lunes, 19 de octubre de 2026

La Muerte

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.-  El proceso reencarnatorio

2.- ¿ El Espíritu podría involucionar?

3.- Los peligros del Espiritismo

4.- La Muerte

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      EL PROCESO REENCARNATORIO

Todo cuanto ignoramos, parece siempre inverosímil. No obstante, las inverosimilitudes de hoy, serán verdades elementales del mañana.

A medida que las ciencias van haciendo nuevos descubrimientos, que son nuevos aspectos de la Verdad Una, la humanidad avanza en su progreso; progreso más rápido en los últimos tiempos, en que las fuerzas retrógradas han perdido su predominio. Ya no se excomulga a los investigadores como aconteció en el pasado a Benjamín Franklin, por citar uno, por el hecho de haber descubierto el' pararrayos, y muchísimos otros; ya que, según los teólogos de entonces, desafiaba la ira de Dios.

Los tiempos son llegados para el conocimiento de nuevos conceptos de la Verdad. Vivimos una nueva era de progreso en las ideas. Ya ciertos sectores de nuestra humanidad ansían ver más allá de la cortina que impide el acceso a los llamados misterios de la vida.

Siendo Dios la máxima sabiduría y amor, es lógico pensar que sus leyes son para el progreso y felicidad de todas sus criaturas, y por ende no para vedar el conocimiento de esas leyes, tan necesario, a fin de actuar acorde con ellas y no transgredirlas. Somos los humanos que, en nuestro afán monopolizante, de dominio, pretendemos poner vallas; entre las cuales se ha establecido en el pasado, la valla de los misterios. Pero. estos van cayendo uno a uno, a medida que la ciencia, en su investigación, avanza en el descubrimiento de las leyes que rigen los múltiples aspectos y fenómenos de la Vida. Ya lo dijo el sublime Nazareno: "Porque nada hoy oculto. que no haya de ser descubierto; ni escondido que no haya de ser conocido y publicado"
(S. Lucas Vlll-17).

Y la investigación no está circunscrita a la ciencia de la física, de la química y otros campos de la ciencia oficial, solamente: si no que se extiende a los diversos campos del conocimiento humano. Así, existen ya múltiples núcleos de investigación en una ciencia nueva, y en los diversos países: la ciencia del Espíritu; porque ha llegado la hora de ser conocidas y publicadas las verdades acerca de la vida espiritual.

Hecho este preámbulo, vamos a exponer, brevemente, el proceso reencarnatorio. Aunque tenemos el conocimiento de que las mentalidades dogmáticas y las que todavía creen en los misterios y los milagros se opondrán, y algunos hasta llegarán a tildar de ... lo que sea. No importa. Lo que importa es dar el conocimiento, pues algunos sabrán aprovecharlo; y los otros, ya lo conocerán y comprenderán cuando les llegue su hora, cuando les haya caído la "venda de los ojos" de su mente. Todos aquellos que han presentado conceptos nuevos o ideas renovadoras, han encontrado la incomprensión de los rutinarios y la oposición de los convencionalistas.                                                                                                                                                                                                     Algún lector habrá pensado... ¿Y cómo se efectúa esa nueva encarnación? Esa pregunta fue hecha al Mesías por Nicodemo de Necópolis, doctor de la ley y miembro del Sanedrín a lo que Jesús le dijo: “ Eres maestro de Israel y no sabes esto”. "Pues en verdad, en verdad te digo, que quien no naciere de nuevo no puede ver el Reino de Dios" (S. Juan cap. lII)
                                                                                                                                                         El proceso de reencarnación, al igual que el proceso de desencarnación o abandono del cuerpo físico por el Espíritu, NO ES IGUAL EN TODOS LOS CASOS, variando mucho según sea el grado de evolución del Espíritu encarnante. A fin de que sea fácilmente comprensible, hagamos una síntesis de tan sólo cuatro de los diversos aspectos:
                                                                                                                                              1. Espíritus primarios.
2. Espíritus secundarios.
3. Espíritus libres.
4.Espíritus superiores.
                                                                                                                                                         1 . ESPIRITUS PRIMARIOS.-Podemos incluir en este grupo, aquellos seres espirituales muy poco evolucionados (salvajes y semisalvajes) que reencarnan en ambientes concordante y de su vida anterior. Pertenecen a este grupo, los salvajes de las tribus, los individuos brutos y atrasados ya incorporados a la actual civilización, a fin de acelerar su evolución.
                                                                                                                                                     Dado su necesidad evolutiva, su vida en el plano extrafísico es generalmente corta. En estos seres, el proceso de reencarnación es casi imperceptible. Coma deambulan por los mismos ambientes en que han vivido, cuando llega la hora de su reencarnación, comienzan a percibir una turbación y se sienten llevados, impulsados por una fuerza irresistible que desconocen, hacia donde van a encarnar, y casi siempre, sin conciencia de ello (no así los más evolucionados); entrando en simbiosis magnética con la persona que va a ser su madre. La turbación aumenta, sus facultades se velan unas tras otras y su memoria se desvanece, como consecuencia de la contracción de sus vibraciones, para adaptarlas a las de la materia o cuerpo físico; efectuándose también la reducción del psicasoma o cuerpo astral, para adaptarlo al vaso uterino.
                                                                                                                                                        En esta sublime operación magnética de reducción, intervienen (en el plano extrafísico) especialistas, espíritus bienhechores encargados de estas misiones, trabajadores en la obra divina de progreso de la humanidad, incluyendo al que será el protector invisible que, ya desde el seno materno, defenderá al reencarnante contra el asedio de las fuerzas del mal, y en su infancia; es el ángel guardián del que hablan las iglesias del cristianismo.                                                                                                                                                                                                                                                                          
Las facultades se adormecen y todo el recuerdo del pasado va desvaneciéndose de la mente consciente hasta su totalidad, quedando en el fondo del subconsciente, y cuyas facultades irán despertando en la nueva personalidad, a medida de su desarrollo.

Efectuada la reeducación del psicosoma o alma, ésta penetra en el Útero de la que va a ser su madre. Y una vez efectuada la concepción biológica comienza la unión celular por atracción del psicosoma reducido que actúa como molde, o modelo organizador biológico, para la formación del feto, hasta su completo desarrollo. Este molde es el que refiere el científico brasileño Ingeniero Hernani Guimáraes Andrade, director del Instituto Brasileiro de Investigaciones Psicobiofisicas (Sao Paulo, Brasil}, en su obra "La Teoría Corpuscular del Espíritu”) como el “modelo dínamo-espiritual”.

Sebastián de Arauco

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 ¿ El Espíritu podría involucionar?                                                


   El proceso de involución en los seres espirituales humanos y en sus sociedades, es frecuente,  pero siempre lo es  con carácter  temporal  y  limitado.  Esto casi siempre  supone un aparente paso atrás, pero que  sin embargo no supone nada más que  un impulso para después retomar  con nuevos bríos  nuestro camino  hacia  adelante.  

   Nada retrocede jamás en la Creación, pues los errores y caídas también son sabiamente aprovechados por la Ley de Evolución, para hacernos progresar porque nos aportan una experiencia que formará parte de nuestra madurez y bagaje espiritual para  siempre.

  Si la involución  o retroceso total y definitivo  existiese realmente, esta conformaría  otra ley cósmica  opuesta a la de la Evolución que , por el contrario, siempre lo es en sentido ascendente y progresivo,  con lo que  por la potencia de dos leyes naturales y contrarias, se anularían entre ellas, de modo que de esta forma el ser humano y la Naturaleza toda, no dejarían  de oscilar eternamente entre la evolución  o progreso ascendente y la involución o retroceso retrógrado,  ( un pasito adelante y otro pasito atrás, repitiendo esta secuencia indefinidamente), lo cual  supondría un estancamiento infinito y eterno, nunca un avance, y evidentemente como se puede apreciar,  esto no es así.

Ciertamente existen pueblos y culturas que parecen haber degenerado en sus aspectos  éticos, morales  y sociales, sin embargo la ley de la Evolución solo actúa en dirección ascendente y progresiva hacia la Perfección, la Sabiduría y el Amor. Si analizamos retrospectivamente nuestra historia, vemos como han habido civilizaciones y culturas que degeneraron y desaparecieron, dando paso a otras mucho más atrasadas o primitivas. La clave de esta aparente  involución humana  la podemos encontrar  cuando comprendamos los entresijos de la evolución y de la Reencarnación que la hace posible. Se puede entonces comprender que  los Seres que poblaron una  espléndida civilización del pasado, no son los mismos que posteriormente  en el tiempo han venido a nacer en el seno de esa civilización más atrasada o en la misma zona geográfica ,  y estos Espíritus, al ser más atrasados que sus antecesores,  han  ido  degradando  la  antigua sociedad y viciando las  ancestrales culturas, pueblos y sociedades que les precedieron en el pasado .

Es de señalar que existen indicios arqueológicos claros y sorprendentes de que antes de lo que llamamos nuestra Prehistoria, en este mismo planeta parece ser que debió de existir una  Ante-Prehistoria  en la que,  tal vez  existieron  civilizaciones humanas tecnológicamente  bastante avanzadas, pero que por alguna causa terminaron  desapareciendo de la faz de la Tierra, dejando posteriormente paso a las  razas humanas actuales, descendientes en cuanto a su parte animalizada  y material, del reino animal, pues en un principio nuestro cuerpo y  tal vez nuestra alma en cuanto a los instintos, partieron de un orden de primates  que evolucionaron por alguna ignorada causa hacia  su transformación en seres humanos.  ¿ Cómo se pudo dar ese salto evolutivo tan importante? . Tal vez pudo ser  debido a  una manipulación genética realizada por científicos de aquellas civilizaciones ante-prehistóricas, quizás muy avanzadas,  o quizás llevada a cabo por Seres inteligentes mucho más evolucionados en lo moral y en lo científico, procedentes de otros mundos físicos del Universo, con arreglo a una planificación cósmica para el proceso evolutivo de la Tierra y los espíritus que en ella  deberían evolucionar. Esta adecuación genética nos pudo hacer  físicamente  aptos para dar el paso definitivo entre el reino animal y el reino hominal,  que  continuó  evolucionando ligado individualmente a su Espíritu Divino consciente y pensante, lo  cual  nos  dio categoría humana.

   También, en otra tesis válida, pudo ser que cuando llegaron a la Tierra, desterrados del mundo que habitaban en otro lejano planeta, (el Paraiso Perdido que cuenta la Bíblia)), los Espíritus atrasados que en su mundo de procedencia entorpecían  el progreso del resto más adelantado, fueron arrojados de su "paraíso perdido"  protagonizando con su expulsión a la Tierra  una separación de los más adelantados que allí quedaron prosiguiendo con su propia evolución, más adelantada; y estos más atrasados fueron traídos a la Tierra, en donde en principio, al no haber seres humanos, tal vez tuvieron que reencarnar en los cuerpos de los animales más evolucionados psíquicamente que encontraron en este planeta, con un parecido físico  semejante al de ellos,  ( simios de unas determinadas especies;  de ahí las diversas razas humanas actuales), que tal vez fueron condicionados genéticamente para que los cuerpos de estos primeros humanos venidos de más allá de las estrellas, fueran gradualmente transformados con sus periespíritus adaptados a nuestra materia y a nuestro planeta, hasta llegar a tener el aspecto  y prototipo humano actual. 

Esto son solamente hipótesis, pero que creo muy probables.

         Las  sociedades  evolucionan  a  medida  que  lo  hacen sus indivíduos, pero si  estos van  cambiando  en cada  época,  las civilizaciones y  pueblos aunque  hayan   tenido  un  pasado de  esplendor  se  pueden  ver degeneradas con  el paso del   tiempo a causa de las nuevas generaciones de espíritus degradados y diferentes que van reencarnando en su seno.  
    

    Asimismo  también se puede  dar  el caso opuesto  y  esto  lo podemos  ver   en  civilizaciones y culturas  que  en  apenas una   generación  demuestran un  extraordinario cambio positivo de aptitud, mentalidad y  progreso con  respecto a  sus antecesores. Esto se debería al nivel evolutivo y de progreso superior de los nuevos Espíritus reencarnantes que van reemplazando a los anteriores.

        Se da también la paradoja de que en este mundo nuestro “civilizado”, aún existen en lo más recóndito  de algunas selvas, grupos humanos o tribus que llamamos “salvajes” porque se encuentran, tal vez. como el mismo hombre civilizado de hoy, lo estaba  hace  miles de años. No se debe confundir ante estos casos a la evolución humana de las civilizaciones y  los pueblos, con la evolución individual de cada ser humano. En este mundo nuestro, clasificado como de “expiación y pruebas”, quedan rincones para que Seres procedentes de “mundos primitivos”, reencarnen en esos pueblos primitivos  como paso previo antes de comenzar a reencarnar en el seno de otras civilizaciones y pueblos más avanzados que  habitan nuestro planeta. No es que esos Espíritus no hayan evolucionado en miles de años y el resto sí; se pueden considerar  como recién llegados con la sola experiencia de los mundos primitivos que vivieron anteriormente y en los que desarrollaron su propia cultura , generalmente  de plena integración en la Naturaleza, y en esas tribus primitivas encuentran la antesala que les dará paso mediante la reencarnación  a  otros pueblos integrados en la clasificación de “Mundos de Expiación y Pruebas”, que serán el auténtico crisol para  su adelanto evolutivo a través de muchas vidas en ellos como seres humanos..

- José Luis Martín-

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LOS PELIGROS DEL ESPIRITISMO

Entre los experimentadores del Espiritismo, queriendo algunos, con objeto de comprobación, fijar ellos mismos las condiciones de la producción del fenómeno, acumulando obstáculos y exigencias, no han obtenido ningún resultado satisfactorio, y, desde entonces, han sido hostiles a esta clase de hechos.                                                                                                                                                                              Debemos recordar que las comunicaciones de los Espíritus no pueden ser comparadas a las experiencias de física y de química. Aun éstas están sometidas a reglas fijas, fuera de las cuales todo resultado es imposible. 

  En las manifestaciones espiritistas nos hallamos en presencia, no ya de fuerzas ciegas, sino de seres inteligentes, dotados de libertad y de voluntad, que a veces leen en nosotros, disciernen nuestras intenciones malévolas, y, si son de un orden elevado, se cuidan muy poco de satisfacer nuestros caprichos. El estudio del mundo invisible exige mucha prudencia y perseverancia.

  "Sólo después de años de reflexión y de observación se adquiere la ciencia de la vida, se aprende a conocer a los hombres, a  juzgar su carácter y a preservarse de las asechanzas de que el mundo está lleno".

   Más difícil aún de adquirir es el conocimiento, de la humanidad invisible que nos rodea y que flota por encima de nosotros.  

   El Espíritu desencarnado se encuentra más allá de la muerte tal como él mismo se ha hecho durante su estancia aquí bajo. No es ni mejor ni peor.

   "Para dominar una pasión, corregir un defecto, atenuar un vicio, se necesita a veces más de una existencia."

   Resulta que en la multitud de los Espíritus, los caracteres serios y reflexivos están, como en la Tierra, en minoría, y los Espíritus ligeros, apasionados por las cosas pueriles y vanas, forman numerosas legiones. El mundo invisible es, pues, en una escala más vasta, la reproducción, el duplicado del mundo terrestre. Allí, como aquí, no todos poseen la verdad y la ciencia. La superioridad intelectual y moral no se obtiene sino por un trabajo lento y continuo, por la acumulación de los progresos realizados en el curso de una larga serie de siglos.

   Sabemos, sin embargo, que este mundo oculto influye constantemente sobre el mundo corporal. Los muertos tienen ascendiente sobre los vivos, los guían y los inspiran sin que ellos lo sepan.

   Los Espíritus se atraen en razón de sus afinidades. Los que se han despojado de la envoltura carnal, asisten a los que están aún revestidos con ella. Los impelen por la senda del bien, pero también los empujan a veces por la del mal. 

   Los Espíritus superiores no se manifiestan más que en los casos en que su presencia puede ser útil y facilitar nuestro adelantamiento. Huyen de las reuniones ruidosas y no se dirigen más que a los hombres de intenciones puras. Nuestras oscuras regiones les agradan poco. Así que pueden, se vuelven a los centros menos cargados de fluidos groseros pero a pesar de la distancia, no cesan de velar por sus protegidos.

   Los Espíritus inferiores, incapaces de aspiraciones elevadas, se complacen en nuestra atmósfera. Se mezclan en nuestra vida, y, preocupados únicamente de lo que ocupaba su pensamiento durante la existencia corporal, toman parte en los placeres y en los trabajos de los hombres a quienes se sienten unidos por analogías de carácter o de costumbres. Llegan a veces a dominar y a subyugar a las personas débiles que no saben resistir a su influencia. En ciertos casos su dominio llega a ser tal, que pueden llevar a sus víctimas hasta el crimen y la locura. Los casos de obsesión y de posesión son más comunes de lo que se piensa. Ellos dan la explicación de muchos hechos relatados en la historia. 

   Sería peligroso entregarse sin reserva a los experimentos espiritistas.

   El hombre de corazón recto, de juicio ilustrado y firme, puede hallar en ellos consuelos inefables y preciosas enseñanzas. Mas aquel a quien sólo inspirase el interés material, o que no viese en estos hechos más que una frívola diversión, sería fatalmente el juguete de Espíritus pérfidos, que, halagando sus inclinaciones y seduciéndole con brillantes promesas, captarían su confianza para abrumarle enseguida de burlas y desengaños.

   "Se necesita, pues, una gran prudencia para entrar en comunicación con el mundo invisible".

   El bien y el mal, la verdad y el error están allí mezclados, y para distinguir uno de otro, hay que pasar todas sus revelaciones y todas sus enseñanzas por el tamiz de un juicio severo.

   No debe uno aventurarse por ese terreno más que paso a paso y con la antorcha de la razón en la mano.

   Para apartar las malas influencias y para alejar las hordas de Espíritus ligeros o maléficos, basta conservar la serenidad de ánimo, no abdicar jamás el derecho de comprobación y de examen, y buscar por sobre todas las cosas los medios de perfeccionarse en el conocimiento de las leyes superiores y en la práctica de las virtudes. 

   Aquel cuya vida es recta y que busca la verdad sinceramente, no corre riesgo alguno. Los Espíritus de luz leen en él, ven sus intenciones y le asisten. Los Espíritus engañosos y embusteros se alejan del justo como una partida de guerrilleros ante una ciudadela bien defendida. Los obsesores atacan con preferencia a los hombres ligeros que descuidan las cuestiones morales para buscar en todo su placer o su interés.

   Casi siempre los obsesados están unidos a sus perseguidores invisibles por lazos cuyo origen se remonta a existencias anteriores. No borra la muerte nuestras faltas ni nos libra de nuestros enemigos. Nuestras iniquidades pesan sobre nosotros a través de los siglos, y aquellos que han padecido por ellas nos persiguen con su venganza y con su odio más allá de la tumba. Así lo permite la soberana justicia. Todo se, redime y todo se expía.

"Lo que en los casos de obsesión y de posesión nos parece anormal e inicuo, no es a menudo, más que la consecuencia de las expoliaciones y de las infamias cometidas en el oscuro pasado."

Por Léon Denis. del libro “Después de la Muerte: Exposición de la Doctrina de los Espíritus” (1889)

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                                            LA MUERTE                          


     Afrontamos aquí  un tema trascendente  porque inevitablemente todos estamos abocados a experimentarlo  personalmente antes o después. Todos lo tenemos por delante, esperándonos inexorablemente. La cuestión final será saber con certeza qué nos aguarda después de la muerte; si hay vida  y si seguiremos existiendo de alguna forma, o si por el contrario, con la muerte  se disuelve la conciencia en un vacío absoluto, finalizando  totalmente la existencia del  Alma, pasando así del Ser al No Ser.

 En realidad ¿Qué es la muerte? 

Uno de los grandes  problemas filosóficos y científicos de todos los tiempos ha sido determinar lo que ocurre con el Ser después de la muerte, y saber con exactitud  si seguimos existiendo y si vivimos más de una vez  en este mundo y hasta qué punto podemos tener pruebas de lo que  algunas  grandes doctrinas filosóficas y religiosas  nos han enseñado desde siempre.

 

      Como todos sabemos, aparentemente la muerte parece  suponer  la total extinción de la vida física y orgánica de nuestro  cuerpo carnal.

        

      Según nos señalan los instintos, nuestra conciencia y lo que nos vienen a decir los postulados religiosos, la muerte no supone en absoluto la extinción total de la existencia del Ser en la nada, pues , como está evidenciado, este no se extingue con la materia que le acompaña en esta vida, porque ante todo somos Seres espirituales y el Ser espiritual está constituido por  una energía que no es generada por  la materia y sigue siempre existiendo, con ella o sin ella, aunque depende de ella para su manifestación y desenvolvimiento en  nuestro mundo material o Plano físico, tal  como lo hacemos mediante el pensamiento, la inteligencia, los sentimientos y las emociones; todas estas propiedades no las produce la materia, sino que viven y se manifiestan  en ella y  también siguen permaneciendo después de la muerte del cuerpo físico precisamente porque no son materia. Ciertamente  existen evidencias de que estas funciones del alma siguen  existiendo  fuera de la materia.                                                                                                                                                         

       La muerte es un fenómeno tan natural como la propia vida , y como podemos observar, en la Naturaleza la Vida continúa y se renueva  constantemente a sí misma  por medio de la muerte. Continuamente vemos como cada día mueren miles y miles de seres,  mientras al mismo tiempo nacen a la vida otra multidud.; y esto sucede hasta con las propias células del organismo físico, que se renuevan sin cesar, y lo mismo con con el propio Ser humano. Vemos como la vida orgánica es un continuo  nacer y morir.para volver a nacer. Es la rueda de la Vida que no cesa; a ello se refiere el Samsara del Budismo.

       Los Seres humanos somos naturalmente cobardes ante lo desconocido, por lo que solemos evitar la idea de la muerte, y no queremos ni siquiera pensar en ello; sin embargo esta experiencia irremediablemente la vamos a  pasar todos algún día.

 

       Todo el mundo tiene su particular versión de lo que es y de lo que significa la muerte, y cada cual se lo explica según sus particulares conceptos religiosos o filosóficos, pero siempre dentro de una constante humana : la muerte siempre  se ve como  algo indeseable y hasta terrible, triste y trágico que nos espera a todos al final del camino de esta vida.

 

       La ignorancia popular cree que jamás ningún muerto regresó de su tumba para contar si sigue vivo y cómo le va, pero sin embargo muchas personas podemos aseverar categóricamente que eso no es  cierto, pues desde los albores de los tiempos, siempre ha existido la mediumnidad  y la presencia en todas las sociedades y pueblos, de magos, brujos y sibílas , que  no eran sino médiums y demostraban  la existencia del espíritu  humano  tras la muerte, comunicando con ellos y creando la evidencia de su existencia inmaterial  y  a estos Seres inmateriales se les llamó “daimons”, ángeles o genios.   Sin  embargo, a pesar de las permanentes posiciones de escepticismo, los humanos en el fondo de nuestra conciencia  siempre hemos necesitado creer en la continuidad de la vida después de la muerte, por lo que hemos plasmado en nuestros conceptos religiosos las ideas de esa vida en  forma de un infierno para castigo de los malvados, o de un paraíso para premiar a los buenos..

Siempre  existieron y existen  los “ nihilistas”, quienes creen  sinceramente y de buena fe que tras la muerte no hay nada, por lo que afirman que toda experiencia humana termina con la muerte  y    después... la nada,  ( ¡ qué triste perspectiva !), y en casi todos los casos, muchas personas, sean religiosas o no lo sean, consideran la  muerte  como una barrera infranqueable hacia un más allá desconocido; un misterio profundo que separa para siempre a vivos y a muertos.

 

       Como ya hemos visto, los Seres humanos además de tener un cuerpo de naturaleza animal, somos esencialmente individualidades de energía inteligente; cada uno somos un YO  que está en lo más íntimo de nuestra conciencia humana, y este Yo es el que tiene  en nosotros inteligencia y   voluntad propia, siendo  capaces de sentir y razonar, e incluso de influir y alterar la materia  que nos rodea, la de nuestros cuerpos, y hasta la de los cuerpos de otros seres.

 

        Cuando observamos un cadáver, vemos que es una figura humana  inerte; como un objeto vacío sin aliento ni vida, de modo que aquello que antes fue un Ser humano, dotado de sentimientos, pensamientos y emociones,  ya no lo es después de experimentar la muerte; vemos solamente una figura de materia que apenas parece un muñeco de cera que nos recuerda al personaje que se fue, pero se fue, ¿ a dónde fue?; ¿ en dónde quedaron estos atributos (sentimientos, simpatía, inteligencia, emociones, etc.), que se manifestaban a través de aquél mismo cuerpo cuando aún respiraba?.  Ante la presencia de un cadáver, solo podemos ver  si acaso un despojo, un resto, un cascarón vacío; solo materia.    

 

El cadáver en cuestión, cuando era un Ser humano, vivo, además de moverse, gesticular, hablar, etc, también tenía inteligencia, personalidad, sensibilidad, gustos, manías, sentimientos, reacciones; eso que en su conjunto llamamos Vida o Alma, y que por algún motivo o circunstancia se fue de ese cuerpo y lo abandonó para siempre, pero ¿qué pasó con el Ser que lo ocupaba o con su esencia?,    ¿ dónde queda ahora ....?.

 

         Tal vez esa  presencia corporal humana  carente de  vida  que ya no late, ni tampoco se manifiesta más en él; ese  Yo Superior, con todos sus atributos que siendo reales,  no son  nada material ni  tangible, pero que formaban parte de lo que él era en vida, lo que conocemos como la personalidad, conformaban su Alma viva.  Esto precisamente  es lo que provoca la repulsión y escrúpulos de tanta gente cuando se está ante la  presencia de un cadáver : la ausencia de ese Alma.

 

         La energía que lo animaba y le daba todos los atributos de la Vida, no ha podido desvanecerse en la nada, porque esa energía, al igual que cualquier otra manifestación de energía, no nace ni muere, como afirma el postulado de Física, sino que se transforma. En el caso del espíritu humano, esta transformación consiste en haberse liberado de la materia de su cuerpo y seguir existiendo en otra dimensión inmaterial.

 

        Si partimos de la premisa de  admitir, por tanto, que debe existir alguna forma de vida  mas allá de lo que es tangible y palpable, podemos  buscar explicaciones y  llegar a conclusiones en base a datos aportados  a diario por las  mediumnidades ,que canalizan y permiten manifestarse a  Seres que desencarnaron en diferentes épocas y lugares, relatando ellos mismos su experiencia  de la muerte, y demostrando a su vez, que  de  algún modo continúan  existiendo.

          Aunque sean pruebas subjetivas para admitir  otra forma de existencia después de la muerte,no significa por esto que sean irreales. También nos podemos apoyar en las llamadas “experiencias fuera del cuerpo físico “, de muchos casos de  personas que después de sufrir una muerte clínica por cualquier motivo, se les ha reanimado y han vuelto a la vida, conservando después, en algunos casos,  los recuerdos de esa situación que vivieron durante ese trance, siendo comunes muchos de los factores y los detalles que aparecen en  estos relatos  de  todos estos casos de personas inconexas entre ellas.                                                     

      Cuando las experiencias en el umbral de la muerte, se han centrado en niños, estos han dado un testimonio de más valor que el que dan las personas adultas ante la misma experiencia, debido a que ni sus mentes ni sus creencias están todavía influenciadas por preconceptos religiosos o filosóficos preestablecidos por los adultos.

     Cuando se habla de muerte, hay que matizar que la muerte orgánica que afecta solamente  a la parte corporal del ser humano, con su  consiguiente y posterior  disgregación, supone seguidamente  la  desencarnación del Ser espiritual que daba vida a  toda la maquinaria física, y  cuando hablamos de desencarnación, nos referimos  solamente al Espíritu  que “desencarna” y abandona la materia  cuando se cortan  los lazos  vitales que le unían a ella. Quiero significar con esto, que se puede morir ( el cuerpo) y no haber desencarnado todavía, normalmente a causa de los excesivos apegos a lo material que lo imantan a su cadáver. Muchas veces la desencarnación se produce seguidamente después de la muerte, con más o menos tiempo de por medio.  Esto justifica la recomendación  de los Espíritus que se comunican mediúmnicamente de dejar pasar al menos 72 horas antes de enterrar o de  incinerar el cadáver, porque antes de ese tiempo, podría ser que tal vez haya muerto la persona, pero que no haya desencarnado por completo  su Espíritu y aún esté apegado a la materia.

 - José Luis Martín-

“A medida que el hombre comprende mejor la vida futura, el temor a la muerte disminuye. Pero al mismo tiempo comprende mejor su misión en la Tierra y espera su fin con más calma, resignación y sin temor”

                     Allan Kardec-(El Cielo y el Infierno)

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