecho derramar lagos de sangre, se extinguen; el fanatismo y la intolerancia pierden terreno, mientras que la libertad de conciencia se abre paso entre los buenos y se proclama como un derecho. Por todas partes las ideas fermentan: se ve el mal y se ensaya remediarlo, pero muchos caminan sin brújula y se engolfan en utopías. El mundo se halla empecinado en un inmenso trabajo de transformación que durará un siglo; en este trabajo, todavía confuso, se ve, no obstante, dominar una tendencia desde el principio: la de la unidad y uniformidad que predispone a la fraternidad. Éstos serán los signos de los tiempos que han de venir, bien contrarios, por cierto, a los precedentes, pues mientras estos son los de la agonía del pasado, aquellos son los primeros lamentos del niño que nace, los precursores de la aurora que lucirá sus galas en el siglo próximo, porque entonces la nueva generación estará en todo su apogeo. Mientras, el aspecto del siglo decimonono diferirá del aspecto del decimoctavo desde ciertos puntos de vista, como el siglo vigésimo diferir del actual por otros que le serán propios. 

Regeneración De La Humanidad 
Obras Póstumas-Allan Kardec, 25 de abril de 1866 (Paris. - Resumen de las comunicaciones dadas por monsieures M y T, en sonambulismo) 

Los acontecimientos se precipitan con rapidez, y por lo tanto, no os decimos como otras veces: "Los tiempos están próximos", sino que os decimos: "Los tiempos han llegado". Por estas palabras no entendáis un nuevo diluvio, ni un cataclismo, ni una revuelta general. Las convulsiones parciales del globo han tenido lugar en todas las épocas y se producen aún, porque tienden a su constitución; pero estos no son los signos de los tiempos. Y no obstante, todo lo que fue predicho en el Evangelio, debe cumplirse y se cumple en este instante, como vosotros lo conoceréis más tarde; más no toméis los signos anunciados sino como figuras de las que es necesario buscar el Espíritu y no la letra. Todas las Escrituras contienen grandes verdades bajo el velo de la alegaría, y por esto los comentaristas que se han aferrado a la letra, se han equivocado. Les faltaba la clave para descifrar el sentido verdadero. Esta clave se halla en los descubrimientos de las ciencias y en las leyes del mundo invisible que os revela el Espiritismo. De hoy en adelante, con la ayuda de estos nuevos conocimientos, lo que está oscuro se hará claro e inteligible. Todo sigue el orden natural de las cosas, y las leyes inmutables de Dios no serán por ningún concepto interrumpidas. No veréis, por consiguiente, ni milagros, ni prodigios, ni nada sobrenatural en el sentido vulgar que se da a estas palabras. No miréis al cielo para buscar los signos precursores, porque no los hallaréis, y aquellos que os los anuncien os engañarán; pero mirad en torno de vosotros, entre los hombres, y aquí los hallareis. ¿No sentís un viento que sopla sobre la tierra y agita todos los Espíritus? El mundo está atento y como en expectativa de un presentimiento vago acerca la proximidad de la tormenta. No creáis por esto que venga el fin del mundo material: la tierra ha progresado después de su transformación, debe progresar aún y no puede ser destruida; pero la humanidad ha llegado a uno de esos períodos de transformación, y la tierra va a elevarse en la jerarquía de los mundos. No es, pues, el fin del mundo material lo que se prepara; es el fin del mundo moral, esto es, del viejo mundo, del viejo mundo de los prejuicios, del egoísmo, del orgullo y del fanatismo. Cada día se lleva algunos restos. Todo concluirá para él con la generación que se va, y la generación nueva elevará el nuevo edificio que las generaciones siguientes consolidaran y completaran. De mundo de expiación, la tierra está llamada a ser un día un mundo de felicidad, y su habitación será una recompensa en lugar de ser un castigo. El reinado del bien debe suceder-al reinado del mal. Para que los hombres sean felices sobre la tierra, se hace preciso que no sea poblada más que por Espíritus encarnados y desencarnados que sólo quieran el bien. Este tiempo ha llegado ya. Una grande emigración, de entre los que la habitan se está realizando en este momento. Aquellos que hacen el mal por el mal y a los que el sentimiento del bien no les atañe, son indignos de la tierra transformada y serán excluidos, porque le llevarían de nuevo las revueltas y confusiones, siendo un obstáculo a su progreso. Irán a espiar su endurecimiento en mundos inferiores, donde portarán el caudal de sus conocimientos y servirán a la causa del perfeccionamiento. En la tierra serán reemplazados por Espíritus mejores, que harán reinar entre ellos la justicia, la paz y la fraternidad. La tierra, hemos dicho ya, no debe ser transformada por un cataclismo que acabe súbitamente con una generación. La actual desaparecerá gradualmente y la nueva le sucederá del mismo modo, sin que nada se altere en el orden ordinario de las cosas. Exteriormente todo pasará en su forma habitual con la sola y esencialísima diferencia de que una parte de los Espíritus que en ella se encarnaban, no volverán a encarnarse. En el niño que nazca, en vez de encarnar un Espíritu atrasado y con tendencias al mal, encarnará un Espíritu adelantado y portador del bien. Se trata, por lo tanto, menos de una generación corporal que de una nueva generación de Espíritus; y aquellos que esperan ver operarse esta transformación por efectos sobrenaturales y maravillosos, sufrirán una decepción. La época actual es de transición: los elementos de dos generaciones se confunden. Colocados en el punto intermedio, asistís a la partida de una y a la llegada de otra, y cada cual se manifiesta en el mundo por los caracteres que le son propios. Las dos generaciones tienen ideas y puntos de vista diametralmente opuestos. En la naturaleza de las disposiciones morales, y, sobre todo, de las intuitivas e innatas, es fácil distinguir a cuál de las dos pertenece cada individuo. La nueva generación, debiendo fundar la era del progreso moral, se distingue por una inteligencia y una razón generalmente precoces, aunadas a un sentimiento innato del bien y de las creencias espiritualistas; todo lo cual es signo indubitable de cierto grado de progreso anterior. No se crea por esto que toda ella la compongan Espíritus eminentemente superiores, pero sí de aquellos que habiendo progresado lo bastante, están predispuestos a asimilarse todas las ideas progresivas y sean aptos para secundar el movimiento regenerador. Se distingue, por el contrario, a los Espíritus atrasados, por su rebelión desde el primer instante contra Dios, negando la providencia y todo poder superior a la humanidad; y después, por la propensión instintiva a las pasiones degradantes, a los sentimientos anti-fraternales del orgullo, la malevolencia, los celos, la lujuria, en fin, por el predominio, por el deseo vehemente en ellos hacia todo lo que es material. De estos vicios debe la tierra purgarse por el alejamiento de aquellos que rehúsan su enmienda y son incompatibles, por lo mismo, con el reino de la fraternidad y con los hombres de bien, que sufrirían con su contacto. La tierra será libertada y los hombres marcharán sin trabas hacia el porvenir mejor, que les está reservado en ese planeta como premio a sus esfuerzos y perseverancia, en tanto que una depuración más completa les abre la entrada en los mundos superiores. Por esta emigración de los Espíritus no debéis entender que todos los retardatarios serán expulsados de la tierra y relegados a mundos inferiores. Muchos, por el contrario, reencarnarán para ceder al empuje de las circunstancias y del ejemplo, porque su corteza era peor todavía que el fondo. Una vez sustraídos a la influencia de la materia y de los prejuicios del mundo corporal, la mayor parte, y de esto lograréis muchos ejemplos, verán las cosas de una manera totalmente diferente de cuando vivan. En esto serán ayudados por los Espíritus buenos que se interesan por su bien y que se prestan a mostrarles el falso camino que habían seguido. Por vuestras preces y vuestras exhortaciones podéis también contribuir a su mejoramiento, estableciendo de este modo la solidaridad perpetua entre los muertos y los vivos. Para aquellos, pues, que puedan volver de nuevo, esta vuelta les será un bien, porque será una recompensa. ¿Qué importa lo que ellos hayan sido ni lo que hayan hecho, si están animados de mejores sentimientos? Lejos de ser hostiles a la sociedad y al progreso, serán auxiliares útiles porque pertenecerían a la nueva generación. No habrá, pues, exclusión definitiva más que para los Espíritus profundamente rebeldes, para aquellos a quienes el orgullo y el egoísmo, más que la ignorancia, les tiene sordos a la voz del bien y de la razón. Y aun estos mismos no serán condenados a una inferioridad perpetua, sino que vendrá un día en que repudiarán su pasado y abrirán los ojos a la luz. Rogad por estos endurecidos a fin de que se enmienden ahora que es tiempo, porque el día de la expiación se les aproxima. Desgraciadamente, desconociendo la voz de Dios, la mayor parte de ellos persistirán en su ceguera, y su resistencia señalará el fin de su reinado por el de las luchas terribles. En su error correrán presurosos a su propia perdición. Apelarán a la destrucción que engendra multitud de males y de calamidades; y de este modo, sin quererlo, precipitarán el advenimiento de la nueva era, pero como la destrucción no será tan rápida como sus deseos, se multiplicarán los suicidios hasta en los niños, en una proporción desconocida. La locura no habrá arrebatado jamás tan gran número de hombres al libro, de los vivos aún antes de que estén muertos. Estas serán las verdaderas señales de los tiempos. Y todo se cumplirá por el encadenamiento de las circunstancias, sin que nada se derogue en las leyes de la naturaleza, tal como os lo llevamos dicho. Entretanto, a través de la densa sombra que os envuelve y en medio de la grande tempestad que os amenaza, ¡ved aparecer los primeros fulgores de la era nueva! La fraternidad sienta sus fundamentos en todos los puntos del globo y los pueblos se tienden la mano; la barbarie se familiariza al contacto de la civilización; los prejuicios de razas y sectas, que han hecho derramar lagos de sangre, se extinguen; el fanatismo y la intolerancia pierden terreno, mientras que la libertad de conciencia se abre paso entre los buenos y se proclama como un derecho. Por todas partes las ideas fermentan: se ve el mal y se ensaya remediarlo, pero muchos caminan sin brújula y se engolfan en utopías. El mundo se halla empecinado en un inmenso trabajo de transformación que durará un siglo; en este trabajo, todavía confuso, se ve, no obstante, dominar una tendencia desde el principio: la de la unidad y uniformidad que predispone a la fraternidad. Éstos serán los signos de los tiempos que han de venir, bien contrarios, por cierto, a los precedentes, pues mientras estos son los de la agonía del pasado, aquellos son los primeros lamentos del niño que nace, los precursores de la aurora que lucirá sus galas en el siglo próximo, porque entonces la nueva generación estará en todo su apogeo. Mientras, el aspecto del siglo decimonono diferirá del aspecto del decimoctavo desde ciertos puntos de vista, como el siglo vigésimo diferir del actual por otros que le serán propios. Uno de los caracteres distintivos de la nueva generación será la fe innata; no la fe exclusivista y ciega que divide a los hombres, sino la fe razonada que esclarece y fortifica, que une y confunde en un común sentimiento de amor a Dios y al prójimo. Con la generación que se extingue desaparecerán los últimos vestigios que la incredulidad y del fanatismo; contrarios por igual al progreso moral que al social. El Espiritismo es el camino que conduce a la renovación, porque derroca los dos más grandes obstáculos que a ella se oponen: la incredulidad y el fanatismo. Como innato o en estado de intuición en el corazón de sus representantes, desenvuelve todos los sentimientos e ideas que corresponden a la nueva generación y da una fe sólida y esclarecida. La era nueva le vera engrandecer y prosperar por la fuerza misma de las cosas; viniendo a ser la base de todas las creencias y el punto de apoyo de todas las instituciones. Pero hasta entonces, ¡que de luchas no habrá de sostener contra sus dos más encarnizados enemigos, la incredulidad y el fanatismo! Aunque parezca extraño, estos principios tan antitéticos, estos polos tan opuestos, se dan la mano para no ser vencidos en la lucha. Presienten el porvenir y su muerte, y no quieren dejar ondear sobre las ruinas del egoísta viejo mundo la bandera que ha de unir a todos los pueblos. En la divina máxima: Fuera de la caridad no hay salvación, ellos leen su propia condenación, porque es el símbolo de la nueva alianza fraternal proclamada por Cristo, símbolo que se les presenta como la sentencia fatal del festín de Baltasar. Y sin embargo, esta máxima les garantiza que no han de ser víctimas de las represalias de aquellos a quienes hoy persiguen; esta máxima debieran hacerla objeto de su culto. Pero no, una fuerza ciega les impele a rechazar lo único que pudiera salvarles. ¿Qué podrán contra el ascendiente de la opinión que les repudia? El Espiritismo saldrá triunfante de la lucha, no lo dudéis, porque está en las leyes de la naturaleza, y es por eso mismo imperecedero. Ved porque multitud de medios, la idea se esparce y penetra en todas partes; estos medios, creedlo, no son fortuitos, sino providenciales, y si al principio parece deben servirles de obstáculo, es precisamente porque así ayudan a su propagación. Dentro de poco surgirán campeones acreditados que apoyarán su autoridad en su nombre y en su ejemplo e impondrán silencio a los detractores, quienes no osarán calificarles de locos. Estos hombres harán sus estudios en el silencio y no se mostrarán hasta el momento propicio. Hasta entonces, es útil que permanezcan ignorados. Dentro de poco veréis a las artes acudir al Espiritismo como una mina fecunda, y traducir sus pensamientos y los horizontes que descubre por la pintura, la música, la poesía y la literatura. Ya se os ha dicho que habrá un día para el arte espírita, como lo hubo para el arte pagano y para el arte cristiano, en que los más grandes genios se inspirarán en esta verdad. Pronto veréis los primeros resplandores y más tarde alcanzará el apogeo que debe alcanzar. Espiritistas, el porvenir es vuestro y de todos los hombres de corazón, y de confianza. No os arredren los obstáculos, porque no hay ninguno que pueda obstruir los designios de la Providencia. Trabajad sin interrupción y dad gracias a Dios por haberos colocado a la vanguardia de la nueva falange. Este es un puesto de honor que habéis pedido y del que os haréis dignos por vuestro valor, vuestra perseverancia y vuestro desinterés. Aquellos que sucumban valerosamente en esta lucha contra la fuerza, obtendrán su galardón; a los que sucumban por debilidad o miedo, la confusión les rodeará en el mundo de los Espíritus. Las luchas son necesarias para fortificar el alma; el contacto del mal hace apreciar mejor las ventajas del bien. Sin las luchas que estimulan las facultades, el Espíritu se entregaría a una apatía funesta para su progreso. Las luchas contra los elementos desarrollan las fuerzas físicas e inteligentes; las luchas contra el mal desenvuelven las fuerzas morales. 

- Frank Montañez -

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ESPÍRITUS ERRANTES

 Reflexión. 


Todo espíritu que esta en el mundo espiritual y tiene que volver a reencarnar, es un espíritu errante. 
Pero no todos están mal, cuanto mas DESMATERIALIZADOS y evolucionados están, se encuentran en mejores condiciones, cuanto mas Materializados, son mas imperfectos, sufren más y están en peores condiciones. 
Se dan muchos casos de personas a punto de desencarnar que ven a seres que los están esperando, de esto doy fe . 
No todos los ven antes de desencarnar, pero se dan muchos casos que si los ven. 
A casi todos cuando desencarnan los esperan seres queridos de esta y de otras encarnaciones, aunque no a todos. 
El tiempo que un espíritu tarda a reencarnar, depende de diversos factores; puede ser desde pocos días, hasta unos años y hasta siglos. 
De forma general el espíritu está muchísimo mas tiempo en el mundo espiritual que reencarnado. 
El desencarnar solo o en masa, por ejemplo, en guerras, catástrofes naturales o accidentes, no afecta en nada el que se den cuenta o no, ni tampoco el que todos regresen al mismo plano espiritual;  esto depende de  lo materializados o desmaterializados que estén y sobre todo de su nivel de evolución. 
Ángeles C.M.


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EL DEBER CUMPLIDO


El deber es el conjunto de prescripciones  de la ley moral, la regla de conducta  del hombre en sus relaciones  con sus semejantes y con el Universo entero.

El deber no es idéntico para todos. Varia,  según nuestra condición y nuestro saber. Cuanto más nos elevamos, más grandeza, majestad y extensión adquiere a nuestros ojos. Su culto, siempre es  dulce y bueno y la sumisión a sus leyes  es fértil en goces íntimos a los que nada puede igualar.

La felicidad tiene su base en el deber cumplido.

Cuando la criatura se evade de sus sagrados,  deberes, es muy difícil que se libere de la red de amarguras y tentaciones que la constriñen.  No puede haber paz fuera del deber cumplido; no hay alegría  sin la aprobación  de la conciencia tranquila.

Cuando cumplimos nuestro deber ante Dios  y la conciencia, la grosería  o la ingratitud de los otros son relegadas al bajo plano al que pertenecen.

Por muy oscura que sea la condición del hombre, por muy oscura que sea su suerte,  el deber domina  y ennoblece su vida.  La serenidad del espíritu es gracias al deber cumplido, también la calma interior, que es más preciosa  que todos los bienes de la Tierra.

El sentimiento del deber echa raíces  profundas en todo Espíritu elevado. Este recorre su camino sin esfuerzo; por una tendencia natural, resultado de los progresos adquiridos-se aparta de las cosas viles  y orienta hacia el bien los impulsos de su Ser. El deber convierte  entonces en una obligación de todos los instantes.

El deber tiene formas múltiples. Existe el deber para con nosotros mismos, que consiste en respetarnos, en gobernarnos con cordura, en no querer, en no realizar sino lo que es digno, útil y bueno. Existe el deber profesional, el cual exige  que cumplamos  con conciencia las obligaciones de nuestro cargo. Existe el deber social, que nos invita a amar a los hombres, a trabajar por ellos, a servir fielmente  a nuestro país y a la humanidad.

Existe el deber para con Dios. el deber no tiene límites. Siempre puede mejorarse, y en la inmolación del si mismo el Ser encuentra el medio más seguro para engrandecerse y purificarse.

La práctica constante del deber nos conduce al perfeccionamiento. Para acelerar a este, conviene primero estudiarse a sí mismo  con atención y someter todos los actos a un juicio escrupuloso. No podemos remediar el mal sin conocerlo.

Podemos estudiarnos en los demás hombres. Si observamos cualquier vicio, cualquier defecto nos choca en alguien,  preguntémonos si  no existe en nosotros un germen idéntico, y si lo descubrimos, debemos procurar por todos los medio arrancarlo de raíz.

Nuestra alma es una obra admirable, aunque muy imperfecta, y tenemos el deber de embellecerla, y adornarla  sin cesar. Este pensamiento  de nuestra imperfección nos hará más modestos y alejará de nosotros la presunción y la necia vanidad.

Sometiéndonos a una disciplina  rigurosa,  daremos forma y dirección convenientes, a nuestro Ser el cual modificara  sus tendencias morales. La costumbre del bien hace cómoda su práctica. Solo los primeros esfuerzos son  penosos. Aprendamos, ante todo, a dominarnos. Las impresiones son fugitivas  y cambiantes; la voluntad es el fondo  sólido del alma.  Aprendamos a gobernar  esa voluntad,  a hacernos dueños de   nuestras impresiones, a no dejarnos nunca dominar por ellas.

El hombre no debe aislarse de sus semejantes. A de elegir sus relaciones, sus amigos, decidirse a vivir en un ambiente honrado y puro donde no reinen  más que las buenas influencias, donde solo existan  fluidos tranquilizantes y bienhechores.

Evitemos las conversaciones frívolas, las charlas ociosas que conducen a la maledicencia. Cualquier que pueda ser el resultado, digamos siempre la verdad. Sumerjámonos  con frecuencia en el estudio y el recogimiento el alma encuentra así  nuevas fuerzas y nuevas luces. Que podamos decirnos al final de cada día: “He hecho una obra útil, he logrado un éxito sobre mi mismo; he socorrido, he consolado a los desgraciados, he esclarecido  a mis hermanos, he trabajado para hacerlos mejores, he cumplido con mi deber”

No podremos ser felices sin el cumplimiento de nuestro deber.

Cumplamos con nuestro deber. Si tomas  de la Tierra nada más que lo necesario para tu manutención, de modo de no apropiarte de la felicidad de los demás, habrás  alcanzado la verdadera felicidad que como una bendición de Dios, resplandece invariablemente en tu  conciencia tranquila.

El que ha sabido comprender todo el alcance moral de la enseñanza de los Espíritus  tiene del deber  una concepción más alta, sabe que la responsabilidad es correlativa con el saber; que la posesión de los secretos de ultratumba le impone la obligación de trabajar con más energía por su mejoramiento y el de sus hermanos. Las voces de lo Alto han hecho vibrar en él  sus ecos y han despertado fuerzas  que duermen  en la mayor parte de los hombres, solicitándole poderosamente en su marcha ascensional.

En el campo de la mediúmnidad, el deber rectamente cumplido es la brújula que facilita el rumbo seguro.

Al contemplar los espectáculos asombrosos  de la esfera extra física te deslumbrarás, pero si no reflexionas  acerca del escenario de tus propias obligaciones, a fin de atenderlas  con honestidad, en breve sufrirás  el espionaje  de las inteligencias que deambulan en las tinieblas, que habrán de convertir tus horas en pasto de parásitos.

Escucharas sublimes revelaciones inaccesibles a la sensibilidad común, aun así, si no estás atento al reglamento de la conciencia laboriosa y pacifica, en poco tiempo serás escuchado por los agentes de la sombra, que atraparan tus pasos  en la trampa de las perturbaciones degradantes.

Asimilarás  el influjo mental de Espíritus nobles domiciliados más allá de la Tierra  y les transmitirás la palabra edificante en discursos admirables; sin embargo, si no demuestras  una conducta recta frente a los demás, mediante el ejemplo vivo del trabajo y la comprensión sin demora te veras involucrado  en las vibraciones de criaturas retrasadas y delincuentes que sellaran tus pies  en la fosa de la obsesión.

Recibirás paginas brillantes por medio de la psicografia, en las cuales la ciencia y la fe quedaran plasmadas como expresiones divinas; no obstante, si tus brazos desertaran del servicio edificante, fácilmente te transformarás en el escribiente de la vanidad y de lo absurdo.

Proporcionaras importantes noticias del mundo espiritual y utilizarás recursos que todavía  ignora la capacidad de percepción de los que oyen; entre tanto, si eludes  el estudio que capacita tu discernimiento, en breve te quedarás detenido en las tinieblas de la ignorancia.

Si la mediúmnidad evidente es la tarea que indica tu rumbo, no te apartes de los compromisos que la vida te impone.

Sobre todo, recuerda siempre que el talento mediúmnico encerrado en tus manos debe ser lienzo digno, donde los mensajeros de la Espiritualidad Mayor puedan crear las obras maestras de la caridad y la educación, pues de otro modo, si buscas complacerte en la indisciplina, del paño roto de tus energías descontroladas, surgirá simplemente  una caricatura de las bendiciones que te propongas transmitir, dibujada por los artistas de las injurias que se valen  de la imaginación en detrimento de la luz.

Merchita

Trabajo extraído del libro “Después de la muerte” de León Denis  y del libro Religión de los Espíritus” de Francisco Cándido Xavier.                                 


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       CARTA DE  ALLAN  KARDEC  A PROPÓSITO DE LA HUMILDAD


                                   

            

 Presentamos aquí una correspondencia inédita de Allan Kardec, publicada en la revista Reformador a principios del siglo XX , publicada en la Revista Reformador en 1914 y presentada por el Blog Historia del Espiritismo en Julio del año 2011

Sr. .....     Recibí la carta que me hicisteis la honra de escribir, y la cual no fue posible responder antes por mi culpa; pero en estos últimos tiempos mis ocupaciones se han multiplicado tanto, que mi correspondencia, que es muy numerosa, lo ha sufrido mucho. 
     Os declaro francamente Sr., no haber comprendido bien el objeto de vuestra carta, que no me parece tener relación directa con los trabajos en  que me ocupo. No veo pues, que responderle, porque parece que os rebajáis mucho;  no es preferible la humildad exagerada antes que un orgullo desbocado. Ignoro si conocéis la doctrina espírita; ella nos enseña que los sentimientos del corazón solamente nos elevan a los ojos de Dios, que no tiene en cuenta alguna el nacimiento o la posición social. El Cristo nos los probó naciendo de padres pobres, en un establo.
    Los hombres, sin duda, no se juzgan todos bajo ese punto de vista, pero si para muchos el prestigio de la fortuna y del nacimiento es una medida de su estima, nosotros vemos, sin embargo, cada día, gracias al progreso de las ideas, caer las barreras levantadas por los prejuicios. La primera de todas las aristocracias que se formó fue la de la fuerza brutal; luego la del nacimiento que la acompañó; después vino la del dinero; y luego la de la inteligencia que comienza: pero la más legítima de todas, la única reconocida por Dios, es la de la virtud, por que es la única cuyos méritos nos acompañan más allá del túmulo: es el Reino de Dios que la Doctrina espírita prepara. Si quisierais estudiar seriamente esta doctrina, yo os aconsejo que lo hagáis  desde el punto de vista moral y filosófico; es en ese sentido que ella ofrece inagotables tesoros al observador en su conciencia.
Acepte... etc- 
- Allan Kardec-
( Tomado del blog Historia del Espiritismo)
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